martes, 26 de enero de 2010

Sinfonía de la esquirla

Con certeza me devuelvo a los sitios más comunes. —Ventana
En la piel, abriéndose a caminos remotos.

El silencio habitado me parece una sinfonía.
Autor de la fotografía: Alonso Muñoz







Sinfonía de la esquirla







Por las cuatro paredes del cerebro
Repicando a compás sus consonantes…
RUBÉN DARÍO

Horas de las vidas,
De las muertes de mi vida.
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ






Con certeza me devuelvo a los sitios más comunes. —Ventana
En la piel, abriéndose a caminos remotos.
El silencio habitado me parece una sinfonía. Las esquirlas
Rompen las venas de las puertas, el frío enorme de los sueños.
El tiempo es una identidad giratoria en las aguas dilapidadas
Del aroma.—El tiempo, ese tiempo de carne y hueso horadado
Por la esquirla que retuerce las sienes.
Aquel presagio es la cruz, la desnuda fe de los refranes.
Aquel manantial de la utopía, hoy sigue siendo preludio
De los múltiples naufragios del alba.
¿En qué lavadero público la ropa olvida el jabón? El Cristo solo
En un establo sin raíces. El ciego acribillado por los dogmas.
Dos siglos y diez años en anónima vigilia.
Arde la voz en la bruma de los descalzos. Arde el ansia del minuto.
[Contemplo como un niño los pezones enhiestos.
Y es una audacia salir ileso del orgasmo en la súplica del azúcar.
Pacíficamente no puedo proclamar la esperma,
Necesito hincarme frente a la densidad del calendario].

Cuánta deidad cabe en la oscuridad de Troya.
Cuánta conciencia sajada —y en agónica requisitoria.
Cuánto mundo a la deriva de la fiebre —incesto de panales,
Gemido atizado por la desventura de los sueños.
Cuánta caverna, ahora, inconfesa. Mapa de muertos en la niebla.
Tanto destello en migajas de adulación.
Tanto que uno quiere morder el cuello del índigo
Sin tapaboca, sólo con la brasa desollada del anhelo. Tanto.
Tantas ganzúas en los tímpanos, tantas púas en lo audible. Tantas.
Uno ya no se fía del tiempo: ha caído en la pista de los disfraces.
—De tanto andar la voz se ha vuelto piedra:
Tormenta, hoguera, suplicio, qué se yo. Qué de las tercas marejadas.
Qué de los descalzos con parabienes de palabras.
Las telarañas han tomado las raíces de la herida.
Las audiencias están a la medida del zumo. Las audiencias Moribundas.
Las audiencias de la yesca. La fosa común del designio.
He caminado con la pira en mis hombros, sin estrella.
He masticado las uñas de la intemperie y la estampida.
He sangrado todos los naufragios en mi garganta. He sangrado.
He sangrado la noche que respira en mi sed. He sangrado el azufre.
Días enteros en medio del ventarrón. Días sin aceites respirables.
Días respirando la gangrena. Días como los puntos suspensivos
Del respiro. Ahora me convierto en el hipo de la maleza.
Ahora acurrucada la paja en el ojo ajeno. Ahora los pulmones
Con comejenes. Ahora los fémures en las encías. Ahora.
El delirio vano es tan fuerte como la mentira. Uno desvive el hábito
Tullido de mirar. El hábito de respirar piedra o espuma.
Al borde del achiote mortuorio, se mastican albardas y pepitorias.
Al borde de la tórrida alambrada, el tránsito con sus yerros.
Al borde los paraguas, las paradojas en la hornilla…
Barataria, 17.I.2009

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