viernes, 31 de agosto de 2012

SIESTA DEL PARÉNTESIS

Imagen tomada de fondostop.com



SIESTA DEL PARÉNTESIS




A punto de masticar las palabras, mi último resquicio de normalidad, la prueba del conocimiento de mi imagen en el espejo, el café oscurecido del bajorrelieve a la hora de la siesta de los paréntesis. Me quedo aquí en medio de la úlcera del humo de mi cigarrillo, siempre disfrazado de jornales: el poema que arranca el trébol de la gesticulación, los discursos como la sal cultivada en los ojos, esta manera de andar una cruz colgada del esqueleto de mi sonrisa. Resulta inverosímil verme los ojos desahuciados mientras la polilla agota la propia paciencia del instante, el celofán del musgo en las estatuas; por si fuera poco, las reminiscencias se vuelven repugnantes a la hora que la carne se plasma en la tinta, a la hora de ser paciente silla: día a día me estremece la bóveda del calendario, la misma condescendencia permeable de la ropa sin opciones de un buen destino. ¿Dónde están las campanas para intercambiar sonidos, el testamento andado de las interlocuciones? ¿Dónde están los zapatos del invierno, el almanaque de la geografía, el barco del oleaje de mis ojos? En el cuaderno quedan grabados, los dedos del crisantemo, los lentos cerillos de los días grises, las hipótesis de los trenes, este frío de sábanas sin techo. A la hora de leer o escribir, saco del guardarropa el esqueleto de las palabras, las axilas innumerables de las alcantarías. En el submundo del ombligo, anida el centelleo de mis sueños.

Barataria, 30.VIII.2012

miércoles, 29 de agosto de 2012

PIERCING

Imagen tomada de urbanstyles.bligoo.es



PIERCING




Atrás de la ventana la mariposa que vomita el palo encebado de la cuerda del sol en su azaroso arbitrio de estribos; me río cuando cae un pedazo de sombra en el trapo del mal agüero de mis lentes, opacos de ver la sartén sin nada, sin el rapto de la cacerola sobre el ataúd de las moscas en mi boca. Abierto a la sal retorcida de mis ojos, la araña también hace su guiso de insectos, el grito en la madera de la carne, la alcancía del cielo que sólo sirve para guardar los grises del tiempo, el puñado de tripas oscuras de las nubes. Después de tanto pensar en la piel, se desgasta la goma de mascar en el litoral de la comisura de la boca, los piercing colgando del ventanal del ombligo como otro escapulario para atraer demonios alrededor de la brújula sin afeitar de lo obsceno. —Pero debo pensar, también, en el verdugo santiguándose al borde del altar, justo al pie del caballete de los milagros, donde ondean olores clandestinos, propios de los condimentos de la genuflexión. Frente al balcón de la sartén lamiendo mis pensamientos, el cielo se pone de rodillas, aterido, tendido sobre la pared de las persianas que dan a la corteza del insomnio. En el tejado embisten los pellizcos, el caramelo de la perdiz en el ascua, haciendo el zurcido con el almíbar de la saliva, chispeando en el grifo la puerta regresiva del pedernal hecho antena de gaviotas. Después, la introspección viscosa de la nostalgia en la carcoma a cielorraso del aroma.

Barataria, 28.VIII.2012

lunes, 27 de agosto de 2012

MEMORANDO CON ESPINAS

Imagen tomada de jardineria.pro




MEMORANDO CON ESPINAS




Debemos repensar las palabras al centro de la vigilia, preguntarnos por el lucro y los comedores, argumentar la inocencia, rodeados de espinas, cuidarnos de las apariencias, (nunca las doctrinas ni la conciencia se leen literalmente) en el ahogo cualquier agua nos desarma. Debemos recordar las lecturas condensadas del estiércol, los montones de uñas con sed, en una jaula nos volvemos sordos talismanes. Recuerdo los días descalzos en la almohada y esa carta de párpados al filo de las espinas: la zarza apretada del conjuro en la lluvia nocturna de los cuadernos; ya vuelto a la ráfaga de polvo y hojarasca, el mozote pegado al ahogo como persiguiendo sedientos calendarios. Todo es extraño, después de todo. Hasta la fatiga con su cuentagotas de murciélagos, el agravio que producen las esquirlas o el poco de barro que resbala en los zapatos. Todavía recuerdo el lanzallamas de la pústula y la náusea, de las rodillas rotas y la mesa desvencijada, del silencio sordo de los pájaros en lo oscuro del alma, cuando ya en el amiente nada queda, sino los tropiezos del vacío en la niebla. Aun así cruzo los andamios del drenaje: invoco, después de todo, un poco de amnesia para no poner la otra mejilla en la hoguera. ¿No sé cuánto me queda para acabar con el aliento y con esos ánimos clandestinos del augurio? Por suerte un memorando no entiende de determinismos, aunque esté escrito con palabras decadentes.

Barataria, 25.VIII.2012

sábado, 25 de agosto de 2012

DESVELO

Fotografía de André Cruchaga




DESVELO




No puede ser de otra manera cuando existe acumulación de héroes y tumbas en este tiempo de elementales realismos: hemos, desde luego, caracterizado los mil demonios del apocalipsis, todos necesitan terapia para usar nuevas vestiduras, digamos para convertirse en buena mesa. En la tramoya, los estertores del desvelo, el aire cansado como una espumosa neblina, el pan mojado en la taza de café del presagio. De pronto con en La busca, de Pío Baroja, “un estrépito de gritos, lloros, patadas y vociferaciones.” O El árbol de la ciencia, “atravesando zarzas”. Sí, en la página ciega de la noche, se ven las menudencias de la hoguera, digamos, los ruidos insomnes del naufragio. “Para vivir no quiero”, un Dios que pudra lentamente mi alma, tal Dámaso Alonso. Buero Vallejo es intenso en Historia de una escalera cuando en boca de uno de sus personajes, Fernando, acota: “No me creo nada. Sólo quiero subir. ¿Comprendes? ¡Subir! Y dejar toda esta sordidez en que vivimos.” En la pecera común de las migajas, las exequias de las bicicletas, los tácitos códigos de la herrumbre; entretanto, discrepo de los jeroglíficos de las telarañas: deshojo el pájaro de tu ombligo para la sobremesa del noveno sueño. Luego escribo: en mis desajustes de retina, sólo mis deudos debajo de la almohada…

Barataria, 23.VIII.2012

jueves, 23 de agosto de 2012

RÁFAGA DE AIRE

Imagen tomada de la red




RÁFAGA DE AIRE




Fiebre del aserrín sobre la piedra pómez del reloj colgado de la puerta con su vaivén cercano al rostro del fulgor; cuelgan los pañuelos del péndulo giratorio de las palabras en el vacío total de la demasía del pulso: cae en ráfagas hasta enredar los cabellos de la tinta, el dogma del olfato en el albedrío, como un mundo de subversiva historia, tal, todo lo inusitado de la respiración. No abdicamos pese al rock del espíritu, al grito de catacumbas del día en el paraguas del altavoz del aliento, —es indecible todo el reino que nos llora, las letras abrasadoras del texto del ombligo, el mundo piromaníaco del caballo de los pezones; los orgasmos clandestinos del ajenjo en las superpobladas fauces de la saliva. Es posible que traguemos el desorden del polvo, el esplendor consumido de la hojarasca, el estallido violado de la fragancia, quizá inventemos otros equívocos y desahogos mientras pasa la ráfaga de aire sobre los ojos seculares de la esfinge. Nosotros jugamos al plural límite de los símbolos, sudamos la ciudad dibujada en los espejos del emporio como lo hace sin estupor el Fondo Monetario. Sudamos junto a los utensilios del dardo, y adobamos, por si fuera poco, el escalofrío con los discursos de la hermenéutica. Desechamos el ventilador de las entrañas mientras pasa el aire con su doctrina de pájaro inasible. En las calles, la humanidad obligada al golpe, ¿aún estamos vivos después de triturar alelíes?

Barataria, 21.VIII.2012

miércoles, 22 de agosto de 2012

SOBREMESA

Imagen tomada de flickriver.com




SOBREMESA




Lo supe siempre: la sal es sinónimo de orfandad; aquella sal
que permanece hundida en el último revólver de la jaula.
Y por más que el viento asegure limpieza de pañuelos,
las manchas quedan para la siguiente lectura de la sobremesa…
cuanto más leo la fragancia de las sábanas,
el destino pareciera que repite las lecciones del día a día:
la colmena laboriosa ofrenda su ráfaga de augurios.
La arcilla adivina su futuro vuelo…

Barataria, 19.VIII.2012


martes, 21 de agosto de 2012

RESINA

Imagen tomada de montagna.tv




RESINA




En el doblado olfato de la resina, la materia del delirio,
el temblor de la fecundidad en el filo de la luz.
Por si fuera poco, mi oficio no tiene que ver sólo con las palabras,
sino con ese desvarío de la trementina en pleno bosque.
Barataria, 20.VIII.2012


lunes, 20 de agosto de 2012

ENCRUCIJADA DEL ESPEJO

Imagen tomada de la red




ENCRUCIJADA DEL ESPEJO




Cada cuerpo es una encrucijada de espejos, hacia la piedra
donde se erosionan las manos;
sólo la piedad puede salvarnos del acantilado, la ladera oscura
de una taberna, la espuma recién llovida de los caracoles.
Entre un ayer y un ahora, las noches dedicadas al insomnio,
y esa forma de mirar, en clave, los propios sueños…

Barataria, 19.VIII.2012


domingo, 19 de agosto de 2012

PALABRAS PERECEDERAS

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PALABRAS PERECEDERAS




Todos los días mueren las palabras, cada registro que hacemos es efímero. En su vida rosa o calle se desgastan; unas veces se tornan patéticas, como las tarjetas postales con fechas rígidas. A lo largo de la vida caminan entre predios baldíos, su esplendor oscuro nos avientas a abismos umbilicales, hacia el polvo o el aullido. No creo en los olvidos absolutos, para muestra los símbolos ancestrales de las metáforas, Cervantes o Quevedo son la prueba. Desde luego hay palabras perecederas, como el perdón, la paz, la felicidad, sin exagerar; las hay en el absurdo y la monotonía de la política, en lo irreal absoluto de este mundo cada vez más interesante para la pasión verbal, cada vez más evidente su ensayo y error. Afuera la carcoma de las vigas y el dintel, las tropelías en su propio laberinto a imagen y semejanza de los relatos de novela negra. Si pudiese guardar unas palabras, cumplir mi sueño, buscaría a Sancho Panza y a don Quijote, motivos me sobran para un destino diferente. No sé si es pertinente volver al cine mudo de las cosas: cada vez agonizan las palabras, nada es igual al goteo del misterio, oigo hablar de golpes y chantajes. La vida sería más soportable si tuviésemos palabras duraderas, si termináramos de una vez con las afectaciones de la novela rosa y la máscara. Parece que el destino de las palabras es la enfermedad: frente a la propia identidad, no se pueden inventar destinos ni personajes.

Barataria, 19.VIII.2012

viernes, 17 de agosto de 2012

TESIS DEL ZODÍACO

Imagen tomada de astroyciencia.com



TESIS DEL ZODÍACO




Recorro la faja celeste del astro mayor que se cuela a través de la rendija, la ventana ciega, el génesis del trueno que desclava la puerta, los rincones del prostíbulo esparcido en el cuenco de las manos donde el alcohol se deshace al esparcirse alrededor de las mochetas de la piedra sobre la página del insomnio. Entre los doce cuerpos de la noche, quedan desahuciados en las estribaciones los sobrantes de los sueños, excepto el telar de la almeja, los anónimos atisbos del hilo de la fábula: la Osa mayor en la desnudez del charco de semen que el tiempo hilvana en los poros, crédulo el acopio y el jornal, el contagio desvivido del siempre huir entre los labios apremiantes del destino: nos cae la insolación esperando el día de la felicidad, el billete que nos quite la tristeza, la claridad sin cabuyas malolientes. (Sin duda es hermoso verte desnuda, tendida en la cama sin adjetivos, húmeda en la constancia de la lluvia, habitada tu estación y la luz gemela de tu alfabeto súbito.) Nacimos bajo la luz del tacto, frotando las manos hasta hacer del pedernal una realidad abundante de imágenes, la fruta del destino personificada, el candil grueso de los ojos hasta saltar del escombro. Ninguna otra cosa sostiene la vida, nuestras vidas: los laberintos y los símbolos como lo dijo Borges. Soñamos que somos el sueño, o que el sueño somos nosotros alumbrados por cielos mitológicos. Así es mi primer recuerdo; me toca, desde luego, averiguar los subsiguientes.

Barataria, 17.VIII.2012

miércoles, 15 de agosto de 2012

HONDURA INSOSLAYABLE

Imagen tomada de la red




HONDURA INSOSLAYABLE




Muerdo el cáñamo adusto de las calles que se van oscureciendo
en la lengua moribunda de los bueyes.
El hollín de los tabancos lame el entrecejo de las rendijas,
las astillas del barro en las uñas,
este juego de botellas insoslayables en el apogeo sordo
de los muertos que va y viene inmutable en mis venas.

En la hondura envolvente de los peces,
los sonidos de la conciencia como el polvo levantado
por los fantasmas que flotan en la caverna,
siglos de basura y merodeadores más allá de la polilla
de mis propias narices; en su propio vaivén,
también las estaciones oscurecen
picoteando la longitud de los solsticios.
Atrás de los objetos, las escamas numéricas,
rutilantes del taburete desmontable
donde la hoja de papel suda su propia tinta como un juego
de esparcidos cántaros,
sedimento de la sal en el hueco del pensamiento.

(Al final, cada quien sacude el remanso de su propia sábana,
los poros reinventados de la savia del ombligo,
el pubis humeante del deseo sin apagarse, resonante,
caótico en mis párpados, insaciable en su obsesión de adobe.
Hay secretos y honduras, lo sé,
ecos que después destierran el sosiego,
abrelatas del aliento en el húmedo lavatorio de la música.
En el fondo, pedacitos de aullidos de perros sin amo,
prolongados como la tristeza de una valija sin dueño,
como un pantalón o vestido anónimos
dejados en la llaga pestilente del calendario.)

Barataria, 15.VIII.2012

lunes, 13 de agosto de 2012

A VUELA PLUMA

Imagen tomada de pixabay.com



A VUELA PLUMA




Plumas derramadas en los minutos posibles de las manos,
sombras el relámpago en los poros,
las rodillas a quemarropa del ojo, del viento prométeme
su sábana fugaz, los imanes polares del abismo,
las aguas desfondadas en el mediodía de los sueños.
Sólo tenemos ojos para descender al cataclismo
es cuestión de la fosforescencia en las manos,
el pez que se esparce en las palabras buscando su propia libertad:
el amor sangra desde los días de su origen,
resbala sin piedad como la miel entre los dedos,
en la piel confusa de las sábanas.

Cada mañana nos nutrimos de cierzo
pero también de la ceniza de la ausencia que cuelga
sus hojas como un acto de sonambulismo a ultranza.

(Para vos, mi muerte te salva de los días ásperos:
el calendario nos viene como un petate gastado
en los portales de la orfandad,
sucio, maloliente,
tal la perversión del blanco y negro
sobre el cisne melancólico del destello.
Una voz me llama desde las espigas del cierzo,
desde el tren luminoso de tu risa, hacia la rebelión de los pétalos.)

Tal vez porque me acostumbré a verlos desde el balcón
donde resplandece la risa,
el aire benigno de los sueños,
la página diaria donde escribo el poema
para multiplicar el cielo de la tinta.
Me desvive el pulso precipitado en tu hoguera,
la lámpara adentro haciendo transparente el bosque.
Ahora entro al espacio que conozco:
avanzo con mi materia hasta su rostro:
la proa nos permite volar o caminar,
aunque el presente resulte resulte efímero,
inasible para todo el trabajo de alfarería que tenemos que hacer.

Sé que hay suficiente corazón para arder en la ciudad.

Barataria, 13.VIII.2012

sábado, 11 de agosto de 2012

GERMINACIÓN DE LA MESA

Imagen tomada de inmueblesynegocios.com




GERMINACIÓN DE LA MESA




Con la sangre anclada en el vado de las vocales,
germina la mesa, los vilanos furtivos de la luz,
el anillo zodiacal de las ansias,
la altivez densa de la fronda en mis manos;
mientras la mano palpa el espesor,
la escalera sube al paisaje de los nudillos del fósforo,
a la arboleda donde los ensimismamientos prosperan
como un tren de semillas.

Toda mesa es antorcha de palabras, lo es también la cama,
rutilante diadema de los poros,
conjuro del vaho alrededor de la sed.

En la embriaguez diligente de la saliva, la fiebre curva los fuegos,
aquella caverna donde la rama del pecho
es precisamente un tributo al azúcar.

¿Ve, ahí, el ojo el principio del asombro,
el encantamiento sordo del azogue?

( —Por suerte, el rapto del Paraíso,
fue un acto de lucidez,
el asombro bien pudo abrir las vocales líquidas del orgasmo,
las vísceras seminales sobre el suicidio de Ícaro,
comparable al tobogán inmundo de la almohada.)

Cuando la lengua toca el almidón de la panadería,
la intemperie se vuelve un pantano de mil años.

(Después, vueltos a la normalidad,
se oye el diálogo sosegado de los pétalos,
el nacer de las gaviotas en el litoral de los meses.)

(Por supuesto nada es fortuito en las viejas alas del aire:
siempre hay paredes y pueblos desvencijados
como los descritos por Juan Rulfo.)

Para el próximo desollamiento,
las luciérnagas sin sus bostezos.

Sólo el esmeril de la lengua para los peces del aforismo.
Sólo la mesa y la psique y la transparencia
del plano cartesiano, la hondura del gusano del éxtasis.
El camino trazado de los elegidos para abrir la cerradura del desván.

Barataria, 11.VIII.2012

jueves, 9 de agosto de 2012

EN PIE LA ESQUINA ÓRFICA

Imagen tomada de blog.educastur.es



EN PIE LA ESQUINA ÓRFICA




En pie la esquina de Orfeo en el afamado mito del taburete,
desatino mayor del torrente de la sangre
durante los días de celo del suicidio de Eurídice ultramarina,
total tersura de la mortaja del beso a la lira del poema,
gemidos del ritual del frenesí profundo de los ijares.

En la bestialidad de la turbulencia,
el estruendo del baile del fuego,
los argonautas entre sirenas a ritmo de remeros:
nosotros en las frías mañanas de las aguas, oscuros,
inevitables en medio de las figuraciones del laberinto,
quemados por los kilómetros de orgasmos,
sin más sábanas que la nicotina de los poros,
el pubis a dos manos del escondrijo del poema.

Usted, aquí, llorando el arrepentimiento de los molinos de viento,
en la excitada mordida del frenesí,
bramante, perverso, interminable,
como una flecha parpadeando en medio de las aguas
de tantas semanas de tormenta.
Usted, en la esquina de la conciencia,
con su evangelio taurino de labios mayores,
airada en las imprecaciones de la lengua,
frente al mandamiento apostólico de la hipnosis.
Con su movimiento calma la babilonia del centelleo,
abre los muslos del volumen de la danza,
muerde la serpiente brotada del eructo,
la columna vertebral de la conciencia.

Al final, sé que hemos movido nuestras propias raíces,
hasta el punto de ya no ser, sino este orden social de sombras,
los que se miran cuando amanece,
los que siempre juegan a la desnudez del cardo.
Mañana habremos cruzado las aguas, pero hay una salvedad:
nos comerá el suicidio de las campanas…

Barataria, 09.VIII.2012

martes, 7 de agosto de 2012

HERVOR LA IMPACIENCIA

Imagen tomada de blog.enfemenino.com



HERVOR LA IMPACIENCIA




A menudo la impaciencia, con su carroña de días nos da trajes de cerrados puños. El hervor se ha convertido en un arrebato de inusuales rodillas: sobre el guacal de los propios ensimismamientos, los diluidos cangrejos de la sapiencia, las avispas dueñas de las axilas, la muerte anticipada de lo que creíamos doméstico, el movimiento de la sangre como un golpe de alfileres. (Nos damos cuenta, de pronto, que todo cambió y que necesitamos un forense para nuestra enfermedad de desapego, pues la mutilación ha dejado todos los miembros desprendidos: ahora no nos amenazan las arterias rotas del sollozo, sino el aliento arrancado a la guitarra. No respira ni vuelve al punto cero del centelleo.) Fue, en todo caso, traje de relámpago la historia que por décadas espero en arcas, volátil entonces como el agua oxigenada. A partir de ello, no sé si nos hacemos más oscuros, o en todo caso, hemos ganado la posibilidad de escribir otra historia en cuaderno nuevo. No lo sé. Debajo de la lengua, los íngrimos sabores; en lo alto de las tejas, el cielo acercándose a la arrugas, el hervor sin piedad de la demencia. En las cuestiones del aire, lo fiable es el ojo de lo efímero, el fuego que goza de morder boca y sienes y hasta las ingles de las palabras. Un día, quizá, veamos con serenidad los candelabros de la caligrafía; y volvamos con lucidez, a ver menos presurosa la vida: ¿es la razón o la nostalgia, el semen o la saliva? Ya no le busquemos más explicaciones a la muerte, ni tartamudeemos frente a los molinos de viento. Perdimos y ganamos. Eso es todo.

Barataria, 07.VIII.2012

domingo, 5 de agosto de 2012

INSTINTO

Imagen tomada de es.wikipedia.org/wiki/Canis_lupus



INSTINTO




Viejas sombras del río apocalíptico cimbran sus tentáculos, trozos de cascajo fecundan la garganta, el turno del sigilo en la cuerda salpicada de carroña. En la boca, siempre la misma sed, aunque los ríos sean diferentes, el manantial roído del vómito con sus íntimas uñas de disonancias. Cuesta trabajo entender el caos de la conciencia, el destello del humo saliendo del orificio de las hormigas, la concavidad enmarañada de las venas, las cien mil batallas oscuras de los minotauros como una noche asumida por el grito, después de cavilar en el insomnio subterráneo de los pájaros a despecho del dardo de la angustia. No siempre son apacibles las raíces del pálpito, ni la vida se reduce a los cometas, ni el tormento se quita con analgésicos, sino con una dosis de prolongados orgasmos. En los días venideros, una cruz perpetua será nuestra delicia, la historia más rotunda del deshielo, el chichipince de la sabiduría. Desde luego, navegamos entre catacumbas, escombros y sepultureros; sólo ha quedado la saliva en el cáliz de la pesadumbre, los embustes y la perversidad, el azufre y el moho de cierta tortura, la bestia en el espejo genético, las paradojas de los sótanos, los microeclipses del pálpito como armas para hacer sangrar los párpados. Rotas todas las edades, las del costado y del misterio develado, no nos queda mucho por hacer, salvo que el instinto nos salve de los arquetipos y de las viejas liturgias de las oblicuidades.

Barataria, 05.VIII.2012

viernes, 3 de agosto de 2012

DESNUDEZ

Imagen de André Cruchaga



DESNUDEZ




Todo lo que tocamos hoy, es sólo el escombro de mañana. Sal, humo, cerraduras, no serán las mismas, ni las calles donde uno descubrió las primeras ilusiones. Será la carne seca del pinar enjuto el que desde la memoria nos bañe con su tráfico de trementina con aquéllas, hoy, ruinas de las manos. La verdad, mañana no sabremos de nosotros, si estamos vivos será silencio anochecido como el humo seco de una ladera de granito. Si hoy, carecemos de certidumbres, lo inasible es inminente: ¿en qué axilas duermen los pájaros, hondos tobillos de arena en la sombra, huecos que dejó la alegría, fríos cárdenos en los huesos? Vago, sordo, confuso, nada es para la eternidad; el espejo golpea las cortinas del aliento, los escarabajos subiendo al lavatorio de la cara, los pies hinchados de la impotencia al no poder asir, retener, el sol verde de los jazmines, los alelíes en las gotas de lluvia, aquel sedimento en la leche de la memoria. Hay, sin duda, otros ámbitos que acogen los sueños: en todo, hay una realidad inefable que escapa a la comprensión, los sombreros revividos de las supersticiones, el cántaro del más allá donde uno se despoja de la angustia. No sé si la ficción es un juego aleatorio de utopías, lo cierto es que ni la almohada perpetúa la esencia de las ventanas: mañana, seguramente, seremos otros transeúntes con diferentes sonambulismos, con otra boca derruida en el terraplén del mundo. Así es el pulso de lo efímero.

Barataria, 04.VIII.2012

miércoles, 1 de agosto de 2012

MÁSTILES Y BRÚJULAS

Imagen tomada de/definicionabc.com



MÁSTILES Y BRÚJULAS




Desde el mástil, la guitarra del horizonte como una bandera de crecidas ramas. Nubes, pájaros, campanas, la claridad sedienta del alba, la puerta abierta de la espuma en su alforja liquida de aguas: ¿rumbos? Tantas ventanas perdidas en el confín, nidos en la desconfianza del entrecejo, duras esquinas de los adioses, descalzos en las sombras de la sal. Al fondo, la curva de los sueños, las begonias en la fuga de las pupilas, las palabras que se lavan estremecidas de aire y fuerza, repentinos ecos girando alrededor de las gaviotas, con vuelo que horada mi saliva, la leña amanecida de la respiración en su capitel de pincel, relieve de tanta erosión acaecida en el granito de la escritura. Nada es fortuito en esta travesía de libertad, siempre hay que pagar un precio con todos los búhos que germinan en el oráculo del tiempo: antes de llegar a este camino, hube de saltar sobre los roquedales de una respiración incierta. Ahora lejos de aquellos ritos empedrados, hago el necesario recuento del filo, la cruz o la manzana o el humo, el bautismo o el réquiem, el semen sobre la danza de la sábana, la pira o la flauta en la yema de los dedos en este trajinar definitivo sobre el océano. El resto es la ganancia compartida en la misma dimensión que tiene el olfato cuando baja a la densidad de los puertos. En ultramar, el rocío esparcido de la tinta, las certezas que buscamos a lo efímero…
Barataria, 01.VIII.2012