miércoles, 10 de diciembre de 2008

Sueños_André Cruchaga

Collage (AC)





_______________________Sueños




Me llama la sangre.
La sangre de los días de éxtasis, más acompasada que la mar.
La sangre que no olvida jamás y que me invade con su color terrible.
Que este inútil viaje de los ojos termine pronto!
ALFREDO GANGOTENA




Sujetos dolientes a veces en el aliento de su brida:
Están ahí como el aire con su propósito firme,
Así el vivir vierte las aguas de su río —conversan de lo que vendrá
O, simplemente anuncian esa historia del corazón que habla
De fríos. Sobre la propia vida hay antiguas voces o caminos
Que nuca conducirán a ninguna parte —así está escrito
En la buena costumbre de la esperanza que de repente, tampoco
Es un camino a andar, sino una vereda desandada por el bosque
De los pies. Distinto es el sueño cada día en las palabras. Distinto todo:
La ilusión se queda temprano en la garganta —no dura una mañana
Por más que camine y le gane al tedio y la tristeza su lluvia
Y sus manos de tierra…

El viento se lleva las raíces con su música. Lo acompañan ocultos
Destinos —leñadores de una tierra migratoria, espejos cambiando
Los meses en la penumbra de la semana —en la necesaria sombra
Que ocupa los pasos. Mañana estarán abiertas las cartas, la luz propia
Del día envejecido, la hora sigilosa de las vísceras colgando quizá
De la memoria o las ventanas. Los sueños son mitad de la noche
En el camino o tal vez la historia de este caminar sin concluir su cataclismo.
Esta brasa ronda el abismo: la historia personal es como la memoria
En el madero —el ruido de la luz sangra en el abismo de la brasa.

Escrito está el fuego y el invierno en los pergaminos de los poros.
El libro de la lluvia o la mano palpitante de la casa de mi infancia:
Están ahí los frágiles años del recuerdo, la calle de la memoria, digo,
Con sus solas ventanas y mi afán obseso de soñar el sueño y el destino
En las palabras. Te miro y me miras, Vida, al alzarte sobre tardes
Imprevistas. —Te miro y me miras en alguna rareza maternal de libros
Que cautivan el muro cerrado de los ojos, el puñado de rostros en la respiración.
Por un instante la ceniza borra todo el papel amarillo de las palabras:
Pronto al doblar una calle uno piensa en secretos enigmas —habitaciones
Que escuchan nuestros pasos, niños con los dedos fríos o cabezas
Que nacieron para la impaciencia con una ya larga fatiga en el rostro.

Y luego para atravesar el puerto del calendario de todos los días, cierro
Mis manos: Tantos ojos que he perdido en la escritura de los tiempos verbales.
Nunca concluí viajes ni he llegado a puertos, sólo he logrado la herrumbre
De las mudanzas, los rostros triviales de las sílabas, las manos borrosas
De las palabras en el papel china de los sentidos. Tantos ojos de escalofrío
En mis aguas: Los sueños no son más inocentes que el sabor de los jardines,
Ni la luz es más diáfana que el vaso de la noche, ni la piedra es más silenciosa
A la voz de los pájaros cuando éstos picotean puertas gastadas.
Tantos ojos que me cansé de mirar el mantel de los adioses, la sonrisa
Dibujada en el papel del Paraíso y la piedad siempre gastada como un juguete.
Tantos ojos mientras la noche con sus brazos juega secretamente
Para detenerse en mis pies hasta ser ave nocturna: —o mejor, rama
En la inclemencia sin puertas ni ventanas…
Algún sueño será pretexto para derriban celdas. Auque los sueños
No se bañan en las mismas aguas todos los días. Al final, sólo aspiro,
A esa imposible tristeza de la ropa y a que el viento deshaga
Esta silla de espera donde están los pelos de punta de la vida.
Al final, es el espejo de los sueños donde el sol fuma el rostro de la ceniza.
Y el azogue del polen empuja las alas
Hasta que los relojes laten en los párpados como el horizonte…

Barataria, 09.XII.2008

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