lunes, 26 de enero de 2009

Muro-André Cruchaga

Muro-collage [AC]






___________MURO__________





El hombre lleva el peso de su gravitación
Como una piedra al cuello,…
SAINT-JOHN PERSE



Entre la sombra/ palpitante y el ventanal/ sombrío”,
El muro sin puertas y sin luz. Ni una rendija pretérita.
Ni una astilla de ocote para encender la brea y ver
El pañuelo de las nubes desde el anhelo, que también,
No deja de ser otro cielo o abismo inverosímil de ávida
Desesperación. En el armario que lo constituye,
La tiniebla presente, el grito absoluto de ser éste
O aquél, el circular hermetismo del sollozo, plana
Cerrazón del arbitrio, extraña penumbra del mundo.
Entre un muro y otro, el granito inmóvil y los jardines
Apagados, murallas cuya voluntad es la muerte
Sin estridencias. Nunca permiten ir a ninguna parte.
El mismo tacto del sufrimiento. La misma anulación.
Ahí sumido en esa lección de oscuridad plena, sólo
La muerte es posible, el ars moriendi del que se habla
En Romanos. A menudo su presencia lo torna a uno
En una lección de levedad plena, en casi lágrima
U hoja ciegas. Aquí uno añora diariamente la partida.
Porque no siendo, la incertidumbre se refracta
En cada hueso, en las vísceras, en el angosto hilo
De los sonidos. —No siendo, se es en demasía. No siendo
La masa enrolla la paciencia, la contiene en madejas
De duda. —A veces no hay salida para leer un libro,
No hay —digo— claridad, sino azogue de algas, cientos
De colillas acumuladas como efecto de un monólogo
Silencioso a punto de estallar en ese bosque de ceniza.
Me he vuelto necesario en cada sombra; ante
La inminencia del caos, este estar dentro del fin:
Ser sin arrullo, cráteres absolutos del lenguaje
Detrás de un sistemático aniquilamiento. Ser en la limosna,
En los callejones de la noche, en la hipocresía excesiva
De los sombreros, sin llaves distintas a la oscuridad.
En cada terrón de medianoche duermen los buitres.
En cada proclama o discurso, el camuflaje del Edén.
Pero aquí, entre la tiniebla, el tiempo lo desdice todo:
El disfraz de los muros se acomoda a las circunstancias,
El asesino está ahí, póstumo, presente, futuro.
Por un momento se volvió irreconocible, impreciso;
Pero nunca dejó de caminar, de estar presente…
Pero bien, aquí en la intemperie, son extraños los muros
Y las noches; jamás uno se acostumbra a su vegetativo
Sonido, a ese incierto estar sin ser, a la cobija del viento
Sin fragancia, a ser el moho rancio que cuelga de los ojos,
Al esponjado y húmedo hilo de las telarañas…
Uno pregunta a las palabras por las ramas y los senderos;
Y, aunque los setos del anhelo sean grandes,
Los muros están ahí desvaneciendo siempre la vida
Como un pabilo que se apaga en la oscuridad de la ceguera.
Barataria, 25.I.2009

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