domingo, 24 de abril de 2011

CONTRACORRIENTE DEL EQUILIBRIO

Es un aquí, rota la espalda del cielo, la hoguera rota del tiempo,
costurerías del deletreo en este trapo del alarido. Sábana de aguas
explosivas donde la sal arremete en las gaviotas:
en las uñas del litoral, —sos vos la que arrastra la placenta
del oleaje, la contracorriente de la sal en la espuma,...
Fotografía de André Cruchaga




CONTRACORRIENTE DEL EQUILIBRIO




No one cares when you are wrong
But I have been at this far too long
To act like that when we should be
In perfect harmony
VAMPIRE WEEKEND




Es un aquí, rota la espalda del cielo, la hoguera rota del tiempo,
costurerías del deletreo en este trapo del alarido. Sábana de aguas
explosivas donde la sal arremete en las gaviotas:
en las uñas del litoral, —sos vos la que arrastra la placenta
del oleaje, la contracorriente de la sal en la espuma,
días de respirar el desequilibrio de la risa, los signos de los puntos
suspensivos en el guante ciego de la noche.

Sobre la lengua, la boca, galopa la ponzoña de los piercing,
el vaso de temores, las llaves de no sé qué altares con tizne;
aquí hay deseos castrados de beber los océanos,
cerrar los ojos y callar junto al búho, el jadeo del aire en su desvarío,
(cuando todo vuelva a la normalidad, me habré ido;
el mar y sus párpados,
el tambor de la oscuridad en la carne,
la claridad de los arrayanes masticando aves, el azor de jengibres
que fui desde el ombligo, la azucarada vertida en la imploración:
de tumbo en tumbo nos abaten los demonios del mundo.)

Nunca llega la luz, salvo cuando no hay suicidios:
arrastramos crucifijos con espinas, domingos sin barcos,
largas noches de hostiles túnicas, sandalias cansadas de tierra,
noches manchadas de meses,
ríos de espesas telarañas, arenas de interminable desazón.
La rosa de los puntos cardinales desencanta: ahí, el almidón
une cada pedazo de destellos, el firmamento de la brisa,
las botas del relámpago en la sombra derramada.

El estrépito muerde el santuario del sueño: el sueño secular del alma,
no el ciprés del escombro de los espectros, o el cuervo lóbrego
del sudario, el cielo insondable de la lámpara con su delirio.
—Vivimos días de pálidas escrutaciones; retorcidas piedras
en la conciencia, golpes bajos que horadan las sienes y dejan,
—de cabo a rabo—, esa demencia fundada en la futilidad de las cosas.
En las tardes, la alfombra del crepúsculo resbala en las pupilas,
gota de sal en el pañuelo del litoral, horizonte donde ya no hay
apóstoles, sino mercenarios de temblorosas noches.
Quizá en otro tiempo era posible el equilibrio: ahora las miradas
empujan hacia la noche,
pupilas desplomadas en la sangre, fríos de ronca agonía.

Desde los aviesos cazadores del vértigo, la suma de la memoria,
descorre las semanas sin tormentas, el camino consumido
de las impurezas, este viaje contrario de las pupilas, que después
de todo, se lleva como un salmo de ponzoñas.
Cargamos, pese a las espinas, esta vigilia sobre los hombros,
esta sed sin que se apacigüen las abejas, este aparejo del pesebre.
La eternidad nunca nos dijo que dejaría de ser vendaval,
por eso el nido nos da sus astillas enfurecidas, y hasta el azote
de las mudanzas: dentro de la herida nos embriaga el martirio:
esos días donde la almohada desfallece en su seno…

Barataria, abril de 2011

7 comentarios:

LEDESKA dijo...

Precioso mar con olor de algas y gaviotas enfurecidas... equilibrio de rocas y espumas.. de frio y sudor de olas... maravilloso mi adorado André...


huelo el mar con presencia de ti...
Ledeska

André Cruchaga dijo...

El mar, sí Sandra, con toda su magnificencia: hondura que se alza sobre la herida,
caballos sudando sobre las piedras.

Un agrazo agradecido por tu visita y comentario.


André Cruchaga

Leticia dijo...

Tu poesía es efectista... y logra su cometido André.
Un paso a paso por tu universo.
¡Gracias por compartir!

André Cruchaga dijo...

Gracias a ti por tu visita y por leerme querida amiga poeta. Un honor siempre recibir tus impresiones.

Cordialmente,


André Cruchaga

Marina Centeno dijo...

Dolido como el mar y sus gaviotas que de tanto explayarse de la sal, acontecen lúgubres como fantasmas líquidos...

Es el mar -André- lo que impone en la púpila, su laberinto, su tronar, sus estallidos, ahí donde la herida se desplaza sobre el mapa, y no sé sabe cuándo cicatriza... y el oleaje enternece, arrulla, salvavidas de los temporales que azotan al papel -a tu cuaderno- y lo llevan a no sé qué desequilibrio... Aunque el poema -tu poema- tiene esa vibración que no entorpece sino que trae consigo una canción de cuna en noches de intensa marejada cuando las sabanas buscan grietas oscuras, Poeta.

La fotografía es un embeleso a mi púpila, yo de mar, tengo el hartazgo de las olas, el erotismo del sargazo revolcado en la orilla... no me alcanzan los suspiros para llegar a tu paisaje, que es un espejo entre lo mío.

Un placer, siempre detonante, Señor.

Mi abrazo infinito y mi admiración.

Marina Centeno

André Cruchaga dijo...

Tu comentario, Marina, a manera de una buena apostilla, es elocuente y dá para otro largo poema. Yo se que estás rodeada de mar y amar y de ambos también se hace poesía. Puedo decirte que el mar, no son esas físicas físicas, saladas, como goetras aflictivas del alma, sino una metáfora: la ionmensidad, la corrosión diaria del alma, los vestigios de esa herida existencial que llevamos a menudo los poetas como una alforja de hostias consagradas.

Te agradezco y también te dejo aquí, un gran abrazo.

André Cruchaga

Marina Centeno dijo...

Ciertamente que los que traemos el oleaje dentro nos hacemos marisma, isla y puerto, buscamos los canales y las caletas del poema para desempeñarnos plácidos bajo la brisa fresca o la erosión sin límite de la palabra... Ahí estás, Poeta, apacible o dolido, Remanente o dinámico, bajo palmera o tendido... el paisaje es el mismo pero la intención, la nuestra, es esa manera de buscarnos mutuamente en cada estación del verso, en cada peregrinar de la letra, en las vueltas del oleaje de tu verbo, en el graznido de las gaviotas... o de pie en el muello de las esperas... cuando las barcas zarpan hacia otros puntos...


Marina Centeno.