sábado, 30 de octubre de 2010

BALCONES

Las casas parecen la complicidad de otro tiempo —discretos mensajes
Entre cada hierro donde el aire y el paisaje apenas entran a los ojos.
La sal del tiempo los elige para la herrumbre y sin embargo siguen
Implacables. Desde afuera el pánico se pierde entre las calles, pero
Desde dentro los cuerpos respiran páginas secas de un libro carcomido.
Imágenes en blanco y negro





BALCONES





Las casas parecen la complicidad de otro tiempo —discretos mensajes
Entre cada hierro donde el aire y el paisaje apenas entran a los ojos.
La sal del tiempo los elige para la herrumbre y sin embargo siguen
Implacables. Desde afuera el pánico se pierde entre las calles, pero
Desde dentro los cuerpos respiran páginas secas de un libro carcomido.
Día y noche crepitan los sentidos —día y noche cerrado el universo
A los ojos. La luz apenas, la soledad como una pesada cortina de invierno.
La espera palidece en las palabras, el aire es breve en la respiración.
El miedo cunde en momentos donde el suicidio parece un transeúnte;
Por eso los balcones se han vuelto fieles centinelas, íntimo sueño
Para evitar las transgresiones, aunque la transparencia se vuelva pesada
Roca del sigilo y al final uno pierda toda fragancia…

Son después de todo, sustitución de las palabras: Rostro de temores.
El respiro cunde en la crudeza de cada hierro, su silencio cavernoso
Hace agónica la ternura. Ahora los vemos en todas partes, es incansable
Su abundancia ante los dientes depredadores de la violencia.
¿Hasta cuándo esta oscuridad andará en nuestros zapatos? ¿Hasta cuándo
Los hacedores de la muerte serán impunes a las puertas y habitaciones?
Entre la oscuridad de la muerte las casas como botín y la vida enturbiada.
¿Hasta cuándo dejará de alargar sus cabellos de furtiva ponzoña?
¿Hasta cuándo este escorpión dejará de respirar en los tragaluces
De la oscuridad? La luna apenas se cuela con su uniforme blanco
Entre las ventanas —esa luna con alma que baja de los árboles e ilumina
La guitarra de los pensamientos…

El pánico no sólo cunde en la calle, sino tras estos barrotes, donde la paz
Se hace más inestable y los dientes mastican inmensos pedazos de miedo.
Este largo desasosiego se vuelve niebla en los brazos y hollín en los labios.
La alegría la desconocen las ojeras de los cuerpos anulados, los clavos
De medianoche atravesando el sueño, el manojo de muertos rasgando
Los hierros helados, las palabras en la diadema de la saliva,
Sin más habitantes que la oscuridad de las habitaciones donde los cuerpos
Lamen la histeria a través de los cerrados pañuelos de las arañas.
Nunca antes el viento fue tan grotesco frente a los espejos, ni la madera
Tan agrietada como la miseria en una cama sin sábanas.

Detrás de los barrotes, confusas las palabras en el rostro. Los perros
Aullando sobre tumbas vivientes, la sed absurda del espanto —única sed
Posible sobre caballos de asfixia. Dios no se deja mirar ante el asesino.
Sólo queda cerrar los ojos y esperar que pase la noche agarrada de la mano
Con el grito de la luna, junto al despojo…
Solos, la mujer y el hombre, tambaleando entre los alfileres del viento.
Solos, entumecidos, esperando a lo que dicta la noche sin paréntesis.
—Solos, atrás de los balcones creciendo en la vegetación del miedo,
Esperando que la ráfaga muerda los sentidos…

Barataria, 02.II.2009.

viernes, 29 de octubre de 2010

SUBLIMACIÓN DE LA NOCHE

Hay sitios donde sueño con las sábanas de la noche.
El café espeso de una canción a medianoche, los atracos
De la luz sobre la hojarasca muerta, los abrigos
Transformados en polvo de estrellas, los relámpagos
Con las plumas a duermevela, la carne en la bruma
De los ratones, los senos en la lengua como colmenas.
Imagen tomada de la red





SUBLIMACIÓN DE LA NOCHE




Hay sitios donde sueño con las sábanas de la noche.
El café espeso de una canción a medianoche, los atracos
De la luz sobre la hojarasca muerta, los abrigos
Transformados en polvo de estrellas, los relámpagos
Con las plumas a duermevela, la carne en la bruma
De los ratones, los senos en la lengua como colmenas.
La boca frente a la respiración de las ventanas.
La desnudez subiendo las escaleras de la sangre,
Mientras los vértices de las pirámides recorren miles
De años trasegados en sombreros de miel mutilada.
Las raíces se dispensan en las ramas del aire, —de agua
Es esta nube que brota de la carne. Las horas se rascan
En los poros; la unidad necesaria mancha las sábanas
Con tinta indeleble. Así las aguas caen en los cabellos.
La fuerza de la noche toma su seriedad de las piedras.
Verde el fuego en el tafetán de los poros, verde el camino
De los tejados, la cascada dócil del ombligo,
El sudor despeinado de los relojes en plena marcha,
Las alas que sangran de alas en medio de hormigas devorando
Ventanas, agitadas plazas donde la noche, ciega, atraviesa
Las montañas líquidas de las sombrillas.
Pero no sólo es el ojo con su arrayán de pájaros, —Quevedo
Herido en sus versos; o Lope o Miguel o Aleixandre,
O Rilke o Camus en sus propios cementerios atormentados;
Extraño sentarme en la penumbra de los ríos,
Antes papeles en mis manos; ahora imágenes tan cercanas
Pero viejas, hora de espinas o víboras, ángeles o demonios
Necesarios en la mesa común de mi idioma.
La luz se apagó en las mismas calles de siempre: en el mismo
País inasible e insaciable, en los extraños olores de los parques,
En los portales derruidos de las bicicletas:
—Hombres y mujeres pasan junto a la noche, señalan, pasan,
Fuman enredaderas, quizá yerbas malolientes de boticas,
Mutilan el color de las fiestas, asesinan como tanques
De combate, decapitan décadas de cristales.
Si no fuera por las llamas de la historia, el polvo o el humo
Dejaría de ser constelación en los meses mayores del calendario.
A este extraño País le hacen falta sobrevivientes.
Le hacen falta nuevas palabras, nuevas miradas, nueva caras,
Para sustituirlas por esas ergástulas esparcidas en el frío.
En los diálogos desvanecidos se hilan las tormentas siniestras.
( Y pese a todo estás aquí, humedecida y estremecida,
Con la promesa echada a la penumbra, con la letra inicial
Del olvido en el cuaderno de apuntes, con esos extraños
Robacasas, —ladrones vestidos de flautistas, delicado estiércol
Del Sistema, ligeramente comestibles en los sueños).
Pero así somos felices o, al menos, grito en el combate
De la caverna, cama azul de las batallas, parpadeante hoguera
En el pecho o simple dolor mío y tuyo,
Dolor ajeno y mío, imprescindible, posible, no ignorado
En esta brújula sin puntos cardinales,
Conato de pobreza y quejidos, desvanecida garganta
En las certidumbres puntuales de las ráfagas.
Portales del desvarío donde la noche exige su ternura…

Barataria, 15.VIII.2009

jueves, 28 de octubre de 2010

LARGA ES LA NOCHE

Esta noche envuelve con chiltepes de neblina los papiros
De la memoria o la espuma fugaz de las luciérnagas.
Brota, acaso, algún rostro de las gotas, del pan con clamor.
—Son días de inclemencia sobre el rocío de los espejos.
En los ojos de los relámpagos se divisan los cementerios:
Quizá el escondrijo de la materia, no los brazos de los árboles,
No el baño sin reflectores encendidos.
Imagen tomada de la red





LARGA ES LA NOCHE





Larga es la noche, nos canta…
Aquí en la tierra, en la dulce
Tierra de nunca acabar…
GABRIEL CELAYA





Esta noche envuelve con chiltepes de neblina los papiros
De la memoria o la espuma fugaz de las luciérnagas.
Brota, acaso, algún rostro de las gotas, del pan con clamor.
—Son días de inclemencia sobre el rocío de los espejos.
En los ojos de los relámpagos se divisan los cementerios:
Quizá el escondrijo de la materia, no los brazos de los árboles,
No el baño sin reflectores encendidos.
No hay pasaportes en cada ración de oscuridad.
Recuerdo los tragaluces con ceniza y sin hacer milagros.
La verdad mordida por bocas extrañas.
Este guiño de huesos en el filo de los ojos.
Este no saber, amigo, a qué presente atenerme.
—Hay imágenes que rebasan cualquier coyuntura de hojalata:
Patetismos sin olor a cacerolas.
El cumpleaños íntegro de la Nada y salmuera desde las cerraduras
Proféticas y razones de frenéticos hongos.
Hay maquinarias para la osamenta perenne del cuerpo.
No cantos gregorianos apartando las tormentas.
[Vos sabés de este dolor sin olivos. De esta cumbre de la noche
Sin senderos, de las espigas sin aceite ni rocío.
Este ahogo se quiebra en la sequedad de las semanas.
Muerdo los zapatos con mis palabras encendidas.
Vos sabés del despojo umbilical y la inclemencia. De ese cubo
De fiebre que se beben las sábanas,
De estos días apretados con aldabas de salmuera.]

Hoy tengo en una gota todo el destello del océano. La dimensión
Putrefacta de quiénes somos: —vos y yo como seres de la noche
En la tierra, justo hasta el cuello de la neblina.
Noche o tierra en el aire agónico de mis sienes.
Ración de vientos en los platos del desperdicio, serpientes
De herrumbre en las entrañas.
Los insectos abren mis poros. Formas sordas acompañan
A las puertas. —¿En qué idioma puedo leer el horizonte,
Sin que chorreen tazas de hollín y merodeen grúas con galletas
De polietileno? —cada día la noche es un puerto en las líneas
Letales de la lengua, en las espuelas de los dedos,
En la pulsación del humo al cruzar los tabancos.
¿Sirve la polilla de la ropa, en las diapositivas de los monumentos?
¿Sirven los coros para limpiar la ramazón del mimbre?
—Como un niño me devano en el diccionario del polvo.
En los juegos mecánicos de los manuales, en las paredes
Corrompidas por las cámaras, en esta sensación aflictiva
Que no termina en los camastrones de un hospicio.
Como un niño, ave solitaria de los círculos.
Como una sonrisa donde imperan hombros de ceniza.
Así es de increíble este cansancio por los alelíes…

Barataria, 21.XI.2009

miércoles, 27 de octubre de 2010

DE REGRESO AL FUEGO

Ya vuelves abrasada a la corriente de mis recuerdos. Te vuelves
En el velamen que abandoné en la deriva incandescente de las llaves.
Ahora de nuevo como todas las cosas prendidas en la madera
De la noche. En aquella brújula dejada a las manos del viento.
Imagen tomada de la red





DE REGRESO AL FUEGO




Se detiene
ese cuerpo desnudo
que abandonó hace tiempo. Se detiene,
y ahora te abre sus puertas detenidas.
DOLORS ALBEROLA




Ya vuelves abrasada a la corriente de mis recuerdos. Te vuelves
En el velamen que abandoné en la deriva incandescente de las llaves.
Ahora de nuevo como todas las cosas prendidas en la madera
De la noche. En aquella brújula dejada a las manos del viento.
Percibo la caja de pandora en los muebles de la respiración;
El cuerpo guardado en cofre,
Tantas calles después en pedestales desvanecidos. Tantos ahogos
Sobre la piedra hundida de los cimientos, abandonos duplicados
Bajo la lluvia, rostros iguales a los sueños invertidos.
Vuelves cuando la barba se volvió zozobra. Cuando el mundo
Ya no oscila en mis manos, ni es el mismo cielo en la trama de los ojos.
No siento los brazos que ayer fueron hamacas:
Predomina el humo en la respiración disonante del vidrio.
—¿Dime en qué pergamino se dibujan los acantilados, el filo debajo
De la franela, los faroles rotos de la entraña,
La multitud, acaso, en vilo buscando la misma Esperanza?

La mitad del día es una ficción de peldaños, escaleras mudas, habitadas
Por extraños paraísos. Vientos de semana carentes de palabras.
Aquí han transcurrido difíciles lámparas en los ojos:
Fotos amargas del sepia de los pianos.
Acequias de dudosa noche y faroles, dioses desdeñados por la escarcha.
Inviernos de opacos parques, cadáveres de caliente lluvia.
Hondonadas como el latido en las vísceras. Imágenes de dura piel.
Desembarco de emociones arbitrarias. Reminiscencias del fuego,
Estrechos caminos para pensar el júbilo.
El tul de los ojos se comió todo el islote de la marea. Nadie salió ileso
De los hilos del destierro. Nadie ha vuelto a ser pájaro poblado de ramas.
Nadie mastica hoy aquella tormenta de los cuerpos desnudos.
Pared contra pared la tajuilla de sal en los pómulos.
Agónicas bocas muerden el miedo, el taburete de la boca, el ritmo
Seco de los labios, el amarillo certificado del tedio,
El pequeño resplandor de los aserraderos.
Nadie duerme tensado por esta vibración de los sentidos: el propio
Rictus de la zozobra nos mata el deseo, el jadeo amorfo en los tímpanos.
De regreso al fuego, no. Único acto de teatro fue aquella chimenea
Que apuntaba a la madrugada; ahora debo dormir el oleaje
De las ventanas que despiertan la luz de la madrugada.
La fatiga me lame la espalda, mientras los charcos de las nubes caen
En mis ojos. Anoche partí, mientras las hojas de otoño cabalgaban,
Hacia el pan del olvido con todos mis sueños…

Barataria, 27.X.2010

lunes, 25 de octubre de 2010

DIAS INEVITABLES, CON CEMENTERIOS

Hemos llegado al fuego quemando toda la madera. Corazones en la tundra
De la ráfaga, —fuegos del rencor en la conciencia.
En la hamaca del grito caen las hojas y los ebrios gallos del asombro.
El aire apesta en su desvelada vorágine. El estallido del azufre
En las sábanas: ecos, anuncios, desvelos pegajosos…
Imagen tomada de la red





DIAS INEVITABLES, CON CEMENTERIOS




Tierra que aterra y entierra
en cielo vuelto y revuelto.
MAX AUB




Hemos llegado al fuego quemando toda la madera. Corazones en la tundra
De la ráfaga, —fuegos del rencor en la conciencia.
En la hamaca del grito caen las hojas y los ebrios gallos del asombro.
El aire apesta en su desvelada vorágine. El estallido del azufre
En las sábanas: ecos, anuncios, desvelos pegajosos…
Lo más cierto en esta vorágine del hombre es el abismo oscuro
De las uñas, las tenazas ácidas del miedo. El estrecho mudo que hacen
Los clavos en la nube del entresueño.
(Pasamos días de incierta harina en las ingles; el Paraíso está
Más próximo a los retretes públicos; los muladares sangran jadeantes.)

Los cementerios no tienen días de asueto, ni vacaciones.
La espina siempre está en vigilia, aún a las horas del almuerzo.
De ahí la ardua labor de caminar con sigilo y con los puños cerrados.
En este batallar de grito y lápida,
Bullen los ojos su intensa soledad de piel, de poros, de manos, abrazos.
Es un fuego sordo que cae en la boca, una argamasa de símbolos,
Un mañana sin paladar,
La tempestad fatua e incontenible: la Esperanza condenada por el crimen.
De pronto me hundo en la costra de la destrucción:
Uno se habitúa a la almádana y no al amor.
A la piedra y no al vilano, a la penuria que nos da el páramo.
Hay días que son desastre y carcajada. Días exactos de sedición.
Esta batalla diaria carece de toda fantasía: toda teoría que la explique
Tiene la pulsación de la espuma, las sombras espesas del aire,
El sopor obediente del grafiti o la avidez del atraco.
Hemos estado desde hace años, entre la sepultura firme
Y la madera fúnebre que muerde con dientes de firme tributo.
Es como la hoja seca en el entrecejo esta vaga luciérnaga
Con cuchillos, esta urgencia por unas cuantas monedas. Este universo.
Algunos viven el sonambulismo de las estrellas o el arcoíris;
Otros nunca despiertan de la ráfaga y otros más, simplemente agonizan
Dejando los secretos entreabiertos.
En un rostro, hay otros rostros que murmuran.
(¿En qué momento tendremos luz propia, alas, música? ¿Cuándo
Concluirá la zozobra, plato pulsante en la mesa?)

De pronto oigo voces y veo multitudes, harapos, cerraduras,
¿Cómo llegamos hasta aquí sin brida, destruyendo el alba y la certeza?
—Ahora nos invade el aliento con su noche de palabras divididas.
Ahora, aquí, suben por la escalera de la memoria.

Barataria, 25.X.2010

domingo, 24 de octubre de 2010

MI SED TERMINA EN TUS AGUAS

Mi sed termina en tus aguas. Lluvia de los dos espejos el latido.
Siempre así, el tino sobre los fuegos, la lengua descarnando
El deshielo, el ojo enajenado en el puerto.
Comienzan a abrirse las palabras como un gran incendio;
Al lado mío, sin embargo, la sed sin brújula, el modo gratuito
De mirar de las ventanas, las alas en medio de la tos del viento.
Imagen tomada de la red





MI SED TERMINA EN TUS AGUAS




Las calles de la ciudad son láminas de hielo.
Las ramas de los árboles están envueltas en fundas de hielo.
Las estrellas tan altas son destellos de hielo.
ÁNGEL GONZÁLEZ




Mi sed termina en tus aguas. Lluvia de los dos espejos el latido.
Siempre así, el tino sobre los fuegos, la lengua descarnando
El deshielo, el ojo enajenado en el puerto.
Comienzan a abrirse las palabras como un gran incendio;
Al lado mío, sin embargo, la sed sin brújula, el modo gratuito
De mirar de las ventanas, las alas en medio de la tos del viento.
Mi sed siempre así, latiendo en las ramas del musgo.
Mis ganas de vivir indivisible, sin tener que volver a los antiguos
Ahogos, a la niebla que tanto he empuñado con mis manos
De sucio esparadrapo.
Mi sed comienza en la escalera de tus poros. En la sílaba tónica
Que prolonga los latidos, en el escurridizo tren de sudor
Y hasta en el césped que modela los sueños.
La sed termina cuando reinvento la alegría. Es claro que me embarco
En un tren de azúcar. Cada vagón importa porque lo llenamos
De cuerpos y horizontes, de irreprimibles aguas.
La luz nos bebe con su sol de aguas. Ventanas de piel tiene la tierra.
Aprieta el alma el pájaro sumergido en las confidencias.
Esta sed en desorden, sin trapos, en la fuga del firmamento.
Cada hélice del calendario, traspasa el surco de las pupilas:
Ahí, dilatada, desamueblada, bebiéndome las puertas del subconsciente.
Las ansias entran, pero son como vilanos,
Alrededor de la transparencia del aire. Y no mortales escamas
Del crepúsculo, ni quejidos del deshielo. Ni huérfano tacto.
Ni pañuelos para ciertas oscuridades del cielo. La alacena de las flechas
Consume el umbral de las brasas. La sobremesa es la fragancia
En los párpados, el idioma de la lengua que no agota su destino.
(Hemos roto la noche verde de la brizna. Apretamos el fuego
En la colmena de los ojos. Y sostenemos los sorbos de memoria.)

En cada página de este vegetal ahogo, respira en su sed la rama de agua.
Nos precipitamos en las márgenes del aliento.
En el talismán de la mesa servida, en la cosecha del calendario.
Me enceguece el nombre abierto de la eternidad al amparo de mis manos.
Soy obediente al emblema de las parábolas,
Al despojo si es de justa balanza, al grito si es para romper
Las compuertas de toda esa piel que tiembla en mi sangre.

Barataria, 24.X.2010

sábado, 23 de octubre de 2010

MASCULLANDO EN LA NEBLINA DEL ESPEJO

Murmuro la neblina del espejo entre la sombra y las lámparas.
Entre el olvido y el silencio, la memoria que se acerca a la noche.
Cada día caminamos el tiempo a través de los vitrales,
El horizonte se nos muestra en laberinto de porcelana,
El equilibrio, el asombro por los signos.
Imágenes en Blanco y Negro





MASCULLANDO EN LA NEBLINA DEL ESPEJO



Para Ana Muela Sopeña y Pere Bessó,
En reciprocidad poética.




Y pensar que el olvido es lejanía,…
LILIAN SERPAS




Murmuro la neblina del espejo entre la sombra y las lámparas.
Entre el olvido y el silencio, la memoria que se acerca a la noche.
Cada día caminamos el tiempo a través de los vitrales,
El horizonte se nos muestra en laberinto de porcelana,
El equilibrio, el asombro por los signos.
No importa cuán distantes estén las aguas, ni que tristeza tienen
Las esquinas del mundo,
Ni los pájaros del asombro en las cartas,
Cuando las palabras se vuelven ojos y la lluvia una ciudad dulce.
De pronto las ventanas nos salvan del desamparo.
Cuando los días son impacientes, jugamos a ser niños:
—El asfalto nos da un sorbo de ciudad; las puertas, la luz definitiva.
Imagino la claridad de los arroyos recorriendo la sangre:
Esos mismos dibujos de colores
Que la caligrafía va dejando en el cuaderno con todo el aire
Y la ternura de las mariposas: —con todo el azul enarbolado de la luz.
Nuestra labor, antes que agonía,
Es construir puertas en abundancia para que el silencio
No sea fiebre ni ceniza desmesuradas.
Ahí, en el tiempo detenido de la memoria, el diálogo inmutable
De los barcos, los frutos en el agua de la Esperanza.
Cuando entregamos el frío al olvido, es porque hemos recorrido
Los eucaliptos de las locomotoras, el mundo secreto del insomnio
Y la nocturna hora del alba.
Siempre en el alma hay más certezas que en los ojos. No importan
Las paredes y las fronteras, cruzar calles extrañas, confundir
La noche con los tejados, surtir las madrugadas de invocaciones.
Ahora se puede cultivar el júbilo sin cortar los pétalos.
Se pueden encontrar tinajas en la madera, en el cofre escondido
Del alma, en las baldosas que atraviesan las estatuas.
Ahora los brazos son grandes y reclaman gargantas, la complicidad
Del aire en las manos, ese designio húmedo de la primavera.
Al entrar a las palabras, las acequias de las consonantes,
El tren de las vocales,
El río en el desayuno lunar de la mesa. La faena abriendo las preguntas,
Los días lavados con el sudario de los poros.
Así, pues, mascullamos en la neblina del espejo de todos los días,
Los días que nos devuelven el calendario fenecido:
Ese filo de las aguas diurnas, el angosto hilo de miel, encima
De nuestras propias fortalezas. El poema, de pronto, se ha vuelto,
Una enredadera de entrañable azúcar…

Barataria, 17.X.2010

viernes, 22 de octubre de 2010

TODAVÍA LA LUZ, EL CUERPO BLANCO

¡Todavía la luz! El cuerpo nos desborda la memoria. Todavía
La redondez del ardor nos llama y multiplica: la sombrea nos enreda
En la luz; el desvelo antecede al mar. Las pupilas adentro del latido.
Los ventanales desembarcan el aliento, ese territorio que atraviesa
Cualquier sueño, la carreta del júbilo,
Esta vigilia ardua que vadea las regiones oscuras de las aves.
Imagen tomada de la red





TODAVÍA LA LUZ, EL CUERPO BLANCO




Entrada la noche, sigo contemplando la inagotable maravilla, y
el curso de las ondas apenas insinuando en la tiniebla,
qué condición de bálsamo, qué intenso consuelo proporciona.
ÁLVARO MUTIS




¡Todavía la luz! El cuerpo nos desborda la memoria. Todavía
La redondez del ardor nos llama y multiplica: la sombrea nos enreda
En la luz; el desvelo antecede al mar. Las pupilas adentro del latido.
Los ventanales desembarcan el aliento, ese territorio que atraviesa
Cualquier sueño, la carreta del júbilo,
Esta vigilia ardua que vadea las regiones oscuras de las aves.
El murmullo de los paraguas quita los olvidos; luego, todo vuelve a ser
Temperatura vegetal del viento.
El vaho agiganta los muelles: las horas del alba. El cuerpo del mediodía
En el caballo de la humedad, —fermento ebrio del deseo.
El regazo es, según queramos la historia;
Y claro, no es fácil sostener el ansia, después de descubrir
La siempreviva de las hormigas en los rieles del café espeso.
A menudo el frío zumba entre las lámparas.
Los días idos nos visitan en la madrugada, —velan la hamaca de tanto
Recuerdo, plantan hambre en los ijares.
Sé que la duda es una ciudad oscura: ahí residen anaqueles de polvo,
Mitades iniciadas, oscuro musgo de vinagre, hollín pausado
De palabras, vigilias sembradas como acequias.
No pido más que quitar el miedo de nuestros zapatos, —y construir
La casa con materiales sencillos, con palabras no agotadas,
Sin goteras, ni prensapapeles,
Con trenes, sí, con caballos, con barcos, con zaguanes y ríos.
Basta vencer los duelos de las doctrinas, —hay que resucitar las pupilas,
El equilibrio en clave, la desnudez de azúcar que había,
La estación nutritiva del alfabeto con su ungüento de litoral interminable.
De pronto todavía se puede refundar la almohada,
Cuando la batalla carece de calambres.
¿Quién nos mira? —Nuestros propios límites: el retumbo del pájaro
O el dolor contrario a nuestros sentidos.
¿Quién nos dio este infinito de contrarios? —¿La boca o la cruz?
¿El paréntesis amenazante? Quien ve, siempre emprende nuevas
Batallas. Quien entrega, siempre tiene un presente de pan.
Quien camina, deja atrás la polilla y la somnolencia, los anzuelos
Y el alarido sobre la tumba estéril.
Quien arde, toma el fuego en sus manos y madura en la luz.
¿Todavía es posible refugiarnos en la Esperanza? —hay puertos donde
Se escuchan los brazos peregrinos del horizonte. Ahí, —Vos y yo—
Corporales, tangibles, soledades presentidas, barcos anunciados:
La gravedad en el umbral de lo pródigo…

Barataria, 21.X.2010

jueves, 21 de octubre de 2010

RETORNO AL VIEJO MUELLE DE MADERA

Retorno al viejo muelle de madera para caminar desnudo con mis versos.
Al cabo así me ahorro los libros de superación personal. Y la luz
Artificial de los escombros. Y la lectura de recetas culinarias.
A veces me toca morder toda el agua oscura de las estrellas,
O reír sin camisa cuando el relámpago ilumina el camino.
Imagen tomada de la red





RETORNO AL VIEJO MUELLE DE MADERA




Ahórrate el dolor, no tienes modo
de convencer al mundo de tu huida
MARÍA SANZ




Retorno al viejo muelle de madera para caminar desnudo con mis versos.
Al cabo así me ahorro los libros de superación personal. Y la luz
Artificial de los escombros. Y la lectura de recetas culinarias.
A veces me toca morder toda el agua oscura de las estrellas,
O reír sin camisa cuando el relámpago ilumina el camino.
Líquidas tablas mojan mis zapatos. —Estar aquí es una especie
De huida. Mientras pregunto a la noche por mis ojos.
Por la ternura saliendo de mis ojos como un río salado.
Aquí permanezco, clavando, desde la noche al alba: la almohada
Sabe todos los nombres ardientes que se posan en mi mente.
Ya se hizo vieja la resina de las tablas y los cabellos de tanto
Tocar puertas y ventanas y derrotarlas: —de otro modo no sabría
Del granito en mi boca, ni de los peces mordiendo la espalda.
En la taza de los ojos bebo el palpitar de las aguas: —lavo mi corazón
Para después repartirlo en la claridad;
Cepillo mis dientes con el azúcar de las lecciones diarias;
Desgarro mi pálpito como una bandera.
Siempre vengo a este muelle a pintar de azul las llaves, —de azul,
Las calles de granito que desgastan mis zapatos.
Todo es una orquesta de papiros líquidos que debo descifrar:
—Gota a gota sobre la comba del sonido hasta amanecer echado
En otra historia. Quizá la misma historia. Quizá el mismo muelle
Galopando en mis pupilas.
Es mejor celebrar aquí mi nacimiento: la sombra del tiempo
En mis brazos, la memoria profunda del instante sin ambigüedades,
Ni irremediables cuadernos. Sólo la paciencia empapada
De cobertores fosforescentes: —acaso penitente luz cargada de buenos
Augurios. Pero el tiempo es una pared de nudos ciegos.
Este tiempo que huye de lo blanco y la transparencia con su propia
Ramazón de grito. Profusa se vuelve, de pronto, la incertidumbre
Y todo el aliento que moja los cristales,
Y todo el polvo enceguecido del pulso. Y toda la conciencia.
(—¿Hacia dónde debemos partir con este paisaje, abruptamente
Inseguro, cuyo fuego quema los párpados?)

—Las alas no gravitan en las palabras, ni el calendario desnuda
El cuaderno donde viaja el sonido de lo agónico.
Retorno al viejo muelle de madera para caminar desnudo:
Aquí respiro, aún, pese a las trampas del miedo. Pese a que los nombres
Se diluyen y no queda, sino lo abisal
El horizonte lúgubre del hambre…

Barataria, 20.X.2010

miércoles, 20 de octubre de 2010

EL ROSTRO EN LOS POROS DE LA CONCIENCIA

Casi porfiado, el ahínco, ahonda en la conciencia. Vertical el desdén
Y súbito el ardor del laberinto. Total el cielo aguardado. El aire
Respirado de la luz en el volumen de las manos.
Mordemos las raíces con obsesión de dientes: las piernas atléticas
De las playas sin plazos ni parodias. Simplemente ahí, la respiración
Fotografía de D. Javier García Guerra





EL ROSTRO EN LOS POROS DE LA CONCIENCIA




¡…impaciente de meses, furioso de semanas!
PAUL VERLAINE




Casi porfiado, el ahínco, ahonda en la conciencia. Vertical el desdén
Y súbito el ardor del laberinto. Total el cielo aguardado. El aire
Respirado de la luz en el volumen de las manos.
Mordemos las raíces con obsesión de dientes: las piernas atléticas
De las playas sin plazos ni parodias. Simplemente ahí, la respiración
De los semáforos, el rascacielos del páramo,
Los días rasurados con navaja de barbero, los amantes en el corral
Del sudor, el alba de la noche en la pubescencia
De la muela cordal,
Los fetiches mordiendo el desvelo cada vez que las aguas suben
En el terraplén del juego de dados de las mariposas.
Aquí, subo al caballo de la novela negra o me pierdo en Joyce a esta
Altura de los años de mi vida; lo que queda de la vida es la metamorfosis
De la infancia, el abismo nuclear del silabeo,
Las tortillas de nitroglicerina en el Viejo Mundo, el candil opaco
De Vallejo, las persianas con piñatas de Neruda, una sandía irremediable
En Botero, un claroscuro en el parto del olfato.
Encima de graneros desollados, el tiempo salta despavorido.
Supongo que para sobrevivir, debemos hacer grandes ciudades
Subterráneas, iguales a las que se construyeron en Europa del Este
Durante la Guerra Fría. Ciudades más grandes que la extensión
De mi País. A la identidad hay que darle hermosura de roca
(Lástima que ahora, al menos abiertamente, ya no exista el mercado
De las bulas: de ahí lo difícil que resulta entrar al Paraíso del ungido.)

Da igual a fin de cuentas saltar por el tejado del cielo
O abrir la puerta con ganzúa;
La paciencia me derrite la esperma: de hecho, cada vez el verbum
Me taladra; avienta zarpazos; y, por si fuera poco, me eleva al pantano
Del éxtasis. Ahí me invento vocales de fuego y hasta pantanos
De inusitado asombro. Después de todo los poros de vuelven ojos
En el tragaluz de las paredes. Y los pies, boca desnuda: relámpago
Descendido a los zapatos. O simple sombra como una copa redonda
Del diluvio, como la incertidumbre del mendigo en la claridad.
El lavatorio con agua es la conciencia del rostro, —a veces la limonada
En la puerta del ojo, la calle desangrada de las pestañas,
El desierto, de pronto, de la entraña con la boca cerrada de tantos
Nombres callados.
Siempre estamos impacientes, —Vos, sobre todo, de los párpados
Celestiales del aire, de la respiración en cadena de las sombras,
Del orégano repartido en los encajes, de la camisa blanca, detonante,
Del orgasmo. La conciencia palpita y migra frente al mar abrupto
De la espuma. El rostro sucumbe en el abanico de los poros.
—Quizá un día podamos desprendernos de tantas preguntas incómodas
E innecesarias. Y descubramos los caballos de la sal o del olvido.

Barataria, 18.X.2010

lunes, 18 de octubre de 2010

EL REFRÁN QUE ME ALUMBRA

Cuando el tiempo está nublado, el Paraíso tiene otro destino.
Creo que aunque el odio no sea mercancía, es lo que más abunda
Hoy en día: enfrente de mis ojos, el prejuicio y la infamia.
Siempre los monólogos tienen sombras en los párpados.
Imágenes en blanco y negro





EL REFRÁN QUE ME ALUMBRA




“La pimienta es chica, y pica,
chica es la punta de la espina,
mas a quien le duele, no la olvida”
(REFRÁN)


Cuando el tiempo está nublado, el Paraíso tiene otro destino.
Creo que aunque el odio no sea mercancía, es lo que más abunda
Hoy en día: enfrente de mis ojos, el prejuicio y la infamia.
Siempre los monólogos tienen sombras en los párpados. No hay,
Desde luego, un solo nombre con estrellas: —es necesario jugar
A unir la noche con el día, reemplazar las ventanas de lo aprendido,
Amarrar al animal del escalofrío,
Derribar las estatuas del desparpajo.
—“Ni mesa que se ande, ni piedra en el escarpe”. Pues que, “nadie
Entre en el bien sino mirando cómo ha de salir de él.”
—Hay, amigo, “vas sembrando de espinas tu camino. Piensa que has
De volver.” Hemos de estar aquí para ir y regresar.
A veces el polvo alienta la memoria. Da cuentas del muelle
De la hipotenusa, del pincel del péndulo inexistente, del dedo agrietado
De la hamaca, del pasamanos del derroche,
Del rostro clausurado en la claridad: llevamos entre las cejas, el camino
Del aire, el documento de identidad de la sangre a lomo cruzado
De la caricatura: masticamos el dulce veneno de la vida con gestos
De bolsillos opulentos, mientras la caries guarece su filo en las encías.
Cada uno es inminencia de tornillos, por el aire oxida los huesos.
En el hambre, los sueños son sollozos azucarados.
Toda antítesis es la flama de lo mismo. Nadie se extrañe de llevar
Una alforja en los hombros: el estiaje retorcido del alma, los colores
Inversos del in finito, los puntos suspensivos, debilitados de las estrellas.
Es necesario hacer nudo el cáñamo de la saliva.
No es posible alfombrar la lengua con el smog de los neumáticos.
(Debo suponer que sobre tu ombligo escribiré mi último poema.
O al menos, no me privaré del intento.)
El cuentagotas del reloj desconoce los límites de mi apego a la vida
Retirada que comienza en cada página en blanco.
No sé qué tan posible una brújula para leerlas las fábulas de Esopo,
O aprender de las falanges de los dedos cuando se estiran,
O invertir el punto equidistante de la circunferencia en un trapecio,
O sumar todos los vientos para que ondeen las banderas,
O usar la almohada para transportar los océanos.
Lo cierto es que “habiendo escalera, ¿quién busca otra manera?”
Además, ya sabemos demasiado de la vida y atesorado la muerte.
Al final de cada ternura, los epitafios son imprescindibles,
Sólo así podemos recordar el camino andado,
Detenernos en el espejo del silencio,
Comparecer ante la losa para luego traducir el follaje en el oído.

Barataria, 15.X.2010

domingo, 17 de octubre de 2010

ES HORA DEL OLVIDO

Ha llegado la hora de servir la mesa del olvido. Es lícito hablar
Mientras amanece, —mientras la hoja se vuelva caduca,
Y galopa en el aire.
Es lícito tirar el semen del tejado y borrar el lecho que extravió
La esperanza. Escribamos por última vez la risa en el vaso de agua.
El día es un gran desierto donde escupe el sudor sus aguas.
Fotografía de D. juan pavón





ES HORA DEL OLVIDO




Es la hora, es la hora en que debemos morir;
es la hora para rodar en la noche…
MIGUEL ARTECHE




Ha llegado la hora de servir la mesa del olvido. Es lícito hablar
Mientras amanece, —mientras la hoja se vuelva caduca,
Y galopa en el aire.
Es lícito tirar el semen del tejado y borrar el lecho que extravió
La esperanza. Escribamos por última vez la risa en el vaso de agua.
El día es un gran desierto donde escupe el sudor sus aguas.
Herida la página, sólo tiene sangre la caligrafía: este poema
Sin pájaros, de noche, de cielos donde los pies son otros.
El aliento ha conseguido masticar brizna, hierba, escombros:
Es hora de nombrar las ausencias y dar el tiro de gracias a los momentos
Visibles, a la luz que en cierto modo fue trampa; a la oscuridad
Que fue árbol en los dientes.
El pan es sólo la alucinación en los dientes. El quicio desploma
Los murciélagos, —debemos masticar el espejo de los mástiles;
Ese otro hospedaje de invisible alfabeto. Ese otro fardo de sombras.
(Adentro del pecho se agolpa el olvido. Las aguas del sueño con su bosque
De sigilos, la pupila ensangrentada del viento,
Quizá la multiplicación del insomnio como un puño cerrado.)

Es hora de habitar de otra forma las palabras: los recuerdos
Y la multiplicidad de los murciélagos. Es hora de sacudir el follaje
Del espejo, la lluvia inexplicable de las ventanas, la ceniza del día a día.
Hemos sido ríos antiguos escribiendo en la noche:
Ámbitos de los días en la inmensidad de la pluma, sueños rescatados
Cada vez en el espejo. Hemos sido la brama del semen en el desierto.
A veces el verso un abismo de peces,
Lenguas de féretros,
Lenguas en cuyo jardín rompieron sus vestiduras.
Descalzos, alargamos nuestros pies sobre los muertos.
Vestimos súbitamente el matorral de los patios y el suelo. Llovizna
La oscuridad en los gallos.
¿Dónde floreció la tinta genésica de los clavos, las piernas circulares
De las palabras, el balcón pintado del arco iris?
—Modestamente, es hora del olvido.
Hay necesidad de ahogar lo decible. Callar las palabras de la armónica.
Hay necesidad de sellar la boca y el pensamiento.
De cerrar la alacena de la memoria.
Hay necesidad de transformar las campanas. Envolver la carne
En un ataúd, en ese olvido bajo paisajes clementes.
Nadie habrá de perseguirnos. Y si alguien lo hace, no nos encontrará:
Morimos para nacer en otro tiempo impenetrable.
Reímos, después, solo con la eternidad de nuestra risa…

Barataria, 14.X.2010

viernes, 15 de octubre de 2010

NOCTURNO DEL ADVERSARIO

Ya lo decía Galdós en España sin rey, que “gato escaldado, del agua
Fría huye”.
Uno siempre está a merced de “la gallina de la vecina creyendo
que aquella pone más huevos que la de uno”.
El delirio, a menudo, hunde su boca en la pluma inerte.
Es una soledad gris, la que oscurece el entendimiento.
Soplan las cataratas en ojos y pecho. Ave extraña la luz de mi adversario,
Los zapatos que martirizan su mapa convulso.
Imagen tomada de la red





NOCTURNO DEL ADVERSARIO




Las flores a las personas
claros ejemplos les den..
LUIS DE GÓNGORA




Ya lo decía Galdós en España sin rey, que “gato escaldado, del agua
Fría huye”.
Uno siempre está a merced de “la gallina de la vecina creyendo
que aquella pone más huevos que la de uno”.
El delirio, a menudo, hunde su boca en la pluma inerte.
Es una soledad gris, la que oscurece el entendimiento.
Soplan las cataratas en ojos y pecho. Ave extraña la luz de mi adversario,
Los zapatos que martirizan su mapa convulso.
Su rostro parece un guerrero de lo oscuro: siempre está ahí, oculto
Entre otros rostros, en el horizonte, en la calle, con su rigidez
Nauseabunda, con ese juego de alfileres desvividos.
En cualquier parte está desperdiciando su garganta; su insomne
Matapalo no lo mantiene en sosiego:
Escruta sus propias frustraciones en los zapatos ajenos.
Nada lo mantiene en paz. Es la sombra que me acompaña disfrazada
De luz. Registra cada uno de mis pasos.
Sabe lo que como y lo que leo.
Mi adversario vive entre telarañas de sed.
Le corroe la abundancia ajena en su alma.
Conspira desde las ventanas. El azadón de su boca no lo deja respirar.
No se puede abrir al arco iris. Le teme a la blancura.
A mi adversario le estorba la ropa ajena. Vive de la comida
De los murciélagos. Siempre es la sobremesa.
Mi adversario siempre afila sus dientes para comer escarabajos:
Su universo es la angustia y la desolación. La tristeza de su boca.
Mi adversario no tiene tiempo para él: se disfraza de oxígeno, bosque,
Para cumplir sus deseos.
A mi adversario lo enfada la abundancia ajena.
Pero su destino es necesario: subsiste gracias a su inocencia de cuervo.
Confluye en medio de un candil herrumbre.
Diariamente abre su nutritiva ponzoña. Jamás se apacienta en lugar
Alguno, salvo en el escombro o el rastrojo, en la breña.
Su estro profético lo lleva a ventanas oscuras.
Sus manos no descansan. Realiza una labor perseverante:
Afila sus negras intenciones como labor de hormiga.
Mi adversario huele a sangre y ponzoña. La piel de sapo loa giganta.
Mi adversario siempre está al servicio de la agonía:
Vive los sueños ajenos en su mecedora de espuma…

Barataria, 15.X.2010

jueves, 14 de octubre de 2010

PERMANENCIA DEL TRAGALUZ

Sólo me es posible la luz, a través del tragaluz del campanario que tiembla
De fuego en el aire. —El mundo conmigo hasta el cansancio, el amor
Que ni siquiera es posible en el horizonte, el cuaderno desesperado
Del aire, reflejo de mi navegación oscura.
No veo el arco iris desde la sombra que oculta el día.
Imagen tomada de la red





PERMANENCIA DEL TRAGALUZ




Pero de todas formas
advierto que vivo entre las calles.
Voy sin gafas ahumadas.
Y no llevo bombas de tiempo en los bolsillos…
HEBERTO PADILLA




Sólo me es posible la luz, a través del tragaluz del campanario que tiembla
De fuego en el aire. —El mundo conmigo hasta el cansancio, el amor
Que ni siquiera es posible en el horizonte, el cuaderno desesperado
Del aire, reflejo de mi navegación oscura.
No veo el arco iris desde la sombra que oculta el día.
Despierto después de navegar por incesante islas, hundidas
E inconclusas islas en mi propio escombro. Sumergidas en cada página
Del sueño. Anónimos arrecifes en las pupilas.
Sobre baldosas enmohecidas, emerge un inventario de despojos:
Paradojas simulando alas,
Lentas moscas extraviadas en la boca, la sonrisa en el barro
Oscuro de la ansiedad y las paredes con su propia lengua de penumbra.
De hecho, el mundo se me ha vuelto un laberinto ensimismado.
Otra noche con arrugas. Otra noche con muros.
Otra noche sin manos. Otra pared de letargos.
Advierto, desde luego, que no soy persona importante y que camino
Solo en las calles, hablando con las aceras y los perros que viven
Como yo, la orfandad de los bolsillos y la buena mesa.
Nada es fortuito, aun cuando se respiren ausencias. Mío el umbral
De estos inventarios a secas, el azar que de pronto se torna en abismo.
La noche empujando sus poleas dolientes,
Sujeta a las correas del cielo.
Para luego abrir el pasto gris del aleteo. La polvareda del sueño.
A menudo me golpea el único centinela que vigila el hambre:
El tragaluz del tiempo que lame las estrellas.
La mano alborotada de las cavilaciones,
La hora alta colgada de mi cabeza, el litoral de la tinta junto al espejo
Negro de los murciélagos. Detrás de la puerta, paredes y alambradas,
Redes negras y trenes sin vagones,
Estaciones inciertas, relojes cansados de tantos pétalos,
Pájaros durmiendo en el foco de las luciérnagas. Pese a este barco
Delirante, las semanas hacen su visita de extraviada ventana.
Enfrente de mí, las calles ahumadas: —otro río ocupado por el imán
De los cuchillos, el mismo riel de siempre bailando entre los zapatos,
La sed que sube a la garganta,
La bomba de tiempo de las sombras, el fuego del viento como un grito,
La ciudad negra, enloquecida de cadenas,
El sueño goteando su última estrella líquida…

Barataria, 13.X.2010

miércoles, 13 de octubre de 2010

VIVENCIA DEL INSTANTE

Es claro que la luz en el candil se hace silencio. Es claro que la llama
Después de un instante deja al pabilo descarnado.
Busco la miel reclinada en el pino de la inocencia. En lo vivo de la flor,
En el parpadeo del aire que da sorpresas al espejo. El ojo disuelve
Las lunas del reloj, la fantasía de la gota que rueda en las paredes.
Imagen de André Cruchaga





VIVENCIA DEL INSTANTE





Una llama seduce
el humo de los sueños que me acunan.
Vela mi corazón aunque yo duerma.
CLARA JANÉS




Es claro que la luz en el candil se hace silencio. Es claro que la llama
Después de un instante deja al pabilo descarnado.
Busco la miel reclinada en el pino de la inocencia. En lo vivo de la flor,
En el parpadeo del aire que da sorpresas al espejo. El ojo disuelve
Las lunas del reloj, la fantasía de la gota que rueda en las paredes.
Menesteroso de luz, aspiro un instante el mar filiar de mis álbumes:
Los colibríes que parpadean en el ocote,
La ventana que me ofrece el lado claro de los años en desbanda.
Siempre he creído, aunque, la pluma no llegue a los puertos,
Que el imán y la redondez del zumo,
Se van al fondo, rápido, como armas letales.
De hecho la pluma no es saeta. De hecho uno inventa litorales inútiles.
Pero el ansia es pronta y efímera, —realidad de la luz en los dedos,
Alas de poco cielo para soledades mayores.
Sé que mis sueños se desgastan aprehendiendo el dibujo primordial
De los nombres y las afinidades, la geometría de la caricia,
El eco en la arena.
Toda vivencia, es el encuentro con el mundo de afuera. Estremece el telón
De la niebla, el polvo que ríe en naguas sangrantes,
La seducción de la espuma en el asidero de los ojos y la piel.
Ni agua, pues, que no resbale en la falda de las campanas; ni alba
Eterna, ni aire sin filo en las playas.
Vivo cada segundo como una palabra sufrible. Vela mi cara, la cara
Encubierta con antifaces, el disimulo de las sombras,
El labio que en un instante puso sequía en mis zapatos.
La boca que me perdió en los periódicos. El ahogo tan próximo
Del alfabeto. El ahogo nunca igual a los ríos y las cartas de lo postrero.
Para mi mudez, aquella quebrada de luz del instante.
Vertical se yergue la ceniza, casi un telegrama de lo efímero.
Allí, en el paraguas de los transeúntes, anida una distancia de granito,
Una campana con uno, dos, tres, repiques.
Lo demás sólo me afirma en el eco sajado, en el grueso hilo del miedo,
En la resignación al deber abrir los ojos,
Como la prueba de duelo de los días que se van sin pena ni gloria.
Siempre las esencias tienen manos fugaces, blandas sonrisas,
Lunas ciegas y de medio cuerpo.
Entre todo, aún palpito y vivo. Pinto de pronto los días de la semana:
Esos nombres que me hacen creer en otro tiempo,
Esos nudos de mundo, de pronto mi propia locura…

Barataria, 12.X.2010

martes, 12 de octubre de 2010

GALOPE Y SED

En los ojos, el blanco desnudo desprendido de los ruidos. Absorto,
El polen en la timidez iluminada de las ventanas. El eco de la luna
En los pétalos, todo a flor de piel desembocando en los tobillos.
La calle en la actividad de los abanicos.
Las paredes disecadas en cal sobre los tapiales del calendario.
Imagen tomada de la red





GALOPE Y SED




Al despedirme,
escribí algo en el abanico,
pero lo borré.
MATSUO BASHÔ




En los ojos, el blanco desnudo desprendido de los ruidos. Absorto,
El polen en la timidez iluminada de las ventanas. El eco de la luna
En los pétalos, todo a flor de piel desembocando en los tobillos.
La calle en la actividad de los abanicos.
Las paredes disecadas en cal sobre los tapiales del calendario.
Espejos grandes, inamovibles, en las salas de belleza unisex.
De vez en cuando negamos la imagen en esos peñascos. El cielo
Que se aproxima, equívoco, herido, en los trocitos de pelo de la lejanía.
La sed y el galope, de pronto, se vuelven una convulsa lejanía.
En la mano se repite la otra noche de la soledad.
El esqueleto de las palabras en la desnudez. Los recuerdos cansados,
Sin las antenas de las piernas o las narices.
Doy la otra mano del instante para evitar los tropeles.
Los esqueletos del fuego sobre las alambradas, mugidos de angustia
Despiadada en el rezo del asco de la ceniza.
Estamos hechos de olvidos voraces. De una boca a otra hay un carnaval
De libidos bocas, sedimentos insolubles, pantanos de aviesa hondura,
Maroma de espejismos como el nido de los recuerdos en los poros
De los semovivientes, acostumbrados al delirio de la intemperie.
—¿Es amor o desamor la sombrilla de hormigas sobre los granos de viento
Que lamen la piel, la avidez transformada en hambre, la yesca
De los yaguales, la yena del deseo en el tejado?
—El incendio y el desastre ansían la sed. La sangre en medio
De la espátula del excremento, la indigestión de la lágrima en los sueños
Obtusos del establo. ¿En qué petate cae la boca de rodillas,
El insomnio del hastío, la usura que nos mata con un delicioso caviar?
—En la costra de la mugre, nada el asfalto, la opresión ciega
De los días desolados, —vos y yo, esquivos ante el pasto mayor
De la asfixia corrompida, del azúcar enredada en el arroyo.
Las pupilas colgando de las axilas del hemisferio hinchado ciego
De las alfombras. Solos, Vos, Yo, la aceitada paranoia de los lexemas,
En la corva de los calcetines.
Un espejo estalla en el delirio. El ritual sin pijamas sobre la topografía
Precipitada de los relámpagos en la piel. Siempre la noche sirve
De pretexto para las sillas y la cama, —pronosticamos los quehaceres
De la ducha en el paraíso de las piernas.
Ignoro si un día despediremos oficialmente la nueve que vuela
En el dormitorio, los espasmos etéreos de los minutos, la seducción
Por la impaciencia, el amanecer prematuro, después de permanecer
Con la boca abierta pegada a las paredes.
De seguro borraremos las palabras más próximas a los huesos
Y nos quedaremos contemplando la sombra en la almohada.

Barataria, 11.X.2010

lunes, 11 de octubre de 2010

RESPIRACIÓN DE LA PATRIA

En estos acantilados fieros, la ferocidad es la piñata del día.
A diario uno humedece el balcón de los ojos; azota la breña
De la tarde, ese abismo sin evacuaciones, este perderse en la artritis
De los túmulos capilares de los insectos.
Siempre estamos debajo de la novela negra de las funerarias.
De pronto cualquier camino nos arroja a la cenda de la muerte.
Volcán de Izalco, Sonsonate, El Salvador





RESPIRACIÓN DE LA PATRIA




Mi respiración no te olvida
En ti me salvo. En mí te vives.
Imaginarios, Quijote y Dulcinea
LUIS CARDOZA Y ARAGÓN




En estos acantilados fieros, la ferocidad es la piñata del día.
A diario uno humedece el balcón de los ojos; azota la breña
De la tarde, ese abismo sin evacuaciones, este perderse en la artritis
De los túmulos capilares de los insectos.
Siempre estamos debajo de la novela negra de las funerarias.
De pronto cualquier camino nos arroja a la cenda de la muerte.
¿Hacia qué lecho nos conduce la inmundicia, el pico infectado
Del cuervo, el uimbral siniestro de los débitos?
—Hay siglos de jusgo aferrado a la oscuridad. Aleros sin ventanas.
Tormentas de la más fiera sincronía.
La luz se vuelve un acantilado de ahogos, —un fondo de adviento
Apretado, donde sólo esposible el arado de la oscuridad.
A través de los andenes rotos, los crucifijos desdibujados de la paciencia,
la eternidad dibujada en las ventanas.
¿Qué tiempo nos toca para ganar la diafamnidad de los ojos,
el coro mínimo de la sábana sin claroscuros,
los fines de semana sin que la polilla trepe a las sienes?
—La nueva aurora aún está en licitación de grises. Oscura ropa
Del mercado, anochecida luhjuria de la madera.
Esta respiración de la Patria es todo lo que tengo en la alacena
De las aguas. Es todo lo que pierdo en los pétalos oscuros de las esquinas.
Es todo mi recuerdo, pese al olvido.
El el río que silba en las pétreas pupilas del barro y la sal del sollozo.
Un día habré de encontrarla, seguramente, entre nlos círculos
Del litoral del día.
No quiero pensarla en la oscuridad del abandono.
No en el naipe tortuoso del azar. No allá en el patio oscuro de las axilas.
No en el desague metálico de las cloacas.
(Esta Patria duele como vos que rompiste la alberca de la memoria.
Como vos que miras con diademas oscuras,
con esa resina de emboscada parecida a la noche.
Te sudo como la Patria, espantando las moscas de mis pesadillas.
Te enredas como araña en los pómulos de la historia.)
Este tiempo es para festejar lo subterráneo. La palabra tortuosa.
Hay claridades que parecen el subsuelo de la medianoche.
Nos cubre el grito, todavía, y la garganta rota de los pamfletos.
Hay mordazas en el césped de la intemperie.
Después de todo, hago un paréntesis: la farsa no deja de entretenerme.
Como también, las leyes de Newton
En esta alambrada donde descansa el follaje...

Barataria, 03.XI.2010

domingo, 10 de octubre de 2010

LA LLAMA DEL DÍA EN LA HUMEDAD DE LA MAÑANA

Cada mañana me reecuentro con el cierzo: saludo al conjuro navegable
De los gallos, a la gota prendida en la hoja frente a mis ojos.
Hay luz sin fatiga en esa puerta hacia el horizonte, páginas en blanco
Para cruzar la travesía. Llamas como afluente de un río poderoso.
La gota de agua es el alma que se libera del desvelo,
Para quitar la sequedad de los zapatos.
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LA LLAMA DEL DÍA EN LA HUMEDAD DE LA MAÑANA



Para María Alexandra Loyola Moya


Vamos a embarcar, amigos,
para el viaje de la gota del agua.
Es una gota, apenas, como el ojo de un pájaro.
ANDRÉS ELOY BLANCO




Cada mañana me reecuentro con el cierzo: saludo al conjuro navegable
De los gallos, a la gota prendida en la hoja frente a mis ojos.
Hay luz sin fatiga en esa puerta hacia el horizonte, páginas en blanco
Para cruzar la travesía. Llamas como afluente de un río poderoso.
La gota de agua es el alma que se libera del desvelo,
Para quitar la sequedad de los zapatos.
Esta mañana, precisamente, vierte madera de pinos en mi memoria.
Blanca madera. Libre de espinas. Gota feliz de la trementina.
Esta mañana intacto el pensamiento hacia la luz, hacia la idea
Que ondea en el pensamiento,
Puerta abierta la lucidez del alba.
Un mar amarillo poblado de carne se enhebra en las pupilas. El sol
Pleno, absoluto, es el día en mis hombros. La tinta en el papel.
La llama del aliento. El fuego mismo aspirado de mi memoria.
Siego, aquí, la luz y el viento: la ráfaga fresca del parpadeo en la yema
Esponjada de lo audible.
De pronto todo el tiempo despierta en el espejo: la llama de mi mismo
Recordando los pretéritos, las manos derramadas de la respiración,
El tren de las pupilas, la voz presentida entre los dientes.
Al amanecer, el tiempo es quieto y blanco, —el universo de los ojos
Envuelve la eternidad; el vitral, las hojas tímidas de la inocencia.
El viaje es la respuesta natural de los veleros;
La mesa, la complementariedad de las historias, la puerta al aroma
De la memoria en su otro mar de espeso oleaje.
Cada mañana celebro la intimidad del presente: el gajo de pan
Con sus fantasías, el suave torrente de la brisa
Que celebran mis ojos, la magia de una risa azucarada con colibríes,
El alhelí que de pronto desnuda mi respiración. Las begonias
De entusiasmado verde.
Celebro las primeras horas que restañan, —el espejo de la fragancia
En los párpados, los brazos múltiples de la luz,
Y ese itinerario de audaz feligresía.
Celebro la efusión de las campánulas. El pulso filial del aliento,
Esta sed de madera de todos los días.
No podría ser de otra forma la tierra para mis ojos: desnudar el tiempo
Entre las ramas, derramar el corazón en el ala del sueño.
No podría vivir si dejo de pensar en la luz: —esa luz que es árbol
Y palabra, que es cielo, río y espejo, destino y oficio…

Barataria, 09.X.2010

viernes, 8 de octubre de 2010

ESPEJO CONCILIATORIO

Debo volver a mis anteojos, a la escoba y los relojes, a los zapatos
Y las escaleras, al botón de mi camisa y al sombrero de mi risa.
Nada he de dejar al olvido, y al paraguas de la buena suerte. Nada,
Por cierto, después de acumular neblina en las ventanas.
Nada, después del fuego ardiendo en la oscuridad, la pena sostenida
Como un tabanco de humo,
La ruina que ha tocado tantas veces a puerta como nido de sombras.
Imágenes Blanco y Negro





ESPEJO CONCILIATORIO




…y palabras y ruidos importunan
la rumia sosegada de las penas.
JOSÉ MARÍA GABRIEL Y GALÁN




Debo volver a mis anteojos, a la escoba y los relojes, a los zapatos
Y las escaleras, al botón de mi camisa y al sombrero de mi risa.
Nada he de dejar al olvido, y al paraguas de la buena suerte. Nada,
Por cierto, después de acumular neblina en las ventanas.
Nada, después del fuego ardiendo en la oscuridad, la pena sostenida
Como un tabanco de humo,
La ruina que ha tocado tantas veces a puerta como nido de sombras.
(Hoy, hagamos cuentas de la Patria, del cielo, de las nubes, del mendrugo
Precipitado en la boca, del alfabeto sin agua,
De tus ojos cerrados frente a mi escritura.)
Hagamos una carta con las venas. Desliemos, las manos, por si acaso.
Hay tantos adoquines reunidos al pie de nuestros zapatos.
Hay tanta bisutería respirada por el pecho. Días de poco vuelo.
Días como pájaros muertos.
Ojos como pájaros muertos.
Muertos como ojos sin pájaros. Ojos desperdiciados cuando dormimos.
Dentro de poco cada espejo tendrá su propio destino,
Todos los espejos tocando ascensores,
Todos los espejos en la brújula de los peces. Espejos con destino.
Espejos con ropa, tocados por el elefante del sol, aliento en la luz.
Siempre en medio de ciertas palabras conciliatorias, salta la sequía
Con su guacal a quemarropa, selva de moscas y oscuros escarabajos.
Ante la pena que habita los cofines,
El mar íntimo,
La puerta respirándonos,
Los comejenes en el ropero de la respiración, cierta polilla en la voz
De las escamas, durmientes dilatados por el estertor.
(Hoy, hagamos cuentas de la Patria, del cielo, de las nubes, del mendrugo
Precipitado en la boca, del alfabeto sin agua,
De tus ojos cerrados frente a mi escritura.)
Ya no hay tiempo para la agonía. Se han agotado todos los calendarios.
El día es, a fin de cuentas, una luz con pájaros; la noche, palpitación
De la ceniza en medio de los huesos. Transitiva, si se quiere, pero ceniza,
Que acompaña con apremio, el ijar y los vitrales, el pulso y la sangre.
Las manos sudorosas no soportan la hojarasca.
Debemos conciliar la mejilla y la otra mejilla, la alegría de los jazmines,
La realidad con todos sus espejismos, los verbos no martirizados,
Y hasta la ropa manchada con el agua del esperma.
(Hoy, hagamos cuentas de la Patria, del cielo, de las nubes, del mendrugo
Precipitado en la boca, del alfabeto sin agua,
De tus ojos cerrados frente a mi escritura.)

Así podremos vivir y crecer con las puertas abiertas…

Barataria, 07.X.2010

jueves, 7 de octubre de 2010

INSOMNE, HERIDO EN MI PROPIA CAVERNA

Ahí donde el desarraigo me ha bañado de sal, estás embriaga de humedad.
Asumo con naturalidad todos los miedos, el cielo solar de la espuma,
La persistencia quebrada de la brizna, el espejo irreal del Planeta.
Ya me he acostumbrado a besar y arroparme con mis desvelos, con esa
Ala furibunda de los cuervos colgados de los aleros
Como las puertas ebrias de la hojarasca al desnudo.
Imágenes en blanco y negro





INSOMNE, HERIDO EN MI PROPIA CAVERNA




…en algún lugar de la Tierra
yo andaré insomne por algún pasillo
careciendo de ti toda la noche
FÉLIX GRANDE




Ahí donde el desarraigo me ha bañado de sal, estás embriaga de humedad.
Asumo con naturalidad todos los miedos, el cielo solar de la espuma,
La persistencia quebrada de la brizna, el espejo irreal del Planeta.
Ya me he acostumbrado a besar y arroparme con mis desvelos, con esa
Ala furibunda de los cuervos colgados de los aleros
Como las puertas ebrias de la hojarasca al desnudo.
En cualquier lugar huele a carnicerías quemadas: lo sabe el olfato,
Acostumbrado a estos infortunios del tiempo.
La memoria cabalga entre criptas y desazones. (—Vos, ausente de mí,
Desafías los pasillos de la noche y el sudor de la almohada desvivida.)
El País nos come como lo hace la herrumbre dormida en los balcones;
Es así de simple cuando nos deviene el invierno en las venas.
Nos volvimos la propia luz desorbitada, el oído sordo de la mesa
Gastado por el polvo de los manteles.
Hay hoyos en cada rincón del aliento. En las paredes llovidas de cal,
En el último estertor que los dedos ejecutan.
Apenas siento la respiración de cada boca que pasa a mi alrededor.
Y sin embargo los pasos duros sobre las baldosas.
La soledad helada del espejo en la piel, las ramas del viento envejeciendo,
Sin otra realidad tan definitiva como ésta. El mundo es difícil aquí.
Cada minuto que pasa la oscuridad se llena de vertederos.
Aquí soy ciego de relámpagos.
Pienso en todos estos días de sigilo. En el paraguas roto del esplendor.
Es honda esta herida del pensamiento. Hondo el morir a diario
Sin llegar el final, pero escuchando los ecos de la seducción.
¿Qué caverna le toca a mis ojos empapados de salmuera, qué beso
O fuego arde en las sienes, que luz, qué buitre me desnuda,
Qué noche o piedra delira en mis últimos raciocinios?
—Merced a tanto tiempo, el tiempo deja de existir, aquí, sin saberme
En casa, errante en el sustento del afán.
En esta intemperie, nómada o sedentaria, parezco el clown efímero
Del circo. El ojo impostado en la ventana. El eco abisal de la mudanza.
Y no es para menos, aquí lo inminente es el ayuno, lamer el tragaluz
Que nos queda, que nos es posible.
De ahí la imposibilidad de trasegar las claridades, salvo el desaliento
Que anda suelto como un amuleto revalidado en el bolsillo.
Al final, después que el barullo y la sorna se imponen, prefiero callar:
Callo junto al báculo de mi insomnio. Callo ante cada travesía.
Callo gratuitamente para conquistar el silencio,
Y darle, así, oportunidad al alfabeto para que oxigene su garganta.
Callo pacientemente hasta consumir todo el escombro, hecho de pronto
Catecismo por quienes los hirió la orfandad…

Barataria, 29.X.2010

miércoles, 6 de octubre de 2010

CIERNE EL PÁJARO SU ALA SOBRE LA SOMBRA

En cada espesura acechan las escaleras y esa blanca rama del rocío.
Ah, esta herida del ojo verbal, letra azul, vertebrada brasa
De lo subterráneo, destino, acaso del incendio de todos los días.
Aunque muera, quiero morir en tu rasurada demencia. En el albatros
Del eclipse, en la hostia del delirio, en tu gemido de claro granizo,
En la dentadura de tu respiración,
Imágenes en Blanco y negro





CIERNE EL PÁJARO SU ALA SOBRE LA SOMBRA




Y así, bajo la noche, tras la piedra,
dialogó nuestra diáfana hermandad
hasta que el rostro nos cubrió la yedra
y los nombres borró la eternidad.
EMILY DICKINSON




En cada espesura acechan las escaleras y esa blanca rama del rocío.
Ah, esta herida del ojo verbal, letra azul, vertebrada brasa
De lo subterráneo, destino, acaso del incendio de todos los días.
Aunque muera, quiero morir en tu rasurada demencia. En el albatros
Del eclipse, en la hostia del delirio, en tu gemido de claro granizo,
En la dentadura de tu respiración,
En la caja de pandora del toro, en la hoguera desvestida, sin pudor.
Duele tanto sobrevivir aquí, que el harapo es ganancia, lo es la vocación
De hojarasca, el espejismo del goteo, el ronquido de la intemperie.
Sea Lázaro el párpado resucitado; sea el sueño la ascensión a la hamaca,
La luz que habite los rieles líquidos de los poros.
Sean los barcos quienes me guíen las miradas, —el viento virgen.
Sea el eco sólido la humedad en las manos, —el labio eterno del agua.
Sea el silencio sobre el césped del espejo, —el olvido en la memoria.
Sea tu claridad, la oscuridad de mi caligrafía, —días hendidos
Como litorales enfebrecidos.
Sea el pulso, el pájaro de nuestros afanes, —el vientre convocado
Por la boca. Los peces como la lengua en el risco.
Sea el oído del cielo en los dedos que abren lo hirsuto, —insaciables
Lenguas en el pecho, flotando en la ahondada cicatriz del calendario.
Sea allí la ternura, la hoja más próxima a la luz, —el labio en la entraña,
Unidad del espejo en el caracol.
Sea el silencio que en las noches avanza como el mar, —la espuma
Blanda en la conciencia, destello de la piel.
Sea el nido, carne inmutable del relámpago, roca cerrada del horizonte.
Sea el cuaderno en blanco donde escribo el sollozo, —tinta de sal
En la almohada, incendio de aguas que se acercan al labio.
Sea el mundo un lugar de posibles, —no el espectro del Universo.
Sean las manos la exacta felicidad que nos asista, —no los aperos
Disgregados de la labranza, no los vacíos horizontes de las certezas.
Sea el azúcar la urgencia de la marcha, —la limpidez en el rostro
Del instante, el café prolongado del destello con avidez de bosque.
Sea esta medianoche, sólo el aliento agrupado, —la palabra habitada,
Mirándonos desde las alacenas del entusiasmo.
Sea, pues, nuestra historia, la historia de las lámparas, —la albahaca
Vital que nos encarna, la tierra donde se embriagan nuestros pies.
Sea, pues, no el tiempo que nos desgasta, el silencio que nos hace
Invisibles, la piedra que nos muerde cada párpado, el cuerpo que nos ata
A la sobrevivencia, sino, el ala abierta de la utopía.
Todavía podemos escrutar los zapatos del océano. Todavía podemos
Sublevarnos al precio de la ceniza.
Sea, en definitiva, el filo del orgasmo, el otro yo mordido en el trance
De quitar llave a los puntos cardinales, —y plantar un escondrijo
Sin cuervos y almas oprimidas…

Barataria, 05.X.2010

martes, 5 de octubre de 2010

FISONOMIA DEL SILENCIO CON GOTAS DE SEQUÍA

A cualquier hora palidecen las hojas de la tarde. Los transeúntes
Bajo el asombro de los balcones, en medio de la lluvia
Que de pronto nos moja la nostalgia;
A menudo caminamos despreocupados por cualquier teoría
O nos desnudamos sin pudor frente a los crepúsculos.
Imágenes Blanco y Negro





FISONOMIA DEL SILENCIO CON GOTAS DE SEQUÍA




Todos pasan con su silencio adulto,
un silencio arenoso y amarillo;
todos contemplan al transeúnte y siguen.
ALEXIS DÍAZ-PIMIENTA




A cualquier hora palidecen las hojas de la tarde. Los transeúntes
Bajo el asombro de los balcones, en medio de la lluvia
Que de pronto nos moja la nostalgia;
A menudo caminamos despreocupados por cualquier teoría
O nos desnudamos sin pudor frente a los crepúsculos.
El reloj nunca detiene el sonido de las sábanas. El olor a silla cansada.
El olor a zapatos gastados. A música de comejenes.
Sobre cada piedra, a fuerza, hay necesidad de descubrir los colores:
Los secretos bautismales del trueno,
La levitación de la gota de agua sobre la piel,
El amor que de pronto sólo tiene parecido con el blanco y el negro.
A menudo las sábanas tienen el cansancio de la saliva.
Nos hartamos del color indeciso de los candados.
De la sopa con aguacero de limones y verdolaga y mora y güisquiles.
En la última acera de las nubes me detengo con mi paraguas.
La crin del silencio escribe sobre el pecho.
Ahora puedo humedecer todo el silencio de las ventanas.
Reinventar los meses con las fotografías. Inventar héroes. Lavar
Los pies en el guacal de los eufemismos.
Por cierto que después de algún tiempo, uno se acostumbra
A los silencios: —se puede ver el cráter de las alacenas,
La refracción de la tristeza en el vaso con agua,
El cigarro gastado en el cenicero, la hipotenusa de los párpados
Envejecidos, las esquinas enjuagadas con tantas ausencias.
De pronto los silencios se pierden en el lodazal de los analgésicos.
De pronto nunca sabré si lo que nombro ya no existe.
Si de tanto existir ya no soy.
Si aquélla mujer pondrá una rosa en el patio de mi féretro.
Si en definitiva puedo hallar la carta de navegar para todos los días
De la semana o, debo permanecer en el mismo sitio de la sed,
Sentado a la diestra del sollozo, sin más viajes ni recuerdos.
Ahora me siento a la mesa y río solo en los oscuro:
Me río junto a las agujas de los recuerdos.
Me río de los pantalones anegados de bocas.
Me río de las palabras que me inundaron de saliva. Me río, simplemente.
Me río sin los zapatos del arco iris, de la luz del candil.
Me río del semen que atravesó los delantales.
Me río de cierta sobriedad de los pañuelos, de la sobredosis de desnudez.
Me río de las tildes inadmisibles, de los manifiestos universales
A menudo, poco ingeniosos.
Me río simplemente de sujetar mis brazos en el balcón oscuro del tiempo.

Barataria, 04.X.2010

lunes, 4 de octubre de 2010

RESPIRAR HASTA LA EMBRIAGUEZ DE LAS AXILAS

Debo caminar y sacudir el golpe de los piojos hasta las axilas.
La sábana del firmamento picotea mis sienes dormidas en el cactus.
Los pies se me derriten de tanto caminar sobre las piedras de la noche;
El alba aún no aparece,
El río que fluye en mí, muerde las uñas de los pies;
Perdonen los que pisotean mi cuerpo al pasar con herraduras
Imágenes en BLANCO Y NEGRO



RESPIRAR HASTA LA EMBRIAGUEZ DE LAS AXILAS




Déjame así, de estatua de mí mismo,
la cabeza que no corté, en la mano,
la espada sin honor, perdido todo
lo que gané, menos el gesto huraño.
GILBERTO OWEN




Debo caminar y sacudir el golpe de los piojos hasta las axilas.
La sábana del firmamento picotea mis sienes dormidas en el cactus.
Los pies se me derriten de tanto caminar sobre las piedras de la noche;
El alba aún no aparece,
El río que fluye en mí, muerde las uñas de los pies;
Perdonen los que pisotean mi cuerpo al pasar con herraduras
Sobre mis vértebras: soy sensible al hierro, las libélulas, y al granito.
No sé de qué otra manera podría respirar los burdeles,
El lloriqueo frente a los altares,
El escupitajo rancio del envejecimiento,
El cabello desordenado de la inmortalidad, la redondez a medias
De los tomates y existir, fiel, sobre la mesa enardecida del hambre.
Si me preguntan hacia dónde voy, toco mi barba con escamas
De un calendario de peces mudos;
Si me dicen que de dónde vengo, respondo con las grietas de mis ojos:
He caminado tanto que no me extraña ver al firmamento en pijama,
A veces desnudo, pensando en la próxima jornada
De las escaleras. Quizá en la sombra que siempre me acompaña.
Quizá en el río revuelto de la memoria.
Quizá en el azul de un paracaídas violento.
Quizá en la pesca para rehacer la faena de cuanto no pude o no cupo
En las manos enmudecidas
De este trajín de cazador de botellas en alta mar.
Si me dicen que dónde estoy, lo invisible hace su propio agujero,
Porque estoy en ninguna parte, justo en la desbandada del eco,
A quemarropa de la quietud,
Del pubis o la ciénaga, del torbellino hecho Pegaso. Llegado aquí,
No me hacen falta los bolsillos, sino la brasa que mantenga mi féretro,
La melódica agazapada de la lengua, el hisopo a la medida del tiempo.
Si el hambre degüella el arco iris, debo desmenuzar el césped.
Respirar siempre le da sosiego a la saliva.
A veces es necesario hervir las aguas del granizo: dictar los edictos
Desde el techo de la espuma, volver a la clarividencia,
Bullir en la desembocadura,
Morder el felino del sombrero en plena turbulencia de sahumerio.
Si me preguntan sobre la historia del poema: simplemente los invito
A danzar sobre la ceniza. He disecado tantas mordidas,
Que ahora son póstumas las bisuterías de mi alma. Ahora, por cierto.
Mañana no sé qué será de mi planisferio y del uso horario de mis huesos.
Puedo afirmar, sin embargo, que cualquier postrimería, solo es
El anverso del reverso: el tributo de mis búhos.
Barataria, 03.X.2010

domingo, 3 de octubre de 2010

ABISMOS IRREMEDIABLES


Bajo la atarraya de los peces, el reloj de agua jugando en el abismo.
El crepúsculo se abre como un dardo de ceniza.
Antes jugaba a las alas del olvido. A los ángeles del sueño.
Ahora son irremediables, graves, las alas del abismo.
Los días que levantan gruesos gritos. Los cansancios alzándose
En las brasas. Los tiempos sin verjas en los párpados.
Acuarela de Francisco Basallote





ABISMOS IRREMEDIABLES




…como si sólo azufre hubieran en mi pecho
encontrado mis dedos,
como si sólo úlceras, desnudez y vacío.
Una orfandad sin límite me descubre y denuncia.
JAIME LABASTIDA




Bajo la atarraya de los peces, el reloj de agua jugando en el abismo.
El crepúsculo se abre como un dardo de ceniza.
Antes jugaba a las alas del olvido. A los ángeles del sueño.
Ahora son irremediables, graves, las alas del abismo.
Los días que levantan gruesos gritos. Los cansancios alzándose
En las brasas. Los tiempos sin verjas en los párpados.
A menudo me toca tragar la mugre de la tristeza. Las estaciones
Nocturnas de las puertas cerradas,
El miedo que producen los caminos convertidos en cementerios.
Paso tocando las dolidas persianas de mis párpados: —la penumbra
Ociosa que ahonda
Y atraviesa la demencia de mi esperanza.
A veces maldigo el abanico de los días de la semana: los domingos
Nonatos sobre las piedras esparcidas de los pómulos.
Extraño ahora los días irreparables de mi infancia y los velorios.
Camino en medio de la estrechez de los aleros y los tragaluces:
Hay abismos que de pronto son más fervorosos como una ventana
Con pájaros y cierzo.
Desde el interior de mi garganta contemplo la intemperie. La estatura
De mi propia angustia abriéndose en la sangre.
La palabra ceniza en vez de grave es aguda en mis ojos.
Su escalpelo es una eternidad en el tejado. Un siglo abriendo la hojarasca,
Un tren por estaciones invisibles.
Oscurece de día y noche en el paraguas negro del cielo.
Siempre anochece en el polvo de mi pecho.
Siempre los armarios se colman de fotografías viejas: —petrificada
Locura en mi pañuelo de lenguajes inciertos, joroba de sal ensordecida
Por el tiempo, por los portales sin cuadernos.
Un día no seré sino la carcoma de las ardillas. El tizne filoso
Del tabanco. El agua dormida de mi propia demencia.
Ahí estará gris, el azul del pecho. El interior bramando como un toro
Sordo, la oquedad galopante de las sombras.
Pasada la tinta de las sombras, la historia del abismo es el silencio
Con ese río de moscas como turbante.
Hacia lo irremediable, prefiero aullar al unísono de un martillo,
Clavando ahogos en la pared de la garganta:
Testigo a fin de cuentas de cada tarde quemada en mis fracasos.
Ningún calendario pesa tanto como la oscuridad de los ataúdes:
—Ninguno, por cierto, pervive en balcones hundidos, salvo la saliva
Quemada del deseo en la historia del grito.
Salvo esta impotencia infinita de los ojos de dejar el cuerpo:
En cada página es múltiple el espejismo. Y esta lluvia de tierra
Dueña finalmente de mis huesos…
Barataria, 03.X.2010