miércoles, 11 de febrero de 2009

La noche duele con tu ausencia-André Cruchaga

FotoSYG




___La noche duele con tu ausencia___




Cómo será acostarme
en tu país de pechos tan lejano.
Ando de pobre cristo a tu recuerdo
clavado, reclavado.
JUAN GELMAN



La noche duele con tu ausencia.
La ausencia de tu fogata y abrigo:
La corriente de tus pies en mis venas,
El eco de tu voz que se ha vuelto
Calendario sin días, balcón cerrado.
Hablo con las sombras desde mi
Infancia —Tú eres otra sombra,
Febril, en las rejas que forma el granito.

La noche duele con tu ausencia.
Noche de abierta herida. Noche abisal.

La noche duele con tu ausencia.
El día duele sin tu boca, sin tus ojos.
La espera se ha vuelto metal y pesa
Su sombra en mis pupilas gastadas
Por el tul de las horas transcurridas.
El silencio muerde mi memoria.
Tanto silencio como la herrumbre en
La boca. Nada me salva, ahora, después
De tanta espera: ayer, hoy, mañana.

La noche duele con tu ausencia.
Duelen los días cargando crepúsculos.

La noche duele con tu ausencia.
Los días cansados, el sol a media asta,
La noche tiritando en la lengua,
O en la bufanda de minúsculos vilanos.
Se fue haciendo celda este aroma
De luz en el dintel de las pupilas.
La falta de ternura fue una sábana
Indecible. Toda mirada perdió su libertad;
Ahora la destrucción derrama sus manos
En un escenario de piel desvalida.

Duele esta ausencia y la soledad.
La esperanza borrada de mis huesos.

Inútil es reanudar la batalla cuando se sangra
Desvaído y tocado por el desvivirse.
Las ramas del escalofrío amanecen mojadas
Por la intemperie unánime que acecha
Y devora a dentelladas.
La sed muerde cada astilla de suspiros.
Cipreses abrazan mi agónica esperanza:
—en el aliento la espera inaugura lo oscuro;
Urde de mudez el júbilo,
Ninguna mañana abre los manteles
Del cierzo, ningún color es bosque y aire.

La noche duele con toda tu ausencia.
Ausencia de mesa, albahaca y sueños.

Día a día, no obstante, creo en los balcones.
Día a día la velocidad efímera de la dádiva:
Nunca vienes a perderte en mis manos.
El hambre se hizo profunda sobre
Manteles vacíos; desierto se hizo en los zapatos.
Ha sido una condena con grilletes:
—nunca desperté de otro ritual que no sea
Un barco anclado esperando una caricia.
El tiempo ha dispuesto tareas de olvido.
Y en ese olvido, —que niega lo imperativo—,
Algo queda para nombrar tus ojos
En el camino del pálpito…

La noche duele mientras gira el planeta.
El cielo bebe mi sed vertida;
Nada resiste a la sequía de la ceniza,
Nada es este fuego ciego sobre la llama,
Nada espero de la roca repetida en mi lengua:
Si acaso, este fervor del vértigo
Olvidándose de toda razón…

Duele el alma cuando los párpados queman
El paisaje, y la ilusión deja de ser
Ese oleaje confiado de un encendido manantial.
Barataria, 10/11.II.2009

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