jueves, 30 de septiembre de 2010

QUEDA EL RASTROJO

Después de la lluvia en el rostro, queda el rastrojo. Nada diferente
Al tiempo perdido. Todo igual al día destruyéndose, zarza
En el entrecejo del vuelo.
Caminamos sin lámparas, ahí donde se pudre el pájaro implacable,
Astro líquido el pantano de estos días,
El color destemplado del desorden, los símbolos rotos del caballo
Milenario del galope. Sudamos el destino,...
Imagen de André Cruchaga







QUEDA EL RASTROJO






En la noche alguien pasea con mis ropas
Y las lleva puestas.
En la mañana observo en los zapatos barro fresco.
¿Quién tendrá un modo de andar parecido a mi andar?
MARIN SORESCU





Después de la lluvia en el rostro, queda el rastrojo. Nada diferente
Al tiempo perdido. Todo igual al día destruyéndose, zarza
En el entrecejo del vuelo.
Caminamos sin lámparas, ahí donde se pudre el pájaro implacable,
Astro líquido el pantano de estos días,
El color destemplado del desorden, los símbolos rotos del caballo
Milenario del galope. Sudamos el destino,
Tras el fogonazo de la respiración: hundimos la identidad en el libro
Del aire, la palabra agotada en el patio oscuro de las ventanas.
El patio de la memoria que carece de tierra limpia. Ahí se han acumulado
Los ecos del tren surgidos
En el desvelo de la medianoche, en la albarda de la hojarasca,
Acostumbrada a servirle de petate a la niebla enmascarada
Del tráfico humano. Ahí el confín de las equidistancias. Ahí el ser
En la piedra roja de su sangre, deteniéndose en la espuma
De las enredaderas. En cada espejo de su propia saliva amarga.
Después de cada batalla siempre quedan los rastrojos: el murmullo
De las conjeturas en la lengua,
La existencia iracunda de otros océanos,
Las manos anochecidas del resumen de la tinta,
La herrumbre a quemarropa de las temperaturas. Los pétalos caídos
De la urgencia.
De pronto necesitamos una escoba para transparentar las ventanas.
Necesitamos el reloj para limpiar las asonancias.
Abrimos en la pesquisa el ropero con su cronología invisible.
Mordemos el queso de la polilla que deambula en el mapamundi
De nuestra brújula hundida en la garganta.
Después de todo lavamos las puertas y la cama y las sábanas
Y las sienes y los encajes de la impudicia:
Soltamos el desuso de las manos,
Y dejamos baldíos los jinetes de los símbolos mesiánicos.
La historia de la conciencia siempre constituye un mundo aparte.
Al menos eso es lo que he aprendido en un mundo de acritudes
Siniestras. Nos desarma su bronquial laberinto. Nos descobija la cara.
Pero en fin, el orden no está en la simetría de las ventanas,
En el ombligo con ombligo de las colinas,
En la pólvora ideológica del conjuro, en el desagüe verbal de la esperma,
Ni siquiera en el mar subterráneo de la cópula,
Sino en el aprendizaje de los claroscuros, en el vello púbico desfogado,
En esa salida fosforescente del calendario. En la ducha de la entraña
Con todos los aceites de la certidumbre.
Aún así queda el rastrojo, esa almendra inventada en el sueño.
Ese sueño que se abre siempre al pensamiento.

Barataria, 28.IX.2010

martes, 28 de septiembre de 2010

COMO VOS, ENTRE MULTITUDES DESCONOCIDAS

Como vos, entre multitudes desconocidas. Tráfico. Espejos. Amaneceres
Inciertos. Estrellas por descubrir bajo la lluvia.
Asfaltos como la propia entraña.
Lluvia sin fin rompiendo las ventanas. Espuma. Neblina.
Te me pierdes en lugares que no conozco: escaleras inevitables
Colgadas de los aleros. Persianas de dudosa claridad.
Imagen de André Cruchaga







COMO VOS, ENTRE MULTITUDES DESCONOCIDAS






Construimos pájaros y soledades. Todo el rumor
del mar se calla. Y en los caracoles
guardamos a Peter Pan. La dorada flauta
que un día nos hundirá en el mar.
ÍTALO LÓPEZ VALLECILLOS






Como vos, entre multitudes desconocidas. Tráfico. Espejos. Amaneceres
Inciertos. Estrellas por descubrir bajo la lluvia.
Asfaltos como la propia entraña.
Lluvia sin fin rompiendo las ventanas. Espuma. Neblina.
Te me pierdes en lugares que no conozco: escaleras inevitables
Colgadas de los aleros. Persianas de dudosa claridad.
Manifiestos de transitorias acuarelas. Sueños invisibles entre zapatos
Torturados.
De nuevo, siempre, como vos, muerto al borde del acantilado.
Subterráneos. Ciudades perdidas.
Como vos, llora el absurdo de una armónica en Nueva Orleans.
En el arcoiris negro de Savannah,
En los símbolos de Otoño, ciudad también descubierta en la desnudez.
Como vos, el paraguas cerrado de la lluvia:
El violento papiro de los peces, la madera podrida de los balcones.
La polilla como un muro de granito.
El kerosene abandonado en la angustia. El mediodía en el asfalto.
Habitamos el atardecer oscuro de los periódicos:
A veces sin pupilas y sin huellas digitales. A veces hoja leve del labio
Que cae, lenta, sobre el agua hendida de las palabras.
Como vos, también yo pregunto por el hangar del zodíaco: desnudo,
Incierto como una mesa irreparable,
Vacío hasta el quejido del aliento, convulso y oscuro.
Entre la multitud nos volvemos sombríos, —pañuelos de arrugado
Color, lejos del propio pájaro que vive en nosotros.
En medio de calles que no entiendo su nomenclatura,
Los zapatos hundidos en el círculo de la ciudad, el subway del carraspeo,
Los rieles desbocados de la noche.
Como vos, mis manos mudas y transcurridas.
El ojo arrojado a los ecos del tráfico, sin la túnica del párpado.
Los pies gastados de llagas, mientras amanece al otro lado del mundo.
Los sueños amarillos, de arrepentimiento, de los focos disgregados
A lo largo de la ramazón de la lluvia y los recuerdos.
Nada nos falta ya, cuando estamos al borde de la locura:
Nada nos acerca entre peñascos y breña:
Nada nos devuelve la llama de la tortilla: somos hijos del vejamen.
Somos el ojo descuajado de tantas promesas incumplidas.
Como vos, la sal en las banderas de la sonrisa.
La piedra en su límite estalla. Como vos, la noche perenne
De los funerales. Como vos, el grito acumulado en el pecho.
Barataria, 27.IX.2010

lunes, 27 de septiembre de 2010

TE HABLO, VOS YA DESNUDA, SIN PALABRAS

Te hablo, vos ya desnuda, sin palabras, sin ropas, sin zapatos, sin bragas.
El aire de los pájaros voló hacia nosotros.
Asida estás a las luciérnagas del vértigo, a mis brazos de tierra,
Al hueco verde de mis manos.
No concibo de otra forma tus cabellos, sino enredados en mi saliva,
Cuerpo a cuerpo, absorbidos por el círculo umbilical.
Imágenes en blanco y negro







TE HABLO, VOS YA DESNUDA, SIN PALABRAS






Alargaba la mano y te tocaba.
Te tocaba: rozaba tu frontera,
el suave sitio donde tú terminas,…
ANTONIO GALA






Te hablo, vos ya desnuda, sin palabras, sin ropas, sin zapatos, sin bragas.
El aire de los pájaros voló hacia nosotros.
Asida estás a las luciérnagas del vértigo, a mis brazos de tierra,
Al hueco verde de mis manos.
No concibo de otra forma tus cabellos, sino enredados en mi saliva,
Cuerpo a cuerpo, absorbidos por el círculo umbilical.
Te vuelcas y mi voz se vuelve tinta. —sombra del azúcar sobre la cama.
Te untas de mi donde se pierde el calendario.
La lluvia abarca todo el universo de tu barco, —lluvia sin tiempo
Mojando tu respiración.
No me dejas alfabeto ni sintaxis en el camino.
Te inclinas alrededor de los susurros y lames el hallazgo del ascenso.
Al borde de la cama miramos ondeando las banderas del polen,
Las estrellas de la proeza y la fantasía,
La quema del esplendor a ritmo de olas,
La calidez del pantano, espeso de viento y horas. La entraña dilatada
Como la luz en los espejos.
Las semanas se internan en el sueño. Hondo cristal donde hundo
Mis raíces. Te pareces a una mañana con cierzo.
A la ventana con sus contornos confidentes.
Te cimbro, sentados, a la orilla del olvido. En el pétalo del petate.
En la piedra desvelada del jadeo. En este firmamento sin ropa.
Es así de simple cuando muerdes los sueños. Y desclavamos las paredes
Del pecho. Es así de simple cuando sajamos la tajuilla.
Dejamos, luego, que la ceniza líquida se evapore.
Que la caricia alcance la gracia del ala,
Que la memoria deshaga todos los años y solo quede el minuto.
Nada es más inocente que precipitarnos en la sed.
Bebernos. Desamueblarnos. Perder nuestra memoria. Hilvanar
En la piel otros orgasmos. Hundir el esperma sin pronunciar palabras.
Soltar la tormenta sobre el párpado de los litorales.
Montar el caballo hasta el límite del jadeo hasta copar el quejido
Del deshielo, —trance mayor del camino hecho.
Después todo vuelve a ser el vaso servido del eco, el mensaje
Intemporal del pálpito, el vicio de recordar dos sombras unidas,
—el calendario recorrido de pies a cabeza, hasta oscurecer de nuevo
En el presente con todos los naipes de la semana.
Después de todo, nuestra razón de ser siempre es la fuga:
Quebrarnos como dos vasijas compartidas. En el oasis terso del aullido.
Después de todo, te huelo en mi locura; me hundo en el galope
De tu oxígeno; toco el arpa hacia debajo de tus costillas
Y sin parar, ciego, me dejo guiar por la danza de tu vagina…
Barataria, 25.IX.2010

domingo, 26 de septiembre de 2010

NACIMIENTO DE LOS OJOS

Fue ya en la vida que el ojo avizoró el tiempo. Fue en el instante
En que la búsqueda se hizo necesaria.
La ventana solo ha sido la herida en la pupila. Del pecho a las rodillas
El espesor de las navajas, el silencio abierto al frío.
La vida se me volvió un Lázaro desde la almohada después de caminar
Lo necesario y reinventar las lejanías.
Imagen tomada de la red








NACIMIENTO DE LOS OJOS






…clara y alegre igual que una fanfarria
En la mañana chispeante,
Una quejosa nota, una insólita nota
Vacilante se escapó,
CHARLES BAUDELAIRE






Fue ya en la vida que el ojo avizoró el tiempo. Fue en el instante
En que la búsqueda se hizo necesaria.
La ventana solo ha sido la herida en la pupila. Del pecho a las rodillas
El espesor de las navajas, el silencio abierto al frío.
La vida se me volvió un Lázaro desde la almohada después de caminar
Lo necesario y reinventar las lejanías.
Aquel día, entre sombras inevitables, me nació el día. Me nació
La desnudez, el frío secular de los espejos.
En los ojos hubo mar y espuma y barcos y trenes y caballos.
Mi sombra desde el subsuelo a las páginas del viento.
En la conciencia, la soledad con su multiplicidad de silencios.
Los días impares de los litorales, los amantes lamiendo caracoles
Atrapados por sus manos, redes adentro, el dibujo de la tempestad.
Un día me nacieron los ojos:
Hasta entonces pude ver el pabilo tosco del candil,
El kerosene ahumando el tabanco,
El azúcar de los colores, la respiración a través del tacto de la lengua.
Pude ver entonces las sábanas derramadas en el suelo.
Pude ver entonces la vena rota de las pulgas
Y el perro lento de la sarna,
Con sus pies mordiendo las piedras.
Al séptimo día sonó la carne sus aguas corporales. El río ceñido
A los zapatos, la tierra adentro como una alfombra de manos.
—Al séptimo día, vos con tu piel perfumada: lugar donde el sol hunde
Sus dedos; vela domiciliar de mis anhelos.
Baúl donde el instinto desnuda sus páginas.
Rama opulenta de mi tránsito, a veces confundido como un transeúnte
En las esquinas del asfalto de una ciudad desconocida.
Al séptimo día se hicieron visibles los colores sobre el tejado:
El musgo bajó hasta las rodillas como un caballo
De relojes presurosos,
Como una cebolla con rodajas de caricias, como un molde hecho
Para mi cuerpo, como un libro de miel ensimismada.
Abriendo la puerta me nacieron los ojos.
Me nació el ala y el sobresalto. El arcoíris tuyo en cuerpo entero.
Todo ello contrasta con la lengua gris de los tranvías,
Con el paisaje detenido en los tapiales, con ese muro último,
Separando la mesa de los manteles.
Ahora veo la forma de las raíces del árbol: los peces sueltos subiendo
Al pecho, el aliento habitado por el infinito.
Las palabras como el murmullo de un río cercano…
Barataria, 25.IX.2010

sábado, 25 de septiembre de 2010

EBRIEDAD DE LAS SOMBRAS

Días de interminables sombras. Días con figuras de barro.
Días estériles. Días sin planeta.
Días escondidos en las manos.
Días sin trajes. Sin brazos. Sin trenes.
Días de fruncidas dudas.
Imagen tomada de la red







EBRIEDAD DE LAS SOMBRAS







El pobre carcelero se creía libre porque cerraba la reja, pero
a través de ti yo era innumerable.
RAFAEL CADENAS






Días de interminables sombras. Días con figuras de barro.
Días estériles. Días sin planeta.
Días escondidos en las manos.
Días sin trajes. Sin brazos. Sin trenes.
Días de fruncidas dudas.
Días congregados en las sombras.
Días de miméticos salvoconductos.
Días intensos como la basura y el polvo.
Días en el umbral de las espinas.
Días ahogados en la llaga poniente de las sienes.
Días congregados en la fatiga.
Días sordos como la hojarasca.
Días increíbles como los cuentos de hadas.
Días calcinados por la agonía de los crucifijos.
Días levantándose entre la sombra del humo.
Días con moscas, salpicados de herrumbre.
Días con espigas de sollozo.
Días de incongruente levitación.
Días alimentados con amaneceres sin mariposas.
Días artificiales como los juegos pirotécnicos.
Días que se parten como las aguas del mar negro.
Días con kilómetros de polvo.
Días sin lámparas.
Días sin hostias ni escaleras.
Días falsos como la apariencia de la neblina.
Días delgados como el hilo de la miel.
Días duros de masticar.
Días entregados a la muerte. Al agujero de la palidez.
Días de agónicas paredes.
Días de embrutecida saliva.
Días de temprano atardecer.
Días donde no se palpa nada.
Días donde jadea la náusea.
Días de ahogadas ventanas.
Días donde la sabiduría sufre de esclerosis múltiple.
Días imposibles de saciar la sed de la semana.
Días de increíble estallido.
Días de rabiosos presagios.
Días donde la piedras campean a diestra y siniestra.
Días con cárceles a la altura de las escaleras.
Días duros de tristeza.
Días, como vos, desvanecidos en los brazos.
Días retenidos en el miedo.
Días sin pinos, ni horas, ni cebiche.
Días a punto de abrir sus púas.
Días simplemente como sombras ebrias en este mar de la boca,
Donde los grises se entregan a la desnudez.

Barataria, 24.IX.2010

viernes, 24 de septiembre de 2010

VITRINA DEL ÉXTASIS

Es imposible no pensar ni cruzar las calles de tus poros, el prisma azul
De tu ombligo, el pétalo del vilano entre tus muslos de sonrisas.
Cada vez sos más necesaria en mi lengua: barco de mis torpes
Fantasías. Huracán estremecido del combate.
Mordés esta pupila encendida de esperma. Sube la espiga como una
Flecha hasta hundirse en el firmamento.
Fotografía: Daniel Bauer








VITRINA DEL ÉXTASIS






De la sombra guarda ella el perfume y la esencia.
Es como un sueño de los sentidos.
El día que la devuelve es todavía una noche.
LOUIS ARAGON








Es imposible no pensar ni cruzar las calles de tus poros, el prisma azul
De tu ombligo, el pétalo del vilano entre tus muslos de sonrisas.
Cada vez sos más necesaria en mi lengua: barco de mis torpes
Fantasías. Huracán estremecido del combate.
Mordés esta pupila encendida de esperma. Sube la espiga como una
Flecha hasta hundirse en el firmamento.
El tren de la saliva se derrama por todo el riel de la boca,
Hasta que la lluvia deshace la lluvia de las mordidas.
La música de pronto juega a los jardines. Esa música blanca del pirineo,
Del labio mayor ceñido a la huella digital.
Hay lunas interminables debajo de las sábanas, semillas, juguetes,
Mojando la risa.
Hay hojas suaves e himnos en las sombras. Un poema que sube hasta
La garganta. Un atajo de pájaros soltados en la boca.
Acercamos las distancias con los labios. El patio de la luz es ancho
En los labios mayores del cierzo.
Apoyamos nuestros cuerpos en las escaleras del éxtasis.
Es labor de poétalos comernos las horas. Subo al musgo, con toda
La combustión de los globos aerostáticos. Y ahí, qué altura y ternura
Reunidas en el brillo de la humedad floral.
Hasta el tejado llega la respiración con ecos repetidos, con ojos
De temeraria piel, con diluvios de sesenta noches derretidas.
La única compuerta que tenemos es el hambre.
Y la combustión subversiva de nuestras ansias verdes.
Si nos arrodillamos se caen las palabras. El planeta de los platos.
La ventaja que tenemos es que nos ahogamos, en el agua del azúcar,
En la ventana abollada del incendio. —En la profundidad de mi santa
Devoción. En el montoncito de sonidos de las esquinas.
De pie, buscamos la mesa de los secretos. O bajamos a buscar
Las piedritas del atrio sideral.
En el diván ya no necesitamos adjetivos derramados, salvo el queso
En la llanura de la Mancha, el sueño con el farol de araucaria.
Luego, me queda la memoria de cuando tenías veinte años:
Eran borbotones de llaves y racimos de lluvia, el fuego: Calle absoluta,
Sin escombros, esfinge furtiva del jade. No había códigos cifrados
Ni pesadillas, sólo la carroza llovida de la tinta.
Librábamos ofensivas entre las espacias. Jugar era como los jazmines
Del vecindario. Como la desvivida mecedora de la abuela.
Luego decidimos jubilarnos con dudosa ocupación: vos en los extraños
Oficios del marketing; yo, escribir con avidez mi último poema.
Barataria, 23.IX.2010

jueves, 23 de septiembre de 2010

ÍNSULAS EXTRAÑAS

Le tomo prestado, a San Juan de la Cruz, esto de las ínsulas extrañas.
En mi diario vivir incendio los papeles del día: hierve la sal del paisaje,
A veces, con sus invisibles manías freudianas.
Allá en la timidez de las dulzainas,
La brasa de los pájaros se cuelga de mis pupilas: es así de simple
Este siglo sin aire. Es así de simple la camisa raída de la calle.
Autor de acuarela: Francisco Basallote








ÍNSULAS EXTRAÑAS







Dentro de mí con vestigios tomados del sol!
Y propicio sopla el mundo de las imágenes
Y el mañana exhibe totalmente desnudo su pecho marcado
por la inmutable estrella
Que anochece la mirada como cuando va a agotar un firmamento
ODYSSEUS ELYTIS







Le tomo prestado, a San Juan de la Cruz, esto de las ínsulas extrañas.
En mi diario vivir incendio los papeles del día: hierve la sal del paisaje,
A veces, con sus invisibles manías freudianas.
Allá en la timidez de las dulzainas,
La brasa de los pájaros se cuelga de mis pupilas: es así de simple
Este siglo sin aire. Es así de simple la camisa raída de la calle.
La madera se abre a los caminos vulnerables,
Al asfalto secular de la miseria,
Al extraño sonsonete de las pirotecnias: este es el diario vivir en un País
Fiero, tozudo y huraño. Espeso estiércol donde van a parar los muertos.
La histeria es el agua que sostiene los ríos. —la historia nos lo dice
Con su liturgia insurgente,
Con sus páginas espesas de polvo, y respiro de mullido semoviviente.
¿Quién nos saca de esta almohada rancia, morosa isla de hojarasca
Con fronteras de invisibles hilos para amordazar la memoria?
¿Qué alegría puede traernos el humo, la claridad cortada a las ventanas:
Armario de luciérnagas enterradas en el subsuelo,
Soterrado incienso de la aurora?
Los transeúntes llevamos el aliento como islas extrañas. Nos muerde
La piedra. Ni siquiera el ojo de la fantasía está ileso e inmune
Al perro ciego de este tiempo.
Arde cada pozo de sal en lo oscuro. Arden las palabras con espuma.
Duele el marcapasos ciego en la carne.
Duelen, ahí, las escaleras movedizas de los magazines, —el muro de
Las sienes a la garganta, el reloj alado del crepúsculo, la respiración
Boca a boca con el aire llovido de las cloacas.
Afuera de nosotros también hay islas diseminadas en toda la geografía:
—Islas de retorcida jungla,
Islas donde es más cierta la ficción,
Islas donde sólo la locura es posible para respirar la ceniza,
Islas donde sólo es posible el psicoanálisis,
Islas donde el Evangelio no deja de ser sencillamente un réquiem
Islas, amor, donde no hay leche pasteurizada, ni pan de trigo, ni cebiche,
Ni aguamaniles para jugar a los electrodos.
Hay gatos, perros, pedazos de cuchillos, armas hechizas, albóndigas
Oreadas en los retretes,
Habitaciones hundidas en la pólvora.
De pronto se me ocurre pensar en el pensamiento oscuro de todos
Los filósofos, sociólogos, psicólogos, economistas, amas de casa, obreros,
Truhanes, escapistas… de pronto me veo en la primorosa carpa de circo
Romano, luego en el ápice de la baba,
En la lengua despedazada del semen, en el grillete del búho colgado
De la puerta trasera del traspatio.
De pronto muero como mueren los poemas de amor: el hálito obsceno
De besar el sepulcro, —esa otra isla donde la tierra de apodera del sexo.
Barataria, 21.X.2010

miércoles, 22 de septiembre de 2010

HISTORIA DEL ASEDIO

Hay jardines que mis ojos no ven. Ningún pie cabe en el lugar
Donde guardo las colillas que las manos tiran a cucharadas.
Ningún día me habla con sombreros impermeables, con tazas
De café o con el corazón abierto de los niños. En la pizarra
Del grito hay furias, —y hasta rostros de infatigable ceniza.
Océano pacífico salvadoreño







HISTORIA DEL ASEDIO







A lo lejos ya el mar se ha retirado
Pero en tus ojos entreabiertos
Han quedado dos pequeñas olas…
JACQUES PRÉVERT






Hay jardines que mis ojos no ven. Ningún pie cabe en el lugar
Donde guardo las colillas que las manos tiran a cucharadas.
Ningún día me habla con sombreros impermeables, con tazas
De café o con el corazón abierto de los niños. En la pizarra
Del grito hay furias, —y hasta rostros de infatigable ceniza.
Los días son como los recuerdos dormidos en el talpetate:
Una costurera se rompe el corazón con las agujas, los carretes
Giran como un rueda marchita. Con un rastrillo recojo
La hojarasca de los muertos, —de mis muertos, los que amaba
En el silencio de la pena. Claro que están aquí sin olvidarme:
Siento su lengua recorrer el tórax de las hormigas,
Las canciones demasiado atroces para el celofán de mi sonrisa.
La barba de la lluvia crece hasta mis brazos sin pudor.
Recuerdo el agua titubeando en el rostro, los arsenales
De cascos en el hocico de los perros, la chatarra de mis juguetes
Y los cuadernos como un mercado en ruinas.
A través de los escarabajos, los astros pululando: bestias
De hierro en los trenes del rocío —¡Qué idioma más extraño
Tienen las moscardones en los retretes! Zumba el entrecejo
En la cavilación de los dedos. Es un fastidio trepar a la nostalgia.
El viento silba en la carroza de las cejas: mañana los árboles
Aparecerán en las ingles. ¡Que pena el cabello del tamaño
De la lluvia! Las nubes que viajan sin rendirse en las espinas.
Aún con abrigo es pródigo el frío. Las sombras se pierden
En las esquirlas del sol: el resplandor baña todas las tumbas.
El reloj despertador duerme sin sábanas en el armario.
Desde ahí saltan las horas asustadas, la escoba de las costillas,
Las olas desorbitadas de la risa, las alas de la cama.
Mis manos disuelven cada presente del día. A solas por supuesto,
Entre raíces y piedras, entre gestos y caretas, contra todo.
La historia comienza con el azogue insólito de los dioses:
Después es sólo ir completando las torturas, le herida ácida
De las guitarras, el brocal de las pupilas en el vientre de alguien.
Los días son más ciertos cuando uno se lava las manos
Y la carroña de los pájaros se pierde en el desove del musgo.
A cada hora mastico los adjetivos del Apocalipsis y los pronombres
Del último ciego en subir en las escaleras de la iniquidad.
A menudo la dulzura me asombra entre frutos de dudosa
Procedencia —pero entiendo que hoy todo eso puede ser posible
Quizá un vértigo a borbotones entre la insolencia de las abejas.
Todos los días de la semana son nefastos: —alguien los inventó
Con el mismo sollozo del calendario, con fisuras en los párpados,
De rodillas y balbucientes para la gran oración de las subastas.
El silencio alcanza temporadas de fantasmas. En la alacena
Del conjuro, el brebaje y la densidad de los escapularios alcanza
Alcanza siglos de ataúdes. En los charcos de la inocencia, el río
Transporta las mismas aguas, el mismo eclipse del augurio.
En el trasmundo que a mí se me revela, los ojos en su lucha,
Sangran de una corrosión agónica, voz de la memoria en clavos
Balbucientes, —formas sin decoro, y acaso aliento al acecho
De su propia suerte: visceral fuego del azoro en mi penuria.
Barataria, 19.VII.2009


De: Hora de trenes, 2009

martes, 21 de septiembre de 2010

ENTRAÑAS SORDAS, MALOLIENTES

Somos, a fin de cuentas, el cuentagotas de la esfera maloliente de los días.
La entraña sorda de la calle y la conciencia. La saliva lustrosa
En la pared, el pie caótico de los témpanos.
Tropiezo con el tintero de mis dedos en el calendario, cabellos blancos
En el cielo, del gato siamés de las estatuas.
Imágenes en blanco y negro gratis








ENTRAÑAS SORDAS, MALOLIENTES







¡…la luz brilla insegura
entre la niebla oscura!
RAMÓN DE CAMPOAMOR








Somos, a fin de cuentas, el cuentagotas de la esfera maloliente de los días.
La entraña sorda de la calle y la conciencia. La saliva lustrosa
En la pared, el pie caótico de los témpanos.
Tropiezo con el tintero de mis dedos en el calendario, cabellos blancos
En el cielo, del gato siamés de las estatuas.
Aquel tejado de sonidos me come las entrañas. Congrega las plumas
Del vacío, hiere la franela del vacío de los pájaros. Entierra la luna
De caballos en la orina del invierno. Las moscas que lamen las esquirlas
Del dolor cuatrocientas veces 4, cuatrocientas veces 7
En las patas de gallo de los ojos.
Puedo soñar entre diademas paridas. Entre yeguas arrancadas del deseo,
Entre injertos de meteoritos y almas sajadas por los ojos ahogados
Del cielo. Puedo contar hasta diez los vidrios de la ignorancia.
Morder la esquina enajenada del sexo.
Trepar al rincón de los alacranes. Tirarle piedras a la oscuridad de mi
Locura, o simplemente llevar a un hospital mi anatomía.
En el cielo están demasiadas ocupadas las raíces, por eso,
Hay que devolverle la blancura a las hojas y al papel de china del amor.
Hay que ordeñar la vaca del cierzo con sonrisas.
Hay que lubricar los tornillos de la saliva.
Degustar la libido de las gallinas sin temor al día de los funerales.
Vaciar toda la ceniza en el comején de la tinta.
Bajar al anís del musgo con un pedernal de escarabajos.
Machacar las ardillas del escalofrío sobre las curvas del vestido.
De otro modo, no se puede soportar este tiempo sordo, maloliente,
Frenético en sus largas filas de zancudos, oscuro en su puño sordo,
Cortado en pedacitos de paraguas.
Hay días irremediablemente quemados por el insomnio. Días, sólo, de cielo
Falso, —ceniceros de ahogado alfabeto,
Sábanas mordidas por el río de las reposterías. Cuevas donde las parejas
Pierden sus vestimentas, muertos desesperados de morir
En el mismo sitio, abandonados a la suerte de Lázaro. Ataúdes
De apagadas escaleras. Tropeles sin ojales ni fósforos.
Pezuñas de moscardones como un altavoz en desfile castrense.
Hay días idénticos al último espejo del diluvio. Hay días donde aúllan
Las ventanas. Donde ronca el borracho sus propias pesadillas.
Hay días donde bailan los gusanos como esquirlas. Días como bejucos
Agonizantes, cocinas con el cementerio en el pecho.
Hay días de absoluta gangrena. Días sin pan y sal en la garganta.
Hay días de nublado vómito en las puertas.
—Días duros como los balcones del presente siglo. Días como la cabeza
Escapada de los sombreros,
Días como una romería de espejitos sucios queriendo lavar los pecados.
Barataria, 21.IX.2010

lunes, 20 de septiembre de 2010

HUIDOBRO, ÉLUARD, ALEIXANDRE

Vivimos en esta capital de la poesía, cayendo en lágrimas y risas,
Sin más diálogos que la duda.
Vivimos en el éter fugaz de las estrellas: es una aventura de ases
Y cabellos, de lenguas dolorosas y marchitas.
Duele la boca lamiendo las hormigas del infinito; atravesar
La muerte de la conciencia, derretir el ojo amargo en la salmuera,...
Aleixandre, Éluard, Huidobro








HUIDOBRO, ÈLUARD, ALEIXANDRE







Dormita entre las sombras con lento cabeceo,
Y del sopor consciente despertarse no quiere
Para el mundo que en torno lánguidamente muere…
EDGAR ALLAN POE






Vivimos en esta capital de la poesía, cayendo en lágrimas y risas,
Sin más diálogos que la duda.
Vivimos en el éter fugaz de las estrellas: es una aventura de ases
Y cabellos, de lenguas dolorosas y marchitas.
Duele la boca lamiendo las hormigas del infinito; atravesar
La muerte de la conciencia, derretir el ojo amargo en la salmuera,
Proclamar los precipicios en los labios,
O querer morder los sostenes del agua con las encías.
En las ramas nocturnas del polvo, cuelgan sus encajes los murciélagos.
Por eso ofrezco la otra parte del hemisferio,
Para presenciar el baile abrasador de la aurora.
Por supuesto que todo está a prueba: las esquinas de las calles,
El ojal de la Esperanza,
El pespunte dibujado en la luz, desvestirnos de cara al mar,
Instalando muelles gratificantes, u operar al planeta con células madre.
A ustedes tres, les abundan las palabras: suficiente un paracaídas
Virtual en la cortina ciega de las mariposas,
Una casa habitada de suspiros,
Un jardín con otro cielo donde se vean las mañanas. Otro mundo
Sin fuegos reales o artificiales, sin heces de uranio obligatorio,
Sin mesas coronadas de azufre.
Uno sabe que los telescopios no son caramelos, ni las redes, inocentes
Cortinas para atrapar peces,
Ni los químicos lunares, simples sombrillas para cubrir la cabeza
De las reinas de belleza o protegerse de la lluvia, o para elevar
Una plegaria a la historia de todos los días,
O para atrapar la vida inmóvil de la fe.
Saben que uno y uno y uno en el ojo del espejo suman siete caras
De perplejidad en esta habitación sin ventanas.
Saben que hoy podemos superar a Pasteur, aún a Newton, al lobo
De Caperucita, a las siete cabritas y el lobo y aún, los siete pecados
Capitales de la modorra, Antares, Júpiter y Scorpio, pléyades mayores
De Fray Bernardino de Sahagún.
Podríamos decir, al cabo que, la vida más allá del arcoíris,
Hay que vivirla con cierto escepticismo. El peligro acecha con su gruesa
Boca. Los días festivos son ciegos ruiseñores,
Que es necesario respirar para no lamer la escoba derretida
En las aceras. De pronto nos damos cuenta que todo el cielo está vigilado,
Y que la verdad es difusa en los chalecos antibalas,
Y que las sumas no sumen los dientes en la enajenación,
Ni el pensamiento queda limpio de saliva.
Nuestro tiempo con pestañas postizas, no ve los bolsillos sin monedas,
Ni el cielo negro, amortajado, del amor que nos abandona en la sombra.
No ve que ya vivimos las postrimerías de lo póstumo.
Barataria, 18.IX.2010

domingo, 19 de septiembre de 2010

ZAPATOS DESGASTADOS

En este insistir, la metafísica de los zapatos se pierde. Oscurecen
Las ventanas. Desvelado amor el rincón de las banderas.
El corazón hecho con picadillos de papel, con mordiscos de hígados
Hasta romper la garganta.
—A menudo caemos en la misma cama sucia, donde el incienso
Y los cadáveres pernoctan. Así de simple.
Ilustración André Cruchaga








ZAPATOS DESGASTADOS







Íbamos al dolor sin desengaño:
teníamos la prisa de las navajas. Pero
aquella noche el vino vació sus hechuras,
y se alzó en nuestro sueño…
JUAN CARLOS SUÑÉN







En este insistir, la metafísica de los zapatos se pierde. Oscurecen
Las ventanas. Desvelado amor el rincón de las banderas.
El corazón hecho con picadillos de papel, con mordiscos de hígados
Hasta romper la garganta.
—A menudo caemos en la misma cama sucia, donde el incienso
Y los cadáveres pernoctan. Así de simple.
Otras veces cerramos el ojo del espejo con aliento anochecido.
Nunca hay una salida fiable más allá de las alucinaciones.
Nos levantamos y caemos en lo yermo, entramos por el ojal
De las botellas, lengua cenagosa del círculo, anticipada al extravío
De lo póstumo, a la gota de sudor del viento.
Ya es tedio la habitación magullada de los recuerdos.
Sofoca la asfixia del perro con la lengua de fuera.
Sobre qué papel del invierno hablaremos de antorchas, de los galopes
Robados al feto que somos.
Jamás salimos ilesos de la saliva entre las piernas.
Son más ciertos los días del fuego, que la cópula en medio de la niebla.
Es más real un cadáver con las lágrimas de fuera,
Que la palabra sencillamente perdurable.
Nos sofoca la aguja del aullido entre los dientes, la caricatura que somos
Al salir del agujero de la noche.
¿Quién clasifica los clavos del cielo o de la tierra, los amuletos
Del manicomio, las fotografías opacas del crepúsculo,
La prosa petrificada de los poros,
El castillo de moscas ahogado en el pastel,
La mirada perdida, cuesta abajo de la inhumanidad?
Morimos para cerrar la cabeza de cíclope, y salvarnos de los sueños
Húmedos, de las bodegas del grito, de las recompensas cobradas
Por intermediarios, del matadero donde las cucharas disuelven
El moscabado o el azúcar de pilón.
Con esta sensación de piedra en los párpados, sólo faltan los gusanos,
Viviendo de mi carroña,
Creciendo en el pájaro movedizo del cuervo, en la zona cero del gozne.
Después de todo somos efímeros. Detestables criaturas en los jardines.
Derruida luz de peces en la calavera del calendario.
Terrible tentáculo de los pañuelos, zapatos desgastados
El en chispero de los andenes.
Nos mordemos en el negativo de la fotografía del bostezo.
Duro limón en la herida irremediable. Arde la sien sajada, cuando
El jugo rompe los harapos, cuando el peine del blues no suena
Sobre el sombrero del césped.
¿Hacia dónde vamos, con esta joroba de enfermo, calle abajo del aire,
Asfixia en litros de rancias sábanas? — Vamos, nada más,
Como los semovivientes al matadero…
Barataria, 18.IX.2010

sábado, 18 de septiembre de 2010

REMANSO DE LA SONRISA EN EL ESPEJO

Torpes manos mías al caer mi cara sobre el espejo. Me inclino
Y sonrío muy cerca de lo blanco.
Miro, taciturno, hacia el horizonte donde todo se pierde sin alcanzarse.
A veces una sonrisa como una sábana cubre el alma.
A veces la confusión es igual a una piedra oscura, —piedra febril,
Tal los objetos que no hablan.
Fotografía: Daniel Bauer








REMANSO DE LA SONRISA EN EL ESPEJO







Primera canción de las palabras torpes,
simple como el agua, yo no sabía jugar.
Miedoso de la lluvia, orador silencioso,
hallé mi primer amigo al fondo de un espejo.
ALBERTO ROJAS JIMÉNEZ








Torpes manos mías al caer mi cara sobre el espejo. Me inclino
Y sonrío muy cerca de lo blanco.
Miro, taciturno, hacia el horizonte donde todo se pierde sin alcanzarse.
A veces una sonrisa como una sábana cubre el alma.
A veces la confusión es igual a una piedra oscura, —piedra febril,
Tal los objetos que no hablan.
Tal esta ventana del remanso: Única luz en el aliento.
Un día adopto el asedio del espejo: torpe mi cara en la otra cara
Del tiempo, en el miedo latente apoyado a la noche.
Muerden los ascensores del mimetismo. El corazón ahogado
En los ladridos, la lluvia mortecina de los puñales y los alfileres.
Le tengo miedo a la cobija negra de las tumbas. A la sombra que tirita
En mis calcetines,
Al ruido de las talabarterías, a la confusión de los hospitales,
A los paraguas con ese dejo de oscuro olvido,
A los caminos que agrieta el vinagre,
A los huesos que de pronto parecen bosques blancos de cal.
Huyo del grito.
Huyo de la mesa sin alas.
Huyo de la piedra del grafiti.
Huyo de la escritura gastada en el asfalto.
Huyo del agua atribulada en el animal moribundo.
Huyo del plato solo del pájaro, del cadáver que guarda mi delirio.
Huyo de la miel sin cuchara. Del predicador en funerales.
Huyo de la noche ahogada en los ojos.
Huyo interminablemente de la salmuera. Huyo de la mosca paralizada
En los ojos. Del humo desplomado en la garganta.
Del párpado desangrado como un tomate o una ciruela.
De las lágrimas sin pila bautismal.
Alrededor de mí, los juegos torpes del azar. El pie enterrado en la breña,
Sin apaciguar la dentadura de la intemperie.
Entre aceites comestibles, sube el follaje sombrío hasta la copa
De las sienes: siempre el éter de las turbulencias,
Extenuada el alma, gusano de la noche con vestimenta.
Y sin embargo, hurgo en mis bolsillos.
Al final, solo quiero un remanso de sonrisas. Y no la piedra,
En su oquedad, subiendo al rostro…
Barataria, 18.IX.2010

viernes, 17 de septiembre de 2010

ZONA DE TRANSICIÓN

Imagen: Yun fotos








ZONA DE TRANSICIÓN







me quito un viejo abrigo, la esperanza,
y me adentro por los caminos de mis ojos,…
SALVADOR ESPRIU







Zona de transición o construcción en clave del brebaje de estos días,
Reductos del invierno en el camino, señal insurgente del río
En la memoria, de todas las aguas que contienen las campanas.
En la velocidad del aire, a menudo se pulverizan los sueños:
Los fermentos de la historia y la propia escritura.
Faltan palabras de aprendiz para hurgar en los gestos de las piedras.
A menudo se hace necesario trasplantar el aire,
La inminencia del final de los incestos:
Se hace necesario desechar el árbol oscuro del vacío, los clavos
Inminentes con sagacidad de hormigas,
El fondo patético de los guacales, el gasto suntuario de la lucidez,
O simplemente enguantar los paraguas de los clores primarios.
Debo insistir en el zapato que supura en el horizonte.
En el desvelo florecido del sexo,
En la intensidad que dan los guiños del infierno.
Olvido que las espuelas suben, a menudo, hasta la garganta.
Morir. La rutina también conspira: —Hay que dejarla donde nadie
La contemple; luego, hay que vigilar el azar.
La libertad turbia de los sentidos, nuestro azul combinado con hostias,
La grieta de los muros por donde se espía,
Las ramas del aliento con signos interrogativos, —oficiantes del miedo
Dibujan caricaturas en la rosa de papel de las monedas.
En el exterior de las raíces hay fuegos destruidos,
Doliente mudez quebrándose en el arco del estiércol, horas sin brazos,
Nubes que en la hojarasca muerden los pájaros,
Alas que despiertan después de cada anochecer.
—Hoy más que nunca aturde el ladrillo de la tumba sobre la humedad
Blanca, cansada de los huesos de tanto ir cayendo en el río
De esta exasperada garganta, cárdeno hilo de la escoba
Sobre la cama con agujas.
Hoy es la zona donde se pierden las bodegas del alma sin notarios.
Hoy los anteojos como ascensores de las sombras,
Las sombras de golpe, extendidas, en el odio del azufre hasta el ombligo.
Hoy la dentadura amarga en los dedos,
La boca sacudida al paso de las gotas del invierno.
Hoy, después de la noche, a subir a las escaleras del aire,
A reír junto a los peces aéreos de la eucaristía,
Justo en la puerta de lo esencial, en la lluvia desnuda del ombligo
En la lengua, en la humedad sin sábanas estacionarias.
El lodo siempre es un ataúd transitorio en el cual no se llenan
Las botellas de la dicha, ni los cadáveres trasiegan la esperma.
Aquí en medio de un camino feroz, restituyo las diademas
De la ternura, la estrella que un día subió, creciente en la ventana.
Lo demás, es otro cielo que no entra por mi puerta.
Barataria, 16.IX.2010

jueves, 16 de septiembre de 2010

ASOMBRO, EXTRAÑAMIENTO ESENCIAL

Pienso en las diversas formas del asombro. La hora sutil donde
Escarba el oído. El cuerpo del deseo mientras exista esta corteza
Grave del temblor. —Mientras el juego de la brisa sin camisa
Galope sobre el ombligo del tranvía.
Debo ignorar tanta boca náufraga en el zarpazo de la sombra.
Lenta brasas resuellan en la saliva amarga en la cebolla
Indefinida de la angustia.
Imágenes en blanco y negro gratis








ASOMBRO, EXTRAÑAMIENTO ESENCIAL






¡…apaguen el amor dudoso
que baja humilde y despacito!
JUAN GELMAN






Pienso en las diversas formas del asombro. La hora sutil donde
Escarba el oído. El cuerpo del deseo mientras exista esta corteza
Grave del temblor. —Mientras el juego de la brisa sin camisa
Galope sobre el ombligo del tranvía.
Debo ignorar tanta boca náufraga en el zarpazo de la sombra.
Lenta brasas resuellan en la saliva amarga en la cebolla
Indefinida de la angustia.
Debo suponer que el musgo es sal oscura,
Súbito crepúsculo de los sordos. Próximo incendio de los mataderos.
De pronto la luz se vuelve baldosas en el alma.
La putrefacción diseminada es grande, aquí en el pálpito del vaso
Y en los manteles abstractos del papiro.
Veo creciente el monstruo de las sombras, el aparejo lento
Del camino, el tamaño de una moneda como un péndulo ciego.
Aquí está el ojo bifocal de la sinuosidad, las pupilas gastadas
En el periódico, el péndulo creciente de la roca en mis brazos.
Algo ha pasado en el ojo de la aguja sin darme cuenta: —la opacidad
De un mundo colgado de los cabellos,
El calendario apenas indescifrable entre los grises.
Me da tristeza ver la tristeza amarga en la lágrima que fluye
Sin desvelarse, sin ser, sino el río oculto de la incertidumbre.
En el hangar del pecho indagan todas las preguntas:
El rastrojo como un fluido extático,
Los relojes mordiendo, a veces, su propia soledad. Dan pena las cucharas
Del denuesto, el abrelatas del grito de la desarmonía,
La boca que ahoga la verdad,
La sangre insaciable por los meteoros, la altura retorcida y febril.
Sé que hay almas que se gozan en el mudalar, en la coz del andrajo,
Y hasta en el excremento que hala la brisa
Y llega a ser sombrilla de sarna punzante. Sé de los charcos
Que pululan en la lengua, y entretejen escamas siniestras.
Sé de la cama putrefacta que dejan los galopes, del sudor helado
Del enojo, de la vaca muerta sobre el césped del anfiteatro.
No obstante me afano en subir las escaleras de la ternura.
Me aparto del quejido y de la música sollozante. Del sapo del azúcar
Simulado, de la trompeta incesante del polvo.
—Sé que me están doliendo las cucarachas en el alma, el olor
Habitual de los cipreses,
El asombro de la conciencia en bolitas de cristal,
Los rincones reptantes de los ratones, las náuseas de oscuridad.
Al final, creo que el aire arrasará con la obsesión de ese resuello
De sombras. Al final, la brasa sólo será escoria…
Barataria, 16.IX.2010

miércoles, 15 de septiembre de 2010

CLARIDAD OSCURA

Pulsante claridad en la oscuridad del tiempo. Corrosiva ficción
De sótanos. Penuria del pañuelo en el silogismo.
Peinamos el mundo con cepillos animistas: fosa donde las parábolas
Queman la estación lluviosa.
Páramos de dudosa boca mastican la tierra
.
Fotografía: Friki.net







CLARIDAD OSCURA





Fui reconstruyendo sonidos
para interpretarlos despierto
y atribuirlos a unos labios.
JOSÉ HIERRO






Pulsante claridad en la oscuridad del tiempo. Corrosiva ficción
De sótanos. Penuria del pañuelo en el silogismo.
Peinamos el mundo con cepillos animistas: fosa donde las parábolas
Queman la estación lluviosa.
Páramos de dudosa boca mastican la tierra.
De repente los horarios quemados en el ansia. El jugo del abecedario
Impregnado de licuadas esquinas, anónimas ramas del sollozo
En algún punto de las tildes. En algún camino del sueño.
Entre las manos, la boca agria de la brújula,
El vago caballo del resquicio,
La divinidad del eco en el ala negada a los peces.
Agárrate de la claridad mientras clavas el ardor en la carne.
La claridad es fugaz; la oscuridad eterna como la sombra del amanecer
En el subsuelo, como el fósforo anticipado del pretérito.
Un dibujo siempre es la rebelión del hervor de las alas.
Aquí me quedo en el polen del entresueño,
En la cripta íntegra de la llama, en el asedio transpirado del humo,
Con el diafragma sordo del planeta.
Me fascina la posteridad de los grises agonizantes: la gradación
De la claridad cuando se desvanece,
El nihilismo que me producen todas las palabras oscuras.
La noche penitente desvelada en sueño: insomnes guijarros como,
La estrofa confusa escapada de los tejados.
Siempre hay claroscuros disímiles en los símbolos de la fantasía.
En esta hora hecha sólo de ráfagas transitorias,
En este minuto donde la ironía se nutre de escarabajos,
En estos segundos de almuerzos sin platos.
Días, semanas, meses, el polvo agresivo de la lluvia: la clandestinidad
Reprochable de la puerta cerrada del absurdo, posesas túnicas
Del patíbulo, aquí donde se junta la subconsciencia del mar,
La espuma circular del desdén,
Y la revelación de las hojas ensortijadas sobre la calla negra de dados.
Recuerdo el paisaje de tantas ventanas,
El bolsillo de pronto roto y arrugado, los túneles del pensamiento,
La telenovela rosa en los pulmones, lapidaria entre mis manos.
He perdido las huellas digitales sobre una servilleta gastada
En ese trance de mascarillas sediciosas, en este delirio de trinchera,
En esta calle donde no hay poemas, sino la misma batalla ociosa
De las cicatrices. —Comedia de la luz en la categoría nocturna.
He permanecido, así, al borde de las armónicas:
Inmediato a la tupida orilla del agotamiento, con ese sigilo absorto
Que da el follaje, con la única cobija: el alero sobre mis hombros.
Jamás he podido adivinar los acertijos de la respiración. Jamás.
Por más jabón que se extasíe en el cuerpo,
El hilo negro de la caligrafía sigue su insomnio.
Barataria, 14.IX.2010

martes, 14 de septiembre de 2010

DE NUEVO, VOS, NOCHE DE MI VIGILIA

En la pared, el grafiti hecho con espejos. El engrudo de la cal
En las pupilas, la costilla del sigilo envuelta en el paisaje.
—Vos, en el juego oscuro del vapor, asomándote a la venta
Donde el tiempo me deja caer las hojas de las persianas, oscuros
Pájaros refractados en el mar roído de mi mente.
¡Qué memoria extraña la taza de ceniza de mi sangre desparramada
En el viento como el pulso habitado por las piedras!
Imágenes en blanco y negro








DE NUEVO, VOS, NOCHE DE MI VIGILIA







Me envías un mensaje
con esa golondrina
que equivocó la tarde.
LILIAN SERPAS







En la pared, el grafiti hecho con espejos. El engrudo de la cal
En las pupilas, la costilla del sigilo envuelta en el paisaje.
—Vos, en el juego oscuro del vapor, asomándote a la venta
Donde el tiempo me deja caer las hojas de las persianas, oscuros
Pájaros refractados en el mar roído de mi mente.
¡Qué memoria extraña la taza de ceniza de mi sangre desparramada
En el viento como el pulso habitado por las piedras!
Golpes de martillos abren las sombras.
Clavos de oscuro tiempo. Silabas lavadas con el frío de la hipérbole.
Huraña me avientas hacia el tizne, detrás del hollín de una dulzaina.
Toco el dedo póstumo del polen,
Ahí el pellejo sale a borbollones de papeles, hervores de rostros
Oscuros, ecos de apagada fosforescencia, gestos de incierta penumbra.
Mordemos de nuevo el rostro tirado a la intemperie.
Aguas sin coro y sin orfebre. Silbatos fuertemente apagados.
En el silencio, el bisturí desciende hasta el secreto universo de la sangre,
Hasta el pañuelo doloroso del paisaje.
A veces es mejor no volver a la bóveda de la crepitación.
Retirarse del anfiteatro del silbido,
Derribar las losas de la garganta,
Devastar el pupilaje de la tozudez, quitar la puerta de la aglomeración,
Urdir un final feliz
Sin rasguñar la conciencia y el tronco de la esperanza.
Uno piensa los regresos sin angustias, sin absurdos de ninguna clase,
Pero puede más la hechicería del insomnio,
La siempreviva ennegrecida de la cárcava, las manos desnudas
Del terror galopante en la teja bifocal de la quimera.
De nuevo los días urdidos del imán, el engrudo terrestre de la noche,
La costura con nylon de la almohada,
La rotura del codo en el ápice de la lengua, el mortero del reloj
Implacable. Fiera herida.
Las raíces me suben hasta el sonido. La herida tiene huellas redondas.
No sirve aquí el trasplante de médula ósea, ni los analgésicos,
Ni el obcecado sueño de la provocación.
No me sirven los días venideros en el tragaluz fortuito de la sal.
No me siento el asiento de esta tempestad lluviosa.
No me sirve el pudor evocado como máscara para negarse uno mismo
Y dejar de caminar sobre los anillos de la fantasía.
—¿Qué tiempo nos devora sin veleros, sin cartas de navegación
Idénticas al escalpelo de la mesa vacía? Vuelves otra vez
Con la misma sutura de los días pasados, con el encaje roto del día,
Sin permutar, labrada, la figura del horizonte.
Vuelves como el largo ojo de la negación. Como un patio de relámpagos
Desconocidos, como el búho áspero de la noche,
Como el fósforo navegando en los anillos de la espuma…
Barataria, 12.IX.2010

lunes, 13 de septiembre de 2010

DÍAS CON ALTARES DESCOLORIDOS

Hay días donde los teléfonos no sirven para las emociones.
No hay redención en estos meses para el fantasma que soy.
En los altares se respiran jardines descoloridos: Salmos
De vieja data, alianzas que a la luz del Evangelio parecen
Irrespirables; —Tanta humedad no redime mi saliva; tanta
Estío quema el lecho, los nidos y la transpiración.
Fotografía de tomada de Friki.net









DÍAS CON ALTARES DESCOLORIDOS







…y si estalla mi espejo en un gemido,
fenecerá diminutivamente
como la desinencia de tu nombre.
RAMÓN LÓPEZ VELARDE







Hay días donde los teléfonos no sirven para las emociones.
No hay redención en estos meses para el fantasma que soy.
En los altares se respiran jardines descoloridos: Salmos
De vieja data, alianzas que a la luz del Evangelio parecen
Irrespirables; —Tanta humedad no redime mi saliva; tanta
Estío quema el lecho, los nidos y la transpiración.
En el trajín el hálito desvela naufragios.
Al pie de los Santos mi sangre rebalsa de cruces:
En el escombro de la respiración no hay balsas fenicias.
[Ella, la de siempre, quizá pueda descifrar los arcanos,
Las horas cristianas y prudentes de la almohada,
Tender las cobijas con inocentes manos,
Abrir las ventanas y angelizar el tiempo,
Confiar en la unanimidad omnipresente del pan,
Tranzar con los manuscritos de la mirra,
Enhebrar la premoción como una orfebre de audaces tallos
Y respiraciones, de densidades comestibles.
Ella, la de siempre, no camina sobre las colillas del calendario,
Ni le son ilegibles los espejos,
Ni hay ceniza en el entrecejo audible del eco,
Ni des-ala las palabras de la ausencia,
Ni anilla pañuelos en su portento:
Es como un lirio de alacenas resguardadas, pero hila mis trajines
Sin alivio todas las semanas. Nada hay sobre la mesa:
En mi boca el fermento no se hace adviento.
El frío arrodilla mi sed, y se esfuma del ala del imaginario.
En las paredes lo inerme necesita auxilio:
Sus senos bien pueden ser lámparas confidentes,
Sumas en este coro cíclico del tiempo enfundado en postigos.
Ella, la de siempre, es río de enfundada música —y, aunque
Tarda el agua en su cósmica travesía, presiento la alacena
Del invierno con su confesa eucaristía.]

He llegado a la abadía de la ceniza con su fragancia,
He mordido el destierro sin manteles;
Sin sosiegos trasegué el mar, las estelas prolijas de la espuma,
Las fumarolas en las sienes del camino,
Las sombras intrépidas de la aspiración,
El arca del tejado a propósito de la heredad, las enredaderas
Quemantes de la voluntad, la piedra suelta de la lejanía,
Y este querer olvidar el consabido grito de la embriaguez.
Sé a fin de cuentas que el día tiene altares descoloridos:
Ahí no hay tutelajes ni abluciones para salvar la ruina.
O este equipaje del follaje circular de medianoche.
Y, para mi propia liturgia, la lucidez se vuelve reja,
—No precisamente un peldaño de música samaritana,
No tren con recompensas, no suelo sin extravío de las venas,
No humeantes sílabas conservando las palabras,
Pero sí oscuros tragaluces en mi incandescencia interior,
Sí querellas del desvelo desabrigado —huesos presos
Por el estupor humano, oscuro rezo del silencio…
Barataria, 09.VIII.2009



De: Sublimación de la noche, 2009

domingo, 12 de septiembre de 2010

CAVERNA

Avancé solo hacia la lluvia escribiendo cartas de espesa neblina,
Bajo la noche nadie hablaba conmigo, salvo la misma noche
Con tazas de prolongados bostezos, salvo la misma lluvia
Zarandeándome los sueños entre glosas y epitafios y lamentos.
En este afán de viajes inconclusos, he ido perdiendo los segundos
De mis días y este silencio —de siglos, de ferrocarriles, se ha hecho
Salvaje e inhumano, eterna lengua sin zapatos, historia oscura.


CAVERNA



¡Me ahogan estas cosas,
me matan de dolor estas escenas!
JOSÉ MARÍA GABRIEL Y GALÁN





Avancé solo hacia la lluvia escribiendo cartas de espesa neblina,
Bajo la noche nadie hablaba conmigo, salvo la misma noche
Con tazas de prolongados bostezos, salvo la misma lluvia
Zarandeándome los sueños entre glosas y epitafios y lamentos.
En este afán de viajes inconclusos, he ido perdiendo los segundos
De mis días y este silencio —de siglos, de ferrocarriles, se ha hecho
Salvaje e inhumano, eterna lengua sin zapatos, historia oscura.
Entonces, la historia me hizo más confuso, las máscaras patrióticas,
El sinfín de los relámpagos en las vocales de los periódicos.
Los ataúdes de cansada vida parecen detonar catedrales sin
Renunciar a los albañales del día y a las ingles de los sombreros.
No faltan calles que acompañen esta congelada flor del abandono
Y la deshora de la lágrima que turba como el calendario.
No faltan ventanas donde concluyen las miradas, ni ojales
Para perderse en su borde las líneas de un país inconcluso.

Sobre los espejos he llorado algunos siglos. Todavía Dios supura
En la sal de las olas, en el tórrido folclor de los domingos,
En el futuro de esta hambruna —infatigable maquinaria del caos.
Después de noches incesantes, la noche sigue con sus cabellos oscuros,
Con su toalla mordiendo al prójimo, con su vieja moneda de póker.
La deshora se aproxima en mis sienes. Y, pese a ello, guardo
Todavía cartas para enviárselas a esa ración del calendario,
A ese tragaluz inventado en mi caverna, a esos barcos que se hunden
En el horizonte dejando las aguas dispersas de las olas…

Hacia qué huesos ensaya mi cabeza su temperatura, hacia qué
Machacadas hierbas, el aliento empuja las bocas, y la sombra
De los aserraderos disuelve el espanto de la madera y el olor
A trozos de abejas y a horas de sufridos golpes, hacia qué trocitos
De pájaros, las tablas de multiplicar se vuelven instrumentos
Necesarios para sacar los baúles de culpa debajo del silencio.
En mis propias cavilaciones zumban los analgésicos su hidrocefalia.
En algún lugar remoto, las cartas seguramente tienen alguna perennidad
Más allá de los martillazos del consciente y no son muecas del delirio,
Como este escribir, hambriento, solo y con una morgue a cuestas.
Ahora los murciélagos del calendario se amontonan en mis sienes.
Ahora entre barricadas de basura, la esperanza inventa inviernos
Para lavar el diccionario y reemplazar los muros por ventanas.

Ahora mis seres queridos devalúan la claridad de las lágrimas.
Es decir, mi destierro en la misma tierra, rodeado de adoquines,
Asfalto y puertas. Quizá merezca mi carne todos los reproches,
Quizá deba buscar en los armarios el rostro de antes, y el oficio
De hablar con las paredes, dispersarme en las pupilas
De tantos ojos, lavar secretamente la memoria de mi travesía
Y decir un adiós rotundo a este magma donde los colores
Se arremolinan para hacer de la boca un aliento de flemas
O simplemente, una sombra donde cielo y tierra se juntan.
Barataria, 09-10.V.2008.


De: Avidez del espejismo, 2008


sábado, 11 de septiembre de 2010

HAMBRE DEL MINUTO

Respira el eco de la sangre en el corazón del día.
El tiempo con su furia abre las venas, muerde
Las esquirlas fugaces de su porosa respiración.
A menudo parece mortal en la transparencia de un vaso
Con agua; en el brillo del párpado nace la aurora.
Imágenes en blanco y negro gratis







HAMBRE DEL MINUTO







Respira el eco de la sangre en el corazón del día.
El tiempo con su furia abre las venas, muerde
Las esquirlas fugaces de su porosa respiración.
A menudo parece mortal en la transparencia de un vaso
Con agua; en el brillo del párpado nace la aurora.
Vivo estrujando los latidos del mar —ese mar sin playa
Donde la lluvia cae vertical: horizonte de cada día
En mi cielo de horas…
Algo pasa como un escapulario de abejas: vivir y deshacer
La memoria, cerrar los amuletos —envejecer en las huellas
Del papel y dejar las sonrisas en el calendario.
Algo se pierde en el cadáver de la fugacidad: un disparo
Camina con nuestros zapatos —este reino no tiene
El espacio mínimo para la luz, sino las mañas de la autoridad
Y la burla y los juegos del azar…
Nunca entendí mi sombra en el resuello de las batallas.
Vivir más o vivir menos no es necesariamente un acto de fe,
Sino una forma de apagar o agrandar la materia:
Tan efímera siempre como la condición de las luciérnagas.
El soplo del minuto de pronto se torna en una lección
De clavos sin salida, aunque no sea un muro, ni mucho
Menos un cristal donde respire el agua. Pero los ojos
Están abiertos ante su propio hollín, que no es poco para
Todo lo que sucede en la obediente esquirla de sus manos.
Desde el fondo de su instante está la proeza del goteo:
—Esa porfía casi asmática de deshacer, —ciego el polvo—,
En fantasmas. Lo habitual resulta cofres de lejanía
O el arrebato de nombres en la boca, el roce apenas del humo.
Lo único cierto son los registros de la sangre, la rama
Atávica del ADN, o el misterio de Dios, el día domingo.
Y sin embargo, descendemos de la respiración al sueño,
O del sueño al mapamundi de la lluvia, a la escupida
De una nube, al siempre soluble andar entre rostros amortajados.
¿En qué dimensión los minutos no son sutiles muertos,
Sino simples granos de azúcar que forman un todo?
Los rostros fueron arrojados en pedazos igual que la travesía
De los sueños, igual que las secretas ciencias de lo indecible.
Pronto el subsuelo se hace de repetidos féretros;
Pronto el recuerdo fragua sus propias trampas y sus alas
Inconclusas. Pronto somos ese ser no siendo en el suspiro
Inconcluso de las migraciones…
Un día el presagio se goza con nuestra aventura; pero el espejo
Es más sutil que las ventanas. —En los aleros de la casa,
Sólo las telarañas inventan ciudades secretas, pasadizos,
Y asumen sin ayuno su propia naturaleza hacia lo desconocido.
Hasta ahora no sé cuánto nos dura un minuto de ansia.
¿Qué ponemos en sustitución de las hormigas y los relámpagos?
Acumular páramos dá la sensación de vivir en un desierto:
Un minuto siempre escapa a los pájaros, aunque en ese tiempo
Tan breve se pueda borrar por completo el planeta.
Un minuto da la sensación de ser invisibles en este gran
Espectro de escombros cuyas manos de fatalidad no son por cierto,
El río de Heráclito…
Barataria, 22.V.2009


De: Hora de trenes, 2009

viernes, 10 de septiembre de 2010

SIEMPRE EL SILENCIO

Siempre el silencio y la luna de medianoche
Colgando de las vértebras de este fatídico
Calendario. Desde siempre el pecho combate
Contra la distancia, —esa que sólo se ve
A través de las ventanas y la joroba
De la estribaciones, esa que está ahí enredada
En mi propia tempestad humana.
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SIEMPRE EL SILENCIO






Y así ascendió al abismo, se despeñó a los cielos.
VICENTE ALEIXANDRE






Siempre el silencio y la luna de medianoche
Colgando de las vértebras de este fatídico
Calendario. Desde siempre el pecho combate
Contra la distancia, —esa que sólo se ve
A través de las ventanas y la joroba
De la estribaciones, esa que está ahí enredada
En mi propia tempestad humana.
Lejos hoy el lenguaje en su levedad de pluma;
Y en cambio una pesada puerta de hipnosis.
La vida nos aventó como una ola para
Reventar nuestros pechos en la sal del tiempo:
—ni uno ni el otro escapó del vértigo;
La sangre en su resignado espacio,
Perdió el prodigio de los arco iris. Sólo existe
En nuestra propia alacena de las manos:
Silencios prolongados, y lo peor, hicimos
De ese silencio adusto una férrea armadura
Como un artificio para ocultar la aventura del cierzo.
—pero el silencio se vuelve una agonía
En la propia respiración: la noche tendida
En los sueños torna oscura la raíz del día
Y los signos de la luz cambian a cirios funerarios.
Es esto lo que hicimos del aliento y el deseo.
El aire muerde los ojos mientras uno contempla
La voz ensimismada de los pasos que no fueron:
—Fue un poco caminar de espaldas;
Y en los zapatos la zozobra, el agua convirtiendo
El aliento en catástrofe, el mundo hablando
Por nosotros en medio de calles de populosa neblina.
Nunca el silencio se construyó a falta de palabras,
También la inmovilidad de las pupilas,
Pronunció al aire su discurso de murmullos
Encadenados. —También la sonrisa bajó su propia
Intensidad de marea y los senos dejaron
De alumbrar el camino hacia la boca del fuego.
De hoy a mañana el lenguaje es la herida.
Los recuerdos son hangares de galopes o,
Sencillamente, abejas masticando las pupilas.
Para mañana arrastraremos un día cansado:
Tendremos nubes y piedras en la lengua, y hasta
Unas manos demasiado frágiles para sostener
El mundo. Pero es lo que plantamos. Y nada
Es ya cierto cuando las campanas han perdido
El suspiro y el pabilo del alba cuelgan
Como un crucifijo en banderas de incierta
República. Es lo que tenemos: miseria en vez
De palabras; bolsillos sin monedas;
Vagones sin una gramática precisa; —lienzos, diría,
De una risa sin luciérnagas, de trenes sin rieles
Por donde el aliento sangra y nunca amanece.
Tu mirada también es silencio
En la yema de mis dedos, aunque tu ombligo
Se haya quedado pegado a mis retinas,
Redondo, como el bosque de mis pensamientos.
Barataria, 16.XII.2008


De: Semillas de la noche, 2008

jueves, 9 de septiembre de 2010

ENTERO EL MAPA ANTES QUE ANOCHEZCA

¿No es desierto la estrella oscura tras lo blanco, el natural camino
Hacia la gracia, heredad del vilano ante el jardín orgásmico?
¿Son cortos los días para morder las raíces, sin que haya
Esa distracción de los souvenirs, los almacenes, las tiendas,
El pajar, el fósforo frente al cristal,
Badajo lunar de la mayéutica?
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ENTERO EL MAPA ANTES QUE ANOCHEZCA





A Marina Centeno,
Vitral, haciéndose luz.






Las telas puras resplandecen, los invisibles atrios están sembrados de hierbas
y las verdes delicias del suelo se pintan al siglo de un largo día.
SAINT-JOHN PERSE







¿No es desierto la estrella oscura tras lo blanco, el natural camino
Hacia la gracia, heredad del vilano ante el jardín orgásmico?
¿Son cortos los días para morder las raíces, sin que haya
Esa distracción de los souvenirs, los almacenes, las tiendas,
El pajar, el fósforo frente al cristal,
Badajo lunar de la mayéutica?
¿Vuelan los caballos atragantados por el aire, el desvelado pulmón
De las orquídeas, mientras los cascos del éxtasis hacen bullir
El faro mayor de los pezones, la fragancia pródiga del ombligo
La intrepidez del anarquista?
¿Es seguro Heráclito bebiendo en el mismo tiesto el azúcar repartida
Del sudor, el río revuelto de los poros, sin desperdicios
Como tratando de ganarle al viento la saliva,
El desvelado vendaval de los bejucos, el alambique celeste entre
Los muslos en los suburbios de la intemperie?
¿Es segura el ave fénix, después de consagrarse al polen, a la fosa
Donde se hunde toda la arcilla, luna fluvial en la bodega del pálpito,
O es sencillamente el erial que en la sed se vuelve bosque,
Sal en la almohada, esquina del sueño del último hervor?
¿Tienen los salmos las aguas suficientes para ahogarnos en los barcos,
La eternidad del equilibrio,
La colina arqueada del tributo, el tomate rojo del musgo,
El vitral de las pupilas sin ansias de bolsillos,
La desnudez necesaria sin que nos haga sufrir? —¿Puede el Universo
Desvelarnos en el cuaderno, sin discursos de sicópatas?
¿Tiene telarañas la orfandad del arcoíris, el cuervo redondo de la noche,
El audífono de la garganta,
El columpio del jadeo, la hoguera escapando duplicada del pubis?
¿Es la orquesta de los poros la que sangra súbitamente
Sobre el helecho del orgasmo, o Ícaro vuelto en petate a la tierra,
De rodillas, atrapado en el asombro, miel cercana a la boca del sueño?
¿Después del Arca de Noé, cabe la cercanía en las manos, el huerto,
El jardín, el paraíso, la sábana imaginaria del rocío,
La escalera obsesa, repetida en el silabario, hormiguero de las palabras,
O es tan simple como el quiasmo de subir y bajar e invertir
El papel sobre la mesa sin quitar el ojo de la ventana?
Al cabo, el invierno se amotina en la saliva: —juegos del paisaje,
Mordiendo el encaje trasegado de los sueños…
Barataria, 09.IX.2010

miércoles, 8 de septiembre de 2010

ALTA NOCHE

Alta noche en los despojos del tiempo, pájaros sin colores,
Tampoco luz, tampoco ríos con el misterio de la fluidez.
Sombras dormidas en las manos, sombras en los párpados.
Ojos entre rocas, lentamente comiéndose el horizonte.
En cada campanada sorda, el silencio de los barcos,
La joroba del viento, deforme en las ventanas…
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ALTA NOCHE







Alta noche en los despojos del tiempo, pájaros sin colores,
Tampoco luz, tampoco ríos con el misterio de la fluidez.
Sombras dormidas en las manos, sombras en los párpados.
Ojos entre rocas, lentamente comiéndose el horizonte.
En cada campanada sorda, el silencio de los barcos,
La joroba del viento, deforme en las ventanas…
Los que ríen cavan en los nichos de la noche,
Y desfilan con vapores de moho y sortijas debajo de las pupilas.
Los que ríen juegan probablemente sólo al espectáculo
Creyendo no ser corderos de un calendario opaco.
Los que lloran, los que sufren, los compungidos, verán
Un siglo de pájaros blancos y no esas bestias apocalípticas
Que muerden las sienes en los sueños…
Alta es la noche y los brazos que la contienen —el alma
Golpea el hastío de su memoria, el resplandor esférico
En los cuchillos, la avalancha de sal en los ojos.
Una y otra vez el follaje alineado, sin palabras. Sin ojos.
El amor sin ser la heroína de los brazos, el vuelo sin ser luz.
Alas, luz, fuego. Falta todo. —Alta noche de muros
Y sombras. Alta noche de la carne sin palabras
Donde los ecos terminan imponiéndose en su atroz batalla.
¿Dónde los espejos marchitan su delirio? —La garganta
Se torna una ladera del desvarío, un acantilado del miedo,
O un anaquel de sombras como cresta de olas.
¿Cuándo desaparecen las sombras de las horas
O el fuego oscuro que consume al fuego de los días?
—Lento fuego de la noche con cadenas, risas anochecidas
Chorreando párpados desgastados y herrumbrosos.
Alta noche en el hueco de los zapatos, en los hombros.
Los ojos resbalan en paisaje de harapos —en golpes
De alucinantes periódicos, en el aire condenado a ser
Un paladar cerrado y no una moneda sin fronteras.
De pronto las mañanas traen, también, sofocante memoria:
Vienen desde ráfagas oscuras de ceniza en los ojos;
En la sombra de la noche reptan hasta hacerse cavidad
Apocalíptica. Hasta hacerse espina…
Alguien jadea en medio de los sueños de la historia:
Los mercados, las palabras disfrazadas, los espejos
Agrios del vinagre, la sangre desvelada cubierta de neblina.
Alguien muerde alacranes en la undécima hora, y lanza,
Irrespirables estallidos, jornadas de miedo
Y dientes de abismo. La alta noche nos muerde las uñas
Y la yema de los dedos, las sábanas y el rito de los domingos.
Alta noche sin luz y sin espejos: —sin apenas un árbol
Posible en este bosque de sombras…
Barataria, 13.III.2009


De: Rastro de los sueños, 2009

martes, 7 de septiembre de 2010

DESARRAIGO

¿Cuánta vida sin abrigo cabe en la memoria? —El tiempo está lleno
De sombras y alfileres y deambula entre aguas sinuosas.
Pudimos haber sido ríos de aguas cristalinas —Pudimos, lo sé…
Trascender nuestros cuerpos en el césped y la esperma,
Regar el jardín con las aguas de la luna, subir al cielo corporalmente
,...
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DESARRAIGO







…los recuerdos me asaltan.
Unos empuñan tu mirada verde, / otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,…
ÁNGEL GONZÁLEZ






¿Cuánta vida sin abrigo cabe en la memoria? —El tiempo está lleno
De sombras y alfileres y deambula entre aguas sinuosas.
Pudimos haber sido ríos de aguas cristalinas —Pudimos, lo sé…
Trascender nuestros cuerpos en el césped y la esperma,
Regar el jardín con las aguas de la luna, subir al cielo corporalmente,
Desandar los cuerpos poco a poco hasta quemar la castidad
Y el bautismo —beber en acto de unción la hostia de tus pezones,
Olvidados de toda provisión hasta hacer sólo para los dos el mundo.

¡Cuánto dolor mío y soledad! —cuánto olvido y errores. En el sigilo
De la tarde queda el último suspiro, el sol que acaso, mañana
Será otro sobre esta tierra —sombra de mi cuerpo, dolor temprano
Perdido en el desvelo, en la limosna que brinda la esperanza.

Hoy cuento las agujas del reloj en el espejo. El pecho ciego se desvive.
La noche ha entrado hasta el último sendero donde la ceniza
Cubre el cuerpo. ¿Qué sueño sin tino sueña el corazón en silencio?
Al ver sobre el espejo quebrado, la herida se ha vuelto torrente
De sal a la deriva. Ahora concédeme tu ánfora de sombras, tus párpados
En mi cruz, tus latidos plurales cercanos al vientre, las vocales
Sin más dolor que esta encrucijada de no tener ya más palabras
Para habitar ese cuerpo cuya presencia anunciaba secretos alambiques.

Sé que ya no hay lugar para mi sombra, ni para mi torrente.
Ahora humillas la esperanza que atravesó el musgo con su jadeo
De tensada miel —ahora los nombres se agotan en el dolor de las venas.
Antes fue posible emerger del escombro y preservar la alegría;
Aún en el dolor te dispones a morder los perros de mi ansia:
—ansia que muy dentro mana gritos de campana herrumbrosa.
La distancia tal vez te hizo perder todo el ardor del polen; el mar, hoy,
Es más desnudo y se dobla en suela de los zapatos —el mundo se desvanece
En mi camino, nuestra historia, sin embargo está ahí dolorida
En su feroz hazaña: recuerdo la paz ahora que la soledad supura
Su beso hundido de tu secreto cuerpo —Eras ayer mi sueño total
Donde respiraba el guarumo de la risa y la brisa alada del estertor.

Nunca supuse en este largo itinerario que nuestras vidas terminasen
En Islas donde los amantes se destruyen sobre las paredes de la sal;
Nada importó antes. Ahora sucede que cada palabra tiene filo
De cuchillos y no la inocencia silvestre que un día atisbaron mis ojos.
Eras las luna transparente en mis pupilas —el cielo con forma de arco iris,
Mi íntima compañía de rocío, mi iluminado tabanco, el aire, la lluvia.
Algo se rompió despacio, sin saberlo. Algo en la desnudez no fui yo
El advertido sino el súbito cruzar las alambradas del desasosiego.

La noche me llena con su oscuridad dulce. En la respiración los latidos
Del frío y la soledad doliendo como una espada… Esa soledad silenciosa
Y oscura que revuelve el rostro en su propio delirio…
Barataria, 14.VIII.2008

De. Espejo de mí mismo, 2008.