lunes, 24 de abril de 2017

GANGRENA DEL FRÍO

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GANGRENA DEL FRÍO




Allí, en la gangrena del frío, estremecido de todas las impunidades.
Fatídico de cavilaciones y perjurios, áspero de confusiones.
Incierto en cada palabra que metaboliza los retretes, circular de grises,
salpicado de cuchillos y de bosques al cuello.

En los fragmentos del reloj muelen las sombras su vasto espesor.
Ante este dolor, todavía, me lleno de gritos como un traje sin costuras.
Me lleno de noche como las noches de todos los calabozos.
Siempre es atroz este frío alrededor de mis huesos: en cada ardor marchito,
el infinito desatino de los costados,
el mórbido gemido de los tobillos, las ausencias y su indiferencia.
Sobreentiendo los cadáveres mutilados en mis pies.
Un dossier de mortajas muerden las bragas del rictus: parece comedia,
este crudo filo de tantos asesinos escondidos y oscuros.
Trenes de amargas sombras derriban mis sienes.
Axilas de tupido hedor forcejean en mi boca.
Gotas de semen agrio se enredan en mis manos, pútridas de escamas ciegas.
Gime mi cuerpo rodeado de luciérnagas de ceniza.
Siempre es terrible morder una rosa ahogada en el pantano mudo del cierzo.

(En las infancias sucesivas uno va rememorando los destrozos seminales
de las pupilas y ese pinchazo que provocan las jeringas.
Por suerte, hay regiones donde no penetran los aullidos, ni las pesadillas.)

Todo lo humano se deshace mientras la desnudez se torna piedra.
Barataria, 14.III.2017

sábado, 22 de abril de 2017

MONÓLOGO DEL MURMULLO

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MONÓLOGO DEL MURMULLO




Yo suelo caminar cuando las aguas del infinito se derraman.
Nunca hay piedad, creo, con la incoherencia de la espuma en alta mar.
A veces zumban los oídos de tu sombra, las obscenidades arrastradas
por la contracorriente, el transatlántico curvo de tu respiración:
siempre sangras en la borrasca,
una mirada y me imagino el escondrijo, el trino que atraviesa la ventana,
la suavidad con la que le rendimos tributo al inconsciente.

Siempre debo descubrirte en lo inevitable, morder el mar de tu temporal,
desordenar el bosque sin que nos den calambres.

Justamente por el fuego quemamos casi todo, se endurece el riachuelo
del deslave, hurgamos en las campanas, la carne humana soterrada.
Arriba o abajo la demencia es igual. ¡Despacio, para vivir, camina!
Como las horas nunca amanecen, somos siempre la calle que empieza,
la calle donde se derriten diligentemente los pinos y los trenes,
la calle sin descrédito donde la feligresía desvía sus oblicuidades.
Calla. Calla. Calla. Deja que sólo se escuche el trino del cierzo.
En tu altar inclinado los ojos como dos habitaciones pecadoras.

Después, —no sé explicarlo—, nos sentamos a pensar en nuestra última adolescencia: no hay ningún balance, salvo lo que deja el fuego.
Salvo lamer la memoria e impostar la voz.

(Mientras, aquella mujer camina hacia las pestañas efervescentes
de mi próximo poema como el agua bendita en los tobillos.
Habida cuenta ella es la otra arista del tejado, la secreción de lo venerable.)
Barataria, 11.III.2017

viernes, 21 de abril de 2017

CORPOREIDAD DEL POEMA

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CORPOREIDAD DEL POEMA




Ahora vos tirando de la cuerda de los sueños: en la esfera de las monedas la sombra apenas de mi otro yo jorobada en sus propias vicisitudes siempre estamos cerca del ardimiento de los fantasmas o del rostro ensombrecido de la orfandad en los ojos el cofre de salmuera y el trote de los desasosiegos y los descensos alrededor de las semanas en la pedagogía inmutable del polvo las demasiadas calles y su ausencia de explicaciones nunca nos cabe la luz en la marea innumerable siempre el absurdo alumbra con sus aguas ¡diablos! esta lluvia de lentos retumbos estos ahoras mordiendo los encajes en los alrededores se asfixia la respiración y nos deja su opulenta desnudez

(Retorcidas en el pecho las múltiples palpitaciones de las salpicaduras de la brasa y sus lianas de sed y su matorral imantado de cierzo)

Siempre me pierdo en la fuerza de estas ráfagas sos vos la corporeidad del poema y el río de escritura que mis manos encuentran interminable

Festejo la corporeidad de la fábula con ese ardimiento de la herida…
Barataria, 09.III.2017

miércoles, 19 de abril de 2017

BRASA DE ECOS

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BRASA DE ECOS




Trastabillo en la madera lacustre de mis sueños. En la brasa del eco,
permanece desahuciada mi memoria y los huecos de algunos nombres.
En los párpados, por supuesto, la ceniza y su pelo disuelto de sombra.
Un día debatiré los olvidos en las funerarias;
quizás ellos me dicten los epitafios de la realidad y su abismo de consignas
evidentes, y su ardor de espejo en diáspora: en la hora undécima
hay que arrimarse al susurro sordo de las escaleras.

En desbandada todas las esquinas de las turbulencias, el apetito de la niebla;
atravieso el lenguaje de mi edad y respiro,
la noche del paraíso en el aleteo de las moscas: tanta noche ilumina
mis sombras, tanta escritura errática en mis espinas.

Cada vez son mayores las amputaciones y este haz de luz que no cesa
en la borrasca, ni en el camino que zozobra en mis ojos.
Un poco más y habré olvidado los parques, los atrios, los comensales en ayunas,
todo cuanto encarna la cópula de las semanas.

Después beberé a dentelladas mis propias pócimas. Ese grafito de relámpagos
en mis sienes, el abanico desmedido del camuflaje. El suplicio que empina
su infinito entre dolorosas hormigas.

Loco de pómulos y matorrales, los barrancos redondos de los ojos,
las pestilencias repartidas como la hojarasca, vástagos de no sé qué desolación.
Después de todo no hay nada nuevo en la placenta del humo:
estériles son los zaguanes y puertas y fértiles las fosas…
Barataria, 07.III.2017

martes, 18 de abril de 2017

PRESUNCION FALLIDA

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PRESUNCION FALLIDA




Me quema la sed y esta necesidad de lavarme los pies día tras día.
Hay una eternidad en los aleros de las semanas, en el pájaro sobre la espina;
sobre el torrente de las bisagras, la presunción fallida de la aurora,
los viejos comensales de fantasmas,
y los ojos arrepentidos de gritar en medio de las nomenclaturas.

La memoria tiene sus propios tragaluces y sus lloviznas verticales.
Al igual, este mundo, distinto cada día: ciegos e imperceptibles los olvidos
adusto como ese guacal de peltre devuelto a las alcantarillas,
sin sentido como las miradas desnudas en un antro deshabitado.

Algo siempre nos golpea cada día: el rastrojo y su desfachatez de ternura,
el espejo y su cuerpo inasible, los pretextos ahorcados de las semanas.
Nos duele el nombre de los muertos y sus lápidas oscuras.
Nos duele la inocencia corroída de los ojos.

Hay frases dichas solamente para la putrefacción de los zapatos.
Ardo esperando que el humo se disuelva en la deshora de la hojarasca.
No tiene sentido deambular dentro del estanque de las plegarias.
Tampoco necesito ungüentos para ensordecer de rodillas.
Todo se me insinúa buscándome en los límites.

Ninguna deidad es suficiente para un vestíbulo: lo sé cuando leo la historia
y sus extravíos. Lo digo entre líneas laboriosas: sólo en el desuso es necesaria
la retórica y algunas argucias para el ímpetu.

(De todas formas, los recuerdos desenfrenan los espolones del viento.)
Barataria, 05.III.2017