jueves, 4 de diciembre de 2008

Espejos_André Cruchaga

Collage: Juego de espejos [AC]




_________________Espejos




El tiempo se ha derrumbado/de pronto, entero:
Lo que calla el cariño
Lo habla el espejo.
HUGO LINDO




“Manantial de un río” —cuando se limpia con la franela de las manos,
Desnuda por completo el murmullo de los pensamientos, el fuego
/de las piedras
Y la madera de la cual uno está hecho. Para eso fue la transparencia:
Desnudar, desvelar las raíces que se tornan en piel y en semblante.
Ahí se ve la soledad como las piedras frente al agua, al frío roce de la sangre
Y los huesos. Al ver los ojos las puertas del pecho se abren, redondas
Desde el horizonte interior, —cuerpo con relojes desnudos, tránsito
/de la arcilla.
La noche les da frío y los vuelve nebulosos: espectros de las jaulas,
Forma vaporosa del cuerpo hundido que ocupa…

Los espejos están ahí transparentes y desnudos. Pero también nosotros somos
Ese mismo vidrio convertido en página. A veces da terror, pero es
El reflejo mismo —y no al destrozo estéril— de cuanto brilla en el semblante.
No hay espejo que se niegue a ser agua cristalina, ni cara diferente
A ser su habitada carne. Al fin es la casa misma tendida en los poros.
Todo es real o irreal según las sombras dibujando el horizonte. Nada es otra
Cosa a la vista, desde dentro. Cuerpo y alma en su propio tacto: —Nada cambian
Sino todos los días del calendario, el trajín temporal de las vigas,
La queja o el silencio de las ruinas.

Cuando miran, cuando se ven desde su líquido aliento, el árbol gime, indeciso.
Nadie sabe en la semejanza de río, qué aguas cruzan la conciencia,
Qué palabras esconden las venas, qué hilos del corazón desembocan y urden nudos
Para hacer del miedo otra vestidura, otro rostro sin vacíos encarnados.
Nadie acepta el latido de su propia palidez —esa que la tierra incendia solitaria,
Esa que siendo puerta o ventana traduce los silencios en recuerdos.

Los espejos están ahí, en todas partes, pero nosotros somos también esos
/espejos tiritantes;
No hay disfraz que valga para hacer ángeles, ni ser caricia, ni simple sueño.
En cada imagen emerge la fronda del recuerdo, lentos inviernos o las hélices
Del verano con su hojarasca de relojes, —celajes de un mar hundido
/en la concavidad de los anteojos.
Nada es diferente al ojo mismo del abismo. —abismo de la noche o del día.
Luz o sombra se delatan en el labio: —espejos de una misma herida galopante.
Sólo hay una salida para no permanecer bajo la niebla. Y esa salida única
Es no mirar ni que nos mire el ancla desbocada de los cipreses —esa porfía, digo,
De deshacer los sueños en los ríos,
Y hundirse en un verdor de sombras aparentes…

En cada estadio de las tormentas, en cada horizonte del ansia, en cada camisa
Extendida en los brazos, hay infinitos vitrales, quizá cielo de arrugas, soles
De secretos fuegos, blancos dilatados, o negros de ceguera. Por eso,
/entre espejos,
Cada quien es el suyo, cada quien al mirarlo o mirarse, está rompiendo
/su propio interior:
El espejo que es desde el subsuelo del paisaje…
Barataria, 26.VII.2008

1 comentario:

Dina Luz Pardo dijo...

Definitivamente tu poesia es digna de admirar.
felicitaciones.