miércoles, 28 de abril de 2010

SOPLAN LOS VIENTOS AHORA DESDE LEJOS

Tarde, después de enterrados soplan los vientos. La estridencia
Quirúrgica de las guacalchías[1], la quebrazón de ojos revolviendo
El pasado. Ahora es el Principio de los Páramos,

La resequedad de los aromas y no la resurrección.
Autor de fotografía: Guillermo Fernández Corroto







SOPLAN LOS VIENTOS AHORA DESDE LEJOS






Sendas y objetos vuelcan el destino
En la hoguera del alba.
JOAN BROSSA






Tarde, después de enterrados soplan los vientos. La estridencia
Quirúrgica de las guacalchías[1], la quebrazón de ojos revolviendo
El pasado. Ahora es el Principio de los Páramos,
La resequedad de los aromas y no la resurrección. La puerta vaciada
De repente, de los ojos, —los recursos obsesos de los fósforos
En medio de cuchillos, el letargo gris de las ventanas,
El descaro incierto del frío,
Esa llaga indemne que nunca cicatrizó en los barcos.
Es de suponer que al menor descuido las cosas no juegan al olvido.
Que en las raíces hay huecos irreparables,
Que los huecos en cierto modo se vuelven rascacielos a la inversa.
Uno confunde las ciudades inermes de los cementerios,
Con la geografía tirada en los vertederos.
Otros vientos magnánimos debieran deshacer los vértigos,
Los vidrios mortuorios de los vagidos. La noche vuelve con sus terrones
Escalofriantes de agua siniestra. —Es decir, todos aquellos
Párpados hundidos en el sepelio. En las gaviotas tristes de la llovizna.
Lo único que queda es la infusión de la trementina.
La piel enmohecida de las parábolas.
La música hundida en el granito. Los siempre espantapájaros
De lo efímero. La mala leche dispersa de las crayolas en el fango.
Quizá hemos dejado de ser la hamaca alegre de los pájaros.
Quizá dejamos que la ceniza se irguiera en nosotros, seres efímeros
Como la antorcha sin rumbo de la risa.
Tarde, después de enterrados soplan los vientos. El tacón de los zapatos
En pedazos, el disfraz como la fuerza del ímpetu.
Las sombras engendran feroces cuchillos. Distancias pétreas.
Juegos de corderos. Begonias rompiendo la yugular. Jamás el amor
Cabe en este cielo de girasoles en declive.
Jamás vendrá ya mi madre para prodigarme lo que me falta.
Avanzo como hombre indefenso sobre la correntada del polvo.
Avanzo sin sahumerios en el pecho.
Avanzo alrededor de los encajes de la Esperanza. La herida está ahí,
O allí, en todas partes donde encallan los recuerdos.
A veces la ternura fue infructuosa lámpara. Pan sin condimentos.
Vuelven las naves del oprobio con su carcajada de granito.
La sal aquí en estos días de asfalto. La cadena de ultramar
En las fauces. —El espíritu líquido de la nostalgia, la cena de guijarros
En el abismo. La hoja de la brisa en las sienes:
Mástiles donde los vientres se corrompen. Podredumbre de pesebres.
Tarde, después de enterrados soplan los vientos…
Barataria, 19.IV.2010





lunes, 26 de abril de 2010

LAS PALABRAS

Cada palabra tiene su propia armonía. Cada una nos transforma en eso
Que somos o no somos. —Cuando las decimos, la respiración
Compromete nuestra piel, nuestra balanza de espuma, o los pasadizos
Secretos de la conciencia, o el aire que nos extravía.
Autor de fotografía: Amado Calvo







LAS PALABRAS






…yo aquí volteado por el viento negro
que el olor de la noche desampara,
SARA DE IBÁÑEZ






Cada palabra tiene su propia armonía. Cada una nos transforma en eso
Que somos o no somos. —Cuando las decimos, la respiración
Compromete nuestra piel, nuestra balanza de espuma, o los pasadizos
Secretos de la conciencia, o el aire que nos extravía.
Asirlas es un desvelo de ecos. A menudo duplican los espejos
Del paisaje, brasas que de pronto queman todo imaginario.
De vez en cuando se codifican en la infusión de ciertos tragaluces.
—De pronto las volvemos cómplices de las cloacas, de visitantes
Inexistentes y de huéspedes siniestros.
Los tentáculos de las palabras tienen secretos filamentos, múltiples
Ráfagas de la combustión humana. Hacen estallar
Látigos de fanatismo. Enjambres de trampas. Vibraciones fatuas
Como una pirámide.
Las palabras nos convierten en rostros migratorios.
En huesos o follaje. En nutridos nombres de sombras.
Sueños donde la saliva es un falso Paraíso. Materia punzante
En la boca. Vértigo buscando, a menudo, paisajes de piedra.
La moda las desgasta como la piedra caliza. Son averno, noche o día.
Peregrinos relámpagos en los ojos.
Veleidosas, frugales, espectrales, grises, claras, pesadas.
Las palabras, las palabras resplandecen los colmillos al abrirse.
A menudo tienen ese insaciable destello de oscuridad.
Pocas veces las usamos para despertar el alba. Para juntar los ojos
De la bondad y la sonrisa,
Para hacer colores del minuto, para desechar la hostilidad,
Para desfatigar la necesaria soledad que las corroe.
Son así sencillas u hostiles. Hormigas o escarcha; andrajos o soplo
De alas; estrellas u hojarasca.
Sacadas de las axilas parecen un abismo. En la cárcel se vuelven
Catre con barrotes, todo un mundo de sombras.
¿Cómo se ven en las casas de gobierno, en los prostíbulos,
En las catedrales? ¿Cómo se ven entre un nido de serpientes?
¿Cómo se ven en los maniquíes, y en las marionetas?
—Pierden su resplandor en la caries del desvarío. Nueces del desencanto.
Las palabras, las palabras por desgracia, a veces, muro o escombro.
Las palabras, las palabras, sábanas o máscaras, —muros tapizados
De colmillos, alfabeto de la trampa y la traición.
Las palabras, las palabras, celosías de la vigilia, pupilas insolubles.
Las palabras, las palabras, a fin de cuentas plumas o reliquias
De la vida. Crueles o magnánimas en el corazón del mundo.
Barataria, 17.IV.2010

domingo, 25 de abril de 2010

ENTRE VELADOS ROSTROS

Siempre caminamos entre esos velados rostros de la intemperie.
Auscultos muerden el suspiro. Esperan confundir los sueños
Con la oquedad de sus dientes agónicos.
Autor de fotografía: Chus recio Delgado








ENTRE VELADOS ROSTROS







Ni a las tinieblas de la noche oscura
ni a los hielos perdona,
y a la mayor dificultad engaña;
LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE








Siempre caminamos entre esos velados rostros de la intemperie.
Auscultos muerden el suspiro. Esperan confundir los sueños
Con la oquedad de sus dientes agónicos.
Un río de lenguas amordaza las campanas. Un río de sombras
Siniestras brama en los balcones.
De ayer a hoy el mar se pierde en las pupilas.
De ayer a hoy me pierdo en tantas bocas martirizadas.
Desde el minuto de los establos, los cascos como alacranes en la boca.
Jamás aprendemos del sollozo como purificador del alma.
Abejas caníbal el ojo de la sombra sobre la calle.
El gusano en los arcos de la boca.
El festín oscuro de los dientes. La lengua con moho de alcantarillas.
Caminamos entre esos enemigos naturales del destino.
Los dientes en la mirada anudando sapos. Los enemigos de siempre,
Con su llaga pestilente en el pecho.
Uno nunca sabe quién engendró estas calles necesarias.
Estos alfileres persistentes. Este pus enajenado.
Este cereal nocturno. Esos esqueletos con frío que necesitan sábanas
De otros sueños, de otros cuerpos frescos.
Siempre caminamos, —vos y yo— entre esas aguas turbias
De la envidia, se pegan a nuestra risa y a nuestros poros. Se adhieren
Con su doliente miseria humana, jardines con un siglo de piedras,
La sed los señala a tropezones, la frustración los envilece.
Caminamos a la par de nuestros enemigos.
La luz los torna en penumbra. Los vuelve cazadores del azufre.
La luz les huye desde el fondo de sus entrañas: existen en el nido
Húmedo de las serpientes, en el rincón de la muerte.
Nuestros enemigos no duermen porque están a la caza de los sueños
Ajenos. Ven al trasluz de su conciencia, entre hollinosos tragaluces.
Nuestros enemigos no comen. El apetito no está en su mesa.
Nuestros enemigos no ríen, la alegría de los demás los entumece.
Nuestros enemigos no padecen de cansancio. Ellos siempre están
Laboriosamente abriendo heridas.
Nuestros enemigos no olvidan al prójimo. Prender alfileres y cirios
En las fotografías. Aún el agua que lava su escoria.
Nuestros enemigos a menudo se pasean con donaire frente a nosotros
Para que sepamos que existen.
Nuestros enemigos tienen noches acumuladas y tarántulas.
Y no obstante hay que andarlos como monedas en el bolsillo.
Nuestros enemigos son necesarios, sólo así podemos ver bajo la piel
Los paisajes diversos del insomnio.
Barataria, 13.IV.2010

martes, 20 de abril de 2010

ARIDEZ DEL INSOMNIO

Nos comen las brochas de los párpados y la rigidez de las pupilas.
Nos come este caballo de cansancios. Este toro de la intemperie.
Nos come el espejo colgado en las encías, en el lavabo colgante
De las tejas, en la taza de café negro que oscurece el paladar,
Con su amargor de hojarasca
.
Autor de la fotografía: Alonso Muñoz








ARIDEZ DEL INSOMNIO







Nos comen las brochas de los párpados y la rigidez de las pupilas.
Nos come este caballo de cansancios. Este toro de la intemperie.
Nos come el espejo colgado en las encías, en el lavabo colgante
De las tejas, en la taza de café negro que oscurece el paladar,
Con su amargor de hojarasca.
Nos amarra el imperativo del equipaje,
Nos desvela la espesura de todos los silencios, el vía cruz del mercado,
La tortura de las olas sin agotarse,
La vieja levitación de los sueños sin ser interpelada,
El humo rancio del tabaco junto a las palabras oscuras.
Desertamos y aún perdura la cadena del insomnio: el espacio gris
Con sus barrotes insolubles, el dintel clavado en el entrecejo,
Los sombreros del albedrío amarrados a la respiración.
Depredamos cuanto es posible en las grietas del vacío.
Mordemos el ciempiés del aliento con los dedos pastosos del murmullo.
Caminamos en el mismo sitio donde los pañuelos hacen escombros.
Vertemos dientes de sal sobre las sábanas.
—Siempre nos ata el velero de los fósforos,
La perplejidad del sigilo, los pétalos negros de las sombras,
La falacia de las alianzas en ciertos círculos del poder.
Siempre la ilusión pende de un pabilo tenso, la intrepidez de cruzar
El pulso habitando códigos indescifrados en el zodíaco.
En la propia aridez del insomnio, somos dunas de pesado afán.
Y aunque nadie lo crea, es la piedra de todos los días.
Y aunque haya alguien que no lo sienta, está en las venas de las abejas,
En el descolorido trajín de los zapatos,
En las calles inciertas de la sed,
En la espina clavada al sueño, en las ínfulas de los anfiteatros.
Nos come el sobrepeso de los escapularios, el féretro de la hojarasca,
Nos come el guacal de la ficción, la sartén de los chorizos,
El tráfico galopante del smog, los días hirvientes de la canícula,
Y esa cicatriz del braceo proscrito.
Nos come ese francotirador del búho y la lechuza.
El barco desigual de los sacramentos, la risa deseada en la costilla
Del prójimo, la mortaja liviana del sexo,
Los caballos en galope abierto hacia los domingos.
Nos asfixia el desencanto de las vacas flacas en medio de la gordura.
Ver las sillas oscuras del polvo,
Lamer el aire pútrido de la ilusión y no tener respuestas.
Y no tener respuestas al aire seco de los clavos…
Y no tener una frazada para envolver el frío, sino esa fragosidad
Del despojo y los andrajos…
Barataria, 11.IV.2010

jueves, 15 de abril de 2010

AGONÍA DE CAMINAR EN LA VIGILIA

Autor de la fotografía: Chus Recio Delgado






AGONÍA DE CAMINAR EN LA VIGILIA







Hold my hand and I'll walk with you
Through the darkest night.
And when I smile I'll be thinking of you
And every little thing will be all right.
ERIC CLAPTON







Las crayolas asumen la orfandad de mi sed. También la ficción
De los anhelos. —la vuelta al pulso de tres siglos de alegorías.
La herrumbre ha crecido como un puñal en la cama.
Días ciegos en vasijas de mordiscos. Río de ajos en los espejos.
Caminos con una mirada desolada de labios y brazos.
En el humo de la vigilia ordeño las almohadas, ese gris brotando
De la maleza: la herida abierta de la arcilla, la madera negra
De las arañas colgadas del pecho sin dueño.
Los hongos del estiércol arrastran mis zapatos: la negada forma
De la carne en los cabellos, la hiel de los pañuelos en las pupilas.
Cierta es esta agonía en el patio de las vitrinas, trenes de náufragos
Sofás, torrentes de párpados inaudibles, cauces donde el sexo abre
Las vocales lisas de la esperma.
En cada orgasmo el corredor de medianoche se torna inhabitable.
En cada moneda hay ojos derramados.
En cada calle hay sigilo de candiles.
En cada calle se dibujan martillos aceitosos. —playas con ceniza
Amarilla, mariposas de gastada hermosura, mejillas ocultas en las agujas.
Uno siempre está atravesando los tobillos de las alcantarillas.
El dedo índice del tráfico de los trenes, el río de los sapos en la saliva,
La panza de la iguana sobre las piedras de la aurora.
Uno siempre está caminando entre gatos negros. Entre ramas oscuras
De fiebre, abanicos yertos del cieno.
Camino más seguro sobre la lengua de los cementerios. Y no sobre
El lupanar de las minutas. Y no sobre el alacrán del asfalto.
De seguro todo se vuelve cierto con una dosis de analgésicos:
La fábula de la niñez en la alfombra del cielo. La blancura de los barcos;
Los trenes verdes de los helechos,
Los platos con manteles en la mesa del sueño.
Los trompos en los talcos del pulso. El acertijo de los laberintos.
De otro modo los relojes pierden su propio equilibrio.
Ahora es preciso inventar otros desatinos: esponjas de vilanos audibles,
Tapicerías de incienso,
Panelas de dulce con tuzas de inmortalidad,
Candelabros con flama de azúcar, calles con puertas de canela,
Goterones de albahaca en los libros, cinco negritos sin espejismo
De paredes, hojas de huerta como labios esbeltos.
Ahora es preciso lavar la lengua para dormir sin sarro. Y perseguir
El gorro del horizonte entre la trementina. —Es preciso buscar en el ojo
Redondo del reloj, el propio camino de las acequias…
Barataria, 10.IV.2010

martes, 13 de abril de 2010

TRASPIRACIÓN RECURRENTE

Extraña esta brisa, sábana mojada en las sienes. La transpiración
Vencida sobre la rosa. La misma sombra del absurdo,
La plena recurrencia de la medianoche en las manos, el tráfico
Tendido de los pájaros alrededor de la misma ventana, el deseo
De esta luz que mengua en la inminencia última de la ola.
Autor de la fotografía: Alonso Muñoz







TRASPIRACIÓN RECURRENTE







…salían de mi boca escarabajos.
Sordo, oscuro, batracio, desterrado,
¡era yo quien humeaba en las cocinas!
MANUEL SCORZA






Extraña esta brisa, sábana mojada en las sienes. La transpiración
Vencida sobre la rosa. La misma sombra del absurdo,
La plena recurrencia de la medianoche en las manos, el tráfico
Tendido de los pájaros alrededor de la misma ventana, el deseo
De esta luz que mengua en la inminencia última de la ola.
Los mismos muertos en las sillas quebradas de las lágrimas:
Este bañarme todos los días en los ríos de las mortajas,
La fiebre de sombras en la garganta, las ramas de ruda en la inmovilidad
De los candelabros. Este gajo de suspiros en la lengua de los perros.
Siempre aquí aguardando tantos rostros.
—El rumor del filo hundido en mis poros. Las aguas ciegas del hambre,
La bocanada de musgo en la cintura del planeta.
Hay tantos grises transpirando balcones de salmuera.
Hay melódicas mordiendo el mapa de los sueños en el ventisquero.
Hay algunos esqueletos sin lengua que bajan del cielo.
Hay cementerios que se pierden en la boca. Zapatos con hormigas.
Alacranes que comen el calendario del pecho.
Hay abejas amargas al pie de mi lengua, lluvia de curuncos en la sartén,
Matapalo en el corazón de las campanas.
Hay tantos días como la enajenación de las cebollas en el mercado.
Hay montones de chiltepes bebiéndose los ojos, la pupila sobre la herida
Que no sana, el río de meses cubriendo las barbas de la enajenación.
Desde el grito retumba el mar con olas amarillas, —paisaje en pedazos
De la hoja caída. Desde siempre el ciprés doliente del pecho.
El embudo inútil, monótono, de las guitarras. La puerta de cal
De las miradas, el ataúd de las banderas sobre las aceras.
—[Aquí tu ráfaga de jadeos como destino. El cuerpo del desvarío,
La vena mojada al filo del aliento. Aquí te apareces con tu brasa pura,
Con ese sur que aviva la flama, con tu hoguera en el poyetón
De la impaciencia. Ahí bebo el aroma del sexo, infinita memoria
Del infinito. Ahí toda la ebriedad de los sentidos].

Hay relojes mugiendo en las ventanas. Sueños en el hocico de la noche.
Hay plazas de bocas grises y almas contagiosas.
Hay muñones en el último cierzo de la hierba. Hay muros de anguilas,
Lágrimas en el rincón de los desfiladeros, en el ojo redondo de espuelas,
En la voz congelada de los peces.
Nadie conoce a nadie en el abanico de los naipes.
Nadie se inmuta por los muertos ahogados en la tinta del harapo,
Nadie deja de ser gemido en esta procesión de alfileres…
Barataria, 09.IV.2010

lunes, 12 de abril de 2010

PAISAJE CON HORAS SIN RESPIRO


Autor de la fotografía: Alonso Muñoz








PAISAJE CON HORAS SIN RESPIRO







Este rostro del mundo,
pequeño mundo en sombras dislocadas de antorchas.
Ventana de sed.
Vía sin soles en plomos y gritos iracundos.
RICARDO BOGRAND







Adentro, en los fardos del paisaje, las flautas grises de los mástiles,
La mano vacilante de la espuma, la hora náufraga —recurrencia
De la noche en el paladar hendido de las trampas.
Cada día los ojos del alfabeto marcan las horas. Es evidente el vacío
Aterido del pájaro. El lado oscuro de los perros alados
Por la tentación de la penumbra.
En la distancia los roperos agolpan sombras de cadáveres.
Vernos. Verte en el horror sólo con las piedras sin respiro. Sin atajos
Más que el vaivén de las pupilas entre exhumados paisajes.
Amanece con fondos de insomnio. Al trasluz el brebaje del desvelo,
Los días rodando en el vaho de del sollozo, sal liquida sangrando
Los eriales, la maleza indeleble de la zarza.
Nos percatamos de los pilares rotos del Paraíso, del corazón devorado
Por las puertas, del tapiz desmantelado de los meses.
Hay respiros reservados a la niebla. El aire apenas viaja en los fieles
Aromas de los pétalos. Apenas el paisaje tiene higiénica levadura.
Quizá en otro tiempo ocurra lo contrario: lavar este desconsuelo
Con almohadas aromáticas, acariciar los sueños en la escritura del pecho.
Caminar sobre la calle inédita del aceite,
Coser los anhelos colgantes de las rendijas, vaciar la sed hasta
Desvanecer el alfabeto. Hasta despertar en los zapatos.
Adentro, en la hierba rota de las sombras, roe el hollín de los aleros.
En la sobremesa descubro el tizne de las alcobas.
La verdadera ausencia que nunca muestran los espejos.
En el poyetón,[1] el comal de la escoria es irreversible e irrespirable.
En la fuga del paisaje el cuaderno insepulto de las manos, el acordeón
En su desnudez de telarañas, el taburete[2] de los vértigos.
Cuesta respirar atrapado en la caravana de los escarabajos, junto
Al atrio envolvente de las chicharras.
El caos asciende a las pupilas con cajones oxidados.
Y hay que resistir a lo insufrible. Al magma ciego de la humareda,
A los amores que nunca aguardaron por el final, al repugnante divieso
En los calcañales, al azúcar fiero de los pabilos en el tabaco.
Adentro, en el gemido de la bruma, la afonía de las antípodas,
El cuero errado del oprobio, el arroyo de la sangre acostado en la calle.
Cuando por fin alcanzo las palabras, la fuga sacude la garganta,
El aire devana las arterias, titubea deliberadamente la razón.
La mirada se llena de somníferos…
Barataria, 05.IV.2010








[1]Banco con armazón de madera o ladrillo de barro con hornillas para cocinar con leña, sobre todo en el campo.
[2]Asiento sin brazos ni respaldo confeccionado con correas de cuero de res o de neumáticos.

domingo, 11 de abril de 2010

EL RELÁMPAGO DE LAS VOCALES


Ilustración tomada de la red







EL RELÁMPAGO DE LAS VOCALES







Las horas prisioneras de un duro pupitre
lo amarran como un pobre remero castigado
que entre las paralelas rejas de los renglones
mira su barca y llora por asirse del aire.
RAFAEL ALBERTI








Ahora la quebrazón de cabeza se me quitó. Perdí el miedo
A esos fósiles que aprendí como latigazos. Enterré la estridencia
De la repetición. Hoy son diáfanas y juegan a la luz.
Ahora no desatino: alta elegancia de la a y la i. sonámbula la o
En el viento, festiva la e; nocturna la u.
Hace ya tiempos que evaporaron las piedras que las contenían.
De ceniza y carbón llenaron mi infancia.
Fundaron en mi pecho desde el aula un abismo.
Me harté por aquellos años de su diluvio esférico.
Nunca fueron trenes sino cementerios colgados de los pizarrones.
Nunca fueron canicas ni barriletes para un niño que imagina
Todos los relámpagos del mundo.
La a con golpe y grito
La e con golpe y pellizco,
La i con golpe y orejas de burro,
La o con golpe y coscorrón,
La u con golpe y carrera de mico.
De nuevo, golpe de regla la turbia habitación de las planas.
El corral donde zumban los moscardones.
El patio descolorido de lo pétreo. Centímetros de desidia en el lomo.
A mí por lo menos nada me decía la irrealidad del silabario;
Nada me dice ahora después de tanta asfixia.
Nada me dice esa inflexibilidad de las espinas.
Nada me dice la hinchazón de los pies dentro de una momia.
Nada más hueco que enseñarle a comer a los maniquíes.
Después y en el murmullo de la noche, solo, aprendí las vocales:
Una a una fue desfilando como abejas de un panal inefable.
Una a una como los relámpagos bajitos del polvo.
Una a una sin incinerar los delantales. Una tras la otra, largo
Oleaje sobre los muelles de la memoria.
Una a una flamea en los caballos del azúcar.
Todas juntas dan la vuelta al arco iris. Van galopando.
Todas juntas son el pétalo de las pupilas.
Todas juntas tienen la sabiduría de las parábolas.
Todas juntas se han vuelto perfume en la noche, semillas
Donde respiran los espejos, escaleras de portentoso centelleo.
Una a una, árbol de dientes, donde uno juega a masticar el Universo.
Ahora, después de tantos ojos acumulados, son relámpago:
No ese drama extático de las mortajas. No ese ropero del aula
Donde la herrumbre de los adoquines juega con esqueletos…
Barataria, 04.IV.2010

viernes, 9 de abril de 2010

LA MANO SOBRE LA BRASA

Sobre la mano, la brasa del día, el lomo del silbido armando
A los harapos, las aguas lentas del rezo sobre las piedras.
En el panal de la escoria, crepitan las raíces de la boca,
El astillero del temblor y el asombro.

Eduardo Manet








LA MANO SOBRE LA BRASA







¿…quién certifica los evangelios dormidos,
Quién rescata el corazón de la imagen del fuego?
RUBÉN VELA







Sobre la mano, la brasa del día, el lomo del silbido armando
A los harapos, las aguas lentas del rezo sobre las piedras.
En el panal de la escoria, crepitan las raíces de la boca,
El astillero del temblor y el asombro.
En las manos, las fotografías consumidas de la deshora, la construcción
Anochecida del amor, el acecho de las quemaduras,
Con el hambre del olfato de las mariposas.
La brasa voraz devora los dedos del dolor, la vigilia se disfraza
De sórdida alacena, de ambulante entraña desgarrada.
La sangre quemada se vuelve torrencial sortilegio, profunda flama
Hecha ceniza, suerte de agonizantes arco iris.
—Duele el río retorcido de las vísceras. El extravío y la calle sin abrigo:
El dolor es absoluto en la letanía de los espejos.
Amarga la continuidad del sueño entre la llaga abierta de la mendicidad.
El dolor peregrina en su salvaje exterminio.
La brasa es ahí el casco sobre la entraña. El aire de las puertas cerradas.
Sin aldabas entra y carcome,
Toda fragancia suculenta para el olfato.
No sé si duelen más las esquirlas que su rojo oleaje.
No sé si en otra edad, queme también los aleros del alma o sólo sea
Este disfraz de rugoso empeño. Este tropel de gradas quemadas.
Ante diversidad de patetismos, uno termina siendo la presa del anzuelo
Y no el cazador de sueños promisorios.
La brasa quema el aire que se cuela entre las manos. El jardín
De las pupilas, la misma fogata que desatan las ilusiones.
Se desmorona el taburete de los pensamientos. —Uno mastica esa
Confidencia crepitante de las brasas como una cosecha de encajes
Inefables; alrededor del tizón, la cremación de la yema de los dedos,
El horizonte gastado de las uñas,
La historia de la respiración presentida,
Todo el acantilado de las emociones, la depredación de los platos.
Todo es incendio en las sillas de lo cotidiano. Nos devora el color,
La piedra, el espesor del magma, la mutación solemne de las posturas
Mentales, el carro fúnebre desgastado en el diario ajetreo,
El volumen siniestro de los zapatos desgastados,
La paradoja inhabitable de las escamas. Cualquier mirada extraviada
En los techos. Cualquier calma en medio del vendaval.
En la mano, la brasa de este calendario. Los templos tartamudos
De los poros. Esta porfía de sangrar en el entresueño de cipreses.
Barataria, 04.IV.2010

jueves, 8 de abril de 2010

FUGA DEL DELIRIO, CONTINUIDAD DE LOS ESPEJOS

Nos fugamos de la noche, encima de las paredes de ceniza.
Bajo ceremonias lunares, la fiebre de los poros, la escritura
Hacia la memoria, la cacofonía elemental
De los espejos en la virtualidad de la luz ciega.

Autor de la fotografía: Alberto Martín Torres









FUGA DEL DELIRIO, CONTINUIDAD DE LOS ESPEJOS







(pues la memoria ya me pierde),
Sino en el sueño —¡cómo duele
La vida que se torna sueño!
THIAGO DE MELLO







Nos fugamos de la noche, encima de las paredes de ceniza.
Bajo ceremonias lunares, la fiebre de los poros, la escritura
Hacia la memoria, la cacofonía elemental
De los espejos en la virtualidad de la luz ciega.
Los dueños del silencio mutilan las palabras. Rostros grises
En el asilo de los guacales, bocetos con sabor a grietas: —El cuerpo late
Su escombro de escritura en la orilla de los relojes, aspirinas de dudosa
Sustancia como el barbasco oscuro de los trasmallos.
No tengo otra presencia más que las miradas perdidas en el infinito.
Tan de este mundo y tan lejos de la vida.
Tan de esta noche, rocío de la muerte. —Río abajo el latido
De la saliva, la baba agazapada en los latidos, voces ardiendo en su propia
Jaula, sobre el tejado hendido del sollozo.
Cada quien se fuga de sus propios pensamientos; y sin embargo,
Continúa ahí al trasluz de espejos invisibles. Evoca elefantes. Danza
En el vértigo del destino. Muerde los huesos de la alegoría.
Evoca los jardines ancestrales y el atavío del jade. Muerde ataúdes
Como quebrar el miedo con los dientes.
Vamos en esa fuga constante de la rebelión, el soplo invernal de las aguas
En los desfiladeros, la segunda venida de los sueños en el bosque,
La humana vecindad de la niebla,
Los días feriados de los sombreros con su racha de sal y hojarasca.
Estamos hechos de puentes y monedas. De soledades y días de cartón.
—Jardines que giran en los floreros de la muerte.
Tormentas de dudosas serruchos. Cadáveres de mortajas amargas.
En los días feriados del alcanfor encanecen los espejos. El laúd
De los pájaros, la mendicidad agolpada de la ropa. La piedra negra
De los cuervos sobre las aceras.
Nos fugamos del cortejo del azogue. Y sin embargo, caemos en la sal
Dispersa de la ternura, en el irremediable dibujo de los maniquíes.
Venimos de los intensos sonidos de los huesos. Del aquí trisado
De los espejos, con el tizne que nos avienta el País en la cara. Aún así,
Arrastramos los espejos, el ojo cierto de los martillos y las almádanas,
El amanecer con la complicidad de las cruces,
Los colores deshaciéndose en los amuletos, el vaso del tiempo sin ofrendas
Sin abrir la puerta donde las arañas de han petrificado.
Nos fugamos de la noche, y caminamos sobre el galope de los rieles:
Buscamos, seguramente, la continuidad de los espejos,
Dentro de los múltiples colores de la desnudez…
03.IV.2010

martes, 6 de abril de 2010

LA NOCHE NOS ENVUELVE EN SU TRÁNSITO AJADO

Ilustración tomada de la red








LA NOCHE NOS ENVUELVE EN SU TRÁNSITO AJADO








Mientras que se jactaban de sabios, pararon en ser unos necios;
Hasta llegar a transferir a un simulacro en imagen
del hombre corruptible, y a figuras de aves, y de bestias cuadrúpedas
y de serpientes,…
EPÍSTOLA DE SAN PABLO A LOS ROMANOS








La noche nos envuelve, aquí, en su tránsito ajado; la miel
Desafía el aliento de los planos cartesianos, la escala mayor
De los viernes de cuaresma, la estampa militante de los crucifijos,
San Juan en salvas de saliva,
Mateo en la convicción de las simetrías inconclusas.
Descuajamos en las noches las afrentas,
La boca del recelo, veneno arropado en las sábanas del juicio,
En las monedas extremas de la cruz. En la cobija invisible de lo diáfano,
Los peces amarrados en los horarios, el trasmallo oscuro de la respiración,
Los báculos sostenidos en la almohada de la breña,
La alacena sin puertas al sumario de la devoción.
En los cabildeos de la sarna, es puntual la escoria. El brebaje
De barbasco como un cabestro para anular las palabras y el braceo.
—Estamos en otro milenio sin perfumerías. A la ansiedad se agregan
Otras catacumbas, otras cavernas
Tan ciertas como el subibaja de Dow Jones,
Como los tsunamis a boca de jarro,
Como la sombra del mesón que nos come ávidamente.
Desde la noche a la luz, desangramos los pañuelos. Las mismas
Circunstancias del barro, la subversión de las llaves en un mapa
Descolorido por la intemperie.
La vaguedad se vuelve un altar de jorobas. No hay corazón contrito
Que perviva en su Gracia, sino un remedo sin abrigo de la conciencia.
Hay demasiadas sombras para la zafra feliz de la miel y el azúcar.
—Demasiadas noches para confiar en el equilibrio. Demasiada
Persuasión para no desconfiar
De esa respiración de los manuscritos y manuales.
Demasiada fanfarria para no confiar en los laxativos del alma.
Demasiados ojos posesos de la respiración virtual.
Demasiados falos en jardines proscritos.
Demasiadas páginas en blanco sin ser reescritas con el misterio tutelar
Del aljibe y los alambiques.
Me sitúo en los almohadones de las piedras. El eco. El pulso.
Timoteo sangrando en la huerta de la angustia.
El paisaje es denso al gritar el gallo. El repliegue desarma el pan
De las libélulas, —los clavos míos y suyos de de lo viviente,
El espejo quebrado de la sabiduría, la complicidad como una herida
De fuego, los encajes del aura en la ciénaga…
Luego uno no sabe qué colmenas habitan en los incensarios.
Entra la noche, sin edad, en los armarios…
Barataria, 02.IV.2010

lunes, 5 de abril de 2010

ESTÁBAMOS AHÍ Y FUIMOS EXPLUSADOS…

Estábamos ahí y fuimos expulsados a la intemperie del yagual,
Al bozal inhóspito del ixcanal, al rebuzno creciente de las rocas,
Al extenso musgo del naufragio, desde entonces entramos
Al escaparate de la locura, desvalidos por los faroles grises de la niebla.
Lamimos calles y ciudades de colillas.

Autor de la fotografía: Alonso Muñoz








ESTÁBAMOS AHÍ Y FUIMOS EXPLUSADOS…







Porque el tiempo de nuestra vida es una sombra
que pasa, ni hay retorno después de la muerte;…
LIBRO DE LA SABIDURÍA, CAP. II







Estábamos ahí y fuimos expulsados a la intemperie del yagual,
Al bozal inhóspito del ixcanal, al rebuzno creciente de las rocas,
Al extenso musgo del naufragio, desde entonces entramos
Al escaparate de la locura, desvalidos por los faroles grises de la niebla.
Lamimos calles y ciudades de colillas.
Botamos las albardas de las funerarias, los pañuelos oxidados
De los hospitales, los semáforos sin paraguas del horizonte.
Acudimos al goteo del invierno sin bufandas,
A la noche gastada por la sal del sollozo,
A la dureza de los colchones, al hueco del susurro como largo lamento
Descendiendo al tumulto de los atascos.
Hoy estamos, acaso, a merced de la sonrisa compasiva.
Nunca fue ya la ternura, sino la coraza, el lápiz sin relámpagos,
La mesa sin manteles. La duda al estallido de las esquinas.
Fue así que el hambre comió en las sombras las palabras más adustas.
Nada supo el arco iris de las batallas inmutables.
El rostro sin llaves de la saliva, —la habitación desterrada
De las luciérnagas, la sortija del vestido como escudo…
Siempre estamos regresando a la luz desmoronada de la Gracia:
Al pabilo seco de la deshora, a la hamaca triturada de la ternura.
Siempre nos duele esta tierra de sombras de la Patria.
Frente al calendario, la casa sin linaje, —indeleble la ciénaga del crujido,
Las albardas en caballos de sombra,
Los taburetes ciegos de la espera. La tempestad haciéndose raíces.
Estábamos ahí —vos y yo—, ceñidos por la harina del polvo,
Vacío el pecho como la noche sin zapatos. Oquedad plena.
Nos fue negada la absolución y el adviento. Perdimos el āgama del rictus,
Y nos perdimos en el agnosticismo.
¿Dónde está ahora nuestro inicial Airyanam Vaejah y el ajivika
Cristalino de las espigas? —La luz es breve y transitoria para la torpeza
De los zapatos, para esta fiebre humana de la memoria.
La noche es sangrienta y muerde las vigas del verde.
Sí, arde el filo en el quicio de las puertas, a la hora nona de los matorrales,
El dedo de la razón pasa por las agujas, el ātman
De nuestro hálito esencial. —La piel palpita, líquida, en la ventana
Insoluble de los barcos, anda el aire su corazón de hormigas.
Estábamos ahí y el harapo del desquicio desvió las puertas y la claridad.
Ahora sólo es el dakhma de nuestro silencio absoluto,
La casa atada, de pronto, al largo silencio del tálamo…
Barataria, 31.III.2010

domingo, 4 de abril de 2010

OSCURIDAD DEL MOHO

Hay aquí flecos de memoria en los tiestos colgados de la pared.
Hay miedos en las pesadillas interminables de las ventanas,
Laberintos donde crece la lava del silencio, —conciencia del polvo
Hacinado en el galope de los ecos.

Autor de la fotografía: Rafael G. M




OSCURIDAD DEL MOHO




The change thence to the sight here, and to the subtle air breathed by
beings like us who walk this sphere,
The change onward from ours to that of beings who walk other spheres.
WALT WHITMAN
THE WORLD BELOW THE BRINE



Hay aquí flecos de memoria en los tiestos colgados de la pared.
Hay miedos en las pesadillas interminables de las ventanas,
Laberintos donde crece la lava del silencio, —conciencia del polvo
Hacinado en el galope de los ecos.
Las fotografías se vuelven leves en un vaso de saliva.
Toco el pantano y hundo sin desmesura mis dedos.
En algún pedernal cabalga el cielo del moho, La cosecha de los puertos
Gastados, el paquete de muertos en el bolsillo, el cometa
Que nunca tocaron los niños, umbral donde silba el infinito.
Hay aquí pasmo de labios sumergidos, cavidad de meses enfebrecidos.
Hay herrumbre en la huida huesuda de las cejas,
En estos telones de hierro deshabitado.
En un momento pienso en mi País. Mi país es doloroso: lo que tiene
Lo endurece la ceniza, las fotos sepia del vacío, la muerte como un río
Acribillado, la piedra encima de la mesa.
A menudo es necesario limpiar completa la conciencia, el sentido
Bestial del hollín, los ojos del crimen en las bodegas de los ojos,
Este tiempo de profética indiferencia, por más que se invoque la luz,
La buena luz samaritana en las calles.
Muchos reímos o silbamos frente a los turistas; y lanzamos dulces sobre
El sin sentido de los espejismos. —Uno tiene que escoger entre el vacío
Y el olvido, entre bailar o bostezar; o, dejarse llevar por el mundo
De las jirafas. De cualquier manera se torna agria la leche de las cabras
Y la fotosíntesis de los repollos en los canastos del País.
Pero da igual a fin de cuentas envejecer en la nostalgia, —descender
A los oscuros dientes de la lascivia, comerciar con la memoria,
Morder chufles con salsa de granito, quitarle la razón a los enigmas.
Uno de pronto ve el Paraíso en los tejados, la calle de Cristo en el tintero
De la espuma, las flauta de los moscardones alrededor de la taza de café,
Los ecologistas ahogados en su propio fracaso,
La hostia romana insaciable en los puñales, comulgando entre grandes
Ornamentos. Hay frente a mí, conspiraciones e infamias: el mismo
Plato de comida de la congoja, los mismos planes de Seguridad Nacional,
El vómito en el caracol de los hangares,
Los traspiés de los curules,
La vieja avenida obscena de las yeguas castradas, las paredes
Con espectros de la tribu, el mal de ojo de la historia a punto de no mirar.
En un momento pienso en mi País, —necesito antídotos contra el grito.
Un crucifijo para restaurar los barrios,
Otro infierno para alcanzar la eternidad de la sal,
Una compresa de epazote para el pecho, otra soledad desclavada
De moscas, una cuerda para darle el salto mortal a los relojes.
A menudo pienso en mi País, esta risa detrás de la maleza,
Este brillo oscuro del blanco y negro…
Barataria, 30.III.2010

sábado, 3 de abril de 2010

OFICIO RESPIRATORIO

Ilustración tomada de la red








OFICIO RESPIRATORIO








Alta y desnuda sonríes como la catedral el día del incendio
con el mismo gesto de la lluvia en el trópico lo has arrasado todo
OCTAVIO PAZ

To set things rightWhen this whole world’s turned upside down
THE CARPENTERS






Sucede que la poesía se ha convertido en ejercicio de respiración,
Arrullo de vientre, artefacto para escalar volcanes.
Hoy la siento primordial en mi almohada. Germina en el mapa
Mundi de los paraguas, cabe en la alucinación de mis bolsillos.
Sucede que la he sembrado en las raíces,
Le he dado rostro, claras espigas, y hasta fresca trementina.
Florece en la dolencia de los sexos vacíos, blanda lluvia de la desnudez,
Creciente ojo en las ramas insomnes de los pájaros.
Es la fiesta del rocío que nunca se agota. Extensión de los días.
Es la noche sobre la brasa. La lengua sobre tu cuerpo trazando
Tus contornos, memoria donde el deseo abre sus ventanas.
En cada juego de cartas, bajito, hurgo en el útero de Comala,
Me acuesto en el diciembre de los pesebres, respiro bajo la resurrección
Del estiércol, vibro obsesivamente en los fósforos de las mariposas.

[“..bajo el hielo un ruido espantoso atravesado por capullos de fuego rodea
el silencio del vientre desnudo y privado de hielo,
y ascienden soles dados vuelta y que se miran, lunas negras, fuegos
terrestres, trombas de leche.
La fría agitación de las columnas divide en dos mi espíritu, y yo toco el sexo
mío, el sexo de lo bajo de mi alma, que surge como un triángulo en llamas.”]

Sucede que existo en cada balbuceo de mi propia saliva.
El sueño se vuelve substancia plena, la forma que engendra cada palabra.
Sucede que la poesía no es el papel higiénico del alma.
Ni la amante perfecta en la manzana rota por los dientes de leche.
Nos mira aquí el follaje caliente de los espejos.
Las trenzas del sonambulismo, el candil encendido de lo sacrílego,
La boca verde del musgo, el agua oscura de los líquenes.
Sucede que jadea y mece todo el cuerpo, los ríos del cielo en la boca;
Sucede que muerde las pupilas, los alelíes en escalas musicales,
Geométrico estertor de los párpados, en el pubis rojo del follaje.
Sucede que oxigena las vértebras del alfabeto. Sucede que a menudo es
[“…astilla de un palo perfecto que no es viejo ni nuevo
pétalo solitario de una gran rosa, alta y resplandeciente.
…toda la gracia tardía de una lluvia que cesacon la caída de una noche”]


En fin, me quedo con este oleaje de inminente litoral, con este mundo de incendio,
Respiración que la sangre oficia en la yedra. ¿Cuánto dice la poesía sin viruta,
Sin nacer del sombrero de los girasoles, del cajón de los muertos?
—El pecho líquido del agua dice más de los desfiladeros.
Prosigo con la respiración en el costado. Con el maniquí de los claveles,
Con la mano en el hambre de los remos, manicomio de pronto en los muelles.
Sucede que en cada pezón asoma un Universo, la parábola del Hijo Pródigo,
Ahí, en el abedul de las sombrillas. Pedrería de la resurrección.
Sucede que la poesía tildada con pájaros, es la madre de la Gracia: Magdalena
Cubriendo centímetro a centímetro, la dignidad de los descalzos…
Barataria, 28.III.2010

viernes, 2 de abril de 2010

TIEMPO DE LA RAÍZ

Autor: Gustav Klimt


TIEMPO DE LA RAÍZ





Hemos de caer hacia la solitaria y desconocida extensión
en la que descansa el cuerpo de la noche,
haciéndonos creer que estamos atrapados
en un espacio carente de recuerdos.
ARÍSTIDES VEGA CHAPÚ

El dolor del hombre supuestamente nuevo es un paradigma
Mientras escribo sobre estas leyes recurrentes de las transformaciones
en el último rincón de una casa del tercer mundo
mis compañeros poetas brindan por otros ya cadáveres
ya historia expulsada del cuadrilátero competitivo de la nueva poesía
ALEJANDRA ZIEBRECHT





En las propias acequias de la noche libro la batalla del recuento.
El ayer y el ahora. La memoria, el sueño, los imposibles.
La noche enrojece sobre sus escaleras de piedra caliza. El tobogán
Que se confunde con el vaivén de todos estos años.
[“El son de la madera, su espesura total, cerrada noche
Donde las manos alcanzan los sonidos oscuros, lentas aves,
Que por la noche se hunden como cruzando ciegas la memoria.”]

Entre pómulos y dientes la rotundidad de la raíz, el testamento
Apenas cierto de la esperanza, el cuaderno con apuntes ilegibles
Del cielo, los fantasmas de pronto vivientes del olvido.
Al final, no sé si de algo sirvieron las sonrisas, el hondo bosque
Del respiro, el cofre viejo de la penumbra entre telarañas.
Me toca decir, después de caminar entre tantas bocas
[“El sitio donde gastamos las costumbres,
las distracciones y demoras de la suerte,
y el sabor breve por más que sea denso,
difícil de cruzarlo como fragancia de madera,
el nocturno café,
bueno para decir esto es la vida,
confúndase la tarde y el gusto,
no pase nada, todo sea,
lento y paladeable como espesa noche…”]

Me toca darle vuelta a los trenes y las aceras. Al agua hasta el cuello
De la ropa. Al lindero hosco de las persianas, liturgia del poder.
Me toca limpiar la alacena donde guardo mis zapatos. Fregar la lengua
De las cucharas, demoler los terrones de azúcar en el paladar,
Ir, regresar a la oscuridad del café, al albañal de los coladores.
Entusiasmarme frente a la ternura de mis alelíes, susurro del poeta,
Caminando en el sobrenombre de los cataclismos.
Es un largo camino entregarse a labrar el sudor cotidiano.
Indigestan los senderos descoloridos, —la Patria que uno sueña y se pierde
En los revuelos del descrédito, la mujer que de pronto se planta
Con otros sueños, labra las plantas de otros pétalos.
Junto al recuerdo de una melódica, el surco inusitado del alma,
Los días feriados del amor, el gajo de respiraciones en los aleros de la raíz.
Cuando es presente la inquietud acecha, colmena de desvelos,
Bocanada de muelles febriles, bueyes de rojo mugido.
Sumo, ahora, todos los simbolismos del tizne, el pez coyuntural
De los encajes, la pobreza de mi sudor subyugado al humo,
El patriotismo que de pronto se ha vuelto calle sucia.
En el misal de los días domingos vuelve la nostalgia. El costado herido.
Debajo de esta piel curtida, tribuna de la queja,
Hago mi propia limpia interior: los pulmones mayores del cierzo,
Los aleros del césped, el beso tímido y vehemente, revivida claridad
De la adolescencia. Lo revivido siempre da claridad a los sombreros.
Dejadas las ansiedades, ahora me entrego al sosiego: —A esa alborada
Íntima del Credo. A esta escena sin relevo de hamacas…
Barataria, 28.III.2010

jueves, 1 de abril de 2010

FLUIR DE LOS ESPEJOS

En cada transpiración de la sangre, los espejos desvelados
Del aliento. El pulso en el anaquel de los roperos.
El suspiro de las nubes haciéndose eco en los pétalos.

Las ramas de las mariposas en agónicos trances
Autora: Frida Kahlo







FLUIR DE LOS ESPEJOS








Keep your eyes on the road. Your hands upon the wheel
Keep your eyes un the road. Your hands upon the Wheel
Yeah. We're goin' to the roadhouse
Gonna have a real
Good time
THE DOORS







En cada transpiración de la sangre, los espejos desvelados
Del aliento. El pulso en el anaquel de los roperos.
El suspiro de las nubes haciéndose eco en los pétalos.
Las ramas de las mariposas en agónicos trances.
La sábana del aire sobre el pañuelo blanco de las gaviotas.
La vida se vuelve sencilla cuando piensa en las campánulas,
Cuando en la respiración uno olvida el sonambulismo de las hojas,
Cuando la sombra de uno mismo no se convierte
En otra pared colgada de anzuelos.
A menudo uno se pierde en el tren de las aceras. —Uno debería ser
Acequia de ventanas y amanecer con el rocío de la dádiva.
Y no precisamente con sueños a punto de convertirse en féretros.
A menudo uno camina por una calle de cipreses y ruda.
También entre esa dolencia de los páramos.
También entre la neblina del sollozo. Sangre adentro del mutismo.
—Hay ecos de palpitaciones desconocidas. Llaves de apretada herrumbre,
Tumultos de oquedad persiguiéndonos.
De pronto es mejor irse armando del olvido. Nunca se vuelve al lugar
De la infancia, ni al aroma secreto de los chumelos,
Ni al mundo filial de los peces,
Ni a los trenes atravesando el júbilo de los rieles,
Ni al juego de los barcos sin comprender los viajes a través del agua.
Siempre la felicidad para algunos es de dudosa procedencia.
Hombre o mujer vestidos de negro o blanco.
La vida es demasiado frágil para que gane eternidad.
Uno respira sueños desde la herida. Desde el griterío del polvo.
En cada relámpago el destello de la saliva. La explosión de alfileres.
Uno va, viene, mordiendo trocitos de tempisque. Hurgando en el tempacte
Humano, en los escombros de la vigilia.
El día se vuelve fango de salmuera entre el aullido de los perros
Y el tropel de los caballos. ¿Quién me espera en el andén
De las luciérnagas, con la aurora en la palma de las manos?
¿Quién abre el tejado para que los pájaros pulsen los espejos?
¿Quién aparta la bruma de los candiles, el hollín de los tragaluces,
El grito adelgazado de los alambiques?
—En el fluir de los espejos, la brasa en los ojos ardorosos de los poros.
La leche agria de la existencia nos apabulla. Nos muerde.
Pienso que alguna vez ya no seremos taberna de las moscas,
Ni pupilas amoratadas por la ceniza.
Pienso jugar con las páginas en blanco que traiga el calendario.
No con los muertos disfrazados de trofeos,
No con la calle oscura de los insultos. No con la astucia.
Pienso jugar con los dibujos del arco iris. Con la chibola de la aurora.
Con toda la luz de velas que hay en mi pecho sin dejarme tapar
Por el telón del cansancio y lo inhóspito.
Barataria, III.2010