martes, 22 de agosto de 2017

BALBUCEO DEL LAVABO

Imagen cogida de Pinterest





BALBUCEO DEL LAVABO




Entonces ya se había anticipado el incendio de la niebla y el desequilibrio nos llamaba desde la fosa común de nuestros andrajos: era ráfaga la espuma entre los dientes precario ya el vilano para el milagro del vuelo desatino la piel en fuga de la lluvia atravesada en los ojos ahora sólo sé que balbucea el frío en los lavabos y que ningún camino por sí mismo nos saca del atolladero croan ahumadas todas voces la doble fila de la multitud de cuerpos feneciendo la lejanía fija del granito veo el temblor de las estatuas y la hoja que cae quemada de vértigo todas las miradas envinagradas de las sombras los pliegues de saliva colgando del asta con sus ángulos de llanto y de fondo los maniqueísmos del poder: la tormenta es desigual cuando tartamudea en los pájaros cava el agua hasta en los crímenes de todos los días en esas cercanías extrañas de los abrazos o en la herida abierta de las pesadumbres siempre es igual la inmolación de las ojeras a la esperanza cercenada y convertida en epitafios (ahora es como si caminara a través de un largo desierto: toda la turbiedad es parte del itinerario todas las certezas no caben en el pecho se hace el verano en la garganta se hace humedad cada una de las sombras: todo el camino era mentira después del vuelo de tu arte amatorio sí después aunque ya la falta de palabras se había hecho tile) en medio del aliento bañado de cadáveres nos alcanza el ojo de cieno (Joyce o Proust) en este instante donde todo me parece abisal no sé si pueda olvidarte en las palabras no sé si mañana o pasado mañana no lo sé todo el país duro en mi Nada toda vos en el umbral de mi esperma o en la inacabada geografía de la patria: te escribo con mi lengua todos los días aunque sé que la posteridad no nos sirve en absoluto al final siempre me obstino al molde los nichos avanzo apenas prolongando mis excavaciones: nunca pude estar despedazado y de rodillas mucho tiempo te lloraré como un pájaro enrojecido de tristeza perdido en los encajes de tu sangre
Barataria, 2017

domingo, 20 de agosto de 2017

LÍNEA DE TIEMPO

Imagen cogida de Pinterest





LÍNEA DE TIEMPO




¿Qué nos pertenece después de destilar los escalofríos los sonambulismos propios de la tormenta o el tizne irremediable de las cerraduras? Por cierto que hay designios irremediables en el mapa de la noche al cabo así es la línea del tiempo el territorio de piedra que nos recuerda cuánto hemos caminado en la adustez y en ese prolongado viento de la escarcha siempre hay preguntas que a ratos declinan al borde la sombra siempre resulta efímero lo que suponemos nos pertenece: la luz que arde y se oculta el caos que siempre es parte del país o las muchas aguas de concavidades siniestras que sin gastarse nos mantienen en la sombra o en la dureza a menudo mis zapatos indefensos y este morir entero en el hueco de las palabras sobre el tejado póstumo de la fuga la brasa que recuerda las deshoras aquella otra forma imperceptible de los límites (yo soy junto con los demás esta nostalgia de la patria y su voluntad de luciérnaga y su promontorio de laberintos: en cada esquina nos atemoriza la memoria y los cráneos abiertos del humo no es fácil después de todo atravesar noche y día el infinito o lo inasible que tiene el ave de las calles disolverse en la oscura luz del sexo hasta andar todas las impurezas que lleva consigo la cópula) en todos los adoquines nos inquieta la esperanza y el uso perverso que se hace de ella de tanto fastidio duelen hasta los dientes menos el usufructo de los burócratas y su alta rentabilidad de golondrinas  ahora ya he olvidado todas las propiedades del epazote y el culantro el índice de inflación de los ceniceros el diezmo de ceniza que borra la lluvia sin salvación alguna o vos dentro de mí ardiendo desde el oasis del invernadero : me ríes sin saber que ríes en un país donde todos ríen (y celebran con dulces y piñatas la mansedumbre) me arrojas como todos los tiliches que cubren las acequias por cierto nadie me ve en el camino esperanzado de morir todos los días ¿qué nos queda de todo lo que amamos? Quizás entonces sólo debo pensar en la casa de citas y en aquella carne herida de historia de los prostíbulos en esa línea terrible de la nostalgia y la memoria de lo grotesco que añaden las monedas
Barataria, 2017

viernes, 18 de agosto de 2017

ÍNTIMO SUICIDIO

Imagen cogida de la red





ÍNTIMO SUICIDIO





A veces sólo es la respiración la que nos transparenta en este implacable fuego de los saqueos: en la vagina de estos días todas las ausencias de animal oscuro el ir contando en las madrugadas los residuos del fuego la mesa fría de luz y el largo cansancio de las postergaciones extendido en las húmedas ventanas del invierno nos desangra la muerte prematura y arrebatada de la esperanza las guitarras y los paraguas degollados del país los cuerpos que nunca volvieron a ser iguales después de las heridas: todo deja de ser tiempo en la usura de las sombras en el fondo siempre estamos expuestos al desvarío o al espejo de sal que nos despierta y nos conduce solamente a los adioses ¿qué hace un cuerpo en la intemperie? ¿con qué desazón entran los bisturís a la piel? ¿qué ahogos subvierten la sed hasta habitar lo subterráneo? ¿de qué amor hablamos cuando la llovizna moja la totalidad de la ropa?  —nunca encuentro el parpadeo pese a la disminución de los caminos en las fachadas intento ver las mañanas y su inútil evocación de amalgamas: por cierto nada es comprensible aunque en apariencia no hayan cambiado las palabras lleno de agujeros el aliento susurra sin autonomía el hipo y aquel engañoso paraguas reluciente de los zaguanes a veces sólo nos sofoca ese monstruo del sexo y nos habla el corpiño desde su hormigueo y mientras jadea en el sueño empiezo por entender el mundo de lo onírico nadie me salva de las torturas que me propician mis neuronas mientras la hoguera asume su constancia de huracán alguien me enseñó a creer en los catecismos del polvo y en ese color tumefacto del azogue: ahora tengo que aborrecer tantos lugares y todos los días anteriores al mechero de tizne de los analgésicos todo es implacable como el granito en los zapatos como la cópula ulterior al olvido como todas las noches morosas y sin pronta justicia el cristal del horror tiene su propia laboriosidad: cruzo entre peces onerosos la calle de tu nombre inseparable el íntimo suicidio de una antiquísima historia: en algún lugar del Stanislaus la saliva de las secoyas ceñidas al recuerdo
Barataria, 2017

miércoles, 16 de agosto de 2017

FEBRILIDAD DEL ABSURDO

Imagen: Sísifo de Tiziano.





FEBRILIDAD DEL ABSURDO





Hecho los balances me queda coleccionar por si acaso terroncitos de cada uno de los senderos que he caminado: la he mirado tantas veces hasta esconderme en sus pechos y ahí ligero de divagaciones la rosa de ascuas suave como un vilano  —vence la febrilidad ciega de cada una de las exequias que ha acompañado la herida saber que el país me brinda mesas vacías y niños cabizbajos a la hora del cierzo en el oscuro de la niebla la eternidad en su agonía de tumba la sombra del absurdo hace lo suyo: es la piedra en el puntapié de la mañana el tul del ruido de las semanas siempre el entierro monótono del aliento nada tiene de redentor el ojo entre miles de feligresías entre tantas palabras de heces en medio del sueño sí nada tienen que decirnos los bolsillos vacíos salvo la deformidad de la comida salvo vos a quien le asisten extrañas certidumbres uno no sabe por cierto hasta dónde llegan estos cirios de luto hueca la aventura oscuro y fermentado el hipo del moho entre los dientes  (en el rictus propio de la agonía se agolpa el agua en los ojos las palabras los gritos el silencio) frío el latido nos golpea la noche insomne de los muertos y todas esas madrugas que uno pasa en silencio pensado en los alaridos de los andenes y las esquinas meadas del mal vivir para entender la desnudez del país debo pensar en la risa hostil del dolor en el frasquito de esperanza para apaciguar los dolores sacudir el polvo acumulado en el tabanco desnudarte en medio de la noche buscarte en el cofre de sueños de la tormenta o en todo caso en aquellos aletazos de pájaro tardío de mi tristeza: ahora sin embargo tengo un paladar de ceniza y un atardecer de hoja amarilla donde yerra la ulcera de los relojes en mi pecho el olor añejo del ijillo de los tantos nombres de los crisantemos las caídas  y traspiés de las huidas el espejo de cieno derrumbado en mis ojos  —al término de todo vos sin límites en la maroma colmada de mis pupilas siempre dilatada en mi adusta alegría siempre inexorable y manifiesta como el primer hervor de los amantes ciegos…
Barataria, 2017

lunes, 14 de agosto de 2017

COSMOGONÍA DE LA ALMOHADA

Pintura abstracta de Jennifer Davenport, cogida de Pinterest





COSMOGONÍA DE LA ALMOHADA





En el alfabeto de las mochetas las puertas siempre tienen a disposición una mirada confiscatoria: lo sabe el mundillo de los comejenes y el tragaluz desvestido del grito y los bejucos del tiempo a ratos inverosímiles como los sonidos ahogados en las mortajas o como los relojes que acumulan semanas de polvo más allá del pájaro que se expande en la piel: uno sabe de las palabras inasibles de lo irremediable de la sangre que musita en el entrecejo de los desgarramientos del zodíaco en los pies o del paso tuyo atravesando las cerraduras de brasa de la noche  —supongo que para después todo estará calcinado aquí no hay mártires ni ídolos si acaso estatuas que la irrealidad fue construyendo como suele suceder en la arritmia de los párpados (nunca nos fue dado el pan a manos llenas) salvo el guijarro que estuvo ahí como un reino en medio de nuestras osamentas de todas las asimetrías de los somníferos sólo quedan las lecciones torcidas en la yugular del silencio pero todo es claro hoy en día: los ojos se entrenan no solo en la muerte del tiempo sino sin entenderlo en la lengua del sexo en las manías de jugar el juego de la muerte lo digo así cuando evoco tu flor e intento ponerle métrica a la erección del infinitivo más allá del temblor de las manos todo es perverso en el ave de rapiña de los fonemas en las letras de miedo del alfabeto antes de colapsar en ese cuento inevitable entre comillas a la hora de escurrir la cuchara o ser certeros como la mosca al poner sus huevos de todo el porvenir únicamente me queda el rastro y esas pesadillas del diluvio de cementerios a la hora de respirar en la cosmogonía de  la almohada (en el pólipo de los secretos la corteza de sangre del gemido y este aborrecerte de boca y este quererte de muslos sin tregua y esta hoguera de afonías como una bestia sin paraíso)  —lo único cierto es el sollozo en mayúsculas cuando ya son irreversibles las exequias y el dolor fastidia como un cansancio de centavos en la propia impotencia a la hora en que nos acostábamos maduraba también el árbol de tu cuerpo aunque en los andenes ninguna posibilidad de vida salvo el pellejo raído de la dignidad y su charco de ferocidad manifiesta…
Barataria, 2017