domingo, 10 de enero de 2010

Días impasibles

En los cuartos oscuros del hambre, desvelo mi lengua,
Ensimismo los insectos de mis dedos, desnudo las estampillas
De la piel, invoco la harina de las raíces.

Ilustración tomada de la red









Días impasibles








Rechazar el sueño de la ingravidez
no implica renunciar a la caricia de la piel azul del cielo
ni del dulce légamo suavísimo del fondo
JORGE RIECHMAN








Pregunto a la oscuridad de la tierra por la luz extinta
De los cuadernos. —Abisal mamadera de la historia.
Lo banal que resultan ciertos remordimientos, el destino
Del ajonjolí en la conciencia, la lengua del agua sobre desmadejados
Sueños, —la nostalgia por los geranios y la piedra pómez del alba
En el último café que bebo en la noche.
—¿Hacia dónde el tiempo o la memoria,
Los próximos rascacielos del arco iris,
El sueño deteriorado por angostas sílabas, la joroba gastada
De los sueños. Las malas horas dislocadas en la ternura de los gatos?
Hay días parecidos a los tsunamis, —días impasibles y de infamia,
Días como la oscura cola de los burros,
Como los cascos sobre las piedras, como la mano de la arena evocada.
Hay días razonablemente imperturbables, —días como el hígado
De las circunstancias, con sabor a metástasis.
Pregunto por todos los crímenes vistos por los anteojos:
—Aun aquellos imperceptibles, los lánguidos cuerpos nauseabundos.
Los inverosímiles al golpe de las sombras,
Las sombras labradas en el zarpazo, la materia fecal del aterido,
El que aguijonea la carroña y la esparce, lo que parece huerto y no lo es
—la escoria abominable del tedio,
El mismo golpe triturado en la blasfemia.
A menudo de las ventanas brotan caracoles siniestros. Espantapájaros
De la risa, centenares de papel cuadriculado sin calcar bordados,
Un día estaremos más lejos de los oasis de lo que ahora estamos.
Un día junto a la carcoma de los úteros.
—¿Habrá estertores más negros que el carbón? Más negros —digo—,
Que las sanguijuelas de ciertos pasamontañas.
Que el rictus del agua en las rodillas, que los pensamientos
En el miasma de los mariscos; los mataderos son tan ciertos hoy en día
Como los muros contemplados por las manos.
—¿Habrá números más tranquilos que los dictados por Dow Jones,
O por las plegarias de las grandes iglesias con sus diezmos celestiales,
O por la bestia al pie de la escoba para barrer los patios
De la cruz en su pedestal insurrecto?
Sin duda hay necesidad de contar los días de las semanas con franela.
La fábula alrededor de los tímpanos,
La velada que hacen las hojas en el juicio final de los relojes,
El candil de ceniza detenido en la carne,
El sobretodo del espejismo en las pupilas de los taburetes,
El ascua de los días encabritados al mediodía, en la noche, a toda hora,
La camisa de la emoción cortada por el Padre nuestro,
El sostén hambriento de bocas el día domingo.
En los cuartos oscuros del hambre, desvelo mi lengua,
Ensimismo los insectos de mis dedos, desnudo las estampillas
De la piel, invoco la harina de las raíces.
De otro modo sería imposible soportar las esquirlas…
Barataria, 05.I. 2010

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