viernes, 29 de junio de 2007

Cuestión de conciencia_Poema de André Cruchaga

Fotografía: André Cruchaga




Cuestión de conciencia


Hasta cuándo este valle de lágrimas, a donde
Yo nunca dije que me trajeran.
César Vallejo



Noches como abismo. Tiempo
De violentas colmenas azotan la cara,
La sangre y la conciencia:
Espacio donde la oscuridad hace su nido
Y las pupilas comen la tierra
Con lágrimas coaguladas. Noches saliendo
De la luz como navío extraviado;
Noches en los labios, cuerpos estirados por el cierzo,
Piedras las cabezas heladas, troncos de muslos
Estrujados por la soledad
O flotando en relojes fatigados.

Todo este tiempo nos arroja sus ojos violentos:
Nadie escapa a su saña espantosa,
Ni a su aliento de carroña:
Nadie es gigante ante el halo de sus cirios.

En estas noches nos morimos mordiendo auroras.

Miramos y las cabelleras cuelgan de la ceniza;
Mientras los niños juegan a un sol ensangrentado.

Hemos llegado hasta la fosa de la barbarie
Y respirado huesos y obsesos pálpitos de sombras.

Nada nos detiene aunque el dolor cubra el alfabeto.

Hay neblina en la palabra y lobos en el alma;
Y, entre ambas, un cielo de grises y rastrojos.
Casi son un juego de túneles las ubres del terror,
El huracán del asalto y los cadáveres fluyendo
Aquí, allá, sin poder contarlos.

Río de ajedrez el cuerpo y la vida,
Este tiempo indiferente donde sólo habita
Agobio y tristeza y, si acaso, un amargo beso
Del tamaño del planeta.

Noches donde Dios no tiene nombre,
Y el hombre vive la punzante soledad del llanto.
Noches donde el albedrío es Dios
Y la injusticia un pez viviente
En los torrentes de la sangre.
Barataria, 20 de noviembre de 2005.
Del libro: Pie en tierra, Editorial Ricaldone, El Salvador, 2007.

jueves, 28 de junio de 2007

Surco de certidumbres_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo





Surco de certidumbres




No digáis que un pájaro canta, y que está,
En mi tejado,…
Saint John Perse



En la calma se pueden ver los armarios
De la vida goteando el cinc de los sueños;
O el navío somnoliento de los andenes
Como muelles que chorrean el sopor del treno.
También son posibles las sombras, la choza
Bajo el pinar, los efluvios del confín,
La mortaja dentada en el tórax,
El pubis errante en las pupilas del vuelo,
El zumbido del hambre como una sortija,
El abismo del verbo, descarnado en su arco iris.

Todo es posible en este magma de la República:

Cuervos del mismo modo que Caín y Abel
En su zigzag de ruinosa geometría.

Todo es posible en nuestra manifiesta democracia:

Las moscas confabulan agonizantes
En ese verde del iris de la esperanza.

Pero también lo hace el aguacero intrincado de las ideas,
El calvario ancestral de esta tierra,
Cuya locomotora emascula el ojo de la aurora.
En la calma es posible ver las cruces de granito,
El candil giratorio del crepúsculo,
El ruido del mar engullendo telescopios,
Los dientes mordiendo el semen de las vallas publicitarias,
Los recuerdos paseando entre muertos,
Mientras los pájaros orinan en las ventanas del rocío.

¿Qué queda cuando uno vive junto a la sombra del perro,
Vendado, entre cirios y alegorías,
Junto a los agujeros del alma?

Nada es posible más allá de los ojos:
Los caminos titubean en el poyetón de las veredas;
Nada es posible mientras llueva sobre piedras
Y el estigma sea la aguja que haga el grito
Y también la tumba atroz del pensamiento.

Nada es posible más allá de la nube y el oído
Donde los muslos callan como el alfabeto
Y los cadáveres flotan en la boca de los ciegos.
Barataria, 28 de noviembre de 2005.
Del libro: Pie en tierra, Editorial Ricaldo, 2007.
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miércoles, 27 de junio de 2007

Consumada imagen_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo (Age Fotostock)






Consumada imagen



…un deseo imperioso de buscar el
Dolor y por todos lados, siempre, un sabor de cenizas.
Luis Cardoza y Aragón



Es de noche y el corazón se alza
A los grises; es el gesto último de la batalla.

Apoyo la cabeza en la oscuridad sin decir nada,
Porque nada es ya, el respiro y la abdicación
Frente al brusco cerrar de los ojos.

Nada salva ni restituye la esperanza,
Bajando escaleras, subiéndolas.

No nos busquemos en vitrales de espuma.

El corazón está mudo en sus torrentes:
Hieren los pies salpicados por la fatiga,
Duelen de caminar empujados por la contracorriente,
Duelen los dientes de tanto masticar sombras:
La selva humana es atroz
Comparada a un corazón en llamas, quejas
Y devastaciones.

Me has dolido. La noche es larga
Y vibra en los rieles de las locomotoras,
En la cabellera del sonido hirviente de la cocina
O la fragua donde lo sólido se vuelve
Río de espesa simbiosis,
Casa sin pasos. Cero ventanas.

Lentas heridas de todas mis muertes silenciosas.

Y ahora te vas sin consumirnos,
Como muchos de los promocionales
Palpitantes de la televisión.

Los barcos son así en el reino de los muelles.

Siempre el cuerpo duele cuando las agujas
De la desunión nos muerden;
Siempre uno se queda descifrando lecturas,
Cuando la caligrafía se vuelve labio seco,
Y los abrazos son más parecidos a los kamikace.

El enigma de partir tiene algo de los círculos
De Dante;
Y el recuerdo, de traje arrugado,
Imposible de volverlo impecable.

Ahora te has ido. Partes. Partimos
Oscuramente entre ruindad y sordidez,
Entre noche y día mordiendo sílabas:
Figura del cigarro hecho ceniza
Hasta cegar el ojo y la esperma del ala.

Ahora te has ido. Partes. Partimos.
“las banderas de la carne sangran”…
Barataria, 06 de noviembre de 2005.
Del libro: Pie en tierra, editorial Ricaldone, El Salvador, 2007.
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lunes, 25 de junio de 2007

Sombra del País/Herriaren itzala_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo




Sombra del País




Sé cuánto pesa la Esperanza en mi País,
Y la libertad asida de mis manos;
Sé caminar por los senderos de la noche;
Atajar las piedras es saber el camino de la aurora.
En esta pequeña aldea donde vivo,
Se conocen desde lejos los párpados: El corazón
No tiene inocencia Se salva el que puede.
Muere el que desnuda las playas de su desafío.
Vive mientras no crea en la justicia,
Ni en las seguridades de la certidumbre.
Este País fue hecho prohibido para el olvido;
Pese a lo despiadado y cruel, lo llevas en la memoria.
Nadie te conoce aunque arranques a pedazos el aliento.
De repente, alguien te cimbra un arpón de soledades;
Esto porque te consideran un conspirador de la noche.
Y así no entras. Tampoco te cambian la esperanza:
Tu intensidad resiste. Es más fuerte que esa herida
Que muchos llevamos en el alma…
Barataria, 21.11.2004





Herriaren itzala (I)




Neure herrian itxaropenak zenbat pisatzen duen badakit,

Eta neure eskuen libertate heldua;
Badakit gaueko bidezidorretan ibiltzen;
Harriak aurreratzea egunsentiaren bidea jakitea da.
Ni bizi naizen herrixka honetan.
Urrunetik antzematen dira betazalak: Bihotzak

ez du errugabetasunik. Ahal duena salbatzen da.
Bere erronkaren hondartzak biluzten dituenak hiltzen da.
Bizirik dirau justizian sinesten ez duen bitartean,

ezta ere ziurtasunaren ziurtasunean.
Herri hau ahazteko debekatua egina izan zen;
Krudela eta bihozgabea izan arren;Gogoan daramazu.
Inork ez zaitu ezagutzen; naiz eta zatika atera arnasa.
Bat-batean, norbaitek bakardadeetako arpoia astintzen dizu;
Hau gauaren azpikaria zarela usten dutelako.
Eta horrela ez zara sartzen. Hala ere ez dizute itxaropena aldatzen:
Zure indarrak irauten du. Askok ariman daramagun zauria
/baina askotze indartsuagoa da.
2004ko Urriak 21
Del libro: Oscuridad sin fecha, Editorial Ricaldone, El Salvador, 2006.

domingo, 24 de junio de 2007

Lección de gratitud..._poemas de André Cruchaga

Ilustración: Acuarela de Susana Giraudo






Lección de gratitud



Los cuerpos reposando en la noche,
Humedecidos de estrellas; la rama de albahaca,
Melodiosa en la sopa; el ensueño de despertar,
Rozando otros poros; las ventanas, cuando
Amanece, y dejan pasar a través de su cedazo,
El resplandor exaltado de las mañanas.
La espiga que crece como un rostro nuevo,
El hogar con el fuego siempre encendido,
Fecundado por geranios y jazmines.
La conciencia rodeada de luz: Erguida
Al cielo como los pinos, los robles o los eucaliptos.
El campo abierto donde resbalan los latidos,
Donde las golondrinas hacen su verano,
Y los pájaros contemplan la presencia
De su propio tránsito, más allá,
De cualquier fuego transitorio…
Barataria, 19.03.2004



Versión libre de la vida



Cuerpos sin ropa
Buscando su propia angustia metafísica.




Origen



Fue el asombro la voz de los pasos,
Fue el deseo el puerto sin anclas,
Fueron los ojos con barniz de madera.
Así aparece escrito en la historia personal del tiempo.




Vuelo vertiginoso



El humo de mi cigarrillo vuela como un pájaro.
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sábado, 23 de junio de 2007

Viajes y cavernas del subsuelo/Lur- azpiko bidai eta haitzuloak_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Portada del libro: Oscuridad sin fecha, 1a. edición, Editorial Ricaldone, 2006



Viajes y cavernas del subsuelo


En la lluvia reconozco el lugar de donde vengo;
El agua apaga este amor feroz, incandescente,
Que le tengo a las campanas cuando tocan las raíces
De mis músculos y el vino de mi sangre.
La vida ha de irse, es la única condición que compartimos
Cuando vemos partir todo lo que amamos. Lo único,
Tal vez, surco en la memoria abriendo el silencio.
Por eso, al recordar, hacemos un apéndice del eco:
El barco del reloj se pone quieto y en pos del trance;
Uno se descubre aprendiz de rostros, viajes y cavernas.
También me reconozco en los espacios vacíos y sangrantes:
Tiempo redondo, acaso mi propio horizonte. Mi desvelo.
Mi única querencia para asir la esperanza a mi pálpito.

Toda vida regresa recordando y muriendo. Lo demás es noche
Y un puente inventado hacia la eternidad…
Barataria, 20.11.2004
De: Oscuridad sin fecha, 2006.





Lur- azpiko bidai eta haitzuloak

Eurian nondik natorren onartzen dut.
Urak itzaltzen du maitasun basati hau, goria,
Kanpaiei diodana, nire iharren sustraiak
Eta odolaren ardoa, jotzen dituenean.
Bizitzak alde egin behar du,
Partekatzen dugun baldintza bakarra da
Maite dugun guztia joaten dela ikusten dugunean,
Agian, bakarrik, memorian arrastoa isiltasuna irekitzen.
Horregatik, gogoratzerakoan oihartzunataz luzakina egiten dugu:
Ordulariaren ur-ontzia geldian jartzen da eta trantze guran;
Berbera, aurpegien, haitzuloen eta bidaien ikaslea dela ohartzen da.
Onartzen naiz baita ere esparru huts eta odol-isurietan:
Denbora borobila, Agian neure zeruertza. Nire lo- galtzea.
Nire jite bakarra, itxaropena nire bihozkadatara eltzeko.

Bizitza dena, gogoratzen eta hiltzen, itzultzen da.
Bestelakoa gaua da, eta betikotasunera asmatutako zubia...
2004ko Azaroak 20.
Traducción: María Eugenia Lizeaga

viernes, 22 de junio de 2007

Brasa de la historia_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Carátula del libro PIE EN TIERRA, 1a.edición, 2007






Brasa de la historia



Aquí, en la tierra, el hambre continúa.
La miseria, el luto, y otra vez el hambre.
José Saramago



En el fondo fue siempre así,
Aunque las caras del hambre hayan cambiado;
Sus pupilas de hierro
Están mordiendo la Esperanza.

El tiempo, la edad, el amor no es jamás
Como lo pintan los cuentos de hadas;
Ni las mañanas, hoy, son tan claras.
La vida es mariposa de alegría:
Su fugacidad deja un halo de tristeza
Y marchita saliva sobre la brisa.
El sollozo cunde las constelaciones.
Las hormigas del vejamen son horribles.
El desamparo es terrible. El insomnio
Acaba en abismo.

Muchos vivimos posesos de la vida.
Vivir aquí es una aventura de la sed.
Tampoco el amor es posible,
Alas rotas en el ojo del anhelo,
Horizonte de alfileres sobre el cuerpo,
Miedo de vivir bajo la náusea.

Aquí no es posible vivir sin martirio:
La democracia se pasea por las calles como usura;
Ríos de sangre manchan la risa,
Los espacios vacíos y las canchas de fútbol;
Candelabros se comen la paz.
Sorda es la Patria, aunque algunos escuchen su voz,
Y se paseen con sus ojos cosméticos,
Por sus arcos modernos y edificios neocoloniales.

Sorda es la Patria que tenemos. No existe en los barrios
Ni en los cantones lejanos
Donde la industria no llega.
Muchos sentimos su vejamen y estío.

Las tortillas se comen a la intemperie;
Se come sal y hojas de jocote,
Mientras la radio golpea los tímpanos
Con la promesa del TLC y la seguridad ciudadana
A través de “coros sibilantes”.
¿Qué podemos esperar de todo lo que nos convoca?
¿Magos poderes? ¿Hechicerías?
¿Oscuros cuerpos humanos en los campos
De la batalla cotidiana,
Indiferencias y eyaculaciones simuladas?
Vano es hacer mapas en la memoria ciega,
Cuando la noche nos viene
Con una racha de nieve,
Cuando Santa Cláus es el lobo feroz del cuento
Y los habitantes no conocen los ordenadores.

La gente se pierde en este suelo sordo:
Intensa América del hambre
Semejante al otoño de los árboles…
Barataria, 13 de noviembre de 2005.
De: Pie en tierra, Editorial Ricaldone, El Salvador, 2007.
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jueves, 21 de junio de 2007

Isla(País)_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo





Isla (País)



A Jorge Bousño y Elías Letelier,
Poetas entrañables.



Yo y la luz te inventamos,…
Manuel Altolaguirre



Te inventamos sin calles, sin edificios.

Eras apenas tierra y agua y noche:
Lápida inerte para los exploradores;
Corsarios vinieron y partieron. Deshojaron
Almas, sueños tribales y clavaron
En los maderos horizontes de fuga.

Nada pudo detener el casco y el estribo;
La brida fue el dintel; el arco, la fosa
Del cuerpo entre peces amarillos.

Resplandores vinieron después, parpadeos,
Perplejidades de silencios, oscuras muertes,
Ataúdes disfrazados de habitación
Y de ermitas,
Filos de la misma ceniza de la noche,
Gaviotas en el hilo del fuego, mudas
Al susurro del viento, lánguidas miradas
Del vocablo con olor a pólvora,
Ecos aprensivos de las batallas, estertor
Mutante del hambre, sepulcral amor
Entre la ola agrandada por la sangre
Y la desazón del tiempo con su espectáculo.

El gallo cantó las veces necesarias,
También aulló el lobo y el nahual;
No obstante, amaneció el miedo y el silencio,
La camándula sedienta
Y los conspicuos cabildos del abecedario.

La doncella con collares de hueso y jade
Y plumas, pasó al sempiterno artificio de dama
Del comendador o el encomendero.

Lo demás es historia sabida: sombra de cruces,
Sombra del metal y la madera,
Tejido de trauma y enigma,
Fierro presente en la carne
Como el crepúsculo entre los barrotes de la cárcel.

Sí, como ese crepúsculo horrendo
Con su memoria detenida en el horizonte…
Barataria, 02.11.2005
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miércoles, 20 de junio de 2007

Cetrería_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo






Cetrería




El pasado que saltamos se hizo presente.
La ciudad cambió su quietud
Por la agonía del grito y el escombro.
Nada de ayer es más cierto a la basura
Indemne, fosa de la noche, materia corrompida.
La realidad, aunque frágil, levanta losas;
Su omnipotencia se ha apoderado de curules,
Obscenidad y contrabando.

Hoy son más los nombres de los muertos
Y los rostros inermes frente al espejo
De la luna sobre el azar de las hojas
Del árbol caído.

En medio del saqueo y la impunidad:
Ganancia de pescadores.

Pero nadie hace nada contra el desastre,
Nadie niega la maldad y baja su bandera;
Nadie cauteriza el labio agrietado por el derrumbe.
Por el contrario, la noche sigue
Aunque nada sea eterno.

Crece la fogata alrededor, crecen las moscas
Como los puntos de la arena.

Todas las plazas son una trágica alarma:
La esperanza deshecha, pese a ser símbolo de vida.

Nadie quiere ver reverdecer la grama,
Sino hundirse en la escoria
De primitivos cantos gregorianos.

Por eso la mayor fatalidad es estar vivo, seguir vivo
Cuando te vacían los ojos y le ponen precio
A tus entrañas
Y bañan el cuerpo de fango
Y desmantelan tu cuerpo en un anfiteatro.

En otro tiempo, no hedía el mar, ni la dádiva
Era tangible a la vida;
Era sepia el silencio, pero habitaba la luz;
Era húmedo el lecho de la espiga
Y el fuego una llave consecuente con el hambre;
Pero ahora —y lo digo con nostalgia—,
Construimos ciudades afligidas por la epidemia
Y la sequía;
Alabamos la inequidad en forma de justicia,
Y premiamos el martirio, el desprecio y el crimen.

La memoria no tiene futuro cuando la arraiga
La mortaja de la ignorancia.
Barataria, 19 de diciembre de 2005.
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martes, 19 de junio de 2007

Nadie nace dos veces_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo





Nadie nace dos veces




Jamás regresamos al mismo sitio
De donde partimos;
Ese punto se torna espejismo:
Seducción fatua de la memoria
Ahogada con lianas hirvientes.

Nadie nace dos veces siendo mortal,
Ni siendo camello pase por el ojo de una aguja,
Excepto Lázaro frente a la inefable misericordia
De disolver la noche y volver a tierra
Sin la doliente máscara de la muerte.

Uno se mira al espejo, pero sólo el cuerpo,
La forma
El concepto
Se refractan;
No el fluir alado de la sangre,
No el mundo interno hecho de resonancias
Profundas,
No los navíos aprisionados en la razón,
No el oleaje interno unido por los hilos del tiempo.

De sus rocas nadie sale indemne:
La casa, las ventanas, las puertas,
Son otra fantasía, otro mundo de sombras
Parecido al drama y no al asombro.

Mi casa de ayer no es la de hoy,
Los pájaros detestan las jaulas,
Los túneles son nidos para cadáveres
Y los cadáveres un pleonasmo del hambre.
Los sueños de hoy parecen una puñalada a la razón;
Por eso nadie se atreve a vivirlos.

Las edades como las ciudades mueren.

Sólo la ficción les prolonga la vida:
Jamás nacen dos veces, pero sí mueren sucesivamente
Dejando estelas de recuerdos
Como las campanadas del ángelus.

En otro tiempo podía ver toda la belleza
A través de las ventanas; la luz terrestre
Aquietaba los ojos; el viento, abierto,
Peinaba las sienes y apuraba el olor de las campánulas;
Ahora, pesada es la vida; y la tierra de uno,
Espiada por el recuerdo, es otra.

Distinta como la vida de hoy.

Estival como los cuerpos frente al fuego;
Lejana a la caricia y densa como zumbido de moscas.

Todos no somos los mismos. Algo se fue de las manos.
Algo hizo del desasosiego un labio de fuego
Y una tierra de densas inclemencias.
Barataria, 22 de diciembre de 2005.
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lunes, 18 de junio de 2007

Memoria en el umbral_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo


Memoria en el umbral


El alma de los deshabitados
Hace tiempo está llena
Con los recuerdos del pasado.
Vladimir Maiakouski


En otro tiempo transitabas por las calles
Con tranquilidad; ibas a la iglesia los domingos
Y escuchabas la misa en latín;
Fácilmente se conspiraba sin envejecer rápidamente.

Ofrecías el alma a Dios sin siquiera haber pecado.

No sabíamos tanto de los débitos,
Aunque fueran alfileres en la almohada.
El alma no respondía —al menos conscientemente—
A los principios de Newton;
Pero nos gustaba fraternizar con las hazañas
De Homero y Esquilo.

A la vista de hoy, la carne y los sueños se debilitan:
Nadie perdura más que un féretro bajo la tierra;
El instinto no nos salva de devorar el hambre
De otras hambres y la nuestra.

¿Qué fuga nos persigue en estas fronteras invisibles
Donde el oído reclama porque la voz no escucha
Y la voz, a su vez, se convierte en agonía?
Con frecuencia estamos a merced de la esperanza;
Pero ella duerme en la mudez de lo adusto.

El tiempo es un pétalo donde la flor se pierde.

Es piedra. Piedra sola sin enigma. Sin aurora.

Sales a la calle y respiras sombras
Y blancas hojas sigilosas en las manos
Asaltándote la respiración, comiéndote tu cielo.

Para eso naciste, conciencia de hoy,
Para esta sorda voz ahogada en el vacío
De bóvedas gigantes, diurno vacío del sueño.

En otro tiempo (después lo supe)
Los pájaros habitaban las palabras
Y hacían sonar el polvo de los caminos
Y encendían el viento con sus plumas.

Si corrías era para agarrar un hilo de luz
En los tragaluces del bosque, relucientes de musgo.

Ahora nadie ve y nadie ha visto.
Una nube, solamente, roza las pupilas del sueño,
Una, nada más, en la boca de la arena,
Moscardón en las pupilas,
Comiéndose la vida.
Barataria, 29102005.
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Fuga benigna_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo



Fuga benigna


Todo el tiempo huí de la ciudad.
La ciudad se llenó de luces agonizantes
Y de sonidos putrefactos.
Preferí la montaña hecha lluvia
Y las nubes de la tarde sobre el bosque:
Aquí se filtra el viento con la sangre
Y el rocío, inocente pétalo de vocales.

Nadie acecha. El único sonido posible
Lo produce el grillo y la hojarasca.

La ciudad siempre es un destino soñoliento;
El imperio mezquino de la ley abre huracanes
Y el perro ofende con su multiplicada sarna.

A medianoche el estertor del asesino
Zumba en la almohada;
El ámbito es atroz. Noche hambrienta. Sin sábanas.

Alrededor el hambre respira convulsa;
Asfixia hasta producir víctimas:
Lentas víctimas cerrando los párpados.

¡Qué cuervos viven aquí sobre losas de asfalto!

El veneno y las lianas de la sangre en el puñal
Son la luz, el ave. Son la palabra y la vida.

En cambio, en el ámbito del pájaro,
El pájaro respira por mi boca y vierte
En proclama su relámpago verde:
La solfa vívida de su augurio, beso del sonido
Hechizado por las cuerdas del viento.

¡Aquí soy el ojo fresco de la desnudez!

La noche es toda y delira como olas.

La luz es otra cuando la pienso a solas.

La censura me la da la conciencia del espejo
Y no la prisa hecha por inquisidores
Del status quo o el stablisment.

Aquí puedo hablar de la suprema llama del fuego;
Las almas de las sombras me escuchan.

Es curioso. Los ojos devoran paz, guantes de pinos
En mis manos,
Cristal la neblina en el ala, calle la ráfaga del sol,
No el sueño mudo de la carne inmóvil,
No la sepultura del aliento en brazos de la multitud.

Es curioso. “tierra a solas me siento, sin humanos”.
Barataria, 22 de diciembre de 2005.
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domingo, 17 de junio de 2007

Ruídos aquí en este cuarto oscuro_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Centaura©Loli González García



Ruidos aquí en este cuarto oscuro

Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.
Antonio Gamoneda


Extraño el ruido de los trenes y su sombra.

Extraño el ruido del agua cuando hierve.

Extraño las agujas, los alfileres y las tijeras,
La semilla de marañón en los dientes.

Extraño a los pájaros hablando sin palabras extrañas,
El dolor de una herida en la piel.

Extraño la orquesta ensordecedora de los grillos.

Extraño las sonrisas. Tu sonrisa, Daphne;
Como también ese lento, lento ruido de las hojas
Cuando caen por acción del viento.

Extraño los inviernos que juegan al sollozo,
Las flautas de las ventanas cuando las mariposas bailan,
La cama sin sábanas y tú desnuda, Daphne.

Extraño no estar en tu abismo leyendo con voracidad el asombro,
Los destellos y la fragancia erecta del oleaje.

Extraño tus semanas de risa y el teclado de tus dientes
Resplandeciendo en la liturgia del cuerpo.

Extraño el ruido del orgasmo cada vez que la ducha
Adelgaza la piel.

Extraño los recuerdos. Y me extraño de mí mismo:
Hay sábanas que estarán conmigo hasta la muerte,
Habitaciones oscuras, ojos en cacería felina el tacto.
Hay gusanos por doquier que desde ya se acercan
A mi cuerpo con ojos de ceniza putrefacta.
Extraño los caballos, Daphne, y sus relinchos;
Te extraño a ti, cuando la lluvia acaricia los ventanales
Y el olvido es difícil de vencer…
Barataria, 3 de agosto de 2005.
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Arte de morir_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo©jfmoreno


Arte de morir

Ya en romanos se nos dice: la aspiración de la carne
Es la muerte. Desde el ojo uno acaricia y se desnuda,
Se mira, se aprende la lección oscura de la muerte.
Ancha es la vida y sin embargo los azares pasan la factura;
Uno se llena de pasiones, nociones y ficciones para luego
Caer en la dulce antípoda del cielo: esa fosa
Donde yace la rosa y la roca y lo inevitable.
No hay nada más sereno que una guitarra desvencijada
Con su propio dolor; pero distinto a los efectos del sueño.
Sin embargo, sueño del aliento es la respiración cortada;
Esa otra palidez del límite. Hora vasta y agolpada.
A menudo nadie se da cuenta de su armadura,
Pese a que avanza hacia la tarde, mermando los vientos.
Cuando las hojas de la respiración callan y desvanecen
Y las palabras se tornan fragmentos extraños,
Es que en el sendero están los azacuanes anunciando
El cambio de estación.
Cuando uno se apaga, al fin, la trementina encarna la voz,
Las interrogaciones obtusas, los callejones de la lluvia,
La claridad, tal vez, que siempre se buscó.
Cuando morimos los lirios se encargan de la fiesta;
Mientras el relevo se consagra en otro nido con esa
Fantasía propia del tiempo.
Cuando morimos, la ansiedad del nicho nos espera
Para trasegar la luz al soplo del pálpito memorioso.
Cuando morimos, la experiencia es tal,
Que pareciera el oficio de un vigía resguardando amuletos.
Cuando morimos, en fin, el lecho se convierte en parábola
Y como todo clímax, hay un poema en el respiro…
Barataria, 2005
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jueves, 14 de junio de 2007

Ventana abierta_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo©jfmoreno




Ventana abierta



A menudo las ausencias se vuelven cirios resplandecientes:
Llamas consumiendo un espeso bosque de nostalgias,
De una mirada, de un abrazo, de un beso…
Con los ojos quietos y caballos negros en las sienes apoyados
En el horizonte, nos quedamos larvando ilusiones en las ráfagas
Del vacío. Las ausencias son espejos que no te dejan ver,
Ni saben hasta dónde llega el ritmo alado de los pájaros.
En la estantería de las sienes, escudriñando vigas y paredes,
Ellas envejecen junto a la severidad del tiempo.
La vida se deja hurtar todo cuanto a ella llega: Los días, la alegría,
La esperanza, la firmeza de saberse libre.
Al final no hay esa “pupila abierta de asombro ante el infinito”*
Sino ese pasado más parecido a un Gheto y a murallas.
Barataria, 2005

______________
*Hace alusión a un verso del poeta José María Quiroga Plá
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miércoles, 13 de junio de 2007

Hecho de tanto tiempo_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo©jfmoreno




Hecho de tanto tiempo




El viento gime a través de las hojas...
Isidore Duchasse (Conde de Lautréamont)




Bajo el candil del viento, los años
Han caído en la boca ávida del invierno;
Ahora lo sé cuando las hojas caen
Y los balcones unen la herrumbre
Con el cierzo; cuando resbala la lluvia
En los ojos y la luz arde sobre un libro.
Bajo el fondo de mí mismo,
Tantos años vividos en la sombra,
Que olvidé los sueños o todo fue soñar
Con esas tres vocales de la piedras
Y las consonantes de la libertad.
Inútil. Tu cuerpo no está aquí junto al mío.
La lluvia y el viento lavaron las huellas
Que tanto gustaba ver sobre la arena
O la tierra suelta del campo. Inútil.
Inútil cuando centellea lo indeciso del abismo
Y emergen sábanas estáticas y silentes harapos.
A menudo el destino deja de ser fantasía,
Para convertirse en trenes agónicos;
Jamás pensé en sus páramos escarpados,
Ni en su milagroso candil de profeta.
Tanto tiempo vivido y mendigo un pedazo
De país, un papaturro de caricias,
Y una tormenta de azules mazorcas.
Haz tú que caliente mis manos
Juntas al abrazo y al corpiño,
Juntas a la sangre para formar otro reino,
Juntas al delirio de las venas
Donde la lengua escarba hermosas transparencias.
Sé tú, Patria, mi oráculo, mi grano de sal;
Sé tú, la boca embriagada de la eucaristía.
Sé tú, entre los cipreses silenciosos de mis poros,
El horizonte derretido por los pasos:
El retazo de vida al cual aspira mi alma.
¿Qué soledad puede enfriar tanta herida?
¿Qué sollozos no son mármoles en la memoria?
¿Qué muralla deja de ser sombra o cárcel?
¿Qué lágrima deja de ser tan fuerte como una esquirla?
¿Qué memoria no enluta las herencias?
¿Qué ojo deja de ser una caverna frente al mundo?
Y tú no estás aquí con tus pechos de espigas,
Con tu delantal de sueños, desnuda,
Sobre la mesa, inundando la existencia,
La habitación del bosque, el idioma del follaje.
En fin, me cansé de quererte como eras:
Patria más fuerte que el mar y la vigilia,
Retablo donde ningún sueño moría,
Puerta donde nadie gastaba garganta para abrirte.
Ahora espero que la noche baje junto a la luna
Para vaciar ese río sideral de espesa leche
Y repartirla con los hervores de los sueños.
De otra manera no creo que nademos en el universo,
Ni develemos su fuego misterioso...
Chalatenango, El Pital, 9 de mayo de 2004.
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Profundidad de la tarde_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo©jfmoreno




Profundidad de la tarde





Contemplar la tarde tras el callado gris
De las nubes, casi luz cansada: luz fenecida.
Contemplar la tarde junto al ensimismado barco
De la noche asumiendo la tenacidad del horizonte.
Verla suspendida en unos labios. ¡Ah, vastedad!
Ver la tarde de ayer sin un mundo a oscuras,
Rozando la intemperie de tu piel
Junto a esta aterida sed de cipreses.
Sentir la tarde en el territorio de tu cuerpo,
Atravesando ríos de relojes y raíces de sueños
Y el mar de principio a fin sin envejecer en tus poros.
Ahora hay júbilo en esta vasta tierra del corazón:
Las palabras llueven en mis manos y humedecen las ventanas,
La taza de café ahonda en la profundidad de las pupilas,
Los labios saben tañer los muslos blandos
De ese libro de aires que retoma mi boca.
Contemplar la tarde es inventar espejos
Y descubrir que los caminos sobreviven a los monólogos.
¿Qué me ofrecerá después la ausencia de la tarde,
la ausencia de ti, el parpadeo perenne de esta lluvia?
No sé si golpeando los acantilados del silencio,
Pueda agonizar, ciego, en tu desnudez.
No sé si el tacto haga posible todo aprendizaje.
No sé si con el hiriente fuego de la lava,
El tiempo deja de ser espuma para convertirse en roca.
No sé si este gesto de mirar profundamente tu cuerpo,
Se convierta en cárcel o mar…
Pero si sé que en mi acto de mirar con avidez,
Hay unos ojos todavía queriendo ver la lluvia
Y la blanca inundación, plena, del asombro.
Barataria, 03 de junio de 2005.
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Destino de la noche_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo





Destino de la noche




Se agolpa la noche cuando cae en los senderos
Y uno abre las puertas del cautiverio.
Hemos caminado largas calles de párpados
Y ritos más pesados que el asombro:
Ríos fangosos donde no penetra la voz,
Ni los náufragos se hunden plenamente en su fuego.
Vimos enormes ataúdes partidos por el rayo
Y noches donde Dios no miró nuestros sueños.
Soltamos el silencio ebrio de peces y, por fortuna,
El agua lavó el arco iris y vació la espuma de la marea.
Nunca salimos. Allí estuvimos en la medianoche del grito;
Atrás el labio ciego y el atrio herrumbroso.
Sobre nosotros, las piedras guardaban lugares muertos:
Ojos de porcelana, párpados de pluma en jarros,
Jade eterno en la lluvia, manteles de enredaderas
Y sal en el espejismo boscoso de la luz.
Cuando vimos nuestros rostros en los ojos del oráculo,
Los cabellos trenzaban la espuma de las olas
Y los cirios atravesaban gaviotas ávidas
Sobre el remanso agorero de las palabras.

Allí buscamos el hambre y la claridad.

Allí hallamos la obsidiana: lenta luna verde de los armarios.
Barataria, 2005
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jueves, 7 de junio de 2007

Monólogo del subconsciente III_Poema de André Cruchaga

Fotografía: André Cruchaga





Monólogo del subconsciente III



No me sorprende tener tantos sueños en la cabeza,
Ni los diluvios de la pasión tan activos
Como dijera Paul Eluard,
Pues son tan necesarios como las gafas en pleno sol.

Tampoco me sorprende que en mi memoria
Se diluyan como espesura de mar:
Venus que nació de ella
O Eva que justo está desnuda
Frente a la pantalla de mis ojos
Surgiendo de mis deseos de consumidor final
Y no de la costilla,
(Ella no aguanta ninguna escisión)
Ni tiene sostenes para detener la caída mortal
Que Dios nos guarda en algún espacio del planeta:
(Que no es Montpellier,
Ni la catedral de Saint- Pierre,
Ni el pueblo de los caballeros de Renée le Chateau).

Sino esa oscura región
Entre la vigilia y el sueño:
Larga noche de grutas, de teatro y vaho.
Maravilloso cadáver entre la tormenta del orgasmo:
Caparazón lamiendo la humedad
De las paredes del tiempo
A través de un espejo terriblemente real:
El animal cómicamente triste de Kafka,
O el filo de la historia de Don Quijote de la Mancha,
O los círculos mohosos de las ideologías:

(Hegel, Marx, Heidegger, Sartre, Hitler, Franco).

No les gustó su tiempo:
Siempre hubo puertas, candados y abismos.
Por eso se deleitaban en el humo trágico
De la novelas de Agatha Christie.

A mí tampoco me gusta, por supuesto.

Es una versión de la Tormenta Roja
De Tom Clancy o ese Maldito Amor
De Rosario Ferré donde las huellas
Emergen de la metáfora del zodiaco,
O del monasterio donde Galoar tomó las aguas
Para evitar la ponzoña !Ah, caballero
De la ficción humana, Señor Amadís!

Oriana, aquí, podría disipar las noches.
Y encender el fogón
Para que la noche no me anide a bultos,
Ni mi cuerpo caiga como una multitud increíble
De seculares suertes:
(Lo salvaje, lo inicial, lo imperativo).
No puedo decir, con Nietsche, que venga otra vez la vida:

Ella esta aliada a la pala de los sepultureros,
Al monólogo de las tumbas,
A la inverosímil ilusión de volvernos a ver,
A la tarde rompiente de los pensamientos,
A la herrumbre ronca del tiempo,
A los dientes de la sangre mordiendo el sol
Y a la ciega espuma del clamor
Como “El héroe de las mil caras” del mito
Donde los pájaros se diversifican en la lluvia
Y las flechas transparentan la sangre
Del ojo celeste de las nubes
O la crin oscura de las rachas del viento
Donde se enreda la lágrima
Conviviente con el cuerpo.

Oriana me levanta, súbitamente, la conciencia…

Es infinita. La aspiro con avidez.
Espléndida luz entre rastrojos.
Tibia claridad de sus brazos
Devorando con roces este tiempo
Los jadeos de sus poros. ¡Oriana! ¡Oriana!

Tras la noche que llora e inunda caminos,
Mis ojos giran en el terraplén de su pubis;
Y allí gotea, también, el iris del alma,
Las pupilas de la esperanza,
Los párpados vertiginosos del tiempo
Desliando y renovando este mundo cansado:
La suma de la vida, la evocación de la sed,
La eternidad interminable,
Pues nos siguen acompañando Schopenhauer,
Stendhall, Hegel, Xuang- Ztse,
Quevedo o Cervantes, Vallejo o Montesquieu.

La eternidad jamás llega a su fin:
Largo tiempo soportándola ni la muerte la pacifica.

Este tiempo soy yo durmiendo anticipadamente
En la línea divisoria trazada por los profetas
En el moderno lomo de Homero.
Por eso, Oriana, a nada nos acostumbremos.
Vivamos la única salvación:
Comencemos a reír contra este tiempo sórdido y estúpido.

Esto es mejor que la asfixia sigilosa
De un pecho aterido esperando todos los días
Tras la ventana,
Registrar su mirada el vacío,
Y soñar, todavía, íntegramente con el futuro.
Soñar.
Soñar lejano
Viéndose a sí mismo
En el final del cuento feliz
Y no en La comedia humana de Balzac.

Oriana, hierve el recaudo de la vida.
Es intolerable. Perdí la cuenta
De cuántas veces lo hemos hecho.

De cuánta memoria recobrada compartimos.
De cuánta validez tiene nuestra imaginación.
De cuánta falsedad nos sigue supurando.
De cuántas osamentas esta hecha nuestra moral.

Ahora ya sabemos que la vida es obra de la muerte;
Y la muerte de quienes hacen de los labios agrietados eriales:
Vida entre máscaras. Vida entre velos.
Surtidora, al fin, de rumiantes confines:
Allí está nuestro tránsito humano,
La guitarra horadada del cuerpo,
La vigilia cansada del alba en la entraña,
El agua del camino en un crepúsculo de silencios,
Los escenarios de la farsa en locura de campanarios,
La espera desquiciada de la lluvia,
El llamado urgente del náufrago en las líneas del fuego,
La puerta sin afectos, agazapada en su herida,
El embate del tiempo sobre una pócima de cruces,
El aguijón sembrado en el alma como rastrojos.
La lágrima titilando encendidos cementerios y féretros,
El sollozo de nuestros pasos imprecisos:
La criatura irrepetible: la noche vacía del mundo
Y la soledad humana enterrada en un seno.
Septiembre 26 de 1999
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lunes, 4 de junio de 2007

Diario de un poeta_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo




Diario de un poeta (XXI)



Parte de cada bala, emisaria del luto,
Deja su fría marca sobre mi corazón…
Roque Dalton




Parte de cada muerte, tormenta ciega
De peces, deja profundas huellas en el País.
Cruje la muerte y el desempleo;
El vértigo embiste con su niebla espesa,
Los neumáticos bostezan con sus mandíbulas
Negras. El sol de la miseria se abre:
Cuerpos olvidados como las gaviotas
Cuando mueren en playas solitarias.
Los niños al nacer, artero, les cae
El golpe del granito,
El amargo vinagre de las telarañas,
O la boca insomne de los cementerios.

Nunca ha sido fácil morir o vivir en este País:
Mueres por un beso, el llanto, el odio;
Mueres por la luz hecha pensamiento,
Mueres por detestar el luto o emigrar
Con la furia del pájaro,
Sin que el corazón cierre sus puertas.

La vida claudica en sombras. La miseria
Asesta sus golpes a la esperanza;
El poder no abre sus ojos ni tiene misericordia:
Uno acaba arrastrado por las calles;
La congoja de salir es fuerte,
La falta de ternura es grande:
En este País uno ríe de dolor…
Ríe de morir todos los días. Ríe del tiempo,
Del tenebroso sueño que acecha,
De la pesadilla de estar vivo
Sobre una sed de cruces.

Junto a esta lágrima gris de mi País,
Dolor y horror desnudos, rejas,
Leyes para provocar el grito y el alarido,
Obscenos dientes del sistema…
Crecen en la corrupción, el vicio y lo mitifican,
Duermen y adulteran y no necesitan de matronas,
Porque están amparados por el fuero político.

De este modo es mi País las 24 horas del día.

¿Qué hay detrás de grandes muros con veraneras?

Usted y yo somos parte de este absurdo:
Esclavos de la noche, espejos de la nada,
Donde el tiempo perdió todo asombro.
Barataria, 03. 06. 2007
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sábado, 2 de junio de 2007

Diario de un poeta XX_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Cardo ©M. Belov, 2006, Flora de Chile





Diario de un poeta (XX)




…la última noche
No ha comenzado aún”.
José corredor Matheos




En estos escombros he aprendido el dolor,
Dolor sin respiro, quizá de hambre,
De inclemencia, de vejamen…
¿Acaso siempre seremos los olvidados,
Mientras los otros, dueños de los espejos?
Frente al rompecabezas de las doctrinas,
La ternura se vuelve clandestina
Y la carne ilusión óptica de vitrales.

¿Qué dicen las uñas de los relojes?
¿Qué dicen las moscas en su rebeldía de aeroplano?
¿Qué dicen las lecturas de los periódicos
Carentes de ventanas?
¿Qué dicen las joyerías junto a canastos de verdura?
¿Qué dicen las misas frente a la transparencia
Del evangelio?
¿Qué hace el Gobierno con los números
De los fideicomisos?
¿Qué proclama la Asamblea Legislativa,
Secular medusa de las palabras?
¿Qué hace un pájaro mordiendo las piedras?
¿Cuántos orgasmos inventan las luciérnagas?
¿Con cuántos pañuelos se secan las lágrimas?
¿Cuántos ojos hambrientos caben en la intemperie?
¿Acaso los relámpagos no estrujan las sienes?
¿En qué País los apóstoles no son mercenarios?
¿Es difícil ser Ave Fénix en un País de cenizas?
¿Acaso millones debemos beber el incesto del vómito?
¿Desde cuándo el tiempo no es transitorio?
¿Hasta cuándo la alternancia nos dará su veredicto?

Este País se hizo para dormir junto al grito.

En él respira el ojo obsceno y la blasfemia.

Los hilos del poder levantan muros:
Los golpes, agujeros a los sueños.
Témpano se torna el milagro;
El silbido, simple racha del aliento.

Aquí crece el desamor como una espiga.
Los brazos mueren sin envejecer.
La fe no es pozo, sino un turbante
De otros abismos
Donde la zarza crece
Con astucia de catedral.
Para sentirle "sus manos de lirio",
Hay que verlo al revés. Ahora es fantasma.
Así, encarnado en el destino…

¿Podremos botar su esqueleto?
¿Pueden sus faroles angustiosos darnos luz?

El País duele en las manos de la espina.

El País sangra en las tumbas de su maleza…
Barataria, 02. 06. 2007
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