martes, 12 de enero de 2010

Con un poco de aburrimiento

El mapa de los sueños cada vez pierde sus ventanas.
De un día a otro los caminos cambian de transeúntes.
El sobresalto no puede ser más angosto que las calles.

Autor de la fotografía: Miquel Sancho Subirats








Con un poco de aburrimiento








Con un poco de aburrimiento este poema de sombras.
Vengo cansado de caminar sobre las aguas; de ir y regresar
Al mismo sitio. De huir y permanecer en la lluvia.
Ahí juego a la ambigüedad de los espejos.
Al aire que desvela mis calamidades de hombre.
Del alma surge una cueva de luz: luz que abre gajos de pájaros.
Sillas sin patas cayendo en el desuso.
El mapa de los sueños cada vez pierde sus ventanas.
De un día a otro los caminos cambian de transeúntes.
El sobresalto no puede ser más angosto que las calles.
Hay cansancio en este laberinto de ojos desbordados.
Hay puestas de sol que no trascienden y sin embargo empapan
Las pupilas; muerden las sienes; enjabonan los párpados.
Cuando miro fijamente los jardines se quedan extáticos,
Como el miedo a los cielos subterráneos
A menudo el tiempo no cabe en los hombros.
Se queda como una isla en la garganta. Vuela en medio del temblor
Desde las venas, el aburrimiento ondea en las redes de los ojos.
El día chorrea astillas de dolor, tatuajes de sobresalto, tumultos
De hálitos adversos, eructos como los golpes de la noche y la desidia
A menudo necesito ojos para escrutar el hollín de los poyetones.
Necesito la oscuridad para revelar el cuerpo de la sonrisa.
De pronto debajo de las sábanas uno se da cuenta que se está vivo
Y que el hambre desvela las banderas del cuerpo estremecido.
Hay días sin escaleras y con ventanas sucias.
Rostros que sólo se pueden ver a la distancia.
Brasas que apagan los ojos de las mordidas. Cabellos que se mueven
Al ritmo de la saliva, bajo los recuerdos salobres,
Mullidos en el marisco del susurro.
Hay días, peores, lo sé, a los recuerdos huidizos. —Uno tiene
Que afrontar las horas crepitantes de los inodoros,
El zambullido oscuro de los sombreros,
El regreso a la noche con los desagravios del césped.
Uno tiene que andar las calles malolientes del sudor en los relojes,
En la cripta que sucumbió a las sonrisas,
A las preposiciones en suspenso, al extravío de los ojos
Frente a las vitrinas,
A esos tiempos donde la sonrisa simplemente es un eco,
De cansadas glorietas.
Uno escribe con aburrimiento cuando el horizonte se llena de silencios,
Cuando la piedra escudriña en el pozo de los poros,
Cuando todo el fuego quema la resina de los parques.
Uno escribe, después de todo, en el desierto del papel,
Bajo el insomnio o los absurdos,
Descendiendo del espejo al ascua, hasta que desaparece el tiempo
Entreabierto, —este tiempo inevitable de asfalto…
Barataria, 08.I.2010

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