miércoles, 24 de diciembre de 2008

Viaje hacia dentro_André Cruchaga

André Cruchaga, El Salvador





____________Viaje hacia dentro




En los sombreros exacerbados de los alelíes,
Hay un cielo donde se abren los espectros.
Entre el alma y los labios, los vilanos desnudan
Los senderos del calendario: —ese tiempo
Que a fin de cuentas disuelve los vacíos
Del horizonte para instaurar caminos.
A menudo los viajes no son sobre las aguas
De los mares, sino dentro de los ríos de la savia
Que están dentro de la sed.
El tiempo aguza mis sentidos sobre la tierra.
Qué limites tiene el camino de la esperanza
Para desocupar los cementerios y hacer puertos
No para llegar, sino para partir siempre hacia
La obediente luz del instinto.
Nunca fue tan puntual el peligro; —está aquí,
En el camino, en la prisa del planeta;
Están capitulando sus raíces en la emboscada,
De quienes quieren vencer con la argucia.
Ahora el horizonte es un espacio sin cuartel.
No tiene, —digo, el esplendor necesario de la luz:
Es frágil y ciego como la noche,
El día entumece en la cruz de lo perverso,
Toda profundidad es aleatoria y transitoria:
Cada día bajamos la voz ante lo incierto,
—y no hay milagros, sino ese desfiladero
Donde el suspiro cae junto a envejecidos perros.
—Y no hay milagros, cierto. Ellos duermen
Junto al último apóstol bíblico. Sólo queda,
Por si acaso, desvelar el arco iris de los balcones:
Encontrar las líneas inefables de lo humano,
Derribar las estatuas y empezar a caminar.
Cuando esto pase, el planeta tendrá
Menos odios y más recuerdos y más camas
Y menos terrores que desafíen la vida.
Nos pasamos una vida mirando y mirando
Sin embellecer los jardines ajenos ni el propio.
Nadie crece en la angustia ni en las semanas
Del otro, sino desde el íntimo viento,
Derribando las noches que laceran la interioridad
Del pensamiento.
La vida es corta, demasiado corta como para
Envenenarla: —hay que mirar hacia dentro
Y nacer. Volver a la fuente donde brotan
Las palabras, volver al otro lado de la noche
Sin que el circo haga olvidar nombres esenciales.
Nadie es día con los miedos de la noche,
Si no lee, en silencio, su propio oráculo.
Nadie florece en un cementerio, a no ser
Que haya renunciado a su propio aliento
Y decida que la magnanimidad del hálito
Se abra a un témpano de criptas…
Nadie puede curar su herida vital, —si la tiene—,
Cerrando los nidos del zodíaco
Y negándose a hablar con las sombras de la tierra.
Nadie puede ser ni encontrarse en los antifaces
Del mundo, ni en los pasillos diezmados
De la realidad cuyos platos se reparten en raciones
Desiguales de risas y ventanas,
Si huye buscando caminos tras la puerta:
La gran verdad, —si es que alguna vez la hubo—
Está en la escalera de las raíces
O en el discurso deseante de la propia respiración.
—Lo demás es la circunstancia prescindible
De lo humano, esos meandros que nos ayudan
A inventarlo todo para andar sobre las aguas.
Barataria, 21.XII.2008

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