domingo, 8 de junio de 2008

Ser sombra o sueño_André Cruchaga

Jean Baptiste Simeon Chardin






Ser sombra o sueño




En la oscuridad de los instantes
Las palabras que sobrevuelan en los cuerpos
En la sed y el agua
En la sal del destino
Es lo mismo

Las gaviotas dejan prendidos sus ojos
En los labios
En el cansancio de la noche
Sombras y nombres
Son lo mismo:

El silencio es un imán de luces
Que nos hace ver el aliento oscuro
De las cosas
De las realidades:

Los huecos
Los residuos de la vida
Las cáscaras del firmamento
Los asilos extraños de la ciudad
Los ojos sobre los muros
Buscando la fugacidad

Morir o perderse en el cansancio
De los relojes
Es lo mismo

Uno se mira con la luz apagada del estertor
Perro cansado
Bosque con dolor a ausencia de ríos
A pájaro buscando guarida
En el pabilo de cirios amarillos
Y aunque un destello de sol
Salga de las pupilas
El vértigo del sobresalto amilana
Es lo mismo que temblar
Al borde de un desfiladero
Perder los sueños
O el cielo
Es lo mismo

Es lo mismo dar un grito de halcón
O nadar en el miedo de los peces
Desaparecer atraído por la intemperie
Espantarse del rugido de uno mismo

Ser sombra
O sueño
Es lo mismo

Cuando la tempestad asfixia
Las premoniciones
Cuando el frío tiene sed de huesos
Cuando las lágrimas gotean
En la neblina punzante de las espaldas
Cuando los atrios y los prostíbulos sangran
Cuando los dientes muerden las calles

Es lo mismo

Mirar a la ciudad desde puertas o ventanas
En ambas uno es una isla
Donde la orfandad
Quema toda vestidura

Es lo mismo…
Barataria, Octubre de 2003.
________________
Leer más de André Cruchaga en:

sábado, 7 de junio de 2008

Furias y espadas o la alegoría de Job_André Cruchaga

Ferdinand Léger





Furias y espadas o la alegoría de Job




Cada día conspiro contra la almohada
En ella busco las antípodas
Del Evangelio
Y llego a lugares sin afectaciones
Oblicuas

He tocado puertas arrastrando
Mis pasos
Atravesando umbrales

Invoco a Job en la agonía
Flamea el paladar de la sabiduría
Y la alacena
Multiplicada de la paciencia

Aquí está el escenario del justo
El drama transmutado
Del hombre
El tiempo punzante
Haciéndose ramas
Y párpados
El aliento reverberando en las retinas

El plato del apetito
Junto a la calamidad

La flor deslucida del ahogo
La erosión de los sueños
En su prueba
Desgarrada

Y sin embargo la luz
En su chispa que consuela

Un pájaro en el alba
Picoteando el césped

Río mojado el paladar

Ladrido de relámpagos
Escupiendo sobre los árboles
Job está allí madurando en frutos
Job está allí en tránsito iluminado
Tras la palabra
El signo
Y la armonía

Y aunque las lágrimas se posesionan
De las velas
Y lo aprisiona un haz
De ciega penumbra
Y el agobio se torna
“en trémulas rodillas”
Y un vaho de desdicha

La vida sigue en esa guerra
De continuas falsedades

Job sigue
Está aquí o allá

En la humedad de aposentos múltiples

En ese misterio que no conoce
De olvidos
En ese espacio extrañamente
MUNDO
En ese enigma que alumbra
El desgarramiento
En este tiempo que supura
De sombras
Y llaga la conciencia
En este tiempo de furias y espadas

En este tiempo de uñas y ermitaños
De engaños y verdugos

Y lenguas desabridas

Susurrando brebajes

En este tiempo de punzantes huracanes…
Barataria, Octubre 21 de 2003.
_____________________
Leer más de André Cruchaga en:


viernes, 6 de junio de 2008

Alegoría de las calles_André Cruchaga

Ilustración: Paisaje (André Cruchaga)






Alegoría de las calles



Transeúntes en un largo vacío
Calles cortando el horizonte
Por donde se gastan los zapatos

Calles sin retorno
Abrazadas a las rocas
De las sombras

En ellas desciende el viento
Buscando sitio
Para luego perderlas
O dejarlas caer
Al magma envejecido de los recuerdos

Calles sin horóscopos
Trizadas por las hojas
Y babeando polvo
Calles heridas y mutiladas
Sin sólidos relojes
Y lunas blancas
Calles de pronto narcotizadas
Por el odio
Y por hongos en las retinas
Sin nomenclatura
Ni museos de arte
Ni alambiques
Para destilar la memoria
Calles a menudo sin valor de Patria
Con pólvora
O un cuchillo
Sin testigos
Calles desoladas
Donde se saquean sueños
Y se beben espinas irascibles
Bacterias
Chantajes
Y de vez en cuando solo de vez en cuando
Vertiginosos misterios

Calles con campanarios de ceniza
Cristianas como nuestra América
Supurantes como los rezos
Encabritadas como las espadas
De los conquistadores

Hay en ellas
Un calvario de famélicos
Territorios
Donde los dientes ejercen de dioses
Y el sexo de meticulosa eucaristía

Calles en fin de aquí o allá
Aferradas al delirio
A la gangrena de la fe que no mueve montañas
Sino que incuba cegueras
A la paz que dan los muertos
Cuando parten a ese abismo
Sin retorno
Calles en fin
Que nos habitan
Pregonando huesos
Y amargos sonidos
Como la noche que desgaja
Con sus mordidas al destino.
Barataria, Octubre 23 de 2003.


lunes, 2 de junio de 2008

Al otro lado de la sombra_André Cruchaga

Ilustración: Joaquín Sorolla.






Al otro lado de la sombra





Al otro lado de la sombra, no la luz, sino la guadaña del tiempo:
—Espejo sin fin del vacío en los ojos; el pétalo de la utopía sangrando
En su fuego. Estatuas de sal o de ceniza que nombran los ojos.
La palabra consuma los rescoldos del fuego, la medida del filo
En los collares del veneno, en el tragaluz de la trementina, en la cábala
De los timbales, en la sonrisa siniestra de la lengua: lasciva
Certidumbre que teje la saliva en la gruta profunda de las grietas.
Atrás de los focos, persianas de baños, gallardetes, cacerolas:
Un mundo nocturno convive con el albedrío de los fantasmas.
Un mundo de sigilosas cornisas lame las criptas de los deseos
O la caverna donde los sueños se llenan de gemidos o de ceniza.
Todo es subliminal cuando los candiles apagan la herrumbre
De su dócil línea de fuego. Cuando el esplendor “muere sin nacer”,
Y los espejos quedan mudos cuando el reverso arde en hosco abismo.

Entre consignas de áspera zarza, la oscuridad se vuelve norte
De la bruma, norte de fronteras cuya sal veo reflejada en las pupilas.
El sueño sin vencidos es adviento, es arma de potente abolición.
La usura no debe caber en su misteriosa estela encendida.
No debe ser la duna breve del pabilo, ni el inequívoco rictus del arquero,
El slogan oficiante de la liturgia, sino el lecho convocado del pájaro,
La suma exacta donde los celajes consuman su designio, el aire
Sin malicia, el aire solar de los solsticios con un pedestal de brazos
Que los espejos reivindican con su húmeda transparencia…

Al paso donde la vida esgrime sus encrucijadas —su vocativa historia
De símbolos, el mundo se deshace lentamente en ceñido humo.
Noches o piedras hay en el tul de los labios, en los ríos cósmicos
De las sinfonías, en la memoria que cede al corazón, desvelados
Balcones —oscuros sigilos de una claridad ritual. Éter de voraces líneas
Dibujan el destino; la verdad como preludio de la memoria aún no desvela
Su cavidad vertical. Señuelos pululan frente a los ojos, allí donde
La raíz debería escribir páginas de cierzo y terso azogue…
Pero no es así. Para el triunfo de la luz, todavía faltan “hostiles
Certidumbres” y noches que arriar como banderas desvaídas.

Al otro lado de cualquier inventario, siempre hay “viejas nostalgias”.
Los vitrales en su premonitoria luz, urden imágenes trenzadas
Y un sudario, como la vida, de vahos e inciertos párpados.
Pero aún así entre los ahogos de la niebla, es necesario reivindicar
El territorio de los ojos y los sueños como una marea que absorbe
Las pestañas en el celofán del aire, en su habitada trama de rieles.
Será la irreversible luz del calendario la que reclame el pensamiento,
La toalla sobre los poros, el hilo del destello en la hierba sedienta,
El propio engaño saliendo de la máscara, la propia luz en escenario,
La espuma sobre la ola, —arte del mar, liviana materia del sueño.

Al otro lado de la sombra, el oscuro palpitar de los sueños,
La desnudez plena y no la luz. El inventario de la hojarasca
Y no la claridad en su pañuelo mineral.
Al otro lado de la sombra, sencillamente, otras sombras
En húmeda premonición tirando la luz “en un señuelo de espejos”.
Barataria, 25.V.2008.
________________
*Poeta y educador salvadoreño.
Leer más de André Cruchaga en:

domingo, 1 de junio de 2008

Memoria_André Cruchaga

Ilustración: Joaquín Sorolla





Memoria




Nunca olvidarás las tardes
De los treinta años.
Todas las tardes en su potro de agua.
No olvidarás el olor de los poros,
El vapor humeante de los pinos
Como una taza de café
En su plena ebullición.
Sin embargo, es probable que olvides algo.
Tal vez todo.
Ahora me vienen imágenes:
El mar dormido en la playa sin nadie,
El bosque con sus pájaros dormidos.
Algunos han olvidado el viento de la noche,
Y el espejo de las aguas.
El ahora se ha tornado en azul espeso;
La penumbra corona las sienes.
Desde alguna parte,
La música nos roba el sosiego.
Desde alguna parte,
Hay una parte en nosotros que no muere:
Los días emergían de tu voz celeste
Compañera de relámpagos verdes.
Ahora nos asiste el silencio
Como un adusto centinela:
La luna en la pared,
Luna rota de nostalgia.
El arco del tiempo acecha tu cuerpo y el mío:
¿Alguna vez brilló el júbilo en nosotros?
¿Alguna vez estallaron corceles de los poros?
El desconcierto me devuelve inminentes vitrinas:
Las últimas palabras del asombro…
©André Cruchaga
De: Estornudos
Leer más de André Cruchaga en: www.artepoetica.net