sábado, 29 de septiembre de 2012

DESORDEN

Pablo Picasso




 DESORDEN



Cava tu propia fosa y no la mía ésta la hicieron las gaviotas de Ulyses de regreso Ítaca la hizo el taburete petrificado el traspatio del aliento después del desorden momentáneo del oleaje en altamar viene el retorno de las aguas  hasta  la normal eufonía de los sombreros en el litoral alguien lloró en la semidesnudez inclinada de la noche antes no hubiera creído en los balcones de aquél contraste ni en los mirtos del alquimista del hambre trasnochada ni siquiera en el retrato entrecerrado por los girasoles ni en el asalto a la razón desde una mecedora ni detrás de una verja con calles sordas y antiguas nadie puede huir de su propio incendio esa es la explicación que puedo darle a la ceniza a la puerilidad de las palabras dichas en un minuto tanta fantasía por un beso de nitroglicerina para luego desperfumar el ahora  con las ebrias funerarias de la desnudez en un universo de cruces y granito es hora de que el desorden deje de aparecer en la almohada es hora de abrasar el rocío la inocencia efusiva de los líquidos el enjambre frenético de la alegría ya no tengo otra coartada para apostarle a la eternidad comprendo los magullones dispersos del tropezón el pudor del colibrí y esa claridad de escarcha en la goma de mascar “he visto el amor y el caballo antiguo” de las camándulas he sentido la ráfaga que traspasa mi garganta con toda la tinta vacilante del pulso y adivinado la historia personal del sedimento dentro de lo que cabe me salva el candil que llevo en las manos el húmedo gemido yerto de los dientes dispersas las hojas de la neblina descubro la aguda risa de las bancas vacías de los parques el gusano que corroe mis buenos modales el nudo ciego de la sal en los tobillos del paraguas que sostiene el agua puntiaguda del invierno en la pantalla del gran cine mudo todo es diferente a la vida real del maullido todo es cuestión de semáforos cuando el tráfico es pesado y uno desespera a falta de oxígeno por suerte guardo “silencio al escuchar los primeros gemidos.”

Barataria, 28.IX.2012

viernes, 28 de septiembre de 2012

RUPTURA

Imagen tomada de bancodeimagenesgratis.com



RUPTURA




El grito del harapo enciende los termómetros en el relieve del crepúsculo escapulario devorado en la defunción de las últimas diligencias allí donde el imán saca ciegas conclusiones digamos que el bosque de las libélulas huyó en las horas cavadas en el rojo del sopor y que de manera invisible los alambres de mis vísceras, roncos de herrumbre  miedo al traspiés miedo al infinito miedo al lamento miedo a la lengua inaccesible miedo a las escaleras miedo a toda esta idiotez miedo a la memoria miedo al ojo bizco del oleaje miedo a la trampa del aullido miedo al vaivén oxidado de los resortes miedo a los barcos hundidos en las aguas miedo al camino mutilado braceando todavía en la gaviota del infinito deshojada mientras agonizan mis dedos de prestidigitador falso  miro los recuerdos en la pizarra de la memoria el humo y las sombras se volvieron filiales en el nido de mis sueños pronto se gastó la aurora de la garganta en el chat electrizado de las luciérnagas justo enfrente del pedestal del sol hacia la alacena se rompen las bisagras y quedan huérfanas de techo las horas que requiere el alba para no ser espuma  ni sal errante me temo que la danza carece de la indumentaria necesaria para ser horizonte me temo que el vacío es más hondo que los recuerdos me temo que muere todo aquello que es jardín me temo que los minutos resecan la garganta y deja de ser vegetal el confín me temo que la oblicuidad con dirección propia sino hacia otra sombra adusta donde los pañuelos son la inversa de los pájaros un día podré poner la pieza justa en el tablero de ajedrez de la batalla entonces diré: dame tu mano aunque sólo sea para enterrar las alas en el féretro de la almohada río abajo un vado flotando entre las aguas vuelan los párpados en los paralelos de la tarde brotan las espinas entre el arco iris  escribo con la tinta del invierno de los trenes

Barataria, 28.IX.2012
 

jueves, 27 de septiembre de 2012

HERVOR

Imagen tomada de fotoyphotoshop.blogspot.com



HERVOR




Violentos los siglos de agitación del agua cuando asfixia en su hervor trashumante el pulso pierde todas las minuciosidades del aparejo exhalado por la sangre siempre me conmueve el monólogo del desagüe: el trabajo hasta la piedra del cansancio la quemadura que me da malos augurios justo en el momento en que medito con el aletazo del fuego la flama como una autoridad omnipotente días de insoportable fermento en la olla de presión del pecho con todos los poros abiertos de la cebolla cuesta alcanzar el equilibrio cuando pulula en demasía la brasa oscura del calendario el humo sin brida del dolor el claroscuro de los pronombres personales en primera persona o la segunda que se entrecruza como una criatura inocua en el chispero del pálpito no sé para qué arriesgarme tanto o meterme en una túnica donde no caben mis pulsaciones ni siquiera los zapatos rotos por el asfalto uno siempre espera palabras bonitas sentado en el taburete de la tarde pero no es así: acá las cosas son diferentes una ola de golpe rompe el pulmón del mar un cuerpo no es suficiente para desnudarme y quitarme las pantunflas colgar en alguna nube que susurra el tecomate me doy prisa por aquello de que las aguas no se desborden no hay nada que pueda desvanecer mi cara curtida por andar velando una sonrisa el pan primero del jarrón del sexo la libertad que busco en las brumosas hojas de tabaco de un blus siquiera una mueca que haga convalecer el paisaje pero nada el hervor se vuelve un rompecabezas tumultuoso en medio yo estatua con sombrero de palmera a pie juntillas el chorrito de agua que sale del paraguas del estanque septiembre me empuja con sus patas hacia otros mataderos al punto de sólo pensar en los jadeos hasta repetir de memoria las estrofas del himno nacional con su inútil llamado a la paz a menudo todo susurro es un puñal en mis oídos ah los recuerdos flotando en el caracol del pubis en las alas de las piernas en esa tinaja donde se inclina la montaña del sudor y el buche de mis posibilidades

Barataria, 27.IX.2012
 

martes, 25 de septiembre de 2012

DIBUJO DE LA SOMBRA

Imagen tomada de imagenzone.net



DIBUJO DE LA SOMBRA




Entre una sombra y otra el tedio de la cuerda del reloj en medio del rumor de la ceniza dibujo en la sombra esta somnolencia de presentimientos el tibio esqueleto de la brisa el trazo del infinito en los esqueletos colgados de las puertas asumo que no tengo tiempo para pensar en los océanos  en la oración salida de la carne junto al incienso que propala el ambiente entonces dibujo los juguetes de mi infancia el solitario collar de las palabras los barcos sobre los insectos el ritmo de la alcancía con mis exploraciones ocultas  ¿hacia dónde me lleva esta respiración de túneles?  ¿En qué verdades pienso a la hora de adentrarme en la flama del candil en los propios artificios del rumor de los insectos subiendo sobre mi piel? Las piedras de la sequía me agobian hasta el punto de eructar páramos matorrales donde se acaba mi lengua llega una hora en que los féretros levitan en su propia madera luego descienden los minutos con los suspiros de la muerte nubes guardadas en las telarañas gritos grises rasgando la garganta el instante preciso del galope de la espina como una bestia insofrenable en la maleza del pecho pero no sólo dibujo sombras en mi cuaderno sino también trenes y espejos paralelos a mis brazos  y cáñamos incandescentes de tinta qué sigue después no lo sé silba el fastidio de las calles con su roca de axilas con sus ingles habitadas por el sopor después de todo sólo la poesía me salva de los vertederos de los ojos tendidos en las aceras de la Patria después de tanta sombra  pediré únicamente el olvido para encontrarme con el volumen  de las persianas que el viento en su oficio solidario me trae desde la oscura abstracción de las raíces giro a través de la danza de los pétalos del rocío vuelo y no sé si esto ya es un absurdo.

Barataria, 25.IX.2012
 

domingo, 23 de septiembre de 2012

NAVEGACIÓN INTEMPORAL

Imagen tomada de clasificados.portalbonsai.com


NAVEGACIÓN INTEMPORAL




Bajas al absoluto con el pulso voluble de lo intemporal. En las sombras gime el éter del calendario, la propia nostalgia de los vaivenes del cuerpo, los frescos que respiramos en la tinta hirviente del alfabeto. No tenemos un tiempo preciso para encarnarnos, ni una salida sencilla a la sombra del adobe,  ni una escena que no haya deshecho el viento. Basta es la zozobra alrededor de nuestras manos, la destrucción o la vigilia que se abre al sueño: ¿Desde qué remotos brazos venimos dejando huellas en el rastrojo? ¿Hacia qué mar invisible nos adelgazamos para el braceo, el mar diario y fugaz cubierto de espuma? A mitad del camino chocamos contra las piedras; en nuestra época de fiebre, a puñadas el huracán de la saliva, el vendaval fiero del fuego de los girasoles, el trabajo colectivo de la esperma. En el umbral somos dos trabajos de escultura: navegamos en la violenta noche de la orfandad; y por si fuera poco, sangramos como seres no  inmunes en el espejo, nos vaciamos en la perseverancia de la trementina, derrumbamos las ideas para ser sólo aliento y jadeos. Después de todo, nos alumbran las luciérnagas en la deshora del viaje: arde la lluvia en las aguas absolutas, es como si de pronto, el hambre estallará en todos los cristales, en cada quien la biblioteca de los mares o el cielorraso de escribir todos los días en el cuaderno de la herrumbre.

Barataria, 22.IX.2012
 

viernes, 21 de septiembre de 2012

DICTAMEN

Imagen tomada de feralon.blogspot.es


DICTAMEN




“Cada gota de agua lleva en sí su desierto”.
BRAULIO ARENAS




El dictamen del escombro arde en el trasmundo de mis latidos; el tiempo nos deja con un sabor de herrumbre, pálpitos de queja en el trazo circular del alfabeto. El acto de vivir es tan simple como la sal que cae del mantel junto a las addendas de las migas, sombras como un retablo en la historia muerta de las paredes. Me parece que voy destruyendo la claridad en este sortilegio de sueños y pañuelos, en este olor nauseabundo de las lámparas; sobre el subsuelo, las fauces íntimas del caos, el oficio cada vez mayor de adentrarme en la página desgastada del césped. Cada ansia nuestra, lleva consigo, la intemperie histórica de las ventanas, la desnudez equidistante a las puertas, el aroma desvencijado del patio donde la ruda trasiega sus propias abstracciones. Cada escombro encuentra refugio en mis pupilas: lo sé desde la antesala de siglos del espejo, desde la consumación de las abolladuras de mi garganta, desde el confín de las borrascas. Cuando la humedad de la saliva se vuelve paracaídas, las palabras dejan de ser simples guijarros: descubro en la iracundia oxidada, todos los segundos de la temperatura. Cuando me armo de todas estas disonancias, entiendo mejor el fango de la tinta, quizás también, la agonía de las brújulas, este rigor de los muertos semienterrados en la ebullición de la sapiencia. Crece el predio baldío de las obsesiones, el oficio de venerar los huesos, tomar la sartén paupérrima del conjuro y luego levitar en la pólvora de los genitales. Un golpe de suerte puede convertir en museo, toda esta oscilación de barcas subterráneas.

Barataria, 20.IX.2012
 

miércoles, 19 de septiembre de 2012

ENTRESUEÑO

fotografia deFrancesca Woodman




ENTRESUEÑO




Entre la vigilia y el sueño, disminuye la conciencia del mundo, los entretelones del azar, el salto de la lluvia de las vaguedades; entre líneas, la espuma de la urbanidad con sus contrastes apriorísticos. Muerdo el dril del parpadeo de la escoba en la antesala del olvido, la sombra del palo ensebado, insepulta en los símbolos del fuego, los pañuelos colgando de la clavícula del agua, casi una novela el montón de folios de lo irrestañable, la plural canela en la cronología de los desgarramientos. Súbita es la fuerza del subconsciente con el furor de su cábala al pie del arbusto del viento, vaga, huidiza la voz desoída de lo huraño, la claridad inconclusa de lo inefable: vos y yo, despiertos frente a una audiencia que sacude los agüeros; pese a ello, tenemos la certidumbre de navegar sin piar, en el conjuro de la lumbre, sin la batalla alegórica del aliento. El tiempo es una batalla incesante aun en los cántaros llovidos; a cada cual, seguramente, le toca restituir lo vívido, incluyendo la amalgama aleatoria del desatino. En el espejo circundante de la perplejidad la silla de cara a las sombras, el desagüe pulsante de las sombras con su resuello de memoria penitente. Y es que en la visión de las desinencias, se vuelve cotidiano lo insondable o, lo insondable sale del arcano y se dispersa en el espejo de las llaves.  En la hamaca de la historia, es habitual transitar a través del polvo, y perderse en el filme negro de las plazas. En resumidas cuentas, disperso mis sentidos aletargados y abrazo la inclemencia, aquí, en el sigilo íngrimo y enmohecido de esta suerte anticipada de la fuga.

Barataria, 18.IX.2012

lunes, 17 de septiembre de 2012

VENTANA SORDA

Imagen tomada de funeat.org.ar


VENTANA SORDA




Frente al jardín, la ventana sorda de las mochetas, sordos los relojes derramados de la sangre, abandonados los fósforos del insomnio, este compás de espera en la trinchera del almanaque. Deambulo así, en la frontera de las palabras y mil bolsillos vacíos,  ebrio de la avaricia de las campanas, masticando el presente como una extraña zanja en la garganta. Llevo, por lo demás, un puchito de ceniza en las pestañas, para no olvidarme de los nudos de la agonía, del murmullo imperfecto y monocorde de los moscardones; en la oscuridad del dintel, el búho a quemarropa de la transitoriedad: procuro una gota de agua en este pulso mío engangrenado,  a punto de ser sólo guijarro en mis ojos, habitante de la opacidad del horizonte.  Ante cada despojo, también me suelo quedar sin palabras, mordido de telarañas, desgarrado el aliento. De pronto, la nostalgia viene con sus inclemencias habituales a hundir los barcos, a descarrilar el tren en la lengua calcinada de los tapiales de mi sangre. Por todos los costados de la hojarasca, aparece la mudez del humo, y esta materia al servicio del olvido. En el espasmo de este océano remoto, forcejean las imágenes irremediables de la sal, esta profundidad de mis ojos en el vacío, el ascensor de escombros apocalípticos, la suerte de esta vocación de zapatos ciegos. Al trasluz de los días venideros, los días de la semana se llenan de mutilaciones. Estoy a punto de perderme en la neblina de la maleza. Estoy a punto de quemarme en el delirio.

Barataria,17.IX.2012


 

domingo, 16 de septiembre de 2012

AL MARGEN DEL POEMA

Imagen tomada de carisma-fluvial.eu



AL MARGEN DEL POEMA




No me asombro,
conservo mi nivel sobre el agua, puedo todavía mojar mi lengua
en el subcielo, en el azul extático.
VICENTE ALEIXANDRE




Caminamos entre los esqueletos del desfiladero, entre ventanas
y piedras agresivas, trapos de rumorosos orgasmos, antesalas
de vísceras cortadas por este duelo de afiebrado vinagre:
días indóciles como caballos
sin relevo de espejos, desbocados en el far-west
tumultuoso del horizonte, en el círculo inmediato de las espuelas
de los peces.
Al margen del poema, la risa en riesgo de no ser abrazo,
los rostros como viejas iglesias, retratos de orfandad,
grifos con la severidad
del cloro, instantes de sordos vasos en la barra show de las estrellas,
el horno de la impaciencia casi convertido en ceniza.

(Vos, en las esquinas oscuras de la sal lamiendo la conciencia
de los paralíticos,
el día a día en la densidad de la boca,
encadenada a la desnudez del aliento, acumulada en el designio
del peligro, a punto de deshacer los estatutos del candil,
mientras las puñadas de césped se revuelven con las lágrimas
de lo innoble:
nos movemos a quemarropa de los espantapájaros,
mezcla de olores y sabores,
hasta que nos topamos con alguna botica de humo,
y llenamos de productos inútiles el alma, y nos sumergimos
en el suburbio de la angustia y en el tenso desvelo de las ofensivas,
junto a la monarquía
de la neurosis que ha hecho su trabajo de aguas subterráneas.)

Hasta cierto punto, me ahoga la panela de dulce disuelta
en el vinagre, los espejos licuados, hirvientes,
de los falsos pájaros de la música, este pozo violento
de las impurezas, la maldita manía del desatino cuando subo
las escaleras de la savia,
fieros cinceles como colmillos en una ciudad gótica,
mares sangrantes
donde quiera que duermo, talismanes en el agua del estrépito.

(Vos, en medio de alguna albahaca indescriptible,
debajo del comal
de las luciérnagas, infinita en la alacena del azufre.
Mientras mi pobreza
cada vez se vuelve diurna y deambula en las aguas llovidas
de las aceras. Son ciegos estos contrastes de alquimista.
Ciego el emporio de la risa,
ciega la mecedora desgastada en los balcones.
Los ojos se cansan del hielo sordo de la noche: debo quedarme aquí,
detrás de las palabras sacudidas por mis manos, sin resistirme
a la laboriosidad
de la polilla, tierra adentro del bálsamo quemado.)

Llueve aún en las ramas de cada página.
Juego con los cántaros erosivos
del ansia, en medio de la neblina, el deseo instaura sus armas:
lo sé cuando debajo del dintel enciendo mi cigarro y el dril redobla
el paisaje: la ropa levanta su cajita de viento,
y la lluvia gotea en la butaca de la insolación más transparente.
La ciudad deseada es la esencia del idioma: la película
comienza entre cabuyas hasta las escamas sofocantes del oxígeno.

Barataria, 15.IX.2012

viernes, 14 de septiembre de 2012

FACCIÓN DE LA ESPERA

Imagen tomada  de rogeliaperez.blogspot.com




FACCIÓN DE LA ESPERA




Estamos bloqueados por los remordimientos.
VICENTE HUIDOBRO




Como ritmo de pájaros muertos huyen los taburetes de las arañas
hambrientas del trasmundo de la espera; los ecos absorbentes
del estar aquí, disecando toda la respiración de los días fértiles,
los días a cielorraso del césped y el tronco del desasosiego reptando
sobre la roca silenciosa, terrible quietud de sombra,
ausencia total desde el umbral que amanece, casi huérfano
de reposo y luz.
El suicidio se encarga de la sequía,
del hormigueo que cunde el sigilo, cruce de brazos entre grilletes,
pantano de salmuera donde beben el tiempo los cuervos,
la ceniza hundida en el jade, amarrada al vaho de la espera.
—Nunca llega. Nunca llegas al ramaje de la hierbabuena.
Todo lo contrario:
hosco es este estuche de la paciencia, las grietas intransitivas
de la sangre, la complejidad de peregrinar sin dioses,
ni promesas, ni júbilo.

(En cada dedo se apagan los dedos de los fósforos; ante la entraña inútil:
la hojarasca, los cuchillos eternos del horizonte.
El afán del búho es una realidad incesante, una estampa de pruritos,
un aullido de dientes,
y no un chorrito de agua entrando al fervor del aliento.)

En cada facción del vuelo, la sordidez enroscada en la hojarasca,
el guacal del deseo de los ojos, saliéndose de su concavidad,
fluctuando en el dromedario de la duda, en ese hueco del espasmo.
De pronto duelen los pedazos de cráter de la garganta, el saldo
siempre en rojo de las almádanas,
el sabor innavegable de las aguas estancadas,
el puro rancio entre las encías,
como un desencuentro de fantasmas estériles, como el remordimiento
de las uñas masticadas, en plena guillotina del sonambulismo.
¿En qué pedazo de camino la metamorfosis se vuelve clandestina?
¿En qué conciencia cabe un pedazo del delirio,
las fotografías cuyo espejismo
se roban de pronto los colores?
—Nunca hubo respuestas, ni palabras. Únicamente la espera ruidosa,
que una vez más se emparenta con el olvido.
¡Qué frío hace cuando sólo el perro se reafirma en su ladrido,
y no la presencia
de la fronda! Uno mismo se desvanece en medio del gentío,
en los nudos de la historia del fuego…
la ganancia, después de todo, la obtiene la indiferencia:
hoy, debo volver a replantearme el horizonte, y retornar a la vieja
costumbre de contemplar la neblina; a fin de cuentas,
los náufragos también sobreviven a los caracoles, y al ruido
que produce el sonambulismo en las altas esferas de la noche.
“La espera es la más refinada forma de tortura.”

Barataria, 13.IX.2012

miércoles, 12 de septiembre de 2012

MAREA

Imagen tomada del facebook de Sofía Rodríguez García.




MAREA




Hay un ombligo puesto en un sitio con su pequeñísima dentadura
blanca de espina de pez.
SALVADOR DALÍ




En las altas esferas de los sentidos derretidos, los árboles
líquidos del asombro, en su suicidio subyugante de alcancía
o alacena, moscas con el hambre de los días
seculares, infatigables campañas de ceniza, aptas solo
para circular en medio
del delirio de capiteles corporales empapados de crímenes
y absurdos: lo sabemos después de bajar de la cresta de los gallos,
después de orinarnos en los cadáveres
de la tarde, después de cansarnos de tantos labios inexplicables,
después de masturbar la idiotez de los ladrillos,
después, ¿por qué esta incandescencia desmesurada mordiendo
la comarca de los lóbulos,
ese viaje de impurezas a los ijares,
entre odios y deseos no concluyentes?
¿Es posible la claridad, cuando la herrumbre muerde las ingles,
cuando la marea
hace de la espuma castillos de naipes, y péndulos de sobremesa
en la inconciencia?
Nos partimos el alma como cuerpos inmóviles,
multiplicamos el pájaro de la sal en su órbita de acústica,
embozamos la noche con navajas de análogas quemaduras:
herimos la sangre verde de los epítetos,
acentuamos las manos adoloridas de la tos,
y alentamos el humo, y el polvo, y la sombra y el viejo prestigio
de la sal, y el horizonte en ese camino inasible de las ventanas.

Me quedo atónito en medio de la espesura: me ejercito
con mis vestiduras para el próximo paso,
nos vemos en un paisaje cambiante de ruedas,
¿nos acostumbramos a la toxicidad de la gravedad?
—La velocidad es incolora
en la ebullición de los trastos, lo es la salmuera destilada
en los pezones,
lo es el acuario onírico del grito, la pupila disfrazada de murciélago,
la palpitación del bramido de la muerte en la piel,
en la honda evocación
de la arquitectura, ¿es posible izar las banderas, atravesando
sin desfallecer el guacal del ombligo,
la llanura donde se humedece la espiga?
El cauterio no aquieta la marea, ni la hace invisible.

Frente al rumor del moho en la lengua, el ansia de desnudar el olfato,
y asfixiar el barco de las fotografías…
y no es para menos cuando detrás del telón de la respiración
se han acumulado irremediables desniveles como el trópico
y sus catástrofes: alguien nos despierta desde lo oscuro
de las estaciones para sacarnos del sonambulismo del delirio.
Naturalmente el olvido es inexacto, cuando hemos estado
sometidos por voluntad propia, a semanas de tinta y navegaciones.

Barataria, 11.IX.2012

lunes, 10 de septiembre de 2012

ESPEJO ROTO

Imagen tomada de libertad.obolog.com



ESPEJO ROTO




A través de los días se quiebra la voz del espejo roto que yace en la sábana vacía. No hay llaves únicas para abrir el caracol de las mañanas, ni estatuas incólumes para preservar la lluvia y su alambique de larga ternura. Vamos,— te digo—, a romper los cuarenta candados del desierto, el taladro del hambre en los dedos de la sombra, las tierras prometidas para la labranza. Pero no, atravesamos sin ningún reparo y alegría, los días entre manos calcinadas, mientras el reloj muere en los jardines: aún espero la trinchera de tu pálpito, el candil sin miedo de las palabras, y esta dura pared de los latidos del granito. Cada vez nos adentramos a las viejas alcantarillas de los desasosiegos, con insomnio de escaleras y almanaques, a veces esquivos ante el grito de las muletas, reacios a saltar sobre las acequias. Todo se reduce a fragmentos: velamos la hipnosis del escalofrío, y mordemos matemáticamente la ternura como si se tratase de ecuaciones logarítmicas, como si el desfiladero del hambre debiera medirse en ausencia del almíbar del triángulo. Lo mismo sucede cuando llegamos al desfiladero: nos olvidamos de la lectura del hambre, del chorrito de nostalgia que siempre termina hipnotizándonos, de la brújula del ateísmo en el acantilado, desnuda la bocina del arco iris en el cerrojo. No tenemos más salida que saltar sobre la joroba de los naipes y los güistes de los cristales fatigados del viento. Por cierto, en medio del crepúsculo, —sin previo aviso—, nos espera el candelabro hirviente de las culpas.

Barataria, 09.IX.2012

sábado, 8 de septiembre de 2012

INSOMNIO DE LA PIEDRA

Imagen tomada del blog de Andrei Langa





INSOMNIO DE LA PIEDRA





Con aves inmóviles posadas para siempre en su mirada
Con el silbo de un tren que arranca lentamente sus raíces de hierro
ENRIQUE MOLINA




Hartémonos todos los guijarros desprendidos de la piedra,
los rizos del crepitar del insomnio, los espectros de sal que aletean
en el espejo acaso los argumentos fracturados de la lluvia.
Entre mis dientes y el suelo raso, hay pájaros obscenos.
Inexplicables puertas de destrozados termómetros, ojos que galopan
en la saliva del búho, feroces pestañas de máquinas en desuso:
en cada costado es frenética la ferocidad de la niebla del escalofrío
y todos los condimentos implacables del tacto, y toda la opulencia
de la herrumbre ahogada en el siete de bastos del templo sagrado
de los trenes que van con esa sintaxis de tos moribunda,
como una tos convulsa en medio del equipaje, dentro de la oscuridad
líquida de los rieles.

Allí las horas sólo tienen tatuajes de un murmullo
desvelado,
imágenes acumuladas, pero no previsibles,
pretéritas ebriedades de la boca, magulladas formas donde la angustia
se eleva a santuario, dinteles escurridizos en la pared de granito
del desatino.

—Cuando alguien me hable o simplemente habla,
me niega las escalaras me avienta al suicidio de la ciénaga,
sin embargo hace visible mi sigilo, lo audible del incienso,
aunque de pronto todo sea extenuante:
se fragüen óxidos para la memoria
y se recurra a los estratagemas más perversos,
como borrar el cántaro
de la memoria
con esa insistencia hostil que deriva de la carcoma.
A pesar de esta ceremonia cotidiana que pervive en mis alrededores,
salgo a la calle cuidándome de los aguijones,
de esos algoritmos falsos de la Paz,
de ese amor al prójimo ataviado de eufemismos.
Salgo y camino en medio del caos,
me sereno ante la oferta y la demanda,
para ello me auxilio del aire y no de los cadáveres;
los días insoportables
son avasalladores, este juego de la supervivencia es macabro:
está próximo
al golpe y no a la felicidad que da la plena conciencia.

(Pero es entendible la insania: labora incesante todos los días
como una serpiente enroscada en su cueva, a la espera de su presa;
durante el sonambulismo del desvelo, crecen ríos de diminutas aguas,
muerden las señales del juego de la sobremesa, se multiplica el vértigo,
y todas las señales irónicas del espejo.)

De la noche, nadie tiene su llave mágica,
sino las insuficiencias acéfalas del sueño, los periódicos pálidos
del paisaje, la anemia horizontal de los párpados,
la avalancha tóxica del azogue.
En cada cueva o telaraña desconfío de la claridad.
Los metabolismos del umbral,
tienen su propia ramazón de úlceras,
mi pregunta es: ¿hasta cuándo los párpados serán arrastrados
por la noche,
sin que el ceño adusto sea inevitable? En la demencia del alfabeto,
caben carniceros y baldíos, y los muros imperceptibles de la razón.
Al final, dejo que el enemigo desfonde sus propias pesadumbres,
su fuego virulento,
el territorio yermo de sus desatinos.
Nada conmueve más que el asombro recurrente de la reinvención.

Barataria, 07.IX.2012

jueves, 6 de septiembre de 2012

LENTA HERIDA

Imagen tomada de contrapicado.net




LENTA HERIDA




TODAS las verdades llevan la sangre a flor de piel…
JOSÉ MARÍA HINOJOSA




Hacia la última lágrima del pájaro, resbala también, la sangre convertida en agonía, al menos eso es lo que ve el dominio de mis ojos. En cada tarde van quedando las cenizas de la ciudad, los charcos rotos del lenguaje a la altura de las begonias marchitas de las sombras, endeble cartulina del cielo: en un instante, las letras del tren del abecedario me parecen inauditas como el suplicio del aliento en espejos nublados, oscuros chorros de agonía y respiración, repicando en las agujas del tiempo, tal como lo hace un estanque de grises. En este hierro de dudas, la tortura es grande, cansa la lluvia con las ventanas cerradas, los dientes quebrados del sueño, el olvido dentro de otro olvido ciego, oscurecido por los frutos de la muerte. ¿Qué tocamos, sino los muros del espanto, la hoja fenecida de la tempestad, y el sabor que una vez fue alta torre de la espiga? En este aliento corrompido y de ultrajes, de sabor agridulce, y los bolsillos sin oídos, no puede haber jardines, sino el semblante de la muerte con fondo de corrompidos litorales. A medida que los tejados se van haciendo fósiles, me quedo oyendo el quejido del tiempo cuando pasa la noche con su propia demencia interminable, con el columpio del humo que permea mis poros y ojos. Lentos son los caballos de la sal y la escoria que queda en la cara, la luz próxima a lo subterráneo, las manos del aire que me ensordecen cuando golpean mi demencia.

Barataria, 05.IX.2012

martes, 4 de septiembre de 2012

MÍNIMOS DÍAS

Imagen tomada de turismito.com



MÍNIMOS DÍAS




Mordemos las cartas de los mínimos días interiores de la conciencia, ciertas pesadillas del automatismo, el incendio es enorme en las esquinas difusas del aire: caminamos halando las rojas cortinas de la sangre en medio de los dedos del cordero apuñalado del cansancio. Hay días peores a una catedral desmayada, tras el ritual genuflexo de la hostia. Todas las páginas del aliento flotan en el rincón del tizne o la polilla, en la mano con una línea de monedas ofendidas, violines de moscas suspendidas en el entrecejo, casi al punto de hacerse sorda tormenta, hinchado paraguas en la repartición del aire viciado de un antro. En la puerta, el disfraz del aliento como un brazo solidario encallado en una fotografía, como un petate contento de saliva; a ciertas horas de un día cualquiera, la imagen del telón y los cuchillos gritando en el farol sucio del cristal donde corren los muebles secos de los pájaros. (Es para reírse, después de todo, cuando la madera de la cama cruje y desafía el rebaño de jadeos del festín. Frente al espejo, la roca sangrante, la alcancía rica en sales minerales, o el aleluya cantando su propio funeral.) A la hora de la fosforescencia, se ve la piel curtida de las navajas, el puchito de agua colgando de la ventana, a veces el sereno tirando flechas a las pupilas, a ese demonio plantado en la rendija del abanico de agua derretido. Hay días mínimos abiertos al cielo: días como una persiana ahorcada por los grises apagados de las luciérnagas.

Barataria, 03.IX.2012

domingo, 2 de septiembre de 2012

BALCÓN INSEPULTO

Imagen tomada de la red




BALCÓN INSEPULTO




Aquietado en mí este balcón de perenne vigilia. Ella y el balcón, los dos en la irrefrenable precipitación de los andamios, la sábana a duermevela del surrealismo orgásmico de la habitación y la cocina, del poro abierto en contra de las palabras. ¿Perseguimos una forma, como dijo Darío? ¿O es sólo el fuego sediento que se acerca apretado de locura, a la porcelana de los ijares, al sopor de la estridencia del tatuaje protagonista de esta conquista meridional? No sé hasta cuándo estará aquí, insepulta, en esta unanimidad efímera, sin que la puerta se convierta en un torrente migratorio, sin que la desmesura cambie de inmensidad. Vuelvo todos los días a la embarcación de mis deseos, al viaje de las perspectivas, sin pensar que este oficio de la palabra también me depara miserias y muertes a lo largo de la tinta. Al albor de cada día, la alegría nos demanda permanente laboriosidad; alrededor de nuestra propia fábula los días incontables del sahumerio, el camino hacia las leyes de la dialéctica, el pájaro irreal del planeta. Cuando le damos lectura al relámpago, somos habitantes penitentes de jardines inefables, huéspedes del plural quebranto. Y claro, no puede ser de otra manera, cuando nuestra condición afianza los cimientos de la escritura, el propio lecho laborioso del horizonte. Nunca, pues, deja de ser colmena el balcón donde sorbemos este destino de aguas esenciales.

Barataria, 01.IX.2012