sábado, 31 de marzo de 2012

CABALLOS DE ESPUMA


El cielo no me interesa, se lo dejo a los ángeles etéreos; yo prefiero
la sedimentación de mis vértebras, colgar la ceniza de las luciérnagas
 en las paredes de por si, manchadas de historia, donde reposa el autógrafo de tanto crimen.
Imagen tomada de la página virtual/arteyfotografia.com.ar






CABALLOS DE ESPUMA




Caballos de espuma sobre las aguas de este árbol inundado de sombras. Escrita está en el dintel de la puerta, la herida con arenillas y balastos, con ruidos y cucharas, chasquido de cascos hasta el dormitorio donde se superponen las fuerzas de las manos. —Hemos vuelto del cielo al fango; de respiración en respiración hundidos en la trementina quebrada de la alberca. Nos muerde la llaga de los demonios que llevamos dentro, las manos arrojadas a perpetuidad tras los barrotes de las uñas que adversan la mercancía, las sombras como las larvas del desdén, la voz caníbal del calendario, espectros negros del buitre vaciando el ojo al borde del espejo. Por desgracia, ahora me doy cuenta que nada es NADA. Y que la lengua de la espuma y sus caballos atroces, es sólo el parpadeo hostil de la tierra. El cielo no me interesa, se lo dejo a los ángeles etéreos; yo prefiero la sedimentación de mis vértebras, colgar la ceniza de las luciérnagas en las paredes de por si, manchadas de historia, donde reposa el autógrafo de tanto crimen. Pensar, de pronto, es un acto subversivo por eso hay quienes optan por tapar el sol con un dedo y seguir convirtiendo los cementerios en jardines y la pobreza en designio de Dios.

Barataria, 30.III.2012

viernes, 30 de marzo de 2012

A MEDIANOCHE EL BALANCE


El sombrero de la vigilia cava en el torrente del aliento;
aun en la deshora maduran los muertos, sin la fatiga de enhebrar
 el ojo de la guja, la balanza que tiene senderos de desequilibrio.
Imagen tomada de Mioswallpapers.net




A MEDIANOCHE EL BALANCE




A media noche el balance de los techos: —¿duermo? No. Los gajos de oscuridad pululan en el firmamento, igual que la historia con sus golpes de sangre; desde luego, el ojo sigue abierto, —caminos de torrenciales espectros, nada de olvido en el pecho que a ratos hierve: lentas horas de simetrías copan el rastrojo del pecho. El ceño absorbe toda la oscuridad de los relojes baldíos de las esferas, las vigas cavilan en este torpe taladro que rompe la saliva, los ijares amargos del sobresalto, la boca menguada en el asfalto. El planeta de los muertos reparte sus osamentas; la medianoche hurta el huso de las sastrerías, asoman las poleas del pulso y encima del pecho, rasgan las aristas del espejo.—¿duermo? No. El sombrero de la vigilia cava en el torrente del aliento; aun en la deshora maduran los muertos, sin la fatiga de enhebrar el ojo de la guja, la balanza que tiene senderos de desequilibrio. En la sábana telúrica de los pañuelos, el haz de alfileres buscando la mesa; cuando las persianas del horizonte se abren, el pinar siempre oscuro de la luz. De todas formas, el horizonte sólo es espejismo, ventana donde se amalgaman otras penumbras, tan ciertas como un viaje al interior de la memoria.

Barataria, 29.III.2012

jueves, 29 de marzo de 2012

UN MINUTO DE REFLEXIÓN


(Recuerdo los estribillos furiosos del viento en plena hambre de galopar
sobre la planicie absoluta del pespunte; a menudo nos tocan manos invisibles,
mientras el seno anhelado desplaza los pensamientos hacia laberintos
donde la hojarasca se apodera de la memoria.)
Imagen tomada de página virtual//cetaceosyfaunamarina.wordpress.com




UN MINUTO DE REFLEXIÓN




La poesía un instante en las manos de Magritte, el inconsciente en los pájaros de Kafka; Baudelaire en medio, aquí, masticando el escarabajo del grito al punto de disolver soles negros en la garganta. Los espejos en la sinuosidad de la saliva, como charcos de un infinito cementerio de botellas derretidas en el trapiche de la tela del cisne que flota en la noche; los años envenenan el litoral del calendario: lo sé después de romper los ojos en los balcones de tanto cometa pervertido en el subsuelo de la lengua. (Recuerdo los estribillos furiosos del viento en plena hambre de galopar sobre la planicie absoluta del pespunte; a menudo nos tocan manos invisibles, mientras el seno anhelado desplaza los pensamientos hacia laberintos donde la hojarasca se apodera de la memoria.) Reír o llorar es un acto de heroísmo cuando el día carece de perfumes y la noche es carne sepulcral; cada vocal tiene sus propios acordes igual que los burdeles; el paraíso es otro abismo con cielosfalsos: siempre me confunde la mesa servida de las sombras, los ”buenos cristianos” vestidos con perfectas vestimentas, estos meses de sol, definitivos para el vértigo del sudor. Al final del poema hay un pie de página: la sábana interminable de la noche que cubre la piel.

Barataria, 28.III.2012

miércoles, 28 de marzo de 2012

NOCIÓN DEL POEMA


La raíz del tiempo, primero; luego la idea situada en la conciencia,
la infraestructura de la herida sobre el tejado, la imaginación llevada al límite de lo hablado.
Imagen tomada de Miswallpapers.net




NOCIÓN DEL POEMA




Aire, primero; después, la mariposa en el santuario de la fantasía. Después, los requiebros del día, la carne de la noche en el invierno rojo de la tinta. La raíz del tiempo, primero; luego la idea situada en la conciencia, la infraestructura de la herida sobre el tejado, la imaginación llevada al límite de lo hablado. Más allá del deseo del poema, nunca he tenido fórmulas preestablecidas: si acaso, las funerarias y las escaleras; los trenes derramándose en mi saliva, los muelles licuados del alfabeto en mis manos. De pronto, uno nunca lo sabe, pero el poema transpira dentro de las aguas de la utopía, —vos, drama o artificio de mi ciudadanía, astillero en el universo de las geometrías. Calculadora, siempre, cuando me respira el paradigma de la piedra en el charco, cuando el ensayo desparrama el esperma del diccionario. No tengo palabras, me las da la perpetuidad de los gerundios, la campana que dobla sus repiques, aquella sombra que es tu sombra, ebrio sonambulismo de la sábana del viento. Así, el “Paradiso”, el poema: “refugio de la interioridad”, madera del alhelí, en la armadura espesa del resplandor. Extrañamente, el poema siempre es noción de viento y lluvia y sendero.

—Pedro Salinas: “Porque la actitud del ser humano cuando escribe es distinta de cuando habla. Cuando escribimos se siente lo que llamaría yo la responsabilidad ante la hoja en blanco; es porque percibimos que ahora, en el acto de escribir, vamos a elevar el lenguaje a un plano distinto del hablar, vamos a operar sobre él, con nuestra personalidad psíquica, más poderosamente que en el hablar. En suma, hablamos casi siempre con descuido, escribimos con cuidado. Casi todo el mundo pierde su confianza con el lenguaje, su familiaridad con él, apenas coge una pluma. El idioma se le aparece, más que como la herramienta dócil de hablar, como una realidad imponente, el conjunto de todas las posibles formas de decir una cosa, con la que el que escribe tendrá que luchar hasta que halle su modo.”

Barataria, 27.III.2012

martes, 27 de marzo de 2012

LA SÁBANA EN EL TORBELLINO DE LOS CUERPOS


De pronto la poesía, es un instante de sábanas que muda o desvanece
 claridades; en esa inminencia empapada de tiempo,
los caballos obedecen aquí en la tierra; las aves, en el aire.





LA SÁBANA EN EL TORBELLINO DE LOS CUERPOS




En cada remolino el viento hace lo suyo. La sombra de la noche en la cama, —gruta despierta en la claridad de las manos—, hace que el calendario suba vertiginosamente al vaho húmedo de los párpados. Siempre supimos del invierno a la deriva del cuerpo del cuaderno donde anotamos todo el cúmulo de raíces y alas, las esquinas del latido en el estanque. La sábana se nos vuelve invisible en el arroyo líquido de las enredaderas tendidas en el ombligo. Los dos abecedarios titilan en los ojos, luminosos fuegos de azules mecen el planeta audible de los poros; nos hemos vuelto ávidas paredes frente al grafiti, los cuerpos tienen la misma claridad del viento, quizá el mismo escombro arrastrado después de la tormenta. De pronto la poesía, es un instante de sábanas que muda o desvanece claridades; en esa inminencia empapada de tiempo, los caballos obedecen aquí en la tierra; las aves, en el aire. Las palabras, a las páginas que nos hace llenar el plano cartesiano cuando el cuaderno está abierto; es decir, de par en par en el umbral del quicio de los cuerpos. De todo lo que hay en este universo, me quedo con aquella imagen colgada del espejo: el arcoíris sin retorno de la memoria en la tabla rasa del primer eclipse.

Barataria, 27.III.2012

lunes, 26 de marzo de 2012

ME AFERRO A LA LUZ, POR MÁS OSCURIDAD


Debo confesar que no hay tratamiento para la metástasis del alma,
y menos para ese hilillo del pensamiento del agua que se cuelga
de la noche, cuando se pierde la capacidad de lo posible;
Imagen tomada de Miswallpapers.net





ME AFERRO A LA LUZ, POR MÁS OSCURIDAD




Aunque a diario muerda el calcetín oscuro de los horarios, y haga conjeturas para interpretar a Unamuno en su sentimiento trágico o en su agonía, aunque no evada de vez en cuando los ejercicios cartesianos, también está a la vista el Der Ursprung der Familie, des Privateingentumn und des Staats, de Engels, al que Mrax le dio vida bajo la luz social de los antagonismos. Debo confesar que no hay tratamiento para la metástasis del alma, y menos para ese hilillo del pensamiento del agua que se cuelga de la noche, cuando se pierde la capacidad de lo posible; aburre la máscara del criollismo como también los nacionalismos trasnochados, sobre todo si a la luz del horizonte se ven como neumáticos gastados. (La única luz que conozco es la del poema; y si no, hay que preguntárselo a Salomón, a Darío, a la melena galopante de Whitman, al sujeto irrestricto del poema. Como él, pienso en “palabras para los países de la democracia”, aunque ya no sé si el cielo promete tanto.) Ante la insania, cada día reelaboro mis anáforas, los símiles son atroces en la garganta de la gleba: siempre resulta un desafío lo indecible; lo sé después de meditar en el mingitorio de los hospedajes con la polisemia oficiante del murmullo. Lo demás, ya lo saben: la porfía empinada hasta los incisivos, el pájaro a tiempo completo en medio de la náusea, empinando la ceniza…

Barataria, 25.III.2012

domingo, 25 de marzo de 2012

HORIZONTE EN MAREA DE ESPEJOS


Al paso de los peces, los sueños cargados de salmuera,
quizá porque así se reproduce la niebla en los espejos,
los vientos cargados de cábalas perturbadoras.
Imagen tomada de Miswallpapers.net





HORIZONTE EN MAREA DE ESPEJOS




Vencidas las telarañas de la tierra perdida, los jardineas agonizantes del cielo prometido, no me queda más que pensar de manera reiterada en la prehistoria extrema del insomnio. Al paso de los peces, los sueños cargados de salmuera, quizá porque así se reproduce la niebla en los espejos, los vientos cargados de cábalas perturbadoras. A mí me toca elegir el infinito contra las aguas esparcidas de la verborrea, debo sostenerme de la piel dura de las piedra y no del aceite que resbala de las aceras y no de tanta purulencia engendrada en el paisaje de los días del náufrago en los castillos de naipes. Entretanto, el horizonte arrecia en sus espejos: ¿debo seguir con la sonrisa en medio de la tempestad, arrodillarme ante el golpe de la metamorfosis que sufre la saliva, al desgaste natural del semen precipitado del tugurio de la conciencia? Ya sobrevivir pegado a una ventana como pájaro sangrante es una temeridad; de pronto divago en los labios del cuaderno, en la sombra de la respiración que me contiene. Lo demás ya es ganancia para desdoblar el alma sobre el césped. El gusano del instinto es lo que me salva de caer en el fastidio de las osamentas; detrás de mí, camina el rostro de los insectos, esa infinitud de cortinas de la sospecha, —el yo prisionero de sus propias encrucijadas, en medio de tanto espejo trastornado.

Barataria, 25.III.2012

sábado, 24 de marzo de 2012

CONTRAMOHO


En este Eterno transcurrir, emoción fermentada, siempre quedan
 las esencias con ciertos dividendos de racionalismo.
Imagen tomada de Miswallpapers.net




CONTRAMOHO




Contra el moho, la sábana limpia de los poros, la misión de los jardines en los ojos, las líneas blancas de la infancia, la relectura del tiempo arrancada de las entrañas. Perseveramos, lo sé, en lo inhóspito del páramo, ardemos en la incomodidad del guacal de morro: la oscuridad finge palabras eternas; la luz, el rescoldo donde resplandece la esencia del pozo de la llama eterna de la memoria con sus diversas ventanas. Somos así, una meditación permanente en el hacer y sentir de los realismos irreversibles de la perspectiva del horizonte: lo inventado lo incorporamos a nuestra propia condición humana. A veces los juicios desvarían en la almohada, las horas se traducen en lenguaje, pasado y presente de las ficciones humanas. En este Eterno transcurrir, emoción fermentada, siempre quedan las esencias con ciertos dividendos de racionalismo. Me veo aquí y allá; todo comienza a existir, a despejarse en la esencia del resquicio. Me alejo galopando de rostros y ornamentos, a una sola voz, la gracia del coloquio, el contramoho del soliloquio sin que me ahogue en sus aguas impuras.

Barataria, 23.III.2012

viernes, 23 de marzo de 2012

MESA SERVIDA


Bien sé que ante la danza macabra, vienen noches con desventurada piedad;
pero al final, supongo, hay un paisaje de luz que nace de la misma confusión.
Imagen tomada de la página virtual/vicuba.com




MESA SERVIDA




Se dice que: “Ganan buenos para ruines herederos”. Por desgracia, despedazas mis manos laboriosas, y colocas zarza en la garganta. Vivimos labios de momentánea historia, cotidianas desigualdades de cansancio; el olvido con mezquindad de pústula nos aplasta, hasta olvidamos la sonrisa en el crimen. Nunca pude entender las sombras de la conciencia que a fin de cuentas envenenan, hacen de los balcones, apolilladas asimetrías, contradicciones con el único denominador común: la miseria. Odio este circo de la lluvia humana, el amor aquí entre caretas, el olvido indigno después de llenar el estómago; todo el tiempo en las márgenes de las heces, las palabras que hieden a purulencia, el nefasto mundo del presente. Bien sé que ante la danza macabra, vienen noches con desventurada piedad; pero al final, supongo, hay un paisaje de luz que nace de la misma confusión. Bien dice el refrán que: “Golondrina que con el ala roza la tierra, lluvia recela”. Brotan y se multiplican las pasiones; la tempestad no deja de ser un acto de dilapidar la diaria mesa que nos asiste. En todo caso, la mesa está servida, aunque sea para la escalera del minuto.

Barataria, 23.III.2012

jueves, 22 de marzo de 2012

LA NOCHE CUBRE TU CUERPO


Pasan los días del letargo de los semáforos sobre las aceras,
el humo del tumulto rondando el sueño, los paracaídas de la piedra caliza del resuello.
Imagen tomada de la página virtual/latinimage.wordpress.com





LA NOCHE CUBRE TU CUERPO




La noche cubre tu cuerpo, debajo de la cama los insectos; la presencia de chacales alrededor de la sabana, solo el huerto guarapo del trapiche en el designio profundo de la panela. Todo es duermevela en los pronósticos del calendario onomástico, aquí el cafetal en flor del estruendo, después la epilepsia del sudor en el espejo, los muebles y las fotografías en medio de las aguas del piano de las sombras con la tripulación necesaria, quebrado el esplendor, poros desvencijados sobre la ceniza del tulipán atardecido en los ungüentos del vinagre. Pasan los días del letargo de los semáforos sobre las aceras, el humo del tumulto rondando el sueño, los paracaídas de la piedra caliza del resuello. Quiero escapar de la esquina apocalíptica de los relojes, del ojo de la serpiente en la muerte sin fin del deseo: todo parece hundirse como el caracol invisible en la maquina tragamonedas del vértigo, en el símil del sol poniente del puro, donde la sombra avienta lenguas de fuego, lava en la razón de ser de la metáfora. Me imagino todos los días empantanados en el Paraíso; el ojo inoxidable de lo inédito; de otro modo, no tendría razón de ser este cementerio de embudos a flor de piel que llevo en los hombros como un simple mecapalero. La vida es demasiado corta como para vivirla, solo en el ápice de alfileres. Es necesario reinventar el murmullo de los ríos, y desparramar la tinta en el polvo hasta convertirlo en sombrilla.

Barataria, 22.III.2012

miércoles, 21 de marzo de 2012

VÉRTIGO DESDE LA VENTANA


Tal vez la imaginación limpie los vidrios empañados que tiemblan
 al ras de las paredes, al otro lado donde el cielo descarga
 su pretensión de vaso transparente.
Imagen tomada de Miswallpapers.net




VÉRTIGO DESDE LA VENTANA




A través de los barrotes inmóviles como postes disecados entre la maleza, me sacuden los párpados, el lento aliento de las hojas que caen, sobre las banderas de la nostalgia convertidas en anderas a media asta. Tal vez la imaginación limpie los vidrios empañados que tiemblan al ras de las paredes, al otro lado donde el cielo descarga su pretensión de vaso transparente. Como todos los días el ojo recibe el mensaje cósmico del trasluz huracanado de la hipotenusa del murmullo en la cortina donde termina un peregrinaje y comienza otro: de un tiempo para acá, eyaculan in media res, las aguas que bañan a las gaviotas sobre el monólogo del horizonte de los cardúmenes, y ahí en su arquitectura zoológica, también el telegrama, el mensaje instantáneo tiene su propio asidero, la herida de una puerta en el alba, la rendija sepia del miedo, la sombra que humea tras los alpinistas cuando abren el espejo blanco de la distancia. A fin de cuentas, la costumbre y la irrealidad son otras formas del mismo vértigo: fosa común del camino inefable. Sombras en el pabellón de fusilamiento del azúcar, laberintos circulares del ombligo a la altura del escalofrío.

Barataria, 21.III.2012

lunes, 19 de marzo de 2012

ESPECTROS MULTIPLICADOS EN LAS AGUAS


Hacia la ventana de los pensamientos, Lautréamont todavía desconocido;
luego es preciso embriagarse para soportar la atalaya
de los pasos gigantes del descaro y la destrucción.
Imagen tomada de la página virtual/City-Data Forum.com





ESPECTROS MULTIPLICADOS EN LAS AGUAS




Los delirios del búho devoran las aguas de los astros, arrasan con la carne desnuda de la noche, escriben páginas destinadas al bosque. Hablan los espectros en el fluir de sus atormentados sexos; incomodan las lámparas al pie de la nostalgia: cada bruma se vuelve una flama ensangrentada, pedazos de memoria toman las formas de los epitafios. Después de contar mis pocas pertenencias que no llegan a ser más que tiliches, quemo los insectos en derredor de mis vestimentas; es extraño caminar largas distancias y encontrarse uno con las mismas fotografías, las libélulas en columnas, las telarañas hundidas en su propio placer, el Bicentenario que parece un retablo de suplicios. Hacia la ventana de los pensamientos, Lautréamont todavía desconocido; luego es preciso embriagarse para soportar la atalaya de los pasos gigantes del descaro y la destrucción. He pensado muchas veces en  la rue Edgard-Poe: sólo me quedaré con los deseos infortunados de caminar en los alrededores de Montparnasse, como en otro tiempo lo hiceron algunos compatriotas. Por ahora, me toca desafiar las fotografías, ver lo desconocido desde el abismo y reírme de las consecuencias de mis propias maldiciones.

Barataria, 19.III.2012

domingo, 18 de marzo de 2012

MI LÁPIDA SIN EPITAFIOS


Después de mis andanzas y escenas de espejos y ventanas, no quiero más:
si acaso, la noche imperturbable de mi infancia, el pliegue de las aguas en la levadura,...
Imagen tomada de Miswallpapers.net





MI LÁPIDA SIN EPITAFIOS




Del lado de la sombra y la fatiga, no quiero más, sino la soledad segura e inocente, el nido de tierra benigno con su sábana de misterio. No quiero epitafios que hablen de mi oficio, sólo la lápida con un mayo de girasoles, quizá el himno del ala entre alguna fecha. Después de mis andanzas y escenas de espejos y ventanas, no quiero más: si acaso, la noche imperturbable de mi infancia, el pliegue de las aguas en la levadura, —ah, y la luz que nunca me falte en este embudo de sombras. Quiero partir respirando todas mis calles, bendecir a cuantos fueron huéspedes de mi memoria; dejo las llaves del tiempo para otras bocas, dejo la piedad para los buenos samaritanos, aquella ráfaga de la tinta que inundó mis cuadernos, la herida cárdena para los arqueólogos. No quiero blasones sobre mi materia putrefacta, ni el ímpetu de la sal en mis oídos…

Barataria, 17.III.2012

sábado, 17 de marzo de 2012

VENTISCA

Imagen tomada de la página virtual/taringa.net 



VENTISCA



Amarillo
                                    el ojo de la aguja,  el frutero del ataúd,
donde por cierto,
                           la aurora desprende las sillas
                  del cierzo,
                  la bala habitual que corta el prensa papel, sostén
                                                  de la memoria.
En los ojos, los otros ojos del bufón, la máscara oscura
del vasallo, el juego de las bocas
desimantadas, el chorrito de pues
desde dentro de la conciencia.         (Todos los días son días:
                          para jugar al ángelus del drenaje,
idas y vueltas en la ubicuidad de las estridencias, puercoespín
los alfileres
                             flotando
                                                      sobre el césped,
la maleza de la piedra
                                            de los espejismos          el rocío
a cuentagotas de la escalera óptica de las costuras.)        siempre
nos transpira
                                la hora cero del vacío en las mandíbulas:
hay, por cierto, candelabros en todas partes,
                                                       eclipses para deidades
                                 anónimas, capillas bautismales
                                                        para los pétalos, ramas
                                           para los ascetas o eremitas,
días contados para las semillas del juicio final. En el costado,
                                                                                      los alfileres,
el nido como óxido de espejos sucios por donde es evidente
el desvarío,    el lápiz y el papel
                                                              en los vitrales de San Pedro.
Sé ante todo, que es imposible que se nos revele la candidez,
                                                                              sino el gato montés
del frío, la otra vida como lo dice la Doctrina,
                          
que el carnicero
                                está
                                      a la vuelta
                                                        de la esquina; sólo espera,
                                espera un desliz
para decretar la pena capital del poema: gira la ceniza en la penúltima
silaba de la manzana de la discordia
                                                             del deseo.
                 (“…un país de muertos es un país de asesinos.”)
Quetzalcóatl, la polifonía…
Barataria, 16.III.2012

viernes, 16 de marzo de 2012

DEL DIARIO DE TIMPANOGOS CAVE


Hay en la boca una ebullición nocturna: comparto el gris abigarrado
con mis vestimentas, auténticas para establecerme
 en este reino de ángeles expulsados del Paraíso.
Imagen tomada de la página virtual de Timpanogos Cave National Monument




DEL DIARIO DE TIMPANOGOS CAVE




Al llegar, me he adentrado en las cuevas. Desde lo profundo, el cielo oscuro del frío, siglos de bocas anochecidas, delirios sordos de letargos. Allí donde lo conventual centellea como un galope de paisajes eternos. Hay en la boca una ebullición nocturna: comparto el gris abigarrado con mis vestimentas, auténticas para establecerme en este reino de ángeles expulsados del Paraíso. Me detengo ante la flor oscura que reverdece por fuera, empinados caminos de flautas vegetales, desemboco en la agresividad del lago congelado: en la proximidad, veo la circulación autobiográfica de mis ojos, la sed festiva por un whisky, el sol negro de mis sueños colgado de las estribaciones solitarias. Entre el tumulto desordenado de mis poros, mis libros inaccesibles, sólo vos como referencia de mis catarsis, cuando en la taberna del poema, nos bebíamos el altar mayor de la hostia del horizonte sin ninguna monotonía. No sé si por fin han llegado mis cartas al pájaro de tus párpados; sé que todo es extraño cuando queremos justificar la brutalidad de las ausencias: durante la noche, la almohada se vuelve piedra, piedra tendida, cimbrada en mi sangre.

Barataria, 15.III.2012

jueves, 15 de marzo de 2012

BOSTEZO

Imagen tomada de la página virtual/rotodoseando.com





BOSTEZO




I
A cada cual
lo suyo:
después
de todo,
la vida
es sólo vaivén
de fuegos
artificiales.
En cada
bostezo,
la lengua
endosa
pulseras
de saliva;
así lo dice
el balcón
mientras
gruñen
las tripas.
Digamos
que la imaginación,
es el caballo
donde pulsa
el abecedario
de la poesía.




II
El juego
de la memoria,
—cielo
de caracoles—
navega
en aguas
profundas:
en lo oscuro
el misterio,
—vos,
destilando
anticipos
de lengua,
vientos
desbordados
como éter
ejercitando
nuestros
brazos,
el poema
textil
del orgasmo.

Barataria, 09.III.2012

miércoles, 14 de marzo de 2012

DEL DIARIO DE JONATHAN HARKER


La tempestad arrecia cada vez que pienso en los malabarismos
de la hipocresía; anochece en los acantilados de mi sangre,
agoniza el hospedaje del alma.
Imagen tomada de Miswallpapers.net




DEL DIARIO DE JONATHAN HARKER




Por cierto que la inteligencia tiene dudosas explicaciones o, al menos, en muchas circunstancias suele ser difícil explicarla: vivo a menudo con la torpe agua hasta el cuello, suspiro junto a las ráfagas del aire, el cuerpo es una espiga donde vuelan las palabras, toda clase de palabras; a menudo me abriga la vehemencia, no así la obediencia, pues no tengo intenciones de santificarme, ni pasar a la posteridad como una estampa sosegada. Cada día me veo esparciendo la ceniza de mis costados; el heroísmo, a menudo tiene manos de náufrago; la almohada, descoloridos huéspedes, palabras de escarnio o dilapidadas pijamas. La tempestad arrecia cada vez que pienso en los malabarismos de la hipocresía; anochece en los acantilados de mi sangre, agoniza el hospedaje del alma. Las sombras del eructo robaron toda mi tranquilidad; después han venido estatuas degolladas, conversaciones inútiles, bocas con asfixia de párpados. Cada día es inminente la llovizna de sombras en mis párpados: el trote de la luz puede salvar la carrera. (Entretanto, sigo con mi monólogo, a sabiendas que las sábanas, tienen una larga historia. Suspiro los harapos desangrados.)

Barataria, 13.III.2012

lunes, 12 de marzo de 2012

DEL DIARIO DE MINA HARKER


Cada vez estoy al borde de la obsesión del tragaluz que ronda
 en mi cabeza, del ojo tuerto que alguien vació en el silencio.
Imagen tomada de Miswallpapers.net




DEL DIARIO DE MINA HARKER




Es verdad, todo es espeluznante. Llueve a fuego lento todos los días. Cada asesino invade las calles y se hunde en los sueños; después las visiones son horrendas, difíciles de apagar con un soplido. ¿Cuál es la diferencia entre un petardo y las explosiones del alma, entre una despedida y un epitafio? —Desconozco los acantilados por donde bajan los alacranes, el trépano de la polilla en la propia intimidad, los aullidos del caos disfrazados de metafísica. Cada vez estoy al borde de la obsesión del tragaluz que ronda en mi cabeza, del ojo tuerto que alguien vació en el silencio. Me despierto bajo ese zumbido de las moscas; en el traspatio de la conciencia, la elipsis erótica del desvarío, la raíz balbuciente en el fondo del jardín. No hay soledad impaciente, sino absurdas noches de lodazal y hocicos que se confunden con los reptiles. Cada día perdemos la esencia y jamás restituimos aquella llama inefable del azúcar. Debo suponer que siempre es hermoso subvertir las aguas agridulces de la saliva, soportar al final, el mecate del tiempo, vivir en la otra orilla de la levedad del desvarío. Escribo y el gozo es difícil, siempre el ojo es anatomista del bestiario sobre la sombra del dromedario.

Barataria, 11.III.2012

domingo, 11 de marzo de 2012

AURORA EN EL PELDAÑO DE LOS PÁRPADOS


En cada peldaño de la aurora, el rocío muerde el litoral ciego
 de este fuego diluido en el cántaros del follaje;
en cierto modo, jugamos como niños a la chimenea del aliento...
Fotografía de Molinos de viento




AURORA EN EL PELDAÑO DE LOS PÁRPADOS




El vilano como un colibrí mordiendo el entrecejo, en surco del iris entre los párpados, el artificio de la ola sobre el cuaderno del punto cardinal de la nube, leve bosque del cielo sobre la piedra donde el vigía atraviesa los recuerdos. En cada peldaño de la aurora, el rocío muerde el litoral ciego de este fuego diluido en el cántaros del follaje; en cierto modo, jugamos como niños a la chimenea del aliento, enredamos las puertas en el reloj del deseo, saltamos sobre la almohada como equilibristas de probada experiencia; luego, quemamos al unísono los espejos, los ojos en la esquirla del sexo. Siempre atravesamos los jardines hasta derramar la tinta en las manos, sin contener los jeroglíficos del esperma, mimbre de las sombras en la sombrilla de la fotografía agonizante de la memoria. El catálogo del cristal onírico muerde las ventanas del río que se forma en el tapial del cuerpo: podemos celebrar barcas flotantes sin caernos del vaivén del secreto rebaño del sudor, sin dejar de morder el faro, la sed del deseo por todos los espejismos del despojo al que nos mete la poesía.

Barataria, 09.III.2012

viernes, 9 de marzo de 2012

INSTANTÁNEAS DE LUCIÉRNAGAS


Toda la vida está hecha de partituras, cada poro es un huso horario
de las altas latitudes del rocío; con la avidez del relampagueo,
 exploramos el embudo del estío,
Imagen tomada de la página virtual Infojardín




INSTANTÁNEAS DE LUCIÉRNAGAS




En el crepúsculo, el cuaderno deshojado de las luciérnagas, salta en el petate de la maleza. A veces son agujas que se desploman en la noche, luces irreales en el armario de los ojos; de pronto el Erebo parece un viento incendiado de pedernales. En algún rincón remoto de la conciencia, el tintineo desgajado de las monedas, el candil a tientas de los horcones, el encuentro de dos cuerpos anudados en la bóveda de la ceniza, andamios de oscuridad sobre la tierra, el vapor del péndulo en el desvarío cárdeno del combate. En el fondo del traspatio de la metáfora, el símbolo en el diorama de la tormenta encielada de deletreos, casi penitente en la baranda de los poros donde cada pestañeo es una luz de azúcar. Toda la vida está hecha de partituras, cada poro es un huso horario de las altas latitudes del rocío; con la avidez del relampagueo, exploramos el embudo del estío, las calles de la vellosidad, el palco del acertijo y así, nos adentramos a la noche diurna, al océano verdirrojo del estrépito.

Barataria, 07.III.2012

jueves, 8 de marzo de 2012

OBSTINACIÓN DE IMPUREZAS


En el trajinar, el diluvio del infinito, el entusiasmo de los antros,
el mañana clavado en la armazón de la puerta,
en el luto que vivimos todos los días desde la cama,
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OBSTINACIÓN DE IMPUREZAS




Lo cierto es que durante las semanas, mastico los cachivaches tirados en las aceras; cada quien hace su cachada como puede: a la luz del día, en la noche, durante el invierno. La tarea urgente es sobrevivir, difícil tarea entre la barbarie que nos azota. En el trajinar, el diluvio del infinito, el entusiasmo de los antros, el mañana clavado en la armazón de la puerta, en el luto que vivimos todos los días desde la cama, el campanario atollado en la maleza de las telarañas, la porcelana de la noche en el tejado, el dril roto de tanto permanecer en las aceras. Todo parece construido para destruirse; aquí, allá, las atrocidades en las paredes, —vos, con tu insensatez y tus senos de claroscuro, interpretando indescriptibles hazañas, arrimada a las verrugas del tiempo, sin salir de tus tanteos de fama anónima. Vos, sí, con tu irracionalidad impotente, atestada de rígidos calendarios, sigilosa hasta en la conversación con las tarántulas, anquilosada belleza del vestigio: es extraño caminar contando cruces sobre bacinicas de lechosas campanitas de orina…

Barataria, 04.III.2012

miércoles, 7 de marzo de 2012

MONÓLOGO EN EL TRASPATIO DEL NÁUFRAGO


No sé cómo explicar el telón de saliva que cubre las calles,
el telar de este latido múltiple entre placer y automatismos indiscriminados,...
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MONÓLOGO EN EL TRASPATIO DEL NÁUFRAGO




Sobre el talpetate del litoral insomne, el lenguaje en su propio naufragio, la sal en su tormenta opaca, el soliloquio del seseo, la fuerza centrífuga de la fogata a deshora del tiempo. En estos días he vuelto a leer, mezcla de indagación y deleite, a Bram Stoker, presiento que todo el paisaje, ese paisaje gótico, tiene resplandores de pedagogía. No sé cómo explicar el telón de saliva que cubre las calles, el telar de este latido múltiple entre placer y automatismos indiscriminados, entre lo absoluto y lo relativo: dos féretros en la sombra del candil, dos sentidos con la misma probabilidad de estiércol. Tras la ventana cerrada del ojo profundo, me interno en las interrogaciones del búho, la marea es alta como la escalera del aliento; hay calles sólo permitidas para el viento, —hay calles líquidas homólogas a la saliva, distintas al mapamundi de la risa, parecidas a la fiebre de las pústulas, ciertas como la gangrena del miedo. Siempre que puedo, dejo de adjetivar la ceniza; dejo que la trama y el drama hagan lo suyo: el desenlace termina siempre por desnudar el cuerpo, el deletreo cada vez, de la bufanda de tus poros cárdenos…

Barataria, 03.III.2012

martes, 6 de marzo de 2012

LA MISERIA, DESPUÉS DE TODO


Hay tanto que decir, cuando se vislumbra la parra del día,
cuando las vigas desploman el polvo de las bodegas acechantes de la penumbra;
hasta cierto punto, Heráclito ya no resplandece en las aguas,
sino en el vertedero disfrazado de alberca.
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LA MISERIA, DESPUÉS DE TODO




La miseria, después de todo, desploma su aserrín en el tacto de la ceniza. No sólo es la maleza y el yute en los ojos, realidades persistentes en el ojo de la aguja, sino los años que se han quedado ahí, en la polilla del armario, en la alacena con su demora de manos, en la hoja cortada de la noche con sus rotas campanas de conciencia. Hay tanto que decir, cuando se vislumbra la parra del día, cuando las vigas desploman el polvo de las bodegas acechantes de la penumbra; hasta cierto punto, Heráclito ya no resplandece en las aguas, sino en el vertedero disfrazado de alberca. La claridad ha hecho visible la peluca de los jardines rapados, el aire sedicioso del rasguño, la piedra de la tormenta sobre el aliento; la miseria, después de todo, ha bajado como una correntada de agua a poner su arnés sobre la mesa: truenan los adobes de la oscuridad, el punzón encapuchado de los féretros, el mantel vacío sin pestañeos, la limonada envejecida de la ciénaga. Con este menú de in medias res, salta a la vista, la otra Guerra de Troya, la que nosotros libramos durante las cuarenta noches del estío, con el temor de caer en su embudo.

Barataria, 29.II.2012

lunes, 5 de marzo de 2012

EN CADA SOMBRA, EL GOTERO DEL RELOJ


¿En qué sitio puedo encontrar la autenticidad sin máculas,
 la perenne virtud del orden de las cosas?
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EN CADA SOMBRA, EL GOTERO DEL RELOJ




Me gustan las sombras para guarecer el alma después de la tormenta, después de todo, el reloj es un vaso del tiempo, el que nos marca, disfrazado o no, la ebria cabellera de la ceniza. Por eso digo que en cada tren, barco, peces o zapatos, hay espejismos que nos alimentan. La idea es lo más próximo que tengo en este invierno de delectación trágica; trágico, lo deshumanizante que hay en el hoy “erudito” del corazón de la humanidad. ¿En qué sitio puedo encontrar la autenticidad sin máculas, la perenne virtud del orden de las cosas? Siempre me alcanzan las sombras del horizonte, la respiración eriza de la embriaguez, la amenaza como un gotero oscuro, la falta de probidad de los cuchillos. (Y luego vos, con tus arengas de cactus y diáspora al primer sol, sin entender la esencia del tiempo. La luz es la más antigua de las sombras; resplandecer es más un acto de fe que de aprendizaje: el aprendizaje a menudo se vuelve letra muerta ante el poderío de los balcones.)

Barataria, 27.II.2012

domingo, 4 de marzo de 2012

UNIDAD DEL AZOGUE


Me doy cuenta que en las paredes del azogue,
 florecen los simbolismos de nuestro tiempo:
así brota el hambre con zumo a cebollas, cercano al yute de los poros.
Fotografía de Lázaro Aguirre




UNIDAD DEL AZOGUE




Al margen de las ojeras, el gato rojizo del tejado; los trapos ajados de las alas del pájaro, las migajas en todas partes del calendario innombrado. Desde las grietas oscuras de la escalera, trago el engañoso silencio de las cucharas; y no es para menos cuando la esperanza se ha vuelto miserable, cuando el surco de la vigilia se llena de desperdicios y agujas, como tanto tiliche que arrastra el invierno. Me doy cuenta que en las paredes del azogue, florecen los simbolismos de nuestro tiempo: así brota el hambre con zumo a cebollas, cercano al yute de los poros. A menudo no me atrevo a hablar de unidad cuando el tabanco sacude el hollín y los ojos se internan en el crepúsculo, como dos sombras olvidadas de la conciencia; escribo desde las primeras horas del día para espantar fantasmas, frente a mí, el sopor malsano de la duda, el temblor de las palabras que salen despavoridas, igual que la gente cuando la atiza la espesura de la violencia.

Barataria, 25.II.2012

sábado, 3 de marzo de 2012

DELIRIO DE AGUAS


En la entraña muerde la boca de la noche, quemo el incendio
de los viejos periódicos, amanezco en la costilla de los paraguas,
sin ningún horizonte con la luz a cuestas dentro una mazmorra.
Imagen tomada de Miswallpapers.net





DELIRIO DE AGUAS




Y de pronto, el barco del olfato, en la jarcia de las aguas, levedad
o ensimismamiento de este delirio que extiende sus rumores;
sopla el viento en el tiesto de los diques, en la lámpara blanca
de la espuma al borde de la penumbra,
sube en la escalera de la sal, el aire absoluto del tiempo.
Hay un río interno de remordimientos que moja el entresueño,
cuartillas impregnadas de habitaciones, aire viciado en el pañuelo
del crepúsculo que no deja fluir la respiración, sino esta sed
entre el aleteo muerto del granito: entre el matorral y la memoria
abigarrada, sólo quedan espacios con este dolor de lágrimas.

¿Qué nos queda, después, de esta piel gastada del agua,
de tanto invierno de trabajar ventanas, de cada hueso de rocío
que se ha ido acumulando como un escapulario de campanas mudas?
No sé si al final del túnel, exista alguna luz o sólo estas filosas
aristas del abandono, el río de cenizas de mi propia sombra,
el sonido hueco del destino, la herida lechosa del escombro
en el corredor de pinos del escombro, recuerdos de manos cotidianas
que, el tragaluz póstumo desnuda en las encías.
Sé que voy ciego de dientes retorciendo múltiples amarillos,
mundos cada vez distantes girando en los relámpagos: hay candados
por todas partes gastados por el moho, hachas de todo tamaño
de desolación, a veces frondas con centímetros de herrumbre.

En la entraña muerde la boca de la noche, quemo el incendio
de los viejos periódicos, amanezco en la costilla de los paraguas,
sin ningún horizonte con la luz a cuestas dentro una mazmorra.
¿Hacia qué boca de sal me lleva este delirio,
el suspiro que a veces yerra en las piscuchas, brutal como el cuerpo
extenso de la muerte, lluvia tras la muerte de los pensamientos,
vívido rapto de un ciego frente al espejo, piel agotada
en la maroma de las sombras, en el bosque largo de las vísceras?

Un día habré de saberlo. Un día, clausurados todos los hermetismos,
las semejanzas y las diferencias, los arrepentimientos, los cargos
de conciencia del soliloquio de la marioneta, el monólogo
de los zapatos de lo efímero, la herradura del ciempiés de la calvicie.
Un día de risa de mendigos. Un día invernal, congregada la lluvia
en mis sienes, sin la caja de Pandora maloliente, con la vehemencia
y el agua quieta de las acequias. Descalzo, siento la sordidez
de los guijarros y la rigidez del suelo y el rito ardiente de las hormigas.
Después de todo, soy mi propio espejo: vivo y me oigo,
me hundo, pero ¿quién no se hunde en la barba de la hojarasca,
en la bóveda que los mismos pensamientos van construyendo?
Vivo pese a todo. Cada vez el poema es mi casa.
El poema, digo, que me permite seguir muriendo en el grito.

Barataria, 22.II.2012