jueves, 13 de noviembre de 2008

¿No es locura la cordura?-André Cruchaga

Joan Miró






________________________¿No es locura la cordura?




Seré muy breve. Vuestro noble hijo está loco; y le llamo loco,
porque (si en rigor se examina) ¿qué otra cosa es la locura,
sino estar uno enteramente loco?
POLONIO EN HAMLET,…






¿No es locura la cordura? ¿Quién lo ha dicho? Por suerte,
Vivir entre vivos es la más grande locura. Artificio quizá,
Pero la razón y los sueños me llevan al juego triste de los espejos.
Trozos de sollozos se mueven como peces, móviles susurros de agua,
Allí donde la luna grita con dientes de ceniza
Y las mariposas ahogan sus orgasmos en el lodo.
Oigo el grito último de los depredados y el ciego auxilio del aire.
Es necesario lo que pasa en los templos, en las cantinas,
En los comedores sucios, en las peluquerías tapizadas de cuerpos
Esbeltos, en los portales donde las gallinas todavía sacian
La niebla del hambre o hacen lechos de furioso olor.
Un poco de todo y los perros me rompen el corazón:
Sólo tienen una para tantos famélicos conquistadores.
Hambrientos lamen la escoria de las aceras. Ellos pasean
A oscuras y no necesitan, naturalmente, habitaciones
Para consumar su aletargado pasmo. Ellos son amos y señores
De la calle, ataviados de saliva lamen todas las posibilidades de la vida.

El cabello de los rieles, de espesa herrumbre, me causa náuseas.
Aunque los vagones tienen ventanas y se puede ver a Dios
A la distancia con un engramado camino y sin ratas:
Mi héroe al fin sobre el azul del horizonte, donde se ven
Caballitos sin smog para jugar y cantar aleluyas de memoria.
En los cerillos de los ojos el azufre no cuenta, ni el tiesto
Donde el café granulado se deshace para la artritis.
De vez en cuando las cosas no pasan así: un relámpago
Lo saca a uno de la oscuridad y la razón, un haz de luciérnagas
Muerde las sienes, los grillos levantan paredes de carcajadas.
Es entonces cuando las armas se vuelven sordas lenguas,
Parecidas a la boca de la noche en una habitación oscura.
De vez en cuando las lagartijas dictan discursos sobre las piedras,
Extraviado el discurso cae en el suelo y se pierde en el polvo
Que dejan los zapatos después de golpear el lenguaje con gangrena.
Alguna vez me creí cuerdo entre demonios. ¿Cuerdo, digo?
Me creí inútilmente cuerdo. Vanamente cuerdo. Ileso.
Seriamente cuerdo. Pero por fin, al cerrar los ojos o abrirlos,
—que para los ciegos es lo mismo—, caigo en la cuenta
De los sin sentidos, de los ecos donde pasaba los inviernos
En mi infancia: interminables ecos de una esperanza que, inocente,
Vaciaba sus espejos sedientos y los colgaba como llaveros
En las hojas de los árboles, como aroma ensimismado del aire.
Ahora es verdad el mundo y su atalaya de crueldad.
Ahora es cierta la infamia y todos sus crímenes,
Sólo ahora que establezco mi existencia junto a las hormigas.
Barataria, 19.IV.2008.

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