miércoles, 30 de noviembre de 2011

ESCRIBO PARA MÍ Y PARA LOS QUE QUIERAN LEERME


A veces escarbo en la ceniza trascendida; otras veces,
 me reinvento en las escaleras del rocío,
en la quietud y simplicidad de las ventanas,
en la miel astral del calendario. ¿Quién habló de la trascendencia sin oficio?





ESCRIBO PARA MÍ Y PARA LOS QUE QUIERAN LEERME




Escribo para mí y para los que quieran leerme, aunque el aire es para todos: trabajo en la milpa del alfabeto, aro cada palabra con esas eternidades efímeras, propias de la sangre trasegada del destello. En mi mesa de trabajo, están presentes los vivos y los muertos; (vos que maduraste el fluir de las urgencias, ese ejercicio de respirar hondo en la sequía. Vos, donde estés que el viento te nombre, ausente y presente en el lenguaje de los sueños, repartida adentro de la sangre.) A veces escarbo en la ceniza trascendida; otras veces, me reinvento en las escaleras del rocío, en la quietud y simplicidad de las ventanas, en la miel astral del calendario. ¿Quién habló de la trascendencia sin oficio? Por ventura, sólo me he propuesto escribir, después serán otras voces que revelen la eternidad, aunque parezca aburrida. A los que me lean, aquí este cuaderno insepulto donde ha perseverado y germinado la madera, el pulso de los meridianos, esta labor de eremita, en un mundo cada vez con poco aliento: nos muerden las sombras del tiempo, aún así hay espacios para la fruición alada del alma. Y, pues, si lo anterior, fuese poco, dejo aquí a don Antonio Machado: “A mi trabajo acudo, con mi dinero pago/ el traje que me cubre y la mansión que habito,/ el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.”

Barataria, 30.XI.2011

martes, 29 de noviembre de 2011

TORTURA DE LA LUZ


La luz es como todas las luces de bengala mordiendo las sienes,
arma a veces de la identidad en las fronteras,
suerte en la oscuridad de las manos cuando se aproxima el barco
de la muerte jugando a la confabulación de los relojes.





TORTURA DE LA LUZ




Esto de no ser más que tiempo espanta.
CARLOS MURCIANO




Demasiada claridad callada entre mis zapatos. Demasiado espesa
la luz en mi memoria, multiplicados ojos en el aleteo del pétalo,
candiles, fuegos, incorporados a mi propio ardimiento.
Hay un aleteo de luciérnagas en esta colmena de brea que se abre
al olfato tan pronto comienza el trance de la ficción;
su recinto es de conspiraciones, igual que los vitrales en el entrecejo,
igual que esta pócima de destellos inevitables,
igual que el coloquio urgente de la llama sobre el pecho.
Han sido días de sordos nombres los que han deambulado
al borde de los dientes,
mañanas de sobresaltos auspiciadas por escombros,
miedos que simplemente respiran en el tiempo con la naturalidad
de cualquier rostro, en cualquier esquina de este juego público
de sombras, cuerpos irreparables en la campana del moho.

La luz es como todas las luces de bengala mordiendo las sienes,
arma a veces de la identidad en las fronteras,
suerte en la oscuridad de las manos cuando se aproxima el barco
de la muerte jugando a la confabulación de los relojes.

Yo que vivo sostenido por la oscuridad,
me duelen las calles con tantos idiomas atroces,
el resplandor encabrita mis pupilas, saja la piel cualquier imaginario,
la aptitud del suplicio,
las ojeras del rincón, desveladas en el galope del acantilado,
luego las palabras que me muestran el mundo tal cual es a la hora
de reír, a la hora donde la lluvia lo agarra a uno desprevenido,
sin más jardines que la desesperanza
de este lucha mortal sin reglamentos ni manuales.

Me doy cuenta que la luz me hace ver el ojo por ojo de todas
las incertidumbres, igual o peor al resplandor de la noche,
la arteria rora de las aguas que le ganan al asfalto, a las calles de polvo,
al arpón del hollín, al tizne del tabanco,
a las celdas que no permiten ninguna maniobra posible,
a la habitación donde a veces estamos condenados a las sábanas
más inhóspitas, violenta reconquista del suspiro.

La luz tortura el desatino de las tapicerías, mi conciencia a golpe
de parpadeos, el territorio a menudo inaudible de mi memoria,
los ecos del arbusto nocturno de las aguas,
este vértigo de intemperies muertas, látigo humeante en la noche.
Como una instalación de cuerpos superpuestos, la bóveda
de las brújulas, el cuarto oscuro del galope, el zumo de los tomates,
el sexo en la proclama del perno donde se sostiene la luna,
las relojerías de la brisa,
el élitro de la piel, la gasa blanca en los encajes, la noche desnuda
en los armarios: la luz abre los anillos de la oscuridad…

Barataria, noviembre de 2011

lunes, 28 de noviembre de 2011

MEMORIA INSOMNE


En el chorro de agua del lavabo, la memoria abre calles fingidas,
 murmullos involuntarios de ramas, días donde los adjetivos
son lentos espejos, folios de espuma deambulando en los dedos de las manos.
Imagen tomada de Miswallpapers.net




MEMORIA INSOMNE




despiertan los sentidos,
quedando a lo demás adormecidos.
FRAY LUIS DE LEÓN




Todo en la noche es hondonada. Repta la lluvia sobre el cuerpo de los amantes; el fin de semana arde como las brasas, luego la escoria del sueño hace lo suyo: los sueños, me dejan líquidas espesuras, el espejo desteje los lienzos de las sombras: a la orilla del insomnio, en los anillos de los ojos, el arco y la flecha: la tormenta y el río al costado del atrio del alambique siempre en fuga; hiere la destilería de la fuga, este juego de prenderle fuego a las puertas, al corsé del oquedal invertido, inclusive al país desolado en mis ojos, a la sombra mortal de agujas, escalpelos y toda suerte de armas blancas. Nadie me dio tanto desvelo y exilio como tus poros: la niebla ofrece cortinas grises a las ventanas; cuelga el musgo de mis córneas, nos miramos en el riel proscrito de trenes cuyos vagones son amantes de la penumbra. En el chorro de agua del lavabo, la memoria abre calles fingidas, murmullos involuntarios de ramas, días donde los adjetivos son lentos espejos, folios de espuma deambulando en los dedos de las manos. Por si acaso, te recuerdo mi propia herrumbre amarilla, el moho sobre el nombre en las cartas…

Barataria, 28.XI.2011

domingo, 27 de noviembre de 2011

AQUÍ, EL ROSTRO EN EL AULLIDO


Cerramos los paréntesis sin haber hecho posible tantos invernaderos
de panes y peces: le dimos a la demagogia un lugar preeminente
 y socavamos ojos y pecho y el hervor de los candiles y la dirección exacta de muslos;




AQUÍ, EL ROSTRO EN EL AULLIDO




Aquí, el rostro en el aullido, pocas esperanzas y muchos exterminios: sombras como cascos, húmedas telarañas enredadas en las manos, olvidos que el hambre ha ido mordiendo hasta el punto de borrar toda reminiscencia, trinos cuya avidez hace cárcavas, transparencias rotas en el paladar, entrañables litorales donde no se pueden izar barriletes, ni jugar a las canículas del estertor. Junto a estas vértebras de la congoja, sucesión de cuerpos desahuciados en los rieles salados de trenes que hunden las aguas y los fósforos que encienden el rocío. Cerramos los paréntesis sin haber hecho posible tantos invernaderos de panes y peces: le dimos a la demagogia un lugar preeminente y socavamos ojos y pecho y el hervor de los candiles y la dirección exacta de muslos; y sin embargo, la querencia está en el mismo lugar, ¿podrá salvarnos el pozo de los deseos, el delirio del bolsillo, la habitación de siempre, la ventana desde donde se alza el paraguas de las estaciones? De seguro, detrás de esta opresión, hay paisajes que se pueden aprender con el silabario de los poros.

Barataria, 26.XI.2011

sábado, 26 de noviembre de 2011

EL SOMBRERO DEL SOL


A menudo me preocupa la anatomía del sol,
la fábula de robarme el fuego del cielo,
el sonambulismo de los insectos,
la enajenación de las escaleras en la trastienda de lo oblicuo.
Imagen tomada de Miswallpapers.net





EL SOMBRERO DEL SOL




Ahora bien, reconozco que no sólo me importan
estas pocas razones. Escribo por capricho,
y por juego también, para matar las horas.
CARLOS MARZAL




El sombrero del sol en el paracaídas de los párpados, ciegos caminos de tanta luz en el fieltro del resuello, litorales de libros sobre la mesa de comer, sobre el tapete que drena los viejos olores: los peces que entran a la oquedad de la garganta, reverberan las espigas del viento en el pecho, merodean los cipreses en el mimbre del País, en ánfora fermentada de la limonada, el jengibre dejado en la boca a merced de la buena digestión. De tanto caminar me calcino: en la lengua la respiración solar, el himno de la luz en el umbral de la puerta, los sombreros de la Patria sin manubrios, aunque hayan cielos despejados; para que no se arruinen los bolsillos de oquedades, le doy vuelta a los cascos fúnebres de la hora deshabitada, me refugio en el cristal de las aguas, abro más los ojos para saltarme los alfileres, las manos dentadas de pájaros. A menudo me preocupa la anatomía del sol, la fábula de robarme el fuego del cielo, el sonambulismo de los insectos, la enajenación de las escaleras en la trastienda de lo oblicuo. Por cierto, la última vez que me mordió la tinta del sonambulismo, había un eclipse de penumbras: vidas y objetos sobre el tejado…

Barataria, 24.XI.2011

viernes, 25 de noviembre de 2011

ALGUNA VEZ TE VI REAL EN MIS SUEÑOS


Entre calles y multitudes, sabemos que los sueños son simples utopías,
un lugar para perdernos en la memoria, un recurso para sobrevivir
 ante tantas paradojas, frente a la dicotomía de la sal o el azúcar.




ALGUNA VEZ TE VI REAL EN MIS SUEÑOS.




Me ahogo en la respiración de las ruinas
hasta que todo acaba y nada empieza ya.
MARÍA CINTA MONTAGUT




Alguna vez te vi real en mis sueños. Te vi respirar en la rama despierta de mi nombre junto a la lluvia, inseparable y desnuda junto a la luz, crecida en la espera de los inviernos de la esperma, oliendo el tiempo resucitado. Cada poro de los muslos rasga paredes y sábanas y alfombras y los labios mayores del suspiro. En realidad, con todo y la prisa, siempre te vi real: el eco obediente perforando las pupilas, la sed cercenada por la abeja del sexo, los peces en las manos del espejo, la nostalgia abierta mordiéndonos hasta los trenes imposibles del algoritmo. Juntos, la luz en la lengua, el musgo inconfundible, tocándonos, ahora la risa es una opción encima de tu vientre, en el columpio de ternura que hemos inventado, tan familiar como los pájaros o la otredad. Entre calles y multitudes, sabemos que los sueños son simples utopías, un lugar para perdernos en la memoria, un recurso para sobrevivir ante tantas paradojas, frente a la dicotomía de la sal o el azúcar. Ya la orfandad no es nuestra sábana, sino el libro de la vida encarnado en tus pezones, la proporción exacta de tu sombra en mis pupilas.

Barataria, 23 de noviembre de 2011

jueves, 24 de noviembre de 2011

PAISAJE AL HOMBRO DEL DESUSO


Las semanas se detienen sin voz en el mercado de pulgas;
yo, miope al amanecer junto a las berenjenas,
yo miope quemando barriletes,
 hurtando la memoria de las ventanas, enhebrando cornisas de agua.






PAISAJE AL HOMBRO DEL DESUSO




Si pudiera atravesar la espuma,
libre de la cotidianidad,
contarte a solas un sueño verdadero.
MAYLÉN RODRÍGUEZ MONDEJA




He dispuesto caminar sobre las estatuas, tirar la sábana encima de los huesos de este mapamundi con niebla, caminar simplemente sin pronunciar palabras, fuego o niebla en las manos del horizonte, eclipses lunares sobre la memoria: a menudo la diáspora se vuelve posesa de mis vísceras, me inundan las pesadillas de la sal, una tras otra, la sombra en desuso, los himnos alargados de la ceniza, el limo a regañadientes en la saliva. No faltan los cuervos en estos estruendos de muerte, no falta el mueble desvencijado de las telarañas, el trance de la camisa del miedo, los titulares de la neblina como un cíclope. Las semanas se detienen sin voz en el mercado de pulgas; yo, miope, al amanecer junto a las berenjenas; yo, miope, quemando barriletes, hurtando la memoria de las ventanas, enhebrando cornisas de agua. Siempre estoy regresando a la jaula de los adoquines, a los turbios timbales de mi pecho, traigo no obstante, un diccionario de relámpagos, el humo levemente despeinado de mis cigarrillos alrededor de mis costillas. Salgo a la calle a tirar todo el desuso de mis días: ahora duermo tranquilo después de tantas depredaciones…

Barataria, 21 de noviembre de 2011

miércoles, 23 de noviembre de 2011

NADA SOBREVIVE EN EL ALIENTO


El hilo delgado de la claridad, el tiempo virtual en los ojos de un niño,
las palabras en el trencito del aliento,
la piel derrotada en la cosecha del fuego,
risas que ya no sirven a la fatiga, ni al florero en pantalla gigante
del hongo haciéndose árbol en medio de la duda.




NADA SOBREVIVE EN EL ALIENTO




dolor que no salva
dintel hacia paraíso extraño…
PUREZA CANELO




Después de todo tenemos largos días sin aliento. Nada sobrevive
en el mundo, salvo las paradojas y las hipótesis sin alas.
Vivimos dentro del tiesto de bocas amargas, repensando la ceniza
de la tormenta del desvelo con su conquista de telarañas,
vida donde sólo son posibles los poderes del llanto, mazmorras
de irremediable sombra,
nudos de la sal en el peltre respirado por los deseos.
Cada vez nos parece indescifrable el diluvio del universo a cuestas
de los calcetines, cada vez los granos de saliva lo colman todo:
El hilo delgado de la claridad, el tiempo virtual en los ojos de un niño,
las palabras en el trencito del aliento,
la piel derrotada en la cosecha del fuego,
risas que ya no sirven a la fatiga, ni al florero en pantalla gigante
del hongo haciéndose árbol en medio de la duda.

Al cabo, ni siquiera la lágrima sobrevive al goteo del abismo
en pleno galope, al pétalo del ijar que una vez cantó el delirio;
es otra la realidad cotidiana que vivimos:
el azúcar se tornó cataclismo, también los recuerdos, la sed
que sólo tenía buenos augurios, y no este descrédito de hojarasca,
y no este torbellino de dientes con caries,
y no esta muralla de aldabas en pleno día, a la espera sin maleza
con menos sombras y más luz.

Todo resulta inverosímil: los días contados en la antigua sonrisa,
del gajo de sol sobre el cuaderno, las aguas termales de la habitación,
en el estante desnudo del arcoíris, brazos y garganta en el escombro,
girasoles sobre la piedra humana del témpano hundido en la agonía,
el ojo entre osamentas,
los labios carcomidos por la necesidad del agua,
el presente defectivo mordido por escenas patéticas, escalofríos,
el pan con moho debajo de las sábanas, dientes domesticados
en la sangre del martirio, hasta la saciedad de la semana, del cojín
de los juegos solitarios en las ventanas sonámbulas cegadas
por el asfalto: roto el principio de la luz, la mano sobre la neblina
del guacal irreconocible del mediodía.

Es probable que no se repita la misma campanada, ni volvamos
a reconstruir el pulso del sembradío purificado por la lluvia;
es improbable, digo, que reconstruyamos el tiempo sin intemperies,
con cierzo y crisálidas: pasaron ya los párpados del horizonte,
agotamos la trementina, todo el espejo de lo humano, los sueños.
Marchamos hacia la mugre y borramos la boca de un plumazo,
y toda la escalera de la risa, y todo el aire que nos tocaba,
y todo el retablo del rocío que alguna vez humedeció los poros,
y levantó los zapatos sobre el camino, sin pañuelos…

Barataria, noviembre de 2011

martes, 22 de noviembre de 2011

VÍVIDO EL AIRE


. Después de todo, el sudor es alma gemela del rocío,
la sal la fiebre del mar y la espuma;
el aliento un arco de azúcar sobre el clamor de las raíces de la espuma.




VÍVIDO EL AIRE




Vívido el aire deshecho en las manos, el sexo nacido del viento, plantado en el cuerpo de las pupilas. En la rama desnuda del azúcar, el fruto recogido de la brasa; prendido el ojo en las luciérnagas, el orgasmo con su redoble campanas: cruje ensimismada la palpitación de la sangre, la chimenea abierta de la cerradura. Quemado el escondrijo de relámpagos, saboreo, saboreamos, la esencia renovada del arraigo. Después de todo, el sudor es alma gemela del rocío, la sal la fiebre del mar y la espuma; el aliento un arco de azúcar sobre el clamor de las raíces de la espuma. Tenemos siempre que hallarnos en gracia de esta profunda carne, carne al fin de espesos pergaminos para escribir en los encajes de este ebrio parentesco: tocamos fondo enrollados en un solo cuerpo, en un solo centímetro del apogeo, en un solo verde de peces braceando repletos de aire. El aire es nuestro monumento a la frescura, después de tener el hambre en la brasa…

Barataria, 20.XI.2011

lunes, 21 de noviembre de 2011

GRIETAS


Una sombra de aldabas muerde cada anhelo destruido:
las sombras sumergidas son enormes, alrededor de la respiración;
a menudo la breña se ha vuelto una cesta para contener el grito,
los cuatro horcones del ala,
el anhelo furtivo de los cactus, la espina como una palabra...
Imagen de Jon Sullivan




GRIETAS




Herido siempre, desangrado a veces
y ocultando mi sangre sin riberas…
JOSÉ MARÍA HINOJOSA




Por fin he descifrado, cada una las grietas que se convirtieron
en tormenta; todas han sido necesarias para reinventar mi pálpito,
los peces que descienden agonizantes por toda la fermentación
de los ojos, la cárcava de la sangre hecha crepúsculo,
el surco mordido por la bruma del pecho,
los guijarros  en cierto modo, mojados por la saliva.
Muerde aquí la piedra ronca de las raíces sobre la lava del cordero,
sobre el pecho anclado en el subsuelo.

Una sombra de aldabas muerde cada anhelo destruido:
las sombras sumergidas son enormes, alrededor de la respiración;
a menudo la breña se ha vuelto una cesta para contener el grito,
los cuatro horcones del ala,
el anhelo furtivo de los cactus, la espina como una palabra
más del idioma: aridez total del que fue regazo del aliento, sed perenne
y, sin embargo memoria olvidada,
en este juego de jugar juegos sombríos, sepas de oculta cólera,
pájaros que en el camino, torcieron el río del cielo por un río
de noches duplicadas, por un juego de espinas.

A veces el sigilo ha determinado el rumbo de la boca, la miseria
colgada del hilo de las telarañas, el preludio descarnado
de cada rodilla, o el humo que en más una ocasión ha sido sustento
de los caracoles de la ausencia producida por el hambre de caminos.

(Entre el bien y el mal que son brazos relativos,
me he jugado cuanto el corazón puede: la osamenta o el cuerpo
invicto; la dureza o la fragilidad de los días,
el ojo yerto en el horizonte o la rama golpeando las sienes al compás
del viento, entre cárcel y libertad,
entre rostros diáfanos o caras consumidas por la garra
de la intemperie. Cuanto más grande el desvarío, el pulso infinito,
la hora donde ya no huelen las rosas,
ni el jarabe de la muerte humedece los labios.)

Cuando la intensidad suelta sus paraguas, el aullido de la esperma
cierra la sangre, tropieza el torrente con la risa,
el cielo como lágrimas sobre las palabras, rostros que gravitan
en la noche, manos que nunca fueron alas, ombligo que nunca
fue ojo de agua, manantial vívido de las vocales.
En el fondo del ojo, que también es lívida mutación de lo inevitable,
detenemos la piedra caída, el templo enfriado del clamor;
nos viene la pústula con su blasfemia eclipsada en el alma,
nos viene el silencio reseco del sollozo, la sal sobre el rocío,
nuestro propio despojo, inexorable forma del árbol talado,
el escalofrío con su boca amarga,
este pronunciar peces en el aire y pájaros en el agua…

Barataria, noviembre de 2011

domingo, 20 de noviembre de 2011

MEMORIA DE LA ZARZA


Sólo nos asiste la memoria del sarcasmo, el aire oscuro de las aguas podridas,
la joroba de aquellos sueños sin planeta. En el costal de yute de la ausencia,
 la puerta hundida de la transparencia, el sepia de los poros tirados a las colillas.





MEMORIA DE LA ZARZA




Ahora, en la luz, la noche; el disparo colectivo de la zarza, a media asta, herido el pecho. ¿Es cruz, la luz o la luz, esa cruz royendo cada lugar donde atraviesan las aguas? Hoy, de los jardines emerge la zarza, de esa sombra donde todo exterior es incierto, ¿hasta cuándo debo callar doliente de peces congelados, moribundo entre la maleza? —No me respondes, no. No me respondes, —mi ojo, tu ojo, inmóviles— ¿A dónde van, después de todo? ¿Qué horizonte de páramos los fecunda, el aire apenas en las pupilas, cerrado el puño y las palabras diminutas, disuelta la breña de las manos sobre la tierra. Sólo nos asiste la memoria del sarcasmo, el aire oscuro de las aguas podridas, la joroba de aquellos sueños sin planeta. En el costal de yute de la ausencia, la puerta hundida de la transparencia, el sepia de los poros tirados a las colillas. ¿Qué nos queda, después de todos los caballos que cruzaron el polen del pecho? ¿Es la aridez la otra boca que nos contiene o, ese indicio de que la herrumbre cobró vida? Estamos hartos de exhalar huesos, pero nos siguen ahogando las vísceras, nos siguen las alambradas sin escaleras, empobrecidos en el guacal de la memoria. Un día, dije: acércate. Fue entonces cuando conocimos el filo de los puertos y despertamos al unísono a la gloria y al infierno. Desde entonces maduraron sábanas y paraguas, el equilibrio perfecto de la medianoche.

Barataria, 19.XI.2011

viernes, 18 de noviembre de 2011

LOS RINCONES DE MI CASA


Hay algunas enredaderas al borde del tronco insólito del alma,
aquélla postal con balcones de las querencias ajenas, el viacrucis
del equipaje siempre listo, el portón zambullido de algún nombre
quedado, sin pronunciar por la carne de la noche con grillos...




LOS RINCONES DE MI CASA




Mejor ámbito aquí, dentro de casa,
para escribir lo ancho
y lo pequeño de este mundo.
EUGENIO FLORIT




Aquí la humedad guarda su misterio. En cada esquina, el polvo
de lo añejo, húmedas telarañas cuelgan de los párpados,
alrededor, cuadernos escritos en la memoria de otros días;
nunca he sabido de qué se alimentan los rincones de mi casa,
pero en cada uno hay pequeños adornos: de pronto un pez,
un barco, mariposas como transeúntes sobre la espuma;
hay fotografías y raíces de simbólicos viajes, sueños permanentes
como el hambre, pequeñas esculturas, yertas palabras,
heridas que ha producido el frío a lo largo de sus riales lácteos,
Más de algún desván de absurdas almohadas,
alfileres de secretos en los sueños, párpados en el algoritmo
de la geometría de los ángulos.

Entre una pared y otra, las vigas con sus piernas silenciosas,
las cosas que se gastan como las palabras, los excesos de tiempo
tirados al agua de la respiración, los ojos hechos añicos
por la salmuera acumulada en los estantes de tanto barbasco al filo
de la boca, de la risa inventada en la medianoche del asco.
A menudo los inventarios provocan soledades mayores, vuelven
incierta la sal del invierno, el escupitajo de la sobredosis
de sueños, el gimnasio de los periódicos con muletas,
las persianas sonámbulas del cielo,
la agenda del calendario tiritando en los dientes de este aquí mundo
que se avecina en el gris marchito de la luna, en el cuarto menguante
del zinc de la voz, aires que agrietan, rajan, resquebrajan, aire y luz
apenas en el boquete del alma, sin resquicio ni rendija,
ropa suelta colgando de lo inefable,
hollín, sin embargo, abrazando la ternura, ojos que una vez fueron
la voz, hoy desvalidas manos en el azúcar.

Hay muñequitos de barro de Ilobasco*, dedos ocultos en las ojeras,
quedados aquí, desteñidos en la indiferencia del escombro,
acompañados sólo por la evocación del traspatio del día,
con el pigmento arqueado de la saliva.
Hay algunas enredaderas al borde del tronco insólito del alma,
aquélla postal con balcones de las querencias ajenas, el viacrucis
del equipaje siempre listo, el portón zambullido de algún nombre
quedado, sin pronunciar por la carne de la noche con grillos
y grilletes, delirantes dedos de las palabras sobre el anhelo punzante
del corazón insaciable de formas inasibles.

De pronto todo presentimiento se ha vuelto desgarrador: llaves,
puertas, las escaleras del aire al punto del vértigo, ayer, hoy,
la historia demoledora de mis juguetes distante, ya por ejemplo,
de mi tiempo, cerca del encierro hondo de la madera y la tierra,
temprano a la colilla de la hoguera, a la extraña fuerza del destierro.
Al final sólo quedan los ecos empujando la huída…

Barataria, noviembre de 2011


*
Ilobasco es un municipio en el departamento de Cabañas, situada en la cima de una colina a 780 m SNM. Se encuentra a solo 54 km al este de la ciudad de San Salvador por la carretera Panamericana.
Actualmente es un sitio muy frecuentado por turistas que llegan a ver la elaboración de las famosas artesanías hechas de barro, entre ellas las miniaturas que son elaboradas con una delicadeza incomparable, la mayoría de ellas de unos pocos milímetros.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

EL TIEMPO EN LOS POROS


El ángel del estertor muere a diario la herida, la boca fatigada
de la música, las duras arrugas del ojo que huye, que no responde
a la respiración de los cabellos,
a este soy en comunión con las moscas y los azores,
imposibles los días trabados en las alambradas,...
Imagen tomada de Miswallpapers.net




EL TIEMPO EN LOS POROS




…un huracán de manos
nos hallará apretados en los dones sin término
de una tierra total.
MIGUEL ARTECHE




Suena el tiempo en los poros, —somos el tiempo aunque no sepamos
asir su luz, el ala erguida en el ojo, el cristal inoíble del pensamiento;
cuerpo es cada cuaderno abriéndose al mundo, el jarrón del destino
con su pórtico de sangre, el frío abatido junto a la risa del aire:
uno es y deja de ser uno, abrazos, pensamientos, la tajuilla
del párpado en el luto, el luto del ojo sobre las manos, largos, tendidos
números del zodíaco, voces borradas del relámpago
en el inventario del alfabeto
que a ratos muerde mientras nos perpetúa su ganzúa.

—Llevamos días de aviesa tortura, días sin inflexión, ciega espuma
de la saliva, piedras al compás de un cuerpo moribundo,
suspiros que tampoco caben en el granero de la lluvia, no en la lluvia
opaca del aire, en el ciego ahora de humo ahogado en el entrecejo,
no en la sangre del presentimiento, en la encía subvertida de la rama,
en el surtido verde-oscuro de la cuajatinta,
muerte lenta, a solas de los pensamientos, la ceniza dispersa
de los naipes a medio del portón de la sábana y la almohada.

El ángel del estertor muere a diario la herida, la boca fatigada
de la música, las duras arrugas del ojo que huye, que no responde
a la respiración de los cabellos,
a este soy en comunión con las moscas y los azores,
imposibles los días trabados en las alambradas, el fermento
de la llaga con ungüentos engañosos, la herrumbre vívida, sin desmentir
el cielo triste del pulso, las aceras sin césped,
con los poros a cuestas del magma de la ceniza.

(¿Qué sería de mí sin vos poesía, puta vieja de mesón paupérrimo,
infinitamente desamparado como las campánulas de un río oscuro
por las raíces colgantes, redondez, del humo del musgo,
extravío de tantos años de cipreses?
De qué troncos de aguacero esta rama de trenes conmigo en el territorio
de aquellas ventanas con hollín,
pedazos de lluvia desesperada allí donde florecen rendijas de telarañas,
defunciones de zapatos, pájaros colgados de la saliva?)

Del cordón umbilical se nos van los meses colgados de las ingles,
todo el puño hundido en las bodegas de la tinta,
la tormenta en la sangre de lo que fuera el insomnio,
a veces también la tristeza como un candil con insectos alrededor
del badajo, de la ciénaga que tanto ha atesorado sollozos de imposible
salmuera. Esta vez, huele la camisa de los años, las calles
sin alfombras, el acordeón sombrío de las aguas, —hay transeúntes
en cada palabra, golpes en los poros, bramidos sepia
de los calcetines, una y otra vez, la ecuación del aliento,
los manuscritos amargos del día a días, el fuego feroz que ha quemado
la diversidad de colores del arcoíris…

Barataria, noviembre de 2011

viernes, 11 de noviembre de 2011

SIN DECIR ADIÓS


A menudo uno muere en los límites perennes del quejido;
cada día es más cierta la incertidumbre frente
a la escalera de la luz. Morir sin comprender la sábana del regazo,
bajar al taburete de la lágrima,
mientras el labio parte en los días del éter.
Imagen de André Cruchaga




SIN DECIR ADIÓS




Sin decir adiós avanzan las palabras hacia la noche: ya hemos traspasado cualquier grito de abrazos; un día dejamos de ser la savia derramada, el tintero de la lucidez y nos cundió el apremio del arrebato, —la huida galopante que coaguló el cántaro de la promesa, sólo tiene sentido en la nube torva de lo impreciso, herida implacable la libertad con sus argucias, hoscas mordidas por el azote de los dientes. En el tanteo, la espera se hace incierta; hoy, acaso, sólo viva en el sigilo del recuerdo, en esta sed de puertas con gaviotas. A menudo uno muere en los límites perennes del quejido; cada día es más cierta la incertidumbre frente a la escalera de la luz. Morir sin comprender la sábana del regazo, bajar al taburete de la lágrima, mientras el labio parte en los días del éter. Vivir viendo cómo se extinguen las manos, el ala de la alegría, ver morir los trenes, los mástiles en el horizonte de los poros, pero también en las ideas. Dejamos a quemarropa el aliento y nos fundimos en la ferocidad del moho…

Barataria, noviembre de 2011

jueves, 10 de noviembre de 2011

RESPIRACIÓN


Espero la alacena de la claridad, aun cuando sé que nunca llegará.
Te espero a sabiendas que mis pasos se aligeran: hay destinos
que uno anticipa en medio de la brisa…
Imagen de André Cruchaga




RESPIRACIÓN




Empecé a respirar cuando me acerqué a los libros, cómplices remotos del vuelo, fojas creadas para deslumbrar mi materia: sí, aquí la respiración toda, la claridad en el bolso del alba, las dos estaciones de música que tenemos en el trópico, la sencillez de las luciérnagas junto al peñón del camino. Un día se abrieron los poros a la luz; fue luz todo el resplandor de la tinta, la sombra deslumbrante del ombligo, colgada del horcón del tiempo. Mi primera lectura la hice sobre el ventarrón del deseo: vivo creciendo en la sed de los sentidos, mi boca, tu boca, arden en cada rama del fuego, en la trementina sediciosa de la mente. Sobre la sequía del calendario, erijo oráculos de azúcar, levantó allí, en el mantel, el pájaro del pino de la respiración. Cuánto pude beber antes, no lo sé; ahora, sin embargo, ahora sube la luz a la faena de las sienes, sube el tacto sobre la fruición del surco, sube la voz. Espero el racimo de sol sobre los almendros de mi cuaderno. Espero la alacena de la claridad, aun cuando sé que nunca llegará. Te espero a sabiendas que mis pasos se aligeran: hay destinos que uno anticipa en medio de la brisa…

Barataria, noviembre de 2011

miércoles, 9 de noviembre de 2011

DESDE EL LITORAL DEL AGUA


Días de furias y sin palabras, vuelta la desnudez al presente
con agujeros el afán en el alma. Tras el harapo,
hay cielos y hasta murmullos enrarecidos;...
Fotografía de Alfonso Aguirre





DESDE EL LITORAL DEL AGUA





Desde el litoral del agua, el pájaro de los adioses bajando a las aceras. ¿Dónde cantaré después, la Patria, el alma desnuda en el ojo ciego, roto el camino del tren y los relojes, el pozo en la sombra de la tarde? Cómo entender la sal cristalizada del sollozo, la muerte de la música en el ámbito del alma, el norte o el poniente a la deriva. Días de furias y sin palabras, vuelta la desnudez al presente con agujeros el afán en el alma. Tras el harapo, hay cielos y hasta murmullos enrarecidos; hay una voz que no duerme, leve mortal, la materia de siempre. A mi alrededor, fijo, el dolor de la muerte: toda la redondez de la alegría que fenece, el caballo subterráneo de los pensamientos, el aire del latido que ya no conozco. Dentro del agua, otras aguas tan inciertas como este pozo de sol que sobra en los hombros cuando ya todo se ha dicho…

Barataria, noviembre de 2011

martes, 8 de noviembre de 2011

TODO ES PARPADEO


Imagen tomada de Miswallpapers.net





TODO ES PARPADEO




Todo es parpadeo, primero las formas plenas, después sólo idea, la Patria, el adobe, la madera, las fotografías colgadas de los sueños, los anhelos dispuestos en las ferreterías, la casa verde de la infancia, la fragancia roja del cuerpo amado. Siempre lo efímero es lo más duradero: los caballos indomables del vilano en las pupilas, el racimo de cierzo enloquecido en la lengua, la hoja del grito anclada en el pecho. Somos carne robusta, después polilla; somos lluvioso territorio, después páramo; follaje, para luego convertirnos en abrojo. Todo es parpadeo y, sin embargo, piedra adusta, jaula, el calcetín que nos resiste en el trayecto. Los huesos del reloj muerden los pensamientos; el aire gasta el pabilo, río abajo la abeja del júbilo, el éter de la vida. Ya huele a manos yertas, viene y va la luz en el taburete de la muerte.

Barataria, noviembre de 2011

lunes, 7 de noviembre de 2011

ALLI EN LA MESA, CON AGUJEROS LOS MANTELES


Imagen tomada de http://www.zentolos.com/




ALLI EN LA MESA, CON AGUJEROS LOS MANTELES




Nuestra mesa, con agujeros los manteles; pero había manos piadosas, manos de rocío, y suficiente sal y azúcar en la sonrisa; ahora nos cunden las aguas rotas del desaliño, el tabanco como un sarcófago de nostalgias. Fuimos, poco a poco, entrando al harapo del exterminio del sosiego; el pan con moho de las lámparas, cundió de hongos las sábanas, sobre la piel, los troncos del aliento, el yute barnizado de las raíces, la oscura tempestad de la escoria, la dimensión del estiércol en el sueño. Cada vez la pobreza fue calcinando nuestros sueños, al punto de volvernos sombras miserables, puertas de oscuras piedras; cuando volvimos a las llaves, tuvimos que luchar contra la herrumbre y, desde luego, no pudimos abrir la cerradura. Allí, en la mesa, los dolores de cabeza del tiempo, la persecución de los fantasmas. Lo demás, son los zapatos hundidos en las bisagras del fango, la claridad que nos ahoga en los cementerios.

Barataria, noviembre de 2011

domingo, 6 de noviembre de 2011

Y SIN EMBARGO, LAS CAMPANAS AMARILLAS


Imagen tomada de Miswallpapers.net




Y SIN EMBARGO, LAS CAMPANAS AMARILLAS




Y sin embargo, las campanas amarillas del tiempo: las aguas que recoge la boca en la herida, los cascos en la sinfonía del reloj. Todo se desfigura en la lengua del abrojo. A veces las tardes mueren en mi desvelo anticipado, turbia tristeza del alma sobre la piedra, profundas horas sin el arco del abrazo al que me fui acostumbrando en los pájaros inclinados de las puertas. En la campana del pecho, los mástiles de la tumba, el féretro de propia nostalgia que toca fondo en la losa gélida, fríos paraguas de ojos donde no cabe el rocío, ni este tiempo de abigarradas paredes. Me come el cuaderno confuso de los girasoles; también la tinta amarilla del luto, estas cruces proféticas de la melancolía, el sonido gris de las campanas fenecidas. En cada acera, el pie se hunde en la ceniza: vivo aquí, entre guacales húmedos, entre frazadas de huesos, mordiendo la garganta del almanaque.

Barataria, noviembre de 2011

sábado, 5 de noviembre de 2011

ESTOY HECHO DE TIEMPO


Imagen tomada de Miswallpapers.net




ESTOY HECHO DE TIEMPO




Estoy hecho de tiempo: un vilano en la sombra, noche entera. E4l luz todo, el lápiz que escribe sobre el cuaderno, la escritura circular del ojo, todos los nombres detenidos en mis pupilas. La historia de la catacumbas siempre es la misma: puede leerse el alfabeto de los muertos, la abstracción subterránea de los relojes. Una y otra conspiración me llenan de sus inmundicias, el río es corto y la respiración larga; murmura el taburete sobre el insomnio del cielo, cualquier jadeo desfonda mi conciencia, la desplomada metamorfosis del asfalto. Me enamoré de las incoherencias de los caracoles, salté de la agonía de los imanes, mordí las oes de la cópula. Estoy hecho de tiempo, la vida sigue en la geografía de las bisagras, largo es el callejón de las cacofonías.

Barataria, noviembre de 2011

viernes, 4 de noviembre de 2011

TODO SE NOS VA, AMOR.


Todo se nos va, amor, hasta los recuerdos.
El árbol de los sueños, la frazada de la ternura,
tu lengua clandestina, amor, el ciprés de tu pubis,
los mediodías de tu boca, el azúcar del hambre.
Imagen tomada de Miswallpapers.net




TODO SE NOS VA, AMOR.




Todo se nos va, amor, hasta los recuerdos. El árbol de los sueños, la frazada de la ternura, tu lengua clandestina, amor, el ciprés de tu pubis, los mediodías de tu boca, el azúcar del hambre. Todo se nos muere, amor, con este apetito de arcoíris, sin paracaídas los nombres, el jardín submarino del pálpito. Nuestros cuerpos al borde del olvido, la página del litoral atravesando la noche, los espejos —el tuyo y el mío— sin adjetivos, alrededor del rencor, colgados de la arganilla del desdén, masticados por las palabras ciegas de la noche. Cada vez el aire se pierde entre las piedras, cada vez me digo: siempre nos faltó todo; siempre el alfabeto al borde de la ceniza, infatigable la sombra en su fijeza. La luz dejó de ser follaje para convertirnos en esa especie de conjunciones adversas, herméticas arañas de desierto. Todo se nos va, amor: la luz, el aire, las enredaderas. Nos queda, un retrato de dudas, el charco de resina oscura, girando en la sombra de dos cuerpos separados. Lo demás, ya lo sabes. Fuimos hechos de párpados y ojos; ahora, sin embargo, un río de humo nos transfigura como desmoronados muros, como tapiales donde sólo es posible el murmullo de un mar lejano…

Barataria, noviembre de .2011

jueves, 3 de noviembre de 2011

UN SITIO PARA LA POESÍA


Plaza de Ciego de Ávila, Cuba.
Fotografía tomada de http://www.vuelosbaratosacuba.net/tag/ciego-de-avila




UN SITIO PARA LA POESÍA



Al poeta Roberto Manzano.



Miramos el viento cruzar por la ventana, sobre la mesa, las palabras agudas del aliento, extensas alas de las reminiscencias, la suspicacia de la fruta en la yema de los dedos. Desde los mandatos del fuego, escribimos la poesía en los poros, así olvidamos la soga del calendario hundida en la garganta; sabemos que las palabras cada vez son definitivas: nos abren la memoria, muerden el equilibrio, comulgamos con el espejo contrario del pan y las pupilas. Sólo buscamos un sitio para la poesía: allí los sueños y las paredes anchas, la febrilidad del ombligo, el paladar de lo telúrico, la sortija de la ternura en tiempos de crisis, los rostros grises de las aguas que nos habitan. ¿En qué vendimia el poema surcó los muros de Job, el césped entre los paréntesis de las aguas? Es habitual buscar los espacios del sueño, y jugar a romper la soledad y el vértigo que invade los ecos. Aquí marchamos, descalzos en el mimbre de las palabras, y dibujamos escaleras en la Esperanza.

Barataria, noviembre de 2011

miércoles, 2 de noviembre de 2011

AQUELLAS ALAS AMPLIAS EN EL AIRE


No cesan aquellas calles amplias, la mano que devora la película
del sueño en mis ojos, las pesadillas del crucifijo de este mundo,
toda aquella humedad obscena de la baba en el delirio
de la desesperación, amplios relojes en los signos zodiacales
de los meses que se repiten como una tortura,...
Imagen tomada de Miswallpapers.net





AQUELLAS ALAS AMPLIAS EN EL AIRE




…en todo el universo destruiste
cuanto has destruido
en estas angosta esquina de la tierra.
J. MANUEL CABALLERO BONALD




(Volvemos a caminar sobre guitarras inasibles, sosteniendo
firmamentos ocultos, invocando claridades en plena noche,
hoyando el pecho con imágenes de vértigo.
Volvemos. Siempre estamos volviendo al oleaje simulado del aire,
sábanas ajadas del crepúsculo,
párpados abrasados por el murmullo de la yesca en plena crin
de días líquidos: aquí nos incendia el juicio por el equilibrio,
aunque los malabarismos nunca tengan feliz término,
ni los ornamentos suplan la mudanza continua del aire.
No cesan aquellas calles amplias, la mano que devora la película
del sueño en mis ojos, las pesadillas del crucifijo de este mundo,
toda aquella humedad obscena de la baba en el delirio
de la desesperación, amplios relojes en los signos zodiacales
de los meses que se repiten como una tortura,
calles padecidas en el grito, metidas en la piel como una espina:
el tiempo donde habitan ácidas leyendas, crudas imágenes del pájaro
colgando del entrecejo mientras los sueños se enredan
en las gentes, en la chancleta suicida de las estribaciones.
Nos movemos entre tanta predisposición al suicidio:
hay sinuosas puertas que destilan lenguas de perros muertos,
ojos que no alcanzan a ver los pétalos del viento en el latido,
cuellos carcomidos por la sábana de la intemperie, sin salir del túnel
sumergido de la trastienda del pecho.
Y sin embargo, aquellas alas amplias del aire.
y sin embargo la soga al cuello de los aperitivos, los tropezones
ciegos de las escamas,
la mano torpe deslizándose a través de los poros de la locura,
el ixacanal de las calles abriéndose paso hacia la conciencia:
anterior a todo, la hipérbole ocupó lugar privilegiado en el sueño,
después vino la lluvia con peces, el bosque de telarañas en la pared
que el viento trajo de remotos lugares, el aire oculto
de los zapatos, la mucha caries en el mercado de pulgas,
trocitos de cielo para copular en los ojos.
Volvemos al mismo sitio de la orgía del sollozo: bajamos al número
impar de la ceniza, brotan del interior las sombras de los parabrisas,
ese pánico dibujado en los cementerios, la serpiente seminal
en la manzana, el moscardón multiplicado del jadeo,
la nube fugitiva del lago de la escritura a cuatro manos del agua.
Llegamos a un punto donde es mejor el naufragio, Ulyses póstumo
en el alarido de las sirenas, bestial espasmo de las olas
en la línea acrecentada de las grietas...)

Barataria, noviembre de 2011

martes, 1 de noviembre de 2011

NACIMIENTO DE LA LUZ


Luego de escarbar en las asimetrías de la lluvia,
la mesa se palpa sobre los muelles del día, la piel clausuró
las noches eternas, así comprendo la proximidad mía con las palabras,
el escalofrío repartido en el viento,
el latido del delantal en la claridad de las luciérnagas,...
Imagen tomada de Miswallpapers.net





NACIMIENTO DE LA LUZ




Heredé un bosque sombrío pero hoy yo camino en otro bosque,
el luminoso…
TOMAS TRANSTRÖMER




Partí las aguas y surgieron los suspiros. Encendí las buganvilias
y emergieron pájaros alrededor de las ventanas.
Para sentir el tiempo, empecé a escribir sobre mis tatuajes;
Me acostumbré a abrir el taller de las puertas para que el polen
renueve el aliento de cada día.
En un solo día diseñé los peldaños del ala, luego he pasado
años despertando junto al fuego,
construyendo con sigilo, la campana creciente de la espesura.

(No fue la voz, fueron los ojos los que me hablaron compasivos,
de este acontecimiento: el clímax dio lugar a las primera palabras
que pronuncié en el bosque, el latido de la lucidez sobre la piedra.
Una sóla palabra habitó la postrera mañana: luego vinieron peces
y azores, a fundar un reino de acechanzas.)

Luego de escarbar en las asimetrías de la lluvia,
la mesa se palpa sobre los muelles del día, la piel clausuró
las noches eternas, así comprendo la proximidad mía con las palabras,
el escalofrío repartido en el viento,
el latido del delantal en la claridad de las luciérnagas,
las hélices levitando en manojos, el aliento en el nido de racimos
de las sombras que después hacia el tiempo desaparecieron
del cuerpo, salvo la rotación vítrea de las reminiscencias.

En el vientre telúrico de las palabras,
el ombligo del horizonte riega las semillas,
—Sólo deseo, ahora, después del nacimiento, lavar los utensilios,
darle nueva existencia a los espejos, ponerle antibióticos al gorjeo,
rociar veneno contra lo deleznable,
expulsar del Paraíso, las diademas de la pústula, las peinetas
acechantes de la ceniza.
No hay cabida para la oscuridad, aunque la oscuridad sea, el reverso
justamente del juego en las cuencas del calendario.

(Era invierno entonces, y llovía. Llovía, tal vez, de otra manera;
llovía igual que en el despertar del cuerpo, la claridad junto al hilo
del aserradero, la claridad avizorada en los muelles,
el rostro acercándose al río del pájaro, diestro en el alfabeto.)
Doy, después de esa hazaña de vértigo, ¿hacia dónde me encamino,
qué deberes deben cumplir todos mis sentidos,
qué caballos delirantes pueden quebrar las ánforas, los estatutos
acumulados de los relojes, los brazos invisibles del aire?
—La suerte está echada, después de todo. Yo sigo en el riel
de la utopía, persecución que nunca termina en la sed…

Barataria, noviembre de 2011