domingo, 24 de febrero de 2008

Simbiosis de la ceniza_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Wassily Kandinsky





Simbiosis de la ceniza



Me pregunto si los muertos echan de menos la vida.
Juan José Vélez Otero




Los periódicos siempre hablan de la muerte
Todos los días (al parecer no hay mañanas
Con alguna esperanza, ni tardes donde las noticias
Dejen de atormentarnos).
Uno quiere dormir y despertar con alegría,
Borrar todos los absurdos de la ceniza,
Echar de menos la vida sin golpes de conciencia,
Reir todos los días sin las hazañas del horror.
Pero es difícil. Ahora he recordado a mi madre
Regresando a la vida: El cáncer se llevó su luz.
Ahora pongo una flor en sus recuerdos,
Unas palabras en las alas de la penumbra,
Un poema sobre su absoluta cercanía…

Sobre los adoquines de la ciudad, las horas pasan;
Pasan convulsas, salpicando con sangre,
La suela de los zapatos, la plaza arrugada
Con semblantes cavernarios.
Al escribir este poema callo. Frente al desconcierto,
No quiero escribir sobre paredes
—lo que ya tanto se ha escrito en contra del sistema—,
Ni ser en el futuro doliente museo —para trabajos escolares
Sin el rigor científico—
Ni inventario de espectros: inútil desvelo de sombras,
Por donde husmean ojos inocentes.
Total. La vida es un destino de estíos
Con follaje de abrasadoras piedras:
Uno quiere que la voz, —la propia y ajena— sea distinta,
Pero sobre la edad, se quiebra el mar
Y emergen abisales gritos de peces…

Hoy, ha habido aquí, y en el resto del mundo,
Una sola noticia: la muerte adueñada de titulares.
Hoy domingo, pienso, cuándo será vida. Sólo vida.
Lluvia clara cayendo sobre las flores y el césped;
Cielo, en fin, luminoso. De labios celestes
Y vientres verdes como los árboles luminosos del amor.

La desesperanza se ha vuelto caravana de pájaros;
Atraviesa las fronteras de aquí y de otras latitudes,
Con párpados de espesa pólvora,
Con vómito de rancios odios.
Me pregunto si realmente, la noche aspira a ser luz;
O si, por el contrario, es la herida de siempre
Que no requiere de manuales de autoayuda
Para salir de su errático desvelo de hueca salmuera.
Barataria, 24. 02. 2008.
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viernes, 22 de febrero de 2008

Alfabeto del extravío_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Vasily Kandinsky





Alfabeto del extravío




Con todos estos minutos de zozobra, quebrada
La olla, deshecho el poyetón,
Polvosos los utensilios de cocina,
En caos las finanzas,
Champas en las aceras mojadas de orina
Transeúntes mohosos buscando algún portal
Para que el lento frío de la intemperie no los consuma,
Encendidos los focos del hambre,
Entre botellas de afilada embriaguez,
Embravecida el agua de las cunetas,
Inalcanzable el sueño de otro reino,
La esencia humana se torna más distante
Y la meditación innecesaria
Cuando en derredor,
Todo es abismo, abierto abismo de huesos,
Barranco de abruptas ansiedades,
O habitual oscuridad de golondrinas,
Ensayando su desazón.
El país se ha vuelto el principio del no ser.
Lo que fue posible aurora, hoy es
Una máquina de alfileres;
Lo que fue música, hoy es estruendo macabro.
Todo va hacia el terror; los laberintos se amplían,
La gotera de los calcetines lame al suelo:
El gris de este mundo, hilo de sombras y vejamen,
Hace irrespirable el techo y la casa.
A través de sus raíces turbias, materia corrupta,
Vivir se vuelve una aventura dentro de burbujas,
Una hazaña de pesada desesperación,
Un caminar permanente de lenguajes oscuros,
Un riel donde los trenes esparcen la noche
Y rechinan su figura de moneda herrumbrosa.
Hasta cuándo la muerte será el plato vivo
Del planeta,
O, aceptada la omnipotencia del albedrío
Como forma de vida y conciencia.
Hasta cuándo el horror será pujante pijama
Y el silencio un rosario de cansadas piernas.
Hasta cuándo la negación casi religiosa,
La familia en puzzles,
La “vida no terrena”,
Si la eternidad del alma hoy resulta increíble
En un mundo donde las pesadillas agobian
Como el terrorismo de Estado
Y las verduras escasean de húmedos ensueños.
©André Cruchaga,
Barataria, 03.09 de 2006,
Del libro: Caminos cerrados.
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viernes, 8 de febrero de 2008

Poemas de André Cruchaga traducidos al holandés

Ilustración: Joan Miró




Boceto



En el fuego de la memoria el país arde.
Allí se reflejan los antifaces de todas las semanas.
El amor como el mar pinta bocetos.
Las fotografías no son necesarias donde hay balcones,
Ni la ambigüedad es necesaria cuando levitan las sombras del invierno.
Lúgubres tambores sustituyen las palabras.
El país es una ráfaga donde se calcinan las sienes.
Como animal muero en un país caduco,
Difuso por esas viejas escopetas de las fábulas.




Schets


In het vuur van de herinnering brandt het land.
Daar worden de maskers van alle weken weerspiegeld.
De liefde schildert schetsen zoals de zee.
Men heeft geen foto’s nodig waar balkons zijn,
Noch dubbelzinnigheid wanneer de schaduwen van de winter zich verheffen.
Lugubere trommels vervangen de woorden.
Het land is een vlaag waarin de slapen verschroeid worden.
Als een dier sterf ik in een vluchtig land,
Diffuus door die oude geweren der fabels.
Traducción: Michel Krott




Marea alta en el espejo


De esta nada soy, del hondo de la tierra,
De los platos donde aúlla la nostalgia.
Cada noche los espejos asaltan las ventanas:
Dóciles sombras se abrazan en el fuego;
Ataúdes anticipan el atrio de la mañana.
La memoria muere en la suerte de los sueños.
¿Quién conmigo en este vértigo goteando sobre el muro,
Sobre la lengua desangrada de los cerrojos?
Aquí la fosa es la mía y la de otros orfebres.
No hay altares, ni sedantes para seducir la ternura.
Todo es transitivo: la carne viva, la carne del paladar.
A ratos el incienso de los gritos espanta;
Espanta el chubasco del descenso y el pájaro final de las trompetas.
Ya para caer, infalible, ríen de par en par
Las sales pesadas del concreto, las campanas solemnes,
Y la ausencia que uno deja en otros hombros
Para repetirse como las fechas en otras humedades placentarias.




Hoogwater in de spiegel


Uit dit niets kwam ik voort, uit het diepst van de aarde,
Uit de schalen waarin het heimwee jankt.
’s Nachts bestormen spiegels de ramen:
Volgzame schaduwen omhelzen elkaar in het vuur;
Doodskisten vervroegen het atrium van de ochtend.
De herinnering sterft in gedroomd geluk.
Wie volgt me in deze duizeling druipend van de muur,
Van de bloedeloze tong der grendels?
Deze groeve behoort aan mij en andere edelsmeden.
Geen altaar, noch pijnstillers om tederheid te verlokken.
Alles is transitief: het levende vlees, het vlees van het gehemelte.
Af en toe jaagt de wierook der kreten angst aan,
Verschrikt me de stortbui der afdaling en de laatste vogel der trompetten.
Klaar om te vallen, onfeilbaar, lachen wijd open
De zware zouten van het beton, de plechtige klokken,
En de afwezigheid die men op andere schouders laadt
Om terug te keren zoals dagen in andere placentavochten.
Traducción: Michel Krott
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domingo, 3 de febrero de 2008

Claroscuro_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Joan Miró






Claroscuro





Los claroscuros tejen redes infinitas
Con un lenguaje transfigurado en sombras;
Ellos quitan la sobreluz, esa extraña
Tapia de hormigas en las ventanas,
—pero también congrega fragmentos
De un balbuceo articulado de pájaros:
Cortejo de fósiles en los hombros del hombre.
Hay pocos lugares donde la luz es plena,
Por más albura como diccionarios en las ventanas:
Los parpadeos secretos se roban las palabras,
Los papeles de las manos echan miradas
Hacia cierta afasia del paisaje humano.

De repente hay facturas que pagar a cambio del silencio:
—otra manera de ser cómplices
Para recoger la felicidad en pedazos,
Agazapado lenguaje de la niebla, mundo de reparos
E impiedad: agua huidiza de textos sin papel,
Donde las telarañas deslumbran en abundancia,
Y la risa es cada vez un cuarto oscuro
Del tamaño umbilical del viento.
Desde el sabor de su polvo apiñado en las quebradas
Paredes de la historia, los zapatos resplandecen
De anemia,
Y los puñales son más ciertos en sus siete hambrunas.
La música nocturna suelta su pelambre,
—ciega sortija goteando horas, más allá
De la mesa sorda, callosa de manos,
Dulzaina de manchas en el pañal de los ojos.

La noche se vuelve un expendio de tragaluces:
La memoria se evapora en imágenes,
Espesos brazos monosílabos
Golpean el gris del universo.

A veces pienso al mundo en este claroscuro,
Como cortina de bambúes
Sobre una insolación oscura.

Nada me hace suponer lo contrario,
Cuando la suciedad de los semáforos sofoca
Y cientos de miles cortan el oxígeno
Con su agónica animosidad.
El paisaje de lo inhumano se ha vuelto
Un juego de irónicas almohadas, sorda epidemia,
Donde la boca se convierte en mullido aparador
De ciegas luciérnagas.
Barataria, 03.02.2008.
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