domingo, 18 de noviembre de 2007

Blues IV_André Cruchaga

Intérpetre de Blues






Blues IV





Fue cruz el cuerpo y el respiro
―destino secular del odio, ardiente cielo,
Oscuro sudario de la tierra,
Hierros frescos en la piel
Como un largo ritmo de silencios.
El dolor canta en la música.
Cada nota o huella muerde:
―Ciénaga lamiendo las manos:
Muerte gimiendo en la vida,
Luna en la zarza, noche fundida en roca.

El color no es sujeto de misericordia.
Fue hecho de muros y fantasmas.
―Sorda y oscura el ala, oscuro el miedo
Y la verdad en los labios.
¿Qué hace la noche sobre tanta noche?
¿Qué hace el dolor en la sangre?
¿Qué hacen los candiles contra la muerte?
―Nada. Martin Luther King sigue muriendo:
Suya es la lámpara del eco: la voz alta
Abriendo las puertas: la vida es el mar
De las evidencias. Esa vida salpicada
De huesos donde la buena suerte espera
Un delantal de esperanza.

Ha quedado la lágrima en celestes dulzainas.

Las calles marcadas por el grito del látigo,
La gramática de la voz con ritmo subterráneo,
Sacude los sueños desde las vigas
Hasta las raíces.
No hay luz en las paredes, sino fósforos
De encapuchados martirios.
No hay luciérnagas en las hojas de tabaco,
Sino irritantes sábanas de ceniza
Sobre las pupilas negras del aire:
Marcas adscritas a la sangre, chimeneas
De angosta mirada y transeúntes sin imprenta
Pateando un planeta de luto y congoja.

El blues tiene barcos de solitaria sed:
Carbón de tempestades, trenes de sueño,
Ventanas de reveladores nidos
Donde la noche es hostia herida
Y el pecho un pájaro con agujas.
En la sangre de los espejos
Hay barcos a vapor
Y sueños en pijamas. Hay rostros de piedra:
Millones de heridas masticando dientes,
Libros humanos convertidos en martirio,
Y hornos y horcas para hacer de la resistencia,
Un silabario de ilustre sabiduría…
Barataria, 18.11.2007.




domingo, 11 de noviembre de 2007

Blues II_André Cruchaga

Pintura: Pablo Picasso





Blues II





Tarde entre monótonos hierros. Zanjas
/de ciudades,
Hollín y tela de arañas en los tejados,
Zapatos hundidos en el trajín de las cejas,
Sábanas de ceniza en calles
Calcinadas de bruma:
Guitarras mojadas como un fúnebre cortejo,
Allí donde el sol se llena de sombras
Y el pelo rizado serpentea de combates.

Sólo la noche y los recuerdos:
El sigilo en la hoguera de los grillos,
La libertad como una selva hambrienta,
El enigma salado de la ropa
Con tatuajes de sangre quemada.

Las ramas de la noche vuelan
Por encima de las brasas de una armónica;
Las luciérnagas resplandecen en las sienes,
Las plantaciones cantan aleluyas,
El aliento susurra:
—Camino vegetal del incienso.

Hobo blues, Boom boom, I’m in the mood.
Boom boom, Hobo blues…

Medianoche de encajes apilados,
Jerigonzas de alfarería,
Barrios en las alas de corpiños
Con sabor a whisky
Añejado en sembradíos de sudor
Y patíbulos hechos con cadenas…

En la noche los persiguen enmascarados,
Horrible fuego de antorchas
A punto de morder las palabras
Y abrir tumbas anónimas.
Pero el aire en vez de hacerse ceniza y cruz,
Se convierte en palpitante sangre;
Pero la noche en vez de crear más noches,
Se torna en pentagrama de pájaros,
Ríos donde brotan
Vitrales de rimas
Y convincentes acordes de azúcar.

Allí donde el café se confunde con la piel,
Y el dolor parece reluciente carretera de asfalto,
El aliento silba, sin pantunflas,
En las sienes del aire.
Barataria, 11.11.2007.
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miércoles, 7 de noviembre de 2007

Ríos imprevistos_André Cruchaga

Pintura: Joan Miró





Ríos imprevistos




Entre espejos, las ramas del sueño,
—Ríos imprevistos de ceniza,
Violines inmóviles carcomidos por el lenguaje,
Párpados en su extensa vigilia
Como pesadas vestiduras de granito,
Esta Patria donde sólo suceden
Ciegos cuchillos y agónicas luciérnagas.
Nada ha sido fácil aquí: uno se encuentra
A cada paso, con el golpe de la noche
Y sus tapiales
Mordiendo el olfato y el vidrio de las aflicciones.

El grito es todavía un alfiler desbocado;
La zozobra una pálida brújula,
Abriendo ríos a oscuras y persianas sin zapatos.
Por más que hablemos del aire
Y su rama de aurora,
En las venas hay aterradoras cicatrices
Y febriles brasas de agonía.
Por más que se construya la historia
O, se pretenda enarbolar banderas en
/ oscuros cónclaves,
La mesa está vacía y hay esqueléticos transeúntes
Merodeando calles y comiendo del odio
Como un roedor en húmedos túneles.

En cada pueblo sólo hay pedazos de agonía.

En cada reloj la niebla cava hondonadas.

En cada hombre y mujer un tren rompe las raíces.

En cada cárcel el tiempo hace un río
De súbitas cortinas.

Sangran las estrellas en la cabeza
De cada habitante.
Algunas veces la angustia es trinchera;
En otras, una cruz donde danzan epitafios:
Intestinos de sorda saliva,
Crímenes con furia,
Manchas de un alfabeto polvoriento…

Pero así se vice. Es decir, se desvive.
Nadie esconde la sangre, ni sepulta los huesos.
Y es terrible esta ducha de espejos,
Tú y yo cuerpo a cuerpo
Entre fantasmas, entre ese fondo
Donde los pies, hundiéndose en el fango,
Caen al vacío.
Ningún lugar está abierto a las alas:
Si respiramos, hay golpes de cirios en el pecho,
Si abrimos las ventanas,
Los cementerios entran masticando
Fragmentos de respiración
Y moscas sonrosadas…
Barataria, 06. 11. 2007.
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