miércoles, 13 de enero de 2010

Falacias del olvido

En la arena del tacto reposan los recuerdos. No sé si hay razón
Para este delirio. No sé si en la oscuridad reposan los deseos
Autor de la fotografía: Jaume Feliu Roca








Falacias del olvido








La sorra que mastega és la d'una agonia invisible i perpètua
Les flames que faig retallar de tant en tant
LOUIS ARAGON







En la arena del tacto reposan los recuerdos. No sé si hay razón
Para este delirio. No sé si en la oscuridad reposan los deseos,
O sigo siendo el perro que sumerge la cabeza en el tobogán
Duro del aire.
El trino es ese vaso de mordidas de los pájaros en las sienes.
La rotación de las falacias que no duermen en su cueva,
La redondez de los pezones en la luna creciente del filo.
—Ni siquiera en la ceniza existe el olvido. Está ahí, en el insomnio
De las ventanas, en la piel mordida por los toros del agua,
En las nejillas oscuras del abismo.
Es imposible que los peces no se enreden en el ombligo,
Es imposible que el jade del pubis se pierda en las páginas de los libros,
Es imposible no sentir la lluvia en el sigilo de los Cisneros,
En la hamaca líquida de la lengua,
En la rama de los colores que caen en la frente.
—Tampoco uno olvida las catástrofes. El pan de la zozobra unida
Ferozmente a los relojes, el ecuador de las piedra ahogando
El pensamiento, el derecho a odiar las monotonías.
Hay —pensándolo bien—, a la hora de dormir, palabras innecesarias,
La serpiente del hambre trasparente en los portales,
Ciertas falacias que nos roban la respiración,
El horizonte que sangra con ojos insaciables,
Las aceras donde la lengua sirve de petate y cobija y no se declaran
Estados de emergencia: —las utopías desde este plano no son
Ventanas a futuro, ni siquiera llegan a boceto,
Sino a una especie de motón del humo diseminado por el tabaco.
[Vos y yo sabemos esta suerte de realidad nacional. Jamás podremos
Olvidar los muertos trashumantes del rocío,
El túnel que nos bebió la alegría, el ostracismo,
El pozo de la oscuridad con su muro de polvo, —las imágenes
Obscenas de la historia con su trópico de armamento.
Nunca habrá olvido en este cuaderno de mi memoria, ni siquiera
Absolución para el aire enrarecido].
Hay ciertos aromas que se vuelven una estaca en la piel.
La salmuera cercena la piel de las palabras.
La medianoche incendia el crujido de la sangre. Lo hace añicos.
—¿Cuándo libraremos las batallas de las mentiras,
La depredación del sueño sin termómetros, la claridad azul
De los trenes, los rieles, sin que en los ojos crezca la maleza?
Para no entrar al vacío, uno embalsama la memoria.
En cada calendario el ojo resucita lo necesario: la brasa íntima
Del parabién, y cercena el foso de la bruma.
Nunca será sólo escombro el olvido: en lo que se vive o se ha vivido,
Resume los vasos inmemorables de la herida…—Esa herida,
A fin de cuentas, que no declina en los arcanos…
Barataria, 09.I.2010



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