viernes, 15 de enero de 2010

Viaje a la profundidad


Autor de la fotografía: Blas Prieto Sánchez







Viaje a la profundidad








Jo no sóc el que parla de l'odi.
Són aquestes màscares d'eina d'altri,
virgula que va sacsejant el vent,
pol len subjecte entre maons,
pols que eixampla ciutats i estacions.
JAIME AUGUSTO SHELLEY







No hay fronteras, —pese a todo—, en ese andamiaje de estupores
Donde el mundo regodea sus insanos obeliscos.
Entre la crispación de cruces, uno se adentra en la espesura
De los clavos, en el hábito de la ráfaga que se consume
Con su ración diaria de deshechos tóxicos. Uno se adentra y clava
En lo áureo. En el interior, el trino es soberano,
—El mar reparte las aguas diáfanas del viaje; el vidente busca
Los acertijos del azúcar y la hogaza comunicante de la conciencia.
Ahora no busco la sal de la ola,
Sino el nudo de los signos en su abisal aleteo, —vaivén, acaso,
De herida, hilos del aliento en la luz real de los círculos.
No busco el teorema de los ojos, mucho menos la paradoja de la bruma,
Mucho menos refrenar el fantasma del escombro,
Ni el ardimiento profano del fuego,
Sino ese aprendizaje de las espadas cartesianas,
Los grifos gaseosos de la teogonía,
Las nubes negras, húmedas de Miró en la sábana del ahogo.
La ansiedad que producen ciertas fragancias en el instante
Del trasiego —los miedos desde dentro de la respiración.
Muerdo los arcanos del alcanfor; el clavo de olor masticado hacia
La secuela de los relámpagos; el epazote reverberante del tragaluz,
El entresueño soterrado del cinconegritos,
La gratuidad de la albahaca en mendrugos de heridas sin cauterio.
Ardo bajo la hipnosis de ciertos grifos.
Desfloro el gemido ciego del cautiverio.
Envidio el cordón umbilical del hábito.
Desclavo los símbolos para proseguir en el tránsito del terraplén,
En el vaivén fosfórico del aliento, en la invención del delirio.
Desde luego, nunca es fácil caminar desnudo frente al pavor
Que producen las ergástulas, —Y me refiero, a las ergástulas del ahogo,
A la voz despiadada de la herida, al oído sordo, al aliento sin barbecho,
A la fronda de las armaduras que en nada se parecen al decoro.
En cada puerta imagino intemperies apestadas
De nubes y trenes salobres, sillas con pesadillas de olvido,
Palabras ciegas como un cortometraje dantesco,
Serruchos como el oleaje migratorio de los cuervos,
Magdalenas, Lázaros, lamiendo su propio estertor,
Pablos, juanes, ezequiles, Mateos, sanedrines, caifases, Pilatos,
Barrabases enhebrando las mariposas del vaho,
Trasluciendo el funeral de su olfato, tocando arpas de hastío
Como aprendices en los girasoles de Van Gogh.
Miro con cierto disimulo el osario de hoy día de los paleolíticos.
—¿Cuánto ha cambiado la levitación de las muchedumbres en esa
Obscena crucifixión frente a tantos Anases que aplauden el martirio?
A veces me harto de los rascacielos subterráneos.
De ciertas toxinas gratuitas diseminadas en las palabras.
Me harto de ser cartero y rendir pleitesía a las estatuas, al psicoanálisis
Ponzoñoso de la histeria, a los dispositivos de seguridad
A estos dos mil años de decir lo mismo, sin ninguna ocurrencia.
Barataria, 09.I.2009



1 comentario:

FRANK RUFFINO dijo...

Poeta André Cruchaga:

Disfruté todas las líneas de "Viaje a la profundidad", poema, peldaño a peldaño, caminado desde dentro, hasta el último escalón que llega al suelo en un aterrizaje lapidario:

"A estos dos mil años de decir lo mismo, sin ninguna ocurrencia".

Un abrazo fraterno,
Frank Ruffino.