viernes, 26 de febrero de 2010

OFRECIMIENTO

Hoy es el día simple de la espuma.
Nuestra garganta multiplica en la herida las avispas.
En esencia, es también así la brisa. El planeta de sombras donde
Habitamos, la sobremesa de la hojarasca en la digestión.
Ilustración: Gustave Courbet








OFRECIMIENTO







Entré, hechizado, y de un montón cubierto de telarañas
Cogí el volumen más a mano y lo hojeé al azar,
Temblando al leer raras palabras que parecían guardar
Algún secreto, monstruoso para quien lo descubriera.
HOWARD PHILLPS LOVECRAFT

…camino breve, y único horizonte de carne;
que la vida no vaya más allá... ¡Que la muerte
se parezca a esta muerte caliente de tus brazos!...
DULCE MARÍA LOYNAZ







Un día ofreceremos el aire y no la entraña desgarrada ni el sollozo.
Después de todo, nada hemos ganado con la caducidad
De la alegría, salvo la modorra, el escombro y el letargo de los cirios.
Todo es hostil mientras el vuelo traspasa los mediodías.
En las mejillas ya no cabe la humedad de la salmuera, ni el musgo
Con su forma de galope.
Hoy es el día simple de la espuma.
Nuestra garganta multiplica en la herida las avispas.
En esencia, es también así la brisa. El planeta de sombras donde
Habitamos, la sobremesa de la hojarasca en la digestión.
¿Quién puede más que la espina dorsal devastada en la angustia?
Nos hundimos en la costilla rota de la noche. Estupefacto de humo.
Ya nada puedo con mis palabras que perdieron su estrella.
Hoy escapa el adviento de nuestras muecas.
Ya no puedo regocijarme en esta película de dolor siniestro,
Ni borrar los colmillos de serpiente.
Los adoquines de las sienes golpean las palabras.
—[“Mi ojo asciende al sexo de la amada:
nos miramos,
nos decimos palabras oscuras,
nos amamos como se aman amapola y memoria,
nos dormimos como el vino en los cuencos,
como el mar en el rayo sangriento de la luna.”]
Un día vivificamos las palabras en la obsidiana de las orquídeas.
Y las ofrecí como jarra derramada. Como limonero esclarecido.
Planté la Esperanza al otro lado de las epidemias.
Pero “Matamos lo que amamos”. Olvidamos los hilos de la paciencia.
Perdimos las sandalias en todas las aguas del calendario.
Más de esta noche desollada de los poros, ¿qué puedo ofrecerte?
Más allá de este muro de grises en el alma, qué colores pueden
Arroparte y qué ardimiento puede haber en el suspiro?
—ciénaga de viscoso parpadeo. Uñas rasgando los sueños.
Cipreses de miedo. Afiladas piedras en el umbral del alba.
—[“En las horas vacías, por el día,
a veces te ofrecías como un premio
fugaz, pasabas un instante
rozándome, en medio del silencio cargado del estudio,
como un soplo de aire que se dibuja sobre el agua
quieta,”]
Se acabó la vendimia del invierno y los balcones. La hoguera del sexo.
Puedo ofrecerte, sin embargo, esta sábana de vigilias eternas.
La pira fatigada de los muelles. El paraguas indemne de mis brazos,
Aunque el nicho sea marchito aposento.
Puedo ofrecerte la tilde de mis párpados para las palabras agudas.
Las fechas cuando se embriagaron los relámpagos,
En fuego de las paradojas en un vaso de supersticiones,
Este traje perdurable de hollín,
Y este mobiliario lóbrego de mis pesadillas…
Barataria, 19.II.2010

domingo, 21 de febrero de 2010

MARCHA EN LA DESHORA

La deshora ocupa los roperos de las úlceras. Soy testigo del desierto
En los calcañales, del cansancio de las persianas,
De ese tobogán derramado en noche —tul de mis emociones.

Ilustración: Salvador Dalí








MARCHA EN LA DESHORA








En silencio. Que no se caiga el rocío
que tiembla en la punta misma de las pestañas;
sin hacer ruido. silenciosamente. sin patetismo,
a aquella noche le digo: no fuiste de las peores.
JAROSLAV SEIFERT








Tus días son menos ciertos que los pies hundidos en la arena
De los litorales. Irreales como el discurso de los magos en el circo.
El fuego consume aquel dulzor de la tormenta.
Los silos de espuma en el juego de las pulseras para turistas.
La deshora ocupa los roperos de las úlceras. Soy testigo del desierto
En los calcañales, del cansancio de las persianas,
De ese tobogán derramado en noche —tul de mis emociones.
[Te contemplo en el lecho con tus cabellos crecidos,
Las manos atando el nido del pálpito, el tren del jadeo cruzando
Las ventanas, los dioses modulando su propia tormenta.
Bajo el relámpago reclamamos, al unísono, la luz. El destello
De la obsidiana, la fuerza desnuda del olfato, las servilletas para
Suavizar el acoplamiento de los cuerpos].

Nuestro astillero perdió la edad efímera de las ráfagas. Ahora bajamos
A la sinuosidad de las agujas. Nuestra materia se quema
En las sartenes. Ahí donde los sueños son hoguera o herrería.
Cada día, por desgracia, velamos candelabros en los cementerios.
Bajamos, subimos, bajamos las estribaciones del calendario.
Mordemos la tierra roja de los corales, los muertos gritando
En sus crónicas, las crines sin monedas en los bolsillos.
En los puteríos bebo la sal sin suturarse. La modorra doméstica
De la lengua. Las antorchas que un día encendí para divisar las reses
Del establo. Mis propios animales, aquí, en la moldura de libros.
Como un monasterio de ebriedad silenciosa, mi pecho aterido
Por las colillas de las luciérnagas. El búho de tu lencería. La lechuza
De tu embriaguez desnuda, el nicho difuminado de la habitación.
Ardemos en la propia escoria de los sueños.
Se gastan los muros sedientos frente a la caldera de los puertos.
Desde siempre viajamos en el brebaje ciego de las piedras.
—Piedras, ambos, signos interrogativos de ultramar. Piedras, signos,
Sin traje. Abismos con relojes insaciables.
[“Nada de lágrimas —¿lo habíais creído—, sino ese
dolor de la vista que nos vienes, a la larga, de una excesiva
fijeza de la espada en todas las brasas de este mundo”]

Por desgracia, creemos todavía en innumerables fetiches. En océanos
De circo, en el juego de dados de los espolones de los gallos.
Al final, hay siempre más dudas que certezas. Astros apagados
De nuestros suspiros. Crisálidas a la espera del humo. Heladas espigas,
Donde no caben las semillas.
Dejemos la próxima estación a las alas. No hay profundidades sin
Dientes, ni claridad más espesa que la noche.
Todo está ya dicho. Los clavos enmoheciendo el musgo del pecho.
La almádana del tiempo ido en las sienes. Los zapatos malolientes.
El juego del lecho como la rusticidad de la madera.
En la piel se apaga la polvareda de los tambores. El último hechizo
De los trapecios, las palabras que pisotean y hacen sangrar…
Por último quedan los huesos de lo que no entendimos. El candil
Encallado en taburetes desvencijados, los absurdos de la sed
Al despertar todas las mañanas. Este amargor de líneas indecisas.
Barataria, 18.II.2010

sábado, 20 de febrero de 2010

ESCRITURA


Ilustración: Juan Gris


ESCRITURA






…hablé con palabras que estremecen las piedras elementales
mas los oídos habían tapiado sus accesos;
arranqué las caretas más cercanas,
pero los rostros se disolvieron en la muchedumbre.
Intenté huir,y ya en el umbral,
alguien puso un antifaz en mis manos.
OLGA LIDIA PÉREZ





Sobre la hoja que cae muerta, inerte, los ecos, los grillos del aire,
Las miradas amarillas de la tarde, el paraíso prometido,
Gastado en tantas promesas.
Nunca supe abarcar el aire en todos mis delirios. La costumbre
De naufragar en los meses, el mimbre abarcador de la escritura.
Más allá de cada imposible, los días se destiñen en mis sienes.
Hasta la última campana deshoja el alfabeto.
La envoltura de esta vigilia sin semillas. Las maquinaciones
Inabordables del sueño. Los recuerdos consumiendo las pocas
Imágenes que quedan en los pájaros nocturnos.
Siempre fue de doble filo este caminar a oscuras en medio de tantas
Espinas. Albarda sin alforjas el caballo del tránsito.
Afuera en el polvo de la ciudad están los cuervos.
El cierzo sobre los tejados erosionado. Y ese viento de lápidas sobre
La ciénaga. —A menudo duermo colgando de los aleros mis palabras.
Ya he vivido haciendo zanjas en el alfabeto.
Ya he muerto buscando la libertad desarmada.
Toda la tierra cae endurecida en mis pupilas. Todo el tiempo
Con las barbas hasta la rodilla.
[Pienso en la mujer de todos los días que me ha vuelto confuso.
En la lectura sin lentes de los almácigos, en la última humedad
De mis sembradíos, en la lluvia sin riendas de mi pecho].

A veces me toca partir con el sudor inconsciente del susurro. Rogar
Porque el olvido sea duradero; y la luz sueño sin matanzas.
—Ahora mismo las esquirlas rompen la música de mi casa:
Siempre los días son comparables a la nostalgia y las heridas.
Nunca hay respuestas valederas. A medias la escalara del día
En los muelles. El mentón del gozo húmedo de lágrimas.
De pronto no hay botellas de mar entre la baratija de la espuma.
No hay salida entre el grito y la ceniza. Siempre indolente la telaraña
En los dientes, el ojo estridente de la cocción,
A menudo la calma es imposible para ablandar la lengua.
Vivimos menguados por el crimen. El sollozo huele a muerte.
Vivimos haciendo círculos en el mismo murmullo de todos los días.
¿Habremos de ser el bosque encantado de los cuentos de hadas?
¿Habremos de caminar en la densidad de lo no difuso?
¿Hasta cuándo quitaremos la sospecha de lo imposible, esta cadena
Sin balanza del reloj? Naufragamos en el planisferio del incendio.
Siempre la palabra sorda sobre el césped. De súbito el pájaro
De sombras, la herrumbre al borde del oído.
Siempre los ritos de la fragilidad alrededor de la “hoguera ahuecada”.
En nuestro espacio está el ala inerme. La negación constante
Como ese mismo detonante de la huida.
—No podemos seguir en “este estar sin ser”. No podemos ni siquiera
Quedarnos, en este acaso de la sonrisa. En esta caja muda de la hora.
Sé que el tiempo ha vaciado los pájaros del pecho.
Por eso, ya no podemos esperar más noches, ni transcribirla
En salmos indelebles…
Barataria, 17.II.2009

viernes, 19 de febrero de 2010

SIGILO EN EL TRÁNSITO

Nunca el tránsito se resiste al quiebra dientes de las calles,
Por más anónimas que sean. Se camina en los murmullos
Del orgasmo, se expían los embudos de la respiración,
—¿Acaso valen los secretos cuando son evidentes las cicatrices?
Ilustración: Pablo Picasso








SIGILO EN EL TRÁNSITO








…si quieres seguir, siguec
on la felicidad entre tu barca,
todo está a tu favor, el cielo, la lejanía que se abre
como el amor, como la muerte.
GIOVANNI QUESSEP

Los sentidos se enrollan en sí mismos, con miedo,
y la Tierra plana se convierte en una pelota.
WILLIAM BLAKE





Nunca el tránsito se resiste al quiebra dientes de las calles,
Por más anónimas que sean. Se camina en los murmullos
Del orgasmo, se expían los embudos de la respiración,
—¿Acaso valen los secretos cuando son evidentes las cicatrices?
Tampoco el mutismo es buena señal para andar descalzo.
Sigo en sigilo guardando las palabras más diáfanas,
—Las que me salvan de lo adusto e imperecedero,
El cielo falso sumergido en las vacilaciones,
La sombra de los búhos confundida con las enredaderas,
El alfabeto de sombras de la noche en mis calcetines,
La contemplación invisible de los pájaros guiándose en la encrucijada
De las lámparas agolpadas de la caligrafía.
—Aprendimos a leer las verdades con rostros imposibles de ver,
Confiados en el agua soluble de las llaves, resignados al perfume
De la espesura de los bosques, al trasluz entretejido de los trasmallos.
—¿Hacia dónde, hacia qué puertas conducirnos, derribarlas
Para seguir guardando con mano cerradas las reliquias,
Eso que aprendimos en el tapiz de los espejos?
Acecha la dispersión de la caligrafía en tiempos fugaces; muerde
El rumor como monedas cayendo en los tragantes;
Saja nuestras sienes este tiempo virulento de silencios y vigilias.
[“Como el mar es la casa, como la lluvia sus muros.
Siento mis pasos: ya están aquí, y abro la puerta.
¿Cómo cruzar el fuego que arde entre tus pasos y los míos?
¿Quién me trajo a estos muros que se encienden y se apagan?”]
Todavía debemos esperar que pasen los peligros.
—¿Podremos vivir, más allá del asedio? Nuestro tiempo tiene
Vertiginosos cuchillos e indecibles utensilios. Tiene disfraces, cianuro
Y andrajos, insectos fuera de roperos y alacenas vacías.
¿Hasta dónde la sal nace en la piel de todas las aguas? ¿Hasta dónde
Los caminos son libros, ahogo del aire, sábanas con olor a escamas,
Disparo de peces, desde los estertores de la fraternidad?
Por cierto, me vuelvo caballo en el palabreo. Dibujo de los cuarenta
Días destrozados, almanaque de zoológico,
Apócope del muérdago en el jardín de los chamanes.
Soy un hombre terco: mitad piedra y alma. —Mitad transida
En la vianda del mar. Mitad, puerta, espejo, piscucha en cordel.
Pero nunca pierdo el sigilo de las begonias en el traspatio
De la memoria. Blake o Juan el Bautista en el musgo de las estatuas.
La enésima bestia del Apocalipsis tragando las ventanas.
El fuego atizado de las adelfas, pesadilla sin salvación eterna.
Suenan las almejas en la porcelana de mi pecho. —Este tiempo,
Paradójicamente sordo, golpe a la juerga de las proclamas,
Trance a la redondez de la neblina.
Con todo, guardo la estación de los mercados. La terraza del cometa
En las cornisas; guardo la polución de mis deseos,
Pienso en las cartas astrales de la noche, en el taconeo de las escaleras
No repartidas, en los adoquines mudos de las jaulas,
Y en esos pedacitos de memoria del asombro…
Barataria, 14.II.2010

jueves, 18 de febrero de 2010

FIGURACIONES DEL PÉNDULO

Estamos en el blanco y negro de la espuma. En el negro
De los dientes mordiendo los sueños. Las penurias del tiempo
Nos acosan, por más ardimiento de las mariposas.
¿En qué memorándumes se dictaron sólo dos colores?
Ilustración: Wassily-Kandinsky







FIGURACIONES DEL PÉNDULO






Mi vida es un andar por las esquinas
y en los pasos de cebra atravesar
un semáforo rojo entre bocinas
y uno a uno los coches sortear.
JAIME SILES






Estamos en el blanco y negro de la espuma. En el negro
De los dientes mordiendo los sueños. Las penurias del tiempo
Nos acosan, por más ardimiento de las mariposas.
¿En qué memorándumes se dictaron sólo dos colores?
Por cierto que el amor sigue guardando su propia policromía,
A no ser que el poder habituado a sus andadas, lo declare
Sin puertas y sin fantasía.
Cada vez me río de las manos sobre los muros. —En realidad
Es una manera de decir que toda aura desapareció del rocío.
Hoy es menester esconder los pálpitos.
Ver los sueños desde cámaras grises. Lamer aquel perro que muerde
Las canicas sobre alfombras persas.
Se requiere de cierto aplomo, aunque el miedo socave los vilanos.
Uno pienso de pronto en el terraplén de la libertad,
En el manantial trunco fugándose al compás del oleaje siniestro.
[“Todo lo que brilla en aquellos ojos,
de donde brotan malos pensamientos, alumbra su caminar titubeante.”]
En realidad ya no estoy seguro de los conjuros del futuro.
Todo es incierto en el blanco y negro.
El candil como trofeo en las sienes. El filo del sigilo. Los tropezones
En ayunas, el cuarto oscuro de las calles,
El mismo adagio sin sombrero asfixiando el polen hasta el vaho
Sin destellos. Estamos a tropezones en el rostro.
La libertad dejó de ser compasiva raíz para convertirse en mazmorra.
A menudo la armonía se vuelve intangible:
—[“Alguien más grande que tú, por fin, me liberó
Todas las miradas llorosas me persiguen
Y esta debilidad contra la que no se puede luchar
Huyo rápidamente hacia la maldad
Hacia la fuerza que yergue sus puños como armas”…]
Persiste el riesgo por la obsesión a las losas.
A la irrealidad de la Pureza, a ciertos cánones de dudosa ceniza.
Persiste la angustia frente
A la razón, de pronto desconocida en los jadeos.
Eriza el naufragio de la respiración. Los pinos de aire perturbado.
Muerde el recinto de la conjunción de esos dos colores. El yerro
A fuerza de trasegarse. La fecundidad in Vitro de la limpidez.
Respiramos la alevosa túnica de las dunas. La palabra que pierde,
—En el antojo—, su sombrero.
Entre el despojo y lo abigarrado, el pelo ufano de los helechos.
En el aire de la memoria, Troya visible. Tan visible como la oquedad.
En la gelatina ebria de los pensamientos, son preferibles las películas
Animadas, el velo sin semillas,
Un siglo sin el delirio de llaves, una limonada de criptas,
Unos coturnos de fugaz proeza, el toque de queda de los trenes,
El relevo de Cristo sobre las aguas.
—Cuesta reunir mañanas diáfanas. Y hacer de la orina perpetua
Medicina. Nunca fue fácil la inclemencia en el plato de comida. Nunca.
Cuesta ser oveja sin dejar de ser viento.
En torno a los costados, hay que deshilachar el dogma
Y abrir la puerta a las luciérnagas…
Barataria, 13.II.2010



lunes, 15 de febrero de 2010

TRANSPIRACIÓN A CIELO RASO

A veces caminamos contra los milímetros del viento. Contraviento
De los dedos, las piernas, los zapatos. Caminamos sobre ausencias
Feroces, destilando tórridas invalideces.
Estamos muertos en el papel secante de los zapatos.

Ilustración: Giorgio de Chirico


TRANSPIRACIÓN A CIELO RASO





Aprendo el mundo en ásperos estudios.
Yo soy mudo, recibo la palabra.
Amo a veces la hoja que me hiere.
ROBERT SABATIER

Entre los polos de lo consciente y de lo inconsciente, el espíritu oscila.
Columpio donde están suspendidos todos los seres y todos los mundos
y cuya oscilación nunca cesa.
SAINT KABIR





A veces caminamos contra los milímetros del viento. Contraviento
De los dedos, las piernas, los zapatos. Caminamos sobre ausencias
Feroces, destilando tórridas invalideces.
Estamos muertos en el papel secante de los zapatos.
Hierve la cresta de los gallos, desolados habitante del cierzo.
Llegamos a un punto donde todo es ensayo y error.
No siempre la puntualidad de los relojes marca los latidos.
En algunas ciudades crece el dolor como el mar. Como la sal
Convertida en estatua. Como el calor crepitante de los cirios en plena
Capilla ardiente. Las aguas del llanto desnudan los pétalos.
Llegamos a la cera de los grises con rostros demacrados.
Los viejos delirios ascienden a los espejos.
Siempre al fondo, después del umbral, los barcos y los trenes.
Los niños viajan ahora a través de muelles oscuros.
Aquí sólo hay multitudes devastadas. Esperanzas sajadas.
Estaciones de dudosa procedencia. Tachuelas de hiriente acento.
—¿Cuándo llegará el amor a los ojos de la noche?
¿Cuándo dejaremos los pupitres para acechar otras pizarras que sólo
Tengan que ver con el aliento y no con la usurpación de la luz?
—Siempre volvemos a las mismas conjeturas.
Hartos nos tragamos las densas hebras de sol. El aire pestilente
De las calles, las moscas de los mercados callejeros,
Las cucarachas de las cloacas, las estrellas verdes de los repollos,
La remolacha roja de la espuma. La espuma rumorosa de la lengua.
[Vos y yo sabemos que dentro de la piel de mueven aguas feroces;
Vos que te convertís en mi catedral de colores,
Arroyo azul de los vitrales,
Forma del césped recostada en mis pupilas. Vos que estás cerca
De mi, necesariamente inevitable dentro del hangar de la noche.
Vos y yo sin ropa rotando en todas las direcciones del deseo].
Fuera de nosotros están los cuerpos tirados en las aceras. La historia
También tiene su propia breña apocalíptica.
Nos arrastra a menudo la nostalgia de la comisura de los labios.
El compás de los relojes clandestinos. El materialismo histórico
De la cóleras. No siempre podemos esquivar la tiranía
De las superestructuras, ni las pijamas que usan los sordomudos.
Ni el tiro al blanco de la cuajada sin el azote de raíces furibundas.
Los defectos y la iniquidad tienen lecturas parciales.
La buena lectura zozobra en los alambiques y los embudos
De rústico aluminio. Muchos fantasmas, desde sus propios ataúdes,
Requieren de alas. Del bosque, aunque sean sólo fantasmas.
Todo esto ya lo había pronosticado Nostradamus en inocente alelíes:
—Nos toca, —por si acaso, a vos y yo—, vomitar sobre las pesadillas,
Soñar sin bajar a los lugares del odio.
Sabemos, además, que ningún lugar está exento de la noche.
Debemos, por si acaso, arrastrar el matamoscas en nuestras manos.
Desnudar los pequeños juguetes guardados en los roperos.
Extremar los insecticidas al entrar la noche,
Ahuyentar la joroba de la tos y envolvernos en el sudario
De algún jardín con las consecuentes precauciones del caso.
Barataria, 12.II.2010

domingo, 14 de febrero de 2010

LA VIOLENCIA DE SIEMPRE

La violencia de siempre camina de nuestro lado. Aquí gira alrededor
De los ventiladores. Hace muecas de vida solitaria.
Tiene ese dejo de necesaria caligrafía.

Ilustración: Juan Gris










LA VIOLENCIA DE SIEMPRE







…harto será de lejos sólo velle;
y aun este ver será en mí tan confuso
que su bulto veré sin conocelle.
JUAN BOSCÁN






La violencia de siempre camina de nuestro lado. Aquí gira alrededor
De los ventiladores. Hace muecas de vida solitaria.
Tiene ese dejo de necesaria caligrafía.
Tiene esas lunas transpiradas por las hojas de los árboles
Al atardecer, cuando los celajes se incendian en las pupilas.
A menudo es una cruz necesaria. Es decir, cotidiana como el sexo
Esperando entre canceles de periódicos sucios.
En los retretes se escucha todo el zumbido de la oscuridad.
Los pájaros se han retirado de la persiana de los ojos.
En la garganta golpean los martillos de los hisopos.
A diario construimos esa locura de los gatos en los tejados.
El olvido enciende su luz roja en los bares y prostíbulos.
La felicidad se ofrece hoy en día en pedacitos de canela y azafrán.
¿Quién camina sobre las colinas de la tarde atajando los ijares
De su propia camisa? ¿Habrá cuartos vacíos para pulverizar las manos?
—En cierto modo, vivimos una época de verdades a medias.
A medio abrir la puerta. A medias la cocina y la mesa y los platos.
Nadie se inmuta frente a las paredes acostumbradas al graffiti.
A menudo la melancolía se vuelve un dios pacificador
De ciertas conciencias; claro que no me refiero a los que hicieron
De tantas décadas un ángel pecador, aumentaron su cuenta bancaria,
O simplemente empezaron a vender bolsitas con noches azucaradas.
Uno llora en la calle y sin embargo, la algarabía salta en los estadios.
Nuestros mandatarios son autores de analgésicos.
Nos venden en palabras el firmamento; nos dan la saliva para surtir
El alfabeto a fin de quitarle la monotonía amarilla de los majonchos.
[La mejor forma de despertar es pensar en esa mujer agazapada
En las sábanas de la hojarasca, sin más desnudez que el cierzo suave
De los poros, húmedos pétalos del océano colgado de las pupilas].
En los ríos sonámbulos de los sueños, la no violencia es posible.
Aunque uno no lo crea hay violines nocturnos a punto de convertirse
En una bomba cazabobos. En un fondo donde sólo caben lágrimas.
La violencia ha envejecido junto a los colores del arco iris.
Los faraones lamen las estrellas desde sus balcones amurallados.
La palidez nos cansa con su línea gris. Las abejas construyen falsas
Estatuas, ahí donde el mar enfría el horizonte.
Detrás de cada árbol hay vigías con armaduras siniestras.
Nadie duerme entre jardines, ni en medio de doncellas, salvo quienes
Han hecho sus propios talismanes con tabaco negro.
Salvo los que usan caparazones y se ahuyentan del día.
Salvo los que inventaron los abanicos para reirse desaforadamente.
Salvo los que compraron los girasoles de la luna y ahora bailan
Con telescopios de ruda.
Un día quizá ya no seamos. Mientras tanto, hay que esperar el milagro
De los pájaros, el circo de los colores saliendo de las campanas,
O la música de los valses de las mariposas.
Mientras la soledad de la carne gire alrededor de los cementerios,
Debemos —vos y yo— ponerle azúcar a la montaña rusa de tu pubis
Y lamer a fondo ese nido de vértigos, ilimitado planeta
Para mi olfato…
Barataria, 11.II.2010.

viernes, 12 de febrero de 2010

PRESENTE SEPARADO

Llevamos palabras oscuras en las calles ancladas de las sienes.
Caminamos fugitivos sobre la tristeza. —Barcas perdidas
En las sombras del silencio, tímidos abrazos que la noche
Suelta con su peso de piel incómoda.
Vicenç Gimeno Rivero








PRESENTE SEPARADO







Te miro asícomo mirarían las violetas una mañana
ahogada en un rocío de recuerdos.
EFRAÍN HUERTA







Llevamos palabras oscuras en las calles ancladas de las sienes.
Caminamos fugitivos sobre la tristeza. —Barcas perdidas
En las sombras del silencio, tímidos abrazos que la noche
Suelta con su peso de piel incómoda.
Traspasamos los taburetes de la costumbre, los rostros
Que se buscan en medio del tabaco, la luna amarilla de la madera
Solitaria, los trenes irregulares de los árboles, el pulso lento
Del olor de las mañanas, con cerrados días de trementina.
Le dimos a las horas el sueño de nuestros poros. —Así anduvimos
De puerta en puerta tocando los charcos de frío.
Llegamos a un punto hasta deshabitar las aldabas, los paraguas
Y los números. —Perdimos las estrellas en las escenas del papel,
En la música fugitiva del cuello,
En cada labio invocando las ventanas.
Y sin embargo, ahí el sudor fue nuestra primera carta en las aguas,
La almohada de las hojas, la luz convertida en invierno.
Pasamos noches enteras apagando el fuego. —Noches de acantilados
Detrás de las fotografías, razones para entender los puertos.
Debemos pensar, ahora, que el mar hundió sus olas.
Envejecimos en las bodegas de la espuma. En el alambique cierto
Del calendario, en el balcón de las fechas, en las frases personales
De la noche, en los trenes oscuros de la medianoche.
Consumimos nuestra conciencia primitiva. Los pasadizos secretos
De la conciencia, las nubes donde juegan los remordimientos,
Los roperos inútiles donde se guardan ciertos nombres para siempre.
Llegamos a un punto de vaciar la sangre sin ningún esfuerzo.
Llegamos aquí, casi como un crimen testamentario.
Casi como el suelo mismo de los hospitales. Como la almohada rota
De las certezas. —La nostalgia se extiende a los ojos como la muerte.
Muerte del mapamundi de los labios.
Muerte demasiado fría sin el abrigo de los pájaros.
Muerte sin maletines seguros sobre los hombros. Dedos en el celofán
De los impulsos. Manos abandonadas a la respiración.
Dejamos palabras oscuras en la noche de la intimidad, en la mañana
Apenas vivida, en las sábanas mojadas por el azar.
Dejamos junto al poyetón del miedo, todos los miedos, todas las calles
Con sus cicatrices, todas las cicatrices de la locura,
Toda la locura de la sal disimulada.
Agradezco los muslos debajo de las sábanas. El deseo destejido
De los toldos, la caravana de enredaderas en las pupilas,
Tu cintura crujiendo como campana. —Nunca fue fácil, entonces,
Amanecer dormido en medio de la lluvia, debajo de la tormenta
De tu piel, del habitado tiempo de las gotas de la esperma.
Ahora amanecemos sin oírnos. —Pero la memoria está ahí,
Despierta frente a los sueños. Está ahí en el espejo de la noche,
En la interrogación de los pañuelos, en las banderas camino a la ceniza,
En la ventana, al otro lado de las habitaciones del tiempo.
Barataria, 09.II.2010

martes, 9 de febrero de 2010

DEFECTOS

Se fueron las palabras dulces apuñalando mi aliento.
Las esquinas de sal de las palabras muerden los charcos de las sienes.
El agua clara de las palabras se convirtió en ceniza.

Pablo Picasso


DEFECTOS





Quelle âme est sans défauts?
ARTHUR RIMBAUD

…cuando vuelva
que no debías marcharte
sin pintar de verde las paredes…
ALEX PAUSIDES






Se fueron las palabras dulces apuñalando mi aliento.
Las esquinas de sal de las palabras muerden los charcos de las sienes.
El agua clara de las palabras se convirtió en ceniza.
Le dimos a nuestras palabras la condición de pólvora y tristeza.
Matamos nuestra alegría con palabras sin diptongos.
El odio entró como un tren mudo de palabras.
Sobre el césped, la ternura perdió toda la posibilidad de cierzo.
Un día menos pensado despertamos con harapos en el alma:
Gemimos, mendigamos en calles peligrosas.
Abortamos la saliva como un misil entre las manos.
—Pasamos años creciendo en la urgencia sin quitar aldabas. Pasamos
Y, la espiga nunca llegó a los bolsillos; abrimos milpas de melancolía.
Pesan, ahora, los pájaros heridos de la tristeza.
Las burbujas grises del escalofrío. La marea del desierto en el pecho.
El espejo nublado por la brizna de la sal.
El rostro insomne de la noche en mis pupilas fenecidas.
El cementerio de la madera en los fragmentos de la sed.
Los muros de medianoche en la piel mordiendo la almohada.
Escombros de la memoria en la garganta. Rota la paz del surco.
Un cielo que ya no es fácil digerir en la constancia. Camino a la deriva
De la cruz. Embarcación del dolor.
Danza el mar en la grieta de nuestras bocas.
Arrullos sin sombreros en la tempestad.
Mueca del mar lamiendo las últimas palabras. Nuestros defectos:
La entraña oscura de la roca. La erosión de las estampillas.
Siempre la tristeza como un vaso interminable.
Los vestíbulos sin cenas, ni comensales, ni visitantes.
Este óxido del dolor descarnado en las estatuas. Este amanecer sin pies
Ni palabras perfumadas por tu sexo.
—La tierra de la cama dejó de ser suave aposento. Es tortura al vuelo.
Cortaespejos del agua. Papel deshecho en los parques.
Al final, y después de todo, ya no sirve inventar antídotos.
Ni lavar los senos con premura, ni empapar de luz lo imposible.
En el futuro, el sudor de hoy será nuestro aliado: el Padre Nuestro
De nuestras torpezas, el parto de los sueños mojados de las campanas.
Ya no tenemos que perder: Lo hemos perdido todo.
Arde la maleza abrasada por los relojes del pulso. Arden los cadáveres
Enamorados, el cuentagotas del alma, la tormenta de la barba,
La barricada ronca del dolor.
Ya no tenemos que perder: Lo hemos perdido todo. Es difícil volver
A los meses descalzos de la humedad. Es difícil volvernos a ver
En el mapa de la sonrisa, en el volcancito azul del polen…
Barataria, 07.II.2010

lunes, 8 de febrero de 2010

RECUENTO PARA UN OLVIDO

No es más ya la sombra en mis huesos, ni la flema en los pulmones.
No es más la herida en la corteza de la garganta.
Nubes. Campos. Hojas.
Ilustración: Pierre-Auguste Renoir








RECUENTO PARA UN OLVIDO






Me encanecieron los choclos
los misiles los Patroclos
los cazadores de escaños

Werther Van Gogh los huracanes
espejismos Prima Donna
Sancho Panza la Gorgona
PEDRO PÉGLEZ GONZÁLEZ






No es más ya la sombra en mis huesos, ni la flema en los pulmones.
No es más la herida en la corteza de la garganta.
Nubes. Campos. Hojas.
La vida sin rostro. Ligera como el rayo, aquí, allá, siempre.
He caminado ahora, respirando los últimos estertores de la espuma.
Llego a la claridad donde nací: el espejo de mí mismo.
La vida cerrada en el cansancio de los labios.
La luz aturde en las plumas de los pájaros.
He caminado larga cabellera de trenes. Vagones de poros inciertos.
He barrido escobas y limpiado la hojarasca de las sienes.
Anduve en la urgencia de las nubes. Mordí los límites de la salmuera.
He escrito cuanto he podido en el agua musical de las estrellas.
—Entonces todo era diferente: No era la hoja inútil de la vida,
Ni la duda se había convertido en cuaderno cotidiano.
Había certezas y brazos y labios y aliento. Y ahora, —la desnudez
De los amantes, la caries sórdida del sueño, los huesos
Expuestos al relámpago.
[Ayer, apenas era verde en patio de las enredaderas. Era el quicio
Del amanecer, sutil murmullo. Respirar sin dobleces los drenajes.
Era el mantel, la otra costilla sin ultramares.
De pronto la memoria se vuelve pedacitos de asombro.
Reloj de cicatrices, diccionario sin escaleras, jaulas de adoquines.]

—Usted sabrá que nací entre el ardimiento de la ráfaga.
¿Cómo caminar entre las ciudades, con este sueño cercenado
De niño, con esas miradas de alambres, con esos olvidos que deseo
Hacer realidad, sin emboscadas en las tumbas?
De pronto las cartas, el miedo, los murciélagos, se han convertido
En otros zapatos cruzando alambradas. En otros fantasmas
Probando el abismo. En otras aceras de irremediables mordidas.
He ido encaneciendo en esta vigilia del devenir.
El afán se convirtió en súplica. Arriesgué el olfato en la brújula.
Me arrojé, seducido por las sirenas; ahora sin embargo, sólo hay
Cementerios, y ese extravío de la tempestad.
—¿Cómo mantener firmes las ventanas antes de que anochezca,
Antes que el trompo de los sueños haga otras irrealidades,
Antes que la oscuridad vuelva a nacer en mis manos?
Puedo mirarte de punta a punta en la almohada. Lavar el ombligo
Del paisaje. Encender la leña del albedrío. Buscar explicaciones
Frenéticas. Pero me doy cuenta que ya estamos a deshora.
Debo entonces, empezar a caminar sobre el olvido, sin recuerdos,
Ausente, a oscuras, invisible, distante, por si acaso.
Barataria, 06.II.2010

domingo, 7 de febrero de 2010

ALMA, PAÍS DE MIS SUEÑOS

Siempre te siento así desde las entrañas del cielo. Desde la luz
Mística de mis sienes, desde la yedra de mi ternura.
Fue en la juventud de nuestra piel. La arcilla bebiéndonos.

Ilustración tomada de la red








ALMA, PAÍS DE MIS SUEÑOS








Y la palabra que yo tenía que decirle se mece día y noche,
como una barca, sobre la ola de cada hora.

Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.
RABINDRANATH TAGORE






Siempre te siento así desde las entrañas del cielo. Desde la luz
Mística de mis sienes, desde la yedra de mi ternura.
Fue en la juventud de nuestra piel. La arcilla bebiéndonos.
[“No supe lo que hacía un momento y vine.
Pero alza tus ojos que yo vea si queda aún alguna sombra
de los días pasados, una pálida nube, ya sin lluvia, en el horizonte.
Sopórtame un momento, aunque yo no sepa lo que hago.”]
—¿Cómo rescatar el rocío sin hundirnos en la noche, sin volver
A las maromas del viento,
A los callejones angostos de los pasadizos secretos,
Al agua insinuante de las dicotomías,
A la claridad en cuya fantasía está la noche, densa y en sigilo.
El ansia, a menudo, no tiene rayos de sol —y cabe la posibilidad
Del desaliento; el ojo del ciego desdibuja la luz y sus contrastes.
Desde la ropa de las palabras, los espejos transeúntes.
El remo de los deseos filtrado en las ventanas.
La almohada es un destino con linternas.
—Ese tránsito de un sueño a otro, la germinación de los sentidos.
Sólo la unidad es posible para la supervivencia del follaje disperso.
Los días laborables de la autoconciencia.
La íntima diafanidad sobre los durmientes del destino.
En las campanas no puede haber bozal ni brida, ni huéspedes
Extraños, si acaso, la fragancia de un desvelo cierto.
Somos blancos de la intemperie. Los cuerpos al filo de las estatuas.
Como noches sin sábanas, espectros miserables en las aceras.
[“Tú te acuerdas,
casi en el tacto, como yo,
de la caricia intranquila entre dos maniobras,
del temblor de tus pechos
en la camisa abierta cara al viento?”].
De cara al viento el trasiego del clímax, el baile en la redondez
De las frondas, el pabilo en los meridianos, el estaño intrépido
Del fogón, el vuelo en su más alto afán.
Éramos felices entonces. Parpadeo unánime. Migración blanca.
Éramos todavía las semanas sin muletas: —Toda siembra
Sin espantapájaros, alas en el ventisquero, canícula de la gramática
Hasta el cuello. Gusanos adictos a la otredad.
Somos ahora, después de todo, búhos sobre la bisutería de los pinos,
Trueno diseminado del hartazgo, sombreros quemados.
Aún así, no hemos terminado de leer los edictos del hambre:
—El tiempo nuestro en la ebullición de la Patria,
El tiempo picoteado por los granos del fermento y las escaleras.
Barataria, 31.I.2010

miércoles, 3 de febrero de 2010

TERRA UMBILICAL-poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

Per a no pensar en el meu País, pense en la carn dels bordells,
En la bonicura de les serpents,
En el casc urbà de les ignomínies, en la festa nacional
De la luxúria, en el bes de l’oceà als meus porus, en la màquina
Descordada de l’esperma, en el fem, —val a dir—
Integrat en les meues sabates.

Autora de la fotografía: Beatriz Álvarez García








TERRA UMBILICAL
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó








…helado como el espejo en que contemplas la huida
[de los colibríes de tu mirar
perdido en una exposición de lencería enmarcada de momias…
BENJAMÍN PÉRET

Ahora puedo ejercer en el mundo
inscribirme en él
soy una pieza más del engranaje.
CRISTINA PERI ROSSI








Cada dia empresone la cendra de la meua Pàtria. El melic del pèndol
De la seua descaradura, l’afait de testicles fins al melic.
L’ull malèvol del greix en el camí sota certes aliances
De confeti. Em fan riure les seues escates, les seues xinxes i la roba
midonada per a assistir a la primera missa i beure el beuratge diví.
Un dia seran sants tots els presidents del meu País.
Un dia seran mòmies, peces d’aquest trencadís trencaclosques.
Seran summes sacerdots de legions obscurantistes.
No els abastarà la respiració par a veure’s en espills virtuals.
En aquesta terra no em reconec: Hi ha massa peces d’escacs
Jugant a la ruleta rusa de la bona fortuna,
[Imagine que fan vots amb encens i olis davant de
L’ara major quan es persignen].
Mentre, la fam es menja la brúixola de les aigües.
Però a la palestra es revifen els anhels. El paisatge de pedra tosca
Abunda en les tarimes i en les educades i vehements crides
A la consciència nacional.
Quan no plore, ric amb les meues butxaques buides. Al cap i a la fi és millor
Que res. Riure amb un palet per a llevar les engrunes de buit
De les dents, afaitar les antípodes i untar de vaselina les falàcies.
Al capdavall vivim es un País sense rostre.
Al capdavall el territori està sotmés al xarampió.
Així un aprén les paraules furtives de les agulles de cap i els senyals
De la creu, els codis secrets de la supervivència.
Només importa el quitrà revestint les bigues de la casa, la posta
De les ràfegues, la claraboia de l’instint.
Per a no pensar en el meu País, pense en la carn dels bordells,
En la bonicura de les serpents,
En el casc urbà de les ignomínies, en la festa nacional
De la luxúria, en el bes de l’oceà als meus porus, en la màquina
Descordada de l’esperma, en el fem, —val a dir—
Integrat en les meues sabates.
Per a estimar el meu País, pense en el Fons Monetari Internacional,
En les Cases de Canvi, en les limusines i en els pasadissos
Dels anomenats secrets. Sé que es difícil, però només així puc estimar
El meu País. L’estime amb les seues aigües enterbolides. Amb la seua nuesa lluny
De tota felicitat, amb la seua histèria de fornicador, sense punts cardinals.
Per a sentir el meu País, llepe el clítoris de l’horitzó.
Només així sé que encara no ha sigut amputat de les seues parts íntimes.
Baratària, 30.I.2010








TIERRA UMBILICAL







…helado como el espejo en que contemplas la huida
[de los colibríes de tu mirar
perdido en una exposición de lencería enmarcada de momias…
BENJAMÍN PÉRET

Ahora puedo ejercer en el mundo
inscribirme en él
soy una pieza más del engranaje.
CRISTINA PERI ROSSI






Cada día aprisiono la ceniza de mi Patria. El ombligo del péndulo
De su desfachatez, el afeite de testículos hasta el ombligo.
El ojo avieso de la grasa en el camino bajo ciertas alianzas
De confeti. Me causan risa sus escamas, sus telepates y la ropa
Almidonada para asistir a la primera misa y beber el brebaje divino.
Un día serán santos todos los presidentes de mi País.
Un día serán momias, piezas de este quebradizo rompecabezas.
Serán sumos sacerdotes de legiones oscurantistas.
No les alcanzará la respiración para verse en espejos virtuales.
En esta tierra no me reconozco: Hay demasiadas piezas de ajedrez
Jugando a la ruleta rusa de la buena fortuna,
[Me imagino que hacen votos con incienso y aceites frente
Al altar mayor cuando se santiguan].
Mientras, el hambre se come la brújula de las aguas.
Pero en la palestra se avivan los anhelos. El paisaje de piedra pómez
Abunda en las tarimas y en los educados y vehementes llamados
A la conciencia nacional.
Cuando no lloro, río con mis bolsillos vacíos. Es mejor que nada
A fin de cuentas. Reír con un palillo para quitar las migajas de vacío
De los dientes, afeitar las antípodas y untar de vaselina las falacias.
Después de todo vivimos es un País sin rostro.
Después de todo el territorio está sometido al sarampión.
Así uno aprende las palabras furtivas de los alfileres y las señales
De la cruz, los códigos secretos de la supervivencia.
Sólo importa el alquitrán revistiendo las vigas de la casa, la posta
De los aleros, el tragaluz del instinto.
Para no pensar en mi País, pienso en la carne de los burdeles,
En la hermosura de las serpientes,
En el casco urbano de las ignominias, en la fiesta nacional
De la lujuria, en el beso del océano en mis poros, en la máquina
Desamarrada de la esperma, en el estiércol, —valga decir—
Integrado a mis zapatos.
Para amar a mi País, pienso en el Fondo monetario Internacional,
En las Casas de Cambio, en las limusinas y en los pasadizos
De las llamadas secretas. Sé que es difícil, pero sólo así puedo amar
A mi País. Lo amo con sus aguas turbias. Con su desnudez lejos
De toda felicidad, con su histeria de fornicador, sin puntos cardinales.
Para sentir a mi País, lamo el clítoris del horizonte.
Sólo así sé que aún no ha sido amputado de sus partes íntimas.
Barataria, 30.I.2010

martes, 2 de febrero de 2010

PAISAJE SOLITARIO


Autor de la fotografía: Santiago Paisal Sobrido


PAISAJE SOLITARIO






…y me encontré entonces pensando: si fuera hoy,
así es como la Muerte convocaría a Cualquiera.
SEAMUS HEANEY

Y cuando bailan, cuando se desliza
no cuando burlan una ley o cuando
se envilecen, sonríen,
ROSARIO CASTELLANOS







Soy de los que están aquí recibiendo la otra noche en las mejillas.
A la piel llega la hojarasca del trajín.
El ventarrón de turno de los limones.
Las avispas en chorritos de la herida. La brisa loca de los juguetes
Colgando de las paredes. De antemano los relojes sin digerirse.
Un día o este día, tal vez, hablemos de una siesta sin devastaciones,
De la mediagua de los techos para reclinar la Esperanza,
Del paraíso sin aldabas;
Sin bestias atroces mordiendo alforzas de angustia. Un día solamente
Las monedas lustrosas de los cadáveres en medio de los dedos.
El hollín del kerosene se ha vuelto hijo de la mendicidad
En las aceras públicas del desamparo. Sorprende el paso de la noche
En vitrinas. Las balsas de carbón sobre el agua.
No se sabe quién es quien en el hangar de los caminos. Hay pedazos
Diversos de extravíos e hipnosis colectiva para la inmolación.
Cuando se descubren los rostros, saltan a la vista las respuestas:
—Esa terca ambigüedad del aprendiz en su zona próxima.
Ya una vez perdimos las palabras. El habla fue abismo sobre las cosas.
El discurso no menos fallido que el cansancio.
El dique no menos frágil que la felicidad a cuentagotas.
Vamos al minuto de doblar las rodillas sin compañía.
A ciertos grafitos sin papel. Vamos a la metástasis de la dislexia.
Al carburo para acelerar los focos de las pensiones, sin pensar
En el cordón umbilical inacabado. En las partes siniestras
De los sitios de mando: —Ahí la voracidad y enajenación no es una
Farsa, sino la correntada bajo ciertas condiciones de cloro.
Ahí se arma el abecedario con afeites, el dibujo del aliento.
De pronto uno se encuentra con paisajes solitarios: —El sentido
De las escaleras en armarios, el mimetismo del balbuceo,
Cierto autismo de la sombra sobre el espejo, sin compañía,
Más que ese mundo intrincado de la balanza que da el equilibrio.
Necesitamos dromedarios pata rebasar los límites del ego.
Una buena parte de la eternidad es supernumeraria cuando
La obcecación se torna puño cerrado, cuando se cree que los tropezones
Son alas divinas o pruebas del destino.
En la precariedad de la mente ya no son necesarias las piedras.
Ni los tragaluces tapados con toallas, ni los embudos.
También la libertad se construye deshaciendo esos nudos que habitan
Los tabancos. También desprendiendo el azúcar de paisajes crípticos,
De esos paisajes disfrazados de vehemencia…
Barataria, 30.I.2010

lunes, 1 de febrero de 2010

RINCON DEL JÚBILO

Hay lugares de fuego inacabable: la fogata de los nidos,
Los sonidos del desván con pájaros, el rocío del azúcar
En los pañuelos, los caminos que alguna vez montaron
El césped en las palabras.
Autor de la fotografía: Alberto Cortés García


RINCON DEL JÚBILO






Lengua con sed, sedientas las raíces
CARLOS BARRAL

En mis caminos de otro tiempo hallarse puede
a un ángel triste con torcida espada.
JOSEP CARNER






Hay lugares de fuego inacabable: la fogata de los nidos,
Los sonidos del desván con pájaros, el rocío del azúcar
En los pañuelos, los caminos que alguna vez montaron
El césped en las palabras. Esa parte de la piel, breve,
De los poros pegada a los sostenes.
Ahí el agua lentamente de los ríos. —El agua regresando a la vida.
El estante de los suspiros, los pozos del pálpito.
Alrededor de la lluvia la grada de los tejados, —Los nombres
Familiares, la armónica de la sed en la memoria.
En cada palabra hay sutil enredadera de texturas: este oficio
De la memoria y el deseo. Esta campana de la voz
Como un inefable espejo.
Ahora los recuerdos tienen lenguas sutiles. Cada instante lee
Los labios, las sienes repartidas en el calendario de los pasos
Andados, —el rapto del jardín resucitado en la adolescencia.
Ahí la toalla de la luna sobre el polvo,
Los mínimos sombreros al galope, las pupilas como libros
Subiendo escaleras, el cenicero a mi costado.
En cada vasija, la miel perdurable del barro, el aceite de las palabras,
En mis manos propiciatorias.
Hay lugares de noche, de alba, de sed.
Lugares para beber en la herida, la fogata, los viejos territorios
De la infancia, la libertad de la sal en las sillas de las olas,
Los caramelos íntimos del sexo,
Los extraños ocotes de la melancolía,
La saliva ocre en la tela impermeable de los paraguas. Las cejas
Del absurdo en el paladar sedoso de los afluentes.
Cuando jugábamos perdíamos los ojos en las canículas y los trompos.
A menudo el tiempo nos devuelve algunos posibles.
El arco iris de las piscuchas en los ojos. El maná del sudor
En los poros —y ese trance profundo de las palabras en la garganta.
Hay lugares interminables que sólo se ven en la oscuridad.
Hay lecciones de vida que sólo se aprenden en el camino. —Escribir
La esperanza, por ejemplo, en cada sábana sin desvelar los pájaros.
El pulso a menudo traspasa la bóveda de los sueños.
El caballo del granito desnuda las fotografías a tropezones.
Hacia la lejanía, la armonía saca sus llaves.
Ahora la casa con el rescoldo de todos los brazos. —La casa de infancia,
La leña, el poyetón vivos.
La hora sin yugo y sin jornal.
El zumbido de las abejas en los linderos del techo.
El delantal del arroyo como un templo, sin faltar la canela. Sin faltar
La creciente claridad de la lluvia en los aleros.
Ahí grita la parva de azúcar, el amor, el dolor antes de morirse.
La intimidad sosiega la fe —la claridad intensa de los almendros,
La rueda de la fantasía en el viento.
Los pinos del cuerpo bebiéndose las ráfagas. El tiempo creado
Al ritmo del propio aliento…
Barataria, 26.I.2010