miércoles, 30 de marzo de 2011

IMÁGENES


Imagen de Sandra Ledeska Apablaza




IMÁGENES




En la estación del ferrocarril,
los vagones están llenos de pájaros.

En presencia de la noche ansiamos la luz.

(Una mujer y un hombre cuando se aman
se cobijan con la trementina de sus poros…)

Barataria, 2005

martes, 29 de marzo de 2011

DIARIO DE UN POETA (XX)


En estos escombros he aprendido el dolor,
Dolor sin respiro, quizá de hambre,
De inclemencia, de vejamen…
¿Acaso siempre seremos los olvidados,
Mientras los otros, dueños de los espejos?
Imagen tomada de la red




DIARIO DE UN POETA (XX)




…la última noche
No ha comenzado aún”.
JOSÉ CORREDOR MATHEOS





En estos escombros he aprendido el dolor,
Dolor sin respiro, quizá de hambre,
De inclemencia, de vejamen…
¿Acaso siempre seremos los olvidados,
Mientras los otros, dueños de los espejos?
Frente al rompecabezas de las doctrinas,
La ternura se vuelve clandestina
Y la carne ilusión óptica de vitrales.

¿Qué dicen las uñas de los relojes?
¿Qué dicen las moscas en su rebeldía de aeroplano?
¿Qué dicen las lecturas de los periódicos
Carentes de ventanas?
¿Qué dicen las joyerías junto a canastos de verdura?
¿Qué dicen las misas frente a la transparencia
Del evangelio?
¿Qué hace el Gobierno con los números
De los fideicomisos?
¿Qué proclama la Asamblea Legislativa,
Secular medusa de las palabras?
¿Qué hace un pájaro mordiendo las piedras?
¿Cuántos orgasmos inventan las luciérnagas?
¿Con cuántos pañuelos se secan las lágrimas?
¿Cuántos ojos hambrientos caben en la intemperie?
¿Acaso los relámpagos no estrujan las sienes?
¿En qué País los apóstoles no son mercenarios?
¿Es difícil ser Ave Fénix en un País de cenizas?
¿Acaso millones debemos beber el incesto
del vómito?
¿Desde cuándo el tiempo no es transitorio?
¿Hasta cuándo la alternancia nos dará su veredicto?

Este País se hizo para dormir junto al grito.

En él respira el ojo obsceno y la blasfemia.

Los hilos del poder levantan muros:
Los golpes, agujeros a los sueños.
Témpano se torna el milagro;
El silbido, simple racha del aliento.

Aquí crece el desamor como una espiga.
Los brazos mueren sin envejecer.
La fe no es pozo, sino un turbante
De otros abismos
Donde la zarza crece
Con astucia de catedral.
Para sentirle “sus manos de lirio”,
Hay que verlo al revés. Ahora es fantasma.
Así, encarnado en el destino…

¿Podremos botar su esqueleto?
¿Pueden sus faroles angustiosos darnos luz?

El País duele en las manos de la espina.

El País sangra en las tumbas de su maleza…

Barataria, 02. 06. 2007

Del libro: Sínfonia del caos, 2007.

domingo, 27 de marzo de 2011

PUERTA


En la puerta, el anzuelo busca el crepúsculo con el despojo que dejan
las telarañas a su paso; en el umbral, aquellas aguas ardientes
de la espera, la ciega fragua de los almácigos,
la piel de la madera al borde del desvarío, uncida en puñado
de ardores, anclada en destello de luciérnagas:...
Imagen de Sandra ledeska Apablaza



PUERTA




Searching in the darkness, running from the day
Hiding from tomorrow, nothing left to say
Victims of the moment, future deep in doubt
Living in a whisper till we start to shout…
KISS (CREATURES OF THE NIGHT)




En la puerta, el anzuelo busca el crepúsculo con el despojo que dejan
las telarañas a su paso; en el umbral, aquellas aguas ardientes
de la espera, la ciega fragua de los almácigos,
la piel de la madera al borde del desvarío, uncida en puñado
de ardores, anclada en destello de luciérnagas:
en la respiración del silabeo, descubro las mochetas en llamas
de los encajes, la luz del sexo derretida en la brasa,
buscando cualquier imaginario que la deslíe,
los dientes, acaso, para morder la alegoría, la piedra triangular
esculpida en el vestido,
la roca del poniente suspendida en los vilanos, en la mocheta
balbuciente del ojo que pinta los abanicos del viento.
(Me arrimo a la puerta, con cierto estremecimiento; descalzo ando
sobre los papeles de cada sombra que se aproxima
al horcón de este frío de semanas, a esa sensación de contemplación
temerosa, misteriosa y a menudo grisácea.
Pero los días pintan igual como las calles sin respiración:
hay miedos y esquinas sombrías, hay muros de aviesa oscuridad,
quicios oscuros en las aldabas,
clavos y herraduras que la herrumbre fue formando con firmeza
hasta romper el pulso desde adentro, —claridad que no llega por más
Avesmarías, por más devaneos de la conciencia.
Cuando el gallo canta, otro puñal se clava en las sienes;
otra noche desvela la herrería del cuerpo, la artillería de la hojarasca,
los colores trémulos de la tos,
la destilería del humo en el cigarro suspendido en las manos,
aquella campana sembrada en el pájaro, asunción de la tinta
en la pizarra del relámpago: cielo, sin duda, precipitado en el aserrín.
La puerta sigue ahí, con un calendario sepia colgado en el ojo:
el tiempo es una casa de sombras donde no se justifican los techos,
ni hace falta más noche en la angosta herida que la peluca
de la sombra ha ido haciendo en los brazos.)
—Así de simples son los rastros del rasguño, la ceniza negra
del hierro corroído, la gasa que hace más purulenta la espera,
la noche que llega a los adobes, espuelas del pestañeo en la limonada.
Todo el trajinar de los usos horarios se queda aquí en las mochetas,
Sábana desollada sobre la espuma, pálida aldaba del día,
Con el hollín embozado en los zapatos.

Barataria, 26.III.2011

sábado, 26 de marzo de 2011

COLOR AMANECIDO


Hoy, cuando abrí la puerta el asombro: el rocío colgando de la ventana,
el oleaje del reloj en mis pensamientos, el mar espeso traspasando
la respiración, bajando a este lugar de los pulmones, —parece cierto
el limpio encaje del ahogo, el mismo polen suave del olor,
la sábana de los poros en el tórax,...




COLOR AMANECIDO




And then sorrow struck my heart
Tears began to stream down from my eyes
(…)
Out here in a place in a condition like this
KOKO TAYLOR




Hoy, cuando abrí la puerta el asombro: el rocío colgando de la ventana,
el oleaje del reloj en mis pensamientos, el mar espeso traspasando
la respiración, bajando a este lugar de los pulmones, —parece cierto
el limpio encaje del ahogo, el mismo polen suave del olor,
la sábana de los poros en el tórax, el tiempo que esperan los sueños
para hacerse música, un blues sale de la curva de las tejas,
pájaros del pulso resbalando en mi cuaderno,
cauce cuyo destino es el mantel sobre la mesa del alma.
(Ayer la oscuridad hacía trizas el arco iris, la piedra en franca
alegoría sobre la frente, “tears began to stream down from my eyes”,
también la oscuridad de los paraguas, como un féretro
soltaron su comba de tormenta.
A menudo comulgo con los días muertos: con esos días lanzados
al vacío sin aurora, con el musgo abandonado en las ventanas;
de pronto los acantilados se convierten en campanas,
en el fondo es la misma respiración de tantos años de zozobra,
el aliento que sucumbe ante la tempestad,
el talud de los rasguños,
el antifaz asiduo de la herrumbre, el azogue disparado con hondillas,
meses clavados en el carrusel de la saliva, ciegas aguas que el pájaro
no avizora en la consumación de las aceras, —en esta brea
de templado carámbano. Con aquella armadura de harapos, anduve,
inhalé los relámpagos, la blanca espada de los analgésicos;
fue mi talismán el candelabro de la noche,
la manguera del regadío, la palabra retenida en el trasmallo de la sombra,
el puño de los matorrales como un reloj en desuso por el hollín
o la sal de los poros, por esa otra luz que sin brújula nos desmaya
hasta hacernos caer sobre la escenografía de la ráfaga pululante.
Siempre pudo más el despojo que la bienaventuranza:
la proclama de los desasosiegos, las pinzas de las relojerías,
el aire ahumado en el pezón de los bordados, la lengua al filo
de la carcajada rota del vidrio, aquella tiniebla en los párpados,
en definitiva el agua contaminada de la noche.)
Ahora en los horcones del pensamiento cuelgo la ventana del arco iris;
el día resuena en los anillos de la madera, el tañido se abre,
locuaz, sobre la claridad de las verjas, sobre el césped que la lluvia
aviva con singular ahogo.
Ahora estoy seguro: “Ya es un nuevo día”…

Barataria, 25.III.2011

viernes, 25 de marzo de 2011

CIEGA LA HOGUERA DE LA CLARIDAD


Vuelvo a los hierros de la oscuridad: montañas de luz afuera; pero
adentro, no hay pueblos de ternura, ni aperos, ni piedad.
Nos perdemos en la labor de abrir las puertas, hondo tiempo
de las estaciones: la cuesta sin barbecho, la hondonada de estaciones
hundidas en el pecho, la mesa vacía digamos,...
salt lake city, foto de André Cruchaga




CIEGA LA HOGUERA DE LA CLARIDAD




If you're lost, you can look and you will find me,
time after time
if you fall I will catch you, I'll be waiting,
time after time.
CINDY LAUPER




Vuelvo a los hierros de la oscuridad: montañas de luz afuera; pero
adentro, no hay pueblos de ternura, ni aperos, ni piedad.
Nos perdemos en la labor de abrir las puertas, hondo tiempo
de las estaciones: la cuesta sin barbecho, la hondonada de estaciones
hundidas en el pecho, la mesa vacía digamos,
con la miga recogida por los ciegos. Conmigo, la tierra y su mudanza,
aquella falsa claridad que hubo,
desaliento de ventanas, ahora, bajo el riel pateado por los trenes,
la luz vaga en cada sueño, vigas de granito por sábana y cama,
esperas que se hicieron largas en el suelo,
oídos que no ven la tarde que se apaga en desaliento.
Si pudiera retener la claridad en mis manos todos los días,
no habría muros ni noches,
ni esta ceniza que ahora tapa mis ojos, levantada en cada lluvia
de promesas, no habría maniquíes de cuero o piedras desencuadernadas
en la maleza, aires pasados por agujas,
poses de ambiguas horcas, noches al zig-zag de los candiles,
y manso destrozadas por la salmuera: ciegos, al fin, mis calcetines,
la transparencia que perdió su sed de vigía,
las calles empecinadas a las cicatrices, la oscuridad sin balcones,
envilecida transfiguración del nido, al plato de arcilla que nos contiene:
(vuelvo a la crueldad de la polilla, cuando ésta,
desgarra la marquesina de los ojos, cuando calla cada esquina
del cielo: pasos, calles, campanas, golondrinas,
de otros adioses que por cierto, nunca fueron rutina.
Si pudiera a estas alturas, cambiar muchas cosas, lo haría:
primero la fatiga con tanta oscuridad decrépita; luego, los meses,
por mañanas e inviernos,
caminar a las dos caras de la moneda, tararear mis manos cada vez
que hay viento, reivindicar el acecho a los platos,
caminar en lo profundo de los espejos, vomitar las sombras
en el corral del estiércol. Cambiaria la rapacidad de las creencias,
la piedad por las mareas sin itinerario, sin cartas de marear,
ir girando a la deriva de los calambres,
huir del cincel de excremento, de los eucaliptos con baba de la noche.)
Ciega es la hoguera en la claridad de su propio aleteo:
ciego el regadío del grano de la fe, la mirada encima del techo,
cada instante de ocotes. —Si pudiera cambiar todo lo vivido, me quedaría
sólo, abriendo las aceras, oyendo el callejón de la tarde que se aleja,
hacia otra llama en el frío.
Me quedaría buscando el orégano del viento. Las verdades sencillas
en las plumas del ave, la renuncia misma al rocío.

Barataria, 24.III.2011

miércoles, 23 de marzo de 2011

ENTINEMA


Como todo tiempo, el reloj se desplaza en las palabras, de aquí allá,
hora de fósiles, puertas al mismo lado del ojo ciego,
la luz cuando no es luz daña las pupilas; la noche cuando
no es noche, daña la desnudez, traiciona la ternura,...



ENTINEMA




…y sin que nada de esto haya cambiado,
Es hoy tan diferente!
HUGO LINDO




Como todo tiempo, el reloj se desplaza en las palabras, de aquí allá,
hora de fósiles, puertas al mismo lado del ojo ciego,
la luz cuando no es luz daña las pupilas; la noche cuando
no es noche, daña la desnudez, traiciona la ternura,
vuelve escombro la vena habitada: aquí en el nido, escarban
los cadáveres, goznes quebrados, llagas de por sí, aquellas
caricias taciturnas, el guiño en el espejo no es el mismo,
el traje de las calles es de cascos y pavimentos, no hay contraseñas,
ni contemplaciones verdaderas, si acaso, la lluvia mojando
los retratos, el doble claustro de las máscaras con impúdica saliva.
Cada paisaje nos mira de rodillas,
ganamos el valor en la manada, desconfiamos de la alegría,
dientes hundidos en el vestuario, carcomas de solapas irremediables,
hay en ese cofre donde la noche siempre es huésped,
piel derruida de campanas,
altos hisopos de ansiedad postrera,
abejas en el reloj tardío del cuaderno, —cuando el día aclara,
cada gesto es calle abandonada o, al menos, una pocilga de juegos
sucios que no caben en el arrullo, ni en el injerto de la llama.
(Nos consuela el taller de las agujas capoteras, la plaza mayor
de la ceniza, la lengua húmeda junto a los fluidos del orgasmo,
cada temperatura en la unidireccionalidad de las escamas,
granito, hostias, escenas, cicatrices, quemados yutes del sueño,
lujurias que mañana no serán oráculo,
ni intima cadencia, sino ese andar la puesta del sol en los bolsillos.
Siete candados se abren cuando uno se cierra sin problemas
ortopédicos: la libertad se anda en los pies, sequía del alba
en el cuaderno definitivo del latido. La velocidad no hace la prisa,
sino la luz para amarrarse los zapatos,
la noche que secreta sube la escalera de las tejas,
la casa horadada del fuego, abril hondo de chicharras, traslúcida materia
del agua, al filo de la cruz. Hay necesidad de darle vida al sepulcro
del cuerpo, el filo de las sábanas salta en aullidos,
suena la flauta del eucaliptus, el orégano negro de la penumbra.
Excepto por aquél pesebre, todas las camas tienen algo de breña,
Comalas de trémulos pulsos y Baratarias de sueños violentados.)
—Como todo, el todo sin ser a ciencia cierta: dame la paz incierta
de la levadura, el lúpulo del aliento, el delicado filo de las campanas,
los días de guardar reposo para ungir la sartén,
las primeras lluvias del asombro, el terraplén espeso del oleaje
a la altura de la medianoche, cuando ésta cose los encajes del vértigo,
el ala hueca del tórax,
el nuevo tiempo de los mangos y los nísperos, la anona de las ingles,
el poyetón cimbrado de las hojas: el fruto ahora seco de las cumbres.
En cuanto al asombro, dejemos enfriar la intimidad de los dinteles,
que madure el trasluz de las cerraduras…

Barataria, 23.III.2011

martes, 22 de marzo de 2011

PACTO CON LA ALMOHADA


Siempre es así cuando nos desvela la almohada, cuando el cielo
nos parece tangible y las formas más cercanas a la boca.
Nos daña todo lo que se aleja por perversas que sea las distancias:
las bóvedas son así, en su propia forma de espera,
en la sombra creada bajo el impulso de la claridad, porque
toda claridad es oscuridad en la persecución de la saliva;...




PACTO CON LA ALMOHADA




I know that everything is not ok
But you're like honey on my tongue…
U2




Siempre es así cuando nos desvela la almohada, cuando el cielo
nos parece tangible y las formas más cercanas a la boca.
Nos daña todo lo que se aleja por perversas que sea las distancias:
las bóvedas son así, en su propia forma de espera,
en la sombra creada bajo el impulso de la claridad, porque
toda claridad es oscuridad en la persecución de la saliva;
todo abrazo es cruz. Todo anhelo, materia para la almohada
que no sabe que la brisa madura en las sienes como un gajo
de caminos aleteantes o diletantes, mientras se aviene la oscuridad.
Todo se imagina: pero no todo es real en la pluma del ave o la raíz
brotando de su propio pedestal:
tampoco deja de ser el vaso copado de sustancias inefables;
el hasta hoy árbol de la brasa, intensa miel que redobla las horas,
los filtros de la manta,
el azúcar de la claridad, el acaso fiel del instinto que trepa al deseo
con los tenedores persistentes de las ramas.
No sé si la alegría sea instrumento fiel para andar el camino,
—los caminos que nos dicta la vida,
el día o la noche con sus verdes espejos: (sabemos que el deseo
nos convierte en rehenes de nuestros propios ensimismamientos,
de nuestras nubes de crepúsculo,
de las tareas enardecidas del cierzo, de ese río con las mismas aguas
a las deshora del grito que es distinto cada día cuando debemos
repetirlo y repartirlo. Ahora arde la noche en sus estiajes,
no duerme el aire convertido en aliento,
es distinto el sonido cada vez que vislumbramos el calendario
en la almohada, —cada vez, digo, que el grano salta para ser planta.
Hasta ayer, tenían arco iris los pájaros, cierto misterio infinito,
humedades persuasivas, pinos excavando la sequía.)
de pronto los cuerpos caminan en los límites del sonambulismo,
en surco de las fisuras queriendo vivir,
en la puerta, sin resortes de niebla, ni colchones de oscuridad.
Así es como, la almohada, de pronto se convierte en la esponja
del cabeceo y los delirios, Lázaro en el misterio, en este juego seductor
de imágenes: nada es tan cierta como la aridez en la boca:
páramos anchos sin lascivia,
reproches que lindan con la oscuridad, linderos del silencio,
con arroyo de alfileres alrededor. No es manantial la saliva que brota
de la boca, ni agua bebible la salmuera,
sino el áspero camino de callar la espiga, el cambio de piel,
de las distancias: en el fluir de los muros, el grafiti hace lo suyo,
la ceniza hace lo suyo: —ambos, este dolor de ser, hendidos
y henchidos, en retirada: en el hombro todos los miedos como parva
de jarcias  muy cercana a la almohada, distantes del pecho.

Barataria, 22.III.2011

lunes, 21 de marzo de 2011

ESTE PAÍS DEL AHOGO


violinyguitarra-J.Gris, Violín y guitarra, 1913, óleo sobre lienzo, 81 x 60 cm.,
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.




ESTE PAÍS DEL AHOGO





Este País de granito y canículas.
De gritos cotidianos, variación verde
del respiro, frente al murmullo suelto de ventanas:
¡Cuánto zumo sobre la tierra!
Invierno del estío, secreta cárcel,
amargas las calles, feroces las persianas del calendario
que nos conducen al agua de la muerte.
La desnudez es habitual, nudos en el rostro;
la Paz insostenible, saliva de cuadripléjico.
La Paz cercada, siempre, sin brazos,
ni volumen, callada voz —túneles de sombras
y veneno; la luna, lanza de la noche:
creación humana, alero apenas de la palabra.

Uno se vuelca en ráfagas,
sobre el terror demente de los muertos.
Odiseo de los políticos, el pueblo
que nunca encuentra respiro,
ni mayores prodigios que la costumbre
de volverse cadáver sobre la mesa.
¿Qué es el País? ¿Qué es la muerte en sí misma
/sino un ardid, una trivialidad /de la innecesaria materia?
Así es de innecesario cualquier camino:
la noche se nos adelanta, el dolor;
el hoy avanza sin la reconciliación necesaria:
—pálidos ataúdes acarician las pupilas;
sobre la escalera del aire sube la ceniza a las sienes.
—Sube, pútrida; honda tormenta de lagartijas,
escapularios de la misma ventisca de la historia.

Pero el País está en los sueños: míos y tuyos,
en la forma muda de la espina,
en los latidos rastreros de la justicia,
en la zozobra asfixiante del abecedario,
en este miedo de transitar entre relámpagos
o, cuchillos de colérico frío,
o, arder en medio de tanta vileza y oprobio.

El País es así. Hay que quererlo,
cambiarlo, hacerlo nido de pájaros,
pleno de césped, visible a los ojos:
plural hacia la luz —bosque de entendimientos
y no viento del luto, ni cuerpo mutilado.

Hay que hacerlo con luminosa mirada
y labios de guitarra.
Así sabremos mejor nuestro destino…

Barataria, 06. 08. 2007.

De: Sinfonía del caos, 2007.

domingo, 20 de marzo de 2011

CESE DEL FUEGO EN EL ESPEJO


Hay cansancio, después de todo, abandonos, sombras muertos.
No existe el tal Paraíso cuando se vive en la caverna:
no existen lunas de feria en la vigilia y el insomnio, salvo
los días postreros del epazote, el comedor sin aurora,...



CESE DEL FUEGO EN EL ESPEJO




…llevo mis pasos presos entre nieblas
y mis miradas van sobre cipreses.
JOSÉ MARÍA HINOJOSA




Hay cansancio, después de todo, abandonos, sombras muertos.
No existe el tal Paraíso cuando se vive en la caverna:
no existen lunas de feria en la vigilia y el insomnio, salvo
los días postreros del epazote, el comedor sin aurora,
el mantel multiplicado de vacíos en los ojos, este espejo de cadáveres
en el corredor de la sangre,
los brazos que nunca llegan como anzuelos de lluvia,
(vos con otros calendarios diferentes a los míos: no hay tal heroísmo
de la piedra sobre el pecho, se va el agua de las campanas,
la luz apenas es visible en los aleros de la puerta,
mucho más vacías la habitación del yodo,
la gruta azul que fue promisoria madera, los gestos con una ventana
de crepúsculos,
no poder más beber el vinagre con merienda de cadáveres,
ni atizar la angustia más allá de sus bodegas: las piscuchas
carentes de alas, los caballos en los insectos del gris,
jaula o pájaro el sonido al vacío, los magullones en los calcañales
después de desesperar los trapecios,
el pasadizo de peces del sollozo, el fuego quemado de los pañuelos.)
Supongo que hay que borrar la cuajatinta de cualquier inventario:
cualquier camino fue hecho para que nos coma el polvo,
el ciempiés de la hojarasca, a menudo la tristeza en un artefacto
deleznable, nadie la quiere y, de pronto, todos la comemos
en trocitos de bostezos, en la lechuga repollada de los ojales,
en la lejía del éxtasis, quizá en la oscuridad de los hospitales,
en el cielo de la ceniza, con absolutos parecidos al frío.
De cualquier forma nos despertamos en la esterilidad de los cuchillos,
sajados por el arte aborrecido de la noche: velas, candiles,
balanzas que deambulan en los peldaños huidizos de la arena,
en el harapo sordo de las manos, quizá en aquél temblor
de la sal salido de la carne, entre los poros de los muslos y la cara,
con la monotonía de la queja,
y sombreros escapados del asfalto, —horribles moscardones
tanteando la vianda de los huesos, la huella descarnada
de los recuerdos, el labio roto del aire, este mundo informa de la miel
que a ratos, empantana el jugo gástrico y vuelve infortunio
el cuaderno rojo de las sábanas, —y vuelve, digo, nefasta la sortija
de las sombrillas, la esquizofrenia de la hiedra, el post-mortem
de las aldabas, las calles que anduvimos envueltos en begonias,
implacable el juego del rompecabezas sobre el tablero de los espejos:
todo es una cárcel con interminables barrotes…
Barataria, 20.III.2011

sábado, 19 de marzo de 2011

CAMINOS


Las semanas no olvidan la cafetería de los alfileres. Esos azufres
del estertor de los calcetines, ciertas heridas con olor a rincones,
el traje de cadáveres que visten los cuadernos,
las poluciones de veneno que avientan los calendarios mojados
de falsos escalofríos,...




CAMINOS




For the future is in your hands, no the future is in your hand
Play with your own score sheet…
OUTKAST




Las semanas no olvidan la cafetería de los alfileres. Esos azufres
del estertor de los calcetines, ciertas heridas con olor a rincones,
el traje de cadáveres que visten los cuadernos,
las poluciones de veneno que avientan los calendarios mojados
de falsos escalofríos,
los dedos agrios muerden la sonrisa, moribunda la tinta
de las raíces, el retrato ferviente de los muros, el trasmallo en clave
del pozo incierto de la miel fugada de los manuscritos
furibundos de la ruda.
Para el futuro no se necesitan tumbas ni cadáveres, ni bubos,
ni lingotes de palabras estremecidas en los periódicos, ni siquiera
el trascielo de la saliva, la rigurosa imaginación de la bruma,
la lámpara seca de la neblina,
las jornadas de yerba impúdica, el jade de la aurora,
pañuelos con especias de audacia, arena movedizas en el júbilo
del aire, inminentes zodíacos de hambre:
el camino se labra con la leche de la piel, con el canasto del mar
sumergido en las sienes, largos viajes de raíces desde el fondo,
relámpagos debajo de la sábana,
alas sin el voraz hábito del desvelo, brazos con harina inefable.
(Hacemos el camino, vos y yo, con la cobija del aire: con el aire verde
del tiempo, con la sangre sin los cuchillos de la ceniza,
con el trópico del olor del futuro,
con la diaria paciencia de la sencillez,
rostros nacientes de la ruda, denso manantial de las palabras.
Construimos el camino, con la palabra justa de los embarcaderos
de la memoria, sin el alarde del fugaz maquillaje,
sin los trocitos de guarumo de aprendiz de vitrales: cada día se hace
más cierto cuando los pilares de la estampa son escamas de dispersos
ascetas en busca de domingos.)
por desgracia, no tengo tiempo para la tristeza: si acaso para respirar
papel y tinta, abecedarios de hormigas, camisas mojadas,
pulgadas de testículos en el alfabeto.
No tengo tiempo para resbalar en la sal, ni edificar mis sueños
en la ceniza, ni reverdecer el pasto postrero de la niebla:
cada día es un camino de amuletos, alambiques, almohadas
que se abren, aguas de meses con caballos de alelíes,
sueños a la medida de las araucarias, tallos de soberana madrugada:
no hay más caminos vivibles que los libros con todo su ventarrón
de oleaje, con el invierno dialéctico de los fósforos, con los goterones
de futuro. Los pretéritos dejaron de ser camino desde hace ratos,
es tiempo de disparar el arco iris, sobre el misterio de la respiración.

Barataria, 19.III.2011

viernes, 18 de marzo de 2011

EN TU CUELLO, SECRETAS SOMBRAS DE ARCO IRIS


Cortas el gris humoso del sombrero, el aire guardado en el crepúsculo,
la raíz demente de las costillas, la mirada gruesa de la noche
con abanicos en la intemperie de los muros. Después de todo,
lavar las sábanas es un imperativo,
labrar la tierra con los utensilios del viento, galopar en el páramo,
cantarle al olvido su levedad de calendario.



EN TU CUELLO, SECRETAS SOMBRAS DE ARCO IRIS




—Cuando estoy acostado: mi patria
es el lecho sólo y moribundo
sobre el que quiero forzar en mis brazos
mi otra mitad, como yo sin alma;
y mi otra mitad: es una mujer…
TRISTAN CORBIÈRE




Cortas el gris humoso del sombrero, el aire guardado en el crepúsculo,
la raíz demente de las costillas, la mirada gruesa de la noche
con abanicos en la intemperie de los muros. Después de todo,
lavar las sábanas es un imperativo,
labrar la tierra con los utensilios del viento, galopar en el páramo,
cantarle al olvido su levedad de calendario.
Uno necesita la naturalidad de las puertas que se abren:
el discreto árbol de los ecos:
uno necesita de pronto, silabear el alfabeto y el silencio, los saltos
mortales del firmamento, el pico encorvado de los pájaros,
el fémur de la brisa en las pupilas.
En el cuello del poema se libran batallas a muerte: de pronto, despierta
el cuerpo, con sus escarpados ascensores,
con las infalibles ventanas de los poros, con la proeza sajada
del bajorrelieve, el trampolín del ombligo en la lengua,
el ápice de los eucaliptos como capítulos de un libro extenso;
(el fuego derrama su fuego de lluvia apocalíptica, el tren de pájaros
que no cesa, la sed recogida en las raíces,
el escapulario de las gotas en las piernas, así la uña levantada
de la marea, el paracaídas sin sombrilla, el pino de nueces
en un solo vacío enmudecido.
En cada pasmo, cazadores furtivos del mar: ráfagas de crecientes
peces, pócimas de andar en el grito, en cada sudario a quemarropa,
el caballo ascendiendo a los crisantemos, a esa otra duración
de las palabras que se internan en lo profundo, en la verdad insoslayable
del pecho, en las guarniciones de la saliva, en los pertrechos
de los poros con su viajar de melódica.)
Llevo calendarios de minutos en el ojo del bosque con todas hojas
que el exilio dejó en mis rodillas.
Zumba la tierra veloz de la espuma: la fugaz eternidad de las raíces,
el gusano del instinto enredado en la vasija ciega de los tobillos.
A veces hay días de pantanos donde las moscas se vuelven irreales
alelíes, féretros el amanecer profanado,
se pierde la lozanía del primer oleaje, el puente colgante de los claveles,
se abre el portón del ixcanal, Sartre o Camus se pierden
duermen Heidegger, Jaspers de principio a fin en la irrupción
del olfato, en la belleza absoluta del tacto de las esfinges:
(no seremos más el juego de perros y gatos. Ahora los difuntos están
Aquí, Sófloques, Esquilo, redivivos, sangrantes en su olfato
Moribundo, —Kafka, aquí, levitando en el vaso de la respiración,
Mordiendo las vestiduras de Van Gogh,
El zumbido enhebrado en las diademas de los naipes,
La roca tutelar del estertor, mientras el río levanta sus hélices
De pergamino líquido y lo riega en el animal del parpadeo.)

Barataria, 18.III.2011

jueves, 17 de marzo de 2011

EN LOS OJOS LA INMENSA OLA DEL CÉSPED


Muelle Puerto Saavedra, foto de Jorge González



EN LOS OJOS LA INMENSA OLA DEL CÉSPED




A Sandra Apablaza, hasta Temuco,
Con cuecas y trenes y puertos.



y que salten al cielo las aves del follaje…
PABLO NERUDA




De pronto he entrado al Museo Ferroviario de Temuco, los chayuyos
en las faldas del volcán, el Salto del río Laja,
Puerto Saavedra con Olor a Neruda, y la Plaza de Arnas
y el Túnel de Las Raíces,
de pronto el campanario junto a los picantitos, la Santa Trinidad
y Quepe, el jardín de los días con sus palabras,
la desnudez del vuelo en su dilatada fogata, el pájaro de la ansiedad
en las llaves de las ventanas,
con ese aire fresco del camino recién a caminar
entre las escaleras verdes del Lago Icalma, entre las estatuas
de madera y el Volcán Lonquimay: así despiertas en el diamantino
sigilo del pabilo, la lluvia espesa de la puerta que se abre,
las bodegas de vino en el trasiego del asombro,
—calles siempre hechas para la lluvia, para la violenta ráfaga
del espejismo, cuerpo blanco, amanece en aquellas aldabas
de lo profundo, en aquel racimo de gotas, uvas en la almohada
con olor a viaje circular de ángeles.
De pronto se me hacen tan de hoy aquellas carnes, aquel aguacero
de trenes, de sequías y nostalgias, de hortensias sutilmente
cultivadas con las manos del cierzo.
Allá, el río Cautín, intocable, fervoroso, con su ombligo de campana:
habitante de límpida vagina, movido por el aliento de unas manos
que saben trasegar los sueños en las manos:
aquí el tesoro de las araucarias y la trementina, el jardín al oído
del incensario, follaje del pan en el espejo.
La abeja poliniza el césped de la tormenta: los vitrales del destello
con esa luz que no cabe en los mapas, ni en los armarios,
ni siquiera en el cuenco de las manos.
De pronto la ola entra sacude los rincones, los aleros de aquellas
casas hechas para soportar la tempestad, el hervor de los poros
en el velo de la lengua, la fragancia húmeda del bosque,
esos estertores sutiles del tránsito, el umbral, ahí, en el otro ojo
que suspira: que transmuta la primavera en orgasmos,
imágenes, acaso del asombro al borde del sueño: el día tiene, ahora,
desnudos imaginarios, vistas como el Cerro Nielol,
como el alma de las rosas en el instante de las manos: cristal
del deseo cerca del estanque.
Puedo sentir el viento estacionario de los sueños: sangra el vértigo
De la luz sobre ventanas de ámbar: resucita la intrepidez del arroyo,
Hasta volver cómplices los pétalos del aire.
Hasta hacer de las bodegas del vino tinto de las luciérnagas,
Un incensario para ir deletreando el alfabeto…

Barataria, 13.III.2011

miércoles, 16 de marzo de 2011

AGLOMERACIÓN DEL PÁLPITO


Aquí también se aglomera el pálpito: huesos en la almádana
del olvido, líquidas guitarras de las escamas, hirviente humo
de las mudanzas en un tiempo de catástrofes. Siempre en el costado
se deshace el horizonte, las manos alrededor de las monedas,
los deseos amarrados en las crines de la sal.



AGLOMERACIÓN DEL PÁLPITO




Aquí también las piedras relucen: piedras mínimas,
miniadas piedras verdes que corroe el arroyo.
ANTONIO COLINAS




Aquí también se aglomera el pálpito: huesos en la almádana
del olvido, líquidas guitarras de las escamas, hirviente humo
de las mudanzas en un tiempo de catástrofes. Siempre en el costado
se deshace el horizonte, las manos alrededor de las monedas,
los deseos amarrados en las crines de la sal.
(Cada día que transcurre es un País extraño, otro lenguaje despojado
de luz: otra metamorfosis de la sospecha. Otra inmensidad de nubes.
Otros pies sin pena ni gloria,
otros pájaros en el ocaso de la neblina.
En cada día que transcurre, los escenarios se vuelven imaginarios,
como vos o yo, cansadas insinuaciones de los sueños,
frente a la boca andando entre papiros apócrifos, reales o imaginarios
en la sublimación de la autoficción.)
El pues estalla en la carne magullada: cada celda de ojos golpea
la carne, —amo los rostros desvividos en mi oración secular de todos
los días; el dejar de olor los sollozos de los alfileres o el desvelo,
la oscuridad de los buitres,
las gotas del pipí en las orillas del silencio,
los interrogatorios a puerta cerrada del viento,
los restos de jardines de los centros históricos de las ciudades
vencidas por el humo, carcomidas por el derroche de las palomas,
goznes de soledad en caballos disecados,
heridas insuficientes para el cadáver que se volvió espejo en medio
de tantas baratijas: pulseras, acordeones, cadáveres,
y otros chunches sacados del infierno.
(No es extraño, aquí, olvidar a los socráticos, cuando todo se reduce
al absurdo, a las falsas premisas del círculo, al interés supremo
por los cadáveres, a las moscas en calendarios inmóviles.
Me río de las aporías y los dilemas morales: me río de la paja
propedéutica de los insecticidas, de los brazos arrimados a la ceniza,
de los estertores desérticos del pálpito, de la conciencia ética
de los juicios: me río de los hospitales hacinados de heces,
de las falsas alarmas de los tsunamis para crecer en notoriedad,
palabras a favor de la imagen,
torpes aguas de la destrucción, crepúsculos, claridades,
trasnoches sordas destinadas a la duplicidad de las postales,
infames ceremonias del imaginario colectivo: axiomas del dogma,
de nuestra ya olvidada alegría.)
así de simple mordemos los calcañales de las inferencias: siempre
nos adherimos a la noche, y a sus interminables brazos de vigía:
jugamos a las esquinas de los alfileres y a las pupilas rotas
de las muletas, a las muñecas de trapo de los estereotipos.

Barataria, 16.III.2011

martes, 15 de marzo de 2011

DESNUDA PALABRA ENTRE MIS PIERNAS


Despertamos al instante del vaho, cuando el pájaro abre su evangelio,
cuando las llaves de la luz despiertan la alcoba.
En cada imaginario desnudamos las palabras: desnudamos
los balcones, respiramos el anhelo en medio de las sombras.
SALT LAKE CITY, FOTO DE ANDRÉ CRUCHAGA



DESNUDA PALABRA ENTRE MIS PIERNAS




Around here they called it Suicide hall, it's where people end up
when they don't know where else to go. The hopeless, the desperate.
A good place to step off the side of pier and quietly vanish.
CAMP ROCK




Despertamos al instante del vaho, cuando el pájaro abre su evangelio,
cuando las llaves de la luz despiertan la alcoba.
En cada imaginario desnudamos las palabras: desnudamos
los balcones, respiramos el anhelo en medio de las sombras.
Mordemos las ancas de la lengua: el cuello rojo de la luna bajo
las cuatro estaciones de las raíces.
Siempre hay un lugar en las noches para habitar las sombras,
leer el laberinto de la perpetuidad, sin prostituir la rendija del fuego.
Las noches caen como un vagón en pleno viento,
las palabras quedan en el búho de la lengua: hay un destino y ese es,
la profundidad del libro que lee el horizonte
cuando alumbra sobre el silencio, desde arriba de la memoria.
(A menudo le ponemos ornamentos a los oídos para que los monstruos
sean más apacibles en plena fosforescencia de cadáveres;
la fuerza de la gravedad mueve las calles del aroma, las hélices
de la conciencia, el mirto quemado en las entrepiernas del reloj,
los océanos con utensilios descarnados,
algún epílogo en la pesadilla de las escamas, en la insistencia
póstuma de la parafina a paciencia de locomotoras desvencijadas:
quemamos las palabras de las ventanas cerradas; el cuaderno
de la piedad no existe, salvo la queja grotesca del calendario
en sus poluciones de cadáver invertebrado: en la cultura de la sal,
disecamos la cama como filines, guapotes o mojarras para la cuaresma,
de dudosa procedencia.
En cada dintel del alfabeto, la boca pronuncia padresnuestros,
bejucos con cierto sabor a barbasco, índigas armaduras de la tregua,
miedos a la rama promiscua de la desazón,
a este mercado de hacinados repollos, niños marginales de la verdura,
indecibles dedos de la litografía cuando ésta se vuelve simple ornamento.)
Arrecian las atrocidades en los cielos divididos: arrecia la pústula
como tiempo de contrición, —nos delata esa voracidad sucia
de las orquídeas, las colchas corrompidas de las nubes, el hidrógeno
pululante en cada puerta o venta, la resistencia a la cámara de gas
de la ceniza, en plenos relámpagos de las semillas.
De pronto me toca poner en orden todo este tiempo vivido entre
oscuras claridades y clavos inmunes, días de incesto, de espejos
bailando con espejos, de horas sumidas en la lluvia del espejo,
de falacias repetidas como las lecciones de primer grado, con todo
el arsenal de los inodoros, con los campos anochecidos del paladar,
con este remedo de crepúsculos a punto de ser piedra.

Barataria, 15.III.2011

lunes, 14 de marzo de 2011

SED DE LA SOMBRA EN EL RÍO DE LA NADA


La Nada surgió de tantos pergaminos indecibles. De tanta sed sombría,
pasmos de piedras galopantes en el pez amaneciente del día.
la sed mordió la inminente claridad del aire, los trenes que fundaron
mi boca, los rieles recorridos, la longitud de los dientes
en cada palabra del alfabeto, —en el principio fue la noche y su carne
extraña, el caldo del oráculo,...
SALT LAKE CITY, FOTO DE ANDRÉ CRUCHAGA



SED DE LA SOMBRA EN EL RÍO DE LA NADA




Ya cantan, gritan, gimen: Rostro. ¡Tu rostro! Rostro.
Las manzanas son unas,
las dalias son idénticas,
la luz tiene un sabor de metal acabado
y el campo de todo un lustro cabrá en la mejilla de la moneda.
FEDERICO GARCÍA LORCA




La Nada surgió de tantos pergaminos indecibles. De tanta sed sombría,
pasmos de piedras galopantes en el pez amaneciente del día.
la sed mordió la inminente claridad del aire, los trenes que fundaron
mi boca, los rieles recorridos, la longitud de los dientes
en cada palabra del alfabeto, —en el principio fue la noche y su carne
extraña, el caldo del oráculo,
la vehemencia sobre el filo de los relámpagos,
los mástiles en procesión de collares; luego nosotros, colmena
de muertos, labriegos enclaustrados en las catacumbas de la saliva,
en la procesión copiosa del moho, cuello de la neblina en la sal
apresurada del ojo, sin brazos que detengan el precipicio.
Colgamos de un hilo nuestras propias inseguridades: la soga lame
el cuello; la boca, las escamas cosidas de la lluvia, el rastro
de la araña erigida en el vacío, los ojos colgando de la oscuridad.
(Llevamos días desfalleciendo los olores de la fragua: el pescado seco
de la mueca, algo así como una cárcel macabra,
donde las bacinicas rinden fruto al olfato y el trozo de tortilla
es más real a la hora del hambre.
Hacemos la historia con la boca desnuda de los alaridos: gritamos
la consigna en medio de la consigna de los orgasmos.
Bebemos los lamentos como el agua pura, santificada en la piedra
bautismal de la conciencia,
debajo de cada axila de las palabras, encima de la órbita del semen,
a la par de los ungüentos del ajo y la manteca de cuche,
dentro del desastre, cuando la pólvora muerde al miedo.
Nos levantamos pensando en la maldad de las yerbas sagradas:
en la sangre huraña, por cierto, de las libertades apocalípticas,
en las vitrinas oficiales que se erigen para la posteridad del gobernante
de turno, aturdido de pronto, por el polvo en sus ojos.)
Después de todo, la sed no termina aquí, en el escarabajo del pubis,
en los asesinos en serie de las colectividades:
la risa de lo desconocido apenas comienza; hay ferias para reservar
el paseo de carrosas, respiraciones inservibles, ventanas antepuestas
a la claridad. Todavía hay sed de transparencia, mendigos
que se cuelgan de las enredaderas, bocas sangrando de opulencia.
Todavía circulan billetes falsos en medio de la catástrofe: sombras,
acaso, como el espejo de la ceniza, como el teatro clásico de la tragedia,
como el chucho despellejado de sus testículos: imaginario
con graneros vacíos, sin seguros de vida…

Barataria, 14.III.2011

domingo, 13 de marzo de 2011

PIEDRA INMUTABLE


En medio de cuchillos, las cucharas convertidas en estatuas,
las arterias hacinadas de la sal, mercados de ahogados balcones,
fatiga de petates, cortinas donde cuelgan las moscas su propio
letargo de sobrevivientes incestuosos:
unido a esta piedra inmutable de los días con harapos,
los días cansados de cristales, lastres de la calvicie,...



PIEDRA INMUTABLE




¡me parece que zumba
en torrente de sangre desatada!
RAMÓN DE CAMPOAMOR




En medio de cuchillos, las cucharas convertidas en estatuas,
las arterias hacinadas de la sal, mercados de ahogados balcones,
fatiga de petates, cortinas donde cuelgan las moscas su propio
letargo de sobrevivientes incestuosos:
unido a esta piedra inmutable de los días con harapos,
los días cansados de cristales, lastres de la calvicie,
balcones acaso hechos de herrumbre, zapatos malolientes
consumidos por la sequía del absurdo. (En cierto modo, vivimos
en la sordidez de la memoria, embriagados por almuerzos de comejenes,
hasta el punto de convertirnos en polvo,
esbozos callejeros del delirio.
Y claro, no es extraño, de pronto arden como el bagazo, lamer
la propia saliva, a la hora de la siesta, entregarnos a un siglo
de noches, desafinar la luz con las espinas, trasegar el caos hasta
tocar los neumáticos sucios del agobio.
En cada sombra transfiguramos en vendaval de los féretros,
el inconsciente con sus desfiles bufos,
estremecemos de pronto las espuelas de los gallos, el agua extraña
de los arrayanes, la limonada purificada de la oscuridad.
Ante la mano aviesa de lo humano, las canículas sajan las puertas,
el diente a la deshora del humo,
el vado como un atrio baldío, el balcón arqueado del rocío
sobre la piedra esculpida en la miseria.)
El aletazo de la injuria, de pronto salta como un pez fuera del agua;
deambula raíz en el pulso,
el escapulario no soporta los sombreros: los paraguas retumban
de hormigas, —la sed de los huesos, la carne petrificada de la hoguera
en el estómago de la ceniza,
debajo de la sábana el sueño degollado, las analepsis del estupor,
vahos de la saliva, túneles del aliento ahí donde no llega el aire,
y las sombras chorrean paredes de muérdago,
obscenas monedas del vinagre.
Hay calendarios, sencillamente tirados a la basura: los vertederos
donde los niños encuentran su Esperanza,
intestinos del hambre o el crimen, miradas inciertas en la boca
donde la muerte se yergue como una tinaja de estrellas.
Jamás entendí tanta miseria en un mundo de opulencias: bocas
pálidas como luciérnagas desvanecidas, piedras en la medianoche
de los fósforos, suburbios de hurañas cocinas, basura a punto
de ser íntima camisa, —paredes, puertas, sedientas de oscuridad,
baldíos donde florecen los gritos del destino…
Barataria, 13.III.2011

sábado, 12 de marzo de 2011

DESTIERRO


En el lado oscuro del día, la brújula tiembla en mis manos.
A menudo he cambiado la transparencia de los relojes, por la ceniza:
charcos de espejos concentrados en el camino,
líneas curvas la respiración de las raíces, la entraña total
del remedo, el arco iris carcomido por mi sombra.



DESTIERRO




Y hoy, oprimido entre estos cuatro muros,
nada más que pastor de altas memorias!
CARLOS SABAT ERCASTY




En el lado oscuro del día, la brújula tiembla en mis manos.
A menudo he cambiado la transparencia de los relojes, por la ceniza:
charcos de espejos concentrados en el camino,
líneas curvas la respiración de las raíces, la entraña total
del remedo, el arco iris carcomido por mi sombra.
Nada hay ahora que no sean cementerios en penumbra,
lugares donde se perdió la alegría, pedazos de muerte: ese tiempo
individual del eco, convertido a menudo en monólogo:
nada hay por recuperar de la sombra, a menos que sea otra sombra
atascada de memoria en la penumbra,
en los brazos precarios que no me contuvieron,
en la ropa que ocultó mi respiración más adusta: los años ciertos
o inverosímiles, el asedio sin disimulo, el desequilibrio, a ratos
de la balanza: morir apoyando los eructos en la tierra,
la nada enloquecida en las paredes,
quizá el balbuceo caído en la hojarasca, la rigidez de las piedras,
o la noche descubierta en el boceto del desahogo.
Hay ríos como enredaderas que aniquilan los peces: muros
de ferviente escombro, libros demenciales que se leen de rodillas,
alas póstumas para la regresión de los sueños,
migraciones subterráneas,
y hasta luciérnagas maceradas en el idioma que perdí en las campanas.
Nunca volví a las mismas aguas, aunque la arenilla de vez en cuando
horade mis zapatos, mi lujuria desahuciada.
Después de todo no he muerto la última vez: me faltan soles y revivir
la espuma de mis propios huesos, los días feriados de las dunas,
los prostíbulos de telarañas,
soterrar el alcanfor del miedo, atrapar la agonía y teñirla
con la turbiedad de siempre: el aliento de las fronteras, el pozo quebrado
de los huesos, lo áspero de las travesías,
la hiel de los olvidos absolutos, la nostalgia por los destellos
de la tormenta que lavó los calcetines. —intento sacarle a la oscuridad
un haz de almohadas con ventanas y susurrar linternas
para este destierro inminente: la noche visible del vuelo,
el calendario del aire sin años bisiestos, quizá la transfusión
de tantas paradojas en mi costado, —peregrino incierto en los ojos
de la ceniza, eco de aquella sábana que arropó la infancia,
sed en la cumbre de la hostia. Ya no existe el tiempo pasado:
o es el presente el que no tiene asidero,
sino en la inutilidad del escombro, en el bienhadado horizonte
de las calles y aceras: suspiro de la palabra. Asumo el vuelo.
Barataria, 11.III.2011

viernes, 11 de marzo de 2011

CONTRAPUNTO DEL ENTUSIASMO


La apatía se ha vuelto una ventana sin risas. El frío ha tomado
por asalto la marea de la intimidad: tenemos amarillos cuartones
sobre el césped, y negaciones en el granero del alma.
No sé en qué tiempo vivimos ahora, ni cual fue el anterior,
ni el futuro, —el día desploma las bocas, las astillas se tornan
dentaduras, la herida una cárcel sin paraguas.



CONTRAPUNTO DEL ENTUSIASMO




…la boca del tiempo sorbió como una esponja
el ácido lechoso en cada gozne
y se tragó los líquidos del pecho hasta secarlo.
DYLAN THOMAS




La apatía se ha vuelto una ventana sin risas. El frío ha tomado
por asalto la marea de la intimidad: tenemos amarillos cuartones
sobre el césped, y negaciones en el granero del alma.
No sé en qué tiempo vivimos ahora, ni cual fue el anterior,
ni el futuro, —el día desploma las bocas, las astillas se tornan
dentaduras, la herida una cárcel sin paraguas.
La garganta se alimenta de olvidos; hay puertas que nunca
se abrieron al entusiasmo, ni habitaciones que guarden la respiración.
Frente al dique de las puertas, sólo el susurro de las paredes
con el grafiti susurrando fuegos y ventiscas,
con el insomnio en las gavetas de la intemperie: alguna vez
nos dedicamos a ver el aire, armar la piel en catálogos,
ponerle epitafios al pensamiento, jugar a río con la lengua,
dibujarnos a nosotros mismos en el papel de las sombras,
escribir la sal excéntrica de lo relativo, jugar deliberadamente
con los espejos, sin que las palabras fuesen destiempo:
un día decidimos enumerar las páginas del silencio: llegamos
a la herrumbre, gota a gota el desequilibrio de los relámpagos,
el tumbo gris de los colores,
las afirmaciones negativas de los itinerarios,
las llaves con candados de cansancio, aguas con el tizne de la negación,
avalancha de suicidios y desnivel de escaleras, casi subterráneas
alforjas en el alma. —Hoy en día no nos alcanzan los pies para
recorrer todo el asfalto no transitado, ni la sombra alfabética
de la otredad, ni los ojos prendidos en el pañuelo después de tantas
estatuas de sal
haciendo de las suyas en el cuadro sinóptico del insomnio.
Creo que ya no hay posibilidades de hacer reír al polvo, quitar la araña
del sueño, limpiar las palabras feas del diccionario de los poros,
soñar en el indicativo de la ternura, resignarnos al olvido; después
de todo, alguna de nuestra parte siempre fue soledades,
direcciones postales equivocadas,
aprendizaje de tumbas, féretros de impotencia, yaguales de pretextos,
Silabeo de ningún idioma,
Árboles en cuya asta, nunca volaron los pájaros, sino el ejército
Violento de las hormigas, el escozor, los anillos ciegos de los gusanos,
La mugre asoleada de la chatarra, las paredes domésticas
De los neumáticos, el ojo sospechoso del almanaque,
Y ese agravio mayor: el altavoz de la catacumba en la conciencia.

Barataria, 11.III.2011

jueves, 10 de marzo de 2011

CALENDARIO DEL PARAGUAS


Para este frío histórico, hay que leer el fondo del incendio,
subir la escalera del libro rojo de la polilla, imaginar el calendario,
desde el techo del paraguas con reforestadas caricias.



CALENDARIO DEL PARAGUAS



Al poeta Gabriel Celaya



Todo el pasado de repente aparecerá delante.
No turbará sonido alguno esta alegría solitaria.
EUGENIO MONTALE




Para este frío histórico, hay que leer el fondo del incendio,
subir la escalera del libro rojo de la polilla, imaginar el calendario,
desde el techo del paraguas con reforestadas caricias.
(…”Yo me crezco,
al decirme en los otros. No me mandan, me mando
a mí mismo, marchando según lo verdadero”…)
Yo me río de la potestad de los girasoles, de los trinos, de los salmos,
rasuro las sombras del tamaño de las carpas,
elevo la plegaria de las luciérnagas a los ojos, salto sobre los cuerpos
incinerados, ajusto cuentas con los gallos al primer claror,
le presto a las palabras sus axilas,
presumo de los espejos que se vuelven pájaros.
—Pues bien, poeta, “hablemos en vasco”, hagamos sumarios
de los grises, quitemos la saliva de los enjuagues,
démosle razón al calendario y unidad a los eclipses desollados.
Uno renace bajo la lluvia de las campanas: ahí donde crepita
el fuego unificado, debe lamer el alba su propia atalaya.
Por las cuatro paredes de los dientes se mastica oscuridad,
sangran las chicharras en la respiración de la primera sombra
de la leche, los cuchos jiotosos lamiendo su propia escoria:
en el quicio de la puerta nos saluda la memoria con paludismo,
los números en rojo de la pobreza,
el aire gastado como piedras miserables,
el palo encebado de los monosílabos,
el santo rosario en la romería de los huesos,
los mocos de los cipotes con su tristeza galopante.
—Al igual que usted, poeta: “Yo creo en lo real porque creo en el hombre,
y avanzo con la historia sabiéndome en lo cierto.”
Al igual que usted, poeta, he aprendido de la insolación: arde
la cabuya de la ceniza agria,
el polvo obsesivo, las películas de Hollywood con héroes y villanos,
la realidad de la almohada en el agua de la utopía,
a veces la historia no son pestañas respirables. No es inocente
la sombra en los armarios, el ahogo exaltado de los pétalos:
—el aprendizaje es una perpetua oscuridad irrestañable, las palabras
que ascienden a los pañuelos,
un destello de blues mientras los murciélagos vuelan,
las hormigas que rompen el cofre de los poros,
la línea inconsciente de las heridas, de pronto la batalla de las pupilas
entre la muchedumbre.
Día tras día, la clandestinidad de los tejados cobra vida…

Barataria, 10.III.2011

miércoles, 9 de marzo de 2011

“TENGO FRÍO EN EL ALMA Y EN LOS PIES”


“Tengo frío en el alma y en los pies”. Hay sólo días devorados
por la espuma, días de paredes fustigadas, días de náufragos anhelos,...



“TENGO FRÍO EN EL ALMA Y EN LOS PIES”




To every broken heart in here
Love was once a part, but now it's disappeared
She told me that it's all a part of the choices that your making
Even when you think you're right
You have to give to take…
LOSTPROPHETS




“Tengo frío en el alma y en los pies”. Hay sólo días devorados
por la espuma, días de paredes fustigadas, días de náufragos anhelos,
días de uñas, días de dientes,
días disidentes, días de salmuera,
días sin respiración, días sin garganta,
días de espejismo,
días de mazmorra,
días de azufre,
días de muecas,
días sin País, sin Patria,
días sin manos ni respiración,
días de orfandad, sin platos, sin manteles,
días de cansancio, sin sillas ni taburetes,
días sin semen, sin fogatas,
días sin aseo, sin putas, sin abrigo, sin guarida,
días de mortuorias pepitorias,
días con escombros de axilas,
días con el horror de las calles,
días sin olfato y con alambradas,
días sin lavatorio ni respiración,
días de furtivo País,
días de huraño ritual,
días de fiera ternura,
días con dentadura postiza,
días de sajada Esperanza,
días de heridas e impaciencias,
días de remedo como la democracia de mi País,
días de muertos como los paredones de mi País,
días royendo cebollas y colillas,
días sin alas,
días con muertos en sacos de yute,
días con los pulmones ennegrecidos,
días con los ojos colgados de tenazas,
días con el cascajo en los dientes,
días agazapados en la pega de zapatos,
días con pus,
días de pedregoso silabario,
días donde la lluvia hace la de Pilatos,
días conviviendo con el enemigo y el verdugo,
días con reuma,
días sin peces para bracear en el musgo,
días sin dedos,
días abrasados sexualmente por los crucigramas,
días sin días porque te bebiste todo el océano,
días sin genitales para resucitar el rostro,
días sin días, en fin,
como la sangre descalza caminando en las baldosas de la intemperie.

Barataria, 09.III.2011

martes, 8 de marzo de 2011

SOMBRA PRESENTIDA


La noche o la nube es parte de esta sombra presentida.
Lo es, también, la luciérnaga que asciende al destello sobre la viga,
al candil que gotea claridades.
A este torvo desvelo de semoviviente: desvelo amargo en el poro
abisal del fango.



SOMBRA PRESENTIDA




I feel the ocean swaying me...
JIMI HENDRIX




La noche o la nube es parte de esta sombra presentida.
Lo es, también, la luciérnaga que asciende al destello sobre la viga,
al candil que gotea claridades.
A este torvo desvelo de semoviviente: desvelo amargo en el poro
abisal del fango. (—Vos que incesantemente me rompes las entrañas
hasta formar trenes de herrumbre en el inmueble de la tristeza.
Vos, sí, que caminás ciega degollando innecesariamente las palabras.)
De aquellos días de retumbo, sólo queda el desuso
del paisaje o los ornamentos: el espejo retrovisor del conjuro,
la hora clandestina de la calle sin piedad…
En cada viento, el viento nos despoja y nos adentra en el fondo
de la espina, curvas de largas travesías, huracanes enfurecidos
de cipreses, tristezas podridas en los cadáveres,
horas donde la caverna, en sigilo,
cabalga en la lengua, en la estrecha luz primera.
A ratos esa oquedad, asoma las aristas de la niñez: el amor primero
que ahora es recuerdo. Después vinieron otros amores:
la Patria con su arremolinada ponzoña, las sombras del odio,
el cardo en los brazos,
la breña del metal con sus mordidas feroces, la brasa que pronto,
volvió oscuros los pensamientos, los mismos trenes y barcos,
el pañuelo hundido en la salmuera de los ojos.
(Pese a todo, la Patria sigue aquí; vos seguís aquí: ambas siguen aquí
como fantasmas, a veces como aves de rapiña sobre mi carne
putrefacta, filtrándose como ceniza en la ventisca del aliento.
De pronto me turba la opacidad de las ventanas;
los pozos vacíos de los poros, la fealdad muda de mis zapatos,
ni afición desmedida por las sombras.)
—Nosotros en vez de epifanías, surcamos oscuridades.
Nos muerde el comején de nuestra propia humanidad, los años
que huelen a polilla, la vicisitud de los murciélagos en la penumbra,
esta cama con alambradas de hormigas,
el mimbre de los sombreros deshaciéndose con cada piedra
de los huesos, con el trozo de memoria que aún juega con nosotros.
En el sueño, soñamos largos ataúdes: fisura de pupilas en la mirada,
torpes tránsitos de la sangre,
caras que fueron pobladas unánimemente por las sombras,
jadeos que se volvieron monedas de mercado.
A ratos despertamos entre montículos de hachas: quemamos
las alas y le dimos paso a la noche, a los postes desangrados
de la Esperanza, al esparadrapo de las audiencias.
A ratos traspasamos el espejo, pero nunca volvemos a la hora cero.

Barataria, 07.III.2011

domingo, 6 de marzo de 2011

LÍMITES OSCUROS


Bajo el paisaje de la lengua, las palabras necesarias para nombrar
 el hambre cansada de los sortilegios: las venas ciegas en el torrente
De la sangre, el rastro premonitorio de los espejos.
Nunca ha dejado de envejecer la vista, el viento errante
de las postrimerías, la llaga vívida de cada minuto, la tortura...




LÍMITES OSCUROS




La memoria
guarda trenes enteros, encendidos,
silbando por lo oscuro.
CINTIO VITIER




Bajo el paisaje de la lengua, las palabras necesarias para nombrar
 el hambre cansada de los sortilegios: las venas ciegas en el torrente
De la sangre, el rastro premonitorio de los espejos.
Nunca ha dejado de envejecer la vista, el viento errante
de las postrimerías, la llaga vívida de cada minuto, la tortura
insomne de la página que se escribe al borde de la tristeza.
Los caminos, a menudo, tienen su propia magia intangible:
la oscuridad vaga como un mendigo sin respiración, —al cabo
los caminos, son inmensos ropajes extendidos en el puño,
en las vidas que acuden al sueño revelado en la almohada.
Reconozco que la oscuridad es un rito con raíces o alfileres:
ahí navegan horarios, lienzos de niebla tapando las ventanas,
infusiones de aire,
ateridas caricias que no sirven de ungüento:
de pronto cada escena del rocío es frío, —formas que tiene la espuma
para dibujar playas, semillas que abren la carne,
carne al límite de las estrellas.
Entre los desasosiegos, el desvelo de la ternura: ecos sutiles
que recorren los espejos en sombras carentes de tutelaje.
A veces me toca buscar en el pañuelo las epifanías: el pulso
sin taladros, la permanencia de las palabras
para que el grito no tome la ruta punzante de las nostalgias,
ni el delirio torture mi aliento.
Las distancias son senderos enredados en la brisa: hay retratos
de nocturnas piedras, insomnes silencios,
rumores prendidos en el agua donde el instinto haya la voz crujiendo
en la túnica de la garganta. Aunque el ojo esté acostumbrado
a estos destinos, y deseos destellen pájaros,
siempre hay abismos suspendidos en las puertas, aguas remotas,
límites que no atraviesa el cuerpo en su pálpito.
(Vamos a sí, mordiendo los goznes, los amarillos vitrales
de las sienes, el beso oscuro de las bóvedas, el seno desnudo
en mis manos: los límites tienen afilados dientes, muros sin trompetas,
horcones de invisible dureza.
Hoy me ofrezco para apartar el abrazo engañoso, las promesas
de fuego, de ese aliento oscuro del césped:
ya es tarde para multiplicar las bocacalles y el rictus de las piernas;
ya es tarde la entraña castrada de los sueños,
la pimienta en los ojos, la sintaxis del ají en la lengua,
el horizonte que se rompe en el ápice de la conciencia.
Ya es tarde para inaugurar la caricia que perdió sus cuadernos,
La redondez estéril de los ojos: es mejor reinventar la hipnosis
Subiendo descalzos las aguas del espejo, la escalera de otros sueños.)

Barataria, 12.III.2011

sábado, 5 de marzo de 2011

PÁRAMO DE LA LUZ


Cada día descubro, en las aldabas, la gota de luz de cada día.
Sólo la ventana se vuelve alacena ante mis ojos, humedad
de claridades para entender mis huesos.
A menudo las palabras enmudecen en los balcones: a veces los objetos
ruedan como simples monedas sobre la cuenca de los ojos;
sobre la mesa, amanecen los epitafios de los días venideros,...



PÁRAMO DE LA LUZ




Well now come on easy rider
give me something
for my pain
well now come on easy rider
though i know you're not to blame…
CHRIS REA, EASY RIDER (THE ROAD TO HELL AND BACK)




Cada día descubro, en las aldabas, la gota de luz de cada día.
Sólo la ventana se vuelve alacena ante mis ojos, humedad
de claridades para entender mis huesos.
A menudo las palabras enmudecen en los balcones: a veces los objetos
ruedan como simples monedas sobre la cuenca de los ojos;
sobre la mesa, amanecen los epitafios de los días venideros,
el tintero de los eruditos,
la hora que fractura el calendario, el carbón desbocado de los puertos,
los tropezones en ayunas, la brea de la noche sin respirarse.
El páramo de los ojos borra los trenes, no hay balcones para ver
la ternura de la tarde, los dedos constelados de los puertos: siempre
es la misma historia, el mismo intento de salir a escena
con maquillaje diferente, con nuevos parlamentos, pero sucede
que la noche traspasa todo,
el mar de las agujas y las sombras, el color sepia del ritmo,
los puertos amarillos comidos por la sal, como la misma caries
de la noche en su plenitud errátil.
A través de la noche el aliento se vuelve hojarasca, ojos de olvido
en el traspiés de los harapos, vencidos huesos del alma.
Nada queda después que los páramos desollan la Esperanza,
después que las redes tiradas al vacío, sólo atrapan huesos,
manos ajadas, bocas de agotada tierra,
espejos soterrados en la oscuridad acumulada de las campanas,
envejecidas pupilas frente a los pañuelos, —congojas que la oscuridad
prolonga certeramente en astillas de recuerdos.
(A ratos nos embadurnamos de silencios. Desde los troncos
del aliento, nos vienen los filmes negros de las sombras con sus
hieráticos cuadernos; traspasamos a hachazos, el último estertor
de las vocales, volvimos al cieno, al humo que siempre estuvo ahí
dentro de la herida.
Cada cuerpo fue cavando su propia tumba: la sombra que resecó
el espejo y quemó la boca como aguas bebidas,
como fuegos calcinados en el frío de la vigilia: —así fue, la luz
que nos condujo a la oscuridad, los guijarros sucesivos en los poros,
el relámpago que derribó los tapiales,
el pétalo de los labios en los rastrojos, el olvido como un nudo
de limones en el aliento: velamos cada espejo en los chiriviscos
de la Patria, anduvimos en medio del tumulto,
pero nada salvó los brazos ni los besos: estamos en esa resequedad
de la duda, cansados fragores de tanto respirar inútilmente.
En realidad, nunca tuvimos luz plena: sólo ese fósforo pensado
En la oscuridad, la ceniza por cierto que nos duele en el aliento.)

Barataria. 05.III.2011