viernes, 25 de enero de 2013

ÁRBOL

Imagen cogida de la red




ÁRBOL




es duro el pájaro sobre el árbol sonámbulo del entrecejo las calcomanías de la espuma esta trágica ración de fila india en los retretes que sólo anuncian la tempestad de hedor  aun en los días sin soga al cuello en esta orilla del martirio sólo nos toca evocar jamás acercarnos a los propios efluvios a veces a la salmuera que brota del pecho: nada tenemos hasta ahora después  de noches de dormir en el sigilo después de respirar en la memoria todos los acantilados la ilusión es una amenaza pensar importa poco en la inclemencia del árbol seco de la sal ni siquiera sé de qué hablamos en el silencio si perdimos o ganamos la compañía de los brazos si la indigencia es una luna para ganar el cielo o sólo es esa otra noche como tantas noches en el desierto del alma ¿a qué sombras se arriman las aguas del poema? he caminado tanto que alisé los guijarros con mi pálpito: heredé sin más los clavos de los mapas en desuso  y los huesos inútiles del tránsito de los huesos a veces me muerden las ramas de las estaciones y esta enciclopedia de la herrumbre como un rescoldo de ceniza aullando en las postrimerías de mi ropa confieso que el traje de fondo de la desnudez no sirve para limpiar los lavatorios ni escribir mensajes líquidos sin el sofoco persistente del hollín (sigo sin entender  a la ardilla desde su trinchera y el himnario de la neurosis a punto de saltar sobre la navegación sorda de los barcos) así es la travesía de las raíces debajo del fervor de la acuarela del arcoíris dentro del compendio de los souvenirs de los candelabros siempre tuve manía por los tejados: desde allí la página y la lluvia del imaginario y los acantilados de la lógica abstracta y las piedras que respiramos en sintonía con el aliento y el fruto de los zapatos que nunca acumula en los ojales todos los caminos andados: hay tantas sombras que la mía es sólo otra entre las sombras del rompecabezas hay tantas sombras como la nata de la leche en el plato del perro doméstico a veces necesito purgante para restablecer la risa quitarme al verdugo de al lado leer con optimismo los periódicos eructar la esquizofrenia de los fines de semana  olvidarme del pájaro encriptado en su propio laberinto de Sodoma  pese a la inutilidad de la hojarasca la guardo en los bolsillos de mi anhelo la subvierto dentro de mis éxtasis anónimos hasta que se acumula en mi alma y luego aflora ahí en las bóvedas del aliento como esa agua oscura de ciertos misticismos: al final sobrevivo a los ecos de las persianas  a este andar aquí en medio de tanto bosque nunca me dijeron que era fácil ser el hijo pródigo entre las cámaras ardientes de la gran ciudad hoy sólo quiero alimentarme con catacumbas y que mis costillas respondan a la indecencia…

Barataria, 15.I.2013


No hay comentarios: