jueves, 31 de diciembre de 2009

CIERTOS MANIQUÍES SONRIENDO

Toda vida pasa por la respiración subliminal
De ciertos espejos hipnóticos;
De ciertos dobles para guardar la supervivencia.
Fotografía tomada de la web









CIERTOS MANIQUÍES SONRIENDO







Una masa flotante
se mordía el pulgar en las noches de insomnio
acercándose a la apariencia humana
¿Qué ráfaga de miedo me atravesó el cerebro
cuando empezó la expulsión del paraíso?
TERESA CALDERÓN







Ciertos maniquíes sonriendo sobre las escamas frías de la nieve.
Ciertos vagones sobre la escarcha de las vitrinas.
Ciertos adioses sin conmover la boca.
Ciertas gomas de mascar como paraguas de la lengua.
Ciertos aullidos golpeando las ventanas.
Ciertas mareas como los telones de una tumba.
Ciertas fotografías deshaciendo la tinta de mis ojos.
Cierta la silla, torneada, blanca, con dos patas
Sosteniendo la cuchara incisiva de mis dientes.
Los pájaros vuelan desde la bufanda de mis manos. Patinan
Y muerden las colillas delgadas de balcones.
De cierto, el oleaje raspa los labios; castañea la piel a raudales.
[Te veo feliz aunque brame mi esperma. Soy un peatón
Sin pararrayos de madera…]

Ante algunas imágenes nos volcamos hacia el vacío.
Y hasta nos disfrazamos en el altar de éxtasis. En la otredad
De la lívido. Claro que el trompo de los ojos queda en el mismo sitio
De la locura. En ciertos banquetes de la ubicuidad.
Y sin embargo, es como el balbuceo en desbandada.
Ese sosiego inerme, baldío, sin articular u horadar el lenguaje.
En cierta forma la historia es así cuando se convierte en fósil.
Cuando por encima del hombre enrumbamos la barbarie.
Toda vida pasa por la respiración subliminal
De ciertos espejos hipnóticos;
De ciertos dobles para guardar la supervivencia.
De ciertos diccionarios para saber las pequeñas dosis de ternura
En medio de tantas palabras definitivas.

No te culpo si has llegado a la fila india de las afasias
Del sonambulismo, al césped traumático de las ortopedias.
En el mundo de hoy, lo traumático es diferenciarse.
—Así inauguramos el extravío y las paradojas. La desigualdad
De la mueca, o la textura de la niebla.
Sin embargo, no podemos proclamar el desapego a los nidos.
No podemos hundirnos en el toque de queda de la intemperie:
La escritura es resistencia. Sol ilimitado del surco.

En los días sin luz, la tierra grita. Y no es la caverna, el bálsamo
O el almizcle. La guitarra sin hormigas.
[Por ahora, nadie respira tu epidermis, ni tus axilas;
Pero la atmósfera abre su hocico de adiestrable bozal].
No quiero que seas ni ser, “el perro que acaricia la mano que lo castiga”.
Ni los domésticos zapatos de la noche,
Ni la ausencia en los momentos que la libido se vuelve magma,
Ni chicharras que sólo pedaleen un instante.
Hoy se hace necesaria una vida ejemplar: una vida donde pongás
El azúcar de tus sostenes al servicio de cámaras inteligentes…
Barataria, 27.XII.2009

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Punto de convergencia

Nunca descubrí otros límites más que la sombra de los espejos.
Hasta creo que es una virtud en medio de la espesura,
Cuando alrededor los días son manos vacías.

Autor de la fotografía: Javier Alonso Torre








Punto de convergencia








un desplazamiento o partir invisible de los cuerpos humanos
cuyo estado anatómico externo, orgánico externo
es el único estado reconocible, valorable, de todos los cuerpos.
ANTONIN ARTAUD








Entro al poyetón donde la ceniza, inefable, —en cierto modo—,
Se enreda en los nudos de mis manos.
La sombra de la escoria se parece a ciertas calles desvencijadas:
A ciertas calles con ráfagas y hormigas.
A ciertas calles húmedas de huesos, a ciertas piedras
En los sentidos, sin luz, con aire de vértigo sollozante.
A ciertos emblemas en los jeroglíficos de los lápices,
A ciertos espejos cruzando calles de locura.
De la risa gris soy fervoroso huésped. De esos afanes que reparten
La dicha en trocitos de rompecabezas.
Nunca descubrí otros límites más que la sombra de los espejos.
Hasta creo que es una virtud en medio de la espesura,
Cuando alrededor los días son manos vacías.
El ciego ve la noche en llamas y olvida las pupilas.
La mesa del tiempo sólo es un paréntesis de pájaros.
Infinitos los espacios que aun no se conocen.
—El cauce de los ojos donde se decantan los desiertos,
La identidad de ser en el cortocircuito de la luz,
La simetría de un cálido fósil en las retinas,
Las puertas desenterradas de las crines de la lluvia. El desvelo
Del rayo, pétalos incendiados de los búhos.
Entro al alarido en la forma en que se dibujan los sueños:
La lengua aprieta el taburete del vértigo. El grano de sal de los dientes.
Los suicidas siempre se confunden con las imágenes cotidianas.
Ascienden a la sombra en los viajes de la noche.
Simulan amor en la primera luz del Universo.
Convergen con el umbral de la ceniza. Desde el interior el ocaso
Los surca y no llegan al día, ni a las ramas del sueño.
La ceniza revela el fondo de la danza.
Los movimientos que el firmamento no abarca.
A menudo, frente a la espina, se quiere ser ángel, pero los harapos
Siempre desvelan el remanso o la barcaza de la historia.
Hay muchos que convergen con la hora nona del polvo.
La comida con manantiales no deja de ser temeraria, sobre todo,
Cuando la inclemencia de las paredes asfixia.
En la mansedumbre la boca se llena de sabios silencios.
Ante la piedra, hay que buscar el aliento amigable; ante el peligro
Del musgo, el libro abierto de los ojos.
Uno nunca sabe qué le depara la última tormenta
De las parábolas, los signos impares de las alas, el cero
En el infinito de las hipérboles, la ceniza tendida de los ciervos.
En la noche nos volvemos refugiados de la razón; buscamos
La linterna de las vestiduras, la hora que haga adivinar jardines,
El río aglutinado en las mariposas,
Quizá la escritura para hacer arcos con las letras del alfabeto,
Quizá la corteza de la memoria donde hemos aprendido el vuelo.
Barataria, 25.XII.2009

martes, 29 de diciembre de 2009

Paisaje de los días

Días descoloridos como la lengua cortada de la muerte,
Días inesperados en el traje gris de los cabellos,
Días polvorientos como la casa deshabitada,
Autor de la fotografía: Jose Manuel Sanchez Hernandez









Paisaje de los días







Haz que un día se sacien sobre tu flanco elástico
Esta ansiedad constante y este afán de partida.
JUANA DE IBARBOUROU

Mi eternidad es esta piedra rota.
JORGE CALVETTI






Días descoloridos como la lengua cortada de la muerte,
Días inesperados en el traje gris de los cabellos,
Días polvorientos como la casa deshabitada,
Días como los zapatos de los mendigos en las aceras,
Días quemados por los ángeles de la oscuridad,
Días fríos, habitados por el almácigo de las ventiscas,
Días sumidos en el escombro de las guitarras,
Días a contraluz en el hocico de los perros,
Días azorados por la melena del viento, despeinado cuerpo
De las cejas, del pubis en rebelión de azacuanes,
Días enterrados en los candelabros de mis libros de geografía,
Días lánguidos alrededor de la penumbra de los espejos,
Días con las vocales muertas de las cortinas,
Días sobre el hombre como cualquier bulto,
Días urgentes sin la alforja del nosotros, —sin el concierto
Necesario de las sábanas,
Días como la sal delgada de las olas, como las redes tendidas
En un diluvio,
Días hacia los troncos de la noche,
Hacia los sótanos donde prevalece la asfixia,
Días amontonados en los taburetes de la neblina, en las sienes
Agredidas por el hierro.
Días mínimos como el olvido de quien no se quiere,
Días de cascos, piedras y relinchos, días como los muros
O las nubes, como la sombra del barco en las pupilas,
Como el estupro hurgando en los caracoles, como el disparo
En la hartura del vómito, como la saliva rancia del ganado.
Días inexpugnables como el odio en las azoteas, como los vagones
Del vaho, como los cofres con hollín, como la mesa derrumbándose
De hambre, como la oscuridad de los féretros.
Días como los sueños en desorden,
Días donde es imposible inventar la aurora,
[Días sin tus labios de estricta desnudez. —Acaso sellado bosque
De lunas; acaso desvarío en el suplicio.
Días sin el mar de tus poros y ombligo. Días sin el seno nacido
De mi boca, de los peces pequeños de las estrellas.
Días sin tu carne blanca en la luz de mis manos…]
Hay mil formas para desangrar la lluvia de los tres y los barcos.
—Un día sólo seremos un largo colmillo de nubes. Con gangrena
En los pulmones y desvanecidos calcañales.
Días en el aguacero de las luciérnagas. Terrible hojarasca
Moribunda. Días resignados a la lengua cansada del paisaje.
Días al pie de las tumbas, ahogados, por los ciempiés del calendario,
Días sacudidos en el mapamundi de la espuma,
Días sin montura, con el agua al cuello de la destrucción.
Días sin la tinaja de tus brazos, —Ítaca en las trincheras del sueño,
Camino borrado del galope, sólo el eco en el tonel de los perros.
Días para sangrar y coleccionar muertos…
Barataria, 23.XII.2009

lunes, 28 de diciembre de 2009

Designio invisible

La memoria, a menudo, es ese designio invisible
De las alcancías. La húmeda ola que la bruma lame en el desvelo.
Autor de la fotografía: Antonio Santana Torres









Designio invisible








Les yeux cernés à la facon des châteaux dans leur ruine
Une bure de ravins entre elle et son dernier regard
PAUL ÉLUARD






La memoria, a menudo, es ese designio invisible
De las alcancías. La húmeda ola que la bruma lame en el desvelo.
Tanta, rompe los diques de las raíces,
El ritmo de la sed,
Los señuelos constantes del vuelo en los grises.
El viento anticipa ciertas certezas inmutables. El metal del vuelo
Sin preludios, el ritual de la sal en los pájaros de los ijares.
En la sombra la caligrafía del tiempo se vuelve borrosa.
Siempre los designios terminan siendo abigarradas colmenas.
Donde las ecuaciones alcanzan lo inexpugnable.
Puedo escuchar el tintineo ebrio de las monedas en los atrios
Donde sobran las culpas y los guacales lavan los pies.
Puedo beber el agua de la sed y limpiar el pozo de los cardos.
Puedo caminar siglos sin desgastar los adoquines.
Arrastrar las sandalias hasta subir la última escalera quemada
Del pulso, —las páginas útiles para las palabras,
Ese camino que traspasa las cortinas del cansancio,
El sudor de invierno hurgando los rincones inciertos de la garganta.
Cada minuto del día se torna erosivo.
Uno aprende de los párpados cerrados. Quizá del adobe
Caótico sostenido por la naturaleza abandonada.
Alguna puerta se abre con el trance del aliento: —el pasto inundado
De grillos, el jabón sofocante en las narices.
De pronto la sal en los atriles de la herida. Las ceremonias
De iniciación sobre tormenta de bagres.
Los racimos del escalofrío como el agua temblorosa que baña
A las gallinas;
La lejanía que siempre me parece una pintura de Modigliani.
O una historia de las que acostumbraba pintar Picasso.
Así deshilo las begonias del designio.
Por supuesto, no sé si habrá sol cuando desvele las telarañas.
Cuando la sed rompa el hilo umbilical del invierno,
Cuando el trabajo de escribir rompa la carcoma de los barcos.
Salvo la palabra cotidiana de los pétalos, salvo los listones del arco iris,
Lo demás es predio baldío,
Foco doméstico como la niebla de los zancudos,
O simplemente libros evaporándose en el cloroformo.
El destino a menudo es una puerta de sombras sin rendijas.
Un polvorín de inestables proezas,
Un Corazón de Jesús al que se le implora días claros.
Lo cierto es que nadie llega ni acierta a las verdades inefables.
Salvo que la utopía se desvele en la almohada.
Salvo que los arcanos profeticen la fantasía del misterio.
Salvo que las luciérnagas hagan su trabajo de limpieza,
Y la aurora se convierta en huésped de las sienes…
Barataria, 22.XII.2009.

viernes, 25 de diciembre de 2009

sobre el césped

Sobre el césped, la herida del tiempo. El vacío de la nubes
Boca abajo, el poema rojo en el cuello de las palabras...

Autor de la fotografía: José Fernando García Granados










Sobre el césped








Un dolor me recorre tenazmente,
un dolor que está siempre, agazapado,
por saltar, desde adentro.
JULIA PRILUTZKY

el hábito que me dicta todo o nada
casi me arrastra a las estepas…
ALEXANDR PUSHKIN







Sobre el césped, la herida del tiempo. El vacío de la nubes
Boca abajo, el poema rojo en el cuello de las palabras.
Contra todo pronóstico las fotografías desembocan en recuerdos.
—Aquellos labios de tierra se los llevó la corriente del río.
Se los llevó la ventisca del frío, la puerta anclada de las cejas,
La torpeza para abrir las manos indecisas.
Ahora hay más preguntas o noches en los poros del cuerpo:
Las colillas cortadas en la comisura de los labios,
El hollín amarillo de los candiles, la hojarasca del tabanco,
Trenes masticando durmientes indefinidos.
Nadie discute la soledad de los inviernos. El rumbo de uno
En los charcos de las horas, el cansancio atroz de los jardines.
En fin, la soledad es una lluvia sin paraguas y abrigos.
En fin, duele la música cuando golpea los pómulos.
Siempre la verdad se parece a las habitaciones con ventanas.
[Nosotros ya no tenemos papel para escribir sin bostezos
En la almohada más allá de la hojarasca;
Huimos de las fotografías serias de las calles. —Acordate de la razón
De los latidos. De las bodegas de barcos en las raíces,
De los adjetivos y fechas en las paredes, del eco tormentoso
De los poros, de los ceniceros consumidos en la conciencia].
En medio de los lupanares me consume la noche. El antiguo
Futuro de los remordimientos, la piel de la niebla en mis orgasmos.
En ausencia de la luz, la noche en la almohada tiene más certezas.
Hay momentos que duele hasta la sonrisa. El ajo socarrón
De las cábalas, la cebolla detenida en las manos. Los escaparates
Abandonados de la respiración. Duele el aliento y el hálito.
Duele, incluso, la intimidad no disponible en los televisores.
Duelen las uñas de las calles haciendo cicatrices en las paredes.
Duele esta sensación de felicidad a medias. Las poluciones
Nocturnos en los toldos del deseo, el entrecejo roto de las plumas,
Los pasos largos de las hojas viajando en caravanas,
Las campanas sin oídos para recordar barcos, esa bisutería
En las vitrinas, la nube malhumorada de escarchas.
[Un día, sin embargo, saldremos al balcón del arco iris, en medio
De la ventisca de los faroles. Y sobre la piel, poros de luz,
Estrellas con sus cascos infinitos, caminos sobre mariposas
De azúcar, labios devolviendo los espejos de la canela]
Sobre las aceras muero arrastrando la lengua del frío. Nada es
El cemento si tapa puertas y balcones. El abismo es cierto
Sin las paredes del calendario. Hay cementerios naciendo cada día.
Cadáveres estremeciendo las esquinas, jardines del tamaño
De la mostaza, abrazos sin descorrer el Universo.
Nosotros, perros previsibles sin proezas. Nosotros en el diluvio
De los clavos y la madera. Alfabeto de alfileres. Susurro de fetiches.
Nosotros, proscritos al ala. En trance, sin ungüentos, hacia la noche.
Nosotros, —vos y yo—, manos desertoras al equilibrio,
A la revelación de la cama y la mesa…
Barataria, 22.XII.2009

jueves, 24 de diciembre de 2009

En resum- poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

Autor de la fotografía: Sergio García



En resum
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó





Me he puesto a pensar en pasado mañana
y era como una tranquilidad, como un puente
bien tendido del mostrador hacia delante.
JULIO CORTÁZAR [Las armas secretas]





Jo no vull un cor petrificat. No un cor artificial.
No vull l’asil ni el crit de la febre. No vull el silenci
Ni l’almoina. No vull el brunzir de la pregària.
No vull la sal assedegada dels cementeris,
No vull el pretèrit liquat de la fullaraca,
No vull l’asfíxia confessa des del meu coixí,
No vull els cavalls subterranis de la nit,
No vull les mosques damunt dels meus parracs,
No vull el mos de la pedregada estrepitosa.
No vull el galop escorxat dels meus porus,
No vull fantasmes de viscosos llençols,
No vull la clandestinitat que furtà la meua Esperança,
No vull palpebres caduques davant de les meues nines,
No vull la tendresa en envasos de coco.-cola o pepsi,
No vull santuaris d’agulles de cap,
No vull parets fosques quan trenca l’alba,
No vull gemecs a l’alcova dels somnis,
No vull panys mossegant la llengua,
No vull ulls torturats,
No vull cementeris de bromera al voltant de la boca,
No vull ingressar el somriure amb cresols,
Ni al llarg esquelet dels naufragis.
No vull la paràlisi ingovernable dels xarops. Ni la sospita.
No vull les formigues vora del sucre de l’espill. Ni la sal.
Jo no vull un món que substituesca l’animal de la sintaxi,
Jo no vull cordells per braços,
Jo no vull records irreals en la tovalloleta de les banderes,
Jo no vull l’espectre de les campanes,
Jo no vull l’infinit i despertar sense camins,
Jo no vull un banquet de cornises amb sutze,
Jo no vull l’oració en el ritu del gris,
Jo no vull fòssils duplicats en les meues reminiscències,
Un riu sense majúscules i suïcidis.
Jo no vull rostres a la mida d’aquest món subliminal,
Jo no vull apozemes de peixos gratuïts,
Ni realitats amb pròtesi.
Jo no vull anyells caretes,
Ni esquerdes en la torxa del bateig.
Jo no vull caragols d’àrida pastura, ni panys de metzina.
Jo només vull llostrejar-li al rovell.
Llavar-me les sabates encanudides i tindre una taula que estrenya
Les culleres i una camisa innombrable de braços.
Jo només vull esborrar l’emboscada dels atris,
[Jo només vull la pluja dels teus braços, la teua pell desvestida en la meua set].
Jo només vull un tren amb escales per a pujar al cel,
Jo només vull un paisatge urbà de somriures, un segment
De la lluna als periòdics, un lèxic sense acefalees.
Jo només vull un País que em deixe mirar els somnis sense cansera.
Jo només vull aquelles mans que traspassaren la gespa
Del xiuxueig, i els turmells de la plenitud.
Jo només vull un món diferent: olorar la terra mullada
Dels diumenges, caminar al voltant de finestres sonores.
Jo només vull una terra amb balcons i portes obertes
I xiquets alegres a les voreres…
Baratària, 13.XII.2009




En resumen





Me he puesto a pensar en pasado mañana
y era como una tranquilidad, como un puente
bien tendido del mostrador hacia delante.
JULIO CORTÁZAR [Las armas secretas]






Yo no quiero un corazón petrificado. No un corazón artificial.
No quiero el asilo ni el grito de la fiebre. No quiero el silencio
Ni la limosna. No quiero el zumbido de la plegaria.
No quiero la sal sedienta de los cementerios,
No quiero el pretérito licuado de la hojarasca,
No quiero la asfixia confesa desde mi almohada,
No quiero los caballos subterráneos de la noche,
No quiero las moscas sobre mis harapos,
No quiero la mordida del granizo estrepitoso.
No quiero el galope desollado de mis poros,
No quiero fantasmas de viscosas sábanas,
No quiero la clandestinidad que robó mi Esperanza,
No quiero párpados caducos frente e mis pupilas,
No quiero la ternura en embases de coco.-cola o pepsi,
No quiero santuarios de alfileres,
No quiero paredes oscuras cuando amanece,
No quiero gemidos en la alcoba de los sueños,
No quiero herraduras mordiendo la lengua,
No quiero ojos torturados,
No quiero cementerios de espuma alrededor de la boca,
No quiero ingresar a la sonrisa con candiles,
Ni al largo esqueleto de los naufragios.
No quiero la parálisis ingobernable de los jarabes. Ni la sospecha.
No quiero las hormigas junto al azúcar del espejo. Ni la sal.
Yo no quiero un mundo que sustituya al animal de la sintaxis,
Yo no quiero cordeles por brazos,
Yo no quiero recuerdos irreales en la servilleta de las banderas,
Yo no quiero el espectro de las campanas,
Yo no quiero el infinito y despertar sin caminos,
Yo no quiero un banquete de cornisas con hollín,
Yo no quiero la oración en el rito del gris,
Yo no quiero fósiles duplicados en mis reminiscencias,
Un río sin mayúsculas y suicidios.
Yo no quiero rostros a la medida de este mundo subliminal,
Yo no quiero pócimas de peces gratuitos,
Ni realidades con prótesis.
Yo no quiero corderos máscaras,
Ni grietas en la antorcha del bautismo.
Yo no quiero caracoles de árido pasto, ni cerraduras de ponzoña.
Yo quiero solamente madrugarle a la herrumbre.
Lavar mis zapatos encanecidos y tener una mesa que apriete
Las cucharas y una camisa innumerable de brazos.
Yo sólo quiero borrar la emboscada de los atrios,
[Yo sólo quiero la lluvia de tus brazos, tu piel desvestida en mi sed].
Yo sólo quiero un tren con escaleras para subir al cielo,
Yo sólo quiero un paisaje urbano de sonrisas, un segmento
De la luna en los periódicos, un léxico sin acefaleas.
Yo sólo quiero un País que me deje mirar los sueños sin fatiga.
Yo sólo quiero aquellas manos que traspasaron el césped
Del murmullo, y los tobillos de la plenitud.
Yo sólo quiero un mundo diferente: oler la tierra mojada
De los domingos, caminar alrededor de ventanas sonoras.
Yo sólo quiero una tierra con balcones y puertas abiertas
Y niños alegres en las aceras…
Barataria, 13.XII.2009

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Velero sin horizonte

Esta mueca de vestidos frente a mis pupilas. La bruma
De un velero sin horizonte.
Autor de la fotografía: José Mariano Marín Olmos









Velero sin horizonte






Al anochecer la ciudad se queda sin paraguas. La memoria
Hace recuerdos silenciosos, el calendario rompe los labios
De la espera: ayer, hoy, mañana, la soledad de lo vivido.
Esta mueca de vestidos frente a mis pupilas. La bruma
De un velero sin horizonte.
A veces da lo mismo la herida cubierta o en la intemperie.
Este camión de zumbidos oscuros, el aire traicionado
De los relámpagos, años sin ventanas, bajo una lluvia de máscaras.
Nunca llega el cauterio a esta herida de pájaros.
Siempre la cueva envuelta en libélulas de sal. Siempre nada
La persiana de los jardines, los balcones de la Esperanza.
Qué naipes debo jugar para abrir la cocina, para no tener
Es sabor de lacustre salmuera.
Días aquí quemándose el anhelo en los candiles.
Días aquí sin senos ni sostenes. Sin una carne envuelta
Con mis poros. El último aire se quiebra en la porcelana.
Caballos moribundos lamen el aliento.
Palabras como lanzas penitenciales. Zapatos de nebulosa
Impudicia, imágenes cuyos dardos inmolan mi conciencia.
Siempre aquí bajo esta noche ciega del alma.
Ciega la tormenta de los barrotes. El día muerto sobre las cortinas
Del pecho, el teatro de los zapatos sin derroteros,
Si acaso el vacío ardiendo en su propio fango.
A veces en mis pupilas se refleja la osamenta del horizonte.
Sin piedad los dientes muerden los azulejos del oasis.
Un haz de silencios quema mi armónica.
Nunca descubrí si valía ser guerrero ante la indiferencia.
Aún hoy no lo sé cuando el cierzo está hecho de alfileres
Y la aurora no deja de ser frágil pañuelo de orfandad.
Un coro de cuchillos rompe el ansia, el equilibrio del escapulario,
La almohada explicita de los pétalos,
Estos cabellos ahogados en las zapatillas de los guijarros.
Duele el cielo cuando la brújula se pierde en la lluvia.
Duele estar aquí frente al hacha del reloj,
Frente al oído sordo de las sombras, frente a la hoja insomne
De la lengua.
Duele el tiempo antiguo en las hebillas de la propia agonía.
El lento goterón de la chamiza en los fósforos, los guantes
Sin manos y las cruces buscando a sus muertos.
Duele la boca sin el murmullo del agua, el instante roto
De los tobillos, las ojeras grises acechando el mar.
Hasta aquí estas semanas sin teja, este moho tardío de la noche.
Hasta aquí la noche con sus cuartos vacíos. Los pasillos
En penumbra, los libros quietos en los armarios.
Hasta aquí, la historia en cloroformo. Ella será otra en el arte
Del strip-tease; yo simplemente, otro destino
Con palabras diáfanas. Otro día de vocales alucinantes.
Barataria, 19.XII.2009

martes, 22 de diciembre de 2009

Meditaciones

Autor de la fotografía: Juan José Teijeira Lobelos



Meditaciones





…redonda soledad que nos deja en las manos
unos lirios suaves de pensativa escarcha.
FEDERICO GARCÍA LORCA

Para ahogar mis sollozos apagados,
Sólo preciso tu profundo lecho…
CHARLES BAUDELAIRE





A la puerta, tanta falsedad de párpados. Tanta tormenta
Poniéndole límites al cielo.
Cierro las palabras falsas, ahuyento la espuma de las puertas.
En la maroma de la sal, el paladar siniestro.
Torrentes de sal por esta ilusión de la libertad.
Ha cambiado la luz de la carne por la opacidad del jengibre.
La sombra llega hasta la gruesa ave de la fuga. Hasta el día
Del descenso donde el olfato se pierde en los acantilados.
A quién acudo en la oscuridad del asfalto,
En el sembradío enmarañado de sombreros,
En la ropa deshilada de los abanicos, si no hay ramas
Acariciando el barranco.
Pienso en los acantilados del grito atrás de la montaña.
El papel sin jinetes solo para el frío.
¿Dónde caen los peces que no llegan a puerto ni a mar?
No tiene valor el viento en los ojos desteñidos de la calle.
De pronto uno transcurre con la puerta bajo llave.
Con la guerra de los fantasmas entre las piernas que nunca termina.
Con jinetes de tosca hojarasca,
Con lienzos como caminantes en romería.
No sé dónde se filtra la respiración de los manantiales.
Si es que acaso la oscuridad no los ha hundido.
Hoy el tiempo también es fuga en la arcilla. También confín
Sin fondo, también adormecida vegetación de los cristales.
Uno de pronto se pierde en la fauna tropical de los párpados.
[Pero no se puede callar. Ni ignorar la piedra en la concavidad
De las manos. No se puede otorgar al cielo todas las quejas,
Ni bailar simplemente el tango de los anillos.
El arco iris ensimismado tiene un fondo de grises. Un horizonte
De siniestros dedos. Una página hueca de asfalto.
Vos y yo lo sabemos junto a la piel de las paredes. Junto
A la mayor jaula de la ansiedad. Junto a los potros distantes
De tus senos. Junto a la perpetuidad de la espera].

—¿Quién finalmente sale ileso o siempre agachado en el dominio
De los charcos, ceñidos rostros por el golpe de la mácula?
Por menos subjetivismo, uno ve el diletantismo,
No así el gruñido de las esferas, de las esquinas indecisas.
La ferocidad no tiene paisajes íntimos. Sólo vivientes colmillos.
De pronto uno no sabe qué vocablos guardan confidencias,
O qué pañuelo no es delator del recuerdo.
De pronto no sé si reir frente a la locura desenfrenada. A todo
Lo incomprensible que tienen los naufragios. A la última cena
De la austeridad, en ausencia de los oídos de los apósteles.
Tampoco puedo decapitar el cristal de los roperos,
Lavar las llagas sin descarnar el rostro; cerrar los ojos de los pájaros,
Y brincar sobre la escama de los peces.
El paisaje tiene pasadizos angostos. Y espumas letales.
Lo he visto y duele y hay fatiga hasta en la muerte.
Hay exasperación en los huesos y en la mesa donde no llega
Una caricia. Hay dejadez en la parábola del prójimo…
Barataria, 17.XII.2009

lunes, 21 de diciembre de 2009

ESTATURA DE LA ANSIEDAD

El escepticismo convierte en fisuras las alacenas.
Ese demonio clarividente de la ansiedad: —alevoso sigilo del vuelo.
Autor de la fotografía:Guillermo Pazos García










ESTATURA DE LA ANSIEDAD







…desenfrenar mis sueños, como el mar que se alza
y relincha en los riscos,…
GABRIEL ZAID

…también en esas calles la gente se encierra
con sombras que tampoco fueron suyas.
JORDI VIRALLONGA







En cada imaginario de hisopos debo deshacer la fábula del pecho.
Este destino que ahorca los sueños. Esta cábala con noche
Donde no resulta fácil transitar por esas calles de sombras
Ancestrales. —Siempre los puertos con incógnitos ascensores,
Con esta tormenta de transeúntes en mis manos.
Siempre es así el desvelo en las provincias del abatimiento.
En las calles acumuladas de soledad.
Siempre es así cuando puede más el escombro a la propia fantasía.
No sé en qué espejo puedo tender mi cuerpo leve.
El suspiro de pronto se torna una realidad virtual en las pupilas.
Odio los paradigmas que se beben mi saliva.
Pero no hay aceites curativos para detener esta congoja de urgente
Fuego. El escepticismo convierte en fisuras las alacenas.
Ese demonio clarividente de la ansiedad: —alevoso sigilo del vuelo.
Los absolutos siempre pierden la vestimenta de la gimnasia.
[Debo sacar el pañuelo sobre la piedra del desvelo;
Al fondo los símbolos de las tautologías, la cruz del aliento
En su transpiración de campana derramada;
Despierta el vegetal de las cicatrices, el arraigo a la expiación.
Nunca he podido conspirar contra las piras del buen sentido.
Y sin embargo el aire hiende mis gritos.
Y sin embargo me alcanza el polvo cansado de las hecatombes].
En el camino resbalan los hachazos del cielo en mis hombros.
Pájaros sin túnica revuelcan mis sienes,
Bríos efímeros me marcan el camino. Me temo que no hay parábolas
Para este sonambulismo, ni píldoras que tributen el consuelo.
Jamás este desenfreno militante dejó de ser ráfaga o pájaro.
Jamás he huido del mutismo de ciertos abismos.
Pero he pasado azotes de locura e insepultos sombreros.
Cada señal de vida tiene perversas cabalgaduras.
—Así me lo dice hoy el ardor despiadado de los tropeles.
El cuerpo que se consume en la continua luz de los calendarios.
El ascua ebria del universo,
La infancia que bramó sobre las aguas de los días.
De tanto vivir en medio de rebeliones tribales, me salpicaron
Las afonías: —ahora vivo la ficción atrapada en mi conciencia.
Esta suma de indigentes relojes. Este brebaje de ilusiones.
Esta ansiedad es una iglesia de ritos. A menudo un puñal
De ojos vaciados, un demonio de hierros punzantes.
A menudo un manojo de hojarasca en medio de la breña.
Esta ansiedad corroe mis huesos. Y hurta el pálpito total
Del sano juicio: —ese que guía felizmente la lámpara de los vilanos.
Ese que abre la sed de los relámpagos,
Ese que sopla como una sonrisa de pétalos
Y labra el confín de las lámparas y abriga el ombligo de la vigilia.
Barataria, 10.XII.2009


domingo, 20 de diciembre de 2009

Extraño cielo el País de mis ojos

Autor de la fotografía: Blas Fernandez Poyatos










Extraño cielo el País de mis ojos







Debiera de una vez cerrar la puerta.
JOSÉ MARÍA FONOLLOSA






En las sienes arde el pájaro de la aurora en espiral de cierzo.
Toda la imagen del día trenza mariposas; la luz entre campanas,
Crece junto a los cascos del arco iris, el asombro oficia
Rompeolas en las pupilas, los niños como las ventanas desvanecen
Las sombras ajadas del desvelo. Ese desvelo que no cabe
En los papeles ni en la caligrafía. El tiempo nos gana el olvido.
O por lo menos nos va acercando a los domingos de la muerte.
La respiración hace volar los sueños: o por lo menos hace
Que los ojos se planten en otro lecho; —Ese es el oficio
De las luciérnagas en invierno, las estrellas de la noche se hunden
En las esquinas de las ventanas, o en la cresta de las olas,
O en los cabellos desolados de la breña, o en este hastío sin periódicos.
O en este grito de ceniza sobre el mármol, absurda prueba
Del horror en mis huesos. (Ando entre el murmullo de tantas bocas
Sin sentido. Fatigadas sombras, acaso, de la extrañeza de estar
En un paisaje parecido a los muros, a la mujer de mis antiguas
Respiraciones, a la ciudad que siempre me despide con cicatrices
En las manos, a esa flor que musitó en mi pecho largas noches).
¿Qué son los muelles, los barcos, los trenes, al borde del caos?
—Son nombres en la caldera del poema. Relámpagos en la súbita
Conquista, gastada arcilla en la desnudez en vasijas de tinta.
¿Qué es la adversidad de los cuchillos en la garganta, la hora cero
En la alcoba de los eruditos, los espejos del vecindario?
—La cárcel librando lágrimas en la penumbra. La soledad de un libro
Sin espadas, la muchacha que se abruma en un diccionario
Buscando sólo palabras felices. La realidad arbitraria de la autenticidad.
Uno se afana en buscar la luz de los meteoros —Nunca esa luz llega
Sino en los desaciertos que la vida a diario nos prodiga.
Me pregunto qué pasara cuando muera por completo el amor
O la esperanza, o la pantomima de estas peluquerías del siglo 21.
El juego de vivir empieza por cierta abnegación a las caricaturas.
(Aquella muchacha nunca contestó mis poemas. Supongo que es
Fina y delicada como un hotel de 100 estrellas. Ignora que un poema
Es como el ojo en un espejo; —la veo reverdecer, sin embargo
En la noche, entre el aire pobre y la inmensidad de mi Esperanza.
Si algo sirve de alivio es que todavía le escribo poemas)…
Al fondo del sigilo, las pupilas difusas de los espejos,
A veces la penuria en un fardo de fatiga: la continua fuga junto
Al ojo, el cielo de las palabras sin paraguas, la muchedumbre
Embotellada en la neblina, la sed hacia la piedra.
Es todo lo que puedo decir después de fumar cavernas.
—Ligeramente los relámpagos se tornan estiércol. Ahora
Me devoran flautistas de casi tres mil años. Los sombreros
Saben a oscuridad; vos, a ese monólogo que repite la memoria.
¿Hilarás los días pintados en mis cuadernos rotos, manchados
Por la lluvia, desgarrados en su instante de espinas?
—La noche es redonda como la moneda de las constelaciones;
Los días refuerzan las estatuas erigidas —puertas dicen algunos
Para festejar la memoria; llaves, quizá para otros, aposentos
Del sexo sumergido en el mentón o en la curvada humedad
De los colchones. Lo cierto es que en mis manos, descubro no sólo
El fuego, sino este derruido anaquel del alba…
Y así, todavía, sigo sangrando como un escolar frente a la lección
De un adusto mentor sin un matizado barco de imágenes.
Barataria, 03.IX.2009

sábado, 19 de diciembre de 2009

Huella de la sangre

Cada calendario tiende huesos como sábanas. Hay pesadillas
En la sombra de los colmillos, en la jaula de los rostros,
Autor de la fotografía: Carlos Solares









Huella de la sangre







En medio de la noche y de la soledad,
Danza como una antorcha su fantasma en el aire.
CHARLES BAUDELAIRE

yo huyo, pálido, deshecho, obsesionado por mi sudario…
STÈPHAN MALLARMÈ







Cada calendario tiende huesos como sábanas. Hay pesadillas
En la sombra de los colmillos, en la jaula de los rostros,
Y en ese abrevadero sin piedad de las entrañas.
La sábana de la intemperie rompe los labios. La bestia ciega
De la noche los hace jirones. —¿Dónde estuve antes
De las falsas alegorías, de los pies rompiendo las nubes?
Nadie lava el alfabeto en medio de abismos. Sobre gradas
Agolpadas en los poros, en el tacto que reclama al viento ciertos
Acertijos para acariciar el vitral monocolor de la hojarasca.
El cielo devora los últimos tragaluces del insomnio.
Los brebajes son una retranca para el olvido. Imposible tejer
La roca inerme con la saliva de los pájaros.
Imposible abrir la puerta del infinito sólo con el pecho.
Los días soleados organizan minuciosamente la caligrafía.
Dafne sobrepasa cualquier señal de pañuelos o sábanas.
La acechanza va más allá a cualquier cubito de hielo en las sienes.
Ante las ausencias cualquier color es bueno.
En la incertidumbre de un pétalo bebo hostias de sombra.
[Dime que no simulas cuando entras a la zona del delirio,
Dime que el nuestro reino está en este mundo,
Dime que entrada la noche no seremos cazadores furtivos,
Dime que no guardaremos el follaje en armarios en desuso,
Dime que el musgo no crecerá en las ventanas].
El escombro diario raspa mis zapatos. Corroe el ángelus,
El Padre Nuestro y torna en óxido la hora primera no la postrera.
Siempre los espejos son un largo camino en el deseo.
A menudo inmolamos los hangares de las retinas.
En los jardines de los cuervos únicamente hay sombras.
De vez en cuando en los peldaños de la piel se juegan exorcismos.
De vez en cuando la luz nos muestra los cántaros rotos
De la fantasía, la sal constelada del sollozo,
La lluvia temprana de las cartas y las fotografías.
¿Hasta dónde la zarza del vértigo toca la niebla, o se torna
Arma secreta en los senderos, en las baldosas de la bruma?
—Uno siempre va ascendiendo a los jeroglíficos,
Como una burbuja en medio del mercado. Alguien los pedazos
De historia. Alguien se vuelve indecible en la noche,
En la apoplejía de los discursos, en el barranco de la congoja.
Ser uno es quitar los muros de las estaciones:
—amanecer corriendo contra la tristeza, vaciar los zumbidos
De los guijarros,
Y morder algún pájaro en el territorio de la lejanía…
Barataria, 17.XII.2009

viernes, 18 de diciembre de 2009

Crimen conjetural

Una vez la monotonía se posa en el Universo, caen las begonias.
La desnudez del naufragio siempre es tensa comida para
Los amaneceres ...
Autor de la fotografía:Felix Ruiz Serrano








Crimen conjetural







Estoy cansado de estar muerto y ser.
JUAN EDUARDO CIRLOT






Una vez la monotonía se posa en el Universo, caen las begonias.
La desnudez del naufragio siempre es tensa comida para
Los amaneceres cuya virtual gestación desvanece las tormentas.
Las horas arden en el insomnio de la vida. Flores muertas
Las manos en el fuego, en cada recuerdo los cadáveres
Agonizantes, los espejos palpando la oscuridad de los estantes,
Las arañas como fotografías en las paredes.
A menudo los trenes olvidan las líneas del horizonte.
En mi camisa languidece el viaje de las nubes;
Hay jardines edificados por el espejismo de las pupilas:
—siempre es así la retórica del polvo, la escritura que recordamos
Ocasionalmente en las escaleras furtivas del aire.
La irrealidad tiene sentido en el antifaz de la hoguera:
Desde luego las mareas alteran el fluir de la historia.
Los peces miniatura enterrados en el pensamiento, las monedas
Amargas de la impunidad, la vida procaz de los zapatos.
Quiero hacer un circo con todas las estrellas colgadas de saetas,
Convertir en ceniza la melancolía de los relojes, vaciar todos
Los recuerdos, morder las estatuas que obstaculizan las aceras,
Detener la comedia de los banqueros y los políticos,
Acariciar a la niña que se volvió chimenea en mi tabaco.
[Cuando pienso en tu cuerpo, el búho me fusila con su mirada,
En el laberinto de la noche, adoro los erráticos prontuarios del musgo].
En lo inhóspito y los muros sólo hay silencio.—Asilos floreciendo
Lejos de casa, trenes, si acaso, en los tejidos de la lejanía.
Resulta un crimen a la inocencia perder la camisa por encima
De cualquier día de semana: la negación no resuelve los residuos
De las moscas, ni explica los golpes de lluvia en los objetos.
El pánico siempre está ahí como la ráfaga iluminando la noche.
El lenguaje está ahí con la salivación de la retórica.
En los puños del poder hay años de bilis: eso explica el plato vacío
En la mesa, los movimientos fracasados del Paraíso.
El lápiz hurga entre la pulsación de las paredes —tensados grafitos,
Fatigada superficie desplazándose a través de la comida.
[Toda tu lencería verde reverbera como pájaros en mis sienes;
Casi rural me parece la lluvia sobre los helechos,
Las venas queman la sartén de los sonidos; la espuela de los ecos,
Encabrita el manantial con sus relojes].

Sobre las columnas de la sed, la tortura soporta su pavor.
No hacen falta explicaciones más allá de las conferencias de prensa;
Tampoco importa desvanecerse en una taza de nitroglicerina.
Jamás volví a ver los peces de mi infancia, salvo en la memoria.
Mis ídolos dejaron de ser candidatos a premios mundiales por la paz;
Ahora son cadáveres o sudor en mi espalda.
No sé si es posible atravesar en tren el cáncer de las iglesias,
O refugiarse en ciertas aguas a fin de que ahí no lleguen los motines,
Ni uno sea despojado de ojos y sueños.
[Pienso en esta soledad sin hoteles, en esta ruralidad de mis pies,
En las sandías donde hay un corazón rojo, techado de soles negros.
Todo huele a un País en desuso. Los caminos, la ropa, las paredes.
¿Cuándo te veré desnuda sobre la claridad de esta respiración?
—Será sin duda, en una noche de cipreses].

Ahora, me quedo en un cementerio de ventanas. Sobre el cáncer
De los durmientes, los rieles consumen la última luz en el pañuelo.
La lluvia de la oscuridad abate las aceras: —la herida no espera
Clarividencias, ni la penumbra hace años de cristal.
Barataria, 20.VIII.2009

jueves, 17 de diciembre de 2009

Urgido de tiempo

En el trasfondo de la noche reclino mis pensamientos,
Oscuro sueño que me dan los inviernos trasegados
Autora de la fotografía: Mireia Canicio Ena







Urgido de tiempo






Yo sigo, hecho un desastre,…
(…)
con los ojos cuajados de ideas indiscretas.
ARTHUR RIMBAUD






Siempre escribo urgido de tiempo, a vuelo de pájaro,
Junto a la lava enajenada del tránsito.
El mío es un horizonte atormentado por los dardos
De la existencia, —cielo de cascos y voces encendidas,
Olvido donde la tarde reclina sus armarios y raíces.
En el trasfondo de la noche reclino mis pensamientos,
Oscuro sueño que me dan los inviernos trasegados,
Indócil fuego en el campo de batalla, los despojos
De mi luz insondable, hundido corazón sin arcángeles.
No hay tregua para estos recuerdos de la materia:
No hay sostén para esta eternidad del desamparo,
Nunca hubo luz para ver los huesos que me dictaba
La noche en su flujo ensimismado, nunca olvido
Por más que callaran las campanas, cirios mortecinos
En la sangre, mito fábula, la racha del albedrío.
Entre tanto río de huidizo futuro, mi terco caminar
Hundido en el pulso del azufre y la nitroglicerina.
¿Qué guardo de aquellos ojos de estrellas, prohibidos
Trenes quebrados en las esquinas del deambular
Por aceras donde la muerte tiene prisa? —¿Acaso
Vivir es asirse a la noche, a la renuncia, al olvido?
¿Acaso los rastros siniestros siempre son infalibles?
La luz hace despojos en mis ojos ciegos. La luz del azul,
La luz de las tormentas, la luz frenética del ahínco.
¿En dónde estás sin que la niebla te oculte?
—Quizá también en el alma callada de la tristeza,
Quizá turbada o diáfana como el fuego imposible de Dios.
Los días tienen ese áspero aserrín de los conacastes.
Vivir, prefiero abdicar ahora a la eternidad, a esa
Vehemencia que te sueña en el alba, a ese río de flechas
Arrebatadas por el sino, a esa ilimitada lengua de las horas.
Salvo las promesas, la libertad siempre es una conquista.
La luz o las fronteras del cansancio: la espera donde
Resuella a menudo lo yermo, la herida abierta.
—Quizá en cada puerta hay instantes suicidas, almas
Inertes en el sueño, sábanas sangrientas por el pasmo.
Dentro de mis relámpagos hay iras y tempestades;
Jamás la herida sujeta a cauterio, cárdeno abismo
Del subsuelo, vértigo en cuyas manos se desangran las venas.
En mis párpados siempre colgué banderas blancas
Para que otras manos le dieran aire a su rostro;
Pero todo fue en vano: vanos los días con la misericordia
Del aceite, llagas invisibles en la acústica de cada amanecer.
La felicidad a menudo está hecha de abandonados espejos:
—uno la construye entre bóvedas sordas, así se vuelve
Un perfume inútil para aspirarla despierto.
Siempre escribo urgido de tiempo: por eso no me detengo
En los labios subliminales de los prostíbulos,
Ni en las barberías donde botan mis cabellos…
Barataria, 20.VII.2009



miércoles, 16 de diciembre de 2009

Salmuera sobre la llaga

Sobre la llaga, la fatiga en el rostro sin puntos cardinales.
En los espejos el hilo del agua se torna siniestro.
Autor de la fotografía: Miquel Sancho Subirats








Salmuera sobre la llaga







Ahora que todo vuelve: el silencio y la espera,
MIQUEL MARTÍ I POL







Perdido el presente perfecto, la tarde vela la tristeza.
Sostengo la herida en el litoral de mis poros, los ojos
Advierten el ala quebrada del día, la salmuera lacerante
Sobre la llaga, la fatiga en el rostro sin puntos cardinales.
En los espejos el hilo del agua se torna siniestro.
—No hay rostros sin llagas, ni sostenes para mi grito.
[La esperanza apenas se sostiene en la lengua de las luciérnagas;
Apenas una luna ciega en la concavidad de mis manos,
Guijarros de la carne donde reptan las hormigas,
Las ramas del pulso sobre la túnica del suelo.
Suspiran los pájaros en la geometría moribunda de la boca,
Lento el rocío de los caracoles en mis oídos —las pestañas
Mueren en el relieve del sol; el calendario respira, perenne,
La ceniza de los durmientes y el hollín de las tormentas].

Esta cruz no es la de los muertos. No es la de los barcos
Sencillos que se hunden en el mar, es el horizonte
Con sus ríos de granito, —el arroyo insomne desde los brazos,
Desde el latido sin leche que abra al labio,
Desde la sangre donde Dios no encuentra sosiego.
En los ojos, sin embargo, crecen los cabellos hasta el suelo.
El día se borra en el zumbido de las abejas. —se borra esta garganta
Como isla, los signos zodiacales de las golondrinas,
El cielo de los pinos, y este hielo de sombras de estar vivo.
A menudo deserto del ascua de los espectros.
El tiempo derrite mis poros en balbuciente cascajo.
La herida es el ascua de mi existencia: —Ese afán frágil del nosotros.
La decrepitud es como la suma de tantas puertas cerradas.
Las sombras de la memoria desvisten el cuerpo —Esas sombras
Que la noche extravía en la memoria. El fantasma que hurga
En cada efemérides, las aguas respiradas en el reloj.
[Duele no abrazarte en la misma proporción de la luz; cada amanecer
Encarna la duda del combate, la aurora incierta de lo real,
La exactitud el primer día a hurtadillas hasta tocar fondo en el sexo.
El pálpito no se calcula en gramos de Esperanza, ni el mismo
Perfume dura en las entrañas: —cada fermento lleva a nuevos
Desvaríos, como este que la noche recoge en cada libro,
En el vientecillo que mueve las cortinas y desarma la hojarasca.
Ahí habito en el exceso de mis contradicciones, sin camisa
Jugándome la vida como un jugador de concavidades religiosas].

Lamo cada hendidura ancestral de la noche.
Viajo junto a la noche de antiguos velámenes. Este es mi oficio.
Para ver arrastro las espinas como cuerpos putrefactos.
Camino en el acaso evocando manos, palabras dóciles, domingos
Sin hartazgo, rameras que duerman a mi lado sin sarcasmo.
Invento aromas tiernamente como las del carao o las granadillas,
Mastico mi propia ignorancia de arcanos,
Dilapido el asco que me dan los zapatos, —descalzo puedo sentir
El agua salobre de las lágrimas.
Esta herida no la sostienen las paredes, si acaso,
La misma severidad con que la noche sacude mis huesos,
Si acaso esa deuda imposible del alba en mis sienes.
Barataria, 30.VIII.2009


martes, 15 de diciembre de 2009

LÍMITE DEL FUEGO

En las márgenes del pecho, el pozo de la sangre. El tiempo.
Los demonios de la zozobra en el bosque del grito.
Autor de la fotografía: Luis Montes Rodriguez

LÍMITE DEL FUEGO




La zozobra me impulsa a la quietud
y el orbe oscuro rehabilita mi ánimo.
CARLOS EDMUNDO DE ORY

…ha sido el grito de la bestia hirsuta,
en la cóncava gruta
de los ásperos bosques escondida.
GASPAR NÚÑEZ DE ARCE





En las márgenes del pecho, el pozo de la sangre. El tiempo.
Los demonios de la zozobra en el bosque del grito.
La bestia del ánimo muerde las ojeras desfallecientes.
El mundo cada vez pesa en las lunas de las vitrinas. En el fuego
Tropical de los cielos. Yerta oscuridad de la noche
En la bacinica mutante de las horas.
Nosotros, los de las sombras desveladas, comemos amarillas
Lágrimas, —pedazos de rocío en latas de coca-cola.
Nosotros, los que parimos alas en los acantilados, nos muerden
Las tildes y las cacofonías de las líneas curvas.
Nosotros, los que presentimos la tersura de la lengua,
Vivimos en la salobre intemperie de los guijarros, sin más suavidad
Que el frenesí de las plumas en la garganta.
[Toda la luz tiene límites. El cuello en las palabras de lo vívido.
Todo el fuego tiene su césped de mordidas: —así lo advertí
En el litoral de los latidos. Toda la espuma se convierte en destellos
De sangre. Un paisaje donde la herida es la noche.
Una vida sin torso en las garras de las piedras.
Todo es herida en las axilas mojadas del calor. Piel suplicante
Y hendida en la tierra]
Siempre he leído el grito en el poniente de los huracanes.
La guija de los signos me arrebata los secretos.
—Este cuerpo inmaterial de la mirada donde se coagula lo remoto.
Un día los abanicos de la espuma apagarán el fuego.
Esta tempestad con dolor a filosofía. Mar transitorio del eco.
La concavidad de los dientes cruje en los hachazos de la llama.
Seremos bajo el cielo ese dedo de la escama.
La rama cruda de lo oscuro. La fronda invocando túnicas.
—Qué límites de gaviotas azotan la mordida del destello? El ardor
Insepulto del galope. La vena sorda del asedio.
En tierra confundida mi afán se torna urgente.
Sé de la sapiencia que transpira límites. Sé del garrote de orfandad
De mis huesos. Sé de la sombra que alza sus crestas desnudas.
¿Dónde los meses están henchidos de senos?
Desciendo al mundo donde braman los cuchillos, sin más vestimenta
Que esta mueca donde la ciudad transpira sus letargos.
Cuelgo el índigo de las armónicas.
Lamo el volumen de los barcos en pleno océano.
Repito el último suspiro de la brisa en compañía de un candil
De sueños. Así espectral el bulto de los abrazos,
El poco sol que queda entre mis manos de pesado barro.
Barataria, 11.XII.2009

lunes, 14 de diciembre de 2009

Aquesta llum del temps- poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

Un día, en nàixer l’aigua féu la llum. Cedí el gris del temps.
Des de llavors l’abrace, tot i que sovint siga fugidera.


Autor de la fotografía: Ramón Sánchez Díaz










Aquesta llum del temps
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó







Las llamas que hago recortar de tiempo en tiempo por el peluquero
son las únicas en delatar el negro infierno interior que me habita
LOUIS ARAGON

con cada tumultuoso amanecer,
la luz arrasa el reino de la noche
y emprende su combate.
CARLOS MARZAL









Un día, en nàixer l’aigua féu la llum. Cedí el gris del temps.
Des de llavors l’abrace, tot i que sovint siga fugidera.
Sovint la putrefacció dels tamborinets la torna bassot
De viscositats incertes.
En ser extensió dels noms guarda la foguera
Del sil·labari, i la transparència formiguejant dels raigs.
En els colors m’esborra el sospir de la nit.
En el rostre és cruel l’ala dels ocells. Els cels inapresables
Que mai no he vist, la creació feta de rampants metalls.
Allò que s’esdevé quan aqueix dissol en l’ànsia és horrible:
—No hi ha Déu que esborre l’eco de les serradores,
Ni canvie les estaules nocturnes de l’alé.
Sempre és així quan el pa desvarieja en la fam.
Quan la pell es torna un tros de sutze,
I els cellers enfosqueixen d’insectes. I el matí és una
Llàgrima sense fluir damunt de les calcinades mosques del foc.
Sovint la llum és la mateixa ombra inconfusible de les pedres.
Iceberg de fallides panderoles,
O simplement milotxes enarborant mocadors eteris.
Al meu costat l’aire fendeix els seus màstics —fendeix, dic,
Amuntegades finestres, llumins com ascles dolces,
Hiverns de voreres, on els trens pengen els seus vagons.
Aquesta llum del temps tan real en la creu desgastada
De les meues sabates, successió de finestres en èrtiques xanques.
Aquesta llum en la saliva. Desonillada i humida en el temps.
Evidència és dels ullals que trituren pasturalls. Cenyida
Tapisseria de la intempèrie.
Cada llençol fa la seua trama d’entranyes. Cada joia salta
En les monedes del somni, cada color es torna inicial desvariejament.
Sempre és mur d’infinita llibertat. Recer davant de la penombra.
Ja als ulls, grotesques es tornen les fissures en el somni.
En la raó no cap la porcellana del calendari.
Mai el trànsit heroic no manca de misericòrdia: —la llum agita
Les formes, i el ventall inexorable del mar.
Ací no cal interrogar els espills, ni extraviar els dies
Amables, ni saltar damunt de les estelles de l’inintel·ligible.
De sobte fins i tot les estàtues semblen menys fosques i els llops
Vacil·len en l’al·legoria de les nines.
L’aire s’apila en les llànties del migdia, en el fil
De l’humà. Ací no caduca a les butxaques com una moneda
Gastada, sinó que dansa com un joc de capells.
Així la certesa commemora l’ala.
La rebel·lió contra la foscor i l’inconegut. La buidesa de la pols
Sense glòria, sense la pressentida escuma a l’olfacte.
La llum desféu els penya-segats de la desolació,
I forjà sense pedres, el destí intermitent de l’espavent.
Baratària, 03.XII.2009









Esta luz del tiempo








Las llamas que hago recortar de tiempo en tiempo por el peluquero
son las únicas en delatar el negro infierno interior que me habita
LOUIS ARAGON

con cada tumultuoso amanecer,
la luz arrasa el reino de la noche
y emprende su combate.
CARLOS MARZAL








Un día, al nacer el agua hizo la luz. Cedió el gris del tiempo.
Desde entonces la abrazo, aunque a menudo sea huidiza.
A menudo la putrefacción de los taburetes la vuelve charco
De viscosidades inciertas.
Siendo extensión de los nombres guarda la hoguera
Del silabario, y la transparencia hormigueante de los rayos.
En los colores me borra el suspiro de la noche.
En el rostro es cruel el ala de los pájaros. Los cielos inasibles
Que nunca he visto, la creación hecha de arrebatados metales.
Lo que sucede cuando se disuelve en el ansia es horrible:
—No hay Dios que borre el eco de los aserraderos,
Ni cambie los establos nocturnos del aliento.
Siempre es así cuando el pan desvaría en el hambre.
Cuando la piel se vuelve un trozo de hollín,
Y los tabancos oscurecen de insectos. Y la mañana es una
Lágrima sin fluir sobre las calcinadas moscas del fuego.
A menudo la luz es la misma sombra inconfundible de las piedras.
Iceberg de fallidas cucarachas,
O simplemente piscuchas enarbolando pañuelos etéreos.
En mi costado el aire hiende sus almácigos —hiende, digo,
Agolpadas ventanas, cerillas como astillas dulces,
Inviernos de aceras, donde los trenes cuelgan sus vagones.
Esta luz del tiempo tan real en la cruz desgastada
De mis zapatos, sucesión de ventanas en zanjas yertas.
Esta luz en la saliva. Desvelada y húmeda en el tiempo.
Evidencia es de los colmillos que trituran pastizales. Ceñida
Tapicería de la intemperie.
Cada sábana hace su trama de entrañas. Cada júbilo salta
En las monedas del sueño, cada color se vuelve inicial desvarío.
Siempre es muro de infinita libertad. Abrigo frente a la penumbra.
Ya en los ojos, grotescas resultan las fisuras en el sueño.
En la razón no cabe la porcelana del calendario.
Jamás el tránsito heroico carece de misericordia: —la luz agita
Las formas, y el abanico inexorable del mar.
Ahí no hay que interrogar a los espejos, ni extraviar los días
Amables, ni saltar sobre las astillas de lo ininteligible.
De pronto hasta las estatuas parecen menos oscuras y los lobos
Vacilan en la alegoría de las pupilas.
El aire se agolpa en las lámparas del mediodía, en el hilo
De lo humano. Aquí no caduca en los bolsillos como una moneda
Gastada, sino que danza como un juego de sombreros.
Así la certidumbre conmemora al ala.
La rebelión contra lo oscuro y desconocido. La oquedad del polvo
Sin gloria, sin la presentida espuma en el olfato.
La luz deshizo los acantilados de la desolación,
Y forjó sin piedras, el destino intermitente del asombro.
Barataria, 03.XII.2009


sábado, 12 de diciembre de 2009

Puerta

Autor de la fotografía: Bob Fisher



Puerta





…y fulge una sonrisa que se congela frente a las estatuas desnudas
SALVADOR NOVO

Gotea el grifo, ladra un perro
infinito, remoto como la eternidad.
JOSÉ ALBI





Amanece oxidado el trino de las aldabas. La ansiedad en el aire.
Todas las puertas cerradas al pie de la oquedad,
La gota incierta de los aleros, la hora áspera del desvelo,
En el párpado alevoso que habita en el País.
No hay eternidad sin rostros congelados en la quebrada porcelana
De los párpados, en la herida donde la oscuridad hace su rebaño.
—Escucho el ruido sediento de la lava. Las esquirlas
Como lágrimas ofendidas, esta herencia nefasta en mis oídos:
Los clisés de la zarza entre las espigas, el pie en quicio
De la adversidad, corteza del dintel deshabitado.
A menudo me toca restregar mis manos en el estigma. En este
Remedo del jade, gota a gota la ráfaga de sepulturas.
No hay puertas abiertas para albergar la lengua azul de los capullos.
Sólo ese huraño dado de la buena suerte.
Sólo silbarle al viento sin restañar la herida.
Sólo este aliento de lucidez en la medianoche de las sábanas.
Juro que camino sobre calles y baldosas buscando otras vidas:
—manos mansas para la fuerza de la jornada.
Faros sin brida. Y espejos para no sentirme forastero.
Juro que la timidez es un recurso de ansias hurañas.
Es como perderse hincado en las noches, sin luciérnagas fecundas.
De pronto me hundo en la crepitación de las hogueras.
En la ilusión trasegada de las almohadas. En el murmullo
Revelador de la multitud. En la alucinación de un trípode
Sin equilibrio: —Me cuesta leer lo inminente en jarras de sequía.
Las puertas han sido trasegadas a remota herrumbre.
Los devotos son huraños cristales en un retrete.
Pervive el aún sin destino. El ansia de los pétalos en las manos.
Las pupilas que pulsan la desconfianza de los caminos.
No hay dónde guarecerse, salvo las llaves subterráneas del pavor,
Salvo el pozo putrefacto del presente.
Y aunque la luz nos venga en pañuelos y no papiros, hay una
Grieta de pálida memoria.
De qué miel espesa se nutren bozales y trancas y bastones,
De qué afluente las palabras se empapan de noche,
De qué caricia fiera deviene el azor con garras afiladas.
—Este ventarrón fermentado no conforta. Ni aquella conciencia
De humanidad perpleja, ni el estupor por las osamentas.
Los perros son implacables frente a este vértigo.
Pero sé que arde el sigilo de las puertas; y habrá una que me sobreviva
En el reciclaje de la historia;
Y habrá una tan cotidiana como mis zapatos en homenaje
Al pabilo, en blanca pared implacable. Al final la pared de mi pecho
Estará intacta para los nuevos avatares,
O para los nuevos verdugos que viven como del desatino
Como viles comadrejas…
Barataria, 05.XII.2009

viernes, 11 de diciembre de 2009

Cuerpo sin traje

Entrada la noche se borran las calles empedradas.
La lengua de las nubes y las plegarias

Autor de la fotografía: Pedro Villas Lobos








Cuerpo sin traje







…cada nocturno despertar significa el reacomo
darse del cuerpo a su idea fija…
ENRIQUE LIHN

…el cadáver de un náufrago, que en la sombra total,
con los huesos tan blancos que parecen de luz…
JOSÉ JUAN TABLADA





Es costumbre que me siente sobre las aceras para ver
Pasar los pájaros; o pasar revista a las ventanas…
Entrada la noche se borran las calles empedradas.
La lengua de las nubes y las plegarias. El harapo de las aguas
Que beben las bestias,
Las escobas del viento que gotean sobre los pinares,
Las minusvalías valiéndose de la dádiva.
Alrededor de mis ojos gira la zarza del otoño, —ese otoño
De mis años, las curvas rectas del ascua y la ceniza.
Los sombreros de los viejos espejismos detenidos en las manos,
El toro de la noche sobre las últimas imágenes visibles.
Es costumbre hilvanar —con aguja e hilo de los recuerdos—
Todos los alumbramientos de las hernias y los hiatos,
Las sinalefas de la semana enmarañadas en la curva de mi lápiz.
A veces me siento a la orilla de un río a desnudar las piedras.
No tengo otra salida al mar que mis poemas.
La dialéctica sólo me sirvió para elevar los niveles de azúcar.
La paradoja de los cabellos queda estampada en las espuma.
Sobre las aguas de los ríos quiero vestirme a la usanza de los reyes
Magos; mi arcilla es leve para que ahí sacien el hambre las moscas.
En los caracoles se condensa una taza de océano.
En los caracoles caben las bocinas de los barcos.
En los caracoles caben innumerables muelles y espejos.
Desde aquí se pierde el muelle de las ventanas fugaces.
Desde aquí muerdo el papel macerado de los periódicos con engrudo.
Los galopes empiezan a horadar el moho de mis sentidos.
Meto las patas en la hojarasca como buscando peces vivos.
Un día se hará cierto el aire sin el congestionamiento del tráfico
En las estrellas flotantes de los pétalos.
Es costumbre agarrar ese manojo de nubes flotantes en mis pupilas,
Desvestirme frente a la espesura del bosque,
Respirar hondo hasta embarcarme en la erupción de mis manos.
Recuerdo las radiaciones de todos los poetas a los que he leído
En los velorios, en las cafeterías, en ciertos cenáculos para ciegos,
En las escuelas donde uno se anticipa a la muerte.
Y hablando de esto, los filósofos no podrían existir sin la poesía,
Sin los días largos y asustadizos. Tampoco podrían existir las matronas
De los pueblos, las meretrices, pues ellas fecundan el poema.
La noche da para sacudir los sueños, despertar en pedazos
Lamiendo la herida, aguantar con estoicismo la pureza de las ventanas,
Derribar los aguaceros con la sordera de las piedras,
Caminar sobre las aguas deshaciendo el sudor de los libros.
Es costumbre que me siente sobre las aceras para ver la Esperanza.
Acariciar al perro de mis lágrimas,
Sobar los zapatos de mis abuelos,
Quitarle los dardos del miedo a mi próstata.
Reinventar las gavetas de mis sombras, hasta derramar mis dientes
En el coito de las pepitorias.
Es costumbre que me siente sobre las aceras para ver la Esperanza
Y los pies que enterramos sin abrigo en la tierra.
Barataria, 10.XII.2009

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Ámbito del polvo-André Cruchaga

Duele mi sombra cuando se rompe en los muros:
—Nadie la sostiene en las campanas de las nubes.

Fotografía tomada de la red








Ámbito del polvo







¡Y pudimos entonces, por capricho del hado,
en el haz de la tierra no habernos encontrado!
PAUL GÉRALDY










La sangre ancla sólo en la deriva de las partidas.
Las sienes acarician la fuga de los caminos:
—las bifurcaciones y los deltas, la espuma interna
De todo lo que huye: los sueños, las edades,
Las compañías y ese siempre límite que besan
Los ciegos con el tacto. Las noches que arañan
Las aguas del cuerpo, las raíces que nunca tuve,
El túnel del sobresalto en el final de la carne.
Los caminos tienen pájaros y a veces alfileres.
Duele mi sombra cuando se rompe en los muros:
—Nadie la sostiene en las campanas de las nubes.
El ahogo es cielo y tierra y hasta badajo
De lágrimas y hasta muerte del recuerdo en los ojos.
Los amarillos descarnados arden en la piel.
La luz se torna cárcel en mi noche.
La luz es lejanía en la redondez de mi silencio.
La luz es olvido en la ilusión de mi sangre.
Los muros son espejos donde no penetra el torrente
De esta ardiente niebla de la duda.
Cada noche define los caminos. —Cada noche
Me vuelvo peregrino de los impulsos, de las ventanas
Que limpian interiores. El desengaño es una
Arboleda de nutridos alelíes; el torrente abre
Los jirones de cada sal celeste en las pupilas.
En el viaje derribamos estatuas —anhelamos
La caricia y no la dura noche del silencio en los brazos.
En la marcha tiemblan adoquines enfurecidos:
Esa herida despreciada del suspiro,
El puzzle estéril de las huellas, el seco dominio
Del mármol donde amanecen hundidos mis ojos.
La luz malograda se vuelve túnica pesada
Para sostenerla con deleites y sin andamios.
El olvido golpea los gusanos de mi carne;
La indiferencia quema mi garganta; las ventanas,
—Ah, las ventanas escondidos ojos entre la maleza
Del calendario. Cerradas sábanas para mi escalofrío.
Cada día entreabro los imposibles.
Las esquinas quiebran mis pupilas.
Duele el sueño sin el horizonte de sus alas.
Duele la presencia de la sal en las pupilas.
La noche plena se hace sentir desnuda en el aire,
El aire es otro tapial para mis zapatos.
Después de todo me quedo con estas ramas
De soledad, con esta mesa de ausencias.
Después de todo la forma más posesa que tengo
Es este fuego vívido de los sueños,
Esta noche como páginas de un libro que se abre
A los ámbitos obtusos de las cerraduras:
Lo demás son las calles imprecisas del mundo.
Barataria, 17.VII.2009

domingo, 6 de diciembre de 2009

Sobre el tejado, la penumbra

Alrededor de las mochetas crecen enredaderas grises.
Hace años que la eternidad deambula con un féretro.


Fotografía: "Comunidad. El País.com"








Sobre el tejado, la penumbra







…me parece oír lluvia azotando el tejado,
como si no hubiese lugardonde guarecerse.
OLVIDO GARCÍA VALDÉS

Invento o magnifico espinas de penumbra.
ENRIC SÒRIA







En cierto modo el mundo lo vivo a la medida de mis ojos.
A cada quien le toca un colmillo de silencio o de miopía.
O hacerse el loco cuando las ojeras del crepúsculo,
Barren el último suspiro de las palabras.
¿Caen en el vacío las canicas de las lágrimas? — O simplemente
Se pierden junto a los cántaros de los alfareros…
Al final, uno sólo espera la llegada de los años bisiestos,
Las lecturas retardadas del frío, y la modorra que se cuela
A través de las ventanas con cierta parsimonia.
El tiempo ha hecho añicos los ojos de los peces. Los míos y tuyos.
Alrededor de las mochetas crecen enredaderas grises.
Hace años que la eternidad deambula con un féretro.
En realidad las palabras se enredan en la saliva, luego flotan
En el aliento como azacuanes sin memoria.
Siempre los tejados se vuelven extraños cuando la luna los lame,
Y no deja nada de ratones para los gatos
Que se desviven en sus propios alaridos de brama.
Cualquier penumbra sabe mejor que la salmuera del desempleo.
Las promesas o los juramentos son un rapto a la razón,
Aunque uno tenga que escribir en el día a día de las sombras.
Cualquier ojo me parece un sueño abierto.
Sobre todo cuando en ellos hay colores como el arco iris de Miró.
Uno deambula junto a féretros vivientes. Bebemos la Esperanza
En pócimas de salmuera calentada por si acaso.
Será siempre que en los cabellos se enreden los barcos y los trenes,
El pasto de las mañanas y ese lenguaje que usan los gusanos
Bajo las tormentas.
El tiempo nos habla con gajos de sutiles sombras. El tiempo
De las dunas y los pasamontañas de los espectros.
Nos vemos desde la garganta ciega, desde la nada de las centurias.
Nos vemos a penas en el tablero de los relámpagos.
El cielo desfila en la tinta fuente del crepúsculo como buey
Hacia el matadero, sin más gravedad que el degüello.
Nos vemos en las lápidas con letreros que dicenRESQUIESCAT IN PACE,
Aunque la vida de migajas se haya hecho una cadena
De herrumbre capaz de sumergirnos en la tormenta.
Desde luego, de vez en cuando hay que reirle a este extravío:
Sólo así la punzada es menos dolorosa, menos patética en estos
Momentos donde es necesario el charco del amor.
Al final toca desde los tejados lanzar banderas con la palabra sos…
Barataria, 04.XII.2009


sábado, 5 de diciembre de 2009

Esta luz del tiempo-André Cruchaga

Autor de la fotografía:Urtzi Vera



Esta luz del tiempo






Las llamas que hago recortar de tiempo en tiempo por el peluquero
son las únicas en delatar el negro infierno interior que me habita
LOUIS ARAGON

con cada tumultuoso amanecer,
la luz arrasa el reino de la noche
y emprende su combate.
CARLOS MARZAL






Un día, al nacer el agua hizo luz. Cedió el gris del tiempo.
Desde entonces la abrazo, aunque a menudo sea huidiza.
A menudo la putrefacción de los taburetes la vuelve charco
De viscosidades inciertas.
Siendo extensión de los nombres guarda la hoguera
Del silabario, y la transparencia hormigueante de los rayos.
En los colores me borra el suspiro de la noche.
En el rostro es cruel el ala de los pájaros. Los cielos inasibles
Que nunca he visto, la creación hecha de arrebatados metales.
Lo que sucede cuando se disuelve en el ansia es horrible:
—No hay Dios que borre el eco de los aserraderos,
Ni cambie los establos nocturnos del aliento.
Siempre es así cuando el pan desvaría en el hambre.
Cuando la piel se vuelve un trozo de hollín,
Y los tabancos oscurecen de insectos. Y la mañana es una
Lágrima sin fluir sobre las calcinadas moscas del fuego.
A menudo la luz es la misma sombra inconfundible de las piedras.
Iceberg de fallidas cucarachas,
O simplemente piscuchas enarbolando pañuelos etéreos.
En mi costado el aire hiende sus almácigos —hiende, digo,
Agolpadas ventanas, cerillas como astillas dulces,
Inviernos de aceras, donde los trenes cuelgan sus vagones.
Esta luz del tiempo tan real en la cruz desgastada
De mis zapatos, sucesión de ventanas en zanjas yertas.
Esta luz en la saliva. Desvelada y húmeda en el tiempo.
Evidencia es de los colmillos que trituran pastizales. Ceñida
Tapicería de la intemperie.
Cada sábana hace su trama de entrañas. Cada júbilo salta
En las monedas del sueño, cada color se vuelve inicial desvarío.
Siempre es muro de infinita libertad. Abrigo frente a la penumbra.
Ya en los ojos, grotescas resultan las fisuras en el sueño.
En la razón no cabe la porcelana del calendario.
Jamás el tránsito heroico carece de misericordia: —la luz agita
Las formas, y el abanico inexorable del mar.
Ahí no hay que interrogar a los espejos, ni extraviar los días
Amables, ni saltar sobre las astillas de lo ininteligible.
De pronto hasta las estatuas parecen menos oscuras y los lobos
Vacilan en la alegoría de las pupilas.
El aire se agolpa en las lámparas del mediodía, en el hilo
De lo humano. Aquí no caduca en los bolsillos como una moneda
Gastada, sino que danza como un juego de sombreros.
Así la certidumbre conmemora al ala.
La rebelión contra lo oscuro y desconocido. La oquedad del polvo
Sin gloria, sin la presentida espuma en el olfato.
La luz deshizo los acantilados de la desolación,
Y forjó sin piedras, el destino intermitente del asombro.
Barataria, 03.XII.2009

viernes, 4 de diciembre de 2009

Humedad de las palabras-André Cruchaga

Cada palabra es el descubrimiento del mundo.
En cada vocablo descansan las fronteras familiares.

Autor de la fotografía: Joaquín Sánchez Romero








Humedad de las palabras








Hemos olvidado que de todas las zozobras humanas
Sólo la palabra se encuentra iluminada
NIKOLAI GUMILIOV

He pasado todas las páginas del libro sin topar con la esperanza.-
La esperanza quizá sea el libro.
EDMOND JABÈS







Me veo cada mañana en la humedad de las palabras.
Asumo el espejo donde las leo: la piel, las pupilas, las ventanas.
Cada palabra es el descubrimiento del mundo.
En cada vocablo descansan las fronteras familiares.
Aquí están todas las sombras vividas y el amor que profesamos.
En la vecindad tuya y mía se multiplican los significados.
En cada paso reivindicamos su conquista: —Nombrar siempre
La humedad de los relojes en los litorales de las sienes.
A veces la noche las extravía en su hielo oscuro; pero luego,
Vuelven a ser lo que son: libélulas de azúcar o moscardones
Dependiendo de quien las pronuncie o las extravíe.
Hay palabras como faros en la lejanía de los océanos.
Existen palabras suaves como los vilanos de un día maravilloso.
A veces nos devoran el silencio y todos los escalofríos.
Una a una se tornan semanas de mazorcas. Desafiantes espadas.
Surgen en la avidez por el horizonte.
Viven en el nido empollando los pájaros.
Nombrar la agonía de los días cansados.
Denuncian la vida fría del vejamen.
Nosotros, los dementes la hacemos luz.
Cada palabra es una efigie a la historia y a la memoria. Al aliento.
—Vos y yo somos parte de esas antorchas hechas sonidos. Parte
De esa herida del paisaje. Parte de los folios consagrados de la herida,
Parte del odre que sostiene el cuerpo.
Las palabras transparentan la alacena de las preguntas.
Nunca faltan en la espiga de los espejos. Nunca sobran en la sal
Del rostro. Siempre están ahí desparramadas en los libros.
Siempre como lámparas en el umbral de la conciencia.
Siempre encima de las enredaderas. Siempre escaleras del follaje.
[Me hicieron ahogarme en las aguas del fuego de los Evangelios;
En la primavera tardía de las calles,
En el puente redondo del arco iris, en la carne sumergida
De los aleros a trescientos sesenta grados, en la urna del hambre,
En los dados de la vigilia, hartos de esperar…]
—Las palabras—: puedo imaginarlas, olerlas, sentirlas, agarrarlas
En el tropel, morderlas en la harina del ombligo y el pubis,
Escribirlas en los manteles de las lámparas.
—Las palabras—: un día alzaron vuelo desde el silabario.
Un día encendieron las antorchas de las catacumbas. Un día salieron
Húmedas de la boca para no confundir el polvo con el grito.
Ahora festejo su eternidad de encajes.
Ahora cuando el incendio de la noche llega hasta el cuello…
Barataria, 30.XI.2009