martes, 29 de mayo de 2007

Realidad vivida_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo©M. Belov, 2006_Flora de Chile





Realidad vivida



No es un dolor por los heridos ni por los muertos,
Ni por la sangre derramada ni por la tierra llena de lamentos
Ni por las ciudades vacías de casas
Ni por los campos llenos de huérfanos.
Es el dolor entero.
Joaquín Pasos




Esta es la tierra donde he nacido
Y aunque la sombra del caos la arrastre
Y la patee la cresta de la muerte,
El musgo rocoso de la desarmonía,
La espuma del matorral lamiendo los caminos,
La brasa del engaño,
La agonía tocando la puerta de madera
Y el umbral nebuloso del zaguán,
Rostros arrugados subiendo escaleras
Para escapar del hierro de las cerraduras,
La verdad y la mentira inventadas, ascendiendo a la realidad,
Aquí me abro a la esperanza, a la luz, a ese espacio ancho,
Sereno, de un camino que pueda
Sazonar otro firmamento diferente
A este que nos ha elevado al dolor
Y al ciego exterminio.

Nada fue la guerra que azotó a la Patria
A esta helada tempestad, materia nocturna,
Que nos alza en confundida noche,
Bramido de tiniebla, aliento de alacranes,
Juego de trombones de lóbrega carnicería,
Donde la corrupción junta su sinuosa zarza,
Y vuela con venerado portento de granito.

Con todo y esta losa de dudas y desaliento,
Forzada huida y tropezón en la guadaña del abrojo,
El mundo, este mundo, esta Patria puede ser mejor
Para resistir a la ruina, a la filosofía de la miseria,
Al hediondo jadeo de las conciencias amañadas,
A ese fuego de símbolos de la metafísica,
A ese abrir la noche con relojes vacíos,
A ese concluyente regocijo de los políticos
Cuando lavan sus manos en lavatorios de lúcidos colibríes.

Esta Patria no merece tanto rostro
Colgado de alambradas,
Ni revestidas juventudes cosméticas,
Ni acongojados delantales implorando arco iris,
Ni más sufrimiento al ojo horadado
Por la aguja del vejamen,
Ni más prisión que el silencio
Golpeando el relieve de la intemperie,
Ni más cucharas de abominable azúcar,
Ni más abismos que el harapo de los caminos…
Esta tierra, este suelo, esta Patria es de todos.
Aquí nacimos.
Aquí, entre dilatadas penurias escribimos la historia;
Cada sílaba nuestra construye el horizonte,
En cada sonido del aire elevamos el aliento a silbido,
En cada herido resucita un pájaro dormido,
En cada beso escribimos un libro de Esperanza…
©André Cruchaga, El Salvador
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lunes, 28 de mayo de 2007

Cuaderno de un poeta XVI_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo©Agustín Arias Martínez





Diario de un poeta XVI




Quiero llorar aquí frente al cántaro roto.

¿Dime, País, quién eres?
¿Qué luz sobre el día no será herida?
¿Qué bandera no será astilla?
¿Qué firmamento de alegría nos espera?
¿Qué juegos jugarán mañana los niños?
¿Qué campanas tocarán la alegría?
¿Qué agua beberán los pájaros?
¿Qué otros muros se levantarán frente a nuestros ojos?
¿Qué madre ya no llorará a sus hijos?
¿Qué sepulturero dejará de enterrar muertos?
¿Qué noche dejará de ser lúgubre eco?
¿Qué viento será amigo del sueño y las ventanas?
¿Qué sendero tendrá claveles?
¿Qué faroles no serán lienzos de balas?
¿Qué mariposas acumularán vientos?
¿Qué brazos serán para asir la esperanza?
¿Qué césped será almohada?
¿Qué casa no será más un gheto?
¿Qué voces no serán de espanto?
¿Qué silencio no será mordaza?
¿Qué relámpago no borrará las pizarras del alba?
¿Qué abismo dejará de ser fosa colectiva?
¿Qué ciudad encenderá espejos?
¿Qué calendario dejará su arrogancia nocturna?
¿Qué imágenes de vida recobrará el lenguaje?
¿Qué discursos serán cristales?
¿Qué días alcanzarán la sensatez?
¿Qué noche dejará de ser nido de cuervos?
¿Qué aprendizaje dejará de ser monólogo de párpados?
¿Qué espejo no será lluvia de saliva?
¿Qué música bailarán nuestros suspiros?
¿Qué palabras subirán las escaleras del honor?
¿Qué hora dejará de ser deshora?
¿Qué ceniza dejará de ser delantal nocturno?
¿Qué bolsillos no tropezarán con el hambre?
¿Qué niñas dejarán de ser asediadas por el vaho?
¿Qué cerraduras ya no serán agónicos cielos?
¿Qué cadáveres dejarán de ser anónimos?
¿Qué misa sacudirá el hollín de las sienes?
¿Qué mar se oirá en los caracoles?
¿Qué zapatos caminarán sin paraguas?
¿Qué melancolía no será de cadáveres?
¿Qué mar dejará de agonizar por falta de corales?
¿Qué insurrección será como el filo de un vilano?
¿Qué democracia dejará que juzguen los establos?
¿Qué guerra no romperá el corazón ni los tejados?
¿Qué viento de nuestro País no despeinará la tierra?
¿Qué pensamiento dejará de ser sólo destello?
¿Qué paz interminable llenará nuestra sangre?
¿Qué garganta será azul de palabras?
¿Qué camino será suspiro y no nido de hormigas?
¿Qué día será niño y no anciano?

Quiero llorar aquí frente a los flecos de la espuma.

Sobre el talpetate del País naufragan mis huesos:
La violencia tritura el aliento, desangra la madera,
Abre los graneros y se enreda en los inodoros.
El terror mantiene a oscuras las casas.
De vez en cuando sólo funciona la pulsación de los celulares
Y el secreto juego de los políticos.
El País es una profunda diáspora:
El laberinto de su memoria no llega ni a luciérnaga;
El temporal de la inclemencia se ha vuelto dogma
Y los brazos, sólo un anuncio publicitario…
Barataria, 28. 05. 2007
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domingo, 27 de mayo de 2007

Diario de un poeta (XIII)_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo




Diario de un poeta XIII



"A fuego lento voy leyendo el diario"
De este País abierto a la desesperanza,
Como si fuera el viento que se va de los barcos,
Con ese destino indefinidamente
De suplicio y silencio…
El País aquí y allá con su sangre nauseabunda.
Ceñidas las huellas del fuego en el vientre,
La noche es la Patria; el carcelero, la herida
Y la angustia ciudadana.
Como insecto la destrucción me abarca
Con su lengua de cráter.
A la orilla del abismo palpo la noche.
Ávidos lamentos lamen los huesos,
Los pájaros al amanecer babean los tejados
Con sus alas de memoria funeraria.

A fuego lento este miedo gutural
Que ata el fondo de los sueños,
Sueños ya sin zapatos, espejos rotos de la vida.

En el País golpean las lágrimas,
Los barrotes del ojo ciego, los caballos salados del caos,
El arco iris con bastón,
Los hilos perdidos de la razón en la hojarasca…

Rehenes somos de esta borrasca:
Desorden de papeles del desvelo.
Altar donde Dios no oye el eco,
Ni inventa otras aguas para vaciar la sed
Sobre nuevas ventanas,
Donde la muerte no acuda con feroces dientes,
Ni con el ronco sonido de la salmuera,
Ni con la máscara muda del cieno,
Ni con la bodega nocturna de los jardines.

Este País es estéril en caminos.

Estancia del cardo. Sueño para no dormir.
Candil apagado o, simplemente, lluvia
De tizne sobre los hombros y las sienes…

Pero uno lo ama con sus cuchillos.

Nada es cierto en este País.
Salvo la pústula. Salvo el gusano
Hambriento de la violencia callando corazones.
Salvo el disparo, el silencio recostado de la muerte
Y la sangre vertiginosa
Galopando en las paredes como párpados.

El llanto atraviesa con su golpe las paredes.

El País sangras en su propia caverna,
"Como si fuera el pan de un nuevo rito
Destinado a anunciar la última cena"…
Barataria, 25. 05. 2007
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sábado, 19 de mayo de 2007

Diario de un poeta (X)_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo






Diario de un poeta (X)




Desfila la luz en la sed, ciudad
Íntima donde los puertos circulan
En las venas y los ojos contemplan pájaros.
Frente a la vida, hay sin embargo,
Cierto sonambulismo. Glen Glould
Destella a gotas su melodía, cierzo diurno
De rama en rama tocando la carne.

El País despeinado en color de verano.

Despeinado y desnudo de cansancio.
Espejo de la zozobra. Espejo del llanto.

Se fue haciendo inútil azogue. Hábito.
Más allá deshace en sus manos la vida,
Infinito templo deshabitado,
Memoria vacía, áspera máscara.

La soledad acompaña al diluvio de la violencia:

Así es el País en su sábana de niebla.
Ha hecho su propia enciclopedia nocturna,
Alfabeto del hampa, diccionario del veneno,
Calles de ceniza, corazones de falso confeti.

Ahora me duelen las alas del aire.
Me asfixian los fogonazos del recuerdo.
Me harta el fuego de la soledad en su agonía,
Los huesos del amor aullando
En el polvo de la catástrofe. Duele el fuego,
Lento fuego del estiércol en los sueños,
Lenta lluvia de piedras golpeando los pies,
Lenta marea póstuma desbordando hormigas,
Lenta ciénaga del caos,
Mares de delirios sangrando entre túneles.

El País camina como la noche ciega:
Somnoliento pájaro derritiéndose en la sangre.

Hoy, sólo es fisonomía. Eco de crepitantes
Penumbras, soledad y saliva…

Pero el País se exhala y duerme
En nuestros brazos. De rodillas. Aterido vive.
Nunca fue el Edén, sino promontorio de cuervos:
Fiero relámpago de la pena,
Breña como cama para dormir o vivir,
Cirio cuya llama se adelgaza en el aire,
Odio del respiro, sorda goma
Donde el grito ahoga sus días.
Para no ser ha sido tierra de noche,
Para ser, brazos y ojos son féretro,
Para estar cierra las puertas y levanta muros,
Para existir se convierte en punto de muerte,
Para ver cierra los ojos
A los que nacen ya devorados por el tiempo.

Pese a todo este hedor del granito,
Estás en el pecho, País, flecha en las arterias,
Desangrando el breve instante del suspiro.
Barataria, 19.05.2007
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viernes, 18 de mayo de 2007

El suelo a través de las ventanas_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo





El suelo a través de las ventanas




La misma luz nocturna nos vuelve a desvelar
Xavier Villaurrutia



La noche levanta su muro histórico,
Mientras las cejas se pierden en la espera.
La saliva seca, pastosa, es fiel a la sed;
Los faroles del tiempo van desvaneciendo
La carne, inundándola de medios bríos,
Ojos descalzos sobre la sombra del cuerpo:
Suelo de la memoria, espejo
De la sangre, desnudo frío, sordo
Hierro del viento, ríos de abismo
Sobre un cauce de guijarros. Mar llevo
Sobre pájaros mudos
En la habitación del pecho. Voy a la sombra,
Después que las armas han madurado pústulas
Y los anaqueles de la muerte se abren
Como ataúdes de antiguos relojes…

La noche nos ata con sus ojos de sigilo.

Siempre el miedo como cabellos petrificados,
Siega banderas amargas.
Miedo y violencia tienen un extraño lenguaje:
Ciego es su patio y pesada su zuela.
Lágrimas brotan de las paredes,
Alfileres de sus aldabas de tizne,
Cielos en declive de sus ventanas,
Mojadas de sangre en la brizna.
Toda la ternura perdió su eficacia:
Lo digo después de andar entre veredas
Y amanecer velando esquinas indiferentes,
A la deriva: roto césped de violines.

La memoria gira alrededor de la luz.

Aunque prive el silencio,
Y la noche sea indefinible,
La sed tiene su destino de peces;
Las sienes, un destello de mundo.
La memoria nos acerca rostros diversos:
Agita la arena, desnuda los puertos,
Incendia los lirios de nuestros muertos…
Sacude el polvo para dar paso
Al olor de los dibujos. Saca su ojo
De la nada y muestra inmensos albañales
Como hojas amarillas, espectros
De ceniza, luna de cadáveres saliendo de prisa.

Nada es que no se nombre ante el fuego.

El falo de la impunidad maloliente,
Los ojos colgados de los pies, las tumbas
Adornadas con jardines, pequeñas
Ciudades del abismo, elefantes de mudas
Pigmentaciones, viejos espejos parecidos
A un armario donde se guarda la saliva,
Y el pensamiento repta en la polilla.

Todo cabe en la memoria, salvo el diccionario
De la drae y las planicies del Paraíso,
Halando del hule de la hondilla
Del huerto, ahora infierno de alfileres…
Barataria, 01.05.2007
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miércoles, 9 de mayo de 2007

Diario de un poeta (I)_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo





Diario de un poeta (I)





Imagen sumergida en el fondo del agua:
Cadáveres en la tarde,
Nubarrones lentos, resbalando
Sobre las hojas impermeables del bosque.
Llueve sobre fotografías; los periódicos
Borran sus titulares: disparos, gritos…
Se teme a la ley y al hampa, a ambas hampas.
Las prisiones y los cines temen a la muerte;
Se duerme en casa dibujando puertas,
Esperando que la ciudad disuelva la niebla,
Aunque el smog tiene poderes fortísimos:
Sin llegar la noche cambia los rostros,
Levanta peste de perros hambrientos,
Alfombra las ventanas con piel de herrumbre.

Hombres anónimos figuran en los discursos:
Los delincuentes caminan a prueba de balas.

Llueve en estos días. No se sabe lo que será
Uno al salir a la calle. Jugar
A la lotería es jugar al luto del tiempo.
La vida prendida en candelabros, cultivando
Las partidas, el aleluya que un juez no pronuncia,
La carcajada del asesino
Sosteniendo en su taza de café una pistola.

El País tiembla en su cuarto oscuro.

Vienen sobre la tierra y se hunden en ella:
A nosotros, habitantes, nos invaden los relámpagos,
El río sin nombre del golpe,
El horizonte de secas cortinas,
La hora reducida a angustia:
Granizo de ráfagas sobre el césped,
Las puertas y las ventanas del sueño.

En un callado suspiro se traspasan los espejos.

Se necesitan alas verdes. Ser pájaro.
Ser mariposa. Esta tierra es sorda a los sueños,
A la inocente sed de los pabilos,
A la verdad transparente del espejo,
Pero no al ruido de la muerte,
No al crimen de espesas lianas,
No al martirio repugnante del sarcasmo.

Noche y soledad son amalgama de granito;
El aniquilamiento, sortija y laberinto.
Cada uno habita su propia cadena,
Cada cuerpo es sangre del día y la noche:
Tierra horadada por ciegas pistolas
O enajenados cuchillos donde habitan los puntos cardinales.
Cada uno es vida desvalida
Frente a otras vidas:
Grito y temor, sangre, carne, pulso sediento
Para romper las mordazas de piedra
De esta vigilia diluida
En el mapa de ataúdes sin fondo.

El País tiembla con sus pupilas destrozadas.
Este País, donde Lázaro, sueña sin cuerpo
Y el sudor se confunde con la orina…
Barataria, 01.05.2007



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Diario de un poeta (II)_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo






Diario de un poeta (II)





Nada queda en los labios,…
Sino ceniza fría, dolida y crepitante.
Luis Cardoza y Aragón




El día nos presenta muros
Y fósforos de incertidumbre,
Velas, cirios, ondeando en el viento,
Sueños leves, abismos profundos,
Ríos mudos como la sombra de los guijarros.
Nada hace suponer que estamos vivos,
Cuando las armas pululan
Como miel tangible de este mundo
Y las moscas se nutren nuestras congojas,
Y la ceguera cruza las piernas
Y la soledad es un telar de mutismos,
Y el tiempo pasa como un caballo
De la muerte sobre los párpados,
Y los perros lamen la luz matinal
Sobre el bosque del cierzo,
Y los corazones se cierran como puertas petrificadas
A la vocación floral de las ventanas.

A cada rato jugamos a los ojos de la muerte.

Uno se asombra. Titubea ante el delantal de la sangre.

Las dudas cavan el alma con el sudario de los cuervos.
Largo es el péndulo de las tumbas. Invierno
De arañas cruzando la tosedera de este manicomio.
Uno cabalga sobre las colinas del vacío:
La desnudez pierde sus ojos en la penumbra,
Mientras el crimen deshace las sábanas del lecho
E inserta alfileres en el cuerpo.

El fuego lentamente quema el portento.

La razón ya no importa. Se pudrió en el estiércol.
La lágrima no importa:
Su ceniza torturante funde laberintos,
Su río salado amenaza con hundirse.
La razón es un terror de habitaciones:
En ella los pájaros picotean sus batallas
Y besa túneles donde también los lobos
Disparan antorchas de saliva.
El mundo cada vez aúlla en las manos
De la noche. Cada vez es noche y fantasma.
En el primer plano de la vida,
Aparece la obscenidad de la muerte:
Tiene pálidos cabellos,
Desvelada anatomía
Y un fango de cóncavo insulto.

Todo se lo ha tragado el arco maligno del estío.

Frente a la congoja desfallecen los cuerpos.
Las calles mueren como las palabras:
En las piedras se guarda la memoria
Atribulada de los espejos
Y la irrealidad de jugar a los amaneceres
Con un fervoroso temblor de chupamieles.
Barataria, 05.05. 2007



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