jueves, 28 de enero de 2010

HAY UNA GAVIOTA QUE NO ES UN BLUES


Autor de la fotografía: Fernando de Toro Ortiz








HAY UNA GAVIOTA QUE NO ES UN BLUES








Desconfía de aquellos que te enseñan
listas de nombres
fórmulas
y fechas
y que siempre repiten modelos de cultura
que son la triste herencia que aborreces
JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO







Hay una gaviota que no es un blues. Un aire que parte
A lo indefinido. Flautas, senos, arrimados al trópico.
Quiero explicarme los sombreros curtidos de la libertad,
Las sonrisas pujonas de los trenes, las boinas manchadas
De tabaco, el continente con vacas moribundas,
Los camaleones en planicies de muecas,
Las arañas con su vastedad de saliva,
Enero gris de convalecencia,
Febrero con úteros desgastados,
El mapa de la digestión abandonado, —me dicen que hay mejores
Colores que el negro o el blanco, que los bagres en alcantarillas.
El amarillo salpica las calles estrujadas, las gaviotas por docenas
En los mercados de pulgas, los primeros pájaros de la tristeza
En los neumáticos,
Las madrugadas siempre saben a ecos exuberantes. La mata
De majonchos con percusiones singulares. Una conversación
Con las aves, vale más que un apretón de manos; es otro cielo donde
No incomodan los codos, ni las postales son necesarias, ni un tenor
De vejigas a punto de estallar,
En la hernia de los bigotes. —Mi madre siempre me enseñó buenos
Modales; sin embargo, pongo en duda su validez en este tiempo.
En el cántaro de los litorales, la hamaca de la espuma mece las gaviotas
Con puñales de sal.
Hay pájaros ávidos para la diafanidad; otros, para lo oscuro.
En la antípoda de las nubes, está el tejado flotando en mis sienes.
En las tinajas de aquella mujer que amo,
Cabe la maroma de mis ojos,
El sombrero de la marea,
El quintal de esperma para tenderse en la hierba
Taladrar la desnudez, quitar las ramas del vestido, picar el cielo
Con el vuelo, asegurar el buche de las olas, columpio del mar
Encabritado.
Después que venga el veredicto del subibaja, la posibilidad de Alicia
Cruzando las curvas de la lengua,
Las palas del sudor,
Las pesadillas de la pantera negra de la armónica, el baño de las leguas
Submarinas, el oso panda destartalado en el papel higiénico,
El viejo enfado de los gatos gruñones, la pelvis suculenta con salsa
De tomate, el pan acumulado en la alacena de la pimienta.
Hay una gaviota que rompe mi sosiego.
A menudo es un hipermall de ventarrones.
Sus dientes filosos muerden mis sueños. Su tanga conspirativa,
Nada paciente, monta hasta el buche de las persianas.
En el trote se borran todas las beligerancias. La vagina del mapa
Me deja soñar con el sonambulismo de los frijoles.
Y es mejor así —que una gaviota no sea blues. Sino sopa, jardín,
Libro, escalera, globo terráqueo…
Barataria, 24.I.2010

martes, 26 de enero de 2010

Sinfonía de la esquirla

Con certeza me devuelvo a los sitios más comunes. —Ventana
En la piel, abriéndose a caminos remotos.

El silencio habitado me parece una sinfonía.
Autor de la fotografía: Alonso Muñoz







Sinfonía de la esquirla







Por las cuatro paredes del cerebro
Repicando a compás sus consonantes…
RUBÉN DARÍO

Horas de las vidas,
De las muertes de mi vida.
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ






Con certeza me devuelvo a los sitios más comunes. —Ventana
En la piel, abriéndose a caminos remotos.
El silencio habitado me parece una sinfonía. Las esquirlas
Rompen las venas de las puertas, el frío enorme de los sueños.
El tiempo es una identidad giratoria en las aguas dilapidadas
Del aroma.—El tiempo, ese tiempo de carne y hueso horadado
Por la esquirla que retuerce las sienes.
Aquel presagio es la cruz, la desnuda fe de los refranes.
Aquel manantial de la utopía, hoy sigue siendo preludio
De los múltiples naufragios del alba.
¿En qué lavadero público la ropa olvida el jabón? El Cristo solo
En un establo sin raíces. El ciego acribillado por los dogmas.
Dos siglos y diez años en anónima vigilia.
Arde la voz en la bruma de los descalzos. Arde el ansia del minuto.
[Contemplo como un niño los pezones enhiestos.
Y es una audacia salir ileso del orgasmo en la súplica del azúcar.
Pacíficamente no puedo proclamar la esperma,
Necesito hincarme frente a la densidad del calendario].

Cuánta deidad cabe en la oscuridad de Troya.
Cuánta conciencia sajada —y en agónica requisitoria.
Cuánto mundo a la deriva de la fiebre —incesto de panales,
Gemido atizado por la desventura de los sueños.
Cuánta caverna, ahora, inconfesa. Mapa de muertos en la niebla.
Tanto destello en migajas de adulación.
Tanto que uno quiere morder el cuello del índigo
Sin tapaboca, sólo con la brasa desollada del anhelo. Tanto.
Tantas ganzúas en los tímpanos, tantas púas en lo audible. Tantas.
Uno ya no se fía del tiempo: ha caído en la pista de los disfraces.
—De tanto andar la voz se ha vuelto piedra:
Tormenta, hoguera, suplicio, qué se yo. Qué de las tercas marejadas.
Qué de los descalzos con parabienes de palabras.
Las telarañas han tomado las raíces de la herida.
Las audiencias están a la medida del zumo. Las audiencias Moribundas.
Las audiencias de la yesca. La fosa común del designio.
He caminado con la pira en mis hombros, sin estrella.
He masticado las uñas de la intemperie y la estampida.
He sangrado todos los naufragios en mi garganta. He sangrado.
He sangrado la noche que respira en mi sed. He sangrado el azufre.
Días enteros en medio del ventarrón. Días sin aceites respirables.
Días respirando la gangrena. Días como los puntos suspensivos
Del respiro. Ahora me convierto en el hipo de la maleza.
Ahora acurrucada la paja en el ojo ajeno. Ahora los pulmones
Con comejenes. Ahora los fémures en las encías. Ahora.
El delirio vano es tan fuerte como la mentira. Uno desvive el hábito
Tullido de mirar. El hábito de respirar piedra o espuma.
Al borde del achiote mortuorio, se mastican albardas y pepitorias.
Al borde de la tórrida alambrada, el tránsito con sus yerros.
Al borde los paraguas, las paradojas en la hornilla…
Barataria, 17.I.2009

lunes, 25 de enero de 2010

Trillo de la paja

Hablo del diario de la risa acribillada,
De la orfandad que agrede la espalda, hablo de la eternidad
De las carnicerías, de la sarna que habita en las palabras.

Autor de la fotografía: Francisco Javier Bru Gorraiz









Trillo de la paja








Me asomo al pozo y en su sombra se refleja
Una imagen perdida en el tiempo,…
FRANCISCO BASALLOTE MUÑOZ








Frances Cairncross nos habla de la muerte de la distancia.
En cambio yo hablo de los floreros asfixiados,
De las frases pestilentes en los labios, del gemido hondo
—Si se quiere—, del musgo cobijando los sueños supuestos.
Hablo de la caries en la señal de la cruz,
Hablo de las crines insoportables, del alambre de púas que tienen
Las caricias solapadas y las constricciones,
Hablo del diario de la risa acribillada,
De la orfandad que agrede la espalda, hablo de la eternidad
De las carnicerías, de la sarna que habita en las palabras.
[—Hincarse no tiene más mérito que el cansancio de las rodillas,
Que la farsa tránsfuga; tampoco hace converso al pájaro apóstata.
Se trata más bien de una bofetada a la doctrina de la fe].

En el disfraz encajan bien las palabras graves y agudas.
Hoy es la obligada claridad de los clowns. De la trinchera
Con alfombras. De las verdades obligadas en los tejados.
—Usted y yo los sabemos cuando los culatazos del hambre
Nos amedrentan. Cuando el puño de la clandestinidad nos acecha.
Usted puede creerlo o no creerlo. Puede inventar otro mar.
Lavar su cuerpo con el sopor de las ventanas. Tallar y besar
Su propia herida. Salir y dar la espalda a los pájaros.
Invocar la naturaleza muerta de algunas destrucciones: —sus sueños
Son sólo suyos. Descienda o no a través de las asonancias del paisaje,
Coma o no con los ojos cansados. Le inyecten o no insulina
A su desgracias. Usted y yo sabemos que las imágenes se exhiben
Mejor desde los balcones, lejos del sudor de la gente.
Usted y yo sabemos que no formamos parte de esa estirpe, sino
Del juego maltrecho de los relinchos,
De esa tristeza con gestos de escoria. —Somos, después de todo si usted
Quiere—, apenas un futuro incierto trazado con los testículos.
Después de todo, tampoco quiero que me crea: —piense que es
Desatino de mi memoria. Llámele incertidumbre en medio del azogue.
No me haga caso, aunque los músculos de Hércules lo seduzcan.
Piense en el disfrute del copal y no en los prohombres. —Ellos están
Demasiado ocupados en sus paranoias. Y hasta quizá,
En la exquisitez de nuestra propia ignorancia.
No me lea. Y si lo hace, tómese primero unas cuantas cervezas:
Así podrá sentirse merecedor de este mundo. Siéntese y piense
En los barcos, —no le digo en los aviones de primera—: el viento
Suavizará el horizonte escarpado de los suspiros.
Cómase los discursos, —aunque no lo crea—, también usted los paga
Con la razón o sinrazón de su utopía.
Vaya a misa, tal vez la realidad sólo es quimera.
Talvez los espejos le hagan tangible los domingos y los días de guardar.
Desnude el ahogo en la almohada; no tiene otra salida.
Usted y yo sabemos que nos hemos vuelto inexistentes. —Pero no me
Crea, descubra por usted mismo la causa del desmayo.
Siéntese y sacuda el polvo y siga rezando el Padre Nuestro
En la travesía. Ello le hará más llevadero el dolor. Y, hasta podrá,
—Si quiere—, echarle kerosén a las sombras del camino.
Barataria, 17.I.2010

sábado, 23 de enero de 2010

Ventisca del escondrijo

Las ventiscas de la historia también caben en los escondrijos
De los poros. A menudo son instantáneas como la celebridad
De los fósforos cuando desenfrenan sus epifanías.

Francisco Catalá Arenós








Ventisca del escondrijo








…a solas con tu vida entre cielos e infiernos,
entre nada ya es suficiente y demasiado no basta…
BENJAMÍN PRADO








Las ventiscas de la historia también caben en los escondrijos
De los poros. A menudo son instantáneas como la celebridad
De los fósforos cuando desenfrenan sus epifanías.
Uno aquí, embriagado con la bruma de la niebla, el cable,
La publicidad obscena de los pezones y la risa,
Astillas de olor en medio de la austeridad, la lujuria posesa
Por devorar los periódicos, las trampas de la arrugas en la altivez
Del coito, siempre Heráclito en la depilación de los encajes,
Siempre descubrir el destello del escondrijo:
—El camarógrafo difuminando los orgasmos; el artificio hecho
Desde la armazón de las guitarras.
Luego el ocio duerme en la lengua de las orquídeas.
Los sonidos terminan por ser, un lamento, manifiesto, himno,
Quizá una milonga, quizá un the old folks at home, un shining moon,
O simplemente, un close together.
Cada hiena tiene ojos de ignominia. Uno tirita en el estiércol
De las sábanas. Los teléfonos no sirven para cruzar la espuma,
Ni para derribar la ira bestial de los dioses,
En la muralla china de los cabellos.
El País es indiscutiblemente perturbador: siempre escasamente
En pijama y a media cama a la hora de dormir.
Claro que unos lo adoran porque es una resurrección permanente.
Yo juego con el País a la hora de eyacular, quizá eso haría
Picasso próximo a una mortaja. Cambiaría quizá la liturgia
Pero no el páramo desbordado, no los coágulos de recuerdos.
Ahora me pregunto quién inventó el infortunio de los enigmas:
La sagacidad de las transnacionales para exportar las estrellas,
El medioevo carente de circuncisiones, las cejas de la cesárea
En la hoguera, o la nicotina pendular de los sofistas.
A quién fiarle la preñez de muertos del País: —los que la moral
Lava en la misa de los domingos; los engendrados por la dialéctica,
O los que simplemente se cansaron de morir y han aumentado
Los números de la putrefacción.
Si nos vemos por dentro sólo hay vísceras. El aposento para nupcias
Cabe únicamente en el ojo de una aguja,
Aunque no sea camello. Juro que aquí para estar bien, hay que
Festejar de rodillas la nueva Babilonia,
Los sacros adoquines sin bióxido de carbono. Hay que ver la vida,
Con perenne automatismo, limando el sexo hasta sangrar de hábito.
A uno le queda beber la salmuera en guacales de morro.
A menudo se debe invocar a Hipócrates para la autocuración,
Quizá también a Maimónides, Averroes y Avicena.
De seguro cualesquiera de ellos es mejor a los masajes de malhumor
En los autobuses, a las reformas Tributarias, a los estallidos de las
Pústulas a la hora del almuerzo.
Estoy seguro que los poderes fueron creados para engendrar el miedo
Y no para hacer transitiva la felicidad.
De otro modo cada quien sangraría a su medida y no al compás
Monocorde de la herida…
Barataria, 16.I.2009

martes, 19 de enero de 2010

Así es hoy

Sueño bajo la piel irremediable de los delantales y los sostenes.
Y sé que al final, sólo existe la espuma como el carao en los dientes.

Autor de la fotografía: Juan Pavón








Así es hoy








Como un alga dulcemente acariciada por el viento
En las arenas del viento te agitas entre sueños
Demonios y maravillas
Vientos y mareas…
JACQUES PRÉVERT


de les dents entre els núvols de la son,
alambins de saliva en marejada
de licor de serps en ziga-zaga de falsa fuita
PERE BESSÓ






Así es hoy: Siempre cunde la doble moral del vidrio en los curules.
Uno no puede fiarse de cierta habilidad para vender tamales
En las calles que, —por lo demás—, sustituyeron los mercados.
Es una época a la tinta china o al carbón: —los bocetos
Son más fiables que los deudos con ilusiones.
Que las respiraciones poco transparentes de las estatuas.
Afuera de los balcones, la jauría parece hasta bíblica con todos
Los posibles sombríos de las mecedoras y las cocinas de leña.
Sé cuando la cuajatinta se mastica como una ola irrepetible.
Cuando los discursos bailan como una respiración desaforada
Y no alcanzan las bufandas para detenerlos.
Hundo mis dedos en el silencio, en el sueño, en el acantilado
De las piedras, en la lengua húmeda de los perros que ladran sobre
El oleaje voraz de los colores.
—¿Es imposible transfigurar las encías de la luz, las vírgenes
Presocráticas de los tratadistas de limonadas, el resuello olvidado
De algún héroe nacional con tanta noche desigual en las ojeras
De las puertas?. —Muerde la ración de polvo de los desodorantes.
El perfume olisco de la patria en los calcetines,
Los libros de medianoche donde las cucarachas rompen con el decoro
En cada letra de oro que encuentran a su paso.
Sueño bajo la piel irremediable de los delantales y los sostenes.
Y sé que al final, sólo existe la espuma como el carao en los dientes.
¿Pueden los corredores de bolsa detener la lluvia con sus dientes?
Siempre la transparencia suele ser un alambrada de púes que nadie
Desea cruzar por miedo a las ventanas.
[Pero vos, arrebatada de mi espuma ecuatorial, ¿en qué brazos rotos
Respiras el día a día de las tempestades del horizonte?
El sudor del calendario no sirve de sábana.
La ansiedad no tiene llaves para abrir las espigas.
¿En qué aceras la sed no se fatiga?
¿En qué día de semana son imposibles las pantomimas y este pulso
Jugando a la esperanza, a las aguas sin diques?]

—No obstante, alguien quiere buscar el arco iris en las palabras.
El pedazo de premonición de las antípodas,
—Cierto eclecticismo en los bambúes y el guarumo—;
La escopeta de la saliva en el espejismo, el aluminio del aire,
Las abejas sicodélicas del césped, el desaire del diluvio.
Alguien asume la fe en el subsuelo de la oscuridad, —y claro,
Y claro ve mariposas insepultas en el polen,
Parques irreales alrededor de la felicidad, y hasta planicies en el hueco
Del moho. —Hoy es así en este filme gótico.
Apenas despertamos de la tentación gutural de los alfileres.
Apenas nos vengamos de los símbolos, o mejor dicho,
De las piñatas colgadas de agendas sin pálpito.
Hay que temerle a la añoranza de los eunucos. Y a ese hotal
De calaveras en la memoria…
Barataria, 16.I.2010

viernes, 15 de enero de 2010

Viaje a la profundidad


Autor de la fotografía: Blas Prieto Sánchez







Viaje a la profundidad








Jo no sóc el que parla de l'odi.
Són aquestes màscares d'eina d'altri,
virgula que va sacsejant el vent,
pol len subjecte entre maons,
pols que eixampla ciutats i estacions.
JAIME AUGUSTO SHELLEY







No hay fronteras, —pese a todo—, en ese andamiaje de estupores
Donde el mundo regodea sus insanos obeliscos.
Entre la crispación de cruces, uno se adentra en la espesura
De los clavos, en el hábito de la ráfaga que se consume
Con su ración diaria de deshechos tóxicos. Uno se adentra y clava
En lo áureo. En el interior, el trino es soberano,
—El mar reparte las aguas diáfanas del viaje; el vidente busca
Los acertijos del azúcar y la hogaza comunicante de la conciencia.
Ahora no busco la sal de la ola,
Sino el nudo de los signos en su abisal aleteo, —vaivén, acaso,
De herida, hilos del aliento en la luz real de los círculos.
No busco el teorema de los ojos, mucho menos la paradoja de la bruma,
Mucho menos refrenar el fantasma del escombro,
Ni el ardimiento profano del fuego,
Sino ese aprendizaje de las espadas cartesianas,
Los grifos gaseosos de la teogonía,
Las nubes negras, húmedas de Miró en la sábana del ahogo.
La ansiedad que producen ciertas fragancias en el instante
Del trasiego —los miedos desde dentro de la respiración.
Muerdo los arcanos del alcanfor; el clavo de olor masticado hacia
La secuela de los relámpagos; el epazote reverberante del tragaluz,
El entresueño soterrado del cinconegritos,
La gratuidad de la albahaca en mendrugos de heridas sin cauterio.
Ardo bajo la hipnosis de ciertos grifos.
Desfloro el gemido ciego del cautiverio.
Envidio el cordón umbilical del hábito.
Desclavo los símbolos para proseguir en el tránsito del terraplén,
En el vaivén fosfórico del aliento, en la invención del delirio.
Desde luego, nunca es fácil caminar desnudo frente al pavor
Que producen las ergástulas, —Y me refiero, a las ergástulas del ahogo,
A la voz despiadada de la herida, al oído sordo, al aliento sin barbecho,
A la fronda de las armaduras que en nada se parecen al decoro.
En cada puerta imagino intemperies apestadas
De nubes y trenes salobres, sillas con pesadillas de olvido,
Palabras ciegas como un cortometraje dantesco,
Serruchos como el oleaje migratorio de los cuervos,
Magdalenas, Lázaros, lamiendo su propio estertor,
Pablos, juanes, ezequiles, Mateos, sanedrines, caifases, Pilatos,
Barrabases enhebrando las mariposas del vaho,
Trasluciendo el funeral de su olfato, tocando arpas de hastío
Como aprendices en los girasoles de Van Gogh.
Miro con cierto disimulo el osario de hoy día de los paleolíticos.
—¿Cuánto ha cambiado la levitación de las muchedumbres en esa
Obscena crucifixión frente a tantos Anases que aplauden el martirio?
A veces me harto de los rascacielos subterráneos.
De ciertas toxinas gratuitas diseminadas en las palabras.
Me harto de ser cartero y rendir pleitesía a las estatuas, al psicoanálisis
Ponzoñoso de la histeria, a los dispositivos de seguridad
A estos dos mil años de decir lo mismo, sin ninguna ocurrencia.
Barataria, 09.I.2009



miércoles, 13 de enero de 2010

Falacias del olvido

En la arena del tacto reposan los recuerdos. No sé si hay razón
Para este delirio. No sé si en la oscuridad reposan los deseos
Autor de la fotografía: Jaume Feliu Roca








Falacias del olvido








La sorra que mastega és la d'una agonia invisible i perpètua
Les flames que faig retallar de tant en tant
LOUIS ARAGON







En la arena del tacto reposan los recuerdos. No sé si hay razón
Para este delirio. No sé si en la oscuridad reposan los deseos,
O sigo siendo el perro que sumerge la cabeza en el tobogán
Duro del aire.
El trino es ese vaso de mordidas de los pájaros en las sienes.
La rotación de las falacias que no duermen en su cueva,
La redondez de los pezones en la luna creciente del filo.
—Ni siquiera en la ceniza existe el olvido. Está ahí, en el insomnio
De las ventanas, en la piel mordida por los toros del agua,
En las nejillas oscuras del abismo.
Es imposible que los peces no se enreden en el ombligo,
Es imposible que el jade del pubis se pierda en las páginas de los libros,
Es imposible no sentir la lluvia en el sigilo de los Cisneros,
En la hamaca líquida de la lengua,
En la rama de los colores que caen en la frente.
—Tampoco uno olvida las catástrofes. El pan de la zozobra unida
Ferozmente a los relojes, el ecuador de las piedra ahogando
El pensamiento, el derecho a odiar las monotonías.
Hay —pensándolo bien—, a la hora de dormir, palabras innecesarias,
La serpiente del hambre trasparente en los portales,
Ciertas falacias que nos roban la respiración,
El horizonte que sangra con ojos insaciables,
Las aceras donde la lengua sirve de petate y cobija y no se declaran
Estados de emergencia: —las utopías desde este plano no son
Ventanas a futuro, ni siquiera llegan a boceto,
Sino a una especie de motón del humo diseminado por el tabaco.
[Vos y yo sabemos esta suerte de realidad nacional. Jamás podremos
Olvidar los muertos trashumantes del rocío,
El túnel que nos bebió la alegría, el ostracismo,
El pozo de la oscuridad con su muro de polvo, —las imágenes
Obscenas de la historia con su trópico de armamento.
Nunca habrá olvido en este cuaderno de mi memoria, ni siquiera
Absolución para el aire enrarecido].
Hay ciertos aromas que se vuelven una estaca en la piel.
La salmuera cercena la piel de las palabras.
La medianoche incendia el crujido de la sangre. Lo hace añicos.
—¿Cuándo libraremos las batallas de las mentiras,
La depredación del sueño sin termómetros, la claridad azul
De los trenes, los rieles, sin que en los ojos crezca la maleza?
Para no entrar al vacío, uno embalsama la memoria.
En cada calendario el ojo resucita lo necesario: la brasa íntima
Del parabién, y cercena el foso de la bruma.
Nunca será sólo escombro el olvido: en lo que se vive o se ha vivido,
Resume los vasos inmemorables de la herida…—Esa herida,
A fin de cuentas, que no declina en los arcanos…
Barataria, 09.I.2010



martes, 12 de enero de 2010

Con un poco de aburrimiento

El mapa de los sueños cada vez pierde sus ventanas.
De un día a otro los caminos cambian de transeúntes.
El sobresalto no puede ser más angosto que las calles.

Autor de la fotografía: Miquel Sancho Subirats








Con un poco de aburrimiento








Con un poco de aburrimiento este poema de sombras.
Vengo cansado de caminar sobre las aguas; de ir y regresar
Al mismo sitio. De huir y permanecer en la lluvia.
Ahí juego a la ambigüedad de los espejos.
Al aire que desvela mis calamidades de hombre.
Del alma surge una cueva de luz: luz que abre gajos de pájaros.
Sillas sin patas cayendo en el desuso.
El mapa de los sueños cada vez pierde sus ventanas.
De un día a otro los caminos cambian de transeúntes.
El sobresalto no puede ser más angosto que las calles.
Hay cansancio en este laberinto de ojos desbordados.
Hay puestas de sol que no trascienden y sin embargo empapan
Las pupilas; muerden las sienes; enjabonan los párpados.
Cuando miro fijamente los jardines se quedan extáticos,
Como el miedo a los cielos subterráneos
A menudo el tiempo no cabe en los hombros.
Se queda como una isla en la garganta. Vuela en medio del temblor
Desde las venas, el aburrimiento ondea en las redes de los ojos.
El día chorrea astillas de dolor, tatuajes de sobresalto, tumultos
De hálitos adversos, eructos como los golpes de la noche y la desidia
A menudo necesito ojos para escrutar el hollín de los poyetones.
Necesito la oscuridad para revelar el cuerpo de la sonrisa.
De pronto debajo de las sábanas uno se da cuenta que se está vivo
Y que el hambre desvela las banderas del cuerpo estremecido.
Hay días sin escaleras y con ventanas sucias.
Rostros que sólo se pueden ver a la distancia.
Brasas que apagan los ojos de las mordidas. Cabellos que se mueven
Al ritmo de la saliva, bajo los recuerdos salobres,
Mullidos en el marisco del susurro.
Hay días, peores, lo sé, a los recuerdos huidizos. —Uno tiene
Que afrontar las horas crepitantes de los inodoros,
El zambullido oscuro de los sombreros,
El regreso a la noche con los desagravios del césped.
Uno tiene que andar las calles malolientes del sudor en los relojes,
En la cripta que sucumbió a las sonrisas,
A las preposiciones en suspenso, al extravío de los ojos
Frente a las vitrinas,
A esos tiempos donde la sonrisa simplemente es un eco,
De cansadas glorietas.
Uno escribe con aburrimiento cuando el horizonte se llena de silencios,
Cuando la piedra escudriña en el pozo de los poros,
Cuando todo el fuego quema la resina de los parques.
Uno escribe, después de todo, en el desierto del papel,
Bajo el insomnio o los absurdos,
Descendiendo del espejo al ascua, hasta que desaparece el tiempo
Entreabierto, —este tiempo inevitable de asfalto…
Barataria, 08.I.2010

lunes, 11 de enero de 2010

Dies impassibles- poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

Pregunte a la foscor de la terra per la llum extingida
Dels quaderns. –Abissal biberó de la història.
Autor de la fotografía: Emilio Blanco López







Dies impassibles






Rechazar el sueño de la ingravidez
no implica renunciar a la caricia de la piel azul del cielo
ni del dulce légamo suavísimo del fondo
JORGE RIECHMAN






Pregunte a la foscor de la terra per la llum extingida
Dels quaderns. –Abissal biberó de la història.
El banal que resulten certs penediments, el destí
Del sèsam en la consciència, la llengua de l'aigua damunt de somnis
Desmanegats,-la nostàlgia pels geranis i la pedra tosca de l'alba
En l'últim cafè que bec a la nit.
—Cap a on el temps o la memòria,
Els propers gratacels de l'arc del cel,
El somni deteriorat per estretes síl.labes, la gepa gastada
Dels somnis. Les males hores dislocades en la tendresa dels gats?
Hi ha dies semblants als tsunamis,-dies impassibles i d’infàmia,
Dies com la fosca cua dels rucs,
Com els cascos damunt de les pedres, com la mà de la sorra evocada.
Hi ha dies raonablement imperturbables,-dies com el fetge
De les circumstàncies, amb gust de metàstasi.
Pregunte per tots els crims vistos per les ulleres:
-També aquells imperceptibles, els lànguids cossos nauseabunds.
Els inversemblants al colp de les ombres,
Les ombres llaurades en la gratada, la matèria fecal de l'aterit,
El que punxa la carronya i l’escampa, el que sembla hort i no ho és
-L'escòria abominable del tedi,
El mateix cop triturat en la blasfèmia.
Sovint de les finestres brollen caragols sinistres.
Espantalls Del riure, centenes de paper quadriculat sense calcar brodats,
Un dia estarem més lluny dels oasis del que ara estem.
Un dia al costat del corc dels úters.
-Hi haurà raneres més negres que el carbó?
Més negres -dic-Que les sangoneres de certs passamuntanyes.
Que el rictus de l'aigua als genolls, que els pensaments
En el miasma dels mariscos, els escorxadors són tan certs a hores d’ara
Com els murs contemplats per les mans.
-Hi haurà números més tranquils que els dictats per Dow Jones,
O per les pregàries de les grans esglésies amb els seus delmes celestials,
O per la bèstia al peu de la granera per agranar els patis
De la creu en el seu pedestal insurrecte?
Sense dubte és menester comptar els dies de les setmanes amb franel·la.
La faula al voltant dels timpans,
La vetllada que fan les fulles en el judici final dels rellotges,
El cresol de cendra aturat a la carn,
El sobretot del miratge a les nines dels tamborets,
La brasa dels dies encabritats al migdia, a la nit, a tota hora,
La camisa de l'emoció tallada pel Pare Nostre,
El suport famolenc de boques el dia diumenge.
En les cambres fosques de la fam, desvele la meua llengua,
Abstrec els insectes dels meus dits, despulle les estampetes
De la pell, invoque la farina dels arrels
Altrament seria impossible suportar els resquills...
Baratària, 05.I. 2010

domingo, 10 de enero de 2010

Días impasibles

En los cuartos oscuros del hambre, desvelo mi lengua,
Ensimismo los insectos de mis dedos, desnudo las estampillas
De la piel, invoco la harina de las raíces.

Ilustración tomada de la red









Días impasibles








Rechazar el sueño de la ingravidez
no implica renunciar a la caricia de la piel azul del cielo
ni del dulce légamo suavísimo del fondo
JORGE RIECHMAN








Pregunto a la oscuridad de la tierra por la luz extinta
De los cuadernos. —Abisal mamadera de la historia.
Lo banal que resultan ciertos remordimientos, el destino
Del ajonjolí en la conciencia, la lengua del agua sobre desmadejados
Sueños, —la nostalgia por los geranios y la piedra pómez del alba
En el último café que bebo en la noche.
—¿Hacia dónde el tiempo o la memoria,
Los próximos rascacielos del arco iris,
El sueño deteriorado por angostas sílabas, la joroba gastada
De los sueños. Las malas horas dislocadas en la ternura de los gatos?
Hay días parecidos a los tsunamis, —días impasibles y de infamia,
Días como la oscura cola de los burros,
Como los cascos sobre las piedras, como la mano de la arena evocada.
Hay días razonablemente imperturbables, —días como el hígado
De las circunstancias, con sabor a metástasis.
Pregunto por todos los crímenes vistos por los anteojos:
—Aun aquellos imperceptibles, los lánguidos cuerpos nauseabundos.
Los inverosímiles al golpe de las sombras,
Las sombras labradas en el zarpazo, la materia fecal del aterido,
El que aguijonea la carroña y la esparce, lo que parece huerto y no lo es
—la escoria abominable del tedio,
El mismo golpe triturado en la blasfemia.
A menudo de las ventanas brotan caracoles siniestros. Espantapájaros
De la risa, centenares de papel cuadriculado sin calcar bordados,
Un día estaremos más lejos de los oasis de lo que ahora estamos.
Un día junto a la carcoma de los úteros.
—¿Habrá estertores más negros que el carbón? Más negros —digo—,
Que las sanguijuelas de ciertos pasamontañas.
Que el rictus del agua en las rodillas, que los pensamientos
En el miasma de los mariscos; los mataderos son tan ciertos hoy en día
Como los muros contemplados por las manos.
—¿Habrá números más tranquilos que los dictados por Dow Jones,
O por las plegarias de las grandes iglesias con sus diezmos celestiales,
O por la bestia al pie de la escoba para barrer los patios
De la cruz en su pedestal insurrecto?
Sin duda hay necesidad de contar los días de las semanas con franela.
La fábula alrededor de los tímpanos,
La velada que hacen las hojas en el juicio final de los relojes,
El candil de ceniza detenido en la carne,
El sobretodo del espejismo en las pupilas de los taburetes,
El ascua de los días encabritados al mediodía, en la noche, a toda hora,
La camisa de la emoción cortada por el Padre nuestro,
El sostén hambriento de bocas el día domingo.
En los cuartos oscuros del hambre, desvelo mi lengua,
Ensimismo los insectos de mis dedos, desnudo las estampillas
De la piel, invoco la harina de las raíces.
De otro modo sería imposible soportar las esquirlas…
Barataria, 05.I. 2010

viernes, 8 de enero de 2010

Pasada la tormenta

Pasada la tormenta de los años, los burdeles dejan de ser
Una prioridad esencial, cambian los pezones del alba,

Autor de la fotografía: Marco Viniciio Torres Montenegro








Pasada la tormenta







L'Home en peu davant de si mateix, en totes
Les seves projeccions d'univers.
MANUEL JOSÉ ARCE Y VALLADARES

Ofeguem el passat com un rèptil impur ...
ALBERTO GUERRA TRIGUEROS






Pasada la tormenta de los años, los burdeles dejan de ser
Una prioridad esencial, cambian los pezones del alba,
Por la tormenta de la noche, por el ahogo de los espejos
En las sombras, por el principio mortal de lo impalpable.
El cuello de la angustia en el buey de la ansiedad,
El ánfora proscrita del azúcar, el latido de la carne en su mutismo,
La sed por el olvido glacial del aleteo,
A veces el dolor ciego rasgando la palidez del tiempo.
El camino se vuelve la parábola de los suicidas. —Avanzan las pupilas
Vencidas de la espiga, el arcano ciego del mutismo,
La eclosión hostil de la acechanza.
Nada queda del camino andado, sino las pupilas gastadas,
Las fauces del día con la sal de los brazos, hondo pájaro de la entraña
En las líneas de su propio océano.
Hay una luz sombría en el panal del surco, —luz urgida de ciénaga,
Luz que deja de ser misterio en la armadura de los grillos.
Luz que desvela los ojos ciegos del viajero.
Luz de guijarros dilatada en la garganta.
Luz de turbadas piedras, caverna donde el afán se agota y madruga
La incertidumbre con su kerosene de filosas mordidas.
Pasada la tormenta, no deviene el sosiego, sino la tortura.
La orfandad crepuscular de caracoles, el pájaro estéril de la altura,
El lobo del pavor en los claroscuros,
El gozne árido de las ventanas,
La herida interna de la savia, la inminencia del pie hundido
En las vísceras: —la porcelana del musgo, la colmena de las olas,
En el cobre de las tortugas.
La edad, sin embargo, es un océano insepulto.
[Al principio tuvimos paz necesaria. Y salvamos todos los imprevistos.
Todo era una sola palabra sobre la tierra. Cada sílaba tenía el tamaño
Del aire; cada campana, trinos de azúcar; cada lengua, memoriosos
Ángeles; cada boca, la expansión del trueno; cada rama, el contorno
De tus poros; era pues, líquido el color del arco iris…]

Después la piedra en la tormenta.
El ojo apagado de la levadura.
El desdén apátrida del golpe, el polen roto de los cereales,
El vacío en las inmediaciones del tacto,
La cavidad del aroma vacío, el primer aliento sin tacto,
El alma sin pesebre, huesos coronando las pupilas como vértebras,
Hilos tímidos en el polvo del éxodo.
Antes el maíz del día, el aire sin tensiones.
Ahora la isla en el recuerdo como un juego de espejos inciertos.
Ahora las compuertas en el rocío,
La claridad dudosa del alba, el lecho sin incienso, el tacto extático,
Y el olvido, ineludible, rompiendo el paladar…
Barataria, 03.I.2010

lunes, 4 de enero de 2010

Vahído

En los jardines colgantes de los relojes, las agujas danzan
Como las costinas de la lengua con ciertos vahídos.
Autor de la fotografía: Daniel Cruz








Vahído








No discutiremos este punto. Yo estoy convencido, pero no intento
convencer. Sin embargo, hay un recuerdo
de formas etéreas, de ojos espirituales y expresivos, de sonidos musicales y
tristes, un recuerdo que no puedo marginar;
una memoria como una sombra, vaga, variable, indefinida, vacilante…
EDGAR ALLAN POE







En los jardines colgantes de los relojes, las agujas danzan
Como las costinas de la lengua con ciertos vahídos.
De seguro los pájaros sienten lo mismo con su propia sombra.
En la orilla de cada verso, pequeñas memorias de lo vivido:
—Claro que, el pulso es una balanza inestable; la lanza
Del grito parece brazos amarrados en el litoral de la piel que se toca.
La fantasía del barro inventa cosas indecibles.
Siento la sábana del cierzo tocando la dulzaina del follaje.
De todos los follajes: ese donde duerme el aljibe del venero.
Cada ventana, cada poro, cada porción del calendario ha sido
Tallada con el cincel de las campanas, —con esa antigua llama
De las aguas, con esos instantes ágiles del azúcar en los ojos.
Siempre camino sobre el pecho de calles irrepetibles.
Las sienes mojan el camino de cada palabra.
Cada nido en los pinos es un hospedaje. Un balcón, de pronto,
En los labios, por no decir en la conciencia.
En el tragaluz de la garganta se adelgaza el tiempo. También
Vértigo, el mareo del séptimo círculo de la Esperanza y el miedo.
Andar despierto sin detenerse en ninguna parte resulta una osadía,
En este tiempo donde las sombras del desamparo nos miran,
Nos saludan, nos increpan, nos asaltan
Como un gorjeo de hervores.
[“La plaza, sola. Un hombre, solo, en medio.
Del señor que llamaba, apenas queda
una huella levísima en el suelo.
Se detuvo en la arena como si algo
le faltara. Miró a su espalda. Luego
llamó otra vez. Y otra. Y todavía
otra. Pero ya nadie oía; pero
nadie abrió los balcones, las ventanas,
las torpes barricadas de su encierro.”]
Después de tanto tiempo he aprendido a lidiar con la luz apagada
De los cántaros, con el arado del reloj sin cuentos de hadas.
Uno tropieza con los contrarios —según las categorías dialécticas—
Sin la anuencia de Dios, en muchos casos. O ahí está él probando
La certeza de las fronteras con llaves inasibles.
[Nunca he respondido a la penumbra por más que rompa mis tímpanos;
Nunca he roto los fines de semana pese a la penumbra;
Nunca he dejado de ser, siendo moneda del viento,
Niebla apresurada sobre tu boca. Destino en los hilos de la miel].

La noche de los murciélagos es profunda en el terraplén
De las catacumbas. El alma en las últimas líneas del tacto.
[A veces da pavor esta plegaria de velarte. —Esta ausencia sobrada
Del júbilo: los nombres conseguidos en mis manos].
En cada esquina trasnochada de las palabras, el ombligo
Del vértigo, la brisa despeinada del vuelo, las hojas como lagartijas
En las hojas, como esos silencios de hielo implacable
En el torso oficiante de las campanas…
Barataria, 02.I.2009


domingo, 3 de enero de 2010

Días inagotables

No hay fin de año, sino una sucesión de días inagotables.
Un dominio subliminal de los espíritus.

Autor de la fotografía:Antonio Cartagena Belda








Días inagotables









El día que muere y la noche que nace luchan un momento, mientras la
azulada niebla del crepúsculo tiende sus alas diáfanas sobre los valles,
robando el color y las formas a los objetos, que parecen vacilar agitados
por el soplo de un espíritu.
GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

lo que no es aire, el haz ardiente del cabello,
el terciopelo ahora de la voz, y, a veces,
la ilusión ya poblada de muertes en suspenso.
IDEA VILARIÑO







No hay fin de año, sino una sucesión de días inagotables.
Un dominio subliminal de los espíritus.
No hay renuncia, sino cansancio de los cuerpos en su ajetreo.
En el vacío pútrido fijamos la Esperanza. La costra de la lengua,
Los sótanos de la rabia donde orinan los perros.
Subimos y bajamos en el obligo de las arañas en plena ciudad,
Hecha de masoquismos y enfurecidos vinagres.
Consentimos a los muertos como la chatarra de los huesos.
La crueldad nos encuentra con ojos de sicario —endémicos cuchillos
Apuñalando los libros de la historia;
Pero no sólo los libros de la historia,
Sino las ideas, las páginas de un mundo posible: —en los zapatos
El peñasco de las cruces, la demagogia, el tambor sombrío
De los cascos, las trompetas negras de los peñascos,
La grieta de las herraduras en los poros,
La boca insólita de las armas en el estómago.
[¿Dónde estás, hoy, con tu soledad a boca de jarro, con los anzuelos
Vencidos del lenguaje, haciendo fila en el cansancio de los pájaros,
Mordiendo a deshora algún nombre, culpando a las ventanas
Del duelo, a las mochetas dolidas de fatiga, al gato medroso de la sal
Del silencio, a ciertos juramentos en la probabilidad del milagro
Que nunca fue posible por más invocaciones al altísimo
Sacrosanta morada del prodigio? ]
Un día es un día con todas las nostalgias y vigilias revueltas.
Con la sobremesa de los dientes. Con el lápiz torpe de las emociones.
Podríamos inventar tantas excusas alrededor del fuego.
Podríamos, inclusive, indultar los puentes de la prisa. Los paredones
Quemados de la tarde, las siete cabritas de la respiración,
Los charcos en los zapatos del enemigo, el mundo abierto de las piernas
En el poema, el atril de la lengua detenido en el pulso.
Podríamos, incluso, no haber nacido. Pagar el diezmo de la indiferencia.
Soterrar los aperitivos de los recuerdos. Quitar las migajas
De los poros, hacer viables los días sin contar los números de los caídos
En combate. De los muertos por inanición. De los muertos apuñalados,
De los muertos desempleados,
De las mujeres paridas en la intemperie,
De los niños quemados por la indiferencia,
De los ancianos condenados a vivir en los asilos.
[¿Dónde estás, ahora, con los cofres de la melancolía, sobre la desnudez
De un sofá inservible, cohabitando con los periódicos húmedos
Del dolor, —con ese macramé de pequeños rencores,
Con ese sombrero que no llega a mueca de sombrilla o paraguas?
¿Dónde te veo como prolongación de mis pupilas?
¿Dónde está la fragancia de tu roja azúcar?]

—En la masturbación de los rostros, el césped de la noche.
Los peces inesperados del desvelo. Las pócimas del parpadeo
En el diluvio: —los días incesantes bebiendo la garganta…
Los días del trueno en las manos transitorias del calendario.
Barataria, 31.XII.2009

sábado, 2 de enero de 2010

No podemos ya…

Artaud tiene toda la razón. Aquí es una verdad que respiran
Las palabras. Una silenciosa verdad que ata boca y manos y,
También, el invierno en el albergue de los espejos.


Autor de la fotografía: Juan Carlos Romero Cortijo








No podemos ya…








Aquí estoy entre hollín de las ciudades,
la lividez, la envidia y el acento
lúgubre…
JUAN GIL-ALBERT







[“No podemos vivir eternamente rodeados de muertos y de muerte.
Y si todavía quedan prejuicios hay que destruirlos.”]
Sin duda,
Artaud tiene toda la razón. Aquí es una verdad que respiran
Las palabras. Una silenciosa verdad que ata boca y manos y,
También, el invierno en el albergue de los espejos.
En el presente ya no se duerme desnudo, sino en constante
Vigilia: —Los días felices pasaron de moda en el mundo.
Días oscuros como la respiración en las cloacas,
Días de tensa respiración,
Negras señales, posesas, esparciendo la ceniza.

“No podemos vivir eternamente rodeados de muertos y de muerte”

El desvelo es atroz en cada poro de la sangre.
Sobre los ojos, cada página, liturgia de la sangre.
Esta es hoy, la pedagogía del instinto. El canibalismo atroz.
El sol cuyos mensajes rompe las ventanas.
La acequia donde se vela el paisaje sin música.
La metáfora inverosímil de la transpiración.
La transpiración del aliento en su propia oquedad.
En las calles parpadean los almácigos de armas:
Pero los centros del poder bailan en esta agua siniestras
Y se miran en la equidistancia con aromáticos prismas.

“No podemos vivir eternamente rodeados de muertos y de muerte”

Los discursos no dejan de ser una biblioteca del polvo.
Un papel tenebroso igual que las muertes diarias.
Un pupitre feo que el País ha construido. Un mundo olvidado
En las telarañas. Un destello de sapos en la impaciencia.
Una pizarra de máscaras para el paroxismo de penitenciarías.
Un principio de soledad donde no hay enigmas.
El País está lleno de calaveras y alacranes. Jamás hubo tanta
Muerte sobre las aceras,
Y así bebemos el agua curva del horizonte.

“No podemos vivir eternamente rodeados de muertos y de muerte”

No. No podemos vivir rodeados de muertos y de muerte.
El día en la putrefacción de la carne. La sangre en el aire.
El karma en plásticos de huesos, en mescales y alcantarillas.
¿Dónde es palpable la fragancia y la música?
¿Dónde la noche terrestre sin miseria?
¿Dónde la luz sin calendarios negros, sin velas de muertos?
¿Hasta cuándo la danza macabra de esta lujuria intensa?
—Soy parte de esas raíces del miedo. Es un hilo de cínica
Catástrofe, donde unos ganan el parto de esta saliva.

“No podemos vivir eternamente rodeados de muertos y de muerte”,
“No podemos vivir eternamente rodeados de muertos y de muerte”,
“No podemos vivir eternamente rodeados de muertos y de muerte”.
No…
Barataria, 29.XII.2009


viernes, 1 de enero de 2010

Estanque de la intemperie

La vida más allá de las imágenes del fuego, de la llama veloz
Que nos consume, del ala leve de los artefactos,
Autor de la fotografía: Abel Martínez Fernández











Estanque de la intemperie






…no se hizo para nosotros la sintaxis de todo el mundo,
ni hemos nacido, no, bajo la arquitectura de los Luises de Francia!
ALFONSO REYES

Y mientras que los ruidos descerrejan las puertas,
la noche ha enflaquecido lamiendo su recuerdo.
MANUEL MAPLES ARCE







La vida más allá de las imágenes del fuego, de la llama veloz
Que nos consume, del ala leve de los artefactos,
De los susurros rechinantes en nuestros oídos, de la piedra
Arcillosa del frío,
De la puertas hurañas que jamás llevan a ningún lado,
De lo enajenado que parezca el sueño,
Nos aspira hacia el estanque de la intemperie.
La luz no es luz mientras no la asuma la oscuridad, el brillo
De la audacia o el alfil de los sueños.
–Aúlla la guarida de osamentas violentas. Aúlla la tempestad
Dislocada de las batallas: Ese tiempo que se fuga en los pétalos.
Siempre digo no a la carencia de manteles.
Siempre digo no a la fragilidad de la lengua, a esa colosal
Saliva de la penumbra, a los cofres donde se arremolina el hollín,
Mientras la polilla nada en los pañuelos.
¿Dónde queda el cielo sin el serrucho de los carniceros?
¿En qué frascos la transparencia deja de ser imaginaria?
—ahí donde el alba ofrece panes con peces y la intemperie
Es un abanico iluminado.
Ahí donde el viento borra los páramos de la imaginación.
Cada quien procede, —supongo—, de la honda noche de las sílabas.
Espectral hontanar de alas,
Viscosa locomoción de destellos,
Sortilegio de focos
En la desnudez, flotando en el eje de los pájaros, las mariposas,
Las chicharras, el eslabón platónico de la idea,
—dialéctica, acaso, del susurro—, secreta teología del nido
Que entre más bajo, más arrecia la tormenta.
En las raíces evocamos el sostén del territorio, la presbicia
Antojadiza de los signos, la colmena arterial de los satélites.
[¿En qué gruta vives apenas de agua y raíces, de esos sueños
Alterados por la herejía, de ese muérdago umbilical de la avidez?
¿Qué posta sostiene el grito de la noche,
El pájaro mensual de tu estivación insomne,
La lava al final del yeso de las pizarras?]

Seguimos aquí, inciertos y sangrantes. Acantilado del cuarzo
De la espuma.
Hay fieras a la altura de nuestra travesía.
Incestos de este nomadismo demencial.
Hojas que supuran el costado como el azote de los relámpagos.
Vísceras que rompen toda sintaxis. Gramática del humo.
Ninguna palabra es posible por si misma. —El último desamparo
Está en los sueños, en la estación sumergida de la espina,
Mar a ciegas de las puertas,
Úlcera de los brazos y los labios, rehén a fin de cuentas de la sal,
De esos trocitos de meridianos que faltan en el lecho.
Hay intemperies, —desde luego—, más sombríos, más densos,
Que los memorables cementerios de la arcilla…
Barataria, 28.XII.2009