domingo, 29 de abril de 2012

CONTINUACIÓN DE LA MEMORIA


 Yo ya entonces con la luz a cuestas de lo que pudo ser y no fue, velando el paisaje
 a través de los horarios, inflando vejigas de delirio en el ocio, manoseado por el pañuelo
del calendario, eructando los adverbios de la muerte,...
Imagen tomada de Miswallpapers.net




CONTINUACIÓN DE LA MEMORIA




De nuestra memoria, las sábanas derretidas del sudor, la lengua extendida en el picoteo del horizonte, el río fermentado de la escalera, mismo que se vuelve persecución del día con todos sus afanes. Ante cada jornada, respiramos los paracaídas de la indulgencia, el poema después de todo que nos hace perdurar en la fonética del sueño: sucede que en cada página verde de la noche, cambiamos lo errátil, por decisivos relojes; apretamos el catálogo de la esfera terrestre, grabamos en el granito aquellas apostillas que seguramente estarán arraigadas a los párpados de la historia. Y qué mejor que bañarnos en el tragaluz de las puertas, en las aguas permanentes de las buganvilias. (La memoria siempre es una sombra cocida a fuego lento en el museo del alma. De otro modo dejaríamos de ser personajes de nuestra propia novela: la vida con su juego de puntos y comas y culpas. Sólo aquí se da la cara, lo demás, lo real, es mero artificio. Nada es más simbólico y definitivo que la memoria, fogón del pasado que se vuelca en algún presente, —Vos, célebre al ver la luz sobreviviente en el después del camino andado.) Yo ya entonces con la luz a cuestas de lo que pudo ser y no fue, velando el paisaje a través de los horarios, inflando vejigas de delirio en el ocio, manoseado por el pañuelo del calendario, eructando los adverbios de la muerte, dejando pasar los rostros que una vez fueron incendio. No hay escases de memoria, si acaso, desmemoriados que invaliden los puntos suspensivos del orgasmo. Después de todo, sigo colgando asteriscos en las paredes y en el cancel de la transpiración del poema.

Barataria, 22.IV.2012

sábado, 28 de abril de 2012

APUNTES PARA LOS DÍAS POSTREROS


A menudo los brazos son yermas cobijas en donde el único bajorrelieve
es la almohada arrugada del sudor; luego el tintineo de las sienes como gotas
lentas de incienso bajando hasta los tobillos.
Imagen tomada de Miswallpapers.net




APUNTES PARA LOS DÍAS POSTREROS




Impecable la silla que prolonga la caligrafía del paisaje en los ojos de la tinta cuyo aliento de linterna me conduce a los lugares más recónditos de la conciencia. Vengo de andar para asistir a los días postreros de la ceremonia del mendrugo del espejo en los párpados o de la vianda suculenta; en todo caso, hay metabolismos y simbolismos que están ahí, en el brasero de la tinta, muy a pesar de las barreras que nos ponen los tapiales: alguien habrá de danzar junto al fuego yuxtapuesto de las incandescencias, descubrir la claridad de los jardines bajo la lluvia, las semanas solares devoradas, los remos prolongados de la saliva en el relámpago, aquel oasis del ombligo donde el vacío tiene ápices verticales y dispersos trampolines de abecedario. De la crucifixión a la catacumba puede verse la pocilga de alma, de algunas almas dispersas todavía en medio del rastrojo. A menudo los brazos son yermas cobijas en donde el único bajorrelieve es la almohada arrugada del sudor; luego el tintineo de las sienes como gotas lentas de incienso bajando hasta los tobillos. (Ante todo, siempre he pensado en los disparates de la misericordia, porque no existe, sino en el dar después con intereses intolerables. Tanto un crucifijo como un pasamontañas son parte de la indumentaria del melodrama que hacemos, como si se tratara de escribir aforismos. Por eso censuro las prácticas obscenas del silbido.)

Barataria, 22.IV.2012

viernes, 27 de abril de 2012

FUEGO LENTO


Cuando ya todo ha hervido, la luz también se va haciendo cansada flor en la masa
del cuerpo, arrugado otoño del tragaluz, sombra reunida en la escarcha de la afasia
 y el mimetismo. La imprecisión rodea las sienes y hasta el asombro deja de ser molino
 de los sueños para convertirse en punto y aparte de la obstinación.
Imagen tomada de Miswallpapers.net




FUEGO LENTO




La anulación es como el fuego lento que va corroyendo el metalenguaje de la ropa de la boca haciéndose instrumento de arqueología, vale decir, tejado cada vez más cerca del musgo, de los pasos menos firmes sobre la piedra conciliatoria de los movimientos. En el momento de la duda, hacia dónde el lápiz mutilado del aliento que se dispersó en la brama de la sintaxis, en el vaso colmado del desinterés, sobre el espejismos oscuro del azogue. Antes de llegar a este punto, me encuentro con la letra muerta del olvido haciéndose capital omnipresente y a veces, perversión funeraria del Paraíso. Todo cabe después de todo al pie de la almohada, al otro lado sin excusas del sollozo, bajo el apretado ojo de las esferas, en el reloj ahuecado de tantas preguntas sin respuesta. Cuando ya todo ha hervido, la luz también se va haciendo cansada flor en la masa del cuerpo, arrugado otoño del tragaluz, sombra reunida en la escarcha de la afasia y el mimetismo. La imprecisión rodea las sienes y hasta el asombro deja de ser molino de los sueños para convertirse en punto y aparte de la obstinación. A fuerza de buscar lo imposible, llega lo posible con urgencia: la meditación que celebra lo leve sin malicia alguna. Los pasos enteros en la hojarasca reflejada en el cántaro compartido del manifiesto del alma, el escalofrío mojado de los pies sobre las estrellas amarillas de la fuga. (Siempre así, tus pasos, desnudos en el meñique del alfabeto, andando sobre el desorden de mis pensamientos.)

Barataria, 26.IV.2012

jueves, 26 de abril de 2012

MUNDO PERDIDO ENTRE FANTASMAS


Cuando despierto, ya el cuerpo es esa historia que alguna vez sentimos: la boca en el acantilado
de la cerradura como otro dolmen en la vendimia del granito. Como el despojo dentro
de los ojos, como la llama olvidada en el envés de los abanicos suplicantes del hisopo.





MUNDO PERDIDO ENTRE FANTASMAS




Es este el mundo donde los vientos soplan siempre a deshoras del vaivén del fantasma que muerde las sienes del frenesí dejado en la escarcha de las cucharas que cuelgan como aperos de labranza en el cielo, debajo de las axilas negras de la sombras. Las heridas lanzan bocanadas de tragamonedas, lámparas oscuras cubiertas de candiles, navajas con guantes como semáforos en las ventanas del día: hemos ido acumulando la herrumbre día tras día hasta que la metástasis consume el aleteo de los puntos cardinales, la bitácora incandescente de los párpados, sobre la gaviota que murmura en la saliva del litoral de toda la toalla ajada del cardumen. (Debo pensar en la excavación de las entrañas de la zona de incoherencia de los túneles con la penumbra solemne del vértigo, agujeros multiplicados, similares a la tristeza que producen los espejismos.) Hoy, como ayer, lacerado por la niebla de telarañas, cortinas de obsesos espejos plenos del eclipse voraz dejado debajo de la almohada del candelabro de ceniza como otra derivación de la fertilidad del escombro. Cuando despierto, ya el cuerpo es esa historia que alguna vez sentimos: la boca en el acantilado de la cerradura como otro dolmen en la vendimia del granito. Como el despojo dentro de los ojos, como la llama olvidada en el envés de los abanicos suplicantes del hisopo. Entre fantasmas, el ánfora del alma en llamas…

Barataria, 25.IV.2012

miércoles, 25 de abril de 2012

PROVOCACIÓN DE LA MISERIA


Me canso en los días sin reposo del hambre: ocurre que la vida forcejea
 con la muerte, y vos envilecida sombra sobre el taburete no leído del aliento,
 queriendo escribir un cuaderno inverosímil de ojos hedonistas en medio
 de la penumbra como otra forma del poder institucionalizado.
Imagen tomada de Miswallpapers.net




PROVOCACIÓN DE LA MISERIA




De repente descubro el racimo de fachadas dormidas al sol,
Forro de bandera con estrechos invisibles.
PAUL ELUARD




Siempre en el banquillo de los acusados no faltan los adjetivos atroces y paupérrimos. Todo parece ser un revés a los días de esplendor: ahora aúlla la camisa apretada de la asfixia con sus erratas de ojo inquisidor. Siempre pensé viajar en carros no blindados a la Esperanza, pero todo es vil trampa de los supremos poderes del Estado; sucede que dejamos de ser protagonistas de sueños para convertirnos en el ejercicio genuflexo de los inodoros, en ese estandarte full de los mítines, soportando lo irreal en donde nos mete la piedra de la codicia. Juego a soñar con figuras humanas diferentes al duelo que vivimos, porque permanecer es mucho más miserable que la miseria del retrete o el petate, —que vos o yo, bajo los bueyes de la aspereza, madurando en la piladera(1) torva, opaca del nudo ciego de la partera de la oscuridad. En una o varias palabras, siempre el rumor de náufragos, (siempre lo hemos sido, en número y destino; en pasado y presente, babeamos en la mortaja del espejo del asedio sin la posibilidad de quitarnos el hastío y esa opresión a la dulzura que debiera reinar entre nosotros. Siempre me acompañas con tus uñas de laberinto, con mi valija tirada a temprana hora de la mañana a la estación de las agujas, ¿también vos?) Me canso en los días sin reposo del hambre: ocurre que la vida forcejea con la muerte, y vos envilecida sombra sobre el taburete no leído del aliento, queriendo escribir un cuaderno inverosímil de ojos hedonistas en medio de la penumbra como otra forma del poder institucionalizado.

Barataria, 24.IV.2012




(1) En El Salvador, mortero grande. Se construye en un trozo de madera, disponiendo en la parte superior de un hueco. Allí se colocan los granos de arroz o café, donde se pisan con un mazo de madera para quitarles la cáscara.

martes, 24 de abril de 2012

ESPEJOS ALEATORIOS


(Siempre estamos en aprietos ante los juegos del azar de la locura:
nos sucede cualquier cosa cuando medimos las distancias de la hoguera,
el zumbido de la abeja en la tabla de multiplicar.)
Imagen tomada de la página virtual/.city-data.com/forum




ESPEJOS ALEATORIOS




Contra el equilibrio, la aleatoriedad de los espejos; el destino de los mapas crece en el relincho de las aguas, el matorral de sombras, las sombras como una centella del tejado que respiramos en el horizonte de la carne. No es suerte o azar, ni juego con naipes el alma que desgasta sus horas en el reloj como otra forma de respirar y traspasar la muerte; al abanico del aliento, le doy mesa y manteles, por si acaso en este no saber nunca dónde está el ojo de la piedra, la tribuna de los senos como una puerta sin oscurecer en la carpintería blanca del cuaderno de la vida. —Como uno nunca lo sabe, es necesario un oráculo en los ojos, —entre vos y yo— el frutero desbordado en la cuchara con el vaso repleto de aurora; y claro que no es fácil habituarse a un solo movimiento, es necesario copiarle al viento su caligrafía, quizá aprender a vivir en las distintas formas que tiene el zigzag de la lujuria. (Siempre estamos en aprietos ante los juegos del azar de la locura: nos sucede cualquier cosa cuando medimos las distancias de la hoguera, el zumbido de la abeja en la tabla de multiplicar.) Cierto es que somos espejos hasta el tobillo; cierto que los imanes tienen su propia escalera; nosotros, únicamente, el drenaje de los juegos interiores, y un poema de burbujas en la diadema de tu ombligo. Nosotros, siempre, el ser de la conjetura transitiva, la sombra sin secarse en el espejo. El horizonte abierto de la olla, elevada al derroche del hervor.

Barataria, 23.IV.2012

lunes, 23 de abril de 2012

INCERTIDUMBRES


Una y otra vez los deudos en el palo encebado de las conferencias de prensa
o declaraciones conjuntas, el sueño de cada día, lento paraguas del aire en el murmullo de la salmuera haciéndose arcilla, ciega corriente que hace descender el rocío hasta el lupanar del cieno.




INCERTIDUMBRES




Dentro de los ojos, la duda y la perplejidad; bajo otros tiempos, los tiempos nuevos después de la derrota: la dialéctica de los jardines es esa negación condenatoria de los sueños. Todo nos parece un extravío de la historia, pero no es ella ni el poema: agonizamos en la fiebre de nuestras propias elucubraciones de caudillos de la noche, negamos toda claridad posible a las palabras al punto de venerar la oscuridad, aunque ella sea sitio sólo para depredadores, idólatras y narcisistas. Desvelamos para velar, después nuestra propia estatua y otros símbolos que nada tienen que ver con la Gracia. Una y otra vez los deudos en el palo encebado de las conferencias de prensa o declaraciones conjuntas, el sueño de cada día, lento paraguas del aire en el murmullo de la salmuera haciéndose arcilla, ciega corriente que hace descender el rocío hasta el lupanar del cieno. ¿Hacia qué nuevos desamparos nos lleva esta falsa ternura, las plumas del sollozo en el respiro de los amantes, los muertos que nos pesan en alforjas desfallecidas, sedantes que ponen de rodillas la inocencia, la frágil sombra que aun sostiene los párpados? Llevamos clavada la melancolía en las arterias, las agujas se desplazan como hormigas sobre el sexo petrificado de lo inefable: no sé, ahora, hacia dónde vamos, ni a qué horizonte nos sublevamos, ni qué calles masticarán cadáveres de odio en el cascabel de la incertidumbre. Sabemos del lugar de donde venimos, por eso estas semanas mojadas de ansias, por eso el gemido del faro que se cubre en el crepúsculo.

Barataria, 23.IV.2012

domingo, 22 de abril de 2012

DESNUDEZ ENDEMONIADA


Entre el océano del pálpito y el de la piedra tutelar del ombligo, el abdomen
 a la altura del asombro del mapamundi: aroma de ardillas deletreando la desnudez
del diluvio, a vos, encabritada mientras escribo la primera palabra en el paladar duro de la boca;




DESNUDEZ ENDEMONIADA




La meditación a la hora cero de los zapatos, actos servidos de la lengua en el ápice inefable de la habitación donde la marea interior del aliento se vuelca en el reino cristalino del vuelo e incursiona en el espejo de fuego de los poros ávidos del amplio corredor del aljibe. Entre el océano del pálpito y el de la piedra tutelar del ombligo, el abdomen a la altura del asombro del mapamundi: aroma de ardillas deletreando la desnudez del diluvio, a vos, encabritada mientras escribo la primera palabra en el paladar duro de la boca; el reino, —nuestro reino es éste—: una vez, lectores en el tránsito de los poros, en el flash back de la curvatura de la pelvis hacia el libro vehemente del orgasmo, aquí entre los dos, la tinta respirándonos con su oficio de amaranto, avanzando en el diseño del jadeo, hasta escribir el poema, deshecho el ojal de la bocacalle, derramado en el ojo del calendario. En consecuencia, toda la ropa nos estorba, más cuando ya hemos roto los pespuntes del aliento, la sábana despedazada de la saliva, la otredad de la voz encajonada en la memoria. Pasan días de sal intensa, es decir, de mar navegando en su adicción de cuerpo en movimiento; luego el mismo círculo reproduciendo las esquinas, el vaivén de la clarividencia en el reloj esculpido en el vientre. Suben y bajan las manos, la intermitencia del alfabeto, amorosamente demencial en el entrecejo de la pluma fuente sobre el follaje. Arde el pan en la levadura del abismo; las alas, todas, tienen esa ebriedad de la demencia. La piel tuya, abre de par en par, mis ojos ciegos…

Barataria, 22.IV.2012

sábado, 21 de abril de 2012

CIERTAS ERRATAS, POR SUPUESTO…


Ciertas erratas, hacen ininteligible el presente perfecto de la sangre: el cielo
atardece en el deseo, —vos que en la hora vital del pétalo sazón, guardás
silencio ante el estremecimiento; cercenamos con embustes las calles de azúcar
de la madera y el verdor de las fotografías sobre la sábana.




CIERTAS ERRATAS, POR SUPUESTO…




Ciertas erratas, por supuesto, parecen el estío entre la noche y el día: aquí, las sábanas rotas de los jardines, la sintaxis malograda del césped, el destino sin la consonante mayúscula, sin la embriaguez necesaria, aunque con la pereza de la cohesión, la miseria de la brisa sin pupilas. En la mano, el lápiz tembloroso de los rostros, el reino de los cementerios que es de este mundo, sin eufemismos. Con la vara de medir la esperanza, medimos los esqueletos en las autopsias forenses, la duda derrama sus hilos brisa obsesiva, mientras la mandad sigue en el renglón sin punto y aparte, más bien, el puto y seguido se maravilla en el tumulto humoso de los días consuetudinarios, sin que a la hora de la cena, hayan lázaros que enderecen la espiga de la vida, sin los pruritos existenciales de los milagros. Ciertas erratas, hacen ininteligible el presente perfecto de la sangre: el cielo atardece en el deseo, —vos que en la hora vital del pétalo sazón, guardás silencio ante el estremecimiento; cercenamos con embustes las calles de azúcar de la madera y el verdor de las fotografías sobre la sábana. Así, cada errata, aparte de ser una tortura, envenena las fibras de la conciencia, ahoga la fidelidad de aliento. Sin duda, hay erratas amargas como el pensamiento que gime frente a una espada, como el poema en las pestañas del infierno, en ese ámbito del insomnio donde el cuaderno no encuentra el sosiego para que la tinta viva en su propio calostro.

Barataria, 20.IV.2012

viernes, 20 de abril de 2012

AGLOMERACIÓN ESQUIZOFRÉNICA DEL CREPÚSCULO


Como el fondo envilecido de los antros, la violencia viva en la lengua, nubes turbias
en el insomnio, fugitivos senos en el violín del riachuelo, frente a la ventana quebrada
del olvido; tengo razones para amarrar mis demonios, morder las uñas del ciprés del seno
desvelado y sobre la sábana, cincelar el granizo rojo del sexo.
Fotografía de André Cruchaga




AGLOMERACIÓN ESQUIZOFRÉNICA DEL CREPÚSCULO




Insisto en la fábula del espejo cada vez que las semanas, intrusas, se meten en mi mente, seguras de que el pulso nunca está sereno en los trastos de la piel donde caen las bocas y pisan los talones y las estatuas frías del tranvía que atraviesa mis ojos. Juro que he visto saltar las ranas de los jardines en medio de las palabras de las horas ausentes, el recuerdo de tantos pañuelos gastados en el terrible labio ecuatorial del abismo del charco de la voz que muerde los grises. En el primer plano mojado por la sed, el crepúsculo parece un grito en el pecho pidiendo auxilio al corazón del polvo del silabario: la aglomeración de plumas es inmensa en los recuerdos del absoluto cuerpo prohibido que disloca la evasión de las manos, los brazos entre dientes, sin cambiar la dirección de la oscuridad, aquella estatua desnuda flotando en mis pupilas con el asombro interior que me producen los paisajes dementes del zumbido. Como el fondo envilecido de los antros, la violencia viva en la lengua, nubes turbias en el insomnio, fugitivos senos en el violín del riachuelo, frente a la ventana quebrada del olvido; tengo razones para amarrar mis demonios, morder las uñas del ciprés del seno desvelado y sobre la sábana, cincelar el granizo rojo del sexo. Tal el techo agrietado de los murciélagos, los barcos jugándome la alegría, la fresca sangre de la espiga exprimida por las campanas. El crepúsculo se aglomera sollozando como una golondrina tras el estertor de caer sobre una piedra.

Barataria, 19.IV.2012

jueves, 19 de abril de 2012

ESPUMA SOBRE LA VENTANA DORMIDA


En el cielo verde del brócoli, la selva del sueño con sus dientes afilados,
 la fiebre del sudor amanecido como esa ciega dolencia
del vinagre junto al pájaro alargado de los ruidos.
Fotografía de André Cruchaga




ESPUMA SOBRE LA VENTANA DORMIDA




Cada amanecer sirve para recomponer las horas gastadas del día anterior, sobre todo cuando los jardines se han vuelto abominables y se respiran escombros de insomnio alrededor de los inviernos de las sombras de los lirios difuntos del sentimiento. En realidad, el nosotros resulta un atropello de bocas sometidas a lo vacuo; para los suicidios hay un museo de poemas, donde la brutalidad aparece repetida en la pureza degollada de los pañuelos: salta la espuma del asfalto a la ventana, de la semana a la levitación de la memoria, de la alegría a las ojeras del paisaje, a la garganta ahogada en la piedra insoluble del granito vuelto herrumbre permanente. Busco una voz. Buscamos, —con todo y los absurdos de la locura—el ancla que nos deje aprender la lección de la niebla sobre el agua, o la luz del aliento sobre el otoño. Nadie puede seguir gastándose en subir y bajar la escalera de la penumbra, cuando la sábana se vuelve agrio nombre, caos y cinismo al momento de transitar los ijares de las callecillas estrechas y oscuras de la saliva. Por suerte, todavía tenemos en el cuenco de las manos, el agua azucarada de las categorías dialécticas del chichipince, de la remolacha en pedacitos de la ensalada. En el cielo verde del brócoli, la selva del sueño con sus dientes afilados, la fiebre del sudor amanecido como esa ciega dolencia del vinagre junto al pájaro alargado de los ruidos. Por supuesto, el sueño perfecto no existe…

Barataria, 18.IV.2012

miércoles, 18 de abril de 2012

martes, 17 de abril de 2012

SOMBRILLAS DE LA MUJER QUE DUERME DESNUDA


Hay hongos que desatan claridades impensadas, redes que hacen vibrar las pupilas,
estación transparente de manteles en donde el fondo lo ocupas con tu imán de estatua desnuda.
Imagen tomada de la página virtual/.fotofrontera.com





SOMBRILLAS DE LA MUJER QUE DUERME DESNUDA




Es invención mía hurgar en las telarañas del jardín, a la altura del techo con arcas y espejos y ecos y telones para una escena de teatro. Hay hongos que desatan claridades impensadas, redes que hacen vibrar las pupilas, estación transparente de manteles en donde el fondo lo ocupas con tu imán de estatua desnuda. Entre vos y el mosquitero, el cielo falso del cielo con su filo bordeando el tejado, el lecho donde todo se confunde: vuelo, anhelo, deseo, —copula la sombrilla imaginaria de la desnudez sobre el trópico sinuoso del cáliz; la desnudez está ahí, aun cuando la ropa permanezca como polvo cubriendo el estupor. El incienso perpetúa la manía de armar el rompecabezas del hálito, quitar la túnica y sumergirme en el rincón del sueño. Claro que el tacto derriba las sombrillas, esos palos curvados, extraños en su sonámbulo paraje de vigías: la noche es tan material como las vestiduras, como el pubis intenso, alto del pedestal encendido del embrujo. Aquel abismo es cierto en su resplandor: y no necesito la razón para entenderlo; me es suficiente la voluntad incesante, vos uncida al galope de mi vértigo, con el pecho tañido de campánulas y el vientre listo para recibir esta ciega ternura, la aurora en el lecho sin negarnos nada, tiempo de ajetreos sin harapos. Tiempo que se hace cuerpo a cuerpo con los efluvios de la muerte.

Barataria, 16.IV.2012

lunes, 16 de abril de 2012

PLUMA FLUENTE DE LA DEMENCIA EN EL BOSTEZO

Cuando la carne se torna mundo alado de alturas y vahídos, la demencia
es un deleite en el desván de la hoja del cuaderno, embrujo acaso
del sonambulismo de la existencia, germinación del parpadeo a raudales, verdad que no oculta el relampagueo del reloj en el estrépito del murmullo.
Imagen tomada de la página virtual/freepik.es





PLUMA FLUENTE DE LA DEMENCIA EN EL BOSTEZO




Y la pluma del pájaro, convertida en tinta, me asiste en el conjuro de la nostalgia. Lo postrero siempre se intuye en el aliento de lo intruso: el silencio quiebra todo lo que transcurre. Crece la intimidad del aire en el polvo. Aunque sea fugaz, el arcoíris desploma las sombras del tejado y deja su estela hiriente de ramas en el bostezo; al cabo, así sucede en el pozo de mis sueños, en ese festín de dardos que caen en mis sienes. Cuando la carne se torna mundo alado de alturas y vahídos, la demencia es un deleite en el desván de la hoja del cuaderno, embrujo acaso del sonambulismo de la existencia, germinación del parpadeo a raudales, verdad que no oculta el relampagueo del reloj en el estrépito del murmullo. Siempre ante el cuaderno irresistible del hervor, la raíz del delirio en su entrega de ojos galopantes; vértigos, después de todo, ante el destello maduro del fuego. (En mi propia demencia, los memorándums del invierno con su copiosos desvaríos de ciegos goteros. En la laboriosidad de las ramas de la escritura, el cuerpo vasto de las enredaderas, el hollín laborioso de las escaleras.) Y, como si fuera poco, allí, mis harapos como la indiferencia, como el equipaje roto colgando del sombrero del tiempo.

Barataria, 15.IV.2012

domingo, 15 de abril de 2012

CREPÚSCULO PINTADO AL CARBÓN


De pronto me doy cuenta que son innecesarios tantos crepúsculos como rieles
en la alacena de los trenes que se alejan y en la distancia, inclinan la atalaya
de la noche. Me conmueve el color despeinados de los tejados, la escoria acumulada en la saliva,...
Fotografía tomada de la página virtual/turismoenfotos.com




CREPÚSCULO PINTADO AL CARBÓN




En medio del sueño, inauguramos crepúsculos con la imagen esparcida de la leña quemada del último pesebre de la ternura. En ese lugar, el hollín no sólo muerde la lengua, sino también, el fósil de los anteojos, el asfalto salpicado de ojos, los tantos años de los papiros mojados en las acequias del devenir, el juego de las crayolas en el grifo del horizonte, la tristeza acumulada en los carámbanos del vaho. De pronto me doy cuenta que son innecesarios tantos crepúsculos como rieles en la alacena de los trenes que se alejan y en la distancia, inclinan la atalaya de la noche. Me conmueve el color despeinados de los tejados, la escoria acumulada en la saliva, la dislexia que desparrama la esencia de los fósforos, tanto tic tac resbalando en las plumas de la ceniza: el lenguaje deja de ser azúcar en la bifurcación del camino, para convertirse, detrás de los vitrales, en simple onomatopeya del estupor. (Cada vez, —vos y yo—, pintamos crepúsculos diferentes: ya no son los de la infancia, ni los de la juventud; hemos perdido cuanto las sábanas nos dieron; nos aturde el aire de los paraguas aglomerados en las aceras; rotos los encajes del alba, quedamos a la deriva del ciempiés de la piedra oscura de las miradas. Aun así, caminamos. Caminar es primordial en esta locura)…

Barataria, 14.IV.2012

sábado, 14 de abril de 2012

AÑADO CLARIDAD A LOS SONIDOS


Cada día, pues, añado claridad a los sonidos, o los sonidos, diversos,
galopantes, añaden claridad a la hoja lunar de la proeza:
a la danza del armiño en el bosque del calendario.
Imagen tomada de Miswallpapers.net




AÑADO CLARIDAD A LOS SONIDOS




Cuando el cardo sangra en mis poros, cuando el ixcanal gira en torno a la sábana, cuando el reloj es envuelto por el hierro encajuelado de las verjas, cuando hay fuego que lame el litoral de la lengua, cuando el viento de apodera de una vara más del aliento, cuando las manos dejan de ser el ala del día, debo apresurarme al candil o al espejo, al kerosene y la mecha sobre los adoquines, al mineral y al palo para hacer el fuego. De otro modo, no puedo escuchar ni ver los sonidos, el encaje de la ventana diluida en mi boca. Llevo días en el rompeolas de los corales: en cada ala de la ola, se alarga el violín de la espuma, el papel celofán de la arenilla que se va acumulando, lentamente, en las pupilas. En cada guante del grito, —guantes de altivo faro—, el jardín nevado del cierzo, alrededor de mis sentidos primarios; no hay poema que valga más que la exactitud de la mesa servida y el pan, precisamente de tus senos, el despojo púbico en el relieve del mantel. Así, las palabras, se tornen charcos de luz, techos comestibles, tempestad acústica del arado sobre el ala alargada de los abanicos. Cada día, pues, añado claridad a los sonidos, o los sonidos, diversos, galopantes, añaden claridad a la hoja lunar de la proeza: a la danza del armiño en el bosque del calendario.
Barataria, 14.V.2012

viernes, 13 de abril de 2012

DENSIDAD DEL TACTO


Las manos callosas sólo tocan las molidas convulsiones del guijarro, el balasto
con que se eterniza la dureza del tiempo: ya no hay piel suave, sino carroña para los cuervos;...
Imagen tomada de Miswallpapers.net




DENSIDAD DEL TACTO




Supongo que con el trajín de las calles se hace más denso el tacto, aunque parezca perturbadora la horma de los zapatos ajenos e inclusive los propios. Al terraplén asfaltado lanzo mis querellas, el ripio casi húmedo del cuchicheo, la hondura que tanto necesito de tu cuerpo para avanzar en la luz que la noche muchas veces me ha robado. No sé a qué tiempo obedezco, ni qué destino me proclamas con esta boina de luto y este paraguas de sienes raídas por el tráfico: deambulo del tronco del árbol a las hojas, amarillas las alas de centavos, entre estatuas que apenas deletrean los jardines. Las manos callosas sólo tocan las molidas convulsiones del guijarro, el balasto con que se eterniza la dureza del tiempo: ya no hay piel suave, sino carroña para los cuervos; los dedales no me sirven para leer tu cuerpo, ni para hacer las cuentas bursátiles de la historia. Ahora es tiempo de sombreros estériles, de terminar con los pensamientos abortivos, a fin de cuentas, únicamente espero la hora nona para bajar los andamios de la herrumbre, —y, boca arriba— gesticular mi propio monólogo, curar la picadura de los reptiles, lanzar mi propio bestiario a la atmósfera. Supongo que nada queda por salvar porque todo origen conduce a su fin. El fin es éste: el poema como una puerta de espejos, a través del cual gira la alacena del sahumerio.

Barataria, 12.IV.2012

jueves, 12 de abril de 2012

APUNTES ILEGIBLES


¿Quién leerá los sueños en los astilleros desahuciados por el delirio
de las cortinas, en los aeropuertos con ojos inaprehensibles, cientos de caras
 allanando los caminos, el polvo extraño que levantan los perros en cada humo de deletreo?
Imagen tomada de Miswallpapers.net





APUNTES ILEGIBLES




Cabeza, cráneo, ojos, boca, pupilas, todo será humo o polvo, salobres escaleras del arcano. Ya la estridencia del tatuaje afiebra la poca vida que tenemos. ¿Quién leerá los sueños en los astilleros desahuciados por el delirio de las cortinas, en los aeropuertos con ojos inaprehensibles, cientos de caras allanando los caminos, el polvo extraño que levantan los perros en cada humo de deletreo? ¿Qué pasará con mi cuaderno después de inventariar escaleras, eyacular al cielo como buzo ciego en un País igualmente ciego, argumentar el trópico en la tinta desparramada? Lo cierto es que, —ninguno de los dos: vos, yo—, entendemos la sal de las gaviotas en la oratoria de las olas, la carcoma de los cardúmenes como lápidas en la frente, la fundación del insomnio sin antorchas, este postrero telegrama en medio de la viscosidad del alba. Debo suponer que no estamos preparados para entender los presentimientos, el día a día que habita en nosotros como un alpinista que sube a la séptima atalaya del subconsciente. Después de cesar en los manuscritos del sepulcro, seguramente habrá más preguntas que respuestas: nosotros, simplemente, dentro de los túneles ilegibles de la materia, diremos: el entresueño nos gastó en escalofríos hasta hacernos sangrar en el desenfreno; ahora podemos irnos en paz, sabiendo que el deletreo será diluvio una vez más.

Barataria, 04.IV2012

miércoles, 11 de abril de 2012

COMO LA MIEL DE LAS ABEJAS, DELIRIO DEL COLOR


Enrollo en mis dedos la miel derramada en el pasamanos del panal; a menudo,
es absurdo el elefante colgado de las palabras, los gestos de la roca a tanto
s años luz de la puerta al carbón que nunca abrió el absurdo para inventariar
 las vocales perdidas, las sílabas líquidas del prisma diluido en las begonias.
Imagen tomada de la página virtual/consultatodo.com





COMO LA MIEL DE LAS ABEJAS, DELIRIO DEL COLOR




Como la miel de las abejas, la trementina del pino en el delirio a media luz de la ventana, el olor rubio del rito, a veces también la sed en el resplandor del infinito. Todo se agolpa en el espacio del pálpito. A menudo, todo es delirio y destino. El ala me lleva al juego del encaje de las hojas escondidas que caen de los espejos de más allá del rebaño del picoteo de la red tejida alrededor de los pájaros. Enrollo en mis dedos la miel derramada en el pasamanos del panal; a menudo, es absurdo el elefante colgado de las palabras, los gestos de la roca a tantos años luz de la puerta al carbón que nunca abrió el absurdo para inventariar las vocales perdidas, las sílabas líquidas del prisma diluido en las begonias. Como los catálogos, estamos destinados a permanecer expuestos dentro de esa vitrina hosca del calendario: filtramos el chorrito de azúcar a través de las rendijas que nos dan las sábanas, las pupilas del búho sobre la franela de nuestros poros, cansados a ratos del guijarro, de la extremidad rota de los abanicos. No sólo es delirio el color negro del musgo, sino los aserraderos rompientes de la madera, el clímax rojo en las almohadas trituradas del tabaco en los senos del arco íris, cuando locos nos alineamos en la solapa de las cáscaras de piña para hacer de la fermentación, una salida al bosque del tapiz. Sobre la mediagua del tejado, disuelta la santidad del ala, —vos y yo, deshacemos el nudo de las sombras hasta cruzar el refugio de las abejas, y luego, en ese instante preciso, confeccionamos un cuaderno cerrado con llaves y, adentro, desde luego, la luz del armiño.

Barataria, 10.V.2012

martes, 10 de abril de 2012

Y DE PRONTO, ENTREABIERTA, LA BOCACALLE DEL SIGILO


Siempre la temperatura está del tamaño de un eclipse solar:
vos en la bocacalle envenenándote de muertos;
yo, tratando de descubrir los colores primarios
del auxilio en medio de este aire viciado de la historia.




Y DE PRONTO, ENTREABIERTA, LA BOCACALLE DEL SIGILO




Y de pronto, abierta, la bocacalle de la respiración, la costumbre de disfrazarnos en medio de la gente, a través de los gestos delgados del fluir de la conciencia. Antes, por lo menos no era tan visible la rapacidad: hoy transcurre turbia, permanece como la usura aprendida sin candados; en la puerta o ventana, mis monólogos, este aliento agrio de la peregrinación; a ello agrego la hojarasca que sofoca el viento, tus gemidos devorándome hasta quebrar la uña del aguante para luego bramar de hambre sobre las piedras. (Vos o yo, hundidos en el autoritarismo de la tempestad, torpes en la persecución del bien vivir, sin que podamos ponerle manteles a la mesa de la armonía: ante el horror, ya no resisten los pulmones, ni siquiera el ciervo de la paciencia que fue nuestra mejor consigna.) Siempre la temperatura está del tamaño de un eclipse solar: vos en la bocacalle envenenándote de muertos; yo, tratando de descubrir los colores primarios del auxilio en medio de este aire viciado de la historia. Sé que tal descubrimiento, podría llevarme a la transgresión del acordeón que escandaliza mis manos, pero, después de todo ¿a quién le interesa? Nosotros siempre despertamos tragándonos toda la oscuridad dejada en los antros. Mañana no será distinto. Pobrecitos nosotros, tratando de explicarnos la oscuridad. Es inútil cualquier revelación que hagamos. Nadie se asombra, salvo los que tienen, previamente, un salvoconducto.

Barataria, 09.IV.2012

lunes, 9 de abril de 2012

HONDO ESPESOR DE LA SALMUERA


Cuesta abajo, rutilante cada destello de la lágrima en el paladar duro del eco:
allí, en cada poro de la cara, muda embriaguez de las horas, siempre insinuando
 días sin alternativa de resguardar las entrañas.
Imagen tomada de la página virtual//vivencias.wordpress.com




HONDO ESPESOR DE LA SALMUERA




De nuevo el rocío sobre el escombro que va acumulando la espuma del horizonte en el calendario; rota la entraña, quedan a la deriva las campanas, el labio en kilómetros de fugacidad de luz: tierra prolongada del suicidio, así, al pie del cascajo que los huesos han ido extendiendo en ese malabarismo raudo de la salmuera. Llevamos a cuestas los pétalos abombados del hervor y sobre éste, los postreros siglos del insomnio, el adusto animal de la tristeza, allí el fósil sajado de los pensamientos, aquellos cementerios petrificados en lo arduo que resulta el paisaje en la lupa de las trincheras. Honda es la sal que palpita en el pozo gravitacional del pecho. Cuesta abajo, rutilante cada destello de la lágrima en el paladar duro del eco: allí, en cada poro de la cara, muda embriaguez de las horas, siempre insinuando días sin alternativa de resguardar las entrañas. No he dormido desde la destrucción de las ventanas, aquéllas ensimismadas de hojas alrededor de las palabras; ahora, me baño con los juegos dulces de la sal, braceo en el rumor encarnado del río-ojo de mi fogata líquida. Frente al espesor de la vigilia, mi único presente es la utopía.

Barataria, 08.IV.2012

domingo, 8 de abril de 2012

MIMBRE DE VÉRTIGOS


¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo las quemaduras en la piel serán parte
de la encarnación del prójimo, del día a día amargo del vacío,
palabras insalvables como el garrote en dolor?
Fotografía de André Cruchaga




MIMBRE DE VÉRTIGOS




No existe el sosiego, sólo el vértigo de los muertos. La protesta ante la cueva de las sombras, los bosques oscuros de saliva, el trance de los cuerpos en su propio sudario. Nos mordemos uno al otro, irradiando el vejamen, el miedo ante las melodías del sonambulismo, el rumor sepia del árbol sin sombra, —de nuevo la Esperanza cortada por el Sistema: nos envuelve la soledad como el pájaro en su jaula, como las calles maltrechas de las esferas sin rumbo, en el antro agónico del aliento en el pozo macabro. El tiempo desoye nuestra respiración; amanecemos en la ladera de la dilapidación de los bolsillos sin poder hacerle pespuntes a las facturas y recibos, estremecidos por el hachazo letal de la jurisprudencia, de pronto salpicados por discursos inevitables: mientras el poder embriaga a unos; a otros, los hunde, roba la tibia sábana del pájaro, derrite la herrumbre en la garganta. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo las quemaduras en la piel serán parte de la encarnación del prójimo, del día a día amargo del vacío, palabras insalvables como el garrote en dolor? Siempre estamos más cerca de la eternidad de los cementerios; no hallamos escondrijo seguro para lamer nuestras llagas, ni reflectores para ver nuestros sueños mordidos por el despojo inclemente del fango. Nunca vinieron los días de luz que esperamos. Siempre la procesión del sollozo sobre la piedra del tiempo.

Barataria, 07.IV.2012

sábado, 7 de abril de 2012

FRAGANCIA DE ACEQUIAS


El ojo desciende hasta lo inadvertido: el cántaro de la tarde con su pliegue de sábanas,
 la tierra ebria de nombres, con los pecados capitales de la prosapia.
Imagen tomada de la hoja virtual/estanques.net





FRAGANCIA DE ACEQUIAS




Aún es verano, pero las nubes juegan al gua bajando escaleras profundas, enredando sus trenzas grises en el puerto de los ojos. Leo la ceniza de la tarde cuan do se adentran a las acequias del aliento, —sombreros de viento, la fronda de la tinta que salpica de huracanes el universo; luego el extravío en el prontuario amarillo de los anaqueles, el paladar en tránsito del desasosiego. Gimen las luciérnagas en los afluentes del horizonte, la piel y las manos, de pronto, indocumentadas, desnudas en su dentadura de palabras; de esta forma muerden los peces la porcelana de las horas, el cuerpo del oleaje de las hormigas, la sombra de la luz que muerde los relámpagos con su lengua cíclope de fuego bestial. El ojo desciende hasta lo inadvertido: el cántaro de la tarde con su pliegue de sábanas, la tierra ebria de nombres, con los pecados capitales de la prosapia. Con todo y la fragancia de las acequias, me quedo náufrago, esperando un resquicio de luz, mientras la bruma consagra la habitación, mientras leo los barcos que reptan en el insomnio. Después encallo en la cerradura, delirio miserable del espejismo hecho de espejos astillados, tajuillas donde los caracoles rasgan la historia, el libro íntimo escrito en los muelles.

Barataria, 07.IV.2012

viernes, 6 de abril de 2012

CLAROSCURO DEL SACACORCHOS


Desde ambos costados la libido tranza con las gotas de las enredaderas
del trópico; ahí, corre desbocado el olfato, el candil de la liturgia, hasta la honda furia del aullido.





CLAROSCURO DEL SACACORCHOS




En la deshora, la vaca flaca de la asfixia con su lengua moribunda; todo es noche es ese cancel irrisorio que sirve de fondo para hacerle los pespuntes a los fotografías. Sollozan las semanas con su terrible boca de carbón: me divierte almorzar con los esqueletos de la farsa, con la porosidad del aire en las calles. ¿Quién es consciente de las estridencias desde el subsuelo, el rostro del animal que zumba en el vaso de sal de los pétalos? Hay días, por Dios, que sudan las partes íntimas de los papiros, hasta convertir ese lugar en un patíbulo. Desde ambos costados la libido tranza con las gotas de las enredaderas del trópico; ahí, corre desbocado el olfato, el candil de la liturgia, hasta la honda furia del aullido. (A menudo las palabras deshacen el juego de los pájaros, es decir, el vértigo atolla la ternura, el aire abstracto de la alegoría de la desnudez tan sustancial en la alacena del claroscuro. Abajo no encuentro la salida después de caminar por largas calles de zarza; cuando atardece, se forman vendavales indecibles en el cuerpo. Otras veces, —las más—trato de no pensar en los pinos oscuros de la desazón, aunque la polea del trapiche siga con sus bueyes de tempestad. De esta forma evito la catástrofe de convertirme en señuelo de la inmisericordia.) En el horizonte la botella de mar flotando en el oleaje, el barandal de la espuma como oleaje.

Barataria, 05.IV.2012

jueves, 5 de abril de 2012

MEDITACIÓN CON LAMENTO


Cada vez se hace más presente la florescencia de la oscuridad, hora
en que el granito libera sus bestias, y tira las llaves al fondo del mar.
 De aquel libro donde aprendí a leer y beber el mar, no queda nada:
lo pervirtió el delantal de la salmuera, el tirofijo de la búsqueda permanente
 en el tubo de ensayo del paraíso.
Imagen tomada de Miswallpapers.net




MEDITACIÓN CON LAMENTO




A ras del aliento, la garganta en la fosa de la brisa. Ante el ahora, el alud de carcoma, los ijares descubiertos, feneciendo a fuego lento en la hornilla del desaliento. Alrededor de las hojas nocturnas, los jardines caducos de las linternas, la boca en las fauces de la calle, la erección de la tinta en la hoja del cuaderno matutino. Entre piedra y follaje maldigo las horas del calendario, los circuitos rotos de la risa en el pedazo de carbón de la tempestad: resuello al ras del suelo de las hostias, entre noche y mañana el surco del día, la voracidad con que caen los tejados en el grano oscuro de la respiración. A menudo insiste la piedra y el nacimiento de la muerte, el vasto monstruo de los signos del porvenir, el fuego hasta el cuello de la marejada de la sartén en el poyetón. Cada vez se hace más presente la florescencia de la oscuridad, hora en que el granito libera sus bestias, y tira las llaves al fondo del mar. De aquel libro donde aprendí a leer y beber el mar, no queda nada: lo pervirtió el delantal de la salmuera, el tirofijo de la búsqueda permanente en el tubo de ensayo del paraíso. Desperté, aquí, con las manos vacías en el tintero sin conocer otro juicio, que la palabra ciega en la sombra. Pasan los trenes y los cuervos, pasa aquel puñal sembrado en mi pecho…

Barataria, 04.IV.2012

miércoles, 4 de abril de 2012

AQUÍ LAS MANOS


La ladera del tiempo hace su propia cárcava y vuelve inevitable, huidiza,
cualquier forma de la ternura. Allá, ¿cuántos pájaros vuelen en los dedos.
 —pájaros altos, abriendo el rocío, la yema de los dedos iluminada por el alba?





AQUÍ LAS MANOS




Aquí las manos flotando en latido hondo de la boca. Aquí desvestida la garganta a la orilla del viento, con un postrero declive de caballos: hay algo que siempre se torna irreparable aun cuando la respiración carezca de fisuras. Las manos, sólo su imagen al paso de la noche en mi mirada, reflejan los astros rotos que acumuló la sangre en el paraguas del calendario. Huye cuanto de sábana tiene el pálpito; muere el césped a tempranas horas de los dientes. La ladera del tiempo hace su propia cárcava y vuelve inevitable, huidiza, cualquier forma de la ternura. Allá, ¿cuántos pájaros vuelen en los dedos. —pájaros altos, abriendo el rocío, la yema de los dedos iluminada por el alba? Todo el calor y fulgor se ha ido, la paz del perro doméstico que lamía los pies del amo, sólo queda el golpe del guijarro en la campana, la fiebre rota de las sábanas, el polen agotado del zodíaco. Después de todo, en un mundo tan convulso y efímero, hasta el pulso de los manantiales de vuelve proscrito: cada cual, me imagino, combate su propia sordidez, los vientos que crecen conspirando en contra de la aurora. Salud a quienes todavía tienen las manos para asir un rostro claro, en medio de tanta decadencia. Salud a quienes pueden todavía aprehender el paisaje y acercarlo a su pecho, sin temor a extender la esperanza sobre la violencia y el escombro. —Amo tus manos cuando se ciñen a mis besos y a la cadencia del azúcar en la piel.

Barataria, 03.IV.2012