miércoles, 31 de octubre de 2012

RECUENTO

Imagen tomada de fotoplatino.com






RECUENTO





…en la lluvia de tinta que me atraviesa con espejos
tus ojos mágicos como un árbol degollado…
BENJAMÍN PÉRET




Profundidades inmensas las agujas de pronto en las encías.
El cuerpo helado como una paz sin brazos —El rostro herido
por la espera de los años, la niebla ardiente, en el pecho.
El viento cae: —es un susurro de alas quebradas, de alas
sin cuerpo, espejo deteniéndose, ahora en los ojos.
En las cuencas cae el musgo del cuerpo —la armadura
de los muertos —tu armadura con manos de medianoche.

(Ya no te reconozco cuando rasgas el día)…

Ahora expiran los bastones de sal de las mejillas: las diademas
del arco iris, la sábana a oscuras de la habitación.
Hoy vivimos días grotescos donde se derrumban los jardines:
crujen las telarañas de los pañuelos en ventanas secas.
Qué fe hará la vida menos miserable, qué fuerza
para ya no mirar la última agonía, los caballos abrasados
del miedo o la duda o el infinito ruido que haces en la llaga.

[Hay deseos de convertir las sombras en ceniza]

No pensar en lo vivido, vaciar cada subibaja de las pupilas,
saltar al otro lado sin repetir las mismas palabras:
—esas palabras que mastican los niños incomprensiblemente,
esas confusas carrozas de sangre en los ojos,
esos senos de tumba que perdieron el sonido repetido
de la luz, ahora crueles elefantes encallados en el pasado.
Uno anhela en cierto modo el perfume de los años bisiestos.
Uno despierta en la mañana con una sed absurda.
Cruzan las calles los peldaños ahogados del sueño:
líneas sin páginas la limosna de los brazos, las escaleras
de mi idiotez, el alud de recuerdos en el ventarrón
de mis cuadernos, el hambre o la muerte matando el día.
Sopla la luz en el rostro —sopla esa misma demencia
de los espejos: la cara de los nombres que nunca tuve,
la noche como un solo camino, las calles como una sola noche.

[Los ojos envejecen al igual que el día]

No hay oraciones que quiten este pavor —uno lo intenta;
pero atrás quedaron los últimos gestos del deseo.
Ahora ya no regreses. Aquí hay una ciudad de locura.
Aquí el frío se tornó una espada con ejército. Y nadie puede
entrar salvo los huesos de los acantilados, y los cuchillos
de la nada resueltos irremediablemente.

[El tiempo, sórdido, quema el lecho y el vaso que nos contiene].

El eco, sólo es eso: el eco de los pasos que no se anidaron,
los murciélagos que florecieron en el sosiego, la realidad
a expensas de la conspiración, el azúcar sin campanas de la asfixia,
los surcos decapitados de los zapatos.
Mis demonios caminan sobre paredes heridas.
La última lluvia está por caer en las manos: —No hay ángeles,
sino un crucifijo, —única evidencia—, de este peregrinar
lamiendo el asombro de la noche y la obscenidad
repitiénda como una ceremonia en la lengua, como un cráneo
                                                             en el cenicero de las sienes…
Barataria, 26.VI.2009

martes, 30 de octubre de 2012

DESTINO


Pintura de Marie-Geneviève Bouliard




DESTINO




De qué tren me hablas en medio  del espejismo de los durmientes multiplicados en el tumulto del aliento cuando  la cabeza da vueltas en el nosotros desciendo hasta el basalto de la noche enredado en mis propias vestiduras insolubles a sabiendas que el reloj se petrifica en la tempestad y que hay mucha agua salpicando los rieles del corpiño aledaño de mis ansias en la calle se anima el reloj de las estanterías de la noche el mismo que toca las vigas del océano el mismo que poseso señala un destino: ésta sola miel del vientre y la semilla descubierta aquí en las manos del frío si a la lejanía le ponemos brida se vuelve imposible el viento ante el poema regeneramos las palabras le damos luz a la rama de los pájaros en todo hay un inconsciente íntimo de ventanas el cofre del sueño acústico me devuelve el umbral encantado de los senos diurnos del bosque juro que entre un cigarrillo y otro se esparce también el espesor de los sueños no la mirada inquisitiva sino la mirada que sosiega la simiente el nombre decodificado de tus pupilas siempre a través del pecho de la campana parto llego al fondo de la piedra labrada del hambre los cuerpos juntos en un solo latido una sola piel e invierno sin verdugos bajo el violín de la complicidad basta la sombrilla de esta sed que amarra pies y manos y nos habla de la sucesión de brasas ahogadas puedo decir que el poema ha invadido los oráculos y nos da su propia demencia de azúcar el redoble del único tiempo adentro del cielo de los costados en la ventana del raudal pintamos orquídeas para atravesar la igualdad de los espejos y claro echamos de menos tantas cosas no así la eternidad de la abundancia de nuestro propio mundo en la noche o el día solo la luz del poema aun con los tiempos disímiles de la garganta frente a mí duermen urgentes las pestañas del otro lado de los navíos pero sabemos que en los anillos circulares del alma hay un paso a desnivel del pecho: trabajamos juntos en la lectura del viento y el nosotros lo acercamos al límite de la letra inicial del alfabeto ahora parece que el rocío alcanza nuestras bocas

Barataria, 21.X.2012

lunes, 29 de octubre de 2012

DISTANCIA PRÓDIGA

Imagen tomada de bancodeimagenesgratis.com





DISTANCIA PRÓDIGA




Casi expulsado por el viento me arropa la distancia pródiga de las latitudes la rueda del  estanque de la geografía en la botella quebrada del aullido chirria la hojarasca descompuesta del cielo desde aquella primavera de azúcar de las aguas desde aquellas manos de fuego en el blues de mi garganta cuando entra Ella llegan también todos los nombres del almanaque la piedra sobre los párpados de las cicatrices el brebaje que ahora se ha convertido en cárdena impaciencia de orgasmos hilo de los husos horarios de los colmillos el perro que ladra a medianoche entre los huesecillos de las sombras que bajan de las ramas de la luna con caballos de tapicería —dondequiera la carreta del pálpito de los relámpagos insomnes arrastra las transcripciones del alfabeto los sin embargos de los horcones en poderío de las mochetas del aliento hasta enterrarlos en la rueda de cada mañana en el arrebato del rocío del beso alrededor del cuello si algo pervive siempre en los algoritmos de nuestros dos mundos es esa luz del karma o los arcanos el coturno migrante de la nostalgia el arrebato condensado del invernadero la promesa del abrazo  el zumbido de la lengua de la almohada y el llamado a llenar los vacíos del cielo si algo tiene sabor a tus poros es este eco de la tinta de las ligaduras el vaho que entreabre las persianas de la panela de dulce del destino  si algo aparece en la campana diáfana de cada mañana es el enjambre irrevocable de la alegoría: la cámara kodak que reaviva la velocidad del pulso hasta hacer invierno de mediodías la despensa y hasta el martirio del ayuno en los párpados —huye de mí no no huyas mientras haya alas nunca llega la tarde ni desaparecen las contraseñas de la complicidad huye no no huyas de este salto mortal cada acechanza tiene sus propias escaleras de elixir un solo ojo para probar la sal del fuego en el costado vos rehén de mi expiación ensimismada descendida al barro de mi tormenta vuélvete devuélveme hazte mis únicos zapatos para tocar una melodía de Louis   Armstrong en los telares de la roca explosiva
Barataria, 21.X.2012



domingo, 28 de octubre de 2012

DESEMPEZAR

Fotografía AC





DESEMPEZAR




Estamos pues en el momento de desempezar los  nombres deshabitados días de puertas algún mediodía sin fuerza sobre la piedra allí en los párpados aquí anda sepultemos la cobija irrecuperable de los poros el galope la locura las migajas ahorquemos al pájaro insomne de la lágrima reduzcamos las escenas del desentierro del espejismo en la orilla de la sábana del pétalo roído por emanación de ataúdes nada queda por recobrar sin embargo nada donde había bosque y cofres descifrados ¿a quién interesa silbar abajo del barranco en los límites del canasto de la tormenta a punto de convertirse en catástrofe? ¿quién navega mientras muerde los lirios del estanque de la saliva? ¿quién es capaz de validar semanas cerradas atroces otoños de candiles en donde el kerosén muerde los pájaros los últimos pájaros encerrados en el hollín? ¿De qué ventanas salen los cirios este hangar del crepúsculo mordiendo las mochetas del itinerario la fúnebre cerrajería de las mejillas el extenso relámpago de cruces el voluptuoso semen de la tristeza el riel destrozado del arcoíris? Entonces ¿dónde quedan las fotografías los nombres consagrados en la lámpara del violín disuelto en un santiamén huracanado?  ¿hay que desempezar esta larga travesía de la ternura la lengua mutilada de los caballos romper los senos umbilicales de las aceras el mordisco de la fuga la obstinada efervescencia de la saliva?  Tenemos como ejemplo las tierras del barbecho el vacío del guacal en metal de bruces de los zapatos algo sin duda dejó de ser un vasto viento lo sabemos ante los peldaños curvos de las palabras ante la obediencia de la tinta oscura y sin embargo en la proa el horizonte la revocación al delantal del jardín al aire de madrugada en mi tierra entonces cada cierto tiempo hay necesidad de desempezar los escapularios y escribir sobre la página en blanco

Barataria, 20.X.2012


sábado, 27 de octubre de 2012

ABSURDIZAR

Imagen tomada de fondosgratis





ABSURDIZAR




Absurdizamos el absurdo claro desde el cine mudo hasta la caricatura luego la novela negra la hostilidad de los espejos y esa marcha del tiempo como una emboscada desde una piel entretejida de lisonjas o de qué otra manera podemos llamar el subesplendor de los golpes bajo del siglo de la gran arboleda del vidrio la melodía donde entra el cuenco del cielo la ardentísima serpiente de la bocanada o lo lóbrego de una hoguera flotante en la urdimbre del propio ego absorto claro trato de evitar los adjetivos es difícil convivir sólo con esta especie de pesadilla a menudo la superficialidad se apodera de las otras edades de las fotografías de ahí que haya ciertas sombras en el limbo: ante tal infamia es preferible no abrir la puerta dejar que la bisutería esgrima su propia fantasía lejos del golpe final del hollín todo lo hemos absurdizado que perdimos el último peldaño real de la paciencia perdimos el sueño prolongado de los jardines en lo disímil las desigualdades de la metamorfosis: no se puede trompetizar la niebla en el almohadar de una fábula incierta en la sed antigua había toda clase de indulgencias aquella sonrisa aparecida de pronto no existe: llámese fritanga mocilla perdón por estos desusos culinarios del cerdo colgado de los signos de este tiempo  lo más cierto de lo incierto es una cierta apuesta a quien calla más tiempo y se va habitado de paraguas rotos es decir a quien le da primero el tedio o se ahorca en la rama del sacrificio deshecha la propia coraza del cabildeo nadie quiere enturbiar el umbral pero sabemos que los ojos se mueven y pestañar es sólo un diluvio del tamaño trizado del puñal que entra en el costado a deshora de la nostalgia en los días hábiles de cierta inocencia ignoro qué revela la otra conciencia  el peligro involutivo de los fragmentos de la lámpara ya hoguerizar es un absurdo no sirven los anemómetros ni los tacómetros ni el amperímetro en la voz que se perdió al abrirse la opción final es inmolarse en la jaula asumida del sueño quizá morder el mutuo espejismo tras la costumbre del graznido al despertar uno seguramente ya es el mismo personaje de Lautréamont quizá Camus redivivo con una bicicleta al pie de la muralla china quizá el sofoco fúnebre de una estatua de sal en el fondo perseverante de la tormenta

Barataria, 19.X.2012


viernes, 26 de octubre de 2012

RASTROS DEL SUEÑO

Imagen tomada de loslibroshablansolos.blogspot.com




RASTROS DEL SUEÑO




Rastros del sueño”, tejidos de la memoria:
eco de un tiempo transfigurado en las persianas
cálidas de las pupilas. El firmamento hundido
en las manos —el tren roto del calendario
en la lengua de los rieles, las ramas del viento
como una lluvia que la música no borra.
—Aquí y allá, jugando al ajedrez del horizonte,
al jardín oscuro de los relojes, a la sed que no sacia
las lunas del País, al árbol del silencio
en los meses de la garganta, al fantasma del asfalto
en la noche caminando con cuervos y sicarios.
El amor y la ternura otra vez en la ausencia:
—sólo en los parques se ve el temblor de las sombras
y esa forma del tiempo ceñida a la boca.
Esa forma de refugio marmóreo y  de granito.
Los pies furiosos y cansados de caminar sobre
las hojas de los libros, las calles carcomidas
por el ansia, a veces apretada furia de la angustia.
Las horas arden en su partida moribunda:
muerden en la  centella de la almohada
—soplan los muros, las puertas y las ventanas.
El polvo ahoga los poros y junta la ceniza en los cuadernos
donde hemos ido escribiendo las aguas interiores.
El hierro ha formado su violín de halcones, —sordos
violines en la niebla de la tormenta, transiciones
que sólo son posibles en la noche de los espejos.
El jadeo de los metales hiende la memoria:
hoy discurren vahos en medio de respiraciones ácidas.
La sequedad puede más que un lecho de humedad plena.
La inocencia se perdió en cada palabra: hoy
se ha llenado de pretextos e indiferencia y destiempo.
Los antiguos miedos fraguan su lado oscuro,
la rugosidad es demasiado habitual y carcome
como un fuego a ciegas los sembradíos de la transparencia.
Luego los objetos en negro, la respiración
en su concavidad pétrea —las aguas bajando sin voz
por los espejos y de nuevo la luz oscura ardiendo
en el cuerpo como la noche que cuelga sus ojeras
en el desván líquido de las pupilas…
La raíz del sueño se queda en la garganta, en la sombra
súbita que se respira: Ahí la memoria juega
sin palabras, pero arde frente al vértigo —hacia
las aguas del aliento donde se lamen los suspiros.
El sueño siempre juega a ser un sueño de irrealidades:
y por más días y lámparas o noches,
ahí están rotos los párpados junto a una estación
sin pupilas fiables,  a los pañuelos del alba.
Barataria, 11.III.2009



jueves, 25 de octubre de 2012

REFLECTORES NOCTURNOS

Imagen tomada de miswallpapers.net




REFLECTORES NOCTURNOS




Estoy aquí hambriento colgado de una campana irrevocable aun le reclamo a la lejanía su tintineo oscuro no hay relevos a esta  hora sino  un sofoco de desfiladeros a voluntad de las banderas de la almohada que cuelga su infamia de olvidos busqué en el espejo los mensajes escritos en la ventana de la alegoría y me encontré ciertamente con una escueta moneda sin ofrenda y sin indulgencias ahora resultan despiadados los reflectores nocturnos  esa extraña indiferencia a lo perdurable y hasta el desdén hacia los sueños elegimos el silencio como una sentencia de muerte cuando buscamos testigos en los guijarros y aparece la ceniza como entendimiento huesos implacables de la intemperie creciendo en la garganta en esta locura no quiero migajas irrevocables  o es que debo empezar a hablar de una muerte prematura de los vacíos dentro de los abanicos del azúcar crecen los espejismos de la escena consagrada y la piedra huracanada sobre las costillas en la antesala mojada de la habitación se rompen las cortinas de la respiración y sale a flote la saliva y los dominios de la salmuera y la sombra sofocada del tatuaje y la siempreviva del bostezo y la distancia que nos muerde con sus ataúdes y el despojo debajo de las sábanas del sonambulismo aun así es posible la metamorfosis del follaje quién entiende los granitos de resplandor de la brasa indefensa que aúlla sobre el eco del desierto  exhibida en los emporios del demonio urdida en la aguja del trote o en la insaciable vigilia de los centinelas al final no hay nadie ni quién llame ni quién descifre en la arcilla los algoritmos del aleteo de la lámpara ni quién te de una caricia de pájaros en el amparo una túnica de funeraria para embalsamar la nostalgia: única plegaria de los días tenebrosos hasta el cuello al final cavo sin escaleras mi propia tumba aúlla la ráfaga de grises en el paladar aúlla la pupila deshabitada aúllan los días anunciados por tijeras aúllan las aguas de los colmillos del búho aúlla el mecate en pos de la garganta aúllo en mi propia lápida

Barataria, 16.X.2012
 

miércoles, 24 de octubre de 2012

EXISTENCIA

Imagen tomada de miswallpapers.net





EXISTENCIA





De nada sirvió partir.
Nunca encontré las respuestas
RAFAEL JORGE CARBALLOSA





Por Jason way o Richland Avenue camino sin traje y sin prendas
fastuosas; me gustan las sombras de ciertas araucarias. Y el agua que brilla
en el asfalto. Las autopistas se abren a mi parpadeo de visitante.
—Sombreros de neblina cubren las sienes mías y las de ella, acostumbrada
ya a ese trajín de las grandes urbes.

(Claro, aquí no es igual al paisaje agreste de Lake Oswego,
                                                                                             [Eugene o Salem:
La saliva de la niebla ondea en Rose Garden; en Jason way el calor quema
la cara y cuesta leer sin sombrilla);

caminamos por andenes de nostalgia; soñamos la desnudez
                                                                                                   [que nos desvela.
Nuestro afán es de viajeros sin un itinerario preciso: carecemos de agenda,
tampoco nos interesa el desplome de la bolsa de valores,
ni los litigios geopolíticos de las grandes naciones. Preferimos hablar
de cosas más sencillas: de nuestras caricias por ejemplo, de las ventanas
que en sosiego nos permiten ver el horizonte…

En sus manos dejo de ser errante. En sus manos, digo, la orfandad mía
no triunfa y la sangre en el pecho avanza ágil.
Caminamos llenos de sol viendo balcones celestes —nos miramos alejados
de la presencia del reloj; recordamos la celebración de la aurora
en Catherine Everett Park o el Garrison Park:
                                                                              [da igual para nuestras sienes
llenas de luz; con sus ojos en los míos me bastan sólo dos.

Ahora no nos importan las fronteras si tenemos el deseo, si la voz viene
sin herrajes por la calle prolongando nuestras puertas hasta el pecho.
En su boca puedo encontrar un cielo jugoso de ventanas. —Ese nido
donde mueren las ausencias y el navío de la sed limpia los ojos. Caminamos.
Recuerdo las mañanas y noches de nieve en las calles de Beaverton:
un frío intenso en la estación del ferrocarril o en los aparcaderos. Parecía
una eternidad el ardor en la piel. Un miserable tiempo en el pecho.
Bajo las ardillas fumaba y fumaba casi con desesperación; entre Marlboro
y nieve transcurrían las lecciones diarias de artes liberales.
Ahora hemos vuelto a recuperar las palpitaciones, los cuerpos dados,
a ese sueño que nos vuelve sutil esfera, en medio de vulnerables
combustiones. Con todo eso la capacidad de los latidos aumenta.
Caminar juntos nos permite no sentir el tiempo: —Un día lo haremos
por las calles de La Habana y junto a las olas del mar Caribe pondremos
nuestros pies desnudos tal como fueron siempre sin zapatos.
Otro día lo haremos sobre la arena de Valparaíso, teniendo por espejo
esa legión de barcos amarrados al Océano Pacífico
Quizá regresemos a los pájaros con nuestra piel ligera, sin que la fatiga
en los ojos se haga evidente. Quizá aquélla luz, hoy sea luz abierta.

Por Jason way o Richland Avenue caminamos sin más destino que esas
calzadas de nuestro hálito. Storm lake quedó en el recuerdo, la calle Séneca
o el rail road estation lamiendo rieles petrificados,
con su trompa helada, con su impaciente nieve en las ventanas:
 —ahora la vida nuevamente nos enciende de pinos y nos besamos
con las hojas verdes del cuerpo, con el fuego vívido de nuestra propia tierra.

Barataria, 23.XI.2008
 

martes, 23 de octubre de 2012

DÓNDE ESTÁN LAS PUERTAS

Imagen tomada de bancodeimagenesgratis.com



DÓNDE ESTÁN LAS PUERTAS




Desde aquí algún nombre con espejos la cara inscrita en el cedazo del enigma algunas cartas con velas al pie de la alfombra del entrecejo los días desprendidos de la piel al trasluz la lejanía que siempre termina por consumir el poco aire ensombrecido de la realidad dónde están las puertas para no prolongar el desvelo raído el entrecejo del pájaro de la lejanía siempre hay aleros vedados por esa presencia alucinada de los atrios donde la lluvia de los escapularios es irremediable tal vez las paredes retomen mi caligrafía y esa puerta al compás de la tinta para reescribir el tiempo y hacer irrevocable este asedio del aliento para entenderlo es necesario acostumbrarse a los gestos de la memoria y a ese afán de las horas que dejan su huella en la ropa como una piedra luminosa que traspasa la garganta después de todo una ráfaga es un poema de vértigos a través de la cual se hacen tangibles los sueños el asalto a los absurdos del misterio los nombres ebrios en la mesa del grito los presuntos bosques alrededor del camino hacia Ítaca en el umbral de la ciudad anhelada estás súbitamente recurrente: en el interior siempre la venda de los siete círculos del nombre más el punto que cierra la idea de la obsesión como la escalera de la rama abierta a los ojos como el coro de obsidiana del invierno en el péndulo de las pupilas el desfiladero de los senos derramado en la impaciencia de la saliva después de hojeado el cielo del dintel la premonición espesa de las luciérnagas el caballo del tarot en la brújula de la leche: anchas puertas donde pasean las nubes a la manera sonriente de los niños con su piscucha estacionaria de hadas: ciega la hambruna este yo de pasajero con un solo itinerario con un cántaro de dientes a punto de morder la fiebre de los trenes sobre la pirámide sobrenatural de los ijares a través del litoral del eclipse de los peces respiro los tejidos del zambullido y disuelvo las armas secretas del chocolate hasta entrever el abanico de lo recóndito

Barataria, 15.X.2012
 

lunes, 22 de octubre de 2012

INTEMPERIE

Imagen tomada de arteyfotografia.com.ar



INTEMPERIE




Entre una y otra puerta enlutada el asedio mortecino de la intemperie con su fardo de astillas el crespón desteñido de la hojarasca ahora la invasión de los recuerdos en el follaje de los alfileres —aquella luz siempre indivisible en mis recuerdos los golpes indecisos de las sombras contra las paredes el grito de la oscuridad anterior a la luz y esas tantas muertes que me acontecen en la melodía perdida del rostro desde la otra ventana de la ceniza cruzo los andamios de la sal  los entonces de las estaciones sepultadas en el trajín del mismo zapato de la deshora bajo la lengua todo lo recogen los parques mientras sobrevivo: la breña aunque liviana es despiadada muerde la indiferencia con que amanece el alba empolva y gasta los calcañales nunca fueron posibles las sábanas más allá del petate de la propia sangre y el encaje a deshielo del desvanecimiento acaso porque sólo he transitado sobre la hojarasca acaso porque vivo la altivez del abandono como una leyenda de lámparas: entonces sobreviven mis poros a lo ensombrecido a cada imposible callado de las baldosas al descenso árido de los guijarros en el quicio marchito de las ventanas el dominio de cascos irrevocables el eco de lo remoto esa luz extraña de la muerte en los incensarios el despertar de los féretros en el espejo yertos como una estatua moribunda en el atrio de las sombras —en esta demora alucinada de la penumbra la palidez desesperada de las palabras: todos los días el sueño presentido transido por el afán de las paredes y ese desvelo que arde en los predios baldíos que dispersa en declive las redes del ansia a lo inmutable viene la pesadez del aire con su revelación de relojes oxidados a morder por si fuera poco el semblante de la lágrima y las inscripciones que deja cada fermento de la dádiva: en la herida la piel descongela los respiros

Barataria, 14.X.2012
 

domingo, 21 de octubre de 2012

AFONÍA

Imagen tomada de la red




AFONÍA




El hombre usa sus antiguos desastres como espejo.
ROQUE DALTON




Antiguas noches se refractan en espejos de nublados ríos.
Antiguos días socavan la transparencia del azúcar,  noches
enteras en el emporio de las calles, atisbando relámpagos;
en el fondo, es la misma sal corroyendo las pupilas sobre
viejos muelles donde graznan las pupilas inciertas gaviotas
y albatros.  La noche perdió sus vocales pausadas, sus élitros;
nos queda la escarcha de los calendarios en la comisura
de los labios. Nos queda,  en las sienes,  el promontorio
de publicidad con sus depresivas vallas de consumo; nos queda
el chantaje y el soborno como esos tumores sin posible cirugía
para sanar la vida pública y el alma del Estado que, en su agonía,
se ha tornado un laberinto de gatos y una celda de heladas
identidades, donde el amor apenas si se ve, apenas si se atisba
a través de puertas secretas y rumor de madera quebradiza.

Desfila por doquier un cementerio  de periódicos al servicio
del insomnio. Las ventanas reprimidas de la alegría; los peligros
de la trivialidad merodean como la tempestad agresiva
de la ceniza; el paisaje con su saña está hecho para el olvido…
En la noche caduca el paladar con ventiscas de amargor;
nuestro diario vivir incesante en estas latitudes no deja de ser
un fragmento de viajes, una constante avalancha  de caras
cercenadas sobre la lengua del ansia…

Nada nos da una contrafigura que abata la niebla;
en el fondo es la misma hendidura esparcida, la misma amenaza,
la borrosa boca del invierno respirando cosas al vacío.
Con el esqueleto extenuado de la aurora,  haciendo estallar
la hojarasca, nos muerde a carcajadas la cartulina del horizonte,
las bragas desgastadas del desatino, las verduras podridas
de los mercados, la porfiada bruma de un crepúsculo sin rostro,
la camisa de fuerza, agria, de las cloacas donde sepultan
el zorzal de una posible primavera, de un posible cambio de rieles.
Pero nada hace suponer que tengamos nuevos trenes en las manos,
ni ventanas de sedientos aires, ni frazadas de armónicos patios,
sino llovizna de arrugadas mejillas, docenas de tropezones
galopantes, sorbiendo el dolor torrencial de los minutos.
La humanidad entera lleva cicatrices sudadas e indelebles,
años de sudar el vaho de los semáforos con su stop desordenado.
La noche gotea su joroba lacerante, desgreñado paraguas,
donde apenas se respira su propio espejo. Su propia luz menguante.
Nada hace suponer cambios en los horcones que sobreviven
a este tiempo de bullicioso paisaje, alrededor del cual se han
acumulado desvaríos y erráticos pronósticos…
Nada parece tan cierto como la noche cuando se invoca el sueño.
Nada es más cierto, supongo, que la realidad desbocada
                                                        para construir un nuevo alfabeto…
Barataria, 25.IV.2008.

sábado, 20 de octubre de 2012

TRAGALUZ

Imagen tomada de infojardin.com





TRAGALUZ




Los cuartos oscuros como todos los cuartos oscuros tienen en su interior,
esa lengua húmeda de las cárceles:  Regazos de aniquilante deshora;
la luz no llega con sus infinitos vilanos, la miseria se precipita; lo hostil,
tampoco la trementina con su olfato de pájaros.  La guadaña se adentra.
Cada cierto tiempo, alisto mi equipaje como si fuese al azar de una guerra:
lo único posible que guarda la memoria —palabras benignas al desnudo
en los tabancos de su propia alacena. —Párpados ciegos peregrinan.
Voy de aquí para allá y, por desgracia, —espolea la oquedad de la noche;
es el mismo sitio: el tragaluz como una pupila diminuta, —derroche vívido.
Las cejas verticales de los barrotes, —eclipse total del desvelo y su asedio;
los zapatos de antes,  gastados por los andenes, —lengua pesada de la lágrima—
deformes  como colillas arrugadas, —presencia breve del ansia—
pasadas por la boca de muchos fumadores: —sombra honda en su esencia.

Atisbo las ventanas, —en mi mente, por supuesto— el mar embota de hambre;
supongo que cabe la posibilidad de ver los pájaros,  la orilla de lo deseado,
o una araucaria montada en el lomo de las estribaciones, en un reloj de sal
que  el horizonte permee con azul de desvanecidas banderas —ajado amor
donde la herida dibuja insolencias, oprobios y castraciones…

Hay un par de libros apilados a la par de mis costillas. —Libros de alborozo.
Libros de viajes para no viajar nunca. —Libros donde nace y muere la vida.
Libros de aventura chirriando en su aceite de frenéticas fucsinas,
nómadas destellos de caótico estibor, — campanas de yerto quebranto,
espolones de babor escribiendo sobre la salmuera de las aguas,
búhos comiéndose la noche, la lluvia pálida sobre la espuma;
costumbre de lavar el rostro entre la hojarasca.
Esto es, a solas, la vastedad de la vida. —El propio frío del día y su oficio.
Vastedad de vapores en medio de la mudanza, —muebles para el cuerpo
y los gusanos, espejos manchados, desfigurados por la noche: fuego de la ceniza,
universo en fuga girando en la entraña del grito, —en la forma ruina del ser,
en el miedo de los ojos, mordiendo lejanas lámparas de alegría…

Aquí, hacia dónde me lleva el alambre de los sueños. —¿Sueños?
Quién me llama o espera con este hastío de crepúsculos: —sin su espejo,
casa mía torcida por la noche, —casa donde no estoy a flote, ni seguro;
sombra que andando, despide ávidas lenguas de relojes…
Quién me llama o espera, fuera de este cierzo oscuro. —Oscuro trajinar del alma.
Quién me llama o espera,  fuera de estos cirios. —Cirios de alevoso olfato.
Quién me llama o espera,  sobre las sílabas de la hierba. —Hierba sepia.
Quién me llama o espera,  sin esconder la música del viento. —Viento a cuestas.
Quién me llama o espera,  fuera del tejado de la tristeza. —Necesaria fosa.
Quien me llama o espera, hoy, con gajos de alegría. —Alegría sin aliento.
Quién me llama o espera,  sobre la leche derretida de la luna. 
Quién me llama o espera,  quitada la maleza de los brazos. —Brazos endebles.
Quién me llama o espera,  en el patio de los alelíes. —Alelíes sin indigencia.
Quien me llama o espera,  con el cántaro fresco de las pupilas.
Quien me llama o espera, —con afable semblante de poema y arco iris.
Quién me llama o espera, sencillamente, con el suave seno de lo humano,
con el palpitar propio de la vida,
                                             —vida y pálpito en el fluir diáfano de las pupilas…
Barataria, 19.IV.2008.