lunes, 31 de marzo de 2008

Antes, nada, después humo_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Marc Chagall.





Antes nada, después, humo





“¡Fue sueño ayer; mañana será tierra!
¡Poco antes nada y poco después humo!”
Francisco de Quevedo.



Detrás de puertas y ventanas hay sueños
Hay manos piadosas alegrías angustias
Hay sin duda vuelos que se apagan con el llanto
Hay una fatiga de vivir como las hojas que caen:
Los vientos se llevan la estación donde anclamos
Pequeños íconos convierten el tiempo en ángeles
Plegarias dolientes como la adultez
Destinos que se escriben sobre la arena
Promesas convertidas en tormentas de soledad
Huellas dejando su ternura sedienta
Edades desvanecidas en los ojos tumultuosas de la piel
Nada fueron sino un lago del tránsito
Puertas y ventanas hoy asediadas por la herrumbre
Zonas donde dejó de crepitar la hoguera
Y crecen los destellos de la aridez
Mareas de murciélagos desvelados
Sal gastada por las piedras de la incertidumbre
Moho ensimismado de una existencia
Y ahora extiende su lengua de imposibles arco iris
Detrás de esa puerta y ventana el yo el nosotros
Todos los pronombres del candor que nos retratan
Nuestro mundo palidece carente de amor
Heridas que nos dejó el musgo del embeleso
Sueños huracanes inviernos huéspedes
Ríos rompiendo las aldabas y desgarrando los cabellos
Siguen habitando la órbita de los ojos
Y el más profundo follaje de la sobrevivencia
Toda la fuerza memorable se va en las sombras
Sombras que un día tuvieron vida propia
Sombras se hermanaron con la ceniza
Sombras tangibles como los pezones turgent follaje
Sombras tan posibles en el dominio de la piel
Sombras la extensión de las planicies
Sombras dejadas de ser sombras
Sino mares flotantes sobre el desvelo del sigilo
Sobre la brisa y el hondo secreto de los vitrales
Sombras dejadas de ser sombras:
La edad las convirtió en anhelos
Sombras que no fueron sombras
Y sin embargo están ahí palideciendo sin linterna
Espacio fugaz de la memoria en su destierro
Sombras irremediablemente sombras:
Ceniza ensimismada de las ruinas en las sienes…
Barataria, 13012004.
Del Libro inédito: Transparencia esperada.
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domingo, 30 de marzo de 2008

Prontuario de la inmolación_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Joan Miró.





Prontuario de la inmolación





Ahora hay ciudades oscuras
Ahora faltan ciudades blancas
Y sueños concebiblemente transparentes
Hay ríos navegables en la sangre
Aunque nuestra conciencia lo reproche
Alguien malgasta su tiempo supurando dolor
Se resiste a aprender del balasto y el venablo
A descubrir su fuego interior de jazmines
Y a cantar bajo la silueta de la luna
Sé que venimos de una atroz oscuridad
Del dolor efímero o permanente
De las aguas de los primeros fluidos siderales
Sólo falta buscar la luz y nuestro tiempo
Buscarlos nada más donde habitan las hormigas
Donde cielo y tierra forman una sola argamasa de helechos
Para profetizarnos nuestra propia fragilidad humana
Los seres humanos estamos en la tierra
Junto a las primeras aguas del milagro
Y ahí cada quien es quien
Con su vida y con su azarosa muerte
No sólo hoy nos invaden las ciudades de ladrillos
Sino también las sábanas secretas
De los sótanos y los subterráneos
El rap y el hip hop nos muerden posesivamente y nos llagan
El odio sangra y transpira como una oxidada canícula
Estallan múltiples gritos en todos los instantes
La muerte muerde nuestros zapatos
Todo está dado como un chorro de miel espesa
Para que lo adusto lo convirtamos
En un resplandor de terciopelos
El fondo de la noche se nos precipita con turgencia
Brotan como brujas las Torres de Babel
La tierra que es ventana de panes y espejos
Se nos torna de repente peor que el aguardiente
Nos queremos saciar como dioses
Y sangramos como oscuras monedas impunes
Por ello no podemos olvidar los sueños:
Incendio y rito peligrosos
Nos hacen transpirar oscuros poderes
Abrojos inminentes inhóspitas enredaderas
Templos de sal que el mar deshace
A menudo nos peleamos con nuestra conciencia
Porque forma parte de nuestra tórrida agonía
Nos queremos definir entre reflectores
De muelles desvencijados
Inventar un traje para el viento recostado sobre las piedras
Recordar el rito milenario de la inercia
O incendiar los jardines que viajan con las estaciones
Forcejeamos a diario pues con nuestra conciencia
Porque la ansiedad nos inunda de gemidos
Y tomamos como dogma las tozudas nostalgias
De un monólogo cortado con el filo de la noche
A menudo nos montamos en las ancas de los naufragios
Sin un salvavida
Y nos olvidamos que somos afluentes de una misma hoguera
Aunque con distinto abandono y disímil barcaza…
Barataria, 11122003.
Del libro inédito: Transparencia esperada.
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sábado, 29 de marzo de 2008

El sueño levanta los cuerpos_Poema de André Cruchaga

Ilustración: René Magritte.





El sueño levanta los cuerpos


Dormimos con los ojos cerrados
Pero con el alma abierta
Soñamos con mares abiertos a los pájaros
Volamos como barcos con los ojos puestos
En los trastornados senos de la espuma

En esa embriaguez de sentirnos absortos
Trenzamos ilusiones
Y pintamos paisajes
Amamos la introspección de la noche
Y atamos las manos de la melancolía
Que brota de los poros
Atravesamos horizontes azules
Dialogamos con el ciego rostro de los perros
Nos sobresaltamos del sonido blanco de las campanas
Del mantel que escucha las horas
De los zapatos que de súbito se quedan sin cuerpo

Dormimos y hay pájaros espesos que nos miran
Dormimos y la habitación nos cubre de extraña pesadez
Dormimos y alguien nos muerde la memoria:
Alguien tira gaviotas fingiendo hojas
Alguien en lo inerme resbala negaciones
Alguien escucha largamente el silencio

Dormimos…

En ese torrente inaudible de mar desbocado
Pasa el día y pasa la noche
Pasan peatones y asombros
Pasan cántaros de ternura
Pasan párpados monologando con su rostro
Pasa la muchacha irreal con la cual soñamos
El malhechor el fanático
El árbol de la perplejidad
Visiblemente entre bruma y oquedad
Las ausencias que transgreden la tranquilidad
La superficie destejida de los meses
Las figuras sepias o amarillas
En medio de la trementina derretida del subconsciente

Dormimos prolongando las alas de las jugueterías
Dormimos sin saber que nuestro cuerpo se queda
Como un muelle donde se juntan barcos
Velas
Y lluvias.
Barataria, 09122003.
Del libro inédito: Transparencia esperada.
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martes, 25 de marzo de 2008

Casi desvarío_Poema de André Cruchaga

Ilustración: René Magritte.





Casi desvarío



¡Cuánta memoria arde en la luz!
¿Cuánta sombra cabe en un poema?
¿Eres tú palabra la brasa del verso,
El rostro triturado por las yemas de mis dedos?
La luna sale de mis uñas, casi húmeda
Con sus ojos blancos de papel crespón.
Los animales, allá en el horizonte, babean sombras
De sus bocas; luego lamen el viento
Hasta enternecer las pupilas.
Pero el poema sigue allí, sin que llegue a él:
Las pupilas derriten a Ícaro y no lo salva el Hombre Araña.
Sangra la vocal que dispara al verso;
Tiembla el cántaro de las sienes sobre la rosa:
Las rodillas inmóviles no alcanzan el poema.
El alfabeto empantana lo que escribo
Y es gozoso hundirse en el pantano y amanecer
Donde el sol inserta sus gritos.
¡Cuánta destrucción me das y aquí la doy al recuerdo!
Lluvia ciega. Ave Fénix el poema:
Llama del suspiro que la garganta lo escupe
Y lo transpira la piel en espectros agonizantes.
¡Cuántas lámparas y espejos en las palabras!
¡Ay de los que se pierdan y las conviertan en espadas
Y se corten a sí mismos la memoria!
Barataria, 2005
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martes, 11 de marzo de 2008

Los días_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Wassily Kandinsky.






Los días



…”los pescadores sostienen flores
Entre las ventanas del océano”…
Bob Dylan



Aves chorreando Espejos fragmentados
Fantasmas de fuego
En perpetua agonía
Fuerzas ocultas Mordiendo el sollozo
El océano silencioso Salado de las lágrimas
Los días Bajo una bandera de sangre
Fervorosamente abriendo
Las ventanas Mordiendo el cuerpo
Las golosinas de los poros
Van recibiendo nombres Según la fantasía
El momento de pasión O de locura
Los días al compás de un reloj vacío
Un grito Alegrías Letreros implacables
Luces que desordenan los sueños
Luciérnagas en las pupilas
Buches de neblina vacilante Los días
Armarios de sombras
Aguas ácidas que aprietan los huesos
Lenguas obscenas
Donde agonizan los brazos
Y se despojan las semillas
De su misterio de volátil Pulsación
Extraña sin embargo Abierta a la memoria
Y al fuego innegable de la alineación Los días
También fantasmas Monedas rotas en el bolsillo
Surcos donde cabe la furia De los dedos
Y los puños rompen las entrañas

Ráfagas de las estrellas
Que de seguro nadie ha visto
Ni lee en el filo del viento
Ni oye el sonido Monocorde de las baldosas

Los días Largos ríos donde se camina
Sin llegar a Roma Baños Reflectores
Árboles con la basura del roció en su copa
Cuerpos fatigados que perdieron Su transparencia

Los días Gran conquista del infinito
Satélites salpicados por la Esperanza.
El Salvador, 10.IX de 2003.
Del libro inédito: Intensa sed.
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domingo, 9 de marzo de 2008

Destellos del tacto_Poemas inéditos de André Cruchaga

Ilustración: Wassily Kandinsky.





Destellos del tacto




Siempre aspiré a que mis palabras,
las que llevo al papel,
continuasen llorando
-de pena, de felicidad, de desesperanza,
al fin, todo es lo mismo-,…
José Hierro




I
El mar resplandece en una raíz,
Sin heredar las curvas
De lo agónico,
Sin cambiar la palabra,
La colina
O el alba.

¿Quién no quisiera ser ahora
Memoria del sueño en lo verde,
En la edad del ala
O del espejo?

Por suerte, la edad marca los colores
Y el viento entreabre su vigilia.

Todo está adivinado:
La tendencia del día cayó en la noche.




II
Antes, la niebla alcanzó mis sienes;
Ahora, las nubes del eco
Deshojan mis vísceras:
El descenso de la trementina a las venas.

El día tiene identidades pueblerinas;
Ahora, las nubes del eco
Deshojan mis vísceras:
El descenso del azogue a las venas.

El día tiene identidades pueblerinas;
Substancias, pronombres, puñales,
Que se distribuyen
Con tendencia amenazante.

Obedecí, quizá, al rayo ininteligible del océano:
Mi compañía —acaso identidad de mí mismo—,
Se deshila en la obediencia de la agonía.




III
¿Quién sabe qué es el sueño?

El sueño es una flauta en la memoria.
Que hiere mis sentidos; y, el tiempo,
Ahora el tiempo llevando lo raído,
Viene a mí
Como río desembocado de mejillas.

He dormido en la noche, eso es todo:
Pájaros y caballos me acecharon.
Desde entonces soy marino
Y ando en vigilias eternizadas...

No sé. No recuerdo nada.
El hombre en su peregrinar
Es una metamorfosis:
Renovación del ala en la dimensión del entorno.

IV
No sé cómo es esta música quebrada
Que trina en los muros de lo incógnito,
Porque yo soy yo, así lo creo;
Sin embargo,
Pareciera que mudara
Un tormenta de guitarras en mis sienes.

Y no es que vengan del agua,
Del árbol, los presentimientos:
El sonido que funden mis huesos;
No. No es eso.
Mas bien, una acefalía en mi descenso,
Antigua y renovada
En la voz de mi linaje.




V
Los acentos han caído sin velocidad,
Sin entrañas,
Sin la voz del verbo hecha letra o palabra.

Y, entonces, ¡ay, entonces!
Sólo fui sonido, murmullos;
La paciencia se dilató en múltiplos,
En líquido extenso:
En el derrumbamiento de infinitas palpitaciones.

Mientras mis sienes como ala de pájaro,
Penetran en la herida,
En la flor alucinante del cuerpo.

Adentro sólo quedan roídas amapolas,
Diurnas mutilaciones del labio en la sonrisa,
Aposentos tutelares sin palabras
Y esqueletos de nocturna transparencia.




VI
Nunca he ido. Nunca he salido.
Soy el nombre del estiércol y la espiga:
El cauce donde el mundo pierde sus pecados.

Todo eso soy. Todo.
En mí maduran ojos transcurridos;
Emergen llamas de mis venas
Sin itinerario y sin memoria.
Todo eso soy. Todo.
El combate de respiraciones vacías;
Porque siendo huésped de la luz,
Transcurro en sílabas opacas:
Dolor, acaso, del cuerpo sitiado por el alma.

Ah, oscuridad que asalta el sollozo
Y el umbral de mis líneas circulares.





VII
Estoy precisando las líneas que me encarcelan.
Es preciso nacer de la ficción
Y tocarnos el paladar, los brazos, el cuerpo.
Ah, el cuerpo sólo es un recodo del verbo
O del pensamiento, de la palabra primigenia.

Por eso no enmudezco
Ante los miembros dispersos que me rodean;
Porque la palabra
Es un imperio de gozos y agonías.

No puedo, pues, agonizar en esta agonía
De formas y tropiezos;
Porque deshabitarme sería
Entrar en las horas cayendo desnudas
Y quemadas en lo vivido:
El hombre es soledad diseminada en los impulsos.

Y yo, hombre de sueños y vigilias,
Quiero el filo de una linterna
Y las raíces de la lengua en una palabra.





VIII
Esta feliz llaga de la espuma,
Remonta geologías ensombrecidas.
Y lo esperado
—Trueno que arrastra tinieblas—
Jamás estremeció al día,
La vertebralidad de las rocas
Y el descenso de lo entrañable.

El pórtico de lo virginal
Sólo es un soplo de números nupciales:
Respiración de la flor en el dolor,
De músicas oscuras.

Ya no hay sosiego.
¿Qué rebeliones asisten la ternura,
El tacto, el lecho del nombre,
De la palabra transcurrida como vela?

Todo se queda en pesebres trastornados,
En caminos imaginados...




IX
Ah, esta luz de lo oculto
Que percibo clavada en una albahaca.
¿De dónde vienes con esa lengua
De respiros en el rebaño?
De dónde, pues, que la imagen viola
Y trastorna la palabra.

Eres como el álamo. Eso es todo.
Sonrisa y exaltación de la trementina
En la metáfora de la llama.

La alalia aquí no tiene unigenitura;
Porque la vestidura viene echada
En días esotéricos,
En el sueño de las figuras y pupilas
Y en el ojo rodando en lo atmosférico.





X
El acto lanza a una a una caída congregada
De villencias y sonidos:
Acto introspectivo del origen,
Del gozo movedizo en el espacio.

Mañana, —si es que tal vez llega—,
Sabré el número configurado
En los pedernales del múltiplo que sustento.

Después, vendrán temporales silenciosos
De gracia combatida;
Después, el tacto descarnado y esparcido;
Después, sólo yo
En el atril de las fuerzas devoradas:
En la oscuridad y la luz que alimentan los impulsos.





XI
El silencio es lineal cuando la oscuridad
Se acrecienta y se esparce en el aliento:
Recodo, acaso, de aquél vocablo llamado paraíso.

Todo era y éramos. Ahora ya no somos.
Todo yacía, ahora todo yace devorado:
La fuerza agrede el dominio de lo viviente.

Ah, extinguida textura del esplendor.
Más allá de todo sosiego,
Lo doliente jaspea piedras,
Y vulnera la órbita de los secretos.
¿Será esto —de no ser luz, aceite—
Una ojiva de sólidas presencias
O un invulnerable movimiento hacia el fondo?

No es, pues, luz —aunque razonable dentro de lo humano—,
La profundidad, al parecer, tiene otras siringas.




XII
¿Quién sustenta luz interior, llama, transparencia,
En esta agua que trae música corpórea?

Estoy entre el ala y el granito:
—sustentación de movimientos desenfrenados—;
Una sonrisa de ánimos
Reviste las espigas del aire.
Y así, con este pulso de hierbabuena
En los estiajes de las manos,
El ala ejecuta su ejercicio
Hacia la desnudez de la palabra.

Ascenso, pues, es esto en el sigilo de los témpanos;
Y no una transparencia en la inclemencia del tiempo:
La cadencia del vuelo debe perpetuarse;
Porque, entonces, el relámpago
Se desfigura en los sentidos.





XIII
La espera es una piedra del delirio
Y no un pliegue en los oficios.
He ido marcando los pasos en el sobresalto,
En la espuma del tiempo
—La voluntad se oscurece en la extensión—
y la edad, mi edad zumba como una abeja
Implacable en el cristal de los vocablos.

Bien he hecho en hacer del vuelo mi trabajo;
Una tentativa de actos y compañías:
La luz es un hilo de pájaros
Que capitanea otras presencias.

La flor, —flor del tiempo y las edades—
Asume aquí, su oficio de arcángel.

XIV
El aire rastrea hierbas y raíces
En el pórtico de las albañilerías,
En la desnudez del gozo y en la edad articulada.
¿Qué densa llama es ésta que se inclina
En el pensamiento y entreabre las venas
De la contemplación sin instancias de imagen y dominio?
Hay tiempo y, sin embargo,
No he comprendido el misterio
De la flor en los poros del cuerpo y el arroyo:
El tránsito es una hoja copiosa
En la síntesis de la imaginación.
Cómo comprender, pues, esta enajenación del camino,
Del contacto que niega sus vísceras,
Si la palabra sólo espera el nombre del vacío.





XV
Henchido estoy del tiempo y las raíces.
Henchido de la historia. Y no tengo miedo.
Aunque las heridas que trae el viento
Confunden mi sangre y las horas:
(Dardo erizado en la gracia del nombre)
Por eso estoy, para buscar el ácido que vierten estas llagas
Del tiempo destructiblemente habitado;
Y por fin, la existencia del sonido crece, aumenta y recorro
La botánica del viento que mueve el tránsito.
Eso es todo.
Las gredas del agua en el umbral del grito
Y entonces, —sitiado y combatido—
En el pulso de los pedernales,
Armo mi flecha de alientos:
Discurro en el pétalo de los impulsos.

XVI
La luz se adelanta con sus pasos de profeta;
Mientras las hojas de la timidez
Elaboran su figura de oculta cintura.
Más allá de todo. Del fuego y los aposentos,
El tiempo, los ásperos meses
Quebrantan los tallos de la tierra y los sorbos del nombre.
Lo que queda —niebla y vacío—,
Extermina lo invulnerable,
Disemina la carne y empaña las sienes.
Para qué, entonces, este rostro de la flor en la memoria,
Si las cavidades del vacío me aniquilan?
Ah, los destellos del tacto,
De esta voluntad no traen viñedos.





XVII
¿Cuál es la semilla fecunda que sujeta
El vuelo de la primavera o el invierno?
He aquí, el Olimpo transmutando la brutalidad,
La lucidez del contorno
Y las órbitas de las alamedas.
Tan finos y agudos son los viñedos de la luz
Que nombres invisibles revisten lo oculto
Más allá del vocablo que gobierna
Los movimientos y las compañías.
Yo poseo —en las hojas de mi potestad—:
Álamos derramados en el color
Y en mis sienes —hojarasca del follaje—
El ritmo de un pájaro
Y la transparencia ausculta del aceite.



XVIII
Esta soledad en el pecho, trae sábanas de silencio
Y abundancia de vuelos.
Todo pasa aquí en esta fría voluntad derramada:
Una corriente de huesos adviene en el sabor,
En este sabor de la lámpara y la hoja.
¿Qué fenómeno es éste
que traspasa la hierba y los ensimismamientos?
Ah, este derrumbamiento del gozo
Transfigurado en la integridad del hálito.





XIX
La noche cae con su rumor de carne en el costado.
Todo esto es delirio, delirio inagotable
En el soplo del aliento diseminado:
Fragmentos diseminados en el caudal de la flor.
No me importa que esta voz lime la palabra anciana:
La palabra verde o la palabra fuego.
Ambas edifican la eternidad del árbol,
De la voz apresurada en la gracia.
Por eso, la altura de la noche
Tiene alas de granito en el repliegue del espacio
Y en los párpados del infinito.





XX
La luz es una puerta de vigilias
Que entraña humedades y murmullos.
¡Qué hermosa es esta calle donde sólo hay oídos y vocablos!
Donde la palabra no sólo es fuego que calcina,
Que arde, sino un espejo del bosque y las heredades.
La identidad, entonces, multiplica su memoria,
Su espacio en las entrañas del contorno.
Porque —la luz, la identidad—,
Urden la altura del pétalo, del aliento, del día,
Del contorno, aunque sea en este espacio trastornado.





XXI
Ya con La luz que adivino,
Ya con la luz de la memoria, del ascenso,
De la mágica estrella tutelar,
Encenderé el mármol de la alegría mutilada;
Porque ese contorno, este tacto,
Esta ardiente materia, no es si no el vocablo
De mí mismo que va en pos de auscultos fuegos.
Yo soy el día que encadena las horas,
La criatura en los designios de la levadura:
Una lámpara en la oscuridad de la tierra.





XXII
La voz se hace visible en el agua
Cuando lleva intacta las palabras.
Me duelen los sollozos del rayo en la herida,
Los huesos desarraigados en las sienes
Y la forma ondulante del viento que perfora mis contados.
¡Ah, forma ininteligible de las rutas!
Pareciera que todos los nombres tienen cerraduras;
Porque la risa —subterráneas raíces de la carne y la conciencia—,
Desgarran los cabellos en ráfagas oscuras.

Nota del autor: Poemas inéditos escritos hace 22 años (mayo de 1985). Estos poemas tienen un prólogo del crítico salvadoreño (fallecido) Don Luis Gallegos Valdés. Esta es la primera publicación que hago de ellos. Barataria, 09.III.08.
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domingo, 2 de marzo de 2008

Diario de un poeta VI_Poema de André Cruchaga

Ilustración: Wassily Kandinsky.
Diario de un poeta (VI)




No se puede dormir y si se duerme,
El sueño es una cárcel clavados los cerrojos.
Rafael Alberti




La historia de mi País es historia
De alfileres, rostro del grito
Y gesticulación de heridas.
El dolor ha logrado su perfección sin límites:
Nadie vice en pleno goce de sus facultades;
/ se muere sin amar.
Todo el país es noche. Noche el alba.
Noche la luz. Noche el pensamiento.
Noche la risa, doliente lágrima.
Noche el luto en las sombras del ciego.
Noche la espuma del labio reseco.
Noche la materia de la muerte
Y la deshora de este viento raudo.
Noche las semillas que germinan
Sobre las huellas de la losa
De esta tierra de extraña heredad.
Noche el alma en el esqueleto de los meses.
Noche omnipotente en la duda.
Noche de náuseas frente al crimen.
Noche fétida, de fugas hostiles…

El búho zumba cerca de los tejados…

Río de lágrimas fluyen, grises,
Como la ira del insomnio…
Rotas bajan hasta perderse en el vacío:
Íntima sal vencida en los ojos.

La historia de mi País se hizo angustia,
Soledad entera, promontorio de ceniza.
Aquí prevalece el hervor de los cipreses
Y no los brazos con su misterio de trinchera.

Este País se parece a la tristeza.

La miseria y la soledad golpean con su puño
De tumba: vivimos en un mundo
De párpados cerrados; cadáveres
Estrechan nuestros cuerpos, atracos
Y fugaces espejos de vívida blasfemia.

La esperanza se evapora fácilmente:
La descuajan las sombras
Y el granito del revólver o el cuchillo.
Los niños nacen de este huracán de crímenes,
Embisten con sus pequeñas manos,
Detonan las alarmas de los pueblos:
Son pequeños guerreros tropezando
Con la injusticia y la nada…

Este País nos hunde en su crepúsculo.

Sordas ventanas lo cubren al fondo…
Barataria, 10.05.2007
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