sábado, 26 de enero de 2013

DENTRO DE MI PAÍS

Foto de World Art Magazine, tomada del FB de Viky Frías Ruiz





DENTRO DE  MI PAÍS




A distant ship, smoke on the horizon.
you are only coming through in waves.
PINK FLOYD




Después de todo, ya para qué los viajes, me es suficiente la poesía en casa.
Unos y otros me mintieron.  Salí, sí, por cuenta propia
y por obra de la Misericordia;
En otro tiempo quizá hubiese sido posible. En otro tiempo de otro tiempo:
siempre he sido ignorante fuera de las cuatro paredes de mi casa.
Y claro, nunca usé disfraz para hacer saber lo contrario:
los pensadores de mi País, seguramente están en algún sitio,
girando como lo hacen las estrellas, leyendo algún poema de Cardoza y Aragón,
o a los poetas surrealistas e incluso pueda que hasta a Darío,
tal vez leyendo a los poetas beat, tal vez algo de música electrónica,
o escuchando a Silvio o a Milanés,  tal vez repasando las lecciones
del materialismo Histórico o dialéctico.

Es probable que  haga su aparición Federico Nietzsche,
y luego Sócrates,  Schopenhauer, —lo dionisíaco y apolíneo—: todo es posible.
Mi dolor sobra para muchos cuadernos: en cada ciudad que estuve, escribí,
ciudades que ahora giran en la esquina de mis sueños,
ciudades donde aprendí nuevas alegorías,
y calles que me retribuyeron la ventana
del cierzo, y las palabras y la tinta del centelleo sin más agua que la transfusión
de mi propio imaginario.

Éste, sin duda, es un País voyerista, atávico e ilusorio. 
Ahora entiendo los ojos de oscuridad de las leyes del consumo,
el derecho a la dignidad y al cementerio de los sueños, al ojo por ojo
de la benevolencia y a la felicidad de estar loco de impotencia.
Después de todo, ya para qué los viajes, me es suficiente la poesía en casa,
y los pájaros que atraviesan en lo inmemorial del poema, la propia respiración
a viva voz de la estación irremediable;
—en realidad no sé qué es viajar en primera clase, ni dictar una conferencia
en el Salón de Notables de Naciones Unidas,
ni siquiera escribir en la lágrima invisible de un rascacielos, mi hambre
y mi fosa están al ras del suelo,
sólo he aprendido a copular por necesidad en medio de cuchillos,
entre los juegos respiratorios del hampa, junto al galgo que aúlla de golpe.

En mi País, sólo conozco la demencia de nuestro areópago, el gran
hartazgo a la hora de las efemérides;
fui, por suerte, tirado al mundo de los efímeros y arrastrado por aguas
arrodilladas y por monólogos de confuso calendario.
Nada he perdido puesto que cada día gano honrosamente mi muerte.
Todo, muerte y vida gozan de buena salud: de hecho, trato de platicar
con los que están cuerdos todavía, —me consta, ahora, que los cadáveres
carecen de semen y son incapaces de copular en la hondura de los féretros.

Después de todo, ya para qué los viajes, me es suficiente la poesía en casa
y el estiércol que le sirve de abono a las noches frías: la noche
es inmensamente bella en los juegos aleatorios de la lluvia,
pero por si acaso, dejo los espejos sucios
del gran tráfico del alma en las cenizas del pozo macabro de la cruz
enterrada en el absurdo del suplicio.
Aquí estoy con la alegría que dan las persianas del pez en su laberinto.

Barataria, 17.I.2013



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