martes, 30 de diciembre de 2008

Ojos ciegos que ven al mundo_André Cruchaga

Fotografía: Donald Aguirre, USA





______________Ojos que ven al mundo




Ojos que ven al mundo. Ventanas efímeras.
Ojos del cuerpo y sin embargo, ciegos, cerrados
Como esa puerta de la soledad y el olvido.
Un día los hirió el ámbito de la luz —el tiempo
Caído del calendario, los paraguas del árbol,
La forma deshojándose del anhelo, el tallo del aire
En una noche sin espejos: —ojos ciegos al fin
Sin la eternidad de los pájaros en el paisaje.
Ojos ciegos en el arco de los sueños, tendidos
Sobre la fuga de las puertas: el horizonte
En la demencia intangible del alma. —Ojos ciegos
En esta conciencia confusa de barcos y pabilos.
El espejismo es un jardín sin agendas, pedazos
De insólita insurgencia, insólito papel en pequeños
Huecos donde el miedo o la nostalgia vacilan.
—Ojos ciegos como el agua oscura de las sombras,
El café copado por el instinto de la sangre,
Ojos inservibles pudriéndose en la puerta
Y sin embargo húmedos en el sótano de su concavidad.
Cerrados han sido por la boca del sueño, ciegos
Ríos goteando su aliento, calles donde aletea
La tortura y el tul de la espina seca y la nube
De ceniza en la mesa. —La mirada no mira el horizonte:
Estación acaso irreal, disuelta oscuridad asediada
Por el cuerpo que no cesa en su árbol de olvido.
—Ojos que ven a este mundo en decadencia
E iracundia —respira la cripta en su punzón
De cemento y piedra, respira la boca sagaz,
Gime la infancia ante la perpetua beligerancia,
Nos sacude la pólvora con su rugosa pulsión:
—¿hasta cuándo seremos muerte perpetua:
Voluntad gratificante del semen de otros, ciegos
Hombres amaestrados con panes de nitroglicerina?
¿Qué horror vivo baña el sueño, sádico, amaestrado
Espejo de un fuego de víctimas y raleados poros?
—ojos ciegos, —los míos, tuyos— en esta caverna
De fin de año donde la pólvora se extiende
En los manuscritos de la sangre. Altar
De muertos en los episodios del estiércol.
Las manos siguen cerradas frente a las ramas
Del dolor: —ojos sin cuerpo, en una cárcel sin párpados;
Sólo existe el espanto y el reflejo caníbal
De los cuchillos en su diluvio de pálpitos castrantes.
—Ojos huérfanos en cuerpos fantasmas. Ojos
Sin lágrimas de tanta lágrima derramada en ese hostal
De la saliva donde la transparencia junto al sueño
Se hacen invisibles. El nuevo año nos trae ventanas
Con gusanos y persianas de otra gran noche gimiente.
—Ojos ciegos, intransitivos, —sin jabón—
En la conciencia. Irascible futuro abriendo su hocico
Como un felino oficiante de la carroña.
—Y ya no digo más, porque el tiempo que nos viene,
Es la noche misma con sus múltiples cicatrices.

Ojos que ven al mundo. Ventanas efímeras.
—ojos en el abismo del fuego que los perfora:
Ojos ciegos…
Barataria, 30.XII.2008

viernes, 26 de diciembre de 2008

Signos_André Cruchaga

Fotografía Donald Aguirre, USA





_____________________Signos




Las horas giran en las criptas; en la garganta
El viento despeina la lengua, los molinos
De viento me asustan cuando sin armadura
Caen fatigados en el sombrero de la memoria.
Me río de tantas profecías que salen a danzar
En esta fecha y hay quien hasta vuelva oscuro
El cielo con sus vaticinios atroces:
Los meteoritos de la antigua Sumeria,
De Sodoma y Gomnorra ya no existen —ahora
Son los misiles lanzados desde el universo
Virtual los que vuelan sobre nuestras cabezas.
Uno no los puede confundir con las luciérnagas.
Para prueba tenemos los osarios en ciudades
Remotas y cientos de siglos de borrasca.
Durante años el mar se nos vendió en onzas
De espuma —una vez se partió el mar y se cumplió
La profecía, pero después la lengua volvió
A su oscurantismo en sociedades secretas.
Las flechas y los clavos hicieron lo suyo en cada
Tramo del camino: la vida espera otra alianza
De relojes —no a través del hambre y la sed,
Que ya hemos temido bastante— sino por la vía
De la luz del ojo puesta en el día…
Hay signos para anular la tormenta de la noche
Con todo y su borrasca de ceniza, con todo
Y el hierro de las llaves y las aldabas y las puertas
De antigua herrumbre y hechura.
Salidos de las aguas de la caverna, empieza
A escribirse la historia y la esperanza puesta
En los balcones del viento. —salidos del alarido
De la noche, de ir y venir buscando el destino,
Toca armar la casa con caminos de sonrisa
Y manos fuertes para que detengan el espesor
De las vigas de la casa…
Antes que el silencio vacíe sus arterias y la memoria
No sea paraje memorable y los guijarros cuelguen
De la sal de nuestros ojos, hay que caminar
Precedidos de las mañanas, ahí que descarguen
Su luz profética las pupilas y se agolpe
Responsablemente el viaje en el pecho —ese viaje
Hacia los nuevos tiempos, pues la noche no espera,
Ni la fábula del alba: el mundo se ha hecho con
Desvelos y ecos, ya es tiempo de vivirlo sin pañuelos,
Ni estatuas. La infancia del milagro empieza ahora;
Pero no colgando discursos en las vitrinas,
Ni faroles empapados de insomnio.
Un río de esqueletos nos han repartido de sobremesa;
Toca ahora quitarles su campana amarga
E instaurar sin espinas, el futuro del hermano.
Toca derrumbar la demencia y seguir en la aventura
Del camino con el viento a nuestro favor.
Así es posible la espiga en la entraña y el mundo
En todos los sentidos de los pájaros…
Barataria, 22.XII.2008

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Viaje hacia dentro_André Cruchaga

André Cruchaga, El Salvador





____________Viaje hacia dentro




En los sombreros exacerbados de los alelíes,
Hay un cielo donde se abren los espectros.
Entre el alma y los labios, los vilanos desnudan
Los senderos del calendario: —ese tiempo
Que a fin de cuentas disuelve los vacíos
Del horizonte para instaurar caminos.
A menudo los viajes no son sobre las aguas
De los mares, sino dentro de los ríos de la savia
Que están dentro de la sed.
El tiempo aguza mis sentidos sobre la tierra.
Qué limites tiene el camino de la esperanza
Para desocupar los cementerios y hacer puertos
No para llegar, sino para partir siempre hacia
La obediente luz del instinto.
Nunca fue tan puntual el peligro; —está aquí,
En el camino, en la prisa del planeta;
Están capitulando sus raíces en la emboscada,
De quienes quieren vencer con la argucia.
Ahora el horizonte es un espacio sin cuartel.
No tiene, —digo, el esplendor necesario de la luz:
Es frágil y ciego como la noche,
El día entumece en la cruz de lo perverso,
Toda profundidad es aleatoria y transitoria:
Cada día bajamos la voz ante lo incierto,
—y no hay milagros, sino ese desfiladero
Donde el suspiro cae junto a envejecidos perros.
—Y no hay milagros, cierto. Ellos duermen
Junto al último apóstol bíblico. Sólo queda,
Por si acaso, desvelar el arco iris de los balcones:
Encontrar las líneas inefables de lo humano,
Derribar las estatuas y empezar a caminar.
Cuando esto pase, el planeta tendrá
Menos odios y más recuerdos y más camas
Y menos terrores que desafíen la vida.
Nos pasamos una vida mirando y mirando
Sin embellecer los jardines ajenos ni el propio.
Nadie crece en la angustia ni en las semanas
Del otro, sino desde el íntimo viento,
Derribando las noches que laceran la interioridad
Del pensamiento.
La vida es corta, demasiado corta como para
Envenenarla: —hay que mirar hacia dentro
Y nacer. Volver a la fuente donde brotan
Las palabras, volver al otro lado de la noche
Sin que el circo haga olvidar nombres esenciales.
Nadie es día con los miedos de la noche,
Si no lee, en silencio, su propio oráculo.
Nadie florece en un cementerio, a no ser
Que haya renunciado a su propio aliento
Y decida que la magnanimidad del hálito
Se abra a un témpano de criptas…
Nadie puede curar su herida vital, —si la tiene—,
Cerrando los nidos del zodíaco
Y negándose a hablar con las sombras de la tierra.
Nadie puede ser ni encontrarse en los antifaces
Del mundo, ni en los pasillos diezmados
De la realidad cuyos platos se reparten en raciones
Desiguales de risas y ventanas,
Si huye buscando caminos tras la puerta:
La gran verdad, —si es que alguna vez la hubo—
Está en la escalera de las raíces
O en el discurso deseante de la propia respiración.
—Lo demás es la circunstancia prescindible
De lo humano, esos meandros que nos ayudan
A inventarlo todo para andar sobre las aguas.
Barataria, 21.XII.2008

domingo, 21 de diciembre de 2008

Vitral: Composición AC







_____________________Juegos al óleo




Aunque esté oscura la casa
en su interior late un corazón despierto.
ISVÁN ÁLVAREZ HERRERA




El espejo de la casa hace posibles los colores:
El agua aletea en su ebullición plena, desnuda
Los dedos de las manos hasta hacer visibles
Los secretos. En el silencio uno encuentra
Las palabras precisas para navegar en el navío
De la sangre: esa casa mía con ventanas grandes
Para ver desde dentro o fuera los contrastes
Del universo. El aire picotea las sienes, ahí,
Donde todos formamos una sóla fotografía.
Con el cierzo las mochetas se mojan de grises
Instantáneos; las estrellas gritan en busca
De otro planeta, el césped abrasa a la luna
En su cristal verde y extiende sus alas hasta
Los sueños —esos que entibian la desnudez.
Ciertos pájaros saltan sobre las baldosas
Del patio y lucen su guitarra de alelíes, mientras
El perfume suyo brama de músicas…
En los colores veo los peces de Joan Miró:
Las líneas gritan amarillos, rojos, azules:
Un río de puntos lame los suspiros, el día
Se hace en el caballo de la espátula…
En la claridad de las pupilas, las ojeras de la noche
Pasan inadvertidas; cuentan los broqueles
Donde los sombreros condecoran las hojas
Que lamen la argamasa de los sueños.
Dios enjuga con sus ojos las velas de la casa:
Los pañuelos de sus manos limpian las mejillas,
La utopía de vuelve un albor de vitrales,
La luz arde sin miedo y respira en bonanza.
La casa es la armadura contra la orfandad:
Incendio es donde el hielo se desvanece
Y el sentido de la vida se revela en su augusto
Trino: aliento donde la identidad filial desclava
Las corbatas enroscadas de la esencia.
El espejo de la casa hace posibles los colores:
Hace posible que la piedra quede fuera,
Y el respiro un acto de heroísmo absoluto.
De otro modo, la ansiedad socavaría el papiro
De luz benigna y la gracia que en ella se escribe
Con la evidente espátula del trino.
Joan Miró es gemelo de esta penitencia:
La casa más honda está en la memoria
Y en ese arraigo ileso de la conciencia.
La casa más profunda está ahí, en el horizonte
Donde el viento se incendia de trementina…
Barataria, 20.XII.2008

viernes, 19 de diciembre de 2008

Nacer de nuevo_André Cruchaga

Naciminto en las aguas. Composición de AC





___________________Nacer de nuevo



Mi espíritu quiere intentar un salto…
ROQUE DALTON



Nacer de nuevo no deja de ser una frase especulativa
—digo, más allá de lo que nos dice la dialéctica—
Con sus categorías de limones y salmuera concentrada
En el tiesto de las ciénagas. Literalmente es falso,
Aunque los tejidos del calendario se renueven en pequeños
Eslabones de desconocida fuente y fortaleza.
Vos y yo ahuyentamos los tupidos pájaros de la sonrisa;
Y en cambio acercamos un zoológico de sombras
Para convertir el camino en un gastado páramo.
Cambiamos el respiro del aire por el eco de las piedras;
Nunca nació el frescor azul del agua;
Pero emergió el tren de la arena delirante. Saltó
La saliva de las catacumbas y el desvelado aliento
De los prejuicios. El tiempo es un nudo patético
Que de repente nos desconoce en voz y manos.
Y nudos son las visiones hundidas en la alberca
Del propio espejo que los represa. Ahora toca cruzar
Los caminos de la clorofila, pero a qué precio,
Cuando más allá del pálpito sólo podemos recoger
Ceniza que nos escruta sin sabiduría.
La dialéctica es una luna en suspenso, mientras
Inasible es el remanso del aliento en la urbanidad
De los espejos: —es aquí donde la fantasía se torna
Ciega y los hechos una criba de la noche.
Es aquí donde la escritura sin estupor se hace
Necesaria y los hilos de la luz un símbolo sin fronteras.
—¿Nacer de nuevo? Tal vez después de cipreses,
Nos quede, si podemos, hacer profética la aurora
Y diáfana la constelación de ese navío que entumeció
En el bolsillo. La herida es tan grande que veo
Difícil el buen augurio. El pan se volvió frío
Y la respiración un altar de piedras. —¿Nacemos
De nuevo? No si la misma armadura nos habita,
No si es el mismo reloj el que nos dibuja
No si es el fantasmal destino sin amnistía
El que conjura con fervorosa resina en las sienes.
Cierto es que nos convertimos —tal vez sin quererlo—
En homicidas de nuestros propios sueños:
Al zaguán de la alegría le quitamos su abrigo
Y ahuyentamos la vocación de las frutas del lecho
Que nos resucita en ilusión de césped.
Y así despertamos la lava de la lluvia. Y así la ilusión
Redacta su ceniza sin fragor de campana.
—¡Nacemos de nuevo? No lo sé. Hoy somos una grieta
En el día y, quizá un laberinto de sueños,
Que gira como un tren desvencijado en el ansia.
Alguien habla de cierta alquimia, de los fantasmas
De la economía política, o del sueño presente;
Pero hay murciélagos que cuelgan de nuestra
Propia madera y eso no permite escribirle
Un acto de fe a la esperanza. Amanecemos,
Pero la boca del destino está ahí, —sin convocarla—,
Fijada en la piel de dos mundos…
Barataria, 17.XII.2008

jueves, 18 de diciembre de 2008

Paisaje con nombre_André Cruchaga

Paisaje con nombre. Composición de AC





___________________Paisaje con nombre




Estas calles de asfalto me hacen recordar
Aunque no hablen. Es un tiempo ya ido
Que los cascos de los bueyes golpean mientras
Los pensamientos como fardos van cayendo
En la carreta. Nunca hablan. Su lengua calla:
—ciega la lengua en la sed que los habita,
Ciega la noche cuando hinca en los hijares
Su caudal de límites en los ojos, cuando sólo
Es cuerpo sin respiros y sueños.
Vivir para morir no únicamente la carne,
Morir para morir es otra verdad que sofoca
Cuando el frío aquí, —riel sin durmientes,
Es un fuego de profusos vértigos.
El aliento reproduce sutiles espejismos,
Delira la forma amarga de la miseria:
La carga es pesada sin ninguna bonanza,
Lo son también los mendrugos del entresueño
Y este gemido que parece de ficción.
El arcano forcejea en la vigilia, escombros
Caminan en mi alma, el desasosiego
Con su espada habita esta bruma de las sienes.
¿Hasta cuándo esta paradoja de ansiarte
En el despojo asfixiante de la ceguera?
¿Hasta cuándo desharé esta brasa de neblina
Que en mis manos no se alza en parabienes?
Quisiera caminar en la alianza de la esperanza
Y quebrar los dientes de esta herida,
Ordenar la conciencia de la temperanza,
Y regocijarme en una hogaza de cierzo.
Pero sigo sin descifrar los acertijos del azúcar.
Aletean en las aguas los nudos del abismo
Y sudo el sol que se desgrana en mis poros.
Junto al trino hay aldabas de herrumbre,
Junto a la puerta el paisaje es el mismo,
O es el hábito que no desclava sus ráfagas
Para hacerme visible la herida en el costado.
No eres otra cosa en mis hombros, sino
La ficción a solas del cardo o la espina
Derramada en el aprendizaje de este respiro
Obseso. Cansado ya de esta oquedad sin palabras,
Anhelo los ojos de los bueyes, témpanos
De sosiego, frente al largo invierno de su vida.
Cansado ya, apelo al prisma del arco iris,
Y a la libertad que le reclama al basalto.
Cansado ya, a lo único que aspiro, ciertamente,
Es a volver a la llama del respiro sin cortejos
Funerarios, y hacer vitalicia la avidez de aprendiz.
Así está resuelto este limo de agónica cruz.
Barataria, 16.XII.2008.

martes, 16 de diciembre de 2008

Aliento de la noche_André Cruchaga

André Cruchaga, Río Columbia, Or. USA





___________________Aliento de la noche




Ya cerradas son las puertas…
Y la llave es ya perdida.
JUAN DEL ENCINA



La noche invade o devora mi memoria. La consume
En la palabra que no fue: En la palabra que nunca
Fue pronunciada. El aliento de su olvido no caduca en años.
—Es presente con albarda, arroyo de piedras eternas.
La risa se fue haciendo esa sábana de ojeras,
Sin escapar de su montaña de angustias. Ayer nada más,
Ayer, en su hora redonda era posible todavía la claridad;
Ahora la aurora sacude pócimas de ceniza:
—uno nunca termina de entender el vejamen cuando
Los zapatos se rompen y hacen perder los pasos.
Es difícil a menudo caminar sobre la lucidez; —lo es
Cuando todos los ecos fueron inútiles y la espera
Cambió las alucinaciones en vacío.
Cuando el pecho estuvo verde, la inconsistencia
Se convirtió en aullido, cuando hubo sonrisas, invocamos
El caos innecesariamente. Ahora el aliento galopa
Azotado por la acidez de los signos vitales.
Habrá un día, —pregunto, urgido de tierra y agua—
En el que vos y yo tengamos voz propia —vos y yo—
Para incitar el imán de nuestra propia tempestad
Que está ahí entre ala y herida,
Que está ahí cada vez acrecentándose en el sueño.
No sé si aún son posibles los milagros dentro
De lo trágico y lo adverso. —De verdad he perdido
Ya toda esa noción de los caminos verdaderos.
Y sólo queda entre los dientes un grito de grises
Y esta ansia fúnebre del subsuelo.
Son años de miedo y fatiga. Años de ver en el jardín,
Las contradicciones sepulcrales de los pétalos:
—vemos caer la vida en el tiesto de la indiferencia;
El caos se nos avecina como un grito de abejas,
Las ratas nos merodean el universo de la boca;
Y qué hacemos ardidos de oscuridad y en el límite
Donde los peces no encuentran la luz profunda
Para bracear en la propia sombra que los acecha:
—Antes de que solo fuéramos espectros, antes
De vernos dentro de un alfabeto muerto, fuimos
La hora del sol en las mañanas; el propio cielo benigno
Saliendo de los pájaros. Todo palpitaba en la luz sin
La reja hilarante del mundo. Hoy sobre aquellos árboles
Sin bostezo, cae la estrechez del remedo y las gotas
De dos cadáveres con náuseas.
Este ha sido el vivir, mendrugo del planeta,
—habitantes sin linternas, a los que llevan a una isla,
Sin hostias, para cauterizar tanta congoja.
La noche nos invade y ni el azar nos reconoce:
Sólo esta herida nos asiste, y así, en su fatídico vagón,
El aliento de ella nos lame la cuenca de los ojos…
Barataria, 15.XII.2008

domingo, 14 de diciembre de 2008

Irracionalidad_André Cruchaga

Marcel Duchamp





___________________Irracionalidad





Sigo. Seguir es mi única esperanza.
Seguir oyendo el ruido de mis pasos
con la fruición de un pobre lazarillo.
CLAUDIO RODRÍGUEZ




Irracionalidad tal vez, este ferrocarril en las sienes,
Subiendo y bajando como una mariposa en desuso.
Tropeles en los cascos del agua, voces caducas sobre
Moscas sin alas, al pie de lo putrefacto. Al pie
Del talpetate hosco de confusos pétalos, al pie de todo
Este calabozo de buganvillas ajadas por el sepia.
Alambradas habitan en el patio de los ojos, instantes
Que congelan el rocío y la saliva. Hay de todo, menos
Ángeles en los intervalos de diciembre, menos paz
Que haga transparente las piedras de unos brazos
Ascendiendo al aire del alma, al pesebre de indudable
Lógica. Al parecer el principio de la duda no responde:
—Tienen más preponderancia los cadáveres;
El amor es idéntico a una vajilla de porcelana:
Su piel se hizo para no soportar el tiempo, al mínimo
Trajín su esplendor termina como un rostro visto
Sobre espejos donde han pasado cascos repetidamente.
El tiempo conduce a luciérnagas sin noches. Es cierto.
Mi cara se pierde en su falaz audacia. La edad honda
Que extravió sus raíces en el ahogo de una pared
Goteando lágrimas de vocales sin sol, ni luna.
En los labios llora la canela del vejamen o el olvido:
Es igual a estar proscrito dentro de una servilleta
Empapada de salmuera. Desembarco en la oscuridad
Con unas manos sin sábanas, ni azúcar mirando la cara.
Los sueños almacenan irritadas pupilas y caballos
De súbitos tropeles y paisajes donde el miedo enhebra
Agujas y mares sin esa dimensión intacta de la espuma.
Una y otra vez el ojo no cabe en los periódicos,
Ni en los titulares que ahogan de un plumazo las pupilas:
—cada vez los cadáveres nos respiran con su túnica
De tierra, cada vez es más fácil ser camello en este
Calendario sordo donde la moral cabe únicamente
En la nevera de los porcentajes que abrigar los párpados
En una rendija del bolsillo.
Al final mi boca envejece en su propio silencio.
El amor, la vida, en los cajeros del gravamen:—El amor
En sí mismo cotizado en las fornicaciones del aire.
El amor en los cosméticos enfermos de la Bolsa;
Y yo esperando sábanas como catedrales para cubrirme
De la intemperie; yo esperando junto al agua
La ternura reluciente de las ventanas: la ciudad plena
De tu respiración, donde igualmente crecen los pájaros.
Pero aquí, la materia con ácidas cruces, los litorales
Del sobresalto, el mundo con revólveres al cuello: poco
Nos queda por hacer cuando el labio reseco patea la sangre
Y el humo flota como fuego en el cuerpo.
Vos y yo perdimos las agallas, y ese aire de espigas
Necesario para hacer un arco iris de nuestras íntimas
Ráfagas. —Ahora, cierto, nos une el despojo que deja
La palabra en los periódicos: nos deja un desierto sin camellos
Y el cactus donde florece la indiferencia del agua.
Irracionalidad, tal vez, la piedra de la noche
En nuestras lenguas doloridas —o esa porfía de querer
Dormir, huérfanos ya, en la cama de la neblina
A sabiendas de que ahí, la sonrisa perdió su órbita
Y las campanas de su propio enigma…
Barataria, 14.XII.2008

viernes, 12 de diciembre de 2008

Asombro_André Cruchaga

André Cruchaga, El Salvador.





________________Asombro




Todas las mañanas, con frío en los huesos,
Camino esta calle empedrada con olor mirto.
Es la misma calle y, sin embargo, cada día
Es diferente: es otro pañuelo fragante el que
Se divisa en el horizonte. Es otro albor del aire.
Los pájaros hechos un nido de murmullos,
Dejan las ramas para al zar su vuelo.
Yo me quedo, por un rato, alimentándome
Con su vuelo: fuerte es su plumaje, denso.
—Es como si su respiración desnudara la sangre
Que atraviesa mis venas y mis sienes.
Hay un poema real en este gajo de ventura;
La fantasía es tan poderosa como la transpiración
De Dios en estos confines donde las muchachas
Todavía son obedientes y el futuro
No es un dilema de fuegos artificiales.
De pronto los recuerdos fieles, son un
Delantal blanco en mis manos de obrero.
De pronto la calle es un camino de sutiles
Ceremonias donde el pan francés o la tortilla
Dan sensación de hambre. De pronto el humo
Del café gotea en los labios o se abre paso
En el poyetón improvisado en la calle.
En alguna esquina las palabras parecen
Interminables: cada transeúnte
Se abre a los ojos de la memoria
Y a los espejos que repiten su huidiza
Mirada. Camino y aspiro el aire de las cosas
Sencillas: el hervor de cada página, la hoja
De almendro intensamente tierna para luego
Caer como alfombra sobre la tierra.
En el polvo de la mañana se pierden
Las luciérnagas y en cambio tenemos
El canasto con verduras y la fidelidad de los perros,
Oliendo los zapatos de cada transeúnte.
Cuando el día termina su faena y la noche
Vuelve, los ángeles suben al tejado
Para resguardan los sueños que harán
Posible el trajín del siguiente día.
Todas las mañanas con frío en los huesos,
La sal de la sonrisa se vuelve suculento
Éxtasis: el aliento comparte el mantel
De las palabras y la razón, ese destino
Benevolente de confiados ventanales…
El reloj palpita en su misterio celeste, mientras
Esa calle de todos los días, es un enjambre
De alelíes luminosos
Que me hacen divagar en tembloroso vuelo…
Barataria, 12.XII.2008

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Sueños_André Cruchaga

Collage (AC)





_______________________Sueños




Me llama la sangre.
La sangre de los días de éxtasis, más acompasada que la mar.
La sangre que no olvida jamás y que me invade con su color terrible.
Que este inútil viaje de los ojos termine pronto!
ALFREDO GANGOTENA




Sujetos dolientes a veces en el aliento de su brida:
Están ahí como el aire con su propósito firme,
Así el vivir vierte las aguas de su río —conversan de lo que vendrá
O, simplemente anuncian esa historia del corazón que habla
De fríos. Sobre la propia vida hay antiguas voces o caminos
Que nuca conducirán a ninguna parte —así está escrito
En la buena costumbre de la esperanza que de repente, tampoco
Es un camino a andar, sino una vereda desandada por el bosque
De los pies. Distinto es el sueño cada día en las palabras. Distinto todo:
La ilusión se queda temprano en la garganta —no dura una mañana
Por más que camine y le gane al tedio y la tristeza su lluvia
Y sus manos de tierra…

El viento se lleva las raíces con su música. Lo acompañan ocultos
Destinos —leñadores de una tierra migratoria, espejos cambiando
Los meses en la penumbra de la semana —en la necesaria sombra
Que ocupa los pasos. Mañana estarán abiertas las cartas, la luz propia
Del día envejecido, la hora sigilosa de las vísceras colgando quizá
De la memoria o las ventanas. Los sueños son mitad de la noche
En el camino o tal vez la historia de este caminar sin concluir su cataclismo.
Esta brasa ronda el abismo: la historia personal es como la memoria
En el madero —el ruido de la luz sangra en el abismo de la brasa.

Escrito está el fuego y el invierno en los pergaminos de los poros.
El libro de la lluvia o la mano palpitante de la casa de mi infancia:
Están ahí los frágiles años del recuerdo, la calle de la memoria, digo,
Con sus solas ventanas y mi afán obseso de soñar el sueño y el destino
En las palabras. Te miro y me miras, Vida, al alzarte sobre tardes
Imprevistas. —Te miro y me miras en alguna rareza maternal de libros
Que cautivan el muro cerrado de los ojos, el puñado de rostros en la respiración.
Por un instante la ceniza borra todo el papel amarillo de las palabras:
Pronto al doblar una calle uno piensa en secretos enigmas —habitaciones
Que escuchan nuestros pasos, niños con los dedos fríos o cabezas
Que nacieron para la impaciencia con una ya larga fatiga en el rostro.

Y luego para atravesar el puerto del calendario de todos los días, cierro
Mis manos: Tantos ojos que he perdido en la escritura de los tiempos verbales.
Nunca concluí viajes ni he llegado a puertos, sólo he logrado la herrumbre
De las mudanzas, los rostros triviales de las sílabas, las manos borrosas
De las palabras en el papel china de los sentidos. Tantos ojos de escalofrío
En mis aguas: Los sueños no son más inocentes que el sabor de los jardines,
Ni la luz es más diáfana que el vaso de la noche, ni la piedra es más silenciosa
A la voz de los pájaros cuando éstos picotean puertas gastadas.
Tantos ojos que me cansé de mirar el mantel de los adioses, la sonrisa
Dibujada en el papel del Paraíso y la piedad siempre gastada como un juguete.
Tantos ojos mientras la noche con sus brazos juega secretamente
Para detenerse en mis pies hasta ser ave nocturna: —o mejor, rama
En la inclemencia sin puertas ni ventanas…
Algún sueño será pretexto para derriban celdas. Auque los sueños
No se bañan en las mismas aguas todos los días. Al final, sólo aspiro,
A esa imposible tristeza de la ropa y a que el viento deshaga
Esta silla de espera donde están los pelos de punta de la vida.
Al final, es el espejo de los sueños donde el sol fuma el rostro de la ceniza.
Y el azogue del polen empuja las alas
Hasta que los relojes laten en los párpados como el horizonte…

Barataria, 09.XII.2008

jueves, 4 de diciembre de 2008

Espejos_André Cruchaga

Collage: Juego de espejos [AC]




_________________Espejos




El tiempo se ha derrumbado/de pronto, entero:
Lo que calla el cariño
Lo habla el espejo.
HUGO LINDO




“Manantial de un río” —cuando se limpia con la franela de las manos,
Desnuda por completo el murmullo de los pensamientos, el fuego
/de las piedras
Y la madera de la cual uno está hecho. Para eso fue la transparencia:
Desnudar, desvelar las raíces que se tornan en piel y en semblante.
Ahí se ve la soledad como las piedras frente al agua, al frío roce de la sangre
Y los huesos. Al ver los ojos las puertas del pecho se abren, redondas
Desde el horizonte interior, —cuerpo con relojes desnudos, tránsito
/de la arcilla.
La noche les da frío y los vuelve nebulosos: espectros de las jaulas,
Forma vaporosa del cuerpo hundido que ocupa…

Los espejos están ahí transparentes y desnudos. Pero también nosotros somos
Ese mismo vidrio convertido en página. A veces da terror, pero es
El reflejo mismo —y no al destrozo estéril— de cuanto brilla en el semblante.
No hay espejo que se niegue a ser agua cristalina, ni cara diferente
A ser su habitada carne. Al fin es la casa misma tendida en los poros.
Todo es real o irreal según las sombras dibujando el horizonte. Nada es otra
Cosa a la vista, desde dentro. Cuerpo y alma en su propio tacto: —Nada cambian
Sino todos los días del calendario, el trajín temporal de las vigas,
La queja o el silencio de las ruinas.

Cuando miran, cuando se ven desde su líquido aliento, el árbol gime, indeciso.
Nadie sabe en la semejanza de río, qué aguas cruzan la conciencia,
Qué palabras esconden las venas, qué hilos del corazón desembocan y urden nudos
Para hacer del miedo otra vestidura, otro rostro sin vacíos encarnados.
Nadie acepta el latido de su propia palidez —esa que la tierra incendia solitaria,
Esa que siendo puerta o ventana traduce los silencios en recuerdos.

Los espejos están ahí, en todas partes, pero nosotros somos también esos
/espejos tiritantes;
No hay disfraz que valga para hacer ángeles, ni ser caricia, ni simple sueño.
En cada imagen emerge la fronda del recuerdo, lentos inviernos o las hélices
Del verano con su hojarasca de relojes, —celajes de un mar hundido
/en la concavidad de los anteojos.
Nada es diferente al ojo mismo del abismo. —abismo de la noche o del día.
Luz o sombra se delatan en el labio: —espejos de una misma herida galopante.
Sólo hay una salida para no permanecer bajo la niebla. Y esa salida única
Es no mirar ni que nos mire el ancla desbocada de los cipreses —esa porfía, digo,
De deshacer los sueños en los ríos,
Y hundirse en un verdor de sombras aparentes…

En cada estadio de las tormentas, en cada horizonte del ansia, en cada camisa
Extendida en los brazos, hay infinitos vitrales, quizá cielo de arrugas, soles
De secretos fuegos, blancos dilatados, o negros de ceguera. Por eso,
/entre espejos,
Cada quien es el suyo, cada quien al mirarlo o mirarse, está rompiendo
/su propio interior:
El espejo que es desde el subsuelo del paisaje…
Barataria, 26.VII.2008

viernes, 28 de noviembre de 2008

Aún_André Cruchaga

Joan Miró, españa






___________________Aún





Encerrado en tu sombra, en tu santa sombra,
Con el agua en las rodillas,…
JORGE EDUARDO EIELSON




Aún en el frío las palabras tiritan; y sin embargo, la trementina las derrite
En el olfato. Gotean los ojos de las hojas, gotea el mundo en la ceniza
De los dedos, gotean las piedras humedecidas del musgo, la efusión
De los panes multiplicados en las páginas de los libros o las vitrinas
Expuestas al sol. Nada resulta más patético y nocivo que las supersticiones:
Los fatalismos se venden en lonjas de pescado —sin duda es imposible
Pensar en extraños libros con campanas, o adivinar la transparencia
De los prismas en un tiempo donde la sal es irresistible y los pétalos,
Extraña transfiguración de alfileres.
—Aún así me llenas con caballos de deseos: dejo de contar los tropeles
Hambrientos de la respiración, el idioma de los cascos o la ternura
En la ventana de mi memoria.
—Aún al pensarte los recuerdos se tornan en nueva conquista y el sonido
Una metalurgia de palpitaciones. Las calles desnudan las paredes;
Las estatuas muestran su tiempo riguroso: su esencia bajo la lluvia.

—Aún los pájaros se llenan de nuestro vuelo. Y es hermoso tocar desnudos
Lo más alto del aire: volcar la piel hacia soles verdes,
Respirar en la cintura sin caer al vacío y guardar el equilibrio, ahí,
En el claustro de las pupilas. Vernos en el momento de la casa sin techo,
Y fundirr los cuerpos hasta diciembre, sin que los espejos se agoten
En las palabras. —sin que nos detengamos en las esquinas de la madera.
—Aún en ti y en mi la presencia del agua es una presencia de verbo
Y gaviotas; y si la memoria toca tu sedoso murmullo, es porque tu cuerpo
Es camino hacia el mío…

—Aún están en los míos los lazos fuertes de tus brazos: el cemento de tus pasos
En mi cama y tus manos de inquietos relámpagos: la ternura ha recogido
Tus pupilas, no hay más combates en este huracán total de siete grados.
Los durmientes de mi cama ascienden a un ferrocarril de vientos,
En cuyos vagones dos torres se alzan en medio de la sed o en la puerta
De mi garganta. Ahí estás soledad durmiendo en mi boca, atravesando
La tierra de mis pasos, ceñida a mis viejas ráfagas de ojos ciegos…
Ahí estás como el césped de las escaleras, como esa altura entera de la brisa,
Como esa llama que el viento no apaga en los dinteles de mis años,
Como ese umbral que siempre atisbo sangrando de ríos…
Aún en las noches veo tus manos y la derramada cordillera de tus muslos:
No hay más tiempo que este tiempo donde la tierra juega al alba.
No hay más tiempo para volver a los muelles,
No hay más tiempo para morder al viento,
No hay más tiempo para hacer más jóvenes a los pájaros,
No hay más tiempo para la angustia y la culpa,
No hay más tiempo para perderlo en la sombra de las piedras,
No hay más deseo que este con su lengua húmeda,
No hay más ciudad que tu cuerpo en mis ojos,
No hay más sed que este desvelo de mis pupilas,
No hay otro lugar más fantástico que las luciérnagas de tu risa,
No hay más tiempo para que jueguen conmigo los niños,
No hay más tiempo para que ardan los relámpagos,
No hay más tiempo para hacer luz de nuestros cuerpos,
No hay ojos que atraviesen las serpientes del gemido,
No hay otra luz que la luz ganada a la perseverancia,
No hay otro asombro que el asombro de nuestros espejos,
No hay otro lecho que la conspiración del sueño,
No hay otra hambre más sutil que follar debajo de la brizna,
No hay. Por eso debemos subir a las colinas del rocío: —Subir en el paraguas
Del fuego, y sellar el tiempo en tu vientre.
—Aún, según dicen, existen los milagros: y puede que en este siglo,
Todavía podamos asir ese mar profundo de dos relámpagos…
Barataria, 22.XI.2008



viernes, 21 de noviembre de 2008

Vuelo de la alianza_André Cruchaga

Joan Miró





________________Vuelo de la alianza




Hundo todos mis anhelos en el vuelo para labrar la gracia
De cada día; la piel transpira subterráneas raíces. De otro modo,
La suerte no asiste, ni es posible saber cuáles son los surtidores.
Hay una tormenta sostenida en mis manos: —esa ilusión
Que releva destino y conciencia… Uno es a fin cuentas ese cantero
Que ha aprendido a lidiar con la dureza del granito y los andenes
Y los pálpitos sublimes o no, de la vida.
¿Hasta cuándo uno transita entre la alevosía, junto a ese oleaje
De profanas paradojas? La pasión desnuda y no edifica —deshoja;
Deliberadamente corroe y carcome esa frontera de la carne y el espíritu.
Entre espinas somos ese instante de la punzada —Somos de pronto
Contrarios a las velas: el miedo y la oscuridad crecen como
Fertilizadas estelas o como espigas que revelan su credo entre la zarza.
Así no hay una grey feliz, pues en la piel se ventilan los papeles
De los sueños o se ausculta la pasión como si estuviese bajo sábanas
De henchida providencia. Pero no, en lo humano hay un eco
De porfiada resistencia y no un ejercicio de gracia promisoria:
A menudo en conciencia y memoria se instala, no la luz ni el altar,
Sino la dentellada del fuego y los líquidos incubados del veneno.

Y así queremos que nuestra respiración tenga buena memoria,
O el paraíso no sea de huidiza levadura, ni fugaz andadura del vuelo.
“El amor nunca será voluntad —decía Villamediana— sino destino”.
El sentir debe ser como la clarividencia que guíe el afán del portento
Hacia la claridad necesaria del vuelo, no a la obediente bizarría,
Ni al envalentonado ropaje de lobos y cuervos y serpientes…
Por la piel se conoce la ráfaga y el oleaje de la conciencia; por eso
Es necesario, —con persuasiva sed—, reinventar el subconsciente
Para que encuentre asilo y sea una simetría de latidos y haya gozo
Y no pasiones con esmaltes, ni destellos de alambradas, ni penitentes
Heridas que conviertan la paz en una cárcava de falsa transparencia.

Uno respira con un reloj a cuestas. Y donde puede germinar el aliento,
Lo hace la saliva desde su elemental gruta. De repente la porfía
Puede más que los manantiales; no hay un breviario para florecer,
Ni un rocío inventado para los buenos modales, sino un falaz arroyo
En el costado. De repente nos convertimos en vigías de la neblina;
Nos olvidamos de serlo de nuestro espejo: —en los rescoldos del recuerdo,
Cada quien reafirma sus atávicos vitrales, es decir, su propia ventura
O desventura según sean los candiles de su apetencia…

Cada día nos llama el sigilo de las almohadas o el Vía Crucis
De lo cotidiano. Y hay que sortear entre ser esa niebla en el espejo,
O un feliz aprendiz de orfebrería donde la voz sea la obra y no sólo eco
De instintiva ebriedad, ruido o huésped del grito…
Mientras cada quien se descubre en la desnudez de las palabras,
Cada gesto convierte en brújula su despliego.
Mientras uno no apacigua los dientes internos de la agonía,
No germina la esencia del suspiro, ni el alma se dispone a ser arroyo.
Mientras el escombro impere en la sangre como tutelar vigía,
Nadie puede ser animada rendija, ni trasiego de ventiladas germinaciones,
Sino una huraña forma de la existencia…
Barataria, 25.X.2008
______________________

jueves, 20 de noviembre de 2008

Cuadro cotidiano

André Cruchaga, El Salvador






__________________Cuadro cotidiano




Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño del
Misterio de la superficie,…
FERNANDO PESSOA



De pronto las calles se tornan en monumentos comestibles. —las enredaderas
Se cuelgan de los muros como un graffiti de tumbas múltiples: la ciudad
Encierra estos soles negros: la zozobra se vuelve vestigio del tiempo, pero
También la desnudez de la soledad que fermenta ciertas premoniciones.
¿En dónde preservaremos el mar con sus cornisas de espuma? ¿En dónde
La brevedad no es brasa que devora, ni clímax de fuegos artificiales?
Caminamos al trasluz de efímeros ombligos;
En las aceras la cal cristaliza la memoria.
En la humedad de los recuerdos hay que lavar el olvido,
Sólo así tiene razón el rocío en las sombras.
Sólo así esta ceniza la lava el rictus de la muerte.
Arden los cascos del aire en los tragantes. —ahí los tributos a la calle son
Enormes; la oscuridad es la única que oculta esas escenas donde sólo
La miopía salva y no necesariamente los afiches con sugestivas estampas.

El cuadro cotidiano es este: la miseria aflora sus exhaustivos rostros;
La transparencia no es anillo de la lluvia, sino turbante de la historia.
Y sin embargo cada quien camina con un grano de Esperanza confiadamente.
A veces uno quisiera revivir ciertos cuentos de hadas o no leer los diarios, ni saber de direcciones ni de héroes. —Las alacenas siguen vacías,
Y las habitaciones quiebran su porcelana intransitiva.
El día queda en los guacales viejos de los andenes junto al dolor o la ira.
El hambre de la noche no tiene por ningún lado estampas nobiliarias;
En cambio los rostros acumulan el musgo de las calles con sus olores:
—algunos los envuelven en sus pañuelos y así atrapan las lágrimas
De las estrellas, es decir la fertilidad insomne de los adoquines y el tumulto
De dientes de la lluvia cuando gravita en la agonía de las verjas…

Los espejos se agachan en su húmedo aleteo. La boca de la intemperie muerde
Los dedos de los niños, los papeles gastados de las paredes no sirven ya
Para ciertos discursos ni para detener las bocas de la inocencia.
En las manos el paladar no tiene ojos, sino encajes de funesta inclemencia:
—Cada quien implora desde su espíritu y proclama a sus anchas el albedrío
A falta de palabras que amanezcan con cierzo…
—Cada quien agrega a sus grietas limonadas de hierro en sus mejillas,
Y no para refrescar los poros de la tierra, sino para convertir sus venas,
En un tragante de transitorios líquidos.
Esta es la espesura donde los ojos sudan el tiempo
Y los locos se vuelven necesariamente un equilibrio animoso.
Este es el día donde el sol le quita los paraguas a los monumentos
Y los árboles ignoran sus raíces podridas. Este día y no otro donde los pájaros
Adjetivan el grito en las aceras y el agua de las cunetas hace dóciles
Los zapatos y vuelve ciego el olfato…
Este día y no otro las banderas lamen el paisaje y muestran otras puertas
De dudosa alegría; mientras, el tedio arrecia como un cofre
Y se torna piedra en el camino…
La vida es una fragua: escucho el fuego mordiendo los fierros.
El azor transita por las calles procurando la consumación de sus garras.
Barataria, 20.XI.2008
___________________________
André Cruchaga: Nació en Chalatenango (El Salvador), en 1957. Tiene una licenciatura en Ciencias de la Educación. Además de profesor de humanidades, ha desempeñado la función de docente en Educación Básica y Superior. Parte de su obra poética ha sido traducida al francés por Danièlle Trottier y Valèrie St-Germain. Estas últimas, los libros: “El fuego atrás de la ventana”/Le feu derrière la fenêtre (inédito) y “Viajar de la ceniza”. La poetisa Miren Eukene Lizeaga, por su parte, lo ha hecho con el libro “Oscuridad sin fecha” al Idioma vasco (Euskera); y poemas sueltos, al holandés por Michel Krott. Jurado de Poesía de la XVI Bienal Literaria "José Antonio Ramos Sucre", Venezuela, junio de 2007. Buena parte de su obra se encuentra publicada en diferentes revistas electrónicas y en papel de Argentina, Chile, España, Grecia, Estados Unidos, Canadá, Colombia, México, Perú, Italia, Holanda. Ha participado en diferentes eventos literarios en su país, así también ha recibido por su obra literaria varias distinciones. Entre sus libros editados podemos mencionar además: “Alegoría de la palabra” (1992), “Visión de la muerte” (1994), “Enigma del tiempo” (1996); “Roja vigilia” (1997) “Rumor de pájaros” (2002), “Oscuridad sin fecha” (2006); “Pie en tierra” (2007), “Caminos cerrados” (México, 2008), entre otros.

jueves, 13 de noviembre de 2008

¿No es locura la cordura?-André Cruchaga

Joan Miró






________________________¿No es locura la cordura?




Seré muy breve. Vuestro noble hijo está loco; y le llamo loco,
porque (si en rigor se examina) ¿qué otra cosa es la locura,
sino estar uno enteramente loco?
POLONIO EN HAMLET,…






¿No es locura la cordura? ¿Quién lo ha dicho? Por suerte,
Vivir entre vivos es la más grande locura. Artificio quizá,
Pero la razón y los sueños me llevan al juego triste de los espejos.
Trozos de sollozos se mueven como peces, móviles susurros de agua,
Allí donde la luna grita con dientes de ceniza
Y las mariposas ahogan sus orgasmos en el lodo.
Oigo el grito último de los depredados y el ciego auxilio del aire.
Es necesario lo que pasa en los templos, en las cantinas,
En los comedores sucios, en las peluquerías tapizadas de cuerpos
Esbeltos, en los portales donde las gallinas todavía sacian
La niebla del hambre o hacen lechos de furioso olor.
Un poco de todo y los perros me rompen el corazón:
Sólo tienen una para tantos famélicos conquistadores.
Hambrientos lamen la escoria de las aceras. Ellos pasean
A oscuras y no necesitan, naturalmente, habitaciones
Para consumar su aletargado pasmo. Ellos son amos y señores
De la calle, ataviados de saliva lamen todas las posibilidades de la vida.

El cabello de los rieles, de espesa herrumbre, me causa náuseas.
Aunque los vagones tienen ventanas y se puede ver a Dios
A la distancia con un engramado camino y sin ratas:
Mi héroe al fin sobre el azul del horizonte, donde se ven
Caballitos sin smog para jugar y cantar aleluyas de memoria.
En los cerillos de los ojos el azufre no cuenta, ni el tiesto
Donde el café granulado se deshace para la artritis.
De vez en cuando las cosas no pasan así: un relámpago
Lo saca a uno de la oscuridad y la razón, un haz de luciérnagas
Muerde las sienes, los grillos levantan paredes de carcajadas.
Es entonces cuando las armas se vuelven sordas lenguas,
Parecidas a la boca de la noche en una habitación oscura.
De vez en cuando las lagartijas dictan discursos sobre las piedras,
Extraviado el discurso cae en el suelo y se pierde en el polvo
Que dejan los zapatos después de golpear el lenguaje con gangrena.
Alguna vez me creí cuerdo entre demonios. ¿Cuerdo, digo?
Me creí inútilmente cuerdo. Vanamente cuerdo. Ileso.
Seriamente cuerdo. Pero por fin, al cerrar los ojos o abrirlos,
—que para los ciegos es lo mismo—, caigo en la cuenta
De los sin sentidos, de los ecos donde pasaba los inviernos
En mi infancia: interminables ecos de una esperanza que, inocente,
Vaciaba sus espejos sedientos y los colgaba como llaveros
En las hojas de los árboles, como aroma ensimismado del aire.
Ahora es verdad el mundo y su atalaya de crueldad.
Ahora es cierta la infamia y todos sus crímenes,
Sólo ahora que establezco mi existencia junto a las hormigas.
Barataria, 19.IV.2008.

martes, 11 de noviembre de 2008

Oficio del jardín-André Cruchaga

Joan Miró






___________________Oficio del jardín



Las flores ordenadas —tulipanes, junquillos, azaleas
—miran—como en altares hacia fuera—
por los cristales morados,
para ver a las estatuas…
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ



De par en par, los jardines trasiegan el polen en respiraciones
De animados zumos; cada pétalo ahí libera sus ayunos y, en ese trance
Del destino suyo, la puerta de la imaginación en espeso viaje,
Se atreve a desnudar el olfato de las mariposas…
Desde la ventana veo en claves sutiles el cierzo que lo lame;
Luego cada hoja proclama las gotas de alegría sobre el sueño.
Claro que nadie se detiene frente a su calendario profético,
Ni a los veleros que el azúcar eleva a catedrales, ni al verde impecable
De la savia en la estación memoriosa de su oficio…
Claro que nadie ve en sus pétalos ese invierno de olores
Que sólo el olfato traduce en agenda del alma y en proteico aliento.
El sol pasa como vagones de ferrocarril: forma charcos amarillos
Sobre el juguete verde de las hojas…
¡Enorme el diván del viento sobre la alfombra de las buganvillas!

El jardín respira encumbrados pensamientos.
Llena los papeles en blanco
Del horizonte y ahí escribe, sin cabildeos ni mítines, la armonía
De un mundo con ventanas para todos…
Ese debería ser un espacio estratégico para la libertad —esa libertad
Primera de descubrirse uno mismo en mundo de muchas ansiedades.
A menudo hay que hacerse niño para entender que no es el grito
El que va de la mano con la historia, pues si así fuera, habría una sensación
De terror convocando al miedo y no a la fantasía que tiene almacenes
Luminosos y girasoles de disponibles armonías…

Para nosotros el planeta nace en cada flor.
Es luz a nuestros ojos.
Cada vez que un colibrí desemboca en sus vitrales, fluye el hilo
Ceremonial del vuelo; la sinfonía del día está ahí respirando los colores.
Aunque, desde luego, no nos demos cuenta de sus inefables dedos,
Ni abramos los balcones de nuestra conciencia,
Más allá de la propia comarca en donde la razón tiene pócimas
De perplejidad y no de armoniosas cornisas donde la neblina
Disuelve las palabras…
Desde que me percaté del oficio de los jardines, el asombro, a menudo
Intrépido, es mi alimento.
No hay jornada más gratificante,
Que el nahual perfumado de su latido…
Barataria, 25.X.2008
________________________

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Lázaros de este reino_André Cruchaga

Joan Miró




_____________Lázaros de este reino…


A Malcom X y Martin Luther King.




Recorrieron el desierto humano y plantaron
Su respiración en las calles, junto a las manzanas;
Entre los barrotes negros de la cárcel, sus voces,
Se oyeron sobre la nieve a ritmo de blues y tambores.
Entre vagas fisonomías, junto a fúnebres pinos,
La brisa como un huracán en las sienes,
La verdad haciéndose roca, la tierra rompiendo
El terror al futuro.
Candiles de vencidas lenguas lamen el cielo,
Ahora que sus semblantes dejaron de ser
Yertos brazos y se han tornado en semilla.
Leche de estrellas forman sinfonías, allí donde
El rocío evaporaba sutiles mejillas de vitrales siniestros.
El destino ha cambiado su telar de catacumbas;
Ahora la memoria es posible en el umbral,
O la vida se ciñe a la memoria salvando
De la hoguera, el telar rojo de la fábula.
Se alzaron sobre su propio sudor y sus heridas,
Y entre el paisaje del sollozo, la noche
Jamás pudo sacar su lengua de avieso halcón.

Hoy danzan los duraznos en la entraña del día.
Sus voces crearon cuerpos, vuelo de bocas jubilosas,
No dormidos pabilos flotando sobre andenes
De quemadas crepitaciones…
Desde Soweto, el viento sobre los tejados,
Es un pecho de ombligos y ferrocarriles,
Un espeso whisky golpeando los pulmones,
Una fila de puertas sobre las pupilas:
Ventanas goteando pájaros de sudorosa palabra,
Bocas con sed sofocando sombreros inertes,
Alas para el aliento del alba bajo lunas agonizantes.

“Yo soy Malcom X” viva llama en el aire de la Esperanza.
“Yo soy Martin Luther King”, luz como estela de fértiles espigas.

Ambos cuerpos con la caricia espesa de la sangre,
Balbucean en la memoria caracoles de sueños en todas las entrañas:
Ramas son de un cuerpo sin frío, destinos de la esencia del aire,
Para romper con la desigualdad de la noche
Y abrir los sueños cegados por antiguas pieles de ceniza.
Ahora es posible que la sed fluya, sin barrotes de herrumbre.
El tiempo no da cataratas, lo que el ojo de las cerraduras…
Hay que mirarlos cada día, para desterrar el odio
Y que un arpa abra, en vez de llaves, las puertas de la conciencia.
En los aleros que habitan sus palabras la alegría con su sombrero
Corona aquellos corazones que sembraron en el surco
Un canto de fervorosa armonía…
Ahora Malcom y Martin Luther King se han vuelto una diadema
Trocada en Esperanza, una sola boca para sacudir el misterio del arcano.
Barataria, 13.IV.2008, reescrito el 05.XI.2008

lunes, 27 de octubre de 2008

Espejo de mí mismo_André Cruchaga

Joan Miró, España



Espejo de mí mismo_______________________


A Dina Posada,
Herencia de la luz.


Frente a la vida sí, frente a la muerte,…
Su noche se repite en un espejo negro.
JUAN LUIS PANERO




Espejo de mí mismo el verso en su laberinto, cripta del alma
Donde las pupilas lamen los efectos vacíos del fuego.
El lecho palpita sobre campanas de ceniza, sobre cuerpos
Abandonados en la tristeza o en la espina golpeando los calcañales.
Así ha sido esta vela colgando carámbanos en el espejo.
Nunca fue posible dormir sin titubeos en el lecho de los pájaros;
Nunca encontré vuelos celestes cerca de mis pestañas,
Sino distantes tragaluces como muros de tristeza en la carne.
He pasado días enteros queriendo hidratar la esperanza
Y salir de ese autismo constante de la sangre: —sonidos ásperos
Escrutando la vigilia y la noche sin sostenes por encima
De mis ojos y la almohada…
En el espejo se respiran heladas formas, intensos cuervos del tiempo,
Frío como el cine mudo de los tejados o como el moho
Guareciéndose en las vísceras, sin un tallo finito de miradas.
A menudo se descorren las pupilas sobre las ventanas:
El bosque del tiempo está ahí acunado en la incertidumbre de los sueños,
Porque éstos perdieron su inocencia cuando la piel empezó
A descifrar los vellos capilares o el jardín rojo y extraño del incendio.

Al fondo de los ríos el río del vuelo, las sábanas difíciles de las arañas,
Ese ultramar de los féretros en la conciencia, los halcones
De las hojas mordiendo el alma, el brío en los muertos deshaciéndose.
La ciudad carcomida por el humo de la indiferencia: —en los cables
Eléctricos reverbera su fiebre, el yo herido cayendo en las cunetas
Donde las aguas remueven el calendario gastado de los zapatos.
Miró en los atardeceres donde casas y edificios mueren, el cuerpo
También; menos los anillos de las sombras, los arbustos de la noche,
La respiración sin ojos en el gris del miedo: —el aire caminando solo,
Sin piel entre la dureza de un suspenso desconocido…

La luz muere en la voz transitiva de cada noche. Voces muerden
Vitrales de adustos colores; mudo el sentido golpea los puños;
Arde esta obstinada oscuridad de los líquidos, las paredes incomprensibles
De las alcobas adheridas a jadeos de insoportable sincronización.
A la piel, peces debatiéndose en los sueños: —peces en cada gota
De sudor con sensación de abismo y destellos mordidos por la neblina
De la densidad, no de la transparencia que resulta ser una bestia a la caza.
Las vísceras sangran con los espejos que las habitan.
Los miedos como la miel tienen paisajes desconocidos. —Son otros
Abismos vistos al borde del filo donde las puertas se comen
El trajín de cada intimidad que atisba los umbrales.
Así, con esta miseria semejante a la felicidad de lo despiadado,
Elevo mis plegarias a los cuadernos de las palabras, a la lluvia
Del destiempo, a la extrañeza de los ojos frente al agua aprehendiendo
Las abigarradas mariposas de las pupilas…
Así, el sombrero del arcoiris se vuelve sombra de mí mismo
Donde juega profunda mi propia humanidad con todas
Sus culpas y respiraciones…
Barataria, 24.X.2008
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martes, 21 de octubre de 2008

Soberbia_André Cruchaga

Joan Miró






__________________________Soberbia






La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado
parece grande pero no está sano.
SAN AGUSTÍN



Toma el rostro más locuaz y no se avergüenza si es gloria
O simple desfachatez de la inconciencia; libra batallas crueles:
—el espejo consuela las horas oscuras y sugestivas del tiempo
Que transcurre en reavivada llama…
El día se obstina en su ojo absurdo de no ver la cara descubierta
En las palabras que el engaño las torna en azúcares de canela.
Para calmar su sed inagotable asalta la alegría, aunque en el fondo,
No deje ser una sombra que despunta en los oscuros traspatios del sol.

Un día y otro día se pone abrigos de estrellas; alrededor
De los sueños se vuelve un océano de bruma; la lengua columpia
Escaleras gigantes, pero en sus pies hay zapatos de efímera porcelana.
Llena de ramas de agua las sienes opulentas de aire:
A veces me parece que es hija de cuervos; por dentro es otra tinta
La que llueve y canta en las vísceras. Sin embargo, está ahí,
En su buldózer de arqueados hierros, en su mesa sin manteles.
En las calles se le ve como una cascada o como un delfín azul
O como un pavo real con la cresta prolongada.

Un día y otro día traza su semblante en las esquinas, en las calles:
Es una hiena que se nutre de sueños inaudibles.
No disimula la dentadura de espuma que tiene, ni la intriga que prodiga
Esa vida de aborrecidos paraguas…
Nunca ha sido una ventana de sencillos alelíes, ni una casa
Con ventanas transparentes, sino un espacio de aviesa harina.

Inútil es en su incesante y absurda palpitación. Nada la sustenta
En su huracán porfiado, centímetro a centímetro las entrañas
Diezman el propio cristal que la contiene…
¿Qué palabra puede nombrar su barca artificial, y el gesto
De un beso torpe, su hábito de alevoso rostro, su mirar desde un edificio
De hojarascas? La soberbia transpira charcos de elevadas casas:
—siempre estuvo fría por más abrigos y música altisonante,
Siempre sacó su cuello de avestruz para agrandar su silueta.
Presencia de papel ha sido, arrogante, casi siempre ha andado
Con una sombra fugitiva; nunca ha tenido memoria,
Sólo le queda la boca para morder la sencillez de la madera.

Un día y otro día cubre con adjetivos los balcones. Es un eco
En la oscuridad de la noche, una huella primitiva.
A cada rato se pierde en el mimetismo del horizonte como un juego
De naipes: —¿Dónde comenzará su deshielo,
Esa forma hinchada de las nubes, la savia recubierta de su cabellera?
Está aquí dentro de los ramajes de la pasión.
En el fondo lleva pasos de cipreses, va patinando humo redondo,
La Osa Mayor brota de su cabalgadura, el Polo Norte es poco alfabeto
En el aleteo del cuerpo que la sostiene.
Un día y otro día los ojos se pierden en las nubes,
El oasis donde gravita devora la brea de sus manos…
Barataria, 17.X.2008
_________________________
Leer más de André Cruchaga en: Arte Poética-Rostros y Versos, Palabra Virtual, Red Mundial de Escritores en Español, Poetas del Mundo, Poetas antiimperislistas de América, Revista Baquiana, El cielo a caballo, etc.


miércoles, 1 de octubre de 2008

Tropeles en la memoria_André Cruchaga

Pintura: Joan Miró





_______________Tropeles en la memoria



Cautivo de mis muertos y mi nombre,
en muro me convierto, camino de mí mismo.
SALVADOR ESPRIU



Caballos de siniestro tropel rondan la memoria;
Lenguas de huracanes lamen las sienes —lenguas feroces
De un tiempo que hace temblar las cucharas, y avienta
Manteles de escalofrío en derredor de todas las sábanas.
Los cascos rechinan en las pupilas y entran sus chasquidos
Como destello de alfileres a la conciencia, a ese espacio
Súbito del designio, ahí donde las sombras se desnudan
Y el aliento nos cae en la espalda como afrenta.
Crujen músicas sedientas en las aceras y la dolencia
De tantos objetos viejos entre los escombros insosegados de la risa.
Alguien maquilla el desvelo con cejas de ceniza, alguien
Pasa la tormenta debajo de cornisas con nutridos ecos de madera.

Equitadores sin estupor caminan sobre la frontera corporal:
—¿buscan la unidad de la luz o la noche?
—¿Buscan la anónima angustia del sereno, la cripta posible
Donde los mártires duermen su condición humana?
Los caballos pasan desangrando sus cascos entre los árboles.
El eco es una réplica huidiza del aleteo, o acaso, de la fuga
De la que apenas cada uno habla porque es el eco de unas paredes
Sin vigas, es siempre la fuga de los tiempos sin un rosario
En las manos: la intemperie misma de jinetes sin abrigo.

No son arcángeles los que pasan lamiendo la nostalgia.
Hay grietas más profundas que las alambradas de los duendes:
—la noche ya es difunta en cofres de ceniza.
Así lo dicen los fósforos dibujados a lápiz y los ruidos de los fantasmas
Que duermen o vigilan desde ventanas arrancadas con los dientes.
—los jinetes pasan como un alambique de guitarras desordenadas;
El invierno arrecia las telarañas de la llama: ese espejo erizado
De los ayeres, el vuelo que se apaga en las puertas del celo.
Los ojos irrestañables de los relámpagos en su furia de estrujado
Cautiverio, la densidad de la canela al filo del aliento.

En la memoria los caminos se llenan de ecos: hay piedras, muros
Y opresores y respiraciones secretas de criminalidad ya inodora.
Caballos y jinetes pasan por embudos de lunas ciegas:
Sangran las tijeras de mis recuerdos frente a la desnudez de la mujer
Que pulsa en su inocente fantasía. Sangran el mar y la aurora
En su espejismo plural de desatinos. Sordas las palabras en su piltrafa
De humo, en el pudor del bosque revelado, en su cargamento
Intenso de paredes…
¿Es posible quitar el óxido de los recuerdos? ¿Es posible el amor
Sin su aserrín de fiebre convulsa sin que la luna quiebre su luz
Y el almanaque acaricie las sienes transidas de aleteos?
Jamás he podido entender los recuerdos despidiéndose de los papeles:
—en un destello la transparencia se la lleva el musgo y quedan
Los cuartos vacíos: el amor no es un lugar visible, absoluto,
Cuando la memoria consume toda respiración
Y el horizonte de repente se llena de piedras…
Caballos y jinetes habitan sombras de nostalgia, sombras
Que el tiempo conjura en laberintos…
Baratraia, 01.X.2008
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lunes, 8 de septiembre de 2008

Ethos- André Cruchaga

Río Sumpul, Chalatenango, El Salvador.






Ethos





Venid a la luz del día,
non traigáis gran compañía
MARQUÉS DE SANTILLANA



Aquí la luz imprescindible de los sueños ardiendo en su laberinto.
Luz donde el ángel de lo blanco escribe en papel su liviana curva
Misteriosa —Sombra de la luz reservada al cortejo; brilla
/en su típica sombra
Sobre la sima incesante de la voz. Los vientos mojan las raíces
Ahí donde las estrellas del sino anuncian constelaciones apretadas.
Los labios pronuncian toda esta luz de mi universo —del universo
Entero que gravita en el cuerpo y en el alma. De otro modo sería
Un túnel de seres a la deriva, quizá un mar de silencios fijos,
Enmohecidos páramos donde sólo tiene cabida la nada,
Bocas arrebatadas de la hoguera.
En cada piedra hay una diadema suprema de cierzo, en cada carne
Sueños mordidos —sueños a punto de ser sueños: seminales días
/de siembra.


A la noche la bañan caracoles secretos de un río profundo de anhelos.
De sur a norte lanza olas de saliva sobre su cordaje.
Hilo a hilo los peces abrazan los luceros; el torrente toca
Los corales bañados por el galope, las arenas movedizas de las alas.
El mar de colores desatado en la cornisa de las olas sólo posible
En la noche de mil espadas, sólo posible en las sienes de la tormenta,
O en las celestiales mortajas de los ojos, descalzas, caminando
/sobre el firmamento.
Nunca faltó en los escapularios la transparencia del jade o el jade
Mordiendo los ecos ancestrales de las sombras, el rumbo del viento,
Los pájaros perdidos en la memoria del rayo, —desvelado hervor
Bullendo hacia el oleaje blanco de la espuma, sombra haciéndose aurora
Como manda la sal en los antiguos verdores del regazo.

Olvido y noches habitan mis sábanas. —Pero es que así fue siempre:
Y no hubo lecho ni rocío en la piedra que ocultó mi presencia.
El bosque sólo fue la rama desnuda del sueño: —insomnio, desvelo,
Me internaron en su luna de libros, en sus cabellos de estertor
/agonizante.
Fue como descender al sueño lúcido de la llaga, al mediodía quemante,
A la raíz de la cueva donde toda salida tenía desfiladeros profundos.
Ahí el latido abrazó las piedras consumiendo la furia del tiempo;
Su filo apartó las sombras de las aguas hasta avanzar hacia la trinchera
De los colores: el arco iris negado al viento, el sigilo arrebatado a las horas,
La piel impecable de la luz en las manos…

Largo tiempo estuvo el corazón bañado en ceniza. Fue el viento
Quien desveló la humedad de mi boca, fue el miedo la trementina
Que abrió la entraña y el cielo y dio paso a las escaleras de las ventanas
Para salvar palabra y sueño y amanecer empinado frente al destello.
Aquel reino mojó mis pies. Lavó con campanas mis sienes. Ahí cavé
En cada hoja de mi pecho y la ceniza se espació como los mares…
Barataria, 31.VIII.2008
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lunes, 25 de agosto de 2008

Las calles de San Salvador_Poema de André Cruchaga

Calle de San Salvador







Las calles de San Salvador





Como hierba de gritos, como en humo
como chubasco tupidísimo
y turbio, en ascensión…
RUBÉN BONIFAZ NUÑO



Hoy son así, apretadas de transeúntes. Herméticas por más que en ellas
Transiten ríos de sueños y canastos de comida y sopor de pavimento.
Abruman las aceras con sus ojos ardientes, la brisa no renovada
/de los pavimentos,
La deriva en los afanes de las bocacalles, los sobresaltos en el laberinto
Del sudor, el sopor que confluye como viejos ventanales sin mochetas.
Todo está aquí en estas calles: los gritos, la fatiga, el abandono,
/la tormenta que envuelve la inminencia
Caminando sobre ellas, a menudo dejamos de lado el miedo y el misterio:
—Tienen una belleza cruel y un olor envolvente; en las horas crecidas
Del reloj los cuchillos nos acompañan con el sudor en la nuca, y el aire
Sin monedas en los bolsillos; cazadores anónimos colman
De noche la esperanza en el instante cuan do el sol bebe nuestros poros
O la oscuridad saca sus dientes delatores…

Con el paso del tiempo en ellas se ha perdido la inocencia. Cada vez
Son formas extrañas de pequeños bares, prostíbulos y asombros.
El abandono nos contagia con su desconfianza de alcohol y armas blancas;
Lejos está caminar sin despegarle los ojos al prójimo, renunciar
Al cansancio o a la tregua. En las esquinas seduce, el fuego, la obscenidad
De la carne y no los viejos libros apagados, con destino oscuro
Que absorben el antiguo aroma de las sombras y el traje del polvo.

Caminamos para deshacernos de los ojos del extraño. Estas calles
Nos confunden por sospechosas, por humanas que sean, por dudosas…
A veces caminamos empapados de docilidad canina; en otras, el aliento
Muerde los zapatos a cualquier precio sin renunciar a los escapularios.
El nudo del escombro se vuelve sedienta ceniza, crujido de la afrenta.
La vigilia pasa por la balanza de las espinas, dolorosa unidad del miedo
Que despunta en jardines de sal sobre las mejillas…

¿Qué nos dan estas calles pertenecientes a un reino de compulsivas
Fantasías? ¿Qué guardan estas calles sin escobas?: Viejas paredes
A la intemperie, rostros oxidados en los techos del espejo, en la penumbra
De las caricias sin un manual de almohadas apacibles, sin el quebranto
/de la memoria.
Nada reprocho a los tomates en los tragantes ni a los neumáticos en las aceras.
Esto es parte de la inmensidad de la demografía o de ese enigma que
Nos torna balbucientes criaturas, sombras hurgando las sombras
En un laberinto de aguas sin respuestas, en una claridad inadvertida.
Todo es combate en la exactitud de las veinticuatro horas; lo real
Es cada vez un reino de saliva, una reverencia al respirar en la incertidumbre.

Arden en el asfalto las rosas intangibles de las palabras íntimas.
Las personas se mueven como piezas de un ajedrez desordenado.
Es un juego contra la claridad cotidiana o el juego es, precisamente,
Volver al día hacia el sonambulismo de la noche con sus dictámenes
/de ardoroso tacto.
En estas calles de San Salvador se toca a profundad la hondura de la noche.
Aquí el teatro rapta lo inacabable, aquí la severidad y la fatiga
/nos despojan de la alegría,
De la proximidad de otro cierzo, de otro hidrante, de otro grifo
/sin absurdos estruendos…
En las horas peores uno invoca la misericordia…
Barataria, 21.VIII.2008
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sábado, 16 de agosto de 2008

Desarraigo_André Cruchaga

Salvador Dalí, España (Paranoia)






Desarraigo I



…los recuerdos me asaltan.
Unos empuñan tu mirada verde, / otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,…
ÁNGEL GONZÁLEZ



¿Cuánta vida sin abrigo cabe en la memoria? —El tiempo está lleno
De sombras y alfileres y deambula entre aguas sinuosas.
Pudimos haber sido ríos de aguas cristalinas —Pudimos, lo sé…
Trascender nuestros cuerpos en el césped y la esperma,
Regar el jardín con las aguas de la luna, subir al cielo corporalmente,
Desandar los cuerpos poco a poco hasta quemar la castidad
Y el bautismo —beber en acto de unción la hostia de tus pezones,
Olvidados de toda provisión hasta hacer sólo para los dos el mundo.

¡Cuánto dolor mío y soledad! —cuánto olvido y errores. En el sigilo
De la tarde queda el último suspiro, el sol que acaso, mañana
Será otro sobre esta tierra —sombra de mi cuerpo, dolor temprano
Perdido en el desvelo, en la limosna que brinda la esperanza.

Hoy cuento las agujas del reloj en el espejo. El pecho ciego se desvive.
La noche ha entrado hasta el último sendero donde la ceniza
Cubre el cuerpo. ¿Qué sueño sin tino sueña el corazón en silencio?
Al ver sobre el espejo quebrado, la herida se ha vuelto torrente
De sal a la deriva. Ahora concédeme tu ánfora de sombras, tus párpados
En mi cruz, tus latidos plurales cercanos al vientre, las vocales
Sin más dolor que esta encrucijada de no tener ya más palabras
Para habitar ese cuerpo cuya presencia anunciaba secretos alambiques.

Sé que ya no hay lugar para mi sombra, ni para mi torrente.
Ahora humillas la esperanza que atravesó el musgo con su jadeo
De tensada miel —ahora los nombres se agotan en el dolor de las venas.
Antes fue posible emerger del escombro y preservar la alegría;
Aún en el dolor te dispones a morder los perros de mi ansia:
—ansia que muy dentro mana gritos de campana herrumbrosa.
La distancia tal vez te hizo perder todo el ardor del polen; el mar, hoy,
Es más desnudo y se dobla en suela de los zapatos —el mundo se desvanece
En mi camino, nuestra historia, sin embargo está ahí dolorida
En su feroz hazaña: recuerdo la paz ahora que la soledad supura
Su beso hundido de tu secreto cuerpo —Eras ayer mi sueño total
Donde respiraba el guarumo de la risa y la brisa alada del estertor.

Nunca supuse en este largo itinerario que nuestras vidas terminasen
En Islas donde los amantes se destruyen sobre las paredes de la sal;
Nada importó antes. Ahora sucede que cada palabra tiene filo
De cuchillos y no la inocencia silvestre que un día atisbaron mis ojos.
Eras las luna transparente en mis pupilas —el cielo con forma de arco iris,
Mi íntima compañía de rocío, mi iluminado tabanco, el aire, la lluvia.
Algo se rompió despacio, sin saberlo. Algo en la desnudez no fui yo
El advertido sino el súbito cruzar las alambradas del desasosiego.

La noche me llena con su oscuridad dulce. En la respiración los latidos
Del frío y la soledad doliendo como una espada… Esa soledad silenciosa
Y oscura que revuelve el rostro en su propio delirio…
Barataria, 14.VIII.2008








Desarraigo II




Los espejos agonizan en sus piedras transparentes. Oscuro dormitorio
Lamiendo las llagas que las serpientes de la angustia han hecho
/en la garganta:
—una y otra vez despierto en medio de la oscuridad con tus cabellos,
Esperando que la sed haga venir la ternura y el cuerpo encuentre
El requiebro ahí donde las pupilas juegan claramente a la sonrisa.
¡Qué páramo de río recibo con furia y grito! —¿Qué vena desangró su útero
Que el asombro sencillo de la vida se tornó feroz ángel de la muerte.
Muerte es hoy este viento gris de la noche. Todos los sentidos perdieron
/su fragancia:
Hoy es otra voluntad la del aprendizaje en la deshora de la avaricia.

Ya no sé si en esta tarde de la herida o noche del desapego, eres la misma
Que creció conmigo galopando incesantemente en mi conciencia.
Ahora el tiempo nos abrasa con otros alientos y junto al frío líquido del alma,
Cobijo el desamparo con mis manos de fallido gozo. A fin de cuentas,
Siempre sentí un resuello que no era de gozo, sino de naufragio y tiniebla:
—uno se aferra, sin embargo, a creer en la inmensidad; pero ella no existe.
No hay humanidad sin que la materia sea duradera y el espíritu goce
/el sosiego necesario.

Hoy me dueles en la niebla de mis sentidos —dueles en mi fe de náufrago.
Entre este sabor de saladas cenizas, dueles en mi tiesa mirada de cadáver.
A veces el huracán de los perros me despierta o cuando el calendario gime
/en las largas trenzas de la luna;
Y paso así, lamiendo mi propio esqueleto con un olor a cementerio…
De nada me sirvió el invierno de la perseverancia, ni la fidelidad sentada
De parapléjico para aquietar el jardín de las abejas…
¿Quién nos condujo hacia este desfiladero de olvido y sombras y gemidos?
En lo infinito y pleno del día quizá nunca encontramos la simetría de la luz
De un universo que por fuerza hay que ir construyendo con el aplomo
De la sangre. —fue todo lo contrario: la ráfaga súbita, la soledad destructora
Angostando lo que bien pudo ser cierzo y terreno de prodigioso adobe.

Las palabras se te han vuelto crueles y los ojos de enojo indescifrable.
Huyes de mi cierzo y te robas la luz y también los sueños y el camino trazado.
¡Qué soledad, aquí, dentro de mi mundo! ¡Qué aguas sin andar, absortas,
A deshora por las venas de mi amanecida historia —amanecida digo,
Porque sin esperarla puso su salmuera en el tapete de la mañana:
Lo que fue calor y color humano, hoy apresurada niebla del vacío, pupila
Rota del día, sombra abisal y un espejo de acantilados…

Todo fue fugaz como un tornado arrancado de la carne. Todo fue dolor
/desde la luz primera.
Y resistimos como catedral mientras pudimos, pero pudo más la delgadez
Del entusiasmo y los matorrales a esa delicia de seguir juntos caminando
Por el sendero de la esperanza, aún a sabiendas que el camino no sólo tiene
Murmullos, sino piedras que incesantemente cierran el paso.

Y ahora pues, entre mis sábanas, el delirio de la sombra
Y la lluvia que cae sin ternura en la noche, la soledad que se prolonga
Hasta ser mi propia lápida…
Barataria, 15.VIII.2008