viernes, 28 de noviembre de 2008

Aún_André Cruchaga

Joan Miró, españa






___________________Aún





Encerrado en tu sombra, en tu santa sombra,
Con el agua en las rodillas,…
JORGE EDUARDO EIELSON




Aún en el frío las palabras tiritan; y sin embargo, la trementina las derrite
En el olfato. Gotean los ojos de las hojas, gotea el mundo en la ceniza
De los dedos, gotean las piedras humedecidas del musgo, la efusión
De los panes multiplicados en las páginas de los libros o las vitrinas
Expuestas al sol. Nada resulta más patético y nocivo que las supersticiones:
Los fatalismos se venden en lonjas de pescado —sin duda es imposible
Pensar en extraños libros con campanas, o adivinar la transparencia
De los prismas en un tiempo donde la sal es irresistible y los pétalos,
Extraña transfiguración de alfileres.
—Aún así me llenas con caballos de deseos: dejo de contar los tropeles
Hambrientos de la respiración, el idioma de los cascos o la ternura
En la ventana de mi memoria.
—Aún al pensarte los recuerdos se tornan en nueva conquista y el sonido
Una metalurgia de palpitaciones. Las calles desnudan las paredes;
Las estatuas muestran su tiempo riguroso: su esencia bajo la lluvia.

—Aún los pájaros se llenan de nuestro vuelo. Y es hermoso tocar desnudos
Lo más alto del aire: volcar la piel hacia soles verdes,
Respirar en la cintura sin caer al vacío y guardar el equilibrio, ahí,
En el claustro de las pupilas. Vernos en el momento de la casa sin techo,
Y fundirr los cuerpos hasta diciembre, sin que los espejos se agoten
En las palabras. —sin que nos detengamos en las esquinas de la madera.
—Aún en ti y en mi la presencia del agua es una presencia de verbo
Y gaviotas; y si la memoria toca tu sedoso murmullo, es porque tu cuerpo
Es camino hacia el mío…

—Aún están en los míos los lazos fuertes de tus brazos: el cemento de tus pasos
En mi cama y tus manos de inquietos relámpagos: la ternura ha recogido
Tus pupilas, no hay más combates en este huracán total de siete grados.
Los durmientes de mi cama ascienden a un ferrocarril de vientos,
En cuyos vagones dos torres se alzan en medio de la sed o en la puerta
De mi garganta. Ahí estás soledad durmiendo en mi boca, atravesando
La tierra de mis pasos, ceñida a mis viejas ráfagas de ojos ciegos…
Ahí estás como el césped de las escaleras, como esa altura entera de la brisa,
Como esa llama que el viento no apaga en los dinteles de mis años,
Como ese umbral que siempre atisbo sangrando de ríos…
Aún en las noches veo tus manos y la derramada cordillera de tus muslos:
No hay más tiempo que este tiempo donde la tierra juega al alba.
No hay más tiempo para volver a los muelles,
No hay más tiempo para morder al viento,
No hay más tiempo para hacer más jóvenes a los pájaros,
No hay más tiempo para la angustia y la culpa,
No hay más tiempo para perderlo en la sombra de las piedras,
No hay más deseo que este con su lengua húmeda,
No hay más ciudad que tu cuerpo en mis ojos,
No hay más sed que este desvelo de mis pupilas,
No hay otro lugar más fantástico que las luciérnagas de tu risa,
No hay más tiempo para que jueguen conmigo los niños,
No hay más tiempo para que ardan los relámpagos,
No hay más tiempo para hacer luz de nuestros cuerpos,
No hay ojos que atraviesen las serpientes del gemido,
No hay otra luz que la luz ganada a la perseverancia,
No hay otro asombro que el asombro de nuestros espejos,
No hay otro lecho que la conspiración del sueño,
No hay otra hambre más sutil que follar debajo de la brizna,
No hay. Por eso debemos subir a las colinas del rocío: —Subir en el paraguas
Del fuego, y sellar el tiempo en tu vientre.
—Aún, según dicen, existen los milagros: y puede que en este siglo,
Todavía podamos asir ese mar profundo de dos relámpagos…
Barataria, 22.XI.2008



viernes, 21 de noviembre de 2008

Vuelo de la alianza_André Cruchaga

Joan Miró





________________Vuelo de la alianza




Hundo todos mis anhelos en el vuelo para labrar la gracia
De cada día; la piel transpira subterráneas raíces. De otro modo,
La suerte no asiste, ni es posible saber cuáles son los surtidores.
Hay una tormenta sostenida en mis manos: —esa ilusión
Que releva destino y conciencia… Uno es a fin cuentas ese cantero
Que ha aprendido a lidiar con la dureza del granito y los andenes
Y los pálpitos sublimes o no, de la vida.
¿Hasta cuándo uno transita entre la alevosía, junto a ese oleaje
De profanas paradojas? La pasión desnuda y no edifica —deshoja;
Deliberadamente corroe y carcome esa frontera de la carne y el espíritu.
Entre espinas somos ese instante de la punzada —Somos de pronto
Contrarios a las velas: el miedo y la oscuridad crecen como
Fertilizadas estelas o como espigas que revelan su credo entre la zarza.
Así no hay una grey feliz, pues en la piel se ventilan los papeles
De los sueños o se ausculta la pasión como si estuviese bajo sábanas
De henchida providencia. Pero no, en lo humano hay un eco
De porfiada resistencia y no un ejercicio de gracia promisoria:
A menudo en conciencia y memoria se instala, no la luz ni el altar,
Sino la dentellada del fuego y los líquidos incubados del veneno.

Y así queremos que nuestra respiración tenga buena memoria,
O el paraíso no sea de huidiza levadura, ni fugaz andadura del vuelo.
“El amor nunca será voluntad —decía Villamediana— sino destino”.
El sentir debe ser como la clarividencia que guíe el afán del portento
Hacia la claridad necesaria del vuelo, no a la obediente bizarría,
Ni al envalentonado ropaje de lobos y cuervos y serpientes…
Por la piel se conoce la ráfaga y el oleaje de la conciencia; por eso
Es necesario, —con persuasiva sed—, reinventar el subconsciente
Para que encuentre asilo y sea una simetría de latidos y haya gozo
Y no pasiones con esmaltes, ni destellos de alambradas, ni penitentes
Heridas que conviertan la paz en una cárcava de falsa transparencia.

Uno respira con un reloj a cuestas. Y donde puede germinar el aliento,
Lo hace la saliva desde su elemental gruta. De repente la porfía
Puede más que los manantiales; no hay un breviario para florecer,
Ni un rocío inventado para los buenos modales, sino un falaz arroyo
En el costado. De repente nos convertimos en vigías de la neblina;
Nos olvidamos de serlo de nuestro espejo: —en los rescoldos del recuerdo,
Cada quien reafirma sus atávicos vitrales, es decir, su propia ventura
O desventura según sean los candiles de su apetencia…

Cada día nos llama el sigilo de las almohadas o el Vía Crucis
De lo cotidiano. Y hay que sortear entre ser esa niebla en el espejo,
O un feliz aprendiz de orfebrería donde la voz sea la obra y no sólo eco
De instintiva ebriedad, ruido o huésped del grito…
Mientras cada quien se descubre en la desnudez de las palabras,
Cada gesto convierte en brújula su despliego.
Mientras uno no apacigua los dientes internos de la agonía,
No germina la esencia del suspiro, ni el alma se dispone a ser arroyo.
Mientras el escombro impere en la sangre como tutelar vigía,
Nadie puede ser animada rendija, ni trasiego de ventiladas germinaciones,
Sino una huraña forma de la existencia…
Barataria, 25.X.2008
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jueves, 20 de noviembre de 2008

Cuadro cotidiano

André Cruchaga, El Salvador






__________________Cuadro cotidiano




Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño del
Misterio de la superficie,…
FERNANDO PESSOA



De pronto las calles se tornan en monumentos comestibles. —las enredaderas
Se cuelgan de los muros como un graffiti de tumbas múltiples: la ciudad
Encierra estos soles negros: la zozobra se vuelve vestigio del tiempo, pero
También la desnudez de la soledad que fermenta ciertas premoniciones.
¿En dónde preservaremos el mar con sus cornisas de espuma? ¿En dónde
La brevedad no es brasa que devora, ni clímax de fuegos artificiales?
Caminamos al trasluz de efímeros ombligos;
En las aceras la cal cristaliza la memoria.
En la humedad de los recuerdos hay que lavar el olvido,
Sólo así tiene razón el rocío en las sombras.
Sólo así esta ceniza la lava el rictus de la muerte.
Arden los cascos del aire en los tragantes. —ahí los tributos a la calle son
Enormes; la oscuridad es la única que oculta esas escenas donde sólo
La miopía salva y no necesariamente los afiches con sugestivas estampas.

El cuadro cotidiano es este: la miseria aflora sus exhaustivos rostros;
La transparencia no es anillo de la lluvia, sino turbante de la historia.
Y sin embargo cada quien camina con un grano de Esperanza confiadamente.
A veces uno quisiera revivir ciertos cuentos de hadas o no leer los diarios, ni saber de direcciones ni de héroes. —Las alacenas siguen vacías,
Y las habitaciones quiebran su porcelana intransitiva.
El día queda en los guacales viejos de los andenes junto al dolor o la ira.
El hambre de la noche no tiene por ningún lado estampas nobiliarias;
En cambio los rostros acumulan el musgo de las calles con sus olores:
—algunos los envuelven en sus pañuelos y así atrapan las lágrimas
De las estrellas, es decir la fertilidad insomne de los adoquines y el tumulto
De dientes de la lluvia cuando gravita en la agonía de las verjas…

Los espejos se agachan en su húmedo aleteo. La boca de la intemperie muerde
Los dedos de los niños, los papeles gastados de las paredes no sirven ya
Para ciertos discursos ni para detener las bocas de la inocencia.
En las manos el paladar no tiene ojos, sino encajes de funesta inclemencia:
—Cada quien implora desde su espíritu y proclama a sus anchas el albedrío
A falta de palabras que amanezcan con cierzo…
—Cada quien agrega a sus grietas limonadas de hierro en sus mejillas,
Y no para refrescar los poros de la tierra, sino para convertir sus venas,
En un tragante de transitorios líquidos.
Esta es la espesura donde los ojos sudan el tiempo
Y los locos se vuelven necesariamente un equilibrio animoso.
Este es el día donde el sol le quita los paraguas a los monumentos
Y los árboles ignoran sus raíces podridas. Este día y no otro donde los pájaros
Adjetivan el grito en las aceras y el agua de las cunetas hace dóciles
Los zapatos y vuelve ciego el olfato…
Este día y no otro las banderas lamen el paisaje y muestran otras puertas
De dudosa alegría; mientras, el tedio arrecia como un cofre
Y se torna piedra en el camino…
La vida es una fragua: escucho el fuego mordiendo los fierros.
El azor transita por las calles procurando la consumación de sus garras.
Barataria, 20.XI.2008
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André Cruchaga: Nació en Chalatenango (El Salvador), en 1957. Tiene una licenciatura en Ciencias de la Educación. Además de profesor de humanidades, ha desempeñado la función de docente en Educación Básica y Superior. Parte de su obra poética ha sido traducida al francés por Danièlle Trottier y Valèrie St-Germain. Estas últimas, los libros: “El fuego atrás de la ventana”/Le feu derrière la fenêtre (inédito) y “Viajar de la ceniza”. La poetisa Miren Eukene Lizeaga, por su parte, lo ha hecho con el libro “Oscuridad sin fecha” al Idioma vasco (Euskera); y poemas sueltos, al holandés por Michel Krott. Jurado de Poesía de la XVI Bienal Literaria "José Antonio Ramos Sucre", Venezuela, junio de 2007. Buena parte de su obra se encuentra publicada en diferentes revistas electrónicas y en papel de Argentina, Chile, España, Grecia, Estados Unidos, Canadá, Colombia, México, Perú, Italia, Holanda. Ha participado en diferentes eventos literarios en su país, así también ha recibido por su obra literaria varias distinciones. Entre sus libros editados podemos mencionar además: “Alegoría de la palabra” (1992), “Visión de la muerte” (1994), “Enigma del tiempo” (1996); “Roja vigilia” (1997) “Rumor de pájaros” (2002), “Oscuridad sin fecha” (2006); “Pie en tierra” (2007), “Caminos cerrados” (México, 2008), entre otros.

jueves, 13 de noviembre de 2008

¿No es locura la cordura?-André Cruchaga

Joan Miró






________________________¿No es locura la cordura?




Seré muy breve. Vuestro noble hijo está loco; y le llamo loco,
porque (si en rigor se examina) ¿qué otra cosa es la locura,
sino estar uno enteramente loco?
POLONIO EN HAMLET,…






¿No es locura la cordura? ¿Quién lo ha dicho? Por suerte,
Vivir entre vivos es la más grande locura. Artificio quizá,
Pero la razón y los sueños me llevan al juego triste de los espejos.
Trozos de sollozos se mueven como peces, móviles susurros de agua,
Allí donde la luna grita con dientes de ceniza
Y las mariposas ahogan sus orgasmos en el lodo.
Oigo el grito último de los depredados y el ciego auxilio del aire.
Es necesario lo que pasa en los templos, en las cantinas,
En los comedores sucios, en las peluquerías tapizadas de cuerpos
Esbeltos, en los portales donde las gallinas todavía sacian
La niebla del hambre o hacen lechos de furioso olor.
Un poco de todo y los perros me rompen el corazón:
Sólo tienen una para tantos famélicos conquistadores.
Hambrientos lamen la escoria de las aceras. Ellos pasean
A oscuras y no necesitan, naturalmente, habitaciones
Para consumar su aletargado pasmo. Ellos son amos y señores
De la calle, ataviados de saliva lamen todas las posibilidades de la vida.

El cabello de los rieles, de espesa herrumbre, me causa náuseas.
Aunque los vagones tienen ventanas y se puede ver a Dios
A la distancia con un engramado camino y sin ratas:
Mi héroe al fin sobre el azul del horizonte, donde se ven
Caballitos sin smog para jugar y cantar aleluyas de memoria.
En los cerillos de los ojos el azufre no cuenta, ni el tiesto
Donde el café granulado se deshace para la artritis.
De vez en cuando las cosas no pasan así: un relámpago
Lo saca a uno de la oscuridad y la razón, un haz de luciérnagas
Muerde las sienes, los grillos levantan paredes de carcajadas.
Es entonces cuando las armas se vuelven sordas lenguas,
Parecidas a la boca de la noche en una habitación oscura.
De vez en cuando las lagartijas dictan discursos sobre las piedras,
Extraviado el discurso cae en el suelo y se pierde en el polvo
Que dejan los zapatos después de golpear el lenguaje con gangrena.
Alguna vez me creí cuerdo entre demonios. ¿Cuerdo, digo?
Me creí inútilmente cuerdo. Vanamente cuerdo. Ileso.
Seriamente cuerdo. Pero por fin, al cerrar los ojos o abrirlos,
—que para los ciegos es lo mismo—, caigo en la cuenta
De los sin sentidos, de los ecos donde pasaba los inviernos
En mi infancia: interminables ecos de una esperanza que, inocente,
Vaciaba sus espejos sedientos y los colgaba como llaveros
En las hojas de los árboles, como aroma ensimismado del aire.
Ahora es verdad el mundo y su atalaya de crueldad.
Ahora es cierta la infamia y todos sus crímenes,
Sólo ahora que establezco mi existencia junto a las hormigas.
Barataria, 19.IV.2008.

martes, 11 de noviembre de 2008

Oficio del jardín-André Cruchaga

Joan Miró






___________________Oficio del jardín



Las flores ordenadas —tulipanes, junquillos, azaleas
—miran—como en altares hacia fuera—
por los cristales morados,
para ver a las estatuas…
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ



De par en par, los jardines trasiegan el polen en respiraciones
De animados zumos; cada pétalo ahí libera sus ayunos y, en ese trance
Del destino suyo, la puerta de la imaginación en espeso viaje,
Se atreve a desnudar el olfato de las mariposas…
Desde la ventana veo en claves sutiles el cierzo que lo lame;
Luego cada hoja proclama las gotas de alegría sobre el sueño.
Claro que nadie se detiene frente a su calendario profético,
Ni a los veleros que el azúcar eleva a catedrales, ni al verde impecable
De la savia en la estación memoriosa de su oficio…
Claro que nadie ve en sus pétalos ese invierno de olores
Que sólo el olfato traduce en agenda del alma y en proteico aliento.
El sol pasa como vagones de ferrocarril: forma charcos amarillos
Sobre el juguete verde de las hojas…
¡Enorme el diván del viento sobre la alfombra de las buganvillas!

El jardín respira encumbrados pensamientos.
Llena los papeles en blanco
Del horizonte y ahí escribe, sin cabildeos ni mítines, la armonía
De un mundo con ventanas para todos…
Ese debería ser un espacio estratégico para la libertad —esa libertad
Primera de descubrirse uno mismo en mundo de muchas ansiedades.
A menudo hay que hacerse niño para entender que no es el grito
El que va de la mano con la historia, pues si así fuera, habría una sensación
De terror convocando al miedo y no a la fantasía que tiene almacenes
Luminosos y girasoles de disponibles armonías…

Para nosotros el planeta nace en cada flor.
Es luz a nuestros ojos.
Cada vez que un colibrí desemboca en sus vitrales, fluye el hilo
Ceremonial del vuelo; la sinfonía del día está ahí respirando los colores.
Aunque, desde luego, no nos demos cuenta de sus inefables dedos,
Ni abramos los balcones de nuestra conciencia,
Más allá de la propia comarca en donde la razón tiene pócimas
De perplejidad y no de armoniosas cornisas donde la neblina
Disuelve las palabras…
Desde que me percaté del oficio de los jardines, el asombro, a menudo
Intrépido, es mi alimento.
No hay jornada más gratificante,
Que el nahual perfumado de su latido…
Barataria, 25.X.2008
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miércoles, 5 de noviembre de 2008

Lázaros de este reino_André Cruchaga

Joan Miró




_____________Lázaros de este reino…


A Malcom X y Martin Luther King.




Recorrieron el desierto humano y plantaron
Su respiración en las calles, junto a las manzanas;
Entre los barrotes negros de la cárcel, sus voces,
Se oyeron sobre la nieve a ritmo de blues y tambores.
Entre vagas fisonomías, junto a fúnebres pinos,
La brisa como un huracán en las sienes,
La verdad haciéndose roca, la tierra rompiendo
El terror al futuro.
Candiles de vencidas lenguas lamen el cielo,
Ahora que sus semblantes dejaron de ser
Yertos brazos y se han tornado en semilla.
Leche de estrellas forman sinfonías, allí donde
El rocío evaporaba sutiles mejillas de vitrales siniestros.
El destino ha cambiado su telar de catacumbas;
Ahora la memoria es posible en el umbral,
O la vida se ciñe a la memoria salvando
De la hoguera, el telar rojo de la fábula.
Se alzaron sobre su propio sudor y sus heridas,
Y entre el paisaje del sollozo, la noche
Jamás pudo sacar su lengua de avieso halcón.

Hoy danzan los duraznos en la entraña del día.
Sus voces crearon cuerpos, vuelo de bocas jubilosas,
No dormidos pabilos flotando sobre andenes
De quemadas crepitaciones…
Desde Soweto, el viento sobre los tejados,
Es un pecho de ombligos y ferrocarriles,
Un espeso whisky golpeando los pulmones,
Una fila de puertas sobre las pupilas:
Ventanas goteando pájaros de sudorosa palabra,
Bocas con sed sofocando sombreros inertes,
Alas para el aliento del alba bajo lunas agonizantes.

“Yo soy Malcom X” viva llama en el aire de la Esperanza.
“Yo soy Martin Luther King”, luz como estela de fértiles espigas.

Ambos cuerpos con la caricia espesa de la sangre,
Balbucean en la memoria caracoles de sueños en todas las entrañas:
Ramas son de un cuerpo sin frío, destinos de la esencia del aire,
Para romper con la desigualdad de la noche
Y abrir los sueños cegados por antiguas pieles de ceniza.
Ahora es posible que la sed fluya, sin barrotes de herrumbre.
El tiempo no da cataratas, lo que el ojo de las cerraduras…
Hay que mirarlos cada día, para desterrar el odio
Y que un arpa abra, en vez de llaves, las puertas de la conciencia.
En los aleros que habitan sus palabras la alegría con su sombrero
Corona aquellos corazones que sembraron en el surco
Un canto de fervorosa armonía…
Ahora Malcom y Martin Luther King se han vuelto una diadema
Trocada en Esperanza, una sola boca para sacudir el misterio del arcano.
Barataria, 13.IV.2008, reescrito el 05.XI.2008