lunes, 27 de octubre de 2008

Espejo de mí mismo_André Cruchaga

Joan Miró, España



Espejo de mí mismo_______________________


A Dina Posada,
Herencia de la luz.


Frente a la vida sí, frente a la muerte,…
Su noche se repite en un espejo negro.
JUAN LUIS PANERO




Espejo de mí mismo el verso en su laberinto, cripta del alma
Donde las pupilas lamen los efectos vacíos del fuego.
El lecho palpita sobre campanas de ceniza, sobre cuerpos
Abandonados en la tristeza o en la espina golpeando los calcañales.
Así ha sido esta vela colgando carámbanos en el espejo.
Nunca fue posible dormir sin titubeos en el lecho de los pájaros;
Nunca encontré vuelos celestes cerca de mis pestañas,
Sino distantes tragaluces como muros de tristeza en la carne.
He pasado días enteros queriendo hidratar la esperanza
Y salir de ese autismo constante de la sangre: —sonidos ásperos
Escrutando la vigilia y la noche sin sostenes por encima
De mis ojos y la almohada…
En el espejo se respiran heladas formas, intensos cuervos del tiempo,
Frío como el cine mudo de los tejados o como el moho
Guareciéndose en las vísceras, sin un tallo finito de miradas.
A menudo se descorren las pupilas sobre las ventanas:
El bosque del tiempo está ahí acunado en la incertidumbre de los sueños,
Porque éstos perdieron su inocencia cuando la piel empezó
A descifrar los vellos capilares o el jardín rojo y extraño del incendio.

Al fondo de los ríos el río del vuelo, las sábanas difíciles de las arañas,
Ese ultramar de los féretros en la conciencia, los halcones
De las hojas mordiendo el alma, el brío en los muertos deshaciéndose.
La ciudad carcomida por el humo de la indiferencia: —en los cables
Eléctricos reverbera su fiebre, el yo herido cayendo en las cunetas
Donde las aguas remueven el calendario gastado de los zapatos.
Miró en los atardeceres donde casas y edificios mueren, el cuerpo
También; menos los anillos de las sombras, los arbustos de la noche,
La respiración sin ojos en el gris del miedo: —el aire caminando solo,
Sin piel entre la dureza de un suspenso desconocido…

La luz muere en la voz transitiva de cada noche. Voces muerden
Vitrales de adustos colores; mudo el sentido golpea los puños;
Arde esta obstinada oscuridad de los líquidos, las paredes incomprensibles
De las alcobas adheridas a jadeos de insoportable sincronización.
A la piel, peces debatiéndose en los sueños: —peces en cada gota
De sudor con sensación de abismo y destellos mordidos por la neblina
De la densidad, no de la transparencia que resulta ser una bestia a la caza.
Las vísceras sangran con los espejos que las habitan.
Los miedos como la miel tienen paisajes desconocidos. —Son otros
Abismos vistos al borde del filo donde las puertas se comen
El trajín de cada intimidad que atisba los umbrales.
Así, con esta miseria semejante a la felicidad de lo despiadado,
Elevo mis plegarias a los cuadernos de las palabras, a la lluvia
Del destiempo, a la extrañeza de los ojos frente al agua aprehendiendo
Las abigarradas mariposas de las pupilas…
Así, el sombrero del arcoiris se vuelve sombra de mí mismo
Donde juega profunda mi propia humanidad con todas
Sus culpas y respiraciones…
Barataria, 24.X.2008
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martes, 21 de octubre de 2008

Soberbia_André Cruchaga

Joan Miró






__________________________Soberbia






La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado
parece grande pero no está sano.
SAN AGUSTÍN



Toma el rostro más locuaz y no se avergüenza si es gloria
O simple desfachatez de la inconciencia; libra batallas crueles:
—el espejo consuela las horas oscuras y sugestivas del tiempo
Que transcurre en reavivada llama…
El día se obstina en su ojo absurdo de no ver la cara descubierta
En las palabras que el engaño las torna en azúcares de canela.
Para calmar su sed inagotable asalta la alegría, aunque en el fondo,
No deje ser una sombra que despunta en los oscuros traspatios del sol.

Un día y otro día se pone abrigos de estrellas; alrededor
De los sueños se vuelve un océano de bruma; la lengua columpia
Escaleras gigantes, pero en sus pies hay zapatos de efímera porcelana.
Llena de ramas de agua las sienes opulentas de aire:
A veces me parece que es hija de cuervos; por dentro es otra tinta
La que llueve y canta en las vísceras. Sin embargo, está ahí,
En su buldózer de arqueados hierros, en su mesa sin manteles.
En las calles se le ve como una cascada o como un delfín azul
O como un pavo real con la cresta prolongada.

Un día y otro día traza su semblante en las esquinas, en las calles:
Es una hiena que se nutre de sueños inaudibles.
No disimula la dentadura de espuma que tiene, ni la intriga que prodiga
Esa vida de aborrecidos paraguas…
Nunca ha sido una ventana de sencillos alelíes, ni una casa
Con ventanas transparentes, sino un espacio de aviesa harina.

Inútil es en su incesante y absurda palpitación. Nada la sustenta
En su huracán porfiado, centímetro a centímetro las entrañas
Diezman el propio cristal que la contiene…
¿Qué palabra puede nombrar su barca artificial, y el gesto
De un beso torpe, su hábito de alevoso rostro, su mirar desde un edificio
De hojarascas? La soberbia transpira charcos de elevadas casas:
—siempre estuvo fría por más abrigos y música altisonante,
Siempre sacó su cuello de avestruz para agrandar su silueta.
Presencia de papel ha sido, arrogante, casi siempre ha andado
Con una sombra fugitiva; nunca ha tenido memoria,
Sólo le queda la boca para morder la sencillez de la madera.

Un día y otro día cubre con adjetivos los balcones. Es un eco
En la oscuridad de la noche, una huella primitiva.
A cada rato se pierde en el mimetismo del horizonte como un juego
De naipes: —¿Dónde comenzará su deshielo,
Esa forma hinchada de las nubes, la savia recubierta de su cabellera?
Está aquí dentro de los ramajes de la pasión.
En el fondo lleva pasos de cipreses, va patinando humo redondo,
La Osa Mayor brota de su cabalgadura, el Polo Norte es poco alfabeto
En el aleteo del cuerpo que la sostiene.
Un día y otro día los ojos se pierden en las nubes,
El oasis donde gravita devora la brea de sus manos…
Barataria, 17.X.2008
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miércoles, 1 de octubre de 2008

Tropeles en la memoria_André Cruchaga

Pintura: Joan Miró





_______________Tropeles en la memoria



Cautivo de mis muertos y mi nombre,
en muro me convierto, camino de mí mismo.
SALVADOR ESPRIU



Caballos de siniestro tropel rondan la memoria;
Lenguas de huracanes lamen las sienes —lenguas feroces
De un tiempo que hace temblar las cucharas, y avienta
Manteles de escalofrío en derredor de todas las sábanas.
Los cascos rechinan en las pupilas y entran sus chasquidos
Como destello de alfileres a la conciencia, a ese espacio
Súbito del designio, ahí donde las sombras se desnudan
Y el aliento nos cae en la espalda como afrenta.
Crujen músicas sedientas en las aceras y la dolencia
De tantos objetos viejos entre los escombros insosegados de la risa.
Alguien maquilla el desvelo con cejas de ceniza, alguien
Pasa la tormenta debajo de cornisas con nutridos ecos de madera.

Equitadores sin estupor caminan sobre la frontera corporal:
—¿buscan la unidad de la luz o la noche?
—¿Buscan la anónima angustia del sereno, la cripta posible
Donde los mártires duermen su condición humana?
Los caballos pasan desangrando sus cascos entre los árboles.
El eco es una réplica huidiza del aleteo, o acaso, de la fuga
De la que apenas cada uno habla porque es el eco de unas paredes
Sin vigas, es siempre la fuga de los tiempos sin un rosario
En las manos: la intemperie misma de jinetes sin abrigo.

No son arcángeles los que pasan lamiendo la nostalgia.
Hay grietas más profundas que las alambradas de los duendes:
—la noche ya es difunta en cofres de ceniza.
Así lo dicen los fósforos dibujados a lápiz y los ruidos de los fantasmas
Que duermen o vigilan desde ventanas arrancadas con los dientes.
—los jinetes pasan como un alambique de guitarras desordenadas;
El invierno arrecia las telarañas de la llama: ese espejo erizado
De los ayeres, el vuelo que se apaga en las puertas del celo.
Los ojos irrestañables de los relámpagos en su furia de estrujado
Cautiverio, la densidad de la canela al filo del aliento.

En la memoria los caminos se llenan de ecos: hay piedras, muros
Y opresores y respiraciones secretas de criminalidad ya inodora.
Caballos y jinetes pasan por embudos de lunas ciegas:
Sangran las tijeras de mis recuerdos frente a la desnudez de la mujer
Que pulsa en su inocente fantasía. Sangran el mar y la aurora
En su espejismo plural de desatinos. Sordas las palabras en su piltrafa
De humo, en el pudor del bosque revelado, en su cargamento
Intenso de paredes…
¿Es posible quitar el óxido de los recuerdos? ¿Es posible el amor
Sin su aserrín de fiebre convulsa sin que la luna quiebre su luz
Y el almanaque acaricie las sienes transidas de aleteos?
Jamás he podido entender los recuerdos despidiéndose de los papeles:
—en un destello la transparencia se la lleva el musgo y quedan
Los cuartos vacíos: el amor no es un lugar visible, absoluto,
Cuando la memoria consume toda respiración
Y el horizonte de repente se llena de piedras…
Caballos y jinetes habitan sombras de nostalgia, sombras
Que el tiempo conjura en laberintos…
Baratraia, 01.X.2008
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