lunes, 28 de julio de 2008

Empeños obstinados_André Cruchaga

Pintura: Joan Miró_Mujer sentada.






Empeños obstinados




Muere la humanidad: hombres, mujeres, niños.
Mueren del mismo modo como troncos de árboles.
Mueren en la desolación como los perros
Pudriéndose en el silencio ardiente
Que los niega.
¿En qué firmamento la misericordia es posible?
Ahora infecunda y lejos de la tierra.
¿En qué noche vivimos despojados de todo?
El gozo de la luz es nada
Y la nada avanza con todos los grises del caos.
Ya no tienen valor las oraciones
Y los crucifijos;
Tampoco es seguro el techo y las paredes.
La vida cede ante el asedio metálico;
No se ven lápidas para conmemorar a los muertos,
Ni una fosa que almacene los cadáveres.
La guerra sigue con su graffiti de esquirlas;
Su armadura arrasa las colinas,
Hasta llegar al mar y calcinar espuma y arena.
Negro es el cuello de las nubes,
Negros los cerrojos y las pesadillas,
Negro el susurro y la luna vacilante
De las linternas,
Negro el sollozo en la espesura
Del humo de los cigarrillos.

Todo lo ahoga esta úlcera inhumana del demonio.
Aquí o allá el lenguaje parece
Un viejo neumático
Donde los murciélagos cuelgan sus alas
Cuando pierden su propio horizonte.
Aquí o allá, en el asfalto, en la tierra suelta,
Rígidos cuerpos
Como la intrascendencia de la polilla en una vasija
Donde fluye la melaza del aliento
Con su propia lengua triturada…

Aquí o allá, entre lo negro y lo blanco,
Entre lo amarillo y lo lampiño, todo es igual:
Calles sin zapatos, almas en el azogue
De la incertidumbre,
El futuro embriagado por el azar de los números,
Ciegos cómputos donde se restan las caricias
Y el horizonte tiende a ser roca,
Forma nada más de un fondo sin tacto,
Forma de esta historia donde el vértigo
Quiebra los andamios del mundo.
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viernes, 18 de julio de 2008

un Ángel entre la sed y el mar_Poema de André Cruchaga

Roque Dalton García, El Salvador.






Un Ángel entre la sed y el mar



Al poeta Roque Dalton García



Duelen los labios fuera del mar.
Leer a Marx o a Platón, por ejemplo.
Las pupilas asesinan al viento;
Mientras el alfiler de la sed levanta grúas
De dudosa frescura hasta llorar por la noche.
Puede que el agua no corra por su cauce,
Ni las aspirinas quiten el dolor de cabeza;
Puede que el destino impalpable nos recuerde,
Y salgan soles de los cadáveres;
Pero sí duelen las piezas movedizas del ajedrez.
Los ángeles terrenales piensan: abren vidas,
Y saben morir soportando el Universo.
Los ángeles de alguna manera se confunden con los locos:
No ríen aunque pinten de sed la vida,
Y griten desde las entrañas de su propio río.
Hay grandes verdades en la sal del rito,
Hay muros de granito frente a la soledad,
Y gaviotas quemadas en el horizonte.
Los peces mueren frente al eco del sarcasmo,
Y aceptamos su muerte y su risa amarga.
Aceptamos que el viento sacuda el césped y las rocas,
Y que la muerte extienda su mano de fantasma.
Hoy el enemigo lame sigilosamente las aguas
Y caza ciervos con su boca de zarza.
Cuando por fin la ternura se tornó clara,
De súbito afloró la lágrima en la “taberna”,
Y la roca del grito hizo de nuevo el llanto.
Hoy, simplemente, cruzamos la calle para morir
En ese abandono titubeante de luciérnagas.
© André Cruchaga
Barataria, 2005
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jueves, 3 de julio de 2008

Recuerdo y olvido_André Cruchaga

Antoni Tàpies






Recuerdo y olvido




“(escéptico y apasionado un deseo imperioso
de buscar el dolor y por todos lados, siempre,
un sabor de cenizas)”
Luis Cardoza y Aragón




Entre el recuerdo
Y el olvido
Hay arboledas
Que retratan al tiempo
Con gasas de neblina
Follajes que alguna vez
Fueron nombres
Espejos sobre muros
Colgados
De redes
O trizados por las manos
Hirientes de la sangre
Alguien nos habló de la inmortalidad
Con brazos de serpiente
Alguien despertó nuestra sombra
El vaho de los sueños
Las cenizas deslumbrantes
De los rostros
Alguien puso sus musgosos poros
Junto a la escarcha
De los pensamientos
Para abrir fosforescencias
Y sin embargo se hizo
Una llaga
De ciegas guitarras
Una urdimbre de insectos
Una hoguera colgada de lo lóbrego
Nadie sabe los cielos en que anduvo
Errante
Nadie conoce el vacío
En que caen los sueños
Los muertos cuando abren
Los retratos de su edad
Los viajes inciertos de las lágrimas
Las cartas sucias del olvido
El consuelo memorioso
Del recuerdo
Nunca fue el sudario que esgrimimos
Ni el rostro que se nos viene
Helada luz de espadas
Brebaje viscoso que tomamos
En el vaso engañoso de cada
Aniversario
Debajo de nuestras sábanas
El sueño se sumerge
En ríos que atraviesan
Engañosos meses
Noches vestidas de neblina
Memoria con maderos
Tiempo en globos vestido de viento
Sombras en fábulas de harapos
Llaves amargas
Como la sed de la fiebre
No hay recuerdo ni olvido que desdeñe
Paredes donde mueran voces
Ni cruces que se carguen
Siendo espejo
De un reino de helechos
No hay recuerdos sin una locura de combates
Sepultados con inmensos cuchillos
Con migajas de lágrimas
Con diluvios de huellas
No hay nostalgia
Sin amaneceres
Sin huesos que truenen cada mañana
Como la propia muerte
Que sigue siendo nuestro verdugo
Junto al rincón del recuerdo y el olvido…
Septiembre 27 de 2003.
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De: Intensa sed, inédito
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miércoles, 2 de julio de 2008

Rostro del olvido_André Cruchaga

Pintura de Antoni Tàpies



Rostro del olvido




Hay tanto que recorrer
Para lograr el olvido
Pasadizo infinito
De túneles
Y contrarios

La vida se nos va
La carencia del hoy que vivimos
Nos toca desnudar las sombras
Los cuerpos solos
En el crepúsculo
Los ojos de la noche
Ciega en sus mercenarios gestos
Mirando la vida
Desde un terraplén de ceniza

Cuando nos proponemos el olvido
Una brisa desanda rostros
Sin responder
La luz
En secreto
Va formando pequeños
Espejos
Desvaríos en la áspera lucha
Golpes remotos el rumor
De los pájaros
Entre las hojas del pecho
las sombras de los párpados en las sienes
quemando la piel de lo que somos

A veces contenemos la marcha
Para dar paso
Al tiempo que muere
Al reloj que devora fuegos
A la luz vacilante del rostro
Que convierte
Al arco iris
En grises cuerpos
En pañuelos empapados de fatigas

Uno se despoja de caminos
Y compañías
Uno se despoja
De tantas posesiones nocturnas

De lágrimas
De los ojos que arrastran sombras

El olvido es otro rostro
Acercándose a la boca
Para tejer otra edad
Y otros delirios
No menos iluminados
Que una noche ardida de centellas
Pero además
El olvido
Es un bosque que llevamos
En nuestras espaldas
Y a ratos sus sombras nos abrasan
Porque alguna vez consumió cuerpos
Y la luz que en sombra fría duele

Si queremos ver en el hueco del tiempo
Seguramente habrá latidos
Que apaguen los ojos
Y labios fatigados
Que ya no derriben muros…
Octubre 6 de 2003.
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De: Intensa sed, inédito.
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martes, 1 de julio de 2008

El muchacho de Praga_André Cruchaga

André Cruchaga, El Salvador.





El muchacho de Praga



Al poeta Rainer María Rilke



Rumor de cipreses en la poesía. Rumor, digo,
Ese eterno badajo del otoño cayendo
Más pesado que el sueño.Más adusto y fiero.
Pájaro le miro tiritando en la noche;
Gris a veces, moribundo como asustados crisantemos.
Vagan los reflejos de las cicatrices en el aire,
Mientras el tiempo arde en los girasoles.
¿Cómo arrancarle las horas, poeta?,
Esas horas enmudecidas por lo eterno:
Esas horas en un estanque de tormentas,
Esas horas donde los abedules hacen temblar la primavera.
¿Cómo comprender la vida? ¿Para qué?
Hay que dejarla ligera como el pájaro,
Yendo por el camino en las hojas del viento,
Yendo entre la multitud abierta al mundo.
Si, ¿para qué? Si uno es huésped de lo transitorio,
Mientras el reloj se vuelve íntimo y eterno.
La vida es grande cuando envejecen los ensueños;
Cuando el árbol no cae con sus ojos cansados,
Cuando la luna sirve de flauta
Y la alegría de bufanda.
Fuera de toda sombra muda y anatema,
El hilo indeciso de la inquietud y el recuerdo,
Picotean el poyetón de los presentimientos.
© André Cruchaga
El Salvador, 2005
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Poeta y educador salvadoreño.
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