lunes, 25 de agosto de 2008

Las calles de San Salvador_Poema de André Cruchaga

Calle de San Salvador







Las calles de San Salvador





Como hierba de gritos, como en humo
como chubasco tupidísimo
y turbio, en ascensión…
RUBÉN BONIFAZ NUÑO



Hoy son así, apretadas de transeúntes. Herméticas por más que en ellas
Transiten ríos de sueños y canastos de comida y sopor de pavimento.
Abruman las aceras con sus ojos ardientes, la brisa no renovada
/de los pavimentos,
La deriva en los afanes de las bocacalles, los sobresaltos en el laberinto
Del sudor, el sopor que confluye como viejos ventanales sin mochetas.
Todo está aquí en estas calles: los gritos, la fatiga, el abandono,
/la tormenta que envuelve la inminencia
Caminando sobre ellas, a menudo dejamos de lado el miedo y el misterio:
—Tienen una belleza cruel y un olor envolvente; en las horas crecidas
Del reloj los cuchillos nos acompañan con el sudor en la nuca, y el aire
Sin monedas en los bolsillos; cazadores anónimos colman
De noche la esperanza en el instante cuan do el sol bebe nuestros poros
O la oscuridad saca sus dientes delatores…

Con el paso del tiempo en ellas se ha perdido la inocencia. Cada vez
Son formas extrañas de pequeños bares, prostíbulos y asombros.
El abandono nos contagia con su desconfianza de alcohol y armas blancas;
Lejos está caminar sin despegarle los ojos al prójimo, renunciar
Al cansancio o a la tregua. En las esquinas seduce, el fuego, la obscenidad
De la carne y no los viejos libros apagados, con destino oscuro
Que absorben el antiguo aroma de las sombras y el traje del polvo.

Caminamos para deshacernos de los ojos del extraño. Estas calles
Nos confunden por sospechosas, por humanas que sean, por dudosas…
A veces caminamos empapados de docilidad canina; en otras, el aliento
Muerde los zapatos a cualquier precio sin renunciar a los escapularios.
El nudo del escombro se vuelve sedienta ceniza, crujido de la afrenta.
La vigilia pasa por la balanza de las espinas, dolorosa unidad del miedo
Que despunta en jardines de sal sobre las mejillas…

¿Qué nos dan estas calles pertenecientes a un reino de compulsivas
Fantasías? ¿Qué guardan estas calles sin escobas?: Viejas paredes
A la intemperie, rostros oxidados en los techos del espejo, en la penumbra
De las caricias sin un manual de almohadas apacibles, sin el quebranto
/de la memoria.
Nada reprocho a los tomates en los tragantes ni a los neumáticos en las aceras.
Esto es parte de la inmensidad de la demografía o de ese enigma que
Nos torna balbucientes criaturas, sombras hurgando las sombras
En un laberinto de aguas sin respuestas, en una claridad inadvertida.
Todo es combate en la exactitud de las veinticuatro horas; lo real
Es cada vez un reino de saliva, una reverencia al respirar en la incertidumbre.

Arden en el asfalto las rosas intangibles de las palabras íntimas.
Las personas se mueven como piezas de un ajedrez desordenado.
Es un juego contra la claridad cotidiana o el juego es, precisamente,
Volver al día hacia el sonambulismo de la noche con sus dictámenes
/de ardoroso tacto.
En estas calles de San Salvador se toca a profundad la hondura de la noche.
Aquí el teatro rapta lo inacabable, aquí la severidad y la fatiga
/nos despojan de la alegría,
De la proximidad de otro cierzo, de otro hidrante, de otro grifo
/sin absurdos estruendos…
En las horas peores uno invoca la misericordia…
Barataria, 21.VIII.2008
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sábado, 16 de agosto de 2008

Desarraigo_André Cruchaga

Salvador Dalí, España (Paranoia)






Desarraigo I



…los recuerdos me asaltan.
Unos empuñan tu mirada verde, / otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,…
ÁNGEL GONZÁLEZ



¿Cuánta vida sin abrigo cabe en la memoria? —El tiempo está lleno
De sombras y alfileres y deambula entre aguas sinuosas.
Pudimos haber sido ríos de aguas cristalinas —Pudimos, lo sé…
Trascender nuestros cuerpos en el césped y la esperma,
Regar el jardín con las aguas de la luna, subir al cielo corporalmente,
Desandar los cuerpos poco a poco hasta quemar la castidad
Y el bautismo —beber en acto de unción la hostia de tus pezones,
Olvidados de toda provisión hasta hacer sólo para los dos el mundo.

¡Cuánto dolor mío y soledad! —cuánto olvido y errores. En el sigilo
De la tarde queda el último suspiro, el sol que acaso, mañana
Será otro sobre esta tierra —sombra de mi cuerpo, dolor temprano
Perdido en el desvelo, en la limosna que brinda la esperanza.

Hoy cuento las agujas del reloj en el espejo. El pecho ciego se desvive.
La noche ha entrado hasta el último sendero donde la ceniza
Cubre el cuerpo. ¿Qué sueño sin tino sueña el corazón en silencio?
Al ver sobre el espejo quebrado, la herida se ha vuelto torrente
De sal a la deriva. Ahora concédeme tu ánfora de sombras, tus párpados
En mi cruz, tus latidos plurales cercanos al vientre, las vocales
Sin más dolor que esta encrucijada de no tener ya más palabras
Para habitar ese cuerpo cuya presencia anunciaba secretos alambiques.

Sé que ya no hay lugar para mi sombra, ni para mi torrente.
Ahora humillas la esperanza que atravesó el musgo con su jadeo
De tensada miel —ahora los nombres se agotan en el dolor de las venas.
Antes fue posible emerger del escombro y preservar la alegría;
Aún en el dolor te dispones a morder los perros de mi ansia:
—ansia que muy dentro mana gritos de campana herrumbrosa.
La distancia tal vez te hizo perder todo el ardor del polen; el mar, hoy,
Es más desnudo y se dobla en suela de los zapatos —el mundo se desvanece
En mi camino, nuestra historia, sin embargo está ahí dolorida
En su feroz hazaña: recuerdo la paz ahora que la soledad supura
Su beso hundido de tu secreto cuerpo —Eras ayer mi sueño total
Donde respiraba el guarumo de la risa y la brisa alada del estertor.

Nunca supuse en este largo itinerario que nuestras vidas terminasen
En Islas donde los amantes se destruyen sobre las paredes de la sal;
Nada importó antes. Ahora sucede que cada palabra tiene filo
De cuchillos y no la inocencia silvestre que un día atisbaron mis ojos.
Eras las luna transparente en mis pupilas —el cielo con forma de arco iris,
Mi íntima compañía de rocío, mi iluminado tabanco, el aire, la lluvia.
Algo se rompió despacio, sin saberlo. Algo en la desnudez no fui yo
El advertido sino el súbito cruzar las alambradas del desasosiego.

La noche me llena con su oscuridad dulce. En la respiración los latidos
Del frío y la soledad doliendo como una espada… Esa soledad silenciosa
Y oscura que revuelve el rostro en su propio delirio…
Barataria, 14.VIII.2008








Desarraigo II




Los espejos agonizan en sus piedras transparentes. Oscuro dormitorio
Lamiendo las llagas que las serpientes de la angustia han hecho
/en la garganta:
—una y otra vez despierto en medio de la oscuridad con tus cabellos,
Esperando que la sed haga venir la ternura y el cuerpo encuentre
El requiebro ahí donde las pupilas juegan claramente a la sonrisa.
¡Qué páramo de río recibo con furia y grito! —¿Qué vena desangró su útero
Que el asombro sencillo de la vida se tornó feroz ángel de la muerte.
Muerte es hoy este viento gris de la noche. Todos los sentidos perdieron
/su fragancia:
Hoy es otra voluntad la del aprendizaje en la deshora de la avaricia.

Ya no sé si en esta tarde de la herida o noche del desapego, eres la misma
Que creció conmigo galopando incesantemente en mi conciencia.
Ahora el tiempo nos abrasa con otros alientos y junto al frío líquido del alma,
Cobijo el desamparo con mis manos de fallido gozo. A fin de cuentas,
Siempre sentí un resuello que no era de gozo, sino de naufragio y tiniebla:
—uno se aferra, sin embargo, a creer en la inmensidad; pero ella no existe.
No hay humanidad sin que la materia sea duradera y el espíritu goce
/el sosiego necesario.

Hoy me dueles en la niebla de mis sentidos —dueles en mi fe de náufrago.
Entre este sabor de saladas cenizas, dueles en mi tiesa mirada de cadáver.
A veces el huracán de los perros me despierta o cuando el calendario gime
/en las largas trenzas de la luna;
Y paso así, lamiendo mi propio esqueleto con un olor a cementerio…
De nada me sirvió el invierno de la perseverancia, ni la fidelidad sentada
De parapléjico para aquietar el jardín de las abejas…
¿Quién nos condujo hacia este desfiladero de olvido y sombras y gemidos?
En lo infinito y pleno del día quizá nunca encontramos la simetría de la luz
De un universo que por fuerza hay que ir construyendo con el aplomo
De la sangre. —fue todo lo contrario: la ráfaga súbita, la soledad destructora
Angostando lo que bien pudo ser cierzo y terreno de prodigioso adobe.

Las palabras se te han vuelto crueles y los ojos de enojo indescifrable.
Huyes de mi cierzo y te robas la luz y también los sueños y el camino trazado.
¡Qué soledad, aquí, dentro de mi mundo! ¡Qué aguas sin andar, absortas,
A deshora por las venas de mi amanecida historia —amanecida digo,
Porque sin esperarla puso su salmuera en el tapete de la mañana:
Lo que fue calor y color humano, hoy apresurada niebla del vacío, pupila
Rota del día, sombra abisal y un espejo de acantilados…

Todo fue fugaz como un tornado arrancado de la carne. Todo fue dolor
/desde la luz primera.
Y resistimos como catedral mientras pudimos, pero pudo más la delgadez
Del entusiasmo y los matorrales a esa delicia de seguir juntos caminando
Por el sendero de la esperanza, aún a sabiendas que el camino no sólo tiene
Murmullos, sino piedras que incesantemente cierran el paso.

Y ahora pues, entre mis sábanas, el delirio de la sombra
Y la lluvia que cae sin ternura en la noche, la soledad que se prolonga
Hasta ser mi propia lápida…
Barataria, 15.VIII.2008

lunes, 11 de agosto de 2008

Los días_Poema de André Cruchaga

Salvador Dalí, España.





LOS DIAS




…”los pescadores sostienen flores
Entre las ventanas del océano”…
Bob Dylan



Aves chorreando
Espejos fragmentados
Fantasmas de fuego
En perpetua agonía
Fuerzas ocultas
Mordiendo el sollozo
El océano silencioso
Salado de las lágrimas
Los días
Bajo una bandera de sangre
Fervorosamente abriendo
Las ventanas
Mordiendo el cuerpo
Las golosinas de los poros
Van recibiendo nombres
Según la fantasía
El momento de pasión
O de locura
Los días al compás de un reloj vacío
Un grito
Alegrías
Letreros implacables
Luces que desordenan los sueños
Luciérnagas en las pupilas
Buches de neblina vacilante
Los días
Armarios de sombras
Aguas ácidas que aprietan los huesos
Lenguas obscenas
Donde agonizan los brazos
Y se despojan las semillas
De su misterio de volátil
Pulsación
Extraña sin embargo
Abierta a la memoria
Y al fuego innegable de la alineación

Los días
También fantasmas
Monedas rotas en el bolsillo
Surcos donde cabe la furia
De los dedos
Y los puños rompen las entrañas

Ráfagas de las estrellas
Que de seguro nadie ha visto
Ni lee en el filo del viento
Ni oye el sonido
Monocorde de las baldosas

Los días
Largos ríos donde se camina
Sin llegar a Roma
Baños
Reflectores
Árboles con la basura del roció en su copa
Cuerpos fatigados que perdieron
Su transparencia

Los días
Gran conquista del infinito
Satélites salpicados por la Esperanza.
Septiembre 10 de 2003.
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miércoles, 6 de agosto de 2008

Oración_Poema de André Cruchaga

Imagen tomada de El País.com de España






Oración




Perdón por los insectos
Y los pájaros que mueren a diario
La hojarasca como vigas en los ojos
La luna en el estío
El crepúsculo colgado de las ramas
Los niños barriga de lombrices
Perdón
Por los plagicidas en las burbujas de los féretros
Y los transgénicos en la sopa
Perdón por los platos que no almuerzan
Tuzas en las camas masticando la piel
Fotosíntesis de mora
En el taburete
Alfiler del hambre los pechos que ya no viven
Perdón
Perdón
Perdón
Perdón
Perdón don condón tentación
Perdón fornicación
Introvertido vértigo de advenimiento
Perdón por la risa perdida
Por el espejo que transcurre
Apuñalado en la garganta
Perdón por los célibes que se toman otro mundo
Perdón por este mundo
Que crece grotescamente en números
Perdón por la calidez del insomnio
El terror y el lento fuego de la miseria
Perdón por las palabras
Por el diccionario que reverbera de fósiles
Perdón por el bostezo de cansado reloj
Por los ojos bizcos que miran de soslayo
Por los senos que se ausentan como trenes
Por esos despueses ya no vírgenes
Por el que gime sin sábanas en el alma
Por la noche que extiende su oscuridad como embudo
Por los rostros y los cuerpos que beben la neblina
Por el demonio que se posesiona
En espiral hasta llegar a la tristeza
Por las telarañas que ciegan las ventanas
Por el que escupe cuando sale a la calle
Perdón por los amuletos de la buena suerte
Que abrigan esperanzas
Por el que duerme como póstuma estatua
Por el rojo del guiño y las rocolas y los antros
Perdón por mis zapatos sin afeites
Perdón por aspirar tanto espejismo
Perdón por mis pies que no saben de salas de belleza
Perdón por este sueño que llama a Heráclito
Perdón perdón perdón...
Barataria septiembre de 2003
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