lunes, 25 de enero de 2010

Trillo de la paja

Hablo del diario de la risa acribillada,
De la orfandad que agrede la espalda, hablo de la eternidad
De las carnicerías, de la sarna que habita en las palabras.

Autor de la fotografía: Francisco Javier Bru Gorraiz









Trillo de la paja








Me asomo al pozo y en su sombra se refleja
Una imagen perdida en el tiempo,…
FRANCISCO BASALLOTE MUÑOZ








Frances Cairncross nos habla de la muerte de la distancia.
En cambio yo hablo de los floreros asfixiados,
De las frases pestilentes en los labios, del gemido hondo
—Si se quiere—, del musgo cobijando los sueños supuestos.
Hablo de la caries en la señal de la cruz,
Hablo de las crines insoportables, del alambre de púas que tienen
Las caricias solapadas y las constricciones,
Hablo del diario de la risa acribillada,
De la orfandad que agrede la espalda, hablo de la eternidad
De las carnicerías, de la sarna que habita en las palabras.
[—Hincarse no tiene más mérito que el cansancio de las rodillas,
Que la farsa tránsfuga; tampoco hace converso al pájaro apóstata.
Se trata más bien de una bofetada a la doctrina de la fe].

En el disfraz encajan bien las palabras graves y agudas.
Hoy es la obligada claridad de los clowns. De la trinchera
Con alfombras. De las verdades obligadas en los tejados.
—Usted y yo los sabemos cuando los culatazos del hambre
Nos amedrentan. Cuando el puño de la clandestinidad nos acecha.
Usted puede creerlo o no creerlo. Puede inventar otro mar.
Lavar su cuerpo con el sopor de las ventanas. Tallar y besar
Su propia herida. Salir y dar la espalda a los pájaros.
Invocar la naturaleza muerta de algunas destrucciones: —sus sueños
Son sólo suyos. Descienda o no a través de las asonancias del paisaje,
Coma o no con los ojos cansados. Le inyecten o no insulina
A su desgracias. Usted y yo sabemos que las imágenes se exhiben
Mejor desde los balcones, lejos del sudor de la gente.
Usted y yo sabemos que no formamos parte de esa estirpe, sino
Del juego maltrecho de los relinchos,
De esa tristeza con gestos de escoria. —Somos, después de todo si usted
Quiere—, apenas un futuro incierto trazado con los testículos.
Después de todo, tampoco quiero que me crea: —piense que es
Desatino de mi memoria. Llámele incertidumbre en medio del azogue.
No me haga caso, aunque los músculos de Hércules lo seduzcan.
Piense en el disfrute del copal y no en los prohombres. —Ellos están
Demasiado ocupados en sus paranoias. Y hasta quizá,
En la exquisitez de nuestra propia ignorancia.
No me lea. Y si lo hace, tómese primero unas cuantas cervezas:
Así podrá sentirse merecedor de este mundo. Siéntese y piense
En los barcos, —no le digo en los aviones de primera—: el viento
Suavizará el horizonte escarpado de los suspiros.
Cómase los discursos, —aunque no lo crea—, también usted los paga
Con la razón o sinrazón de su utopía.
Vaya a misa, tal vez la realidad sólo es quimera.
Talvez los espejos le hagan tangible los domingos y los días de guardar.
Desnude el ahogo en la almohada; no tiene otra salida.
Usted y yo sabemos que nos hemos vuelto inexistentes. —Pero no me
Crea, descubra por usted mismo la causa del desmayo.
Siéntese y sacuda el polvo y siga rezando el Padre Nuestro
En la travesía. Ello le hará más llevadero el dolor. Y, hasta podrá,
—Si quiere—, echarle kerosén a las sombras del camino.
Barataria, 17.I.2010

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