viernes, 8 de enero de 2010

Pasada la tormenta

Pasada la tormenta de los años, los burdeles dejan de ser
Una prioridad esencial, cambian los pezones del alba,

Autor de la fotografía: Marco Viniciio Torres Montenegro








Pasada la tormenta







L'Home en peu davant de si mateix, en totes
Les seves projeccions d'univers.
MANUEL JOSÉ ARCE Y VALLADARES

Ofeguem el passat com un rèptil impur ...
ALBERTO GUERRA TRIGUEROS






Pasada la tormenta de los años, los burdeles dejan de ser
Una prioridad esencial, cambian los pezones del alba,
Por la tormenta de la noche, por el ahogo de los espejos
En las sombras, por el principio mortal de lo impalpable.
El cuello de la angustia en el buey de la ansiedad,
El ánfora proscrita del azúcar, el latido de la carne en su mutismo,
La sed por el olvido glacial del aleteo,
A veces el dolor ciego rasgando la palidez del tiempo.
El camino se vuelve la parábola de los suicidas. —Avanzan las pupilas
Vencidas de la espiga, el arcano ciego del mutismo,
La eclosión hostil de la acechanza.
Nada queda del camino andado, sino las pupilas gastadas,
Las fauces del día con la sal de los brazos, hondo pájaro de la entraña
En las líneas de su propio océano.
Hay una luz sombría en el panal del surco, —luz urgida de ciénaga,
Luz que deja de ser misterio en la armadura de los grillos.
Luz que desvela los ojos ciegos del viajero.
Luz de guijarros dilatada en la garganta.
Luz de turbadas piedras, caverna donde el afán se agota y madruga
La incertidumbre con su kerosene de filosas mordidas.
Pasada la tormenta, no deviene el sosiego, sino la tortura.
La orfandad crepuscular de caracoles, el pájaro estéril de la altura,
El lobo del pavor en los claroscuros,
El gozne árido de las ventanas,
La herida interna de la savia, la inminencia del pie hundido
En las vísceras: —la porcelana del musgo, la colmena de las olas,
En el cobre de las tortugas.
La edad, sin embargo, es un océano insepulto.
[Al principio tuvimos paz necesaria. Y salvamos todos los imprevistos.
Todo era una sola palabra sobre la tierra. Cada sílaba tenía el tamaño
Del aire; cada campana, trinos de azúcar; cada lengua, memoriosos
Ángeles; cada boca, la expansión del trueno; cada rama, el contorno
De tus poros; era pues, líquido el color del arco iris…]

Después la piedra en la tormenta.
El ojo apagado de la levadura.
El desdén apátrida del golpe, el polen roto de los cereales,
El vacío en las inmediaciones del tacto,
La cavidad del aroma vacío, el primer aliento sin tacto,
El alma sin pesebre, huesos coronando las pupilas como vértebras,
Hilos tímidos en el polvo del éxodo.
Antes el maíz del día, el aire sin tensiones.
Ahora la isla en el recuerdo como un juego de espejos inciertos.
Ahora las compuertas en el rocío,
La claridad dudosa del alba, el lecho sin incienso, el tacto extático,
Y el olvido, ineludible, rompiendo el paladar…
Barataria, 03.I.2010

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