viernes, 19 de diciembre de 2008

Nacer de nuevo_André Cruchaga

Naciminto en las aguas. Composición de AC





___________________Nacer de nuevo



Mi espíritu quiere intentar un salto…
ROQUE DALTON



Nacer de nuevo no deja de ser una frase especulativa
—digo, más allá de lo que nos dice la dialéctica—
Con sus categorías de limones y salmuera concentrada
En el tiesto de las ciénagas. Literalmente es falso,
Aunque los tejidos del calendario se renueven en pequeños
Eslabones de desconocida fuente y fortaleza.
Vos y yo ahuyentamos los tupidos pájaros de la sonrisa;
Y en cambio acercamos un zoológico de sombras
Para convertir el camino en un gastado páramo.
Cambiamos el respiro del aire por el eco de las piedras;
Nunca nació el frescor azul del agua;
Pero emergió el tren de la arena delirante. Saltó
La saliva de las catacumbas y el desvelado aliento
De los prejuicios. El tiempo es un nudo patético
Que de repente nos desconoce en voz y manos.
Y nudos son las visiones hundidas en la alberca
Del propio espejo que los represa. Ahora toca cruzar
Los caminos de la clorofila, pero a qué precio,
Cuando más allá del pálpito sólo podemos recoger
Ceniza que nos escruta sin sabiduría.
La dialéctica es una luna en suspenso, mientras
Inasible es el remanso del aliento en la urbanidad
De los espejos: —es aquí donde la fantasía se torna
Ciega y los hechos una criba de la noche.
Es aquí donde la escritura sin estupor se hace
Necesaria y los hilos de la luz un símbolo sin fronteras.
—¿Nacer de nuevo? Tal vez después de cipreses,
Nos quede, si podemos, hacer profética la aurora
Y diáfana la constelación de ese navío que entumeció
En el bolsillo. La herida es tan grande que veo
Difícil el buen augurio. El pan se volvió frío
Y la respiración un altar de piedras. —¿Nacemos
De nuevo? No si la misma armadura nos habita,
No si es el mismo reloj el que nos dibuja
No si es el fantasmal destino sin amnistía
El que conjura con fervorosa resina en las sienes.
Cierto es que nos convertimos —tal vez sin quererlo—
En homicidas de nuestros propios sueños:
Al zaguán de la alegría le quitamos su abrigo
Y ahuyentamos la vocación de las frutas del lecho
Que nos resucita en ilusión de césped.
Y así despertamos la lava de la lluvia. Y así la ilusión
Redacta su ceniza sin fragor de campana.
—¡Nacemos de nuevo? No lo sé. Hoy somos una grieta
En el día y, quizá un laberinto de sueños,
Que gira como un tren desvencijado en el ansia.
Alguien habla de cierta alquimia, de los fantasmas
De la economía política, o del sueño presente;
Pero hay murciélagos que cuelgan de nuestra
Propia madera y eso no permite escribirle
Un acto de fe a la esperanza. Amanecemos,
Pero la boca del destino está ahí, —sin convocarla—,
Fijada en la piel de dos mundos…
Barataria, 17.XII.2008

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