martes, 30 de diciembre de 2008

Ojos ciegos que ven al mundo_André Cruchaga

Fotografía: Donald Aguirre, USA





______________Ojos que ven al mundo




Ojos que ven al mundo. Ventanas efímeras.
Ojos del cuerpo y sin embargo, ciegos, cerrados
Como esa puerta de la soledad y el olvido.
Un día los hirió el ámbito de la luz —el tiempo
Caído del calendario, los paraguas del árbol,
La forma deshojándose del anhelo, el tallo del aire
En una noche sin espejos: —ojos ciegos al fin
Sin la eternidad de los pájaros en el paisaje.
Ojos ciegos en el arco de los sueños, tendidos
Sobre la fuga de las puertas: el horizonte
En la demencia intangible del alma. —Ojos ciegos
En esta conciencia confusa de barcos y pabilos.
El espejismo es un jardín sin agendas, pedazos
De insólita insurgencia, insólito papel en pequeños
Huecos donde el miedo o la nostalgia vacilan.
—Ojos ciegos como el agua oscura de las sombras,
El café copado por el instinto de la sangre,
Ojos inservibles pudriéndose en la puerta
Y sin embargo húmedos en el sótano de su concavidad.
Cerrados han sido por la boca del sueño, ciegos
Ríos goteando su aliento, calles donde aletea
La tortura y el tul de la espina seca y la nube
De ceniza en la mesa. —La mirada no mira el horizonte:
Estación acaso irreal, disuelta oscuridad asediada
Por el cuerpo que no cesa en su árbol de olvido.
—Ojos que ven a este mundo en decadencia
E iracundia —respira la cripta en su punzón
De cemento y piedra, respira la boca sagaz,
Gime la infancia ante la perpetua beligerancia,
Nos sacude la pólvora con su rugosa pulsión:
—¿hasta cuándo seremos muerte perpetua:
Voluntad gratificante del semen de otros, ciegos
Hombres amaestrados con panes de nitroglicerina?
¿Qué horror vivo baña el sueño, sádico, amaestrado
Espejo de un fuego de víctimas y raleados poros?
—ojos ciegos, —los míos, tuyos— en esta caverna
De fin de año donde la pólvora se extiende
En los manuscritos de la sangre. Altar
De muertos en los episodios del estiércol.
Las manos siguen cerradas frente a las ramas
Del dolor: —ojos sin cuerpo, en una cárcel sin párpados;
Sólo existe el espanto y el reflejo caníbal
De los cuchillos en su diluvio de pálpitos castrantes.
—Ojos huérfanos en cuerpos fantasmas. Ojos
Sin lágrimas de tanta lágrima derramada en ese hostal
De la saliva donde la transparencia junto al sueño
Se hacen invisibles. El nuevo año nos trae ventanas
Con gusanos y persianas de otra gran noche gimiente.
—Ojos ciegos, intransitivos, —sin jabón—
En la conciencia. Irascible futuro abriendo su hocico
Como un felino oficiante de la carroña.
—Y ya no digo más, porque el tiempo que nos viene,
Es la noche misma con sus múltiples cicatrices.

Ojos que ven al mundo. Ventanas efímeras.
—ojos en el abismo del fuego que los perfora:
Ojos ciegos…
Barataria, 30.XII.2008

viernes, 26 de diciembre de 2008

Signos_André Cruchaga

Fotografía Donald Aguirre, USA





_____________________Signos




Las horas giran en las criptas; en la garganta
El viento despeina la lengua, los molinos
De viento me asustan cuando sin armadura
Caen fatigados en el sombrero de la memoria.
Me río de tantas profecías que salen a danzar
En esta fecha y hay quien hasta vuelva oscuro
El cielo con sus vaticinios atroces:
Los meteoritos de la antigua Sumeria,
De Sodoma y Gomnorra ya no existen —ahora
Son los misiles lanzados desde el universo
Virtual los que vuelan sobre nuestras cabezas.
Uno no los puede confundir con las luciérnagas.
Para prueba tenemos los osarios en ciudades
Remotas y cientos de siglos de borrasca.
Durante años el mar se nos vendió en onzas
De espuma —una vez se partió el mar y se cumplió
La profecía, pero después la lengua volvió
A su oscurantismo en sociedades secretas.
Las flechas y los clavos hicieron lo suyo en cada
Tramo del camino: la vida espera otra alianza
De relojes —no a través del hambre y la sed,
Que ya hemos temido bastante— sino por la vía
De la luz del ojo puesta en el día…
Hay signos para anular la tormenta de la noche
Con todo y su borrasca de ceniza, con todo
Y el hierro de las llaves y las aldabas y las puertas
De antigua herrumbre y hechura.
Salidos de las aguas de la caverna, empieza
A escribirse la historia y la esperanza puesta
En los balcones del viento. —salidos del alarido
De la noche, de ir y venir buscando el destino,
Toca armar la casa con caminos de sonrisa
Y manos fuertes para que detengan el espesor
De las vigas de la casa…
Antes que el silencio vacíe sus arterias y la memoria
No sea paraje memorable y los guijarros cuelguen
De la sal de nuestros ojos, hay que caminar
Precedidos de las mañanas, ahí que descarguen
Su luz profética las pupilas y se agolpe
Responsablemente el viaje en el pecho —ese viaje
Hacia los nuevos tiempos, pues la noche no espera,
Ni la fábula del alba: el mundo se ha hecho con
Desvelos y ecos, ya es tiempo de vivirlo sin pañuelos,
Ni estatuas. La infancia del milagro empieza ahora;
Pero no colgando discursos en las vitrinas,
Ni faroles empapados de insomnio.
Un río de esqueletos nos han repartido de sobremesa;
Toca ahora quitarles su campana amarga
E instaurar sin espinas, el futuro del hermano.
Toca derrumbar la demencia y seguir en la aventura
Del camino con el viento a nuestro favor.
Así es posible la espiga en la entraña y el mundo
En todos los sentidos de los pájaros…
Barataria, 22.XII.2008

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Viaje hacia dentro_André Cruchaga

André Cruchaga, El Salvador





____________Viaje hacia dentro




En los sombreros exacerbados de los alelíes,
Hay un cielo donde se abren los espectros.
Entre el alma y los labios, los vilanos desnudan
Los senderos del calendario: —ese tiempo
Que a fin de cuentas disuelve los vacíos
Del horizonte para instaurar caminos.
A menudo los viajes no son sobre las aguas
De los mares, sino dentro de los ríos de la savia
Que están dentro de la sed.
El tiempo aguza mis sentidos sobre la tierra.
Qué limites tiene el camino de la esperanza
Para desocupar los cementerios y hacer puertos
No para llegar, sino para partir siempre hacia
La obediente luz del instinto.
Nunca fue tan puntual el peligro; —está aquí,
En el camino, en la prisa del planeta;
Están capitulando sus raíces en la emboscada,
De quienes quieren vencer con la argucia.
Ahora el horizonte es un espacio sin cuartel.
No tiene, —digo, el esplendor necesario de la luz:
Es frágil y ciego como la noche,
El día entumece en la cruz de lo perverso,
Toda profundidad es aleatoria y transitoria:
Cada día bajamos la voz ante lo incierto,
—y no hay milagros, sino ese desfiladero
Donde el suspiro cae junto a envejecidos perros.
—Y no hay milagros, cierto. Ellos duermen
Junto al último apóstol bíblico. Sólo queda,
Por si acaso, desvelar el arco iris de los balcones:
Encontrar las líneas inefables de lo humano,
Derribar las estatuas y empezar a caminar.
Cuando esto pase, el planeta tendrá
Menos odios y más recuerdos y más camas
Y menos terrores que desafíen la vida.
Nos pasamos una vida mirando y mirando
Sin embellecer los jardines ajenos ni el propio.
Nadie crece en la angustia ni en las semanas
Del otro, sino desde el íntimo viento,
Derribando las noches que laceran la interioridad
Del pensamiento.
La vida es corta, demasiado corta como para
Envenenarla: —hay que mirar hacia dentro
Y nacer. Volver a la fuente donde brotan
Las palabras, volver al otro lado de la noche
Sin que el circo haga olvidar nombres esenciales.
Nadie es día con los miedos de la noche,
Si no lee, en silencio, su propio oráculo.
Nadie florece en un cementerio, a no ser
Que haya renunciado a su propio aliento
Y decida que la magnanimidad del hálito
Se abra a un témpano de criptas…
Nadie puede curar su herida vital, —si la tiene—,
Cerrando los nidos del zodíaco
Y negándose a hablar con las sombras de la tierra.
Nadie puede ser ni encontrarse en los antifaces
Del mundo, ni en los pasillos diezmados
De la realidad cuyos platos se reparten en raciones
Desiguales de risas y ventanas,
Si huye buscando caminos tras la puerta:
La gran verdad, —si es que alguna vez la hubo—
Está en la escalera de las raíces
O en el discurso deseante de la propia respiración.
—Lo demás es la circunstancia prescindible
De lo humano, esos meandros que nos ayudan
A inventarlo todo para andar sobre las aguas.
Barataria, 21.XII.2008

domingo, 21 de diciembre de 2008

Vitral: Composición AC







_____________________Juegos al óleo




Aunque esté oscura la casa
en su interior late un corazón despierto.
ISVÁN ÁLVAREZ HERRERA




El espejo de la casa hace posibles los colores:
El agua aletea en su ebullición plena, desnuda
Los dedos de las manos hasta hacer visibles
Los secretos. En el silencio uno encuentra
Las palabras precisas para navegar en el navío
De la sangre: esa casa mía con ventanas grandes
Para ver desde dentro o fuera los contrastes
Del universo. El aire picotea las sienes, ahí,
Donde todos formamos una sóla fotografía.
Con el cierzo las mochetas se mojan de grises
Instantáneos; las estrellas gritan en busca
De otro planeta, el césped abrasa a la luna
En su cristal verde y extiende sus alas hasta
Los sueños —esos que entibian la desnudez.
Ciertos pájaros saltan sobre las baldosas
Del patio y lucen su guitarra de alelíes, mientras
El perfume suyo brama de músicas…
En los colores veo los peces de Joan Miró:
Las líneas gritan amarillos, rojos, azules:
Un río de puntos lame los suspiros, el día
Se hace en el caballo de la espátula…
En la claridad de las pupilas, las ojeras de la noche
Pasan inadvertidas; cuentan los broqueles
Donde los sombreros condecoran las hojas
Que lamen la argamasa de los sueños.
Dios enjuga con sus ojos las velas de la casa:
Los pañuelos de sus manos limpian las mejillas,
La utopía de vuelve un albor de vitrales,
La luz arde sin miedo y respira en bonanza.
La casa es la armadura contra la orfandad:
Incendio es donde el hielo se desvanece
Y el sentido de la vida se revela en su augusto
Trino: aliento donde la identidad filial desclava
Las corbatas enroscadas de la esencia.
El espejo de la casa hace posibles los colores:
Hace posible que la piedra quede fuera,
Y el respiro un acto de heroísmo absoluto.
De otro modo, la ansiedad socavaría el papiro
De luz benigna y la gracia que en ella se escribe
Con la evidente espátula del trino.
Joan Miró es gemelo de esta penitencia:
La casa más honda está en la memoria
Y en ese arraigo ileso de la conciencia.
La casa más profunda está ahí, en el horizonte
Donde el viento se incendia de trementina…
Barataria, 20.XII.2008

viernes, 19 de diciembre de 2008

Nacer de nuevo_André Cruchaga

Naciminto en las aguas. Composición de AC





___________________Nacer de nuevo



Mi espíritu quiere intentar un salto…
ROQUE DALTON



Nacer de nuevo no deja de ser una frase especulativa
—digo, más allá de lo que nos dice la dialéctica—
Con sus categorías de limones y salmuera concentrada
En el tiesto de las ciénagas. Literalmente es falso,
Aunque los tejidos del calendario se renueven en pequeños
Eslabones de desconocida fuente y fortaleza.
Vos y yo ahuyentamos los tupidos pájaros de la sonrisa;
Y en cambio acercamos un zoológico de sombras
Para convertir el camino en un gastado páramo.
Cambiamos el respiro del aire por el eco de las piedras;
Nunca nació el frescor azul del agua;
Pero emergió el tren de la arena delirante. Saltó
La saliva de las catacumbas y el desvelado aliento
De los prejuicios. El tiempo es un nudo patético
Que de repente nos desconoce en voz y manos.
Y nudos son las visiones hundidas en la alberca
Del propio espejo que los represa. Ahora toca cruzar
Los caminos de la clorofila, pero a qué precio,
Cuando más allá del pálpito sólo podemos recoger
Ceniza que nos escruta sin sabiduría.
La dialéctica es una luna en suspenso, mientras
Inasible es el remanso del aliento en la urbanidad
De los espejos: —es aquí donde la fantasía se torna
Ciega y los hechos una criba de la noche.
Es aquí donde la escritura sin estupor se hace
Necesaria y los hilos de la luz un símbolo sin fronteras.
—¿Nacer de nuevo? Tal vez después de cipreses,
Nos quede, si podemos, hacer profética la aurora
Y diáfana la constelación de ese navío que entumeció
En el bolsillo. La herida es tan grande que veo
Difícil el buen augurio. El pan se volvió frío
Y la respiración un altar de piedras. —¿Nacemos
De nuevo? No si la misma armadura nos habita,
No si es el mismo reloj el que nos dibuja
No si es el fantasmal destino sin amnistía
El que conjura con fervorosa resina en las sienes.
Cierto es que nos convertimos —tal vez sin quererlo—
En homicidas de nuestros propios sueños:
Al zaguán de la alegría le quitamos su abrigo
Y ahuyentamos la vocación de las frutas del lecho
Que nos resucita en ilusión de césped.
Y así despertamos la lava de la lluvia. Y así la ilusión
Redacta su ceniza sin fragor de campana.
—¡Nacemos de nuevo? No lo sé. Hoy somos una grieta
En el día y, quizá un laberinto de sueños,
Que gira como un tren desvencijado en el ansia.
Alguien habla de cierta alquimia, de los fantasmas
De la economía política, o del sueño presente;
Pero hay murciélagos que cuelgan de nuestra
Propia madera y eso no permite escribirle
Un acto de fe a la esperanza. Amanecemos,
Pero la boca del destino está ahí, —sin convocarla—,
Fijada en la piel de dos mundos…
Barataria, 17.XII.2008

jueves, 18 de diciembre de 2008

Paisaje con nombre_André Cruchaga

Paisaje con nombre. Composición de AC





___________________Paisaje con nombre




Estas calles de asfalto me hacen recordar
Aunque no hablen. Es un tiempo ya ido
Que los cascos de los bueyes golpean mientras
Los pensamientos como fardos van cayendo
En la carreta. Nunca hablan. Su lengua calla:
—ciega la lengua en la sed que los habita,
Ciega la noche cuando hinca en los hijares
Su caudal de límites en los ojos, cuando sólo
Es cuerpo sin respiros y sueños.
Vivir para morir no únicamente la carne,
Morir para morir es otra verdad que sofoca
Cuando el frío aquí, —riel sin durmientes,
Es un fuego de profusos vértigos.
El aliento reproduce sutiles espejismos,
Delira la forma amarga de la miseria:
La carga es pesada sin ninguna bonanza,
Lo son también los mendrugos del entresueño
Y este gemido que parece de ficción.
El arcano forcejea en la vigilia, escombros
Caminan en mi alma, el desasosiego
Con su espada habita esta bruma de las sienes.
¿Hasta cuándo esta paradoja de ansiarte
En el despojo asfixiante de la ceguera?
¿Hasta cuándo desharé esta brasa de neblina
Que en mis manos no se alza en parabienes?
Quisiera caminar en la alianza de la esperanza
Y quebrar los dientes de esta herida,
Ordenar la conciencia de la temperanza,
Y regocijarme en una hogaza de cierzo.
Pero sigo sin descifrar los acertijos del azúcar.
Aletean en las aguas los nudos del abismo
Y sudo el sol que se desgrana en mis poros.
Junto al trino hay aldabas de herrumbre,
Junto a la puerta el paisaje es el mismo,
O es el hábito que no desclava sus ráfagas
Para hacerme visible la herida en el costado.
No eres otra cosa en mis hombros, sino
La ficción a solas del cardo o la espina
Derramada en el aprendizaje de este respiro
Obseso. Cansado ya de esta oquedad sin palabras,
Anhelo los ojos de los bueyes, témpanos
De sosiego, frente al largo invierno de su vida.
Cansado ya, apelo al prisma del arco iris,
Y a la libertad que le reclama al basalto.
Cansado ya, a lo único que aspiro, ciertamente,
Es a volver a la llama del respiro sin cortejos
Funerarios, y hacer vitalicia la avidez de aprendiz.
Así está resuelto este limo de agónica cruz.
Barataria, 16.XII.2008.

martes, 16 de diciembre de 2008

Aliento de la noche_André Cruchaga

André Cruchaga, Río Columbia, Or. USA





___________________Aliento de la noche




Ya cerradas son las puertas…
Y la llave es ya perdida.
JUAN DEL ENCINA



La noche invade o devora mi memoria. La consume
En la palabra que no fue: En la palabra que nunca
Fue pronunciada. El aliento de su olvido no caduca en años.
—Es presente con albarda, arroyo de piedras eternas.
La risa se fue haciendo esa sábana de ojeras,
Sin escapar de su montaña de angustias. Ayer nada más,
Ayer, en su hora redonda era posible todavía la claridad;
Ahora la aurora sacude pócimas de ceniza:
—uno nunca termina de entender el vejamen cuando
Los zapatos se rompen y hacen perder los pasos.
Es difícil a menudo caminar sobre la lucidez; —lo es
Cuando todos los ecos fueron inútiles y la espera
Cambió las alucinaciones en vacío.
Cuando el pecho estuvo verde, la inconsistencia
Se convirtió en aullido, cuando hubo sonrisas, invocamos
El caos innecesariamente. Ahora el aliento galopa
Azotado por la acidez de los signos vitales.
Habrá un día, —pregunto, urgido de tierra y agua—
En el que vos y yo tengamos voz propia —vos y yo—
Para incitar el imán de nuestra propia tempestad
Que está ahí entre ala y herida,
Que está ahí cada vez acrecentándose en el sueño.
No sé si aún son posibles los milagros dentro
De lo trágico y lo adverso. —De verdad he perdido
Ya toda esa noción de los caminos verdaderos.
Y sólo queda entre los dientes un grito de grises
Y esta ansia fúnebre del subsuelo.
Son años de miedo y fatiga. Años de ver en el jardín,
Las contradicciones sepulcrales de los pétalos:
—vemos caer la vida en el tiesto de la indiferencia;
El caos se nos avecina como un grito de abejas,
Las ratas nos merodean el universo de la boca;
Y qué hacemos ardidos de oscuridad y en el límite
Donde los peces no encuentran la luz profunda
Para bracear en la propia sombra que los acecha:
—Antes de que solo fuéramos espectros, antes
De vernos dentro de un alfabeto muerto, fuimos
La hora del sol en las mañanas; el propio cielo benigno
Saliendo de los pájaros. Todo palpitaba en la luz sin
La reja hilarante del mundo. Hoy sobre aquellos árboles
Sin bostezo, cae la estrechez del remedo y las gotas
De dos cadáveres con náuseas.
Este ha sido el vivir, mendrugo del planeta,
—habitantes sin linternas, a los que llevan a una isla,
Sin hostias, para cauterizar tanta congoja.
La noche nos invade y ni el azar nos reconoce:
Sólo esta herida nos asiste, y así, en su fatídico vagón,
El aliento de ella nos lame la cuenca de los ojos…
Barataria, 15.XII.2008

domingo, 14 de diciembre de 2008

Irracionalidad_André Cruchaga

Marcel Duchamp





___________________Irracionalidad





Sigo. Seguir es mi única esperanza.
Seguir oyendo el ruido de mis pasos
con la fruición de un pobre lazarillo.
CLAUDIO RODRÍGUEZ




Irracionalidad tal vez, este ferrocarril en las sienes,
Subiendo y bajando como una mariposa en desuso.
Tropeles en los cascos del agua, voces caducas sobre
Moscas sin alas, al pie de lo putrefacto. Al pie
Del talpetate hosco de confusos pétalos, al pie de todo
Este calabozo de buganvillas ajadas por el sepia.
Alambradas habitan en el patio de los ojos, instantes
Que congelan el rocío y la saliva. Hay de todo, menos
Ángeles en los intervalos de diciembre, menos paz
Que haga transparente las piedras de unos brazos
Ascendiendo al aire del alma, al pesebre de indudable
Lógica. Al parecer el principio de la duda no responde:
—Tienen más preponderancia los cadáveres;
El amor es idéntico a una vajilla de porcelana:
Su piel se hizo para no soportar el tiempo, al mínimo
Trajín su esplendor termina como un rostro visto
Sobre espejos donde han pasado cascos repetidamente.
El tiempo conduce a luciérnagas sin noches. Es cierto.
Mi cara se pierde en su falaz audacia. La edad honda
Que extravió sus raíces en el ahogo de una pared
Goteando lágrimas de vocales sin sol, ni luna.
En los labios llora la canela del vejamen o el olvido:
Es igual a estar proscrito dentro de una servilleta
Empapada de salmuera. Desembarco en la oscuridad
Con unas manos sin sábanas, ni azúcar mirando la cara.
Los sueños almacenan irritadas pupilas y caballos
De súbitos tropeles y paisajes donde el miedo enhebra
Agujas y mares sin esa dimensión intacta de la espuma.
Una y otra vez el ojo no cabe en los periódicos,
Ni en los titulares que ahogan de un plumazo las pupilas:
—cada vez los cadáveres nos respiran con su túnica
De tierra, cada vez es más fácil ser camello en este
Calendario sordo donde la moral cabe únicamente
En la nevera de los porcentajes que abrigar los párpados
En una rendija del bolsillo.
Al final mi boca envejece en su propio silencio.
El amor, la vida, en los cajeros del gravamen:—El amor
En sí mismo cotizado en las fornicaciones del aire.
El amor en los cosméticos enfermos de la Bolsa;
Y yo esperando sábanas como catedrales para cubrirme
De la intemperie; yo esperando junto al agua
La ternura reluciente de las ventanas: la ciudad plena
De tu respiración, donde igualmente crecen los pájaros.
Pero aquí, la materia con ácidas cruces, los litorales
Del sobresalto, el mundo con revólveres al cuello: poco
Nos queda por hacer cuando el labio reseco patea la sangre
Y el humo flota como fuego en el cuerpo.
Vos y yo perdimos las agallas, y ese aire de espigas
Necesario para hacer un arco iris de nuestras íntimas
Ráfagas. —Ahora, cierto, nos une el despojo que deja
La palabra en los periódicos: nos deja un desierto sin camellos
Y el cactus donde florece la indiferencia del agua.
Irracionalidad, tal vez, la piedra de la noche
En nuestras lenguas doloridas —o esa porfía de querer
Dormir, huérfanos ya, en la cama de la neblina
A sabiendas de que ahí, la sonrisa perdió su órbita
Y las campanas de su propio enigma…
Barataria, 14.XII.2008

viernes, 12 de diciembre de 2008

Asombro_André Cruchaga

André Cruchaga, El Salvador.





________________Asombro




Todas las mañanas, con frío en los huesos,
Camino esta calle empedrada con olor mirto.
Es la misma calle y, sin embargo, cada día
Es diferente: es otro pañuelo fragante el que
Se divisa en el horizonte. Es otro albor del aire.
Los pájaros hechos un nido de murmullos,
Dejan las ramas para al zar su vuelo.
Yo me quedo, por un rato, alimentándome
Con su vuelo: fuerte es su plumaje, denso.
—Es como si su respiración desnudara la sangre
Que atraviesa mis venas y mis sienes.
Hay un poema real en este gajo de ventura;
La fantasía es tan poderosa como la transpiración
De Dios en estos confines donde las muchachas
Todavía son obedientes y el futuro
No es un dilema de fuegos artificiales.
De pronto los recuerdos fieles, son un
Delantal blanco en mis manos de obrero.
De pronto la calle es un camino de sutiles
Ceremonias donde el pan francés o la tortilla
Dan sensación de hambre. De pronto el humo
Del café gotea en los labios o se abre paso
En el poyetón improvisado en la calle.
En alguna esquina las palabras parecen
Interminables: cada transeúnte
Se abre a los ojos de la memoria
Y a los espejos que repiten su huidiza
Mirada. Camino y aspiro el aire de las cosas
Sencillas: el hervor de cada página, la hoja
De almendro intensamente tierna para luego
Caer como alfombra sobre la tierra.
En el polvo de la mañana se pierden
Las luciérnagas y en cambio tenemos
El canasto con verduras y la fidelidad de los perros,
Oliendo los zapatos de cada transeúnte.
Cuando el día termina su faena y la noche
Vuelve, los ángeles suben al tejado
Para resguardan los sueños que harán
Posible el trajín del siguiente día.
Todas las mañanas con frío en los huesos,
La sal de la sonrisa se vuelve suculento
Éxtasis: el aliento comparte el mantel
De las palabras y la razón, ese destino
Benevolente de confiados ventanales…
El reloj palpita en su misterio celeste, mientras
Esa calle de todos los días, es un enjambre
De alelíes luminosos
Que me hacen divagar en tembloroso vuelo…
Barataria, 12.XII.2008

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Sueños_André Cruchaga

Collage (AC)





_______________________Sueños




Me llama la sangre.
La sangre de los días de éxtasis, más acompasada que la mar.
La sangre que no olvida jamás y que me invade con su color terrible.
Que este inútil viaje de los ojos termine pronto!
ALFREDO GANGOTENA




Sujetos dolientes a veces en el aliento de su brida:
Están ahí como el aire con su propósito firme,
Así el vivir vierte las aguas de su río —conversan de lo que vendrá
O, simplemente anuncian esa historia del corazón que habla
De fríos. Sobre la propia vida hay antiguas voces o caminos
Que nuca conducirán a ninguna parte —así está escrito
En la buena costumbre de la esperanza que de repente, tampoco
Es un camino a andar, sino una vereda desandada por el bosque
De los pies. Distinto es el sueño cada día en las palabras. Distinto todo:
La ilusión se queda temprano en la garganta —no dura una mañana
Por más que camine y le gane al tedio y la tristeza su lluvia
Y sus manos de tierra…

El viento se lleva las raíces con su música. Lo acompañan ocultos
Destinos —leñadores de una tierra migratoria, espejos cambiando
Los meses en la penumbra de la semana —en la necesaria sombra
Que ocupa los pasos. Mañana estarán abiertas las cartas, la luz propia
Del día envejecido, la hora sigilosa de las vísceras colgando quizá
De la memoria o las ventanas. Los sueños son mitad de la noche
En el camino o tal vez la historia de este caminar sin concluir su cataclismo.
Esta brasa ronda el abismo: la historia personal es como la memoria
En el madero —el ruido de la luz sangra en el abismo de la brasa.

Escrito está el fuego y el invierno en los pergaminos de los poros.
El libro de la lluvia o la mano palpitante de la casa de mi infancia:
Están ahí los frágiles años del recuerdo, la calle de la memoria, digo,
Con sus solas ventanas y mi afán obseso de soñar el sueño y el destino
En las palabras. Te miro y me miras, Vida, al alzarte sobre tardes
Imprevistas. —Te miro y me miras en alguna rareza maternal de libros
Que cautivan el muro cerrado de los ojos, el puñado de rostros en la respiración.
Por un instante la ceniza borra todo el papel amarillo de las palabras:
Pronto al doblar una calle uno piensa en secretos enigmas —habitaciones
Que escuchan nuestros pasos, niños con los dedos fríos o cabezas
Que nacieron para la impaciencia con una ya larga fatiga en el rostro.

Y luego para atravesar el puerto del calendario de todos los días, cierro
Mis manos: Tantos ojos que he perdido en la escritura de los tiempos verbales.
Nunca concluí viajes ni he llegado a puertos, sólo he logrado la herrumbre
De las mudanzas, los rostros triviales de las sílabas, las manos borrosas
De las palabras en el papel china de los sentidos. Tantos ojos de escalofrío
En mis aguas: Los sueños no son más inocentes que el sabor de los jardines,
Ni la luz es más diáfana que el vaso de la noche, ni la piedra es más silenciosa
A la voz de los pájaros cuando éstos picotean puertas gastadas.
Tantos ojos que me cansé de mirar el mantel de los adioses, la sonrisa
Dibujada en el papel del Paraíso y la piedad siempre gastada como un juguete.
Tantos ojos mientras la noche con sus brazos juega secretamente
Para detenerse en mis pies hasta ser ave nocturna: —o mejor, rama
En la inclemencia sin puertas ni ventanas…
Algún sueño será pretexto para derriban celdas. Auque los sueños
No se bañan en las mismas aguas todos los días. Al final, sólo aspiro,
A esa imposible tristeza de la ropa y a que el viento deshaga
Esta silla de espera donde están los pelos de punta de la vida.
Al final, es el espejo de los sueños donde el sol fuma el rostro de la ceniza.
Y el azogue del polen empuja las alas
Hasta que los relojes laten en los párpados como el horizonte…

Barataria, 09.XII.2008

jueves, 4 de diciembre de 2008

Espejos_André Cruchaga

Collage: Juego de espejos [AC]




_________________Espejos




El tiempo se ha derrumbado/de pronto, entero:
Lo que calla el cariño
Lo habla el espejo.
HUGO LINDO




“Manantial de un río” —cuando se limpia con la franela de las manos,
Desnuda por completo el murmullo de los pensamientos, el fuego
/de las piedras
Y la madera de la cual uno está hecho. Para eso fue la transparencia:
Desnudar, desvelar las raíces que se tornan en piel y en semblante.
Ahí se ve la soledad como las piedras frente al agua, al frío roce de la sangre
Y los huesos. Al ver los ojos las puertas del pecho se abren, redondas
Desde el horizonte interior, —cuerpo con relojes desnudos, tránsito
/de la arcilla.
La noche les da frío y los vuelve nebulosos: espectros de las jaulas,
Forma vaporosa del cuerpo hundido que ocupa…

Los espejos están ahí transparentes y desnudos. Pero también nosotros somos
Ese mismo vidrio convertido en página. A veces da terror, pero es
El reflejo mismo —y no al destrozo estéril— de cuanto brilla en el semblante.
No hay espejo que se niegue a ser agua cristalina, ni cara diferente
A ser su habitada carne. Al fin es la casa misma tendida en los poros.
Todo es real o irreal según las sombras dibujando el horizonte. Nada es otra
Cosa a la vista, desde dentro. Cuerpo y alma en su propio tacto: —Nada cambian
Sino todos los días del calendario, el trajín temporal de las vigas,
La queja o el silencio de las ruinas.

Cuando miran, cuando se ven desde su líquido aliento, el árbol gime, indeciso.
Nadie sabe en la semejanza de río, qué aguas cruzan la conciencia,
Qué palabras esconden las venas, qué hilos del corazón desembocan y urden nudos
Para hacer del miedo otra vestidura, otro rostro sin vacíos encarnados.
Nadie acepta el latido de su propia palidez —esa que la tierra incendia solitaria,
Esa que siendo puerta o ventana traduce los silencios en recuerdos.

Los espejos están ahí, en todas partes, pero nosotros somos también esos
/espejos tiritantes;
No hay disfraz que valga para hacer ángeles, ni ser caricia, ni simple sueño.
En cada imagen emerge la fronda del recuerdo, lentos inviernos o las hélices
Del verano con su hojarasca de relojes, —celajes de un mar hundido
/en la concavidad de los anteojos.
Nada es diferente al ojo mismo del abismo. —abismo de la noche o del día.
Luz o sombra se delatan en el labio: —espejos de una misma herida galopante.
Sólo hay una salida para no permanecer bajo la niebla. Y esa salida única
Es no mirar ni que nos mire el ancla desbocada de los cipreses —esa porfía, digo,
De deshacer los sueños en los ríos,
Y hundirse en un verdor de sombras aparentes…

En cada estadio de las tormentas, en cada horizonte del ansia, en cada camisa
Extendida en los brazos, hay infinitos vitrales, quizá cielo de arrugas, soles
De secretos fuegos, blancos dilatados, o negros de ceguera. Por eso,
/entre espejos,
Cada quien es el suyo, cada quien al mirarlo o mirarse, está rompiendo
/su propio interior:
El espejo que es desde el subsuelo del paisaje…
Barataria, 26.VII.2008