domingo, 15 de mayo de 2011

BÚSQUEDA


Nunca llego al final. Siempre te busco, luz, en cada ventana
que amanece. En cada sol que siendo el mismo, es diferente
cada día bajo este libro que escribo en medio de las sombras.
En cada escalera se rompe la dimensión del espacio,
alrededor de mí, mayo esencial,
limpio la boca confusa del viento, convierto en polen las aguas...




BÚSQUEDA




I'm not the only soul who's accused of hit and run
Tire tracks all across your back…
JIMI HENDRIX




Nunca llego al final. Siempre te busco, luz, en cada ventana
que amanece. En cada sol que siendo el mismo, es diferente
cada día bajo este libro que escribo en medio de las sombras.
En cada escalera se rompe la dimensión del espacio,
alrededor de mí, mayo esencial,
limpio la boca confusa del viento, convierto en polen las aguas
de este invierno galopando, la piedra cósmica del alba,
con su estertor de pergamino. (Será después donde habiten las brújulas,
el arco iris de los violines,
las horas hambrientas de los pies en la glorieta silvestre del sueño.
Es obvia la espuma solitaria de los pájaros, el traje de sepulturero
que tiene el olvido en las tierras cortadas del planisferio.)

Un calendario confuso desmantela los poros, la camisa recién planchada
de las mareas, el agua inevitable y carcomida del grito,
las mochetas de la saliva abiertas como un hangar destruido;
a veces las palmeras recogen toda la espuma, la sal de los zapatos
del día, con las ausencias socavadas del oído.

La búsqueda me avienta hacia errantes esqueletos: azarosos días
donde la queja de la hojarasca muerde mi aliento;
racimos de sombras descalza el crepúsculo, rudas carcajadas
socavan las velas del aliento;
por eso cuelga enlutada la caligrafía del cuaderno, los agujeros del paisaje
en la tarde, el horizonte mudo de los huesos.
Me he vuelto peregrino de los puntos cardinales de las hamacas:
camino sobre el puente maltrecho de los pómulos, arrastrando ojos,
y espejos de muertas estrellas.

Siempre flamea la yerba cuando el verano agujerea los fósforos
maduros de la lejanía, y la desnudez de sentir aligera la flama cargada
de roídos exterminios.
Desde siempre las defunciones ahuyentan a los pájaros del nido ciego
de las ramas que tiemblan en desorden como un reloj sin estrofas;
desde siempre la ventana ahogada en el agua del sudor, cristalería
rota de trenes, agujas enredadas en los calcañales,
insectos dispersos en la memoria,
gradas de perturbado aliento, viajes que esperan valijas, esquinas
asomadas a los labios, círculos sumados a la memoria.

Desde siempre, la garganta en los tejados: dominó sin desván y sombrero,
oscuras burbujas que permean la miseria, como manos lamidas
Por espectros, como cielos falsos de la espuma entre las piernas.
Nunca fueron tan atroces estos confusos renglones de los barrotes:
del cenicero me azota la ceniza, estaciones arrodilladas de la angustia,
cuando el extravío del nubarrón es mayor.
Pero sigo. No me ahoga la sangre de los perros en las aceras;
De pronto sé que debe triunfar el imposible donde caminamos…

Barataria, mayo de 2011

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