sábado, 16 de julio de 2011

HERVOR DE PARED CON SOMBRA DE FONDO


Este navío insomne de cuchillos, estos umbrales
de tiestos quebrados, la fuga permanente que confieren
los sueños, aun los más adustos.
Imagen tomada de Oregon.com





HERVOR DE PARED CON SOMBRA DE FONDO




Este navío insomne de cuchillos, estos umbrales
de tiestos quebrados, la fuga permanente que confieren
los sueños, aun los más adustos.
A cada quien las sombras le trazan un diluvio: este es el mío.
Yo dejo, en cada poema, un reguero de pájaros moribundos.
¡Qué le voy a hacer! Dejo que la memoria
coma mis vísceras, la alta noche sumergida en la bruma,
la trompeta gris de la almohada, el terror sin barriletes
de la Esperanza. A cada paso merodean los hervores,
paredes ciegas y gastadas de la noche,
el sudario de la alforja sin indulgencias.
Marcho en el corazón de cada sombra: en el fondo,
es la misma sombra sin puertas, el rostro que paciente
se interna en el enigma. (Aquí, nada habita el milagro,
ni es posible ahocar el luto.
Todo transcurre permanentemente como una mesa vacía.)
En cada grafiti hay ecos turbios, amaneceres sin párpados,
aguas que las ventanas desechan,
miedos que roen la propia inocencia: cada vez se hace necesario
petrificar la luz y saltar la barda de las máscaras…

Barataria, julio de 2011

viernes, 1 de julio de 2011

ORFANDAD JUNTO AL PÁRAMO


Nos hemos ido llenando de páramos y orfandades. Hemos comido
en medio del golpe del martillo o la almádana; entre oscuridad
y fantasía, los almácigos ciegos de las ventanas, los falsos tejidos
del esplendor, el miedo como una trompeta sin equipaje.
Imagen de André Cruchaga





ORFANDAD JUNTO AL PÁRAMO




Another day to fight
You have a prayer on your lips under the desert sun
And a loaded gun…
SCORPIONS




Nos hemos ido llenando de páramos y orfandades. Hemos comido
en medio del golpe del martillo o la almádana; entre oscuridad
y fantasía, los almácigos ciegos de las ventanas, los falsos tejidos
del esplendor, el miedo como una trompeta sin equipaje.
Duermen las luciérnagas solas en medio del bosque; el pincel
de polvo se atavía de sombras, destellos donde se abren los huecos
de las sílabas. Ante la lija dentada de la breña, los gajos de tizones
mordidos por el hollín. Todo vuelve a ser circular en el anís
de los sentidos, alegoría profunda de alma sin hospedaje,
nubladas las ansias de la vehemencia. La tarde deja caer su jardín
de sábanas mustias, se acercan a las pupilas los ojales desahuciados
de las ventanas, el cactus petrificado de las violines en la lengua,
el crótalo disfrazado que engulle la sangre,
la sombra del cuervo encendida de clandestinidad, el ardimiento
de los cielos impúdicos que lamen los huesos, rendidos de tanta penuria.

Camino, caminamos, hundidos en la cama del páramo:
se hunden los pies en la uña honda de la sal que corroe las calles
internas de los rieles. Hay desazón ante el atril de las sombras;
tierra adentro, bocanada de párpados sin sentido;
entrañas llenándose de oscuridad, ríos artificiales donde cruzan
sin palabras las hormigas. Desde aquí la gravedad del tiempo:
el odre vacío, desteñido desde el fondo, por el estaño del quejido.

Desde aquí, también, las púas de la sed, la misma historia
sin ojos ni brazos; arrancada ha sido la piel hasta hacerse inasible,
escote del repique incierto, rotas fotografías de la gangrena.
Juegan a morir el tiempo y las palabras, aquel círculo de alelíes
que dibujaba el día, la alacena sin su volcánica dádiva, futuros
y pretéritos mientras la leña incendia las armónicas, el paisaje
que se fue formando con apostillas de dientes y brisa y viento.

¿Qué viene después de caminar calles sin ecos, pespuntes del pezón
que desmayó los pañuelos, enjuague de murmullos en la trepidación
de las pupilas? —Un día, el Universo, dejará de tener páramos;
deberá responder con aguas transparentes, no tristes maderas
consumidas por el óxido. Pero claro, antes,
debo empezar a pronunciar nombres diferentes, salir del ombligo
quemado de la noche, hundir si es posible, la página que quedó
inscrita en el azogue, en los muslos de la tinta,
en el vientre profuso de las poleas. (Antes, y después de todo,
debo seguir en la miseria de la pirotecnia, abrir el zaguán del pálpito,
hasta que pase esta fiebre sin manteles, estas aceras del tiempo
con mozote, el camino que reclama la brasa. Sigo, ante todo,
calcinado en el estío: la piel a ciegas se tuesta en el páramo.)

Barataria, junio de 2011