sábado, 23 de enero de 2010

Ventisca del escondrijo

Las ventiscas de la historia también caben en los escondrijos
De los poros. A menudo son instantáneas como la celebridad
De los fósforos cuando desenfrenan sus epifanías.

Francisco Catalá Arenós








Ventisca del escondrijo








…a solas con tu vida entre cielos e infiernos,
entre nada ya es suficiente y demasiado no basta…
BENJAMÍN PRADO








Las ventiscas de la historia también caben en los escondrijos
De los poros. A menudo son instantáneas como la celebridad
De los fósforos cuando desenfrenan sus epifanías.
Uno aquí, embriagado con la bruma de la niebla, el cable,
La publicidad obscena de los pezones y la risa,
Astillas de olor en medio de la austeridad, la lujuria posesa
Por devorar los periódicos, las trampas de la arrugas en la altivez
Del coito, siempre Heráclito en la depilación de los encajes,
Siempre descubrir el destello del escondrijo:
—El camarógrafo difuminando los orgasmos; el artificio hecho
Desde la armazón de las guitarras.
Luego el ocio duerme en la lengua de las orquídeas.
Los sonidos terminan por ser, un lamento, manifiesto, himno,
Quizá una milonga, quizá un the old folks at home, un shining moon,
O simplemente, un close together.
Cada hiena tiene ojos de ignominia. Uno tirita en el estiércol
De las sábanas. Los teléfonos no sirven para cruzar la espuma,
Ni para derribar la ira bestial de los dioses,
En la muralla china de los cabellos.
El País es indiscutiblemente perturbador: siempre escasamente
En pijama y a media cama a la hora de dormir.
Claro que unos lo adoran porque es una resurrección permanente.
Yo juego con el País a la hora de eyacular, quizá eso haría
Picasso próximo a una mortaja. Cambiaría quizá la liturgia
Pero no el páramo desbordado, no los coágulos de recuerdos.
Ahora me pregunto quién inventó el infortunio de los enigmas:
La sagacidad de las transnacionales para exportar las estrellas,
El medioevo carente de circuncisiones, las cejas de la cesárea
En la hoguera, o la nicotina pendular de los sofistas.
A quién fiarle la preñez de muertos del País: —los que la moral
Lava en la misa de los domingos; los engendrados por la dialéctica,
O los que simplemente se cansaron de morir y han aumentado
Los números de la putrefacción.
Si nos vemos por dentro sólo hay vísceras. El aposento para nupcias
Cabe únicamente en el ojo de una aguja,
Aunque no sea camello. Juro que aquí para estar bien, hay que
Festejar de rodillas la nueva Babilonia,
Los sacros adoquines sin bióxido de carbono. Hay que ver la vida,
Con perenne automatismo, limando el sexo hasta sangrar de hábito.
A uno le queda beber la salmuera en guacales de morro.
A menudo se debe invocar a Hipócrates para la autocuración,
Quizá también a Maimónides, Averroes y Avicena.
De seguro cualesquiera de ellos es mejor a los masajes de malhumor
En los autobuses, a las reformas Tributarias, a los estallidos de las
Pústulas a la hora del almuerzo.
Estoy seguro que los poderes fueron creados para engendrar el miedo
Y no para hacer transitiva la felicidad.
De otro modo cada quien sangraría a su medida y no al compás
Monocorde de la herida…
Barataria, 16.I.2009

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