viernes, 21 de noviembre de 2008

Vuelo de la alianza_André Cruchaga

Joan Miró





________________Vuelo de la alianza




Hundo todos mis anhelos en el vuelo para labrar la gracia
De cada día; la piel transpira subterráneas raíces. De otro modo,
La suerte no asiste, ni es posible saber cuáles son los surtidores.
Hay una tormenta sostenida en mis manos: —esa ilusión
Que releva destino y conciencia… Uno es a fin cuentas ese cantero
Que ha aprendido a lidiar con la dureza del granito y los andenes
Y los pálpitos sublimes o no, de la vida.
¿Hasta cuándo uno transita entre la alevosía, junto a ese oleaje
De profanas paradojas? La pasión desnuda y no edifica —deshoja;
Deliberadamente corroe y carcome esa frontera de la carne y el espíritu.
Entre espinas somos ese instante de la punzada —Somos de pronto
Contrarios a las velas: el miedo y la oscuridad crecen como
Fertilizadas estelas o como espigas que revelan su credo entre la zarza.
Así no hay una grey feliz, pues en la piel se ventilan los papeles
De los sueños o se ausculta la pasión como si estuviese bajo sábanas
De henchida providencia. Pero no, en lo humano hay un eco
De porfiada resistencia y no un ejercicio de gracia promisoria:
A menudo en conciencia y memoria se instala, no la luz ni el altar,
Sino la dentellada del fuego y los líquidos incubados del veneno.

Y así queremos que nuestra respiración tenga buena memoria,
O el paraíso no sea de huidiza levadura, ni fugaz andadura del vuelo.
“El amor nunca será voluntad —decía Villamediana— sino destino”.
El sentir debe ser como la clarividencia que guíe el afán del portento
Hacia la claridad necesaria del vuelo, no a la obediente bizarría,
Ni al envalentonado ropaje de lobos y cuervos y serpientes…
Por la piel se conoce la ráfaga y el oleaje de la conciencia; por eso
Es necesario, —con persuasiva sed—, reinventar el subconsciente
Para que encuentre asilo y sea una simetría de latidos y haya gozo
Y no pasiones con esmaltes, ni destellos de alambradas, ni penitentes
Heridas que conviertan la paz en una cárcava de falsa transparencia.

Uno respira con un reloj a cuestas. Y donde puede germinar el aliento,
Lo hace la saliva desde su elemental gruta. De repente la porfía
Puede más que los manantiales; no hay un breviario para florecer,
Ni un rocío inventado para los buenos modales, sino un falaz arroyo
En el costado. De repente nos convertimos en vigías de la neblina;
Nos olvidamos de serlo de nuestro espejo: —en los rescoldos del recuerdo,
Cada quien reafirma sus atávicos vitrales, es decir, su propia ventura
O desventura según sean los candiles de su apetencia…

Cada día nos llama el sigilo de las almohadas o el Vía Crucis
De lo cotidiano. Y hay que sortear entre ser esa niebla en el espejo,
O un feliz aprendiz de orfebrería donde la voz sea la obra y no sólo eco
De instintiva ebriedad, ruido o huésped del grito…
Mientras cada quien se descubre en la desnudez de las palabras,
Cada gesto convierte en brújula su despliego.
Mientras uno no apacigua los dientes internos de la agonía,
No germina la esencia del suspiro, ni el alma se dispone a ser arroyo.
Mientras el escombro impere en la sangre como tutelar vigía,
Nadie puede ser animada rendija, ni trasiego de ventiladas germinaciones,
Sino una huraña forma de la existencia…
Barataria, 25.X.2008
______________________

No hay comentarios: