viernes, 28 de mayo de 2010

MADERA DEL SONIDO

Puedo abrir los ojos cuando el líquido de la tristeza los limpia.
“por debajo de un paraguas somos el número exacto”: los nombres
Se disuelven en envoltorios de saliva, la oscuridad describe las imágenes
Que la luz esconde. Un número es multitud en un puente en ruinas.
En el ojo del camello las lágrimas se vuelven rocío.
Ilustración tomada de la red







MADERA DEL SONIDO






El mar que me acompaña por un mar
de sombra se deshace en el vacío.
Estoy cansado de estar muerto y ser.
JOSÉ EDUARDO CIRLOT

Estoy loco por ir hacia ti, Soledad, ¿quién me llevará allí?
PHILIP LAMANTIA







Puedo abrir los ojos cuando el líquido de la tristeza los limpia.
“por debajo de un paraguas somos el número exacto”: los nombres
Se disuelven en envoltorios de saliva, la oscuridad describe las imágenes
Que la luz esconde. Un número es multitud en un puente en ruinas.
En el ojo del camello las lágrimas se vuelven rocío.
La profundidad del mar es cierta en un caracol vestido de colores.
Cuando me aproximo al mar pienso en los pañuelos.
El tiempo muerde mi estampa de ecos: —el hangar de la sombra nona,
La dispersión en el volumen del albedrío.
De pronto escucho el nihilismo de la sal en los muertos.
El trasiego de la cal servirá para mi mañana: la nube más alta
Es la que disipa los males de este tiempo, las palabras sufren en el bozal
De las sectas, en las facciones de la oscuridad y hasta en el respiro.
De pronto las sombras son irreales en el subjuntivo de las estrellas.
El mar sigue ahí con su estructura de adobe, con los tributos
Sin rescate de la arena, con la ramazón nocturna de los corales.
Gozo, mientras tanto, de las ventanas disecadas en la caverna,
—de las extrañas valijas de lianas enredadas en mis manos, de la escama
Que ciega mis pupilas de ser en cada día.
Soy este loco al borde del barranco, sin más que la lengua de fuera,
Y el pájaro de mañana desfallecido. Y el camino con rocas y sin luz.
Allá sobre el tren abierto de la noche, la espera de nadie sin paraguas.
Allá en la cáscara de la semilla, el salmo raso de la poda.
El tiempo se astilla en el lomo de los bueyes, se queda colgado
En el estribo del molino, en el sonsonete oscuro de los grillos y zancudos.
No me sirven las escaleras para subir las aguas ateridas de las raíces.
El aserrín de la noche me llega hasta el cuello.
Debo pensar en serio en este cansancio, en el tejado de la mendicidad
Que abuchea a este ser alto de ceniza.
Partir siempre es posible con una linterna en la mano.
Por ventura, la luz es esponjosa como la harina.
La fe ha dejado de ser cantera. La abrigó el muro de granito. La venció
El musgo y la polilla. La noche ciega del clamor. El grosor de los mecates.
Debo partir en el caballo de la viruta. Al borde de la espiga rasgada,
En el remolino frío del hierro carcomido por la herrumbre, —deshecho
El tiesto de los sueños,
Lácteo sepia de la epilepsia, nocturno en la roca de la espesura,
Olvidado como los prisioneros sin espejos, pobre como la sonrisa
Muda de mi alegría…
Barataria, 17.V.2010

domingo, 23 de mayo de 2010

MEDIANOCHE DEL LOS DÍAS

Vamos cayendo en la cuenta de todos los días que deshacen sus peinetas,
El fósforo apagado del pulso y así caminamos junto a la brocha
De los desasosiegos, cigarros sin contabilizar en el mechero del taburete,
Lentes ahumados por el cenicero de la tasa de café,
Sandalias de febril estiércol,...
Ilustración tomada de teleobjetivo.org







MEDIANOCHE DEL LOS DÍAS








Amo cuanto se deshace
maduros frutos que caen a tierra a tiempo de enmascarar
su fracaso en la noche.
MICHEL LEIRIS






Vamos cayendo en la cuenta de todos los días que deshacen sus peinetas,
El fósforo apagado del pulso y así caminamos junto a la brocha
De los desasosiegos, cigarros sin contabilizar en el mechero del taburete,
Lentes ahumados por el cenicero de la tasa de café,
Sandalias de febril estiércol,
Empeños al ras del piso de los dormitorios, escaleras hacia el libro
Viejo que ensució la caligrafía del reloj,
Fotografías incineradas con la saliva de la flama, barcos que se hunden
En el entrecejo sin jamás salir a flote,
Horas de los periódicos y las noticias con cuchillos de hollín siniestro,
Noches como esa romería del carbón en plena balanza de pagos
Sin fondos, sin saldos en blanco, poyetón oscuro de la comida.
—Hasta hoy la vida es tan precaria en la boca. Aunque el slogan la eleve
A reina todopoderosa. Es la muerte la que ronda, siniestra,
La fermentación de los zapatos, la guayabera blanca del disfraz,
Que siempre está ahí, en las cubetas de sangre de las calles.
Hemos vuelto sin despertar, a esa confusa de los espejos.
A las comadronas de la locura, al vídeo tres equis de las sardinas.
Nos muerde la vaca flaca de cada ciudad, no su antípoda. Nos muerden
Los chorizos de las moscas, y los demás embutidos colgados de canceles
Donde los perros sacian de pronto el collage del calendario.
Sin duda cuesta salir de la ociosidad de los sueños. De ese hímen
Pastoso del lecho a sabiendas que hay que preocuparse por el estómago.
Cuesta borrar la calma de los huesos entre tantos caminantes
Que van a su propio calvario de ceniza, al muelle donde los ojos cierran
En telón del paisaje,
Al papel ciego con el que juega la luna todos los días de luna llena.
Estamos siempre con el juguete extraño de los lavatorios y la bacinica.
Andamos de puntillas sobre los guijarros de las tortillas.
Mordemos el oído de los juguetes, la boca extraña, casi incierta
De cuanta escalera cruza la risa. Vivimos extraños floreros de días
Cansados. —Es una mezcla de espuma y ceniza el mercado de crucifijos,
En la flauta desnuda del cierzo.
La medianoche nos encierra con su atarraya, sin luz, sin zapatos.
Distante la campana que masturba nuestros lóbulos, las manos hundidas
En la carraspera gris de la garganta.
Vamos cayendo cada día, en la solapa de la sed desesperada.
En el pecho se tiende, frondosa, la medianoche, de esta semilla negra
De los ojos. De este brillo fatigado de las pupilas.
Barataria, 16.V.2010

sábado, 22 de mayo de 2010

ASCENSO DEL DÍA

No es el lobo de la noche, sino la saliva del día que al horizonte
Sube con estrépito. La coz del ruido en el agua,
El erial de las pizarras como una nube de ascos. El baile falso
De los boleros, la diadema curtida de los pañuelos,
Y esa arcilla que de pronto sube a los ojos.









ASCENSO DEL DÍA








Sobre su piel la pátina del tiempo
difumina los ópalos dormidos…
LUZMARÍA JIMÉNEZ FARO










No es el lobo de la noche, sino la saliva del día que al horizonte
Sube con estrépito. La coz del ruido en el agua,
El erial de las pizarras como una nube de ascos. El baile falso
De los boleros, la diadema curtida de los pañuelos,
Y esa arcilla que de pronto sube a los ojos.
Los abrojos cubren como un abrigo los poros, esa corona de sombras
De pronto amarilla, de pronto sucedida por aires de ceniza.
Me destruyo y te destruyes en este recuerdo con encajes de clavos.
—Las palabras mueren en su desazón. El pájaro oscuro en el costado,
La ramita de luz quedándose en el tragaluz de este día.
La alegría es una flor jugando con violines. Sube el día, ¿adónde?,
—a ese entonces del fuego que era.
A esa infancia del patio de los juguetes, al azúcar que oculto después
De vivir tantos crepúsculos.
—Un día tras otro se levanta en el mismo lecho y en la misma sombra.
Un día de sonidos invisibles, el trabajo de todos los días,
La estación de los huesos que se despedaza en los cuchillos.
Creí acercarme a la ternura de las sábanas. Ordenar las aguas
De la impaciencia, resucitar en la sintaxis de la transparencia.
Sin embargo, el dedo índice horroriza como el vado donde los elefantes
Balancean su cuerpo.
No siempre hay escaleras para ascender a la fosforescencia.
Hay vientres de espeso silencio en las calles. Hay de todo en realidad:
Horas de terror y fatiga.
Bocas torpes mordiendo la luz.
Memorias a la rodilla.
Domingos carcomidos por los perros.
—De pronto uno tiene que decidir entre la soledad y el olvido:
Morder los calcañales del reloj, apaciguar la tormenta de los aullidos,
Desconcentrarse de las cifras económicas,
Desamañar los calcetines del delirio, afinar el camello de la hojarasca,
Haciendo gorgoritos de agua con canela y miel de abeja.
—No conocí otro azor que no fuera la vocal rota del abecedario,
La salmuera subida a los ojos,
El amor probable secándose en el pecho, la boca quemada por el vacío.
En fin, los alfileres llegan hasta el cuello y no es necesario que llegue
La noche para sentirse así en esta calle sin ventanas.
Ahora, desde luego, es recuerdo toda la ascensión del día:
La respiración con la noche de la tierra,
La razón con su osada franquicia, los injertos humanos en los espejos
Urbanos. El sentido, de pronto, hecho escombro.
Barataria, 14.V.2010

martes, 18 de mayo de 2010

OJO DEL ASOMBRO

En la búsqueda del día, el rasguño del cierzo. La luz redonda
Que avanza en clave hacia el ojo.
Hacia el afán del hombre, sin zapatos, a la utopía y sus campanas
Secretas. Hacia el árbol, el báculo de las lámparas.
Autor de fotografía-Pedro Roca Moya







OJO DEL ASOMBRO







Quién, sin embargo, detendrá mi esperanza:
ni siquiera el miedo al desengaño,...
JAROSLAV SEIFERT







En la búsqueda del día, el rasguño del cierzo. La luz redonda
Que avanza en clave hacia el ojo.
Hacia el afán del hombre, sin zapatos, a la utopía y sus campanas
Secretas. Hacia el árbol, el báculo de las lámparas.
El tiempo muerde la sabiduría de las pupilas. —La armonía advertida
Siempre es un viento huracanado. A nadie le queda completo
El traje del delirio en el cuadrado de las losas.
—Pienso en los peligros que entraña todo lo visible: sentirse extraño
En la cotidianidad de los pájaros,
Morder la inocencia de las sombrillas hasta el hastío. Quemar la vista
De lo inmóvil hasta sangrar.
En la perífrasis de las máscaras se clausuran las puertas.
Las palabras se vuelven pantanos en las criptas.
La profundidad insoluble tiene fragmentos de harapos. Juegos
De cualquier signo como los petardos
Que en la noche se confunden con las luciérnagas, con ese relieve
Sin leerse de las cejas.
En los retablos del mimbre descubrimos las apariencias.
—Son días de siniestra gelatina. Zonas de peligro donde el follaje
No crece. Paraísos perdidos en nudo ciego. Tentáculos reptando
Como el extravío. [Somos jardines depredados por el aluvión de bocinas,
Que expanden la sangre en el embudo del vértigo.
Nos asombramos frente a la noche sin ventanas ciertas, el cielo
Es otro ataúd sin escaleras. Otro puente roto de la memoria.]

Es probable que el ojo no alcance a verlo todo: las trampas de la alevosía,
Los verdaderos nombres ocultos tras la puerta.
La luz que siempre fue jardín y no andrajo. El trasluz de las hormigas
Alcanzando la hornilla de los anhelos.
No sé quién dispuso límites a la transparencia, ni quién amputó
Las almohadas, —y puso la silla o los caballos en el abismo.
Calla la ropa en la hora confundida del horóscopo. En los muelles.
En los astilleros quebrados de la espera, en la polución caída
En las uñas, en el árbol hecho carbón de chimenea rústica.
—Al final, quién sabe si haya asombro en cada aliento desvencijado.
En cada tabaco masticado con palabras de desvarío. La niebla, a menudo,
Impide hallar la salida, la puerta abierta de las nueces,
El caballo galopante de lo visible, la lengua sin colmillos de la manada.
Al final, el ojo se mueve así.
La puerta al pasto no siempre es el solaz abrevadero del aliento…
Barataria, 14.V.2010

lunes, 17 de mayo de 2010

CLARIDAD DE LA SOMBRA

Entre la luminosidad del destello, la palidez de la sombra,
La luz que pierdo en la penumbra, la colmena de la duda en las venas.
A cuestas el ojo, la puerta herida del alma, el invierno de las cosas
En las arterias, el suelo metálico de la duda en los muros.
Ilustración tomada de la red








CLARIDAD DE LA SOMBRA








Si no es a oscuras no te veo.
Si no es a noche no te alcanzo.
MIGUEL ARTECHE







Entre la luminosidad del destello, la palidez de la sombra,
La luz que pierdo en la penumbra, la colmena de la duda en las venas.
A cuestas el ojo, la puerta herida del alma, el invierno de las cosas
En las arterias, el suelo metálico de la duda en los muros.
La sábana del día no es más que un estribillo de verjas. —hastío
Mortuorio de lo yermo.
Todo galope desteje los pétalos del invierno. Los antes y despueses.
La leche de las peripecias es un juego de sombras y claridades.
Hoy es día de un largo camino de humo, —lo sabe la luz parapléjica
De los helechos. Lo sabe el azúcar óseo de las pócimas.
Hoy es un día de herbívera incineración.
Las sombras hablan desde su propia epifanía. Aúlla la claridad
Desde el barranco de lo vertiginoso.
En la cebadera del calendario llueven bocas de adioses.
[¿Dónde purificamos tanto azar, centurias de calcañales, lustros de piel
Tuya, raíces sin ojos, páginas de agua, albardas sin estribos,
Comejenes de sábanas, bacinicas de porcelana?]

Cuando río de oreja a oreja me vuelvo lúcidamente confuso:
Inocente pájaro de la historia. Lazarillo de sonámbulas bulas.
Da igual escupir metros de alambradas, a tensionar el meato urinario.
Buscar la eternidad en las calles o respirar sin aliento en una vitrina.
Al final, la claridad es sólo una herida en las pupilas;
La sombra, el animal que jadea en el orgasmo.
Me duele el amor al prójimo en la bicicleta de las emociones.
Fuera de las mortajas, cualquier celebridad es una ilusión óptica.
Me río de la transparencia cuando el smog atraviesa mis pulmones.
Cualquier aplauso es la certidumbre de las lisonjas: en ese instante
Hace falta un espejo para ver la obscenidad de la estupidez.
Claro está que los pantanos eternizan los zarpazos.
De vez en cuando cae bien el frenesí de una melcocha. Las salpicaduras
Del semen sin máscaras, el desdén a la felicidad de los mercaderes.
Un buen día toda sombra será claridad absoluta, es decir, beberemos
La cicuta en vasos de cristal.
La afonía es otra manera de entender la metafísica.
El terror inflado de los autógrafos de pronto sale del olfato.
Si uno quiere viajar en los trenes del peligro, es suficiente recorrer
Las calles de San Salvador: la sangre fluye en los megáfonos.
Si uno necesita la sombra de los párpados, hay que meterse de lleno
En la boca de un ataúd…
Barataria, 11.V.2010

sábado, 15 de mayo de 2010

CAJA DE PANDORA

Sabido es que el arado niega romper las aguas. Y que de las sienes
Manan Telémacos y Laertes. La mosca muerde los espejos desafiando
La profundidad ciega. La diáfana oscuridad de las raíces.
En la geometría del abecedario se juntan los dientes, agresivos
Alfileres para los fonógrafos.
La memoria es simple ondulación de enredaderas.

Autor de la ilustración: Zdzislaw-Beksinski








CAJA DE PANDORA








¡…aún guarda la Esperanza la caja de Pandora!
RUBÉN DARÍO

El camino no acaba de llegar.
OCTAVIO PAZ







Sabido es que el arado niega romper las aguas. Y que de las sienes
Manan Telémacos y Laertes. La mosca muerde los espejos desafiando
La profundidad ciega. La diáfana oscuridad de las raíces.
En la geometría del abecedario se juntan los dientes, agresivos
Alfileres para los fonógrafos.
La memoria es simple ondulación de enredaderas.
Caja, sí, donde no es el olvido el que cuenta, sino esa página irreal
De los ojos al lamer el ciempiés de los poros.
Nos muerden los pájaros coléricos de los relojes. El viento que come
Grillos en el aluvión de la espuma.
La caja de pandora del hilo dental muerde los ojos del prójimo.
Terco el teatro del sol en el pubis. Llama infatigable de los fósforos.
Nunca se llega al fruto del follaje que es el conocimiento: siempre
Estamos en ese esbozo de lo real, entre el ojo somnoliento de las arañas.
—¿Habrá días de luz para un espejo de acertijos? —Días, digo,
Sin prueba de doctrinas, sin retratos hablados del deletreo.
—¿Habrá, siempre, nubes en la caja oscura del eco? Nubes de barcos,
No piedras colosales como el vértigo.
Nubes de ebrias criptas para todos. Gotas de apretada desazón.
Amamos la lágrima sádica del sulfuro. La almohada amaestrada
En el mimbre, la mariposa amniótica del terror, el filme gutural
De las pirañas, el estupor sólo es una partida de póker entre tantos
Oídos respetados.
El perro doméstico de la querencia nos aburre.
Cuando el día no respira se vuelve más diáfano. Toda sílaba cabe
En un lápiz de agua, por más inverosímil que parezca. Toda mirada
Es la oscuridad que soñamos en medio de manantiales cuadrados.
La memoria no tiene identidad en los predicadores del viento.
Es preferible una caja vacía para llenarla de hospitales. Las pirámides
Resultan aburridas en los vestíbulos.
Siempre la noche resulta más interesante que el día: aunque algunos
La confunden con el asfalto del hipo,
Con la tribu de naciones delirantes.
Tal vez un día sean canjeables los calcañales del pálpito…
Barataria, 09.V.2010

viernes, 14 de mayo de 2010

ESTE AMOR, GUITARRA DE LA TIERRA

Este amor de Patria y sexo, —tropel de cicatrices, desfiladero sordo
Del instinto. Este muelle sin ojos, caverna del desastre.
El aire empuña la tierra metálica del instinto, el ardimiento
De la res en el enjambre, el azúcar pateado del semen por miles
De transeúntes desaforados.
Autor de pintura: ZdzislawBeksinski









ESTE AMOR, GUITARRA DE LA TIERRA









Lo siempre empezado, lo siempre concluso,
lo vago, lo ignoto, lo iluso, lo extraño,
lo extraño y lo iluso.
JULIO HERRERA REISSIG








Este amor de Patria y sexo, —tropel de cicatrices, desfiladero sordo
Del instinto. Este muelle sin ojos, caverna del desastre.
El aire empuña la tierra metálica del instinto, el ardimiento
De la res en el enjambre, el azúcar pateado del semen por miles
De transeúntes desaforados.
Sobre el mapa de lo adyacente, los caballos agrestes del crujido,
La vena como el surco de la herida.
La hamaca superior de la violencia en bodegas de asonancias,
Piano reducido a un redoble de arena en las pupilas.
Este amor ecuménico a lo absurdo: Patria donde la razón se vuelve
Espuma y, a ratos, rascacielos de timbales: —a ratos orquesta
Entumecida. A ratos monumento a la inequidad del arco iris.
En los brazos de la breña, las calles nos mastican con implacables
Alfileres de lenguas.
Este amor al río desangrado de tus labios. Al tiesto de la carcajada,
A la rodilla doblada de los sentidos, a la explosión de los despojos
Después de la fricción de una taberna de embriaguez.
A veces el gozo sobre las piedras nos parece vulgar, pero ahí, también
Se ven los ojos de los dioses, la lujuria del País en el crepúsculo.
Descendemos al río de los artificios: al cadáver que somos sin ropa.
Un día seremos la exequias de las ventanas, el frigorífico del tormento,
La pieza de mesón adornada con lavatorios,
Escalera con desfallecidos peldaños,
Lápida apenas de la monotonía quedan ciertos instantes de Sodoma.
Quizá no seamos más que ese cuerpo entregado a los oráculos.
Quizá ya no podamos acostarnos sin espejos, sin ventanas y sin puertos.
Quizá debamos jugar sin clavos en los pies. Sin pesadillas de azufre.
Quizá este amor, a ratos amarillo, sea la mortaja yacente
De los jardines amortajados por la intemperie de siempre. La de todos
Los días sin paraguas. La precipitación del alma sin aplomo.
Quizá debamos volver los ojos al afluente de las barajas. Al azogue
Del eco de las entrepiernas, a la vía láctea de las sábanas,
Al volante sin traje del ombligo.
Quizá este amor a la Patria sea verdad. Quizá no lo sea. Quizá sea
El mar muerto de todos mis imposibles: la baba en la garganta,
El depilado pubis de la neblina, el sigilo de las tapicerías, la yema
De los dedos, agrietada, en la fantasía de soñar con fósforos, los encajes
Empinados de los adoquines, la boca oscura de los laberintos.
Este amor, entonces, escruta mis tuétanos: ahoga el establo de los colores.
Muerde toda hipótesis de mis lágrimas. Zumba el panal del trote.
Barataria, 08.V.2010

miércoles, 12 de mayo de 2010

DESCUBRIMIENTO DE LA DUDA

Dudo a cada instante de los ríos que fluyen en los cirios. Del descalzo.
De la rama que da sombra, de los profetas, de la luz vista
En el sueño, de las frases de cortesía colgadas en los altares.
La verdad a menudo pulula en manos friolentas.
AUTOR DE FOTOGRAFÍA: JORDI CAMARDONS CARALT








DESCUBRIMIENTO DE LA DUDA








…cruzo las épocas cantando como un gran sueño deforme, mi verdad es la verdadera verdad, el corazón orquestal, musical, orquestal, dionisíaco, flota en la augusta, perfecta, la eximia resonancia unánime, los fenómenos convergen a él, y agrandan su sonora sonoridad sonora, sonora;…
PABLO DE ROKHA









Dudo a cada instante de los ríos que fluyen en los cirios. Del descalzo.
De la rama que da sombra, de los profetas, de la luz vista
En el sueño, de las frases de cortesía colgadas en los altares.
La verdad a menudo pulula en manos friolentas.
La historia, como sabemos, es difusa y espectral: un ventarrón
De catacumbas, donde el aire apenas llena las habitaciones.
¿Existo? El azúcar se trunca en el crepúsculo. ¿Existo?
—Las garzas de los pañuelos mojan la lejanía. ¿Vuela la escritura
En la luna llena de los domingos?
Dudo del arco iris y las camándulas. Dudo del feligrés que asume
La devoción de los salmos, del asombro que se lleva la brisa,
De las predicciones en la medianoche de la fe.
¿Cuántos alcanzan la verdad de los jardines? ¿Quién se bebe al agua
Invisible de los veleros?
Cada pregunta tiene un siglo de oficio. Ayer es hoy cuando lo nombran
Los pájaros. Los cirios de Dios no abren la puerta de los muertos,
Ni uno escapa a las vísceras de guerrero.
En este viaje irrepetible de la identidad, salta la duda como hoguera.
No hay noches cosméticas, sólo espinas de apacible profundidad.
¿Dónde está la fragancia en la lengua del espíritu? Casi el césped
Inventado por los ojos, la sabiduría ciega de cascos y tropeles,
Las orquídeas en su peripecia de parásitas, el Manto azul del olfato.
Uno no sabe qué pensar después de tantos SOS sin respuesta.
Después de vaciar los claveles en las bacinicas. Después de un mechero
De ascos. De las raciones inmoladas de cielo.
Cuando buscamos el bien surgen párpados frenéticos.
Abajo, las aceras ávidas de la sed. Las cornetas de lo sombrío.
El dame te doy con un dejo de cipreses. La extraña avidez del aroma.
Lentamente y en creciente hemos astillado el pecho de galopes
Siniestros. ¿Qué mana de la transparencia?
¿Quién siembra alegría entre odio y cadáveres? ¿Quién cose los lienzos
De carne derruida, la lengua en la brasa de las pesadillas?
Dudo de los gajos de flores sobre las tarimas y los altares.
Del narciso que se ahoga en la nitidez del espejo, del lento para caminar
Y del pedagogo, del economista y político de alcoba.
Dudo de los mercados con palabras bonitas. De los golpes de pecho
Con nitroglicerina en la epidermis, de la limpidez de los santos patronos.
Dudo de los monumentos con semillas hambrientas,
Dudo del olfato cuando la calma no es escombro, sino un vaivén
De algodones florecidos:
(“Nunca fue tan hermosa la basura” ) y ciertas palabras como
La honestidad, y la filosofía de los tatuajes y los “piercing” en las manos
Heidegger o Nostradamus…
Barataria, 08.V.2010

martes, 11 de mayo de 2010

HACIA LOS BALCONES, EL MAR, LOS ESPEJOS…

Hacia los balcones, el mar, los espejos: esta suerte de caminar en un País
Sitiado por las sombras, precisamente esas que horadan las paredes.
Las que se comen las siete cabritas del cuento,
Conciencia semejante al cieno entre baldosas.
Ilustración tomada de la red








HACIA LOS BALCONES, EL MAR, LOS ESPEJOS…







—mar y lluvia—.
¿Dos tormentas? ¿Dos Barcos?
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ






Hacia los balcones, el mar, los espejos: esta suerte de caminar en un País
Sitiado por las sombras, precisamente esas que horadan las paredes.
Las que se comen las siete cabritas del cuento,
Conciencia semejante al cieno entre baldosas.
Los jengibres de la desnudez levantan herraduras. Congregan el agua
De los zapatos y la llevan a los espejos, al desagüe de los sueños,
A las telarañas donde los perros ladran de soslayo.
Las luciérnagas casi aullando entre el polvo. Las ventanas respirando
Fósforos, el mar donde no entran los murciélagos.
Vivimos entre un aplomo de zapatos. Los espejos disfrazan los hervores
Del cierzo, la embriaguez levita como una frazada colgada del infinito.
Hacia el balcón del horizonte, sólo los gallos picoteando el sarro
Del sol, que se deja ver como un pan sórdido.
—¿Hacia dónde la lengua de los litorales, llevan esta epidermis
Confusa de las campanas? ¿Hasta dónde esta infección de la herrumbre,
Los sapos del humo en la respiración?
Uno camina sorteando o deshaciendo las piedras a puro pulmón
Abierto, las manos del tamaño de la lluvia, el mundo en las monedas,
Los árboles en el papel celofán de las pupilas.
A tientas los caballos de la sal en la frente, la carne tullida en la boca,
La conciencia constreñida en medio de los calcetines.
¿Hacia dónde todos los demonios que se ocultan en los balcones
El pulso del mar en mi boca,
La frescura de la infancia en el paraje de las aguas?
—Ahora es tiempo de repensar la embriaguez de la espuma.
Los artificios de las vírgenes, los desperdicios de papel higiénico o en
Todo caso, el de los periódicos.
El fuego inhabilitado de la hojarasca húmeda. Los peces apaciguados
En los brazos, el mal de ojo de la virginidad,
La liquidez de la zarza, inútil entraña de las guitarras.
Me quedo con la cara huyendo a gotas de la arena. Esos recuerdos
De leche en los labios, real tiempo de la lengua, musgo santísimo
Adornando las mochetas, el hilillo de inocencia de mis recuerdos.
Las vitrinas se ven mejor con mariposas domésticas, arco iris del ala,
En el abecedario de mi memoria.
Cualquier persona puede dudar de la fantasía de los balcones,
El mar, los espejos; pero no de esta luz donde se levanta el viento.
No del preludio de lo posible. No de los cielos eternos del presente.
No de esta tiza de los ojos en la tarde…
Barataria, 05.V.2010

domingo, 9 de mayo de 2010

SUBSOMNI DEL POLS- poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

La respiració s’apaga amb l’ombra de l’anestèsia. Migra l’huracà
De la cendra. Sang cremada al buit de les artèries.
Tots els espavents apareixen en l’asfíxia.
Ací, descalç trencant les espines.
Els albellons lliurats al deliri del fang.
En els meus aleteigs d’ocell moribund llepe el corsé de les finestres.
Autor de la fotografía: Daniel Montero








SUBSOMNI DEL POLS
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó








Y entonces el hombre bordeaba las largas murallas,
tanteando, en busca de la puerta que,
oscuramente, podría estarle prometida.
JOSÉ SARAMAGO
[El equipaje del viajero]







La respiració s’apaga amb l’ombra de l’anestèsia. Migra l’huracà
De la cendra. Sang cremada al buit de les artèries.
Tots els espavents apareixen en l’asfíxia.
Ací, descalç trencant les espines.
Els albellons lliurats al deliri del fang.
En els meus aleteigs d’ocell moribund llepe el corsé de les finestres.
Encenc les espelmes de les lluernes. Prenc el sucre dels trens.
Cec vaig pel món invisible que m’alberga: —cecs els sentits
Fins al fil de la llum del subconscient,
Prim brancall on la nit penja les seues paraules.
Mire l’escala inestable dels ports, la boca en la porció
De l’alé, els peixos blancs de l’ànima, l’hora cantada, plàcida,
De la drassana on l’agua és mansueta, domèstic ocell de l’ull.
Avall hi ha portes clares encara que el passat s’aferre a les galtes,
Els porus, els besos, els abraços.
ja no es pot fingir l’ombra en l’ombra mateixa. Calle.
Els ecos persisteixen com la sal en l’ona.
Com el fil, la sorpresa convulsiva. El total desafecte. Calle.
Ja no em calen les paraules, sinó la bellesa de l’angelet. El vent sonor
De la fulla lleu que cau, ala assedegada del pols. Ala prompta. Lleugera.
Quan ja la brisa no estarà en mí, la nit. La begònia dormida
De les mans mentre desperte, muda llum del silenci. Amor dut
Al despit. Al mar. A les corrents on es tanca el dia.
A soles, assegut al tamborinet de la fe, dubte si conec la llum.
Si existeix el somni anticipat de la llum. Si el fred o la pedra són llum.
Si m’abasta l’ànima per a traspassar el foc.
Si aquesta ombra d’amor posà llum a la meua memòria. Si els peus cremats
En la brasa fan visibles els passos fets. La llum de l’espina.
El signe foradat del llamp damunt del meu nom, més un altres noms
Que han gemegat amb mi en el bes.
Després de la llet transversal de la pols a les esquerdes, l’arbre buida
La seua por, —l’automatisme bategant del destí, les teories
Superficials de l’aire, la respiració enfosquida en el mar íntim.
I així continua el monòleg triturat, en algun telegrama de la saliva.
Sacse el manoll de foguera del meu coixí. Total la llum. Total
Aquest vertigen, aquesta sal d’all al meu cervell.
Calle fins a la sacietat, fins a fer-me devotament invisible.
La introspecció del calendari fa vomitar. Els gratacels d’aquest
Laberint s’incendien. Una pedra al pit perllonga la rigidesa:
Tal és el fluir de la consciència on convergeixen tantes mans…
Baratària, 03.V.2010








SUBSUEÑO DEL PULSO







Y entonces el hombre bordeaba las largas murallas,
tanteando, en busca de la puerta que,
oscuramente, podría estarle prometida.
JOSÉ SARAMAGO
[El equipaje del viajero]







La respiración se apaga con la sombra de la anestesia. Migra el huracán
De la ceniza. Sangre quemada en el hueco de las arterias.
Todos los espantos aparecen en la asfixia.
Aquí, descalzo rompiendo las espinas.
Los calcañales entregados al delirio del barro.
En mis aleteos de pájaro moribundo lamo el corsé de las ventanas.
Enciendo las velas de las luciérnagas. Tomo el azúcar de los trenes.
Ciego voy por el mundo invisible que me alberga: —ciegos los sentidos
Hasta el filo de la luz del subconsciente,
Delgada ramazón donde la noche cuelga sus palabras.
Miro la escalera inestable de los puertos, la boca en la porción
Del aliento, los peces blancos del alma, la hora cantada, plácida,
Del astillero donde el agua es mansa, doméstico pájaro del ojo.
Abajo hay puertas claras aun cuando el pasado se aferre a las mejillas,
Los poros, los besos, los abrazos.
Ya no se puede fingir la sombra en la sombra misma. Callo.
Los ecos persisten como la sal en la ola.
Como el filo, el asombro convulsivo. El total desapego. Callo.
Ya no necesito las palabras sino la belleza del vilano. El viento sonoro
De la hoja leve que cae, ala sedienta del pulso. Ala pronta. Ligera.
Cuando ya la brisa no esté en mí, la noche. La begonia dormida
De las manos mientras despierto, muda luz del silencio. Amor llevado
Al despecho. Al mar. A las corrientes donde se cierra el día.
A solas, sentado en el taburete de la fe, dudo si conozco la luz.
Si existe el sueño anticipado de la luz. Si el frío o la piedra son luz.
Si me es suficiente el alma para traspasar el fuego.
Si esta sombra de amor puso luz en mi memoria. Si los pies ardidos
En la brasa hacen visibles los pasos andados. La luz de la espina.
El signo horadado del rayo sobre mi nombre, más otros nombres
Que han gemido junto conmigo en el beso.
Después de la leche transversal del polvo en las rendijas, el árbol vacía
Su miedo, —el automatismo pulsante del destino, las teorías
Superficiales del aire, la respiración oscurecida en el mar íntimo.
Y así sigue el monólogo triturado, en algún telegrama de la saliva.
Sacudo el manojo de hoguera de mi almohada. Total la luz. Total
Este vértigo, esta sal de ajo en mi cerebro.
Callo hasta la saciedad, hasta hacerme devotamente invisible.
La introspección del calendario hace vomitar. Los rascacielos de este
Laberinto se incendian. Una piedra en el pecho prolonga la rigidez:
Tal es el fluir de la conciencia donde convergen tantas manos…
Barataria, 03.V.2010

sábado, 8 de mayo de 2010

CAMINO LUNAR DE LA HERIDA

Si pudiera convertir las paredes en espejos, la desolación
Del mundo en transparencia y, la luz en patrimonio permanente,
No estaría quizá, en el promontorio llovido de la hojarasca.
No estaría aquí el insomnio con su canícula desgastada. —Herencia
Pútrida de los calcetines sobre la sepultura.
Ilustración tomada de la red








CAMINO LUNAR DE LA HERIDA







...así he vivido mi vida, traicionado a fondo,
buscando
el espacio más limpio de la página en blanco…
ROBERTO SOSA






Si pudiera convertir las paredes en espejos, la desolación
Del mundo en transparencia y, la luz en patrimonio permanente,
No estaría quizá, en el promontorio llovido de la hojarasca.
No estaría aquí el insomnio con su canícula desgastada. —Herencia
Pútrida de los calcetines sobre la sepultura.
En el sueño es el mismo poema con sus pesadillas. Romper las sílabas
De la camisa, morder la piedra pómez de los dientes,
Habitar el polen en cucharas siniestras, olvidar que existo
Esparcido en el sahumerio quemado de los sombreros.
Es el mismo granizo que abre bocas, el martillo fantasmal, degollado
De murciélagos. Las cortinas caídas de los párpados.
Lenta lluvia de gaviotas cae sobre las sienes:
Los albatros de las gotas, —sangre blanquecina de ojos.
De súbito los periódicos entre brasa y ceniza, sobremesa castrada
Del éxtasis, irrestañables,
Donde juega el tótem de la suerte.
A menudo me como el mango del sol, parpadeo del calostro en mi boca,
Grifo poseso de pájaros.
Me cansa la camisa de las pesadillas, la bisutería de fines de semana,
Y el doble ojo de los espejos en el hisopo de tragaluces sin respiración.
Me cansa andar descalzo sobre la sed. Caminar envuelto
Con mortajas, arrastrar de pe a pa el salmo de las luciérnagas.
A toda hora urden sus maniobras las telarañas.
Salvo, los alelíes, todo cabe en gavetas de hollín. Las hormigas del minuto
Se pierden en medio de mis sábanas.
Mi condición humana no necesita salvavidas para el dolor: éste
Lo trasiega el conjuro del alambique, el amate de la respiración.
Con los utensilios de la noche enciendo la memoria:
La leche evaporada de las estrellas, la negrura clara de los grillos,
La sobremesa estupefacta de los tímpanos,
El caparazón oscuro de los escarabajos alrededor del estuche
De las lágrimas, —la zozobra del cine de terror entre apagones de luz.
En el silencio de la sal me abrazan las utopías.
El miedo se vuelve sordo y sonámbulo. El ahogo de las pestañas.
El ahogo de la conciencia. —Los gajos exaltados de las sombras sobre
El salero de cristal del tiempo.
El simple caminar me vuelve un ser gregario en medio del paisaje
Nocturno. Después, no sé qué pasará al final del túnel, de las gotas
Disfrazadas de espejos o pañuelos.
Cada día guarda en la garganta sus propias palabras. Cada día
Junto a la caspa de la agonía…
Barataria, 02.V.2010

viernes, 7 de mayo de 2010

ESTACIÓN ADVERSA

Me muevo siempre entre esas cuatro paredes de mi habitación.
Aquí estudio los mapas y las ramas, leves, de los pájaros.
Aquí converso con Rilke, Rambaud, Lautréamont, Camus…
Me basta la invasión de la soledad en mi pálida alegría, —el hueco
Que dejan los relámpagos como éter gris en mi cabeza.

Ilustración tomada de la red









ESTACIÓN ADVERSA








Los papeles de la pared de los techos de las jaulas y de los circos
Talleres de las salvaciones
Una danza rápido una danza…
PHILIPPE SOUPAULT






Me muevo siempre entre esas cuatro paredes de mi habitación.
Aquí estudio los mapas y las ramas, leves, de los pájaros.
Aquí converso con Rilke, Rambaud, Lautréamont, Camus…
Me basta la invasión de la soledad en mi pálida alegría, —el hueco
Que dejan los relámpagos como éter gris en mi cabeza.
El horizonte está en el límite de mis pupilas.
¡Ah, este instante índigo en la luz!
Caigo como la espuma en el litoral del hambre: hambre de extender
Mis brazos marchitos. Hambre de elevarme en la brisa libertaria.
Aquí hierve la noche en los guacales donde lavo mis manos.
Los candiles anegan de hollín el grito, —la pared de los sentidos,
El cielo de peces que flota en mis pupilas.
Estos pesados cuerpos que llevo en mis sienes cavan los cristales
Rutilantes del pecho, la gramática del fuego en las coces,
La albahaca jaspea en la boca, —ese ovalado color de las multiplicaciones.
Ese cuerpo ficticio de las revelaciones,
Donde cruje estupefacta la sangre.
La calamidad de las palabras tropieza con la desesperación.
Ahora las similitudes emanan óxido. Así lo advierto antes de hundirme
En las paredes de la rigidez. En el miedo que baña las manos,
En el lavatorio de los pies secado por los cabellos de la extremaunción.
El sudor gana lo que no el calendario. El orgasmo fugaz del nardo,
Los dedos haciendo más fuerte el ahogo, —martillando hasta
Las cordales de la humedad. Hasta el océano del desvarío lunar.
Aquí existo escapando a cada rato de los puños, del cénit de cadenas,
Del poniente sospechoso de la tristeza. Fluye la saña, no el remando.
Fluye el plumón de las sombras, la metamorfosis delgada
De las películas, la gelatina de la osteoporosis, la avidez con infusiones
De anestesia, el huracán con la pequeñez de la sonrisa.
—Nos bañamos en la superficie del plato de los mortales: fluidos
De peces gotean en cada día visible de las comadrejas.
Volvemos a recordar los moluscos de la sed en el trance de las retinas.
¡Ah, este navío salido de la noche y llegado a la noche!
Toda esquiva la fotografía árida del paisaje. El cactus del basalto.
La crin oscura de este pecho aterido. La escarcha de los días futuros.
Criatura soy sobre los tejados del ansia, —ese pájaro cuyo destino
Sobrevive en los cartones de la intemperie: saliva desasida de los sueños.
Crucigrama de los demonios diurnos y nocturnos.
Ojo que aún respira en medio de las truculencias y los vahídos,
De lentos minutos de yeso de las estatuas…
Barataria, 01.V.2010

jueves, 6 de mayo de 2010

EXPLORACIONES

La luz hunde sus vilanos en las pupilas. El minuto casi impalpable
Del polvo, las exploraciones calcinadas de los náufragos,
Los días de áridas habitaciones como el deterioro de las espigas.
Días como cárceles, —cóncavos signos del deterioro,
Emanaciones tatuadas por candiles, —habitaciones de siniestro
Linaje, corales de arena ominosa.
Ilustración tomada de la red







EXPLORACIONES








El pájaro extraño hace su residencia en los bosques,
su nombre es "fénix"….
YUAN CHI








La luz hunde sus vilanos en las pupilas. El minuto casi impalpable
Del polvo, las exploraciones calcinadas de los náufragos,
Los días de áridas habitaciones como el deterioro de las espigas.
Días como cárceles, —cóncavos signos del deterioro,
Emanaciones tatuadas por candiles, —habitaciones de siniestro
Linaje, corales de arena ominosa.
Abyectas estatuas que la brisa mueve sin recato.
Entre laberintos, la sal entrañable de la sed, el espejo desgastado
De los enigmas, el aire marchito de los emblemas.
En los utensilios del calendario hay sueños irreales, —ruinas crines
Donde se enredan los fantasmas.
A cada rato, desde o con piedras en los bolsillos alzamos el vuelo.
El sol de la penumbra muerde la boca.
No hay días sin un cuaderno de monstruos. —Túnica de alfileres
El follaje metido en el fieltro de los poros. En los escaparates del pecho.
De pronto todas las películas en los ojos son atrocidades.
Los arados del instinto esparciendo las sombras para sembrar luz.
¿Qué pasa en cada casa donde las avispas han perforado la moral?
—Gimen las aceras desde la nariz del tartamudeo. Gimen los brazos
A falta de océanos. Los jinetes y juguetes de las sombras.
Los días de guardar de la risa. La asfixia arrastrada por acordeones.
Los asientos del jardín transformados en hojarasca.
La boca sin diccionario incapaz de cambiar la película repleta de azogue.
—Exploramos fielmente en la casa del vecino hasta que hacemos
De su casa pedazos de arcilla.
Desdeñamos las palabras inequívocas por otras de confusa metalurgia.
Es triste que debajo de las sandalias haya paredones.
Hay lámparas de siniestro vocabulario que nos ahogan. Letras sordas,
Sin moverse como muñecos de peluche en una caja de cartón.
Yo vuelvo con la misma devoción a explorar colores y tamaños en el reino
De este mundo, —que no dejan de ser voluntades torcidas del paisaje.
Que no deja de ser una mezcla de cieno acechante.
Ahí observo la mutación posesa de las máscaras. Los poros de la lealtad
Hundidos, la ceniza lúgubre en la lengua del mar.
En esos túneles sin pabilos de memoria, el jabón desvela el hambre
Del moho, los insectos punzantes de los pies, las armas reales
De los dientes, los charcos del aturdimiento, las oscuridades elevadas
A fuego, la geometría verdadera de la conciencia.
Entre ironía y pánico, los rostros en la ensalada del su propio oleaje.
Barataria, 30.IV.2010

miércoles, 5 de mayo de 2010

POEMA DE CIRCUNSTANCIAS

A la luz del tiempo pienso en el calendario de las sábanas.
Reconozco los ritos de humedad de cada día. Los íntimos ausoles
Del destino con sus dones de sueño y árbol.
Divago en cada pabilo que reclama mi conciencia.
Me quedo con los días robados a las manos.

Ilustración: Imágenes de El Salvador









POEMA DE CIRCUNSTANCIAS








Tengo suerte de tener los cinco dedos en la mano derecha
Suerte de hacer pipí sin que me duela mucho
Suerte que los intestinos se muevan.
ALLEN GINSBERG








A la luz del tiempo pienso en el calendario de las sábanas.
Reconozco los ritos de humedad de cada día. Los íntimos ausoles
Del destino con sus dones de sueño y árbol.
Divago en cada pabilo que reclama mi conciencia.
Me quedo con los días robados a las manos.
En la hora del escondrijo se vuelve impecable la vigilia.
Para este siglo XXI hay más estatuas y baldosas que jardines.
Cualquiera puede perder las palabras en las lajas del poder.
Las multitudes a menudo se quedan en la infancia del grito.
El yo quiebra el cáliz cuando el vilo asume la desnudez del agua.
[Jamás vi salir a alguien ileso de la niebla de la alevosía;
La historia de ayer es igual a la de hoy: se saquea la conciencia
Con tal impunidad que las lámparas dejan de ser sortijas.
Nunca supe si la historia es una biblioteca con almohadas.
Si se duerme en la tentación atado de manos,
Si en el cedazo del vuelo, quedan atrapados los zancudos.
Si uno es capaz de salirse de la cuerda floja de la demencia.]

Semejante al viento, cada vez los trenes se alejan. El hoy,
Es una maquinaria de ráfagas, cortejo plagado de escarcha y sordidez.
En cada esquina las sillas quebradas de los reflejos,
Velas en manos de indigentes saqueadores,
Vendemales sin ninguna indulgencia. Sombras de libélulas
Y pañuelos de sonámbulo paisaje.
Quizá mañana podamos eliminar la fisura de las ventanas.
Quizá confundamos las estrellas en otros escenarios. En cada piel
Reside esa verdad plena de las páginas en blanco, mar de espuma
Volátil, como el desvelo en medio de la pólvora.
Siempre supe que los ojos no siempre descubren la diferencia
Entre cofradía y jauría, entre rocío y desvarío,
Entre ensimismamiento y silencio.
Vivimos entre fieras. Sin saberlo, se abrigan en nuestra casa, comen
En la misma mesa, muerden como el perro fulminante de los tsunamis,
Acorralan sagazmente, con serrucho en su alma,
Las conciencias ajenas. Atraviesan con sus dientes el pastizal
De los sueños, comen junto a nosotros por si acaso, el sol
De los vitrales, y al final danzan como perros en jauría oscura.
Adentro, en el pájaro que me horada, la flauta del alfabeto, —vos, cada
Vez más cierta, pese a tantos desencuentros —;
Cada vez aquí, con la campana de tu sexo, ascendiendo al alambique
De las esferas, mordiendo el puerto de mi propio litoral.
Barataria, 27.IV.2010

martes, 4 de mayo de 2010

INVIERNO DE TARDE, EN LA LEJANÍA

Hondo es el silencio cuando aquí empieza a hacerse noche.
Cuando la tarde se despliega en la boca de la ceniza.
El agua redonda del vejamen mastica los pasos. Las estatuas heladas
De la intemperie, el gato lejano del viento.
Nos muerde esta risa soñolienta del calendario.
Ilustración tomada de la red







INVIERNO DE TARDE, EN LA LEJANÍA







…un tórrido día de un cálido verano
me atravesó el frío del otoño
RYSZARD KAPUSCINSKI






Hondo es el silencio cuando aquí empieza a hacerse noche.
Cuando la tarde se despliega en la boca de la ceniza.
El agua redonda del vejamen mastica los pasos. Las estatuas heladas
De la intemperie, el gato lejano del viento.
Nos muerde esta risa soñolienta del calendario.
El rictus de los cadáveres en las sienes. La llovizna inútil en los oídos.
A menudo uno anhela el olvido y no llega por ningún lado.
La brevedad se vuelve agria en los párpados.
Posan los siervos del papel sobre los estambres. Un día sólo quiero
Que me acompañe la escarcha, por inofensiva.
Lo demás, dejado sea en el séptimo destierro. En el sujeto que peina
La sonrisa como se hace con un cadáver.
¿Dónde deslío el dardo que hiere la garganta? ¿Hay párpados líquidos
Sin dolor? ¿Cuándo los anhelos dejan de ser desvelo
Y pasan a ser sombra memorable?
Después del invierno transpiran sombras los espejos.
El humo del cuerpo, invisible, penetra en los molinos de viento
De la lejanía, —Cabellos extensivos del oleaje.
El punto más lejano es el del ojo en el horizonte. La gota de sudor
En el metal del arco iris, la cetrería a la que hemos llegado sin ungüentos.
De pronto uno se siente en las butacas de un anfiteatro.
La baba de las bestias no da tregua. ¿Cuántos tropezones
Hay en los relinchos? Grasa y polvo en los tobillos en permanente
Asedio. Y bostezos sin tregua con zumbidos de alacranes.
Si hallas el frijol mágico te cortan la escalera.
Si esperas, el candil apaga su flama benigna.
Si callas, al final, sólo queda la ceniza esparcida en el viento
Y el veneno sin bufandas.
Si agachas la cabeza, terminas siendo el cenicero o el vertedero.
La pisada sobre la hojarasca. El recio tizne de las alcantarillas.
El farol ciego de 100 watts que amanece sobre el césped.
Aquel anaquel de saliva de los antros. El postigo del cuchillo.
La cumplida estatua de los días de piedra. La mesa descomunal
De los juegos de naipes. El vuelo inaudible, quebradizo de la memoria.
Hondo es el silencio cuando aquí empieza a hacerse noche:
Cuando sólo nos queda en los dedos, esa sensación de esquinas
O esferas. Esa suma de fragmentos respirados de la noche.
Barataria, 25.IV.2010

lunes, 3 de mayo de 2010

VIVENCIAS DEL INSTANTE

En la embriaguez del instante cruzo las gradas de este Cielo
Que me amanece; justo, cuando el latido levanta polvos invisibles,
La miel unge las pupilas del labriego que soy.
Hay resonancias que uno deslía en la vigilia. En este buscarle
Respuestas al destino. Siempre los espejos dan la medida de la vida.
Me gusta extasiarme en el libro del cierzo.
Ilustración tomada de la red







VIVENCIAS DEL INSTANTE






Transparentes momentos
En que un alma es su voz,...
JORGE GUILLÉN







En la embriaguez del instante cruzo las gradas de este Cielo
Que me amanece; justo, cuando el latido levanta polvos invisibles,
La miel unge las pupilas del labriego que soy.
Hay resonancias que uno deslía en la vigilia. En este buscarle
Respuestas al destino. Siempre los espejos dan la medida de la vida.
Me gusta extasiarme en el libro del cierzo.
En el pétalo que Dios comparte con su respiración.
Cada vivencia tiene pájaros y desvelos. Noches. Pasiones. Trascielos.
Un día respondemos a la vida; otro, al escombro.
—Pero prosigo de la mano del aire: lámparas, noches, alrededor
De mi vida. Nunca es igual el día cuando uno pasa junto a puertas
Cerradas. Cuando el miedo halla indecibles entrecejos.
Cuando la ausencia se ha vuelto comestible.
Es común ver pañuelos colgar de las pupilas, aún los fines de semana.
Cierto es: cada día adviene de rodillas. Pilas bautismales desiertas,
Como esa penitencia reseca de la noche.
[Junto a mí, en las dos sienes, la mujer de mi destino, vado
De la música. Alianza donde restituyo mis andanzas. Ráfaga de poros
En el agua vertical de la respiración.
En el alba guardo los días encendidos de mi libertad.
Los días de fragancia pluvial, el íntimo esperma de la audacia.]

La vida desde luego no es un instante. Constituye suma de instantes.
Rutas de fragancia y desamparos. Tragaluces siniestros. Mesas curtidas.
Ahí, cuando aspiramos, nos llevamos el hollín del camino.
Las dudas y las certezas. Los sueños o los espejismos.
También está la sal de la mendicidad que nos abate. El timón
De la ignominia. La piel curtida de los candiles. El caserón de la envidia.
Los abuelos enredados en el aliento.
—Hay instantes inconclusos que no suturan la llaga del ansia.
Mañanas de sombras aprendidas, olvidos que se lleva la espuma.
Vivimos queriendo consumar el olvido en la memoria del prójimo,
Sin antes habernos alejado de las exhumaciones.
Los sueños, a menudo, sirven de terapia para el cansancio.
La gracia del orgasmo siempre es un viaje en medio del follaje.
Siempre en la luz hay puentes de clarividencia. En el papiro
Que nos lame. En la unción inequívoca del aliento. En las vocales
Del tren que nos lleva a través de sílabas quemantes.
Cada instante nos despierta: despertar es escribir las campanas
En cuyo candor se vuelca el pálpito del pan y el estupor.
Cada instante nos despierta: es un mundo virtual el trasiego
Del cordero al cáliz de los espejos…
Barataria, 24.IV.2010

domingo, 2 de mayo de 2010

LÍMITS DE LA SOLEDAT poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó-

La meua única veritat és aquesta roba que cobreix el meu cos. De sobte
Aquesta soledat d’ocells que em destrossa. Els cavalls guardats
A la bossa dels meus pantalons.
De sobte la raspera de les estigmatitzacions.
L’únic que ix de la meua boca és la llibertat. I això no és delicte.
Autor de fotografía: Carlos Boldo








LÍMITS DE LA SOLEDAT
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó






…aquí estáis presente,
las tinieblas huyen, Luz resplandeciente,...
SANTA TERESA DE ÁVILA





La meua única veritat és aquesta roba que cobreix el meu cos. De sobte
Aquesta soledat d’ocells que em destrossa. Els cavalls guardats
A la bossa dels meus pantalons.
De sobte la raspera de les estigmatitzacions.
L’únic que ix de la meua boca és la llibertat. I això no és delicte.
Ací el rellotge com una pedra a les mans dels cecs.
La ma oblidada a la garrotxa. Breu vida en eterna immolació.
La llum inútilment en el crit de la nit els sorolls desplomats
Dels ulls. —Tinc necessitat d’acomiadar-me de tot:
Oblidar la respiració de l’arc del cel, dormir si és que es pot,
Ja no al reixat de filferro, sinó al món amb prou feines dels meus braços creuats.
He vist de tot en obrir les portes de ma casa.
Mai no escapí al erm tapial de les escopinades. Només fiu somni.
El planeta és als reixats de filferro del meu pit,
Per això em fiu de mocadors anticorrosius. D’universos de vent.
Hi ha tantes mirades fosques que m’exasperen. Violins esquerdats.
Hi ha tanta pólvora als sospirs aliens, que preferesc subvertir
La meua mateixa sang. Res no descansa mentre la paràlisi cerebral
Immobilitza aquesta mort del viure inútil.
Un minut es torna eternitat en la gangrena.
Un llampec és més etern que tota una vida. Els desenganys
Són llum dins de la foscor. Tornar a començar. Tornar al bosc.
Tallada l’ànima en la claredat d’allò viscut.
Els dies menys certs són els de la felicitat.
L’amor és la foscor al pols cec. Als inferns dreçats
D’aquest regne. Rebutge el rostre que m’ofereix una dàdiva.
M’amere del fangar mentre escolte els àngels.
Mai no fou tan inútil el temps en la veritat de les falàcies.
Torne a la terra on morir no és un turment. Torne al meu cos
Que somia brises i llunes, espills, potser d’oblit.
Nasc de nou en la marxa de la llum. Aqueixa altra llum dels signes
Augurals. Aqueixa altra polleguera on llostrege amb pa.
Cap mentida no em resta al dubte. Res no acaba en l’absolut;
Tot comença en la claror de l’aire: dimonis, nits,
Llavis d’intriga davant de la certesa que suscita la pesra foguera.
A voltes crema la contemplació de la saliva: aqueixa ombra que es du
A lloms com un Déu temible. Aqueixa avarícia dels espills erts.
Dol aquest mur cremat de la soledat, tronc d’un arbre
A les arrels del qual cala el fred…
Baratària, 22.IV.2010








LÍMITES DE LA SOLEDAD







…aquí estáis presente,
las tinieblas huyen, Luz resplandeciente,...
SANTA TERESA DE ÁVILA






Mi única verdad es esta ropa que cubre mi cuerpo. De pronto
Esta soledad de pájaros que me destroza. Los caballos guardados
En la bolsa de mis pantalones.
De pronto la carraspera de las estigmatizaciones.
Lo único que sale de mi boca es la libertad. Y eso no es delito.
Aquí el reloj como una piedra en las manos de los ciegos.
La mano olvidada en la breña. Breve vida en eterna inmolación.
La luz inútilmente en el grito de la noche los ruidos desplomados
De los ojos. —Tengo necesidad de despedirme de todo:
Olvidar la respiración del arco iris, dormir si es que se puede,
Ya no en la alambrada, sino en el mundo apenas de mis brazos cruzados.
He visto de todo al abrir las puertas de mi casa.
Nunca escapé al yermo tapial de las escupidas. Sólo fui sueño.
El planeta está en las alambradas de mi pecho,
Por eso me hice de pañuelos anticorrosivos. De universos de viento.
Hay tantas miradas oscuras que me exasperan. Violines agrietados.
Hay tanta pólvora en los suspiros ajenos, que prefiero subvertir
Mi propia sangre. Nada descansa mientras la parálisis cerebral
Inmoviliza esta muerte del vivir inútil.
Un minuto se vuelve eternidad en la gangrena.
Un relámpago es más eterno que toda una vida. Los desengaños
Son luz dentro de la oscuridad. Volver a empezar. Volver al bosque.
Sajada el alma en la claridad de lo vivido.
Los días menos ciertos son los de la felicidad.
El amor es la oscuridad en el pulso ciego. En los infiernos erguidos
De este reino. Rehúso al rostro que me ofrece una dádiva.
Me empapo de la ciénaga mientras escucho a los ángeles.
Nunca fue tan inútil el tiempo en la verdad de las falacias.
Vuelvo a la tierra donde morir no es un tormento. Vuelvo a mi cuerpo
Que sueña brisas y lunas, espejos, acaso de olvido.
Nazco de nuevo en la marcha de la luz. Esa otra luz de los signos
Augurales. Ese otro quicio donde amanezco con pan.
Nada de mentiras me quedan en la duda. Nada termina en lo absoluto;
Todo comienza en el claror del aire: demonios, noches,
Labios de intriga frente a la certeza que suscita el pedernal.
A veces arde la contemplación de la saliva: esa sombra que se lleva
A cuestas como un Dios temible. Esa avaricia de los espejos yertos.
Duele este muro quemado de la soledad, tronco de un árbol
En cuyas raíces cala el frío…
Barataria, 22.IV.2010

sábado, 1 de mayo de 2010

TODO AQUÍ, BREVE PLANETA

Todo aquí, breve planeta de la desesperanza. Detesto los embarazos
De la muerte, y esa ruda líquida de la noche.
La filiación a las tormentas inevitables, los chompipes criados
Para espiar, el escombro de los gritos.

Autor de fotografía: Juan Pavón








TODO AQUÍ, BREVE PLANETA






…más allá se arrojanotros contra la noche,
PERCY BYSSHE SHELLEY








Todo aquí, breve planeta de la desesperanza. Detesto los embarazos
De la muerte, y esa ruda líquida de la noche.
La filiación a las tormentas inevitables, los chompipes criados
Para espiar, el escombro de los gritos.
Las sombras cada vez son más ciertas en los jardines. Aunque todo esto
Sea un laberinto, —Los espejos aprietan los espejos del arco iris,
Los caballos o los carneros de las migajas, el amor que se lava
En la miseria, entre lagartijas y ratas grises de ceniza.
Muy a pesar de los muertos envueltos en sábanas, preocupa
Entre nosotros el truco de las comadrejas y el matrimonio de reptiles.
Me preocupa cuando el melón desploma los amarillos.
Cuando la hora en los poros deja de ser importante. Cuando el día
Se agranda de cangrejos y todo se vuelve codicia de moscas.
Bajo la sal de los relojes, se acumulan tropeles de zancudos,
Fuera de estos aires de destino incierto, el narcótico del alma.
Tan breve todo que no hay tiempo para levantar templos ni hostias.
Ocurre que nos lanzamos al azar de las hojas.
Ocurre que nos morimos en ese vicio de matar la sintaxis.
Ocurre que los caminos están llenos de palabras despedazadas.
Ocurre que de pronto desaparecerá el horizonte de las ventanas.
Ocurre que el corazón ha perdido sus colores visibles.
Ocurre, hoy, que la sospecha es consuetudinaria y progresiva.
Ocurre que de pronto uno se baña en las mismas aguas del mismo río.
Ocurre que aquí, están prohibidas ciertas palabras.
De un gesto puede emerger la muerte. Ríos sucios de las entrañas.
Una mirada y el tiempo se detiene en los cuchillos.
Sólo faltan más contradicciones para hacer posible la hipnosis total.
Ocurre, después de todo, que hay cansancio: algunos queremos salir
Del grafiti, del circunloquio de los cartones,
Del mercado de las leyes, de la ponzoña vestida de transparencia.
Ocurre que nos hundimos como hierro retorcido en el abismo.
Ocurre que ya no estamos para los mimetismos del lenguaje.
Ocurre, para que lo sepamos, que la muerte se disfraza de fiesta.
Ocurre que cada vez se hace menos sostenible el amor:
Hay supernumerarios que lo sajan. Tumbas sin intervalos.
Sucede que los días de la semana se terminan en la semana.
Ocurre que en el sueño, sólo se respiran brumas.
Y no es invento mío, —está ahí el alquitrán con su derroche oscuro.
Barataria, 21.IV.2010