miércoles, 30 de mayo de 2012

AGUAS REVUELTAS


Solíamos, juntos, despedazar las frutas silvestres, allá en aquel chorrito de arco iris,
 cerca del abdomen de las palabras, con la serenidad de una alacena suculenta;
 nuestro oficio era acostar el sueño sin tributos sobre la loma del respiro,...
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AGUAS REVUELTAS




Apenas el invierno se pone en movimiento, tiembla la tela de los poros, los témpanos de la piedra y el búho vuelto mercancía en los emporios del río revuelto. Tiemblan las criaturas sajadas por el horizonte. Escrita está la palabra sangrante, en el escaparate del reloj cubierto de vidrios; he vuelto a leer los panfletos en las muletas de los abanicos, lo digo así, cuando veo tu rostro al trasluz de la compuerta de las hormigas, al galope del ojo tras la puerta, en el vado que me sirve tristemente para divagar mi aliento. Solíamos, juntos, despedazar las frutas silvestres, allá en aquel chorrito de arco iris, cerca del abdomen de las palabras, con la serenidad de una alacena suculenta; nuestro oficio era acostar el sueño sin tributos sobre la loma del respiro, tejer nubes rojas en el cuenco de las manos, surtir los labios de abejas de azúcar, avanzar tras el relámpago sin semáforos. Luego concebimos entre las aguas, las baldosas de la turbulencia, la contemplación que nos dio un largo día, en el universo de las aguas. Nunca nos detuvimos ante las minucias de los minutos, de los anuncios publicitarios de los faroles, sino en las palabras mayúsculas de los odres, no en el teatro cómico, sino en el delantal mojado del deseo, en la alteración dialéctica de la limonada, en los peces que mordían las palabras hasta hacerlas saltar en el invierno. Era constante la fuente como diría Juan Gil-Albert. Es constante el movimiento en la aritmética del delirio.

Barataria, 29.V.2012

lunes, 28 de mayo de 2012

MARGINAL DE TINTA


Desde tiempo hemos tenido esta condición de arado sin surco ni semilla,
desde siempre los brazos ateridos ante el aullido, el absoluto de la cruz
 en las doce estaciones, entonces andamos la noche como locos, seres aquí,...
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MARGINAL DE TINTA




Alrededor de mí, la violencia obscena de los manicomios del día que desuella con furia los pensamientos; la tinta, a ratos, me hace más oscura la noche, este cataclismo en la periferia de los dientes. Me nutro siempre de lo que hay en los vertederos: no existe diferencia cuando se ha perdido la noción de los puntos cardinales, de la tempestad de los que rezan y los que no lo hacen, del que siempre está en la silla vacía del aliento. Recorro centímetro a centímetro las calles para ver si encuentro alguna humanidad, por supuesto evado las carpinterías de lo lúgubre; al término del día, siempre es lo mismo: mi tinta y el cuaderno, el pezón de la noche endurecido. Hay muchos que se nutren con onzas de demencia en la sílaba rota de la sombra de la tormenta: baja el olfato hasta las raíces, conmovido de ahuecados afanes, como la hoja lenta de la angustia cayendo sobre el azote del sollozo. Desde tiempo hemos tenido esta condición de arado sin surco ni semilla, desde siempre los brazos ateridos ante el aullido, el absoluto de la cruz en las doce estaciones, entonces andamos la noche como locos, seres aquí, en el portal de lo inhóspito, masticando la indiferencia; debajo, cartones o piedras, la tinta sucia del piso adentrándose en los poros. ¡Pero somos buenos samaritanos, aun en este suelo donde cavamos nuestro propio luto! El altavoz de la noche arrecia en su delirio, arrecian los habitantes olvidados…

Barataria, 27.V.2012

domingo, 27 de mayo de 2012

MÁSCARAS Y DESPOJOS


De pronto, me he vuelto torpe hasta para contar mi salario, con el rostro sin afeitar
 la noche posesa de la barba, esos pálidos vacíos de hielo de la tinta sobre el calendario,...
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MÁSCARAS Y DESPOJOS




Están allí, sustancias concretas de los contrapesos de la naturaleza humana. Nos vigilan infectados de ahogos, en pleno invierno, sin barquitos, mas bien absortas en las estanterías, en el entorno donde las ramas sirven de nido para las hormigas; máscaras y despojos, pues, es lo que tenemos, sin preguntarle al enjambre de la tempestad por los confusos viveros que cavan en el rectángulo del horizonte. No callan en su adusta musaraña de vigías. Perdí la edad y la memoria de cuando aparecieron, nos invitan al vómito y a la música equivocada de las cloacas; página tras página de los periódicos, hurgo, busco, en las esquelas mortuorias, si ya dejaron de existir, si pueden transformarse, al menos, en visibles adoquines, capataces del desvarío. De pronto, me he vuelto torpe hasta para contar mi salario, con el rostro sin afeitar la noche posesa de la barba, esos pálidos vacíos de hielo de la tinta sobre el calendario, tus manos que restregaron todo el jabón en mi cuerpo, hasta deshacer el cuello y la corbata, —la única de cuero de camello de las sombras. Por si fuera poco, mayo me devuelve a la placenta, retrocedo la altitud de los almendros, aquella geografía de estrofas de mis sueños, hoy, gastados por el sofá del silabario. (Entiendo que aún con los mismos deseos ya no somos los mismos: cambió la velocidad por el letargo. Por supuesto, siempre está la mesa servida del poema, sin el estorbo de las sábanas, sin que dejemos de caminar en ese viaje de proclama del alfabeto.) Aprendimos, después, de todo, a no darle crédito a la insania y a descifrar los jardines pese a la oscuridad, pese no a tus sostenes, sino al estómago vacío del despojo y las máscaras que ahora son más visibles en la lluvia de las antípodas.

Barataria, 26.V.2012

sábado, 26 de mayo de 2012

LOS PLATOS ME ESPERAN EN LA MESA


Desde no sé qué dimensión imagino portales; me enredo en la chatarra acumulada
 en los cementerios, empieza el invierno a caer sobre el estiércol. En la mesa pesan
mis vértebras; al borde del sueño, es decir del hambre, no hay cebollas,...
Imagen tomada de/listas.20minutos.es/lista/culturas-y-costumbres-curiosas-273888




LOS PLATOS ME ESPERAN EN LA MESA




Desde la ventana veo la armazón de las nubes, los nudillos metálicos del cielo, los metros cuadrados que alcanzan a ver mis ojos cuando hay una larga y extenuante oscuridad. Sobre la mesa, las ansias tendidas del hambre: oigo golpes cada vez que el tiempo se marcha; en realidad, esta marcha es permanente. Desde no sé qué dimensión imagino portales; me enredo en la chatarra acumulada en los cementerios, empieza el invierno a caer sobre el estiércol. En la mesa pesan mis vértebras; al borde del sueño, es decir del hambre, no hay cebollas, ni tomates, ni orégano; irrumpen los manotazos del hambre en la tortilla: sobre el mantel juego a la paciencia, escribo algún poema en el dacrón estampado del mantel, pienso en las abejas quemadas de la perplejidad, oigo la carcajada chirriante de la sartén. (Hasta hoy, no he tenido más exquisiteces, que verte inequívoca, caníbal de profesión subiendo la escalera de la piel hasta llegar al cuello, desparramada la saliva en los pies descalzos de la levitación del ímpetu. —Me hablas de otros tiempos: después de todo, pienso que en el País, sigue la lucha política e ideológica; sólo que nosotros para avanzar, sabemos dónde menear la polea, sin revelar nuestro cansancio para no darle lugar al enemigo que nos persiga con obstinadas navajas. ¿Ha cambiado el País? Sí, sobre las cenizas levantamos nuestro futuro.) ¡Vaya, ya tenemos las manos callosas y agitado el nido de nuestro refugio!

Barataria, 25.V.2012

jueves, 24 de mayo de 2012

VIENTO SOBRE GIRASOLES

Mientras camino entre humos y hojarasca, los manuscritos del carbón con el retrato
 de ciertos vestigios. Parecen irreales los pétalos colgando de las ventanas, el escondrijo
 empinado de la ansiedad, la proa de la sombra arqueada, el viejo trabajo del viento,
 casi anónimo, desenfundado destierros debajo de las piedras.
Imagen tomada de la página virtual/bulhufas.es





VIENTO SOBRE GIRASOLES




Cuando los mausoleos abren sus cadáveres a la levitación del viento, los girasoles muerden la brújula del reloj del petate que sirve de lecho a las meditaciones del tranvía de la lluvia. Mientras camino entre humos y hojarasca, los manuscritos del carbón con el retrato de ciertos vestigios. Parecen irreales los pétalos colgando de las ventanas, el escondrijo empinado de la ansiedad, la proa de la sombra arqueada, el viejo trabajo del viento, casi anónimo, desenfundado destierros debajo de las piedras. Entre las semanas me viven haciendo reverencia mientras mueren: hay un aire franciscano y de Rimbaud en todo esto, hacinamiento de galopes, peces suicidas de pedernal, escaleras a la inversa de los pedestales. En las mañanas dispongo de túnicas amarillas y de cierta compañía subterránea: las raíces petrificadas en mis recuerdos, la flor atónica que se pierde en las ramas del sol, los fósiles de las miradas colgando de las verjas, un poco el azote carnívoro del calendario tendido en la inmensa saliva de los contrarios, los que dudan de la demencia como otra facultad de la embriaguez de los sentidos. El estupor o la garganta tienen múltiples perspectivas, las tiene el cristal del ojo con que se mira, el tic tac del columpio que roza los lóbulos, la mujer que se vuelve ráfaga en una melódica. Amo, en todo caso, el viento de los girasoles, su amarillo riguroso. La leche espesa, e inequívoca de su desenfreno.Me desamarra las pupilas cuando escribo. ¡Aleluya!

Barataria, 23.V.2012

martes, 22 de mayo de 2012

ANTERIOR A ESTE DÍA


La soledad del mundo, en parte es por esta vergonzosa condición humana:
están allí, sombras inequívocas en el pantano, anteriores y ulteriores a los pájaros.
Imagen tomada de la red




ANTERIOR A ESTE DÍA




Anterior a este día, todos los días equivocados: la virtud de conocer es una odisea; siempre supone el tránsito por todos los morfemas, los eufemismos tirados al aire como dulces de carroza. Del cerebro a los pies se conocen los zarpazos, de pronto la almohada se ha vuelto pantano: es la transpiración en sigilo de las vocales, pero también de las espinas, de ese diario zumbido, elocuente de las moscas: enmudezco en la medida que me adentro en la naturaleza humana: no sé si son necesarios o imperativos los cuchillos, he perdido la vista de tanto mal que he visto y que aún pulula como una daga de desvarío arrinconándonos a todos. Cuando la prédica de “se hizo carne”, mas bien se hizo el mal con todo un alfabeto nauseabundo; el corazón, para decirlo de algún modo, ha sido pervertido, ¿habrá trompetas que derriben este abismo? El mal lo procreamos nosotros, especula, eyacula y no se va al sepulcro. No se va con su éxtasis de cuervos, está aquí alrededor, haciendo mordiscos y arrugas debajo de la sábana. La soledad del mundo, en parte es por esta vergonzosa condición humana: están allí, sombras inequívocas en el pantano, anteriores y ulteriores a los pájaros. En el corazón del camino hace su presencia, siempre con la soga de la asfixia, obstinada indigencia del alma, donde sólo es posible un mundo pervertido. (Por suerte, Vos y Yo, nos cuidamos de los desollamientos y los aplausos, de la preñez del asco.)

Barataria, 21.V.2012

domingo, 20 de mayo de 2012

CAMPANA DIURNA


Un día como hoy, ahora, bailamos alrededor de nuestro Karma,
besamos el pentagrama del ombligo con su preñez galopante. Jugamos,
 pues, como juegan los niños, cenote o jaguar en la permanencia del sigilo.
Imagen Archivos de Maldoror




CAMPANA DIURNA




Cerca de mí la campana urgente de la embarcación, los ojos pendulares del gallo en la bóveda de la almohada, aquí el arrullo de la filmación del espejo, la costumbre obstinada de buscar la eternidad en el gran río diurno del viento. Camina el jamelgo en derredor del polvo del sonido, Kafka acomodado en los futuros vaticinios de la vergüenza, — vos sos célebre en los orgasmos, escarabajo del Génesis en la pestilencia, no mi Perséfone en caballos de espejo, ni galopes, sino puntapiés heredados de la garganta atomizada por el matadero de la tinta, que juega como marimba a las páginas. Un día habremos de reivindicar todos los sonidos, los muros de Quevedo, derruidos por la sed. También habremos de caminar, cuesta arriba apartando el verano de nosotros, los falsos pudores de la respiración en la espina dorsal de la cítara gozosa del pubis. Dentro de lo móvil, todo es sonidos: trabajamos, sin embargo, por alcanzar la luminosidad, el absoluto sin los canastos del mercado; ahora sé que nos pertenece lo ardientemente inacabado, el logos intrépido, la fe al canto y hasta sus propias contradicciones. Un día como hoy, ahora, bailamos alrededor de nuestro Karma, besamos el pentagrama del ombligo con su preñez galopante. Jugamos, pues, como juegan los niños, cenote o jaguar en la permanencia del sigilo. Sos mi campana echada al horno del respiro, mi ombligo de alhelí, oloroso a aullido.

Barataria, 19.V.2012

viernes, 18 de mayo de 2012

ESPLENDOR DEL ORGASMO


En la más clara desnudez, todas las sustancias se detienen en la campana del ombligo,
 en la Patria antártica del pubis, en el cielo inmenso del pezón. Caen las gotas junto
 al aserradero de la tinta, —las manos dibujan la hondura de los trenes,
 allí donde el riel forestal muerde el matorral de la atalaya.
Imagen Archivos de Maldoror




ESPLENDOR DEL ORGASMO




Me enredo en las campánulas del abismo, esa otra forma donde los ríos rumian su pasmo, el vértigo incesante unido a los párpados, a la escalera del grano del rocío que brota como las poluciones despeñadas de las aguas del tiempo. En la más clara desnudez, todas las sustancias se detienen en la campana del ombligo, en la Patria antártica del pubis, en el cielo inmenso del pezón. Caen las gotas junto al aserradero de la tinta, —las manos dibujan la hondura de los trenes, allí donde el riel forestal muerde el matorral de la atalaya. Hemos vivido ciegos en el deseo galopante, en cada grano alado del orgasmo, no cuenta sino el orégano blanco, mordido por la solemnidad del jadeo. A quemarropa nos balanceamos en el navío del azufre que nos atenaza, aguas espesas salen de la sangre, brotan las raíces del subsuelo con diademas de azúcar; —Vos, con tu boca mordiendo la entraña: vos, la brasa salvaje en la garganta, esplendor de esta síntesis líquida que no admite la lucha de contarios, sino el salto de calidad, redondo de la miel. Hemos subido con precisión al invierno, en tus dos vasos, la tierra de mi alegría; ceñida rectitud de fuego y sueño, harina destinada a las ventanas, primavera siempre de mi desmesura. (Cuando concluye el combate nos adherimos como vegetales al pecho extenso de nuestro pálpito. Lo demás, los pies, los zapatos, quedan para la historia. Para los que no conocen los límites del relámpago.) El aire se vuelve tormenta debajo de la sábana.

Barataria, 17.V.2012

miércoles, 16 de mayo de 2012

SALMUERA DEL PÁRAMO


Hay junto a la madera putrefacta, grandes trenzas de roja saliva, peines enterrados
 en la desventura como un almácigo de polilla; sobre la mesa, la sucia escalara
 de las tortillas, tantas bocas acumuladas en la cáscara del olvido, tantos pájaros desplomados
 en el beso, trascurridos de diademas gastadas como campanas derramadas en la tristeza.
Imagen tomada de Miswallpapers.net





SALMUERA DEL PÁRAMO




En el sobresalto de la salmuera, el páramo avieso del hambre. Senos frente a la miopía del párpado, convulsas formas que arañas amarillas muerden. Hay junto a la madera putrefacta, grandes trenzas de roja saliva, peines enterrados en la desventura como un almácigo de polilla; sobre la mesa, la sucia escalara de las tortillas, tantas bocas acumuladas en la cáscara del olvido, tantos pájaros desplomados en el beso, trascurridos de diademas gastadas como campanas derramadas en la tristeza. El show y los clowns son los mismos, el mismo galope muerto de la salmuera a la orilla del destrozo de las pupilas. El mismo himno a la intolerancia, sombra también, abominable en las sienes. Ahora entiendo la bufanda de las vísceras de las luciérnagas, las cobijas del odio colgadas de las paredes, la dimensión del vómito instaurado en la gnoseología, los absolutos residuos de la miseria humana. Hay un sinnúmero de sombras en las acequias y en el acordeón de los conejitos de india, en la tragedia de los almanaques, en la tragedia que produce la esquizofrenia. —(Ya vos sabés que nos nutrimos de la tinta cansada del tintero: alrededor de nosotros maduran los huracanes, y el sarcasmo disfrazado de campana. Por desgracia, este es el País donde nacimos, la piedra nos amamanta como una ubre pesada, el buitre está ahí cavando sepulturas, mientras otros celebran el horror con el Himno a la alegría, para disfrazar y disfrazarse de los oscuros dictados del alma.)

Barataria, 15.V.2012

martes, 15 de mayo de 2012

HAY RECUERDOS INNOMBRABLES


A vos no te puedo nombrar entre tanta maldita dentadura, si no es para entreabrir
 el tren de los poros, la humedad presente de tu ombligo en mi erizada piel de felino.
Imagen tomada de Miswallpapers.net





HAY RECUERDOS INNOMBRABLES




Hay algo que siempre está en la conciencia y que no se puede nombrar: prefiero guardar silencio ante la tinta envejecida del cuaderno; el sonido hueco de los féretros, muerde la sábana de mi alma; ahogo el ladrillo de los perros en las axilas ennegrecidas de ciertos políticos y en la lengua feroz de los notarios sin escrúpulos, acostumbrados a los difuntos. (He leído el último historial de muerte de Víctor Jara. Me duele su condición de ciudadano notable, la noche o la madrugada en que se apagó su reloj. Me duelen los culatazos y la pólvora que le derribaron sus zapatos.) Sé que un día, —por desgracia, no sé cuándo— reivindicaremos con amor a nuestros muertos, por ahora, el luto todavía es la comida diaria en los rincones de muchas casas; toallas y olvidos y odios y sangre golpeando como el vinagre a las funerarias: sólo a vos no te puedo nombrar con todo este mercado hundido en moscas, con todo el ahogo que me provoca la lengua desnuda de las abejas y la estación de apareamiento de las serpientes. Detrás del río amargo de mi aliento, las rodillas penitentes hasta la garganta, la salmuera que nos golpea en el vómito. A vos no te puedo nombrar entre tanta maldita dentadura, si no es para entreabrir el tren de los poros, la humedad presente de tu ombligo en mi erizada piel de felino. Hay recuerdos, bien lo sabés, como la ropa usada en los hospitales, como la cuchara que sacude nuestras arterias, el paladar ya no herido de cementerios, aunque el embudo del tiempo con sus osamentas no haga temblar de vez en cuando.

Barataria, 14.V.2012

lunes, 14 de mayo de 2012

HAY MÁS QUE EPITAFIOS


Quizá hay más que epitafios en la página que desfallece en su propio cuerpo
 incinerado: hurgamos en la miseria de la historia, tramas y ritos, en la telaraña
 de una parte de los sentidos, en el aire viciado de las sábanas después del gozo
que nos clava sus sombras.
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HAY MÁS QUE EPITAFIOS




Los epitafios siempre dicen a medias la esencia del ser humano. En vida, todos llevamos de alguna forma inscripciones en el alma o el aliento. Se van haciendo como una doctrina en el prensapapel del tiempo, a veces, en el carnaval del mundo. Los dibujamos en la lápida de la soledad, en el espejo contiguo del calendario, mordemos los oráculos inscritos en el pavimento. Quizá hay más que epitafios en la página que desfallece en su propio cuerpo incinerado: hurgamos en la miseria de la historia, tramas y ritos, en la telaraña de una parte de los sentidos, en el aire viciado de las sábanas después del gozo que nos clava sus sombras. Pobrecitos los espejos del tamaño del mundo, —muerdo cada día el disturbio de las palabras, la fetidez de las lágrimas en los larvarios, la oleada de arterias rotas en el presagio, el nublado sacrificio de las aguas en la cara. En cada pancarta hay dentaduras de angustia, santuario de moscas tocando a la puerta, moscardones de aviesos zapatos, historias como la noche, respirando libras de brebajes, esquinas donde deambulan las tijeras del frío. Las ojeras, de pronto, nos comen los ojos; ante la conmiseración, ¿existe en este planeta? Veo sólo espuma derretirse como la nieve, veo el patíbulo en cada boca que se abre para pronunciar un nombre. Veo la insania y el maniqueísmo como una doctrina: así se nos presenta como comida a la carta. No es imagen de Sócrates ni Descartes, sino la civilidad de la herrumbre como un siamés incontenible.

Barataria, 12.V.2012

domingo, 13 de mayo de 2012

LENTAS NOCHES PARA EL RETORNO


Ahora no se puede retornar al espejo de antes, al abismo de antes y a las hostilidades
 de antes: tras la tormenta todo ha cambiado, las vértebras calcinadas como luciérnagas,
las huellas nuestras pervertidas por otros vuelos, la salmuera que convirtió en páramo el alma.
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LENTAS NOCHES PARA EL RETORNO




y la llevo hasta el cielo inanimado
que hoy amenaza lluvia.
ANÍBAL NÚÑEZ



¿Hasta cuándo estaremos aquí, en este invernadero, sin regresar a la ventana prometida? Esperamos que el huracán no arrecie en nuestras carnes. Desnuda hasta donde nos permiten nuestras propias aniquilaciones, rostro al límite de la bruma; crecidas las noches, lentas en los pies como el sollozo, esperamos partir o regresar —no lo sé—, al escondrijo donde se contemplan los escapularios. Cada soledad tiene sus propios patíbulos, la nuestra no es la excepción cuando hormiguean los disparos en la memoria, cuando la tormenta se adentra en el cuerpo abatido. Ahora no se puede retornar al espejo de antes, al abismo de antes y a las hostilidades de antes: tras la tormenta todo ha cambiado, las vértebras calcinadas como luciérnagas, las huellas nuestras pervertidas por otros vuelos, la salmuera que convirtió en páramo el alma. En realidad, el retorno supone tantas cosas: no se puede restituir el párpado cegado y despojado del ojo, tampoco el cansancio dejado por el silencio. No se pueden guardar los vacíos como vitrales, ni bajar a la lectura de las vísceras. Esperamos, ciertamente en la oscuridad. ¿Hacia qué día retornamos. Hacia qué noche, los de antes arraigados a los nombres? Ante cada relámpago, despierta el duro trajinar de las calles, el palo ensebado de la obstinación, la circularidad del poema. Por cierto, las noches me parecen un largometraje imposible de digerir de un solo golpe: necesitamos una flama para no perdernos en el bosque.

Barataria, 10.V.2012

sábado, 12 de mayo de 2012

LÁMPARA PARA LA FUGA


¿A qué sitio voy ciego, “soñando caminos” con mis zapatos de centinela nocturno,
con el rocío inaudible en la frente, desnuda brújula de la oruga? Busco el telar de la luz,
 el tibio seno de la bandada de pájaros, esa avidez inacabable de la claridad.
Imagen tomada de la página virtual/ /imagenzone.net





LÁMPARA PARA LA FUGA




¿Hacia dónde luz o alas abriéndose al camino que siempre soñamos, ciudad del pecho que grita desde la oscuridad para asir la libertad? Ya no es posible vivir en la congoja del granito, ni sajar más heridas para el sembradío, es preciso florecer en los espacios que todavía nos quedan, morder la rama dulce del horizonte, la que jamás se disuelve en nuestras manos, a menos que cedamos al absurdo sus juegos artificiales. Huyo del insomnio, no del asombro; huyo de la sombra inerte, no del misterio; huyo del abismo que sucumbe al anhelo, no de pensar diluida mi propia agonía. Huyo de las curvas verticales de los cirios, no del aire tumultuoso que me salpica, no de todo lo humano que se me arrima; no le temo a la cueva fecunda de cuervos y murciélagos, sino a la sed que pasa sus alas sobre mi boca, al abandono que no tiene horizonte, sino desconocidas colmenas de escombro. ¿A qué sitio voy ciego, “soñando caminos” con mis zapatos de centinela nocturno, con el rocío inaudible en la frente, desnuda brújula de la oruga? Busco el telar de la luz, el tibio seno de la bandada de pájaros, esa avidez inacabable de la claridad. Mi viaje tiene que ser así: siempre solitario e infinito como es la fuga desvalida de las pupilas, como el niño que corre tras las esferas del incendio, ardido en la infinitud de su conciencia. La oscuridad es una cripta inexplicable; la huida, sudores de vigilia.

Barataria, 09.V.2012

viernes, 11 de mayo de 2012

CUADERNO DE CENIZA


En ventanas y puertas, el crepúsculo poseso, los colmillos hambrientos
de lo indecible, la iracundia del tiempo chorreando peces ciegos, pocillos
de escombro donde se enredan las lámparas, la ebriedad absurda del escombro.
Imagen tomada de Miswallpapers.net




CUADERNO DE CENIZA




Ignora el dolor.
No hay tiempo para el llanto:
Sólo leña ardida.
PERE BESSÓ




¿Es posible disfrazar las palabras donde impera la ceniza? Llevamos días sordos escribiendo en el cuaderno; el hollín, sin tregua, aturde nuestras sábanas. ¿Hay algún manual para leer las paredes, volver a la limpidez del diccionario? En ventanas y puertas, el crepúsculo poseso, los colmillos hambrientos de lo indecible, la iracundia del tiempo chorreando peces ciegos, pocillos de escombro donde se enredan las lámparas, la ebriedad absurda del escombro. ¿Habrá, después de todo, cuadernos sin cementerios, y suspiros leves, sin verrugas, niños que no le den crédito a las agujas? (Me río, de verdad ante tanto aullido. Aunque anden escapulario y soplen el incensario, no creo en esos dolores de huesos, ni en la seudo esencia de los atrios que se nos han vendido como paraísos de concordia. No sé si un día dejaremos de ser sordos carneros, sólo silencio para seguir muriendo. No lo sé.) ¿A quién le escribo, después de todo, en este vacío lleno de párpados inútiles, agrias pupilas empozadas en la hiel de la penumbra que los habita? A quienes se olvidaron del vuelo, les devuelvo el poderío del odio en llamas, mi amor total, les devuelvo el fango, las rejas de sus propios cuchillos. (Nosotros, amor, nacimos para el amor, aunque la libertad nos cueste la garganta: quizá en la esquina, en cualquier esquina, nos encontremos con el poema, con la luz detrás de nuestras sombras, pero felices de no haber sucumbido. Aun siendo prófugos, la claridad es nuestra, lo dice la ternura que emerge del espejo, la lámpara que arde en nuestro viaje solitario.)

Barataria, 08.V.2012

miércoles, 9 de mayo de 2012

ESPEJOS DESINTEGRADOS


El tacto se rebela frente a la brasa del espejo: nada queda intacto después
de cada estremecimiento, calcinados también los ojos, el martirio
de las sombras en la boca, la lengua nocturna en la destilación del vinagre.
Imagen archivos de Maldoror





ESPEJOS DESINTEGRADOS




Allí, en el minuto donde resbalan las paredes que salpican la carne de escoria, sumido el corazón en el latido del espejo, sordas astillas del rumor que en las manos se vuelve cuerpo del dolor. Hoy, todo pasa denso, relámpagos oscuros del aire en el güiste: ruedan primero los pies; luego, las sienes; después, el dolido junco de las vísceras. ¿De qué claridad nos asimos, cuando se incrustaron pedazos de soledad en el pensamiento, en aquella caricia múltiple del trencito de madera? ¿Huimos del deseo doméstico que nos desnuda en suspiros o es que la tarde llegó tan pronto? El tacto se rebela frente a la brasa del espejo: nada queda intacto después de cada estremecimiento, calcinados también los ojos, el martirio de las sombras en la boca, la lengua nocturna en la destilación del vinagre. El puzzle dispara dardos al paladar, anochecidas persianas en la propia desnudez, oráculos de no sé qué tiempo suicida; algo nos muerde en los miembros disgregados del cuerpo, ecos devueltos a la saliva, legajos de huecos en la fosa que el viento abre en los vagones de los trenes. Aun con todo, la memoria se desnuda en los litorales, la luz aunque rota, está donde debe estar: quiero partir hacia la claridad de las sandalias, allí donde se reivindica la vocación de las campanas, allí donde la risa es destino. Allí donde el camino no es agonía ni ceniza.

Barataria, 05.V.2012

lunes, 7 de mayo de 2012

VERSIÓN DE LA TEMPESTAD


Siempre el alfiler o el escalpelo en el beso: oscuro éxtasis esta forma del destino,
el ala o el grito sobre la flor, la tormenta de las sombras hasta el cuello, cuando lo que deseamos
 son días claros para nuestros brazos, pero el ahogo insano nos acecha hasta los calcañales.
Imagen tomada de la página virtual/city-data.com/forum/salt-lake-city





VERSIÓN DE LA TEMPESTAD




Converso con el tiempo en medio de su propio desvarío. La tempestad arrecia en la luna llena de la noche, cada vez que el tropezón se vuelve torrente, guacal de dientes mordidos; a veces es inhumana esta forma de esperar que el idioma cambie de aurora. Siempre el alfiler o el escalpelo en el beso: oscuro éxtasis esta forma del destino, el ala o el grito sobre la flor, la tormenta de las sombras hasta el cuello, cuando lo que deseamos son días claros para nuestros brazos, pero el ahogo insano nos acecha hasta los calcañales. Es mucho más el ahogo, cuando los sueños se pudren en la espera, y la soledad inunda la garganta hasta hacerla sangrar; entonces entra la angustia y empieza a navegar sobre andamios líquidos, sin más posesión que el cactus de los recuerdos. Ahora las palabras tienen sus propias nostalgias, metales oscuros respirando en los subways, como dos aguas sin poblarse de peces. No sé si vendrás de nuevo encendida como un poema de fuego. No lo sé. Aun así, sé que moriremos como semillas olvidadas en el camino, al lado, seguramente, de tantas osamentas. Toda orfandad rompe los mástiles, alucina el ala en el espacio de los muertos, perfora el alma como el desamparo. Desde luego, recordaré los barcos, crecidos de los eucaliptos, y la carne del pino ungida de estertores. Recordaré todas las noches con su propio itinerario.

Barataria, 04.V.2012

sábado, 5 de mayo de 2012

RAMA ONÍRICA


Muerdo el imposible calcañal del calendario con esa avidez de los noctámbulos, con el vívido
azote del viento en los dientes; me pregunto si en realidad existes en este portón dibujado en el alma,
en el frontispicio del arco iris, en la gangrena que produce el excesivo trajín de los amantes.




RAMA ONÍRICA




Ya no sé si existes en la ciega pupila del desvelo, en la noche quebrada de alambradas, rendida como una copa sin alas, ahí leve como un ventarrón furioso que invade la limitación de mi conciencia mordida, acaso, por la desnudez rota del pálpito. Amo el cuenco onírico de la lágrima desprendida de la espuma morada de la fragancia, vos, viviéndome en el espinazo de la rama de la duda. He aprendido el desquicio de la breña en cada día negro de la piedra absoluta, en cada harapo incrustado en las estrellas, en cada puñal de sal cuando recuerdo la pupila que se rehúsa a dilatarse en el candil de la tierra. Muerdo el imposible calcañal del calendario con esa avidez de los noctámbulos, con el vívido azote del viento en los dientes; me pregunto si en realidad existes en este portón dibujado en el alma, en el frontispicio del arco iris, en la gangrena que produce el excesivo trajín de los amantes. Me pregunto si aún cabes en mi penúltima lágrima, en el alambique agolpado, en la sombra que levita restándole luz al día, debajo de la sábana desbaratada por el humo del cigarro. Nada es real cuando ya el día anda en muletas, —Vos y Yo—, invisibles, desvividos, sin otro verbo copulativo más que el fuimos; no es simple realismo la toma de conciencia, sino un dictamen del espejo que se hunde en las sombras del pecho. Un día quizá le preguntemos a las sombras cosas inauditas: nadie responderá, sino desde la polilla, desde ese odio de querernos, desde la tumba del aliento. O tal vez desde la piedra de babel que nos habita y nos consume en la escena…

Barataria, 02.V.2012

jueves, 3 de mayo de 2012

VENTANA IMPASIBLE


Nos mostramos impasibles ante el abandono, ante los anillos lunares del ala,
sueños que al cabo se han vuelto estériles, mutiladas bocas: parecemos
 cadáveres deleznables ante la indiferencia, sombras sostenidas en la fuga,
extrañas formas de un mundo que olvida por mero vejamen;...
Imagen tomada de Miswallpapers.net




VENTANA IMPASIBLE




Desde el trasfondo de la venta nos volvemos insensibles, aunque el dolor y la desolación pululen alrededor de nuestras sienes, como retinas de un río abominable. Ante el tiempo mismo nos hemos vuelto insensibles, dejamos que la marea y el ahogo de la vigilia, la brisa fiera de la orfandad arrase con el aliento que construimos con devoción de semillas. Nos mostramos impasibles ante el abandono, ante los anillos lunares del ala, sueños que al cabo se han vuelto estériles, mutiladas bocas: parecemos cadáveres deleznables ante la indiferencia, sombras sostenidas en la fuga, extrañas formas de un mundo que olvida por mero vejamen; trepamos al eco sin presencia del alba, y allí, esa sensación mortecina, la entraña del delirio mutilada, la médula de la sed rota, como los zapatos de tanta porfía. Nadie ríe al costado de la herida, ni llora; todo estremecimientos es sólo ruido de hojarasca, miseria profunda que ha ido acumulando la intimidad en su íntegra desnudez. Desde tiempos vivimos el destierro de aquéllos que nunca miran hacia dentro, sino el peñasco de la superficialidad, el día a día de un mundo que nos apremia a ser más feroces, más ausentes, menos conmovidos. Me pregunto si todavía es posible rescatar la calidez del enigma sin desfallecer en el intento, sin ser sólo sombras o posters, gérmenes invisibles en el tacto. Sobre el andamio de la hojarasca, a menudo, perdemos la Esperanza y nos adentramos, sin quererlo, en esa cárcel de las sombras. A veces una sola palabra rompe la magia de la aurora, la música enredada en los brazos.

Barataria,30.IV.2012

miércoles, 2 de mayo de 2012

VUELO PROSCRITO


Siempre el ansia en el traspiés del horcón donde colgamos la escritura
del silbido,  la misa del gallo que destila el incienso de la querencia; al unísono
 arrastramos el muñón  de la tinta hacia el rumbo del hollín.
Imagen tomada de Miswallpapers.net




VUELO PROSCRITO




Hay vuelos que no deben hacerse, demasiados rostros en los anteojos del vacío, demasiado tiempo para el vinagre de los martillos. En cada esquina del planeta, la vida enrarecida de la respiración. Cunden las sábanas, el abecedario ecuestre de los mamíferos, los monólogos en el fósforo de los albergues, el tropel del teatro de las luciérnagas, el repentismo gris anterior a las sombras densas de la mugre en la historia de los opuestos: borramos el paisaje a fuerza de depilarlo con el kerosene de la saliva, despedimos trenes en rebanadas de repollos , amarramos la incertidumbre en los lavatorios de la tinta del minuto. Tanto gastar nuestros oídos en la alberca sofocada de las entrañas, la noche atraviesa los puteríos del espejo, el cancel maloliente de la somnolencia, los calcetines con la demencia de las flexiones verbales, la circularidad espumosa del sexo en el guacalito de morro de las ondulaciones. Siempre el ansia en el traspiés del horcón donde colgamos la escritura del silbido, la misa del gallo que destila el incienso de la querencia; al unísono arrastramos el muñón de la tinta hacia el rumbo del hollín. Contamos los días detrás del barrote de las sombras, —nuestras sombras desveladas, claro, en las fotografías quemadas de la conciencia. (Sin embargo, al otro lado de la cicatriz, llueve como un hospedaje desmemoriado: llueve de manera inmóvil como una puerta clavada en el entrecejo; llueve como los perros enjaulados que le ladran a un crepúsculo funerario; llueve, mientras el sexo se pierde en la sangre diseminada de la luna. Llueve, pese a todo.) Dentro de la hondonada del polvo, el vuelo proscrito del viento.
Barataria, 28. IV.2012

martes, 1 de mayo de 2012

LUZ DEL VACÍO


Ya he olvidado los jardines de la sabiduría, aunque cause dolor, por el humo que emerge
 del subsuelo, y que luego convierte en delirio el precipicio, la hondonada del abecedario
 en la polea del maleficio cincelado en la catacumba de la deshora.




LUZ DEL VACÍO




Empezaron a fingir que dormían.
JULIO CORTÁZAR,
[EN LAS ARMAS SECRETAS]




Ningún pie sale del abismo cuando la luz ha vaciado el ojo atrapado en la inclemencia de los sordos, ninguna calle es cierta cuando la noche crece y el día se hace menos digerible, salvo en los petardos de la lujuria. Todo parece aquí un fracaso: un teorema de moscas habita la memoria, el árbol seco del tiempo y su relincho de hojas caducas y su tronco lamido por el desvarío y sus heces festivas al filo de la boca y las aguas subvertidas por la sal y el alba ennegrecida de hollín. Ya he olvidado los jardines de la sabiduría, aunque cause dolor, por el humo que emerge del subsuelo, y que luego convierte en delirio el precipicio, la hondonada del abecedario en la polea del maleficio cincelado en la catacumba de la deshora. (Vos y Yo, vivimos días masticando la chatarra de la agonía, metidos en el cucurucho (1) invertido de la cuchara donde ponemos la lengua de la penumbra, la claridad evasiva del coyol(2) en el cruce de los párpados de las esquinas.) Aquí, hay profundidades que rebasan la piel, los cimientos en ruinas, las duras islas de los rincones negros, la fuga que aprieta el galope sobre el acantilado: tanto mundo agotado para el desvelo, desnuda frente a mí, lista para lanzar el tul de la piel, la piedra de la tortura, verdadero dominio del alma. Días enteros entre comejenes, entre buchitos y cachanflacas (3) tratando de salir de la tormenta y “abrir los ojos en el último momento”…
Barataria, 26.IV.2012




(1) En el Salvador, cualquier objeto./Armatoste viejo./Punta de un cerro o loma.
(2) En el Salvador, testículo./ Lío, problema, dificultad, compromiso.
(3) En el Salvador, hondilla sin el mango de madera.