domingo, 27 de junio de 2010

COSES QUOTIDIANES-poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

Quan voldràs reprendre algú, no empres els proverbis,
Sinó una guatla. Davant d’un semàfor en roig també els transeünts
Es paren per a deixar pas a l’altre que l’empeny.
En política no es parla de morts perquè tots són cadàvers.
Sovint invoquem Déu per a certificar les nostres maldats.
Ilustración: Imágenes gratuitas







COSES QUOTIDIANES
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó







ya no leo los periódicos,
leer la prensa cada día,
es abrir una pequeña tumba de papel.
JULIA OTXOA







Quan voldràs reprendre algú, no empres els proverbis,
Sinó una guatla. Davant d’un semàfor en roig també els transeünts
Es paren per a deixar pas a l’altre que l’empeny.
En política no es parla de morts perquè tots són cadàvers.
Sovint invoquem Déu per a certificar les nostres maldats.
Dubte de la bondat inusitada, no de la maldat quotidiana.
En la claror no es necessiten paraules, hem de deixar-les per a la nit.
Quan l’amor naufraga s’ha d’acudir a un centre de beneficència.
Al capdavall, l’escuma també serveix per a afaitar-se la cara.
Les engrunes, encara que siguen de sucre, continuen essent engrunes.
Tal volta el poeta no va a missa perquè no li agrada colpir-se el pit.
Un dia serem lliures amb el nostre cadàver al davant.
La pau de sobte és un paper blanc al nostre cervell.
El sol allumena perquè cadascú es mire als ulls a través de l’espill.
El crepuscle crema en la seua mateixa ombra quan el foc s’apaga.
Als carrerons del pensament les neurones s’armen de punyals.
Un bes sempre crema com la rosada a les palpebres.
L’ull en el llibre és com forcat en el solc.
Cap certesa no val més que un llit amb llençols.
Si els pensaments galopen és perquè hi ha dins un cavall volent mossegar la pols.
Als enemics sempre toca buscar-los entre els amics.
Quan es conspira contra l’aire, un es queda sense respiració. Els peixos
Gordon sempre marxen amb un botí en les seues butxaques.
Sempre que desitge parlar de coses íntimes, acudesc als ocells.
Sovint Satanàs es troba enmig de la nostra mateixa ombra. L’esperit
De Déu és a la llum, d’ací la abundor de cresols i espelmes.
Quan els crits són d’alegria, les violes es tornen blaves.
L’amor perquè oxigene hem de fer-lo en bicicleta; altrament
Fóra un somni entumit.
No hi ha braser més devastador que el de la mateixa luxúria.
Per a trobar la nit, caminar descalç entre les ombres.
L’odi fa por i és tan devastador com el rovell i la foscor.
Em conforta el cerç de les espigues: es com l’oli per a ungir el cos.
Un pròleg, sovint, és una llàgrima de bestreta.
De sobte callar és ultrapassar la llinda dels col·loquis.
He renunciat al cor per a trobar el camí de les distàncies.
Doble herència: que els ocells mengen al voltant de les meues mans,
Sense blasfèmies, ni miraments.
Preferesc la flaquesa de l’agulla de cap a la biga de les antinòmies.
Al pòrtic del crepuscle, una harmònica canta…
Al voltant, la nit: la sega dels records…
Baratària, 16.VI.2010







COSAS COTIDIANAS







ya no leo los periódicos,
leer la prensa cada día,
es abrir una pequeña tumba de papel.
JULIA OTXOA








Cuando quieras reprender a alguien, no uses los proverbios,
Sino una codorniz. Ante un semáforo en rojo también los transeúntes
Se paran para dar vía al otro que lo embiste.
En política no se habla de muertos porque todos son cadáveres.
A menudo invocamos a Dios para certificar nuestras maldades.
Dudo de la bondad inusitada, no de la maldad cotidiana.
En la claridad no se necesitan palabras, hay que dejarlas para la noche.
Cuando el amor naufraga hay que acudir a un centro de beneficencia.
Después de todo, la espuma también sirve para afeitarse la cara.
Las migajas, aunque sean de azúcar, siguen siendo migajas.
Quizá el poeta no va a misa porque no le gusta golpearse el pecho.
Un día seremos libres con nuestro cadáver enfrente.
La paz de pronto, es un papel blanco en nuestro cerebro.
El sol alumbra para que cada quien se mire a los ojos a través del espejo.
El crepúsculo arde en su propia sombra cuando el fuego se apaga.
En los callejones del pensamiento las neuronas se arman de puñales.
Un beso siempre quema como el rocío en los párpados.
El ojo en el libro es como el arado en el surco.
Ninguna certeza vale más que una cama con sábanas.
Si los pensamientos galopan es porque hay dentro un caballo queriendo morder el polvo.
A los enemigos siempre hay que buscarlos entre los amigos.
Cuando se conspira contra el aire, uno se queda sin respiración. Los peces
Gordos siempre andan un botín en sus bolsillos.
Siempre que deseo hablar de cosas íntima, acudo a los pájaros.
A menudo Satanás anda en medio de nuestra propia sombra. El espíritu
De Dios está en la luz, de ahí la abundancia de candiles y velas.
Cuando los gritos son de alegría, los alelíes se vuelven azules.
El amor para que oxigene hay que andarlo en bicicleta; de otro modo
Sería un sueño entumecido.
No hay brasero más devastador que el de la propia lujuria.
Para encontrar la noche, camina descalzo entre las sombras.
El odio da miedo y es tan devastador como la herrumbre y la oscuridad.
Me conforta el cierzo de las espigas: es como el aceite para ungir el cuerpo.
Un prólogo, a menudo, es una lágrima anticipada.
De pronto callar, es traspasar el umbral de los coloquios.
He renunciado al corazón para encontrar el camino de las distancias.
Doble herencia: que los pájaros coman alrededor de mis manos,
Sin blasfemias, ni sigilos.
Prefiero la delgadez del alfiler a la viga de las antinomias.
En el pórtico del crepúsculo, una armónica canta…
Alrededor, la noche: la siega de los recuerdos…
Barataria, 16.VI.2010

sábado, 26 de junio de 2010

DESPOJO DE LA HOGUERA EN EL ALJIBE

Subterránea la lluvia, rompe las paredes del pétalo sosegado en la cal.
El pálpito del alma rompe la vasija del alma, el desvivirse, al cabo,
En el fuego sin censura de las posibilidades que azotan el pensamiento.
De pronto uno va como el mendigo: a lo que da la vida, lamiendo
Cada plato de pesadumbre, de estertor, del hollín la alacena.
Ilustración: Imágenes gratuitas








DESPOJO DE LA HOGUERA EN EL ALJIBE








Y el frío, por debajo, permanece.
De la médula vuelve la trastienda del hielo
a cubrirme los ojos como sangre reseca.
ISABEL PÉREZ MONTALBÁN







Subterránea la lluvia, rompe las paredes del pétalo sosegado en la cal.
El pálpito del alma rompe la vasija del alma, el desvivirse, al cabo,
En el fuego sin censura de las posibilidades que azotan el pensamiento.
De pronto uno va como el mendigo: a lo que da la vida, lamiendo
Cada plato de pesadumbre, de estertor, del hollín la alacena.
Se vive y se muere después de todo en el seno de la hoguera,
Mientras uno está aquí en el camino del arado.
La orfandad llega sin que se le convoque, lámpara en desuso el ojo
Dentro de la cueva, la puerta volteada detrás del mercado de la noche.
Nada ofrece después el cuaderno roto en la basura.
El alfiler contenido en la compuerta.
La noche cerrada en su fuga. La desnudez asfixiante de las caricaturas:
Despojo adormecido en la corriente de la espuma: arde aún la escoria
Con su textura de ardiente lengua. Arde el reloj de la sombra en la silueta.
Nadie ha llegado desde que perdí la noción de las distancias.
Blanca la ceniza en el silencio gris de las alas.
En el fondo, la brisa a intervalos de la memoria, —el tacto vertical
Del olvido con sus vívidos relojes. El perro que lama la vena rota.
—¿Qué queda en el vaso de los meses? Leer el bolsillo sin monedas.
Huir sin poder rastrear la luz. Quedar siempre proscrito, sin niño adentro
Que calque el mapamundi, sin manos para agarrar el día.
Dentro de la misma perplejidad del agua me hundo, agua en el aljibe
Lejos de ser puerta o párpado. Lejos de ser ventana y disputarme
El arcoíris como lo hace el ciego con el firmamento.
Hay frío después de todo junto a la cobija de la pared que me sostiene.
Hay luciérnagas, después de todo, junto al extravío de mi sombra.
Ceniza en el papel celofán de los párpados, pinos de lejana trementina.
Después de todo, termino siendo un despojo en medio de la memoria
Del agua, de sus cataclismos, de sus torrentes,
De sus velas idas sin retorno. No sé si llegaré a la última página
De los huesos, salir de los barrotes que aprisionan, volver sin la herida
En el costado, —levantar de un solo golpe los pedazos
De este sueño norte sin moho, sin zarpazo de magma. Sé que debo borrar
El escombro y erigir de nuevo con papel y lápiz la memoria.
Barataria, 16.VI.2010

sábado, 19 de junio de 2010

ASCUA DEL OJO EN EL ESPEJO

Cóncavas todas las razones del olvido. El ascua derramada en el espejo.
El pie crecido en la mansedumbre del tiempo y la legumbre.
La cosecha de clavos en la voz del viento. La sangre cortada en el combate,
La silla sin pájaros, pero con sombras desvaídas.
Cuando el sueño amanece revoca la piedra y sube a las tejas el azogue.
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ASCUA DEL OJO EN EL ESPEJO








Se cubre la palabra bajo un velo de nieve.
La luz, desconocida, se manifiesta entonces
sin amistad alguna. Acuchilla los ojos
que sangran en la hoja.
ROSA ROMOJARO








Cóncavas todas las razones del olvido. El ascua derramada en el espejo.
El pie crecido en la mansedumbre del tiempo y la legumbre.
La cosecha de clavos en la voz del viento. La sangre cortada en el combate,
La silla sin pájaros, pero con sombras desvaídas.
Cuando el sueño amanece revoca la piedra y sube a las tejas el azogue.
El tiempo me impone desvanes de cuchillos. —Puertas separadas del día,
Arañas de aviesas frutas, aguas inmóviles de la sed.
Siempre buscamos la dimensión infinita del tiempo y los espejos
Para subir al tren a través de los costados, a ese siempre embarcadero
De nuestros recuerdos. —Y ahí está reflejado el halcón del suspiro.
Alrededor la diadema del desorden nos anega: —el agua descalza
De las pupilas, abriéndose a la escalera de la lengua, extenuada hoja
De la respiración, perro vestido de presagio umbilical.
Vivimos así, endebles, a la par del astillero de los ataúdes con la voz
Enterrada en el pétalo inerme,
Zarza de la herida prendida en la pared.
Hacemos girar las agujas como una bola de cristal en las manos.
De la piel al cuello buscamos la garganta del camino feliz. Y nunca
Llegamos porque el suelo del espejo se ha tornado laberinto aciago.
Arrecia la tormenta de los cascos. Los candiles de los poros. El mercado
Con noches y hojarasca.
Siempre teñimos de incendio el lago del ombligo. O simplemente
Deshacemos el júbilo de las pupilas cuando la Esperanza gime
En la bocacalle del viaje desandado, —en la sal torpe de los viajes oscuros.
Es fácil salir a la calle sin siquiera ver la pólvora; recoger el silencio
A la vera del camino; descender a las aguas resbaladizas de las horas.
A menudo no hay palabras para volar desde los pupitres:
Falta la sombrilla de la hoja, leve, en los rieles de la semana.
Falta la alegría extraña de las puertas. El labio de luz de las ventanas.
Quizá sobra todo en este ardimiento. —El ascua que no es fuego,
Sino días vividos de escoria,
Días de duda y pesimismo. Días donde no hay certezas, —confín del fuego
Censurado, credo creciente de la destrucción.
Hay un mar de mojados puños en el insomnio, un ojo largo de sábanas
Flotantes, una mesa de hendida sal, una almohada de piedras donde
El sueño reclina las razones del resuello.
Hay abajo del ascua de las cortinas, una saliva incesante de brasas.
Un cortejo de dudas a punto de abrirse…
Barataria, 14.VI.2010

viernes, 18 de junio de 2010

EN EL FRED NO HI HA PARAULES?-poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

Davall dels llençols el fred sense paraules. Damunt dels plats, les ombres
De l’aire, l’ull de la pàgina tremant, el fred fet horitzó i llit.
El fred del porus de dol, El fred de la llavor sense vaixell,
El fred dels rems sense aigües,El fred de l’arena en les ninetes. —Sense paraules?
Ilustración: Imágenes gratuitas







EN EL FRED NO HI HA PARAULES?
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó








Sólo la ferocidad del día,
el frío de un desierto tras la noche.
MERTXE MANSO






Davall dels llençols el fred sense paraules. Damunt dels plats, les ombres
De l’aire, l’ull de la pàgina tremant, el fred fet horitzó i llit.
El fred del porus de dol, El fred de la llavor sense vaixell,
El fred dels rems sense aigües,
El fred de l’arena en les ninetes. —Sense paraules? No. Paraules
Sense camí, potser. Nits amb fustam i genets, potser. Sense paraules
Ni sucre aquestes estovalles dels mesos: el joc de vestits, perruques
I caretes: llengües de premuda cendra als plats.
Encara ens manca caminar entre parpelles depredades, fosques senderes
De paisatge subterrani, pestanyes de sigilosos ventalls, i llargues fileres
De pedres desmaiades per l’assetjament de l’insà.
Esquinçalls de paraules tèrboles erigeixen la veu del dia, —aigües de còncava
Calç llepen els porus i el carrer de les sabates.
Tot seguit li atorguem a la deriva el seu més ostentós horitzó: obrir
Les comportes del verí perquè corroesca sòl i cos i ment.
—Cap a quina nuesa absoluta van els braços i el gaudi orfe
Del calendari, les arrels depredades per la queixa,
L’empenta sense roba sobre l’escala?
—Hi ha un vaixell de grisos, sense vèrtebres en el paisatge quotidià.
Dies de pesquisa. Dies de podrit olfacte. Aire de cavalls sense cascos.
Gàbies de cruixent rovell. Dents de fil groc. Perpètues
Espines mastegant el rellotge. Bustos d’ansietat estrafalària.
—Resten les paraules en aquest fred desproveïdes d’espines? —Ni Déu
Se salva d’aquesta branca punxant de la hipocresia.
Hi ha colps en la vida, digué Vallejo: —dicibles i indicibles— però colps
A fi de comptes que tanquen l’ull davant de l’espill,
Que aclaran o enfosqueixen el paisatge. Que beuen del minut destruit.
Amb el pas dels dies un va descobrint l’estretor de l’alé
O la llunyania de l’aroma de les paraules: —la raó d’allò pernne
De la llum, o la gàbia premuda de les enfiladisses, ombres de malèvola nit.
Només en el llampec de la nit coneixem els rostres.
La foscor de cadascú és audible en el braceig heretat dels peixos,
En la lluerna voraç del pètal,
En la duna que es lleva en els porus.
Sempre és sospitós el rostre davant de l’estrèpit. Ho és també el soroll
Del silenci amb el seu bàcul d’extingides paraules.
Mai no pot fiar-se un de la boca que no tremola, ni del rostre sobtat
Del somriure amb empelts, ni de la dent feta en perfecte
Plusquamperfet, ni el sobtat altruïsme de la llengua proclamant la rosada.
L’amor és més que la suma del sucre. Més que la llum mateixa
En l’alé. Més que el vent en les volades dels lòbuls.
—En el fred, no hi ha paraules? Si n’hi ha, pertanyen a la intempèrie.
Si n’hi ha, és necessari buscar-les en el fum de la nostra mateixa casa.
Baratària, 13.VI.2010







EN EL FRÍO ¿NO HAY PALABRAS?








Sólo la ferocidad del día,
el frío de un desierto tras la noche.
MERTXE MANSO







Debajo de las sábanas el frío sin palabras. Sobre los platos, las sombras
Del aire, el ojo de la página tiritando, el frío hecho horizonte y cama.
El frío del poro enlutado, El frío de la semilla sin barco,
El frío de los remos sin aguas,
El frío de la arena en las pupilas. —¿Sin palabras? No. Palabras
Sin camino, tal vez. Noches con maderos y jinetes, tal vez. Sin palabras
Ni azúcar este mantel de los meses: el juego de trajes, pelucas
Y antifaces: lenguas de apretada ceniza en los platos.
Todavía nos falta caminar entre párpados depredados, oscuros senderos
De paisaje subterráneo, pestañas de sigilosos abanicos, y largas filas
De piedras desmayadas por el asedio de lo insano.
Jirones de palabras turbias erigen la voz del día, —aguas de cóncava
Cal lamen los poros y la calle de los zapatos.
Luego le otorgamos a la deriva su más ostentoso horizonte: abrir
Las compuertas del veneno para que corroa suelo y cuerpo y mente.
—¿Hacia qué desnudez absoluta van los brazos y el alborozo huérfano
Del calendario, las raíces depredadas por la queja,
El empujón sin ropa sobre la escalera?
—Hay un barco de grises, sin vértebras en el paisaje cotidiano.
Días de pesquisa. Días de podrido olfato. Aire de caballos sin cascos.
Jaulas de crujiente herrumbre. Dientes de amarillo filo. Perpetuas
Espinas masticando el reloj. Bustos de ansiedad estrafalaria.
—¿Están las palabras en este frío desprovistas de espinas? —Ni Dios
Se salva de esta rama punzante de la hipocresía.
Hay golpes en la vida, dijo Vallejo: —decibles e indecibles— pero golpes
A fin de cuentas que cierran el ojo frente al espejo,
Que aclaran u oscurecen el paisaje. Que beben del minuto destruido.
Con el paso de los días uno va descubriendo la estrechez del aliento
O la lejanía del aroma de las palabras: —la razón de la perennidad
De la luz, o la jaula apretada de las enredaderas, sombras de aviesa noche.
Sólo en el relámpago de la noche conocemos los rostros.
La oscuridad de cada quien es oíble en el braceo heredado de los peces,
En el tragaluz voraz del pétalo,
En la duna que levita en los poros.
Siempre es sospechoso el rostro frente al estrépito. Lo es también el ruido
Del silencio con su báculo de apagadas palabras.
Nunca puede fiarse uno, de la boca que no tiembla, ni del rostro súbito
De la sonrisa con empeines, ni del diente hecho en perfecto
Pluscuanfecto, ni el súbito altruismo de la lengua proclamando el rocío.
El amor es más que la suma del azúcar. Más que la luz misma
En el aliento. Más que el viento en los aleros de los lóbulos.
—En el frío, ¿no hay palabras? Si las hay, pertenecen a la intemperie.
Si las hay, es necesario buscarlas en el humo de nuestra propia casa.
Barataria, 13.VI.2010

jueves, 17 de junio de 2010

MADRUGADA DEL LITORAL

Llega después de bracear en las trenzas de la noche. Llega. Llega.
No importa que el reloj haya quedado sobre las losas de las miradas
Desiertas: llega, llega.
Clarea en la hoja leve de la espuma, en las pestañas de la sal.
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MADRUGADA DEL LITORAL








De nuevo el náufrago intentará
alcanzar la playa, refugio de aquellos
que se adentraron en el mar.
PALOMA FERNÁNDEZ GOMÁ







Llega después de bracear en las trenzas de la noche. Llega. Llega.
No importa que el reloj haya quedado sobre las losas de las miradas
Desiertas: llega, llega.
Clarea en la hoja leve de la espuma, en las pestañas de la sal.
Salvo el tiempo, el ojo en el litoral ciego de la atarraya, el sillón
De la noche en los juguetes de las sombras, el perro resguardando
La orilla de la espuma en su pose de bailarina reclinada.
Cuando me adentro al pajarraco de los estribos, quiero volver a tierra
Firma: otra almohada desdoblándose la madrugada a manotazos
Y braceos, a la campanada de incendio de peces.
Llega. Llega. Náufrago, desfigurado el pie. El alfil o la torre o el caballo
En las sienes, el barco que arrastra aguas por todos los sueños rotos
Del viajero. Por toda la temperatura del viento.
Caminar es ir sorteando un vacío de otro. Un ojo de otro.
Un absceso a punto de soltar la ponzoña.
El mar es un ojo ávido; la madruga, puerta de la salvación. El regreso
A los zapatos sin marea y miedos.
Llega hacia la hoja del cierzo. Al fósforo del júbilo. A la esquina verde
De los párpados, zodiacal y mutable al oído. Nube blanca desprendida
De las sábanas. Sílaba inmediata de la puerta.
Vuelvo de los fragores torpes del dolmen. Siglos de paralelos y escaleras,
De aguas impenetrables, de estrellas asomándose a la ceniza.
Llega la gota de azúcar de la madrugada. Brazos y piernas salvadas,
Pesadillas como un directorio telefónico. Salivazos del planisferio.
Llego hasta el litoral de los colores escapando de la noche.
Hasta la pared donde tiemblan los retratos. Hasta la tierra firma del vaso.
Hasta la mesa y la pared sin tornillos.
Llega. Llega. El cielo deshaciéndose en la taza de café. Caigo en el júbilo
De las escaleras. En el bolsillo abierto del paisaje.
—Cuando uno llega a la fronda, remedia el sueño sus mensajes.
Aunque siempre quede a flote, la querella insepulta de la arcilla.
En el volver después del deslave, queda una saga en la conciencia:
Llega la campana a las pupilas, al horizonte de la cúspide.
Lo demás es sudor íntimo del presente. Los simbolismos del imán.
Lo demás está ahora, en la crayola de la luz, sobre el cuaderno.
Barataria, 11.VI.2010

miércoles, 16 de junio de 2010

ENTRE EL PARPELLEIG DE LA PLUJA-poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

Sent la pluja al parpelleig dels penya-segats, al reüll roedor
De la humitat en el tràngol del cèrvol que rau el cel.
Bec la tinta gris de la boira. Els barrils de gotes als forats
Del cansament, en la cornamenta secreta de la viola, —dies d’intensos
Crepuscles, lianes lentes de les llengües endredant-se als ulls.
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ENTRE EL PARPELLEIG DE LA PLUJA
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó








Cuando llegue la mañana revestirán sus colores resplandecientes.
Ahora todo calla.
El cielo parpadea y la luna se oculta entre las chimeneas.
PHILIPPE SOUPAULT








Sent la pluja al parpelleig dels penya-segats, al reüll roedor
De la humitat en el tràngol del cèrvol que rau el cel.
Bec la tinta gris de la boira. Els barrils de gotes als forats
Del cansament, en la cornamenta secreta de la viola, —dies d’intensos
Crepuscles, lianes lentes de les llengües endredant-se als ulls.
Entre els himnes escapçats per les tisores,
Els ocells llisquen en el ríu augural de la respiració.
Les mans lleven el pòl·len dels sostres, el capell del núvol
Enmig del fum líquid de les llums tènues.
Bé aquest palpebreig de càbales. El gat muntés de les estrelles ocultes.
El forat negre de les pissarres on la llapissera dibuixa tamborets
Sense corretges. On el coixí colpeja els òrgans vitals.
El temps és etern en la sonoritat dels rellotges.
Els dits ajunten els fragments de l’aigua per a fer somrient
L’univers, aqueixes barcasses de síl·labes dels insectes.
—Diria que el rostre reparteix el sucre de l’aigua. La barba premuda
Caient de l’arbre, l’esborrany d’ombres dels ducs.
El llavi mossega el color clavat de les fulles.
La llavor del resplendor.
El peix de la foguera en les arrrels.
Les lluernes mosseguen les estelles de la nuesa. El ranxo ígni
Del palpebreig, els repeus de les temples al prestatge de les paraules.
De sobte el cresol abriga les ninetes. Aqueixa forma de tocar les dents
Amb la lluna, —el fanal de l’arc del cel com una escala.
De sobte torna el tren amb el seu melic líquid.
Els sons, la casa, els ulls. Torna la nadala de la memòria
Amb la seua rodalia llunyana.
Alguna vegada l’aigua soterrà les estàtues. El gnom en la gebrada.
Les entropessades als capells de les ombres. Sense treva, ací,
El fill pròdig dels pensaments, la mula disfressada de cavall,
La careta de l’abella a la finestra,
La xicona de l’escola per qui pregunte encara.
De sobte li somric a un espill afeblit pels anys.
A l’espill que tradueix els safareigs. Al tabac insà de l’èxtasi.
De sobte trenque la closca de la pluja amb el paraigües del palpebreig.
De sobte la flaçada de la suor, porta oberta del cos al líquid,
A l’amerat pou dels rastres.
Sagna el darrer riu de les flautes. —el riu somnolent de les gotes
En la sang. En la melodia feridora de les ales…
Baratària, 10.VI.2010








ENTRE EL PESTAÑEO DE LA LLUVIA








Cuando llegue la mañana revestirán sus colores resplandecientes.
Ahora todo calla.
El cielo parpadea y la luna se oculta entre las chimeneas.
PHILIPPE SOUPAULT








Sabe la lluvia al pestañeo de los acantilados, al reojo roedor
De la humedad en el trance del ciervo que raspa el cielo.
Bebo la tinta gris de la niebla. Los barriles de gotas en los agujeros
Del cansancio, en la cornamenta secreta del alhelí, —días de intensos
Crepúsculos, lianas lentas de las lenguas enredándose en los ojos.
Entre los himnos decapitados por las tijeras,
Los pájaros resbalan en el río augural de la respiración.
Las manos quitan el polen de los techos, el sombrero de la nube
En medio del humo líquido de las luces tenues.
Bien este pestañeo de cábalas. El gato montés de las estrellas ocultas.
El agujero negro de las pizarras donde el lápiz dibuja taburetes
Sin correas. Donde la almohada golpea los órganos vitales.
El tiempo es eterno en la sonoridad de los relojes.
Los dedos juntan los fragmentos del agua para hacer sonriente
El universo, esas barcazas de sílabas de los insectos.
—Diría que el rostro reparte el azúcar del agua. La barba apretada
Cayendo del árbol, el borrador de sombras de los búhos.
El labio muerde el color hincado de las hojas.
La semilla del resplandor.
El pez de la hoguera en las raíces.
Las luciérnagas muerden las astillas de la desnudez. El rancho ígneo
Del parpadeo, las repisas de las sienes en el anaquel de las palabras.
De pronto el candil abriga las pupilas. Esa forma de tocar los dientes
Con la luna, —el farol del arcoíris como una escalera.
De pronto vuelve el tren con su ombligo líquido.
Los sonidos, la casa, los ojos. Vuelve el villancico de la memoria
Con su cercanía lejana.
Alguna vez el agua soterró las estatuas. El gnomo en la escarcha.
Los tropezones en los sombreros de las sombras. Sin tregua, aquí,
El hijo pródigo de los pensamientos, la mula disfrazada de caballo,
El antifaz de la abeja en la ventana,
La muchacha de la escuela por cual pregunto todavía.
De pronto le sonrío a un espejo debilitado por los años.
Al espejo que traduce las albercas. Al tabaco insano del éxtasis.
De pronto rompo el cascaron de la lluvia con el paraguas del pestañeo.
De pronto la manta del sudor, puerta abierta del cuerpo a lo líquido,
Al inundado pozo de los rastros.
Sangra el último río de las flautas. —el río somnoliento de las gotas
En la sangre. En la melodía hiriente de las alas…
Barataria, 10.VI.2010

martes, 15 de junio de 2010

ARBRE INUNDAT PER LA BARBA DEL TALLAVIDRE- poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

La vida sovint es redueix a unes poques formigues. A uns pocs
Insectes, rosegadors tots, com el tatuatge de la pell.
No són les entropessades en ajú les que dolen, sinó l’escorça
Dels cadenats, el cel gastat de les estrelles, la paranoia dels dits,
I aqueixa careta frunzida del fòsfor en la roba.
Tem el push dels ascensors. Les finestres tancades dels pitxers.
Autor de la pintura: Ben Nicholson








ARBRE INUNDAT PER LA BARBA DEL TALLAVIDRE
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó








Qué sabíais, entonces, si no estas estampas,
si no esta atroz baraja del delito,
ni cómo inventaríais nada igual a ese
muerto que murió sin decir nada, llorándose…
JORGE ENRIQUE ADOUM








La vida sovint es redueix a unes poques formigues. A uns pocs
Insectes, rosegadors tots, com el tatuatge de la pell.
No són les entropessades en ajú les que dolen, sinó l’escorça
Dels cadenats, el cel gastat de les estrelles, la paranoia dels dits,
I aqueixa careta frunzida del fòsfor en la roba.
Tem el push dels ascensors. Les finestres tancades dels pitxers.
Al quart creixent de les tisores enllepolades. A la merla
Esvanida de les aspes, a la brasa reflectida a l’ull.
Tem els borinots purulents de la carronya damunt de la taula.
Tem el que invoca Déu sense netejar-se les dents. La llàntia cega
De les cadires de braços, al mocador suturat amb l’ull guerxo, al cendrer
Que irromp en la burilla: —Aquest món amb embolcall de comèdia.
Malauradament, el rellotge no es menja l’insà d’aquests dies,
Ni petrifica els ullals de la serp,
Ni fa fugir l’ombra del pedrís de les temples,
Ni llava l’escòria revestida de tafetà.
Al cap i a la fi vivim en un llarg riu somnolent. —Sobre el falcó
Del fil, el fariseu menjant en la mateixa taula. La bèstia de les pedres
En les ninetes, la llum no com la llum, sinó destral per al cap de bestiar fosca
Del calendari, per al paretó ressuscitat.
Es hui les estovalles dividides de la música. El trapezi estelar
Per a les cavallerisses. La sorra a l’ull, l’ungla del fum sinistre.
Davant de l’alba la careta de la mà.
Els fantasmes de les portes, els teulats i el vinagre de l’agulló.
La respiració de sobte ascén a conspiració, en un món
De cordes fluixes irascibles, en un braçalet ajuntant les dues mans.
—La garrotxa com a contrapunt del conjur fa la seua màgica rotació.
Cala el cánter de la canella alba fins als porus: riu avall la sal
Decadent del crepuscle.
La suspensió del dia en la consciència. El toc de la queda de l’aiguarràs,
La dansa macabra de la ruda somorta,
Les paraules grogues en un horitzó de cascos, l’oïda sense braceig
Entre les aigües sense litoral de peixos benèvols.
—Qui parla de consciència mentre beu en el calze el secret de l’anca
Rabiosa, la cendra de la mitjanit o, senzillament l’ombra del sofre?
Ací, l’aire aviciat de la mascara,
El camaleó petrificant-se en la cara, la cadira de braços del mos anònim.
Vivim junt a aqueix tallavidres en la gola, pus, tal volta,
Obrint les mans del coixí…
Baratària, 11.VI.2010








ÁRBOL INUNDADO POR LA BARBA DEL CORTAVIDRIO








Qué sabíais, entonces, si no estas estampas,
si no esta atroz baraja del delito,
ni cómo inventaríais nada igual a ese
muerto que murió sin decir nada, llorándose…
JORGE ENRIQUE ADOUM







La vida a menudo se reduce a unas cuantas hormigas.
A unos cuantos insectos, roedores todos, como el tatuaje de la piel.
No son los tropezones en ayunas los que duelen, sino la corteza
De los candados, el cielo gastado de las estrellas, la paranoia de los dedos,
Y ese antifaz fruncido del fósforo en la ropa.
Temo al push de los ascensores. A las ventanas cerradas de los jarros.
Al cuartocreciente de las tijeras engolosinadas. Al pájaro tinto
Desvanecido de las aspas, a la brasa reflejada en el ojo.
Temo a los moscardones purulentos de la carroña sobre la mesa.
Temo al que invoca a Dios sin lavarse los dientes. A la lámpara ciega
De los sillones, al pañuelo suturado con el ojo bizco, al cenicero
Que irrumpe en la colilla: —A este mundo con envoltura de comedia.
Por desgracia, el reloj no se come lo insano de estos días,
Ni petrifica los colmillos de la serpiente,
Ni hace huir la sombra del poyetón de las sienes,
Ni lava la escoria revestida de tafetán.
Después de todo vivimos en un largo río somnoliento. —Sobre el halcón
Del filo, el fariseo comiendo en la misma mesa. La bestia de las piedras
En las pupilas, la luz no como la luz, sino hacha para la res oscura
Del calendario, para el paredón resucitado.
Es hoy el mantel dividido de la música. El trapecio estelar
Para las caballerizas. La arenilla en el ojo, la uña del humo siniestro.
Frente al alba el antifaz de la mano.
Los fantasmas de las puertas, los tejados y el vinagre del aguijón.
La respiración de pronto asciende a conspiración, en un mundo
De cuerdas flojas irascibles, en un brazalete juntando las dos manos.
—La breña como contrapunto del conjuro hace su mágica rotación.
Trepa el cántaro del barbasco hasta los poros: río abajo la sal
Decadente del crepúsculo.
La suspensión del día en la conciencia. El toque de queda del aguarrás,
La danza macabra de la ruda mortecina,
Las palabras amarillas en un horizonte de cascos, el oído sin braceo
Entre las aguas sin litoral de peces benévolos.
—¿Quién habla de conciencia mientras bebe en el cáliz el sigilo del anca
Rabiosa, la ceniza de la medianoche o, simplemente la sombra del azufre?
Ahí, el aire viciado del tizne,
El camaleón petrificándose en la cara, el sillón del mordisco anónimo.
Vivimos junto a ese cortavidrio en la garganta, pus, acaso,
Abriendo las manos de la almohada…
Barataria, 11.VI.2010

lunes, 14 de junio de 2010

ULLS CANSATS-poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

Ya la hora lame al pájaro sin plumas. Me llama la noche que emerge
De las cuencas ciegas del paisaje. Nadie volvió a nacer deshecha
La carne en el tragaluz extinto de la respiración.
—Nadie aquí, ni vos, fenecida de la respiración: manos, brazos, sábanas,
Fuera de los aserraderos de mi cama.
Autor de la pintura: André Masson








ULLS CANSATS
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó









Si no puedo salvar todos mis sueños no salvaré ninguno
Que me despedacen sobre la hierba azul de una tierra que amo
Cuando me envuelva la increíble sombra que me aguarda
FERNANDO PALENZUELA








Ja l’hora llepa l’ocell sense plomes. Em crida la nit que emergeix
De les conques cegues del paisatge. Ningú no tornà a nàixer desfeta
La carn en la lluerna extinta de la respiració.
—Ningú ací, ni tu, finida de la respiració: mans, braços, llençols,
Fora de les serradores del meu llit.
Un dia el curullen uns altres daus amb noms i cognoms. —Tu, anònima
Damunt del granit relaxat de la memòria, afonada al vaixell
De la nit i el dubte, furtada de les meues mans callades i encallades
No en la llum, sinó en la fulla fosca de les meues mateixes vestimentes.
En el pati cancerós de l’efímer, el somni plagat de paraules
Suspeses, lianes d’estupefactes brúfols i paraigües.
Entre tanta tomba faig un torniquet a les meues temples, només així
Comence a desdibuixar les hores, la rònega llum del pit en la seua fugida.
Mire de trobar la levitat moradenca de la ferida, la paraula
No fendida de renills en la boca, no el periòdic amb paraigües
D’incertesa que mastegue el celiandre de desraons.
A gosades que cansa i mossega la pols de la fatiga: —els tants
Anys del rosegó, la pedra de la nit com un circ mut,
Els passamans lànguids de les pestanyes,
Aquesta mena de silenci amb cavalls grocs. Amb llibres fúnebres.
No espere massa en la meua mateixa gàbia, llevat d’un café i certa reverència
A les portes. A aqueixa llengua que drena la saliva.
La resta és la fila índia de sempre. L’arpada de la taula
En la Santísima Trinitat, els caragols penjats de les orelles
Per a sentir el mar, el mocador líquid al pati de l’espera.
Els peixos de les estrelles jugant en la memòria. La festa dels gats
Damunt dels cresols de les teules, la fusta de la carn en el xiprer.
Així i tot, ajunte llavors al pati posterior de les coordenades del meu país.
Pense en el sevitxe del teu melic. En l’orenga dels lòbuls.
Pense en el joc d’escacs dels teus porus.
En el llac dels cignes, tirats sense roba, empolsegats d’aigua
I gespa, mentre plou aromes i dubtes i arc del cel.
Pense en la costella obrint l’ultramar del basalt de la nit.
Pense en el cerç com un animalet caminant cap al centre
De la lluna creixent de la porta de colp de la sorpresa.
Pense, tanmateix, amb aquests ulls fatigats en el crisantem
De la faula, en els senyals despentinats que deixa el diccionari.
Pense, tanmateix, en les escales al fil de les llambordes:
—Alguna cosa, al capdavall, —encara que siguen bocinets de milotxa
En la memòria, —fragments de boirina en el quadern…
Baratària, 28.V.2010








OJOS FATIGADOS








Si no puedo salvar todos mis sueños no salvaré ninguno
Que me despedacen sobre la hierba azul de una tierra que amo
Cuando me envuelva la increíble sombra que me aguarda
FERNANDO PALENZUELA








Ya la hora lame al pájaro sin plumas. Me llama la noche que emerge
De las cuencas ciegas del paisaje. Nadie volvió a nacer deshecha
La carne en el tragaluz extinto de la respiración.
—Nadie aquí, ni vos, fenecida de la respiración: manos, brazos, sábanas,
Fuera de los aserraderos de mi cama.
Un día lo colman otros dados con nombres y apellidos. —Vos, anónima
Sobre el granito relajado de la memoria, hundida en el barco
De la noche y la duda, robada de mis manos calladas y encalladas
No en la luz, sino en la hoja oscura de mis propias vestimentas.
En el patio canceroso de lo efímero, el sueño plagado de palabras Suspendidas, bejucos de estupefactos búhos y paraguas.
Entre tanta tumba le pongo un torniquete a mis sienes, sólo así
Empiezo a desdibujar las horas, la poca luz del pecho en su huída.
Trato de encontrar la levedad cárdena de la herida, la palabra
No hendida de relinchos en la boca, no el periódico con paraguas
De incertidumbre que mastique el cilantro de sinrazones.
Desde luego que cansa y muerde el polvo de la fatiga: —los tantos
Años del mendrugo, la piedra de la noche como un circo mudo,
Los barandales lánguidos de las pestañas,
Esta suerte de silencio con caballos amarillos. Con libros fúnebres.
Casi nada espero en mi propia jaula, salvo un café y cierta reverencia
A las puertas. A esa lengua que drena la saliva.
Lo demás es la fila india de siempre. El zarpazo de la mesa
En la Santísima Trinidad, los caracoles prendidos en las orejas
Para oir el mar, el pañuelo líquido en el patio de la espera.
Los peces de las estrellas jugando en la memoria. La fiesta de los gatos
Sobre los candiles de las tejas, la madera de la carne en el ciprés.
Aún así, junto semillas en el traspatio de las coordenadas de mi País.
Pienso en el cebiche de tu ombligo. En el orégano de los lóbulos.
Pienso en el ajedrez de tus poros.
En el lago de los cisnes, tirados sin ropa, empolvados de agua
Y césped, lloviendo aromas y dudas y arco iris.
Pienso en la costilla abriendo el ultramar del basalto de la noche.
Pienso en el cierzo como una animalito caminando hacia el centro
De la luna creciente de la puerta de golpe del asombro.
Pienso, sin embargo, con estos ojos fatigados en el crisantemo
De la fábula, en las señales despeinadas que deja el diccionario.
Pienso, sin embargo, en las escaleras al filo de los adoquines:
—Algo queda, después de todo, —aunque sean— pedacitos de piscucha
En la memoria, —fragmentos de neblina en el cuaderno…
Barataria, 28.V.2010

domingo, 13 de junio de 2010

REBOTIGA ÍNTIMA- poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

Reste ací, guardant recelós la memòria íntima del temps anat.
La casa de tova amb celler, el pedrís en la barraca de canyes i fang,
Els peixos daurats dels mànecs manila,
El tió a prop de l’hamaca, a mitja llum l’esquirol o la brisa tota,
Embriaga de verd, sense portes per a sentir vast les onades de les lluernes,
O el resplendor de una anona pujant a la boca.
Autor de la pintura: Nicolás de Lekuona







REBOTIGA ÍNTIMA
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó








Esta es la historia de mi vida,
dije, y tampoco era. Escribo y callo.
BLAS DE OTERO








Reste ací, guardant recelós la memòria íntima del temps anat.
La casa de tova amb celler, el pedrís en la barraca de canyes i fang,
Els peixos daurats dels mànecs manila,
El tió a prop de l’hamaca, a mitja llum l’esquirol o la brisa tota,
Embriaga de verd, sense portes per a sentir vast les onades de les lluernes,
O el resplendor de una anona pujant a la boca.
Sempre s’aspira a restar-hi amb la canella dels records:
—aqueix esbufec desvetlat del riu vital, el feliç instant del jade,
La timidesa del gos domèstic llepant les mans,
La remor màgica de la nit que es vist en el camp, junt a tots
Els animals que busquen el seu amagatall.
Hui estranye la brasa de la infantesa en la meua boca: —en acabant la presó
Joiosa dels amors primerencs,
El primer viatge en tren d’Aguilares a Guarnecia respirant les garrotxes,
Els blaus i verds com un timbal en les ninetes.
El naixement dels somnis, —abelles en desbandada sobre aquells
Estranys indrets, espectres filials, sense relleu, de la meua sang.
Aleshores m’enjogassava atrapant el sol en les pàgines del Sil·labari.
Aqueix que hui deixà de ser séquia amplificada.
En aqueix lapsus d’anar i tornar de l’escola tallava amb la punta
De la meua llapissera, l’himne de les campanetes morades
Per a fer vaixells de pètals al meu quadern.
Tots els dies el camí era un batec de finestres. I, des d’ací,
Llenguatge, fènix del peix que sóc llançat a l’horitzó.
Ocell en la tovalloleta de l’alfabet.
L’escola em deixà encallat en l’entrecella de cert dialecte que mai
Fins hui no he entés: —em llevà ales i llum i em cobrí el pit
Amb una pell estranya,
Em donà allò seu: l’algeps rígid del rovell, la illetrada pissarra
Del cosset, els plecs rugats de la brisa,
Les setmanes descalces dels ocells,
I un aparador de píndoles per a ancians.
I tanmateix, li concedí el benefici del dubte al sos de la botella
Tirada al mar, al reixat amb espines davant de les meues ninetes,
A la set que mai no ha mancat a la cambra de la meua ànima,
A les sabates fosques, desgastades, pel paviment.
reste ací, amb el cresol a les mans, repassant la lliçó
Entre el solc amb molsa de l’edat,
En un altre litoral amb sucre, en un altre núvol sense crits inquisidors.
Baratària, 06.VI.2010








TRASTIENDA ÍNTIMA








Esta es la historia de mi vida, dije,
y tampoco era. Escribo y callo.
BLAS DE OTERO








Me quedo aquí, guardando en recelo, la memoria íntima del tiempo ido.
La casa de adobe con tabanco, el poyetón en la choza de bahareque,
Los peces dorados de los mangos manila,
El tizón cerca de la hamaca, a media luz la ardilla o la brisa toda,
Ebria de verde, sin puertas para sentir vasto el oleaje de las luciérnagas,
O el resplandor de una anona subiendo a la boca.
Siempre uno aspira a quedarse con la canela de los recuerdos:
—ese resuello desvelado del río vital, el feliz instante del jade,
La timidez del perro doméstico lamiendo las manos,
El murmullo mágico de la noche que se viste en el campo, junto a todos
Los animales que buscan su escondite.
Hoy extraño la brasa de la infancia en mi boca: —luego la prisión
Gozosa de los amores tempranos,
El primer viaje en tren de Aguilares a Guarnecia respirando los breñales,
Los azules y verdes como un tambor en las pupilas.
El nacimiento de los sueños, —abejas en desbandada sobre aquellos
Extraños lugares, espectros filiales, sin relevo, de mi sangre.
Entonces me entretenía atrapando el sol en las páginas del Silabario.
Ese que hoy dejó de ser acequia amplificada.
En ese lapsus de ir y regresar de la escuela cortaba con la punta
De mi lápiz, el himno de las campánulas moradas
Para hacer barcos de pétalos en mi cuaderno.
Todos los días el camino era un latido de ventanas. Y, desde ahí,
Lenguaje, fénix del pez que soy lanzado al horizonte.
Pájaro en la servilleta del alfabeto.
La escuela me dejó varado en el entrecejo de cierto dialecto que nunca
Hasta hoy he entendido: —me quitó alas y luz y me cubrió el pecho
Con una piel extraña,
Me dio lo suyo: el yeso rígido de la herrumbre, la iletrada pizarra
Del corpiño, los pliegues arrugados de la brisa,
Las semanas descalzas de los pájaros,
Y una vitrina de píldoras para ancianos.
Y sin embargo, le concedí el beneficio de la duda al sos de la botella
Tirada al mar, a la verja con espinas frente a mis pupilas,
A la sed que nunca ha faltado en la habitación de mi alma,
A los zapatos oscuros, desgastados, por el pavimento.
Me quedó aquí, con el candil en las manos, repasando la lección
Entre el surco con musgo de la edad,
En otro litoral con azúcar, en otra nube sin gritos inquisidores.
Barataria, 06.VI.2010

viernes, 11 de junio de 2010

ESPERANZA SILENCIOSA

Un vaso con agua no es suficiente para empapar las esponjas del sueño.
Ni tampoco los ángeles —que son efímeros—permanecen tanto tiempo
En el temblor de la almohada.
La Esperanza baila, a menudo, en medio de un Circo Romano.
Autor de la fotografía: José María Palomo Fuente








ESPERANZA SILENCIOSA








En esta maraña de días infinitos y noches interminables
Sólo el abismo nos queda como alternativa
A la monotonía de la confusión
FERNANDO PALENZUELA








Un vaso con agua no es suficiente para empapar las esponjas del sueño.
Ni tampoco los ángeles —que son efímeros—permanecen tanto tiempo
En el temblor de la almohada.
La Esperanza baila, a menudo, en medio de un Circo Romano.
¿Dónde están las gaviotas, los colores, el fuego?
—Entre aguas oscuras, el reloj muerde la sonrisa. Embiste la gravedad
De la piedra. Los fantasmas extremos del martirio, el absceso maduro
En la lengua, la flecha ciega de la lengua
Sobre el tejado de la aurora. —Aún así, espero que el juego del frío
No ascienda ni lama el horizonte.
Los jinetes se deslizan como los murciélagos.
Hay un derroche de pasión viciada en la respiración de las ventanas,
En el armario donde se respira el aire.
De pronto pueden más los anzuelos que el cielo. El olor va hacia la noche,
Al retablo del revés, y no al tizón de la almohada,
Donde uno procura ser el arquero feliz.
Uno desearía ser la cuchara del rocío, la espuma blanca, sin residuos
Del mar, la ventana a la altura del pecho y las pupilas;
Pero la noche es tan próxima como la sal, lechuza gris bebiendo
El celofán verde de las palabras.
Robar los colores del arco iris en más fácil que retorcer los hilos
De la humedad de los relojes, la sonrisa atrapada en las encías,
La esquina de las piedras en la respiración de la mesa, el acantilado
De los pañuelos, o el aguacero de la tinta sobre el papel de la sábana.
—De pronto buscamos días enteros sin placenta.
Nos encontramos con el reojo de los acantilados, o la lectura inapresable
De los símbolos en el cancel difuso de los agujeros.
Uno no sabe si morder el aceite del silencio, densos ríos de ahogo,
O hacerle tic tac reverente a la Esperanza que nos abraza y nos niega,
Alcatraz abismal, denso, de la arena en el sueño de las ventanas.
Dura esta sensación de monedas, cuando la mariposa circular se posa
Sobre las paredes y extiende su radar oscuro.
La rotación silenciosa del oleaje es una sucesiva cara de nieblas.
Nos devora la mañana, el mediodía y la noche,
Los tropezones que hurgan la sangre,
El péndulo desinflado de los bolsones, el humo comestible de las larvas,
El cometa de corales en el fósforo,
Y el murciélago del trueno que cae en los ojos.
Silenciosa, la esperanza, se torna hollín en el entrecejo…
Barataria, 04.VI.2010

miércoles, 9 de junio de 2010

ECO DEL HOLLÍN

Muerde en pedazos el prisma de la transparencia. Provoca oleajes
Grises, las manos hundidas en el tabanco de la yesca,
El ahumado párpado de las esquinas, el zodíaco comestible
De los fantasmas, la transpiración oculta de las tijeras, en el tatuaje
Resbaladizo de las cáscaras, sótano arriba los bolsones de los ojos...
Pintura del maestro Francis Picabia








ECO DEL HOLLÍN








ESCUPO sanguinarios bosques fusilados
por mi boca seca de canguro abortado,
donde cayó el crimen supremo de las victorias
con todo su espesor de muchedumbre triturada.
MIGUEL LABORDETA








Muerde en pedazos el prisma de la transparencia. Provoca oleajes
Grises, las manos hundidas en el tabanco de la yesca,
El ahumado párpado de las esquinas, el zodíaco comestible
De los fantasmas, la transpiración oculta de las tijeras, en el tatuaje
Resbaladizo de las cáscaras, sótano arriba los bolsones de los ojos
Con el planeta negro de la embriaguez de la garganta.
Hay ecos y respiraciones de niebla, ombligos de hollín carcelario
Que no llegan a molinos de viento, ni teogonías, ni Homeros, ni Hesíodos,
Ni druidas con ninfas y hadas, ni Plutarcos,
Ni duendes con incienso y sándalo,
Ni solsticios de escatológicos conjuros,
Ni jarchas con el nacimiento Venus, con el retorno de Telémaco,
Ni Proserpinas en la cuna de Afrodita, picoteada por la fecha de la espiga.
Ni Dafne en la herradura de los cántaros.
Grano de guitarra en medio del germen oscuro de los antojos.
Todo es hollín en la campana muerta del reverso. —en la botija del dedo
Índice del azogue, árbol tiznado el aliento del manotazo,
La cárcava central de los sombreros, el escuadrón de roedores
Alrededor de ese sosiego impasible, hierático fuego de la respiración.
En la puerta de una limosna está la simplicidad de la sabiduría:
—Quizá la luz, los colores, de lo inaudible.
El mismo torrente que nos palpa. El rostro de la precariedad.
La fascinación del disfraz indescifrable. El espejo merodeador
Del desarraigo. Esos brazos de vidrio que nunca llegan a espejo feliz.
A cada día le damos un ojo diferente: —el ojo que escarba las astillas
Del relieve, el huracanado, escindido rostro del vinagre. La esfera de nunca
Concluir de los roedores, laberinto amortajado del lenguaje.
De cierto hay tantos ecos como hambre. Hay tantas ventanas desde
La oquedad, gotas de hidrocefalia sin memoria. Aguas de sexo ahuecado,
En la campana sorda de la proa cuadriculada
Por el buitre que descansa en las sienes.
El hollín es la reuma de estos días feroces, ascua carcelaria de la luna
Que no cabe entre las manos.
Después de todo tiembla como una pluma en el aire. El teatro cósmico
De la carcajada, donde por cierto, no hay cuentos de hadas.
Ni respiración chispeante de olas,
Ni puentes, ni fósforos, ni trenes, ni cofres con tejados blancos,
Ni botones en la azotea de los ojales.
Después de todo, a cada hora ascendemos, nos paramos, nos dormimos
En la sábana de hollín que no quieren los ángeles.
Barataria, 03.VI.2010

martes, 8 de junio de 2010

HONDURA DE LA SOMRA

Es el propio ser deambulando entre guijarros. La medianoche entera
En el cuaderno. El talismán oscuro de la esfinge sobre la colilla
Del trasluz, —esa que, en sigilo, se torna ceniza pulsante.
La noche nos come el habitado jardín de las ventanas: tocamos tierra
En el cráneo de la duda.
Pintura del maestro Francis Picabia







HONDURA DE LA SOMRA







Vivo en el mundo de los sueños y no del mundo de lo que sueño
De lo que me sueña se alimenta mi porción angélica
JOSÉ ALVAREZ BARAGAÑO







Es el propio ser deambulando entre guijarros. La medianoche entera
En el cuaderno. El talismán oscuro de la esfinge sobre la colilla
Del trasluz, —esa que, en sigilo, se torna ceniza pulsante.
La noche nos come el habitado jardín de las ventanas: tocamos tierra
En el cráneo de la duda.
Ahí el horizonte sangra su azúcar evasiva, la prueba más profunda
De la sal en los brazos, el ojo que nos lanza a la memoria,
Sin un amuleto para escuchar el ojo masticado del espejo.
En los cajones de la sombra la hondura es profunda:
Cansan las rodillas aferradas a las puertas. La locura que no pregunta
Por el tiempo. La ceniza del amor transpirada en la camisa.
Ahora me toca mirar el sueño desde arriba, hacia el pozo donde las raíces
Son sábana y cama y ducha de ojos suplicantes.
Me aferro al impulso de las persianas y salgo a flote.
Debajo de los zapatos avanza la respiración.
Túneles y mausoleos y peceras y cielos quebradizos. Fango ahí el miedo,
La otra voz hundiéndome en la sombra, —el fantasma que soy
Entre los vivos: la tiza que me huye de la mano,
El viento que abre las cortinas y se adentra en la sangre, el carbón
De la sombra en la lengua,
Hacia la mariposa inversa del cielo.
Abajo pleno invierno de tierra y sin trinos. Sólo la manía de mirar
Fijamente lo que tiene de irreal el sueño de cada día.
La noche parece una sombra de líneas trazadas sobre mi identidad.
Botellas irrompibles en el gris de las semillas.
Oruga pellizcada por los cojines geométricos de los pañuelos.
—No hay atenuantes para este fuego debajo de la mesa.
Para esta respiración de la hoja inaudible. Para el ala dejada sin escalera.
Un peldaño y otro parpadean en lo inmóvil.
Una cáscara con dudosos insectos arde en el anticuario de las sombras.
No sé si la noche aguanta con los estornudos de las baldosas,
—con todos esos papeles que yacen desnudos en mi memoria y cuentan
El fuego carcomido por tantos alfileres.
La voz en la sombra es honda: —hondo el sonido ciego de las estatuas,
Honda la paciencia del tejado,
Hondo el aullido circular de los ángeles, las respuestas de los sapos
Oscurecidos, la sucesión borrosa de la sonrisa.
Honda el agua del anca en donde cabalgo. —honda la piel clavada
En mis sienes, el pez masticado lentamente por la medianoche…
Barataria, 31.V.2010

lunes, 7 de junio de 2010

PRIMERA CLARIDAD

Fue entonces el fuego difuso de la lluvia. El amaranto de las banderas,
Los caracoles devorados por los remos: —la lluvia elemental del musgo
Como un imán limpio de caballitos de mar.
Busqué en el libro del ápice la ojeada de la esfinge, la catacumba
De los capítulos, los barquitos de papel congelados en las nubes, ese otro
Reino sin las coordinadas del averno, sin el disparo del relámpago, orfebre
De cruces y ojos siniestros.
Pintura del maestro Francis Picabia








PRIMERA CLARIDAD







Me voy a morir contento en lo mío muy fructificado
A la fuerza lo obtuve en medio de los varios terrores
Decir lo contrario a lo exacto es como mentir en seco
JORGE VALDÉS RAMOS







Fue entonces el fuego difuso de la lluvia. El amaranto de las banderas,
Los caracoles devorados por los remos: —la lluvia elemental del musgo
Como un imán limpio de caballitos de mar.
Busqué en el libro del ápice la ojeada de la esfinge, la catacumba
De los capítulos, los barquitos de papel congelados en las nubes, ese otro
Reino sin las coordinadas del averno, sin el disparo del relámpago, orfebre
De cruces y ojos siniestros.
Mientras atesoro las monedas del agua, en el bajorrelieve de la almohada,
El arte con los huesos se vuelve una proeza bestial: hay quien
Los Colecciona como un firmamento derretido.
Yo simplemente aparto las sombras del tejado: el sollozo del cielo
Con su menguado pubis de ventanas, con su ombligo encandilado: isla
U oasis, plaza, casa, del barco de mis sienes.
—Vos rompés el papel celofán de mi historia: le ponés nombres
Al cuentagotas del candil o a la vela que derrite la sed escarpada
De los sueños. Mojás el alfabeto con azúcar. Mordés la primera luz del alba
Con tu boca de lámpara.
Sólo la abertura del ojo hace posible el ala de lo respirable:
—El oficio del poema es así, saeta o paraíso entre migajas. Centelleo
De la duda en las sienes. Quizá mantel puntual de la harina.
Quizá cántaro donde guardo las libélulas, el temporal extremo del semen
La brisa del orgasmo que no cesa como los peces en el cañaveral del mar.
No cuento ya la barba de ceniza de los siglos:
El sudor ha ido cada vez, arreciando las aguas, gladiador de escapularios
Con una desnudez de bosque empedernida. Con un silbido de poros.
En el espacio derretido se puede jugar al alba, a los pinceles fermentados,
Al oleaje memorioso de la cama
Teniendo a la mano el paracaídas de las mariposas, el pájaro de vidrio
Que nos muestra el apagón rehecho del agua en los muslos.
Puesto que la mañana, exprime las sombras y los rastros, sólo queda,
—En este terraplén del calendario—, lavar la creciente baba de la duda,
Que es a fin de cuentas, memoria solitaria.
Esa pócima de olor de las palabras, —el yeso en ascenso de la postrimería,
La piel digital de la transparencia.
Ahora, —claro— puedo deambular con las manos en el bolsillo
Del cielo, sin enmudecer la espiral del minuto, pues que todo está
Desvelado: el brasero de tu piel, los párpados del vértigo, el granizo
Rojo de la clarividencia, la ebullición de los sombreros.
Por suerte, ahí, del sahumerio, saltaron las cucharas de la poesía
Y este trueno memorable de zurcir el polen…
Barataria, 30.IV.2010

domingo, 6 de junio de 2010

SEGURA SOMBRA

Segura sombra el lecho insomne de la nostalgia. Los cuerpos
Disfrazados de musgo. Las fechas sin nombres, más que el cielo
Apagado de las lápidas en su memoria de invariable ficción.
El ahogo nos lleva con su irrefutable realidad, hacia el ceño
Duro del granito, —hacia la concavidad del tacto sin puertas,
Donde nunca es posible el orgasmo inequívoco de los párpados.
Deletreo el alfabeto en el lado oscuro de las alas.
Fotografía del maestro Francisco Picabia









SEGURA SOMBRA








He logrado descifrar el delirio de los cristales
Las hormigas enmascaradas anhelan el incendio de las estatuas
Y un clima de alambre donde se desgarra el monarca
Al polvo despiadado sobre los andamios de la fatiga
Al conjuro de las espinas al veneno en las flautas
Opongo los mitos del sueño los peces en el follaje
JOSÉ ANTONIO ARCOCHA







Segura sombra el lecho insomne de la nostalgia. Los cuerpos
Disfrazados de musgo. Las fechas sin nombres, más que el cielo
Apagado de las lápidas en su memoria de invariable ficción.
El ahogo nos lleva con su irrefutable realidad, hacia el ceño
Duro del granito, —hacia la concavidad del tacto sin puertas,
Donde nunca es posible el orgasmo inequívoco de los párpados.
Deletreo el alfabeto en el lado oscuro de las alas.
Muerde el ciempiés enajenado de la saliva.
En la garanta hay más paisajes silenciados que todos los sinos
Congregados en la sábana del granito.
La vida es ese elástico tendido dentro de un vaso de agua.
—De vez en cuando el agua sale galopando de los techos.
El tiempo cabe con su vértigo, en las uñas de mis dedos. Olvido decir,
Que la locura es una cigüeña con muchos partos sobre la tierra.
Y claro, en orgía nacemos de esa historia con espumas, con sales,
Vinagres y antípodas.
Por suerte, es una fortuna no perder el equilibrio en la caída libre
De los puertos, o besar el puñal del viento,
Cuando corta con absoluta pericia las alambradas del pecho.
Uno confía en el año bisiesto de la resignación, pero la sombra o el sueño
Tienen límites, la luna del insomnio tendida en las piedras,
El bajo altar creciente de la geometría, los escalpelos del bostezo,
Las nueve leguas insondables del ahogo.
La palabra última será la sombra en mi boca, —balcón de la otredad
Sin el disimulo de las cortinas en las ventanas,
Sin la enredadera escapándose de las mochetas. Las palabras que busco
Rompen la niebla, la vidriera doméstica de la niebla,
Quizá la sospecha de dibujar la mancha de tinta en la hoja de papel,
O en el cuaderno de la nada del pecho.
Cierto es el tropel en cinta de la lejanía. La sien del júbilo de la aguja
Y el camello, el matamoscas elástico de la lengua,
La fotografía del futuro con los ojos cerrados.
De cierto, la sombra cabe en la cuenca de mis ojos, —sombreros dentro
De un cráter, hilera de sonrisas en la lava de una inmensa soledad.
Cierto. El horizonte muele las sombras. Las muchas sombras
Del invierno en los hombros, el metal del agua en las ventanas
Desquiciadas. Las ramas de la ceniza extendida sin descifrar puertas.
Cierto. Nada queda cuando la librería del follaje, exhausta,
Claudica en las botellas del aire…
Barataria, 27.V.2010

viernes, 4 de junio de 2010

AÚN NO ES EL FIN DEL MUNDO Y LA LUZ SE APAGA-

Aún no es el fin del mundo y la luz se apaga desde el fango.
No hay eternidad en las guitarras, ni en el trabajo fragmentado de las luciérnagas,
Salvo que la fugacidad deje de ser incendio.
Salvo que los crucifijos se tornen, diestros, en los corazones
.
Pintura del maestro Francis Picabia









AÚN NO ES EL FIN DEL MUNDO Y LA LUZ SE APAGA








¡…desconocidos horizontes
que subterráneamente se alargan en nosotros
distantes de las zonas de luz del pensamiento!
LUIS PALÉS MATOS







Aún no es el fin del mundo y la luz se apaga desde el fango.
No hay eternidad en las guitarras, ni en el trabajo fragmentado de las luciérnagas,
Salvo que la fugacidad deje de ser incendio.
Salvo que los crucifijos se tornen, diestros, en los corazones.
El sol tiene esa risa desencajada de los féretros. La duda no limpia
Las bibliotecas ni los periódicos, ni el girasol que acaricia los pezones
Del sueño, ni el gesto del guante sobre la luz.
El hombre agoniza cubierto de ponzoña y no de lámparas.
De pronto dan ganas de cantar el ángelus y roer los portales amargos
De la agonía y afirmar la humedad hedionda del planeta.
Hay días de gruesa inutilidad. Suena oscuro el teléfono en los hospitales.
—¿Dónde está el surco sin habitaciones de moho?
El vértigo rompe la boca de los relojes. Los gusanos están a la carta,
Noche sin sofá acostumbrada a las cuclillas.
Cada vez es más incierto el espejo sobre el suelo.
Bajan, suben, ramificadas las aguas. Incesante el laberinto del abrazo,
La coz sobre las sienes, las termitas en el pecho, el ventarrón
De murciélagos sobre el tejado.
En una noche nos volvimos carnada del anzuelo.
En una noche la brasa reclama nuestra agonía. Agonía del tiempo
Dibujado en lo humano. Nacemos en el declive de Homero.
En el sordo hueco de lo moderno, calcinadas aguas del mismo dolor
De antes. Hay quien dude o arrecie esta maquinaria sin raíces,
—despertamos con la sangre indefensa: intensos cuartos con basura,
Y sin embargo nadie se quita la salpicadura de las moscas,
El montículo amasado de la carne,
El odio hacia la transparencia.
Vivimos días de frío pese al calentamiento global. Nudos tensos
De candiles hollinosos. Humo en los dientes de la noche. Caóticos
Soles del espectro. El mundo es una lámpara que flota en las arenas
Movedizas del paredón de los fusilamientos.
Aterra el crepúsculo para los que leen con los ojos abiertos.
Siglos del mismo polvo y ráfaga. Rostros quemados en el mismo camino.
Quizá nunca llegue como una granada la paz a los hombres.
Quizá la sabiduría fue siempre feroz hocico.
—¿Qué herencia dejaremos aparte de los manifiestos? —Vestigios, no sé
Si quepan en las verdades, en cada celda de la historia, en cada peldaño
Del rocío, en cada poyetón sin el embuste de la ceniza.
Aún no es el fin del mundo y la luz se apaga…
Barataria, 25.V.2010

jueves, 3 de junio de 2010

ACÍ ON ELS OCELLS ALLARGUEN ELS SEUS BRAÇOS-poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

És necessari donar prioritat a la sordesa dels monòlegs mentre
L’ombra del jo es l’únic interlocutor possible.
Entre un abisme i un altre abisme, els camins són erràtics:
Quan els gestos es tornen de pedra, toca fer un dic
Amb els braços.
Pintura del maestro WassilyKandinsky









ACÍ ON ELS OCELLS ALLARGUEN ELS SEUS BRAÇOS
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó








En los huracanes y la tempestad de la luz
que provocan el naufragio de los ojos…
NANOS VALAORITIS








És necessari donar prioritat a la sordesa dels monòlegs mentre
L’ombra del jo es l’únic interlocutor possible.
Entre un abisme i un altre abisme, els camins són erràtics:
Quan els gestos es tornen de pedra, toca fer un dic
Amb els braços.
Viure per a morir o a l’inrevés fa la possibilitat de l’ascetisme.
L’únic regne atribolat que conec és el dels jeroglífics;
L’altre, —en què vivim—, és de penes un coitus interruptus.
En menjar la poma sorgeix la llum de tots els desballestaments;
Altrament, no s’explica la superpoblació dels automatismes.
En l’entropessada de les rajoles,
La punta de les sabates fa el seu mateix grafiti.
Tot el món parla quan l’arbre està caigut. No hi ha qui li done
La mà al tímid, com no siga per a afonar-lo en el seu mateix ofec.
És convenient riure’s de tot, llevat dels ocells nàufrags del buit.
Sempre hi ha algú que ens vol furtar la tranquil·litat,
Sovint sense respectar els dies de guardar.
Per això és preferible viure en un litoral de desequilibris, en un racó
De l’ombra, fent senyals de fum. O en el paral·lel redó
De les aigües fondes de l’oceà.
“El colp de la paella, encara que no dolga, unta”.
Pitjor encara: “Déu ens guard d’etcètera d’escrivà i del quid pro
Quo d’apotecari”
, car el seu boçal ens penja.
Per a guarir la ferida és necessari buscar un hostalatge: la boca parla
Quan la raó es perd. Besllum fosc la llengua en el seu anonimat.
Amb mi l’eco de l’ala sense tortura. No la lloança que, com diu el dit
A tots abasta. Ens fa falta viure des de dins la llum,
Per bé que fugint de la pols, es trobe amb el llot. Tot és relatiu en l’ombra.
El mateix aire com lliçó del dia.
El mateix dibuix d’un mateix devorat per trafegades espessors.
Per això reste ací, on els ocells allarguen els seus braços:
—el tràngol sense hipoteques,
El silenci sense ares, el niu sense guacalxies,
L’aire sense saliva corcada, el riu verbal de les venes sense caretes.
Per això reste ací, fins a morir y “done allò que tinc que per això no dec
Res”.
Done els meus desvetlaments i les meues sabates: el somni sinòptic de l’esperança,
La palpebra de la tendresa en el vol,
Aquest altre món solitari, però obert als somnis…
Baratària, V.2010









AHÍ DONDE LOS PÁJAROS ALARGAN SUS BRAZOS









En los huracanes y la tempestad de la luz
que provocan el naufragio de los ojos…
NANOS VALAORITIS








Hay que darle prioridad a la sordera de los monólogos mientras
La sombra del yo es el único interlocutor posible.
Entre un abismo y otro abismo, los caminos son erráticos:
Cuando los gestos se tornan de piedra, hay que hacer un dique
Con los brazos.
Vivir para morir o a la inversa hace la posibilidad del ascetismo.
El único reino atribulado que conozco es el de los jeroglíficos;
El otro, —en el que vivimos—, es apenas un coitus interruptus.
Al comer la manzana surge la luz de todos los desquiciamientos;
De otra manera, no se explica la superpoblación de los automatismos.
En el traspiés de las baldosas,
La punta de los zapatos hace su propio grafiti.
Todo mundo habla cuando el árbol está caído. No hay quien le de
La mano al tímido, si no es para hundirlo en su propio ahogo.
Hay que reírse de todo menos de los pájaros náufragos del vacío.
Siempre hay alguien que le quiere robar la tranquilidad a uno,
A menudo sin respetar los días de guardar.
Por eso es preferible vivir en un litoral de desequilibrios, en un rincón
De la sombra, haciendo señales de humo. O en el paralelo redondo
De las aguas profundas del océano.
“El golpe de la sartén, aunque no duela, tizna”.
Peor todavía: “Guárdenos Dios de etcétera de escribano y del quid pro
Quo de boticario”
, pues su bozal nos ahorca.
Para curar la herida hay que buscar un hospedaje: la boca habla
Cuando la razón se pierde. Destello oscuro la lengua en su anonimato.
Conmigo el eco del ala sin tortura. No la alabanza que, como dice el dicho
A todos alcanza. Nos hace falta vivir desde adentro la luz,
Aunque huyendo del polvo, se dé con el lodo. Todo es relativo en la sombra.
El propio aire como lección del día.
El propio dibujo de uno mismo devorado por trasegadas espesuras.
Por eso me quedo ahí, donde los pájaros alargan sus brazos:
—el trance sin hipotecas,
El silencio sin altares, el nido sin guacalchías,
El aire sin saliva carcomida, el río verbal de las venas sin máscaras.
Por eso me quedo aquí, hasta morir y “doy lo que tengo que por eso no debo
Nada”.
Doy mis desvelos y mis zapatos: el sueño sinóptico de la esperanza,
El párpado de la ternura en el vuelo,
Este otro mundo solitario, pero abierto a los sueños…
Barataria, 22. V.2010

miércoles, 2 de junio de 2010

DURADA DE L’ESPERA-poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

No sé si els mesos ultrapassen les barreres del temps. Les minúcies
De la vesprada en el rellotge redó de l’espera. Les paraules espontànies.
Al cap i a la fi en cada cantó hi ha cortines de molsa enrarida.
Les pedres excedeixen qualsevol senyal de costum.
Pintura del maestro Amadeo Modigliani









DURADA DE L’ESPERA
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó








Estás aquí donde mi corazón pretende comprender,
donde la cruz se inclina, cae, me entierra,…
LOURDES GONZÁLEZ









No sé si els mesos ultrapassen les barreres del temps. Les minúcies
De la vesprada en el rellotge redó de l’espera. Les paraules espontànies.
Al cap i a la fi en cada cantó hi ha cortines de molsa enrarida.
Les pedres excedeixen qualsevol senyal de costum.
Serpents d’incertesa foraden la pell. Valises pròdigues de l’ànsia.
La vigília és la prova dels insectes terminals de l’equilibri.
De sobte una fotografia és passat perpetu dels records, i els ecos.
Altrament no tindrien existència els retorns,
Ni l’Esperança,
Ni l’emparament que necessita de talismans certs. De robes de llit verdes
Pregant la respiració del fullatge.
No sé si aquest joc arribarà a ser parrac, pol·lució de més túnels,
O cec teler de les ninetes. O nit de fum inalterable.
—El calendari guarda confuses cambres: ací on hi ha ferralla,
La claror s’ha rovellat.
Ací on escriví noms, ara supose, és possible la profanació.
Però sóc ací, com aquelles febres de l’or, confós en el meu mateix
Vertigen: els peus inflats coneixen el destí.
Aquesta terra que ja no és de ningú ni alberg segur. Aquest temps
Cec a la paret, —cripta on jau tota la ferida del cel.
No sé si em convertí en aqueixos ostatges de somnis: en la canícula incerta
Del desig, en la callada baldada dels quaderns.
Allò cert és que la branca aquella del foc, ja precipitant-se fins a ser
Cendra. Fins a ser aquest territori de genolls cansats.
De sobte pregunte als espills i robers i a la golfa entumida,
Per aqueix álbum trencat, incert de la brasa en l’espera.
Cap pell no agonitza fora d’aquesta atalaia, d’aquest aparador
Embalsamat, d’aquesta condemnada ràfega dels alls.
D’aquest, —dic—, Fragment de pell ensagnat.
De tota manera, complesc amb la part que em correspon de la promesa:
Renove l’alé pàgina rere pàgina, sense esgotar l’escrit en la memòria.
—Un día seré lliure en cada travessia de les paràboles.
Un día tornarà la fulla i el so a aquest predi erm de l’enruna.
Un día potser parlarem de la necessitat de l’oblit, del segle del minut
Als porus, de tot aquest temps en suspens.
Tota espera es fa obscura en la polleguera de la porta.
A voltes obrim el quadern d’apunts de la nit per a res.
Al capdavall, visc per a morir de tant continuar morint.
O muir per a viure de tant continuar vivint.
Un dia abastirem el gual dels afluents: els cossos un a l’altre,
Sense arribar la vesprada. Tindrem l’escala crescuda de les branques,
I el regne que esborre aquest dèbit de la joia…
Baratària, 21.V.2010








DURACIÓN DE LA ESPERA








Estás aquí donde mi corazón pretende comprender,
donde la cruz se inclina, cae, me entierra,…
LOURDES GONZÁLEZ








No sé si los meses sobrepasan las barreras del tiempo. Las minucias
De la tarde en el reloj redondo de la espera. Las palabras espontáneas.
A fin de cuentas en cada esquina hay cortinas de musgo enrarecido.
Las piedras rebasan cualquier señal de costumbre.
Serpientes de incertidumbre horadan la piel. Valijas pródigas del ansia.
La vigilia es la prueba de los insectos terminales del equilibrio.
De pronto una fotografía es pasado perpetuo de los recuerdos, y los ecos.
De otro modo no tendrían existencia los retornos,
Ni la Esperanza,
Ni el amparo que necesita de talismanes ciertos. De cobijas verdes
Rogando la respiración del follaje.
No sé si este juego llegará a ser andrajo, polución de más túneles,
O ciego telar de las pupilas. O noche de humo inalterable.
—El calendario guarda confusas habitaciones: ahí donde hay chatarra,
La claridad se ha tornado herrumbre.
Ahí donde escribí nombres, ahora supongo, es posible la profanación.
Pero estoy aquí, como aquellas fiebres del oro, confundido en mi propio
Vértigo: los pies hinchados conocen el destino.
Esta tierra que ya no es de nadie ni albergue seguro. Este tiempo
Ciego en la pared, —cripta donde yace toda la herida del cielo.
No sé si me convertí en esos rehenes de sueños: en la canícula incierta
Del deseo, en el callado aldabón de los cuadernos.
Lo cierto es que la rama aquella del fuego, va precipitándose hasta ser
Ceniza. Hasta ser ese territorio de rodillas cansadas.
De pronto le pregunto a los espejos y roperos y al desván entumecido,
Por ese álbum roto, incierto de la brasa en la espera.
Ninguna piel agoniza fuera de esta atalaya, de este escaparate
Embalsamado, de esta condenada ráfaga de los ajos.
De este, —digo—, Fragmento de piel ensangrentado.
De todas formas, cumplo con la parte que me corresponde de la promesa:
Renuevo el aliento página tras página, sin agotar lo escrito en la memoria.
—Un día seré libre en cada travesía de las parábolas.
Un día volverá la hoja y el sonido a este predio baldío del escombro.
Un día quizá hablemos de la necesidad del olvido, del siglo del minuto
En los poros, de todo este tiempo en suspenso.
Toda espera se vuelve oscura en el quicio de la puerta.
A veces abrimos el cuaderno de apuntes de la noche para nada.
Después de todo, vivo para morir de tanto seguir muriendo.
O muero para vivir de tanto seguir viviendo.
Un día alcanzaremos el vado de los afluentes: los cuerpos uno al otro,
Sin llegar la tarde. Tendremos la escalera crecida de las ramas,
Y el reino que borre este débito de la alegría…
Barataria, 21.V.2010

martes, 1 de junio de 2010

QUADERN D’INSISTÈNCIES-poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó

La banyera insisteix en les randes de la intempèrie amb un raig de llum
Banyant les temples de l’horitzó. Fumeja cada centímetre d’alé.
Deveríem confiar en els quaderns del cerç o del fred
I no, justament, en les lletres tòrrides de la fullaraca.
Pintura del maestro Paukl Klee







QUADERN D’INSISTÈNCIES
poema d'André Cruchaga traduït al català per Pere Bessó







A veces encontrándose con un músculo enérgico una hoja
vuelve a salir poco a poco…
FRANCIS PONGE







La banyera insisteix en les randes de la intempèrie amb un raig de llum
Banyant les temples de l’horitzó. Fumeja cada centímetre d’alé.
Deveríem confiar en els quaderns del cerç o del fred
I no, justament, en les lletres tòrrides de la fullaraca.
A voltes és necessari insistir a les finestres, reclamar-les llum permanent,
Xiular al tren estàtic dels vitralls,
Buscar l’altra galta del clarobscur, el cresol de les fulles
Que es desprenen de l’ànima. —un riu mastegant les pròpies aixelles
De l’alé, les genives de cada teulat, el duc a la branca del pèl.
Els paraigües penjants de la cendra del cel, —Un riu ofegat
En l’angle obtús dels rellotges, en l’oblit que les aigües ofeguen
Al pit. Mai no hi ha un present fix als horaris.
A estones voldria sagnar en l’illa del meu pit. Nodrir-me del descens
De les fulles. Agafar-me de la humanitat arquejada de l’arc del cel.
L’únic cert en la llàgrima al quadern de la insistència:
La tempesta afina les queixes de l’alé
Aquesta deriva de ser nit de l’aroma entre el llavi encarcerat de la tomba.
Aquesta cessantia del blanc als llençols.
Aquesta càrcer frondosa de l’horitzó que colpeja com un mall.
Aquesta simetria del compàs en el breu paral·lel del riure.
Em toca andar a les palpentes buscant la permanència dels arrels;
Però pot més el gripau amb la seua llengua ancestral.
Pot més l’ergàstula del fum.
Pot més el clau gegant de la soledat. L’olla en bram de la follia.
La llum petita d’un casc vençut. El tapet de la sal damunt dels porus.
De sobte voldria incinerar la fantasia en un pot cec.
De sobte voldria lliurar-me al lent dubte de la foscor.
De sobte em done compte que la llum esborrà tota la foscor de l’alfabet
De semblant manera com la foscor ho fa amb el seu potent paraigües.
Fins quan les falses finestres vestides de claror, rosegons
D’Alka-Zeltzer al meu quadern, aspirines de tendresa sinistra?
—L’ensopiment es desencamina en el tast de les estrelles.
jo he sigut aqueix buscador perseverant de l’oblit a través de la insistència.
I no he trobat cap resposta, llevat dels reixats de filferro,
Llevat del naip repartit en ciutats invisibles.
jo he premut la llum en les meues mans com qui agafa entre les seues mans
La tempesta. El pa flotant del vent.
I no guarde res, llevat d’aquest poema on sagnen els rius…
Baratària, 18.V.2010







CUADERNO DE INSISTENCIAS








A veces encontrándose con un músculo enérgico una hoja
vuelve a salir poco a poco…
FRANCIS PONGE







La bañera insiste en los encajes de la intemperie con un chorro de luz
Bañando las sienes del horizonte. Humea cada centímetro de aliento.
Deberíamos confiar en los cuadernos del cierzo o del frío
Y no, precisamente, en las letras tórridas de la hojarasca.
A veces es necesario insistirle a las ventanas, reclamarles luz permanente,
Silbar al tren estático de los vitrales,
Buscar la otra mejilla del claroscuro, el candil de las hojas
Que se desprenden del alma. —uno ríe masticando las propias axilas
Del aliento, las encías de cada tejado, el búho en la rama del pelo.
Los paraguas colgantes de la ceniza del cielo, —Uno ríe ahogado
En el ángulo obtuso de los relojes, en el olvido que las aguas ahogan
En el pecho. Nunca hay un presente fijo en los horarios.
A ratos quisiera sangrar en la isla de mi pecho. Nutrirme del descenso
De las hojas. Agarrarme de la humanidad arqueada del arco iris.
Lo único cierto en la lágrima es el cuaderno de la insistencia:
La tormenta afina las quejas del aliento
Esta deriva de ser noche del aroma entre el labio encarcelado de la tumba.
Esta cesantía de lo blanco en las sábanas.
Esta cárcel frondosa del horizonte que golpea como una almádana.
Esta simetría del compás en el breve paralelo de la risa.
Me toca andar a tientas buscando la permanencia de las raíces;
Pero puede más el sapo con su lengua ancestral.
Puede más la ergástula del humo.
Puede más el clavo gigante de la soledad. La olla en brama de la locura.
La luz pequeña de un casco vencido. El tapete de la sal sobre los poros.
De pronto quisiera incinerar la fantasía en un bote ciego.
De pronto quisiera entregarme a la lenta duda de la oscuridad.
De pronto me doy cuenta que la luz borró toda la oscuridad del alfabeto
Igual que la oscuridad lo hace con su potente paraguas.
¿Hasta cuándo las falsas ventanas vestidas de claridad, mendrugos
De Alka-Zeltzer en mi cuaderno, aspirinas de ternura siniestra?
—La modorra se extravía en el sabor de las estrellas.
Yo he sido ese buscador perseverante del olvido a través de la insistencia.
Y no he encontrado respuestas, salvo las alambradas,
Salvo el naipe repartido en ciudades invisibles.
Yo he apretado la luz en mis manos como quien agarra entre sus manos
La tormenta. El pan flotante del viento.
Y no guardo nada, salvo este poema donde sangran los ríos…
Barataria, 18.V.2010